Notas: la segunda vestimenta de Balthier está documentada y pertenece al FF Tactics, the war of the lions, creo k es. El artwork es mas feo que pegarle a un padre, pero la camisa es mona XD
CAPÍTULO XI:
El crepúsculo ya se cernía sobre ellos cuando regresaron a palacio. Balthier pudo sentir miradas de curiosidad fijas en él, y no se lo reprochaba. Por su aspecto debía parecer recién salido de los suburbios, todo lleno de aceite y suciedad. Maldecía entre dientes, sabiendo que Basch debía estar muy divertido con aquella situación, con lo que él aborrecía mancharse. La confirmación le llegó cuando, distrayéndose en arreglarse los puños por enésima vez mientras miraba feo a los guardias, notó que el guerrero contenía una tos que sonaba a una risa ahogada. Muy mal disimulada, por cierto. Seguro que era a propósito. Por eso, cuando la puerta de las dependencias de Gabranth se cerraron tras ellos, estaba más que irascible. Su querido capitán parecía haber descubierto lo entretenido que podía llegar a ser tocarle la fibra sensible, y había estado dándose el gusto desde que consiguió que casi le tirara la Tornasol a la cara con la estupidez de que estaba sonrojado. ¿Él? ¿Sonrojado? Por favor, antes retozaría en el fango como un puerco de granja. Revoleó el peto nada más entrar, ignorando su mirada de reprobación, aún refunfuñando para sí. Y claro, después esperaba que fuese más… dulce con él. Pensó, recordando el comentario en el Strahl. Pues iba listo.
Le miró por encima del hombro y se detuvo en seco al ver cómo el juez recogía su peto del suelo y lo sacudía en silencio. Parte de aquel arrebato se evaporó. Sí, Basch era servicial y considerado por naturaleza. Se había acostumbrado a que fuera así y no le disgustaba en absoluto. Era… cálido, acogedor. Y era evidente que Balthier no le ofrecía lo mismo, ni de la misma manera. Sintió que él no era suficiente, aunque Basch nunca lo admitiría. Los ojos azules se cruzaron con los suyos en ese momento, descubriendo su expresión arrepentida.
-¿Qué? – le espetó con más agresividad de la que pretendía.
-Sabes que no me reía de ti, sólo estaba…
-¿Qué crees? ¿Que yo no puedo ser igual de atento y cariñoso que tú? – le acorraló contra la pared con las manos sin intención de dejar que Basch adivinase si era en serio o una broma. El guerrero no pudo evitar pensar que con aquella brusquedad lo dudaba mucho, pero no le importaba -. Te sorprenderías – masculló. El rubio parpadeó, desconcertado.
-Yo no he…
Llamaron a la puerta. Balthier rodó los ojos poniendo cara de exasperación, liberándole y dejándose caer en una silla cercana. Basch fue a abrir, suspirando.
-Lord Larsa me envía a preguntaros si queréis que se le prepare una habitación a vuestro huésped, Señor.
Gabranth se quedó mirando fijamente al imperial, que comenzó a ponerse nervioso con el violento silencio que había seguido sus palabras. El soldado empezaba a no estar seguro de si habría dicho algo inapropiado, y antes de que Basch pudiera contestar, una voz desde dentro lo hizo por él.
-Estoy muy bien aquí, gracias – ambos hombres se volvieron hacia la habitación, mirando al sonriente pirata que comía tranquilamente un fruto dulce de molbol recostado en la silla junto a la mesa. El capitán no pudo evitar una expresión estupefacta al contemplar su radical cambio de actitud. Balthier le estaba haciendo perder el juicio -. Dile que no hace falta.
El juez miró a Gabranth, esperando una confirmación.
-…No parece ser necesario – Basch se volvió hacia el soldado después de recibir un guiño burlón de pirata. Sí, se estaba riendo de él -. Hazle saber que se lo agradezco de todas maneras.
-A sus órdenes, Señor. Señor…
-Sí, habla.
-Desea tener una breve audiencia, si no es mucho inconveniente. Es importante – el capitán miró a Balthier, que se encogió de hombros.
-No me voy a ir a ninguna parte. Así mientras podré quitarme esta mugre.
Basch asintió en silencio, indicando al soldado que podía irse. Esperó hasta que sus pasos se alejaron en el pasillo, pensativo, y antes de marcharse se volvió hacia el pirata de nuevo.
-No te besé por primera vez porque fueras atento – declaró lentamente, recordando aquel beso de la costa de Fon -. Tanto entonces como ahora, querré todo aquello que quieras darme… Pero no me lo ofrezcas sólo porque pienses que no eres suficiente.
Los ojos castaños brillaron sorprendidos, y sus labios se entreabrieron sin palabras. Basch se marchó sin recibir respuesta y, aún después, Balthier siguió desarmado por su intuitivo comentario. No tenía nada con qué replicarle.
***
Cuando Basch volvió, apenas una hora después, nadie salió a recibirle. La verdad es que lo agradeció, no estaba seguro de poder disimular su turbación en ese momento. Atravesó el pequeño vestíbulo siguiendo el rumor del agua hasta el baño abierto, y vio la tina llenándose con ríos de aceite aromático navegando tranquilamente por su superficie, peligrosamente cerca del borde. Cerró los grifos y fue a asomarse al dormitorio, comenzando a quitarse la coraza. Balthier estaba allí con su habitual aspecto pulcro de siempre y ropa limpia: unos pantalones negros de cuero y una camisa holgada de manga vuelta al codo y cuello abierto. Organizaba distraídamente unos planos sentado en su cama, con el contenido de uno de los sacos disperso por la colcha. Arqueó una ceja al verle, ofreciéndole una de sus apuestas sonrisas.
-¿Qué has hecho? – preguntó el guerrero, escéptico, señalando el baño tras él mientras se quitaba las piezas de metal. Aquello había llamado su atención, haciéndole olvidar sus preocupaciones temporalmente. Su voz sonó tranquila a pesar del incipiente ritmo acelerado de su corazón, expectante. Guardó los papeles que traía, y algo en su actitud llamó la atención del pirata, que observó perspicaz cómo los archivaba antes de contestarle.
-¿No es evidente? – replicó con sarcasmo, saliendo a su encuentro y ayudándole a sacarse el peto acolchado. Cuando el rostro del juez reapareció, le besó con suavidad -. Te he preparado un baño – sonreía con satisfacción ante la perplejidad del rubio. Definitivamente, lo que quiera que parecía inquietarle se había evaporado.
-Pero, es que yo no tomo ba…
-Oh, vamos, capitán, eso es porque no sabes lo bien que sientan – rezongó -. ¿Cómo puedes tener uno como éste y sólo ducharte en él? – a Basch no le pasó desapercibido el tono con que ese "sólo" se deslizaba por sus labios -. Aprovéchalo antes de que se enfríe.
Acto seguido se dio la vuelta y regresó al lecho, retomando el papeleo. Basch se quedó allí unos segundos, sintiendo que la conversación estaba inacabada. Había visto en sus ojos miel que había estado a punto de preguntarle si quería bañarse con él. Había estado a punto de hacerlo, pero después se había marchado. Suspiró imperceptiblemente y se marchó entrando en el baño y cerrando tras de sí. Balthier sonrió pícaramente sin levantar los ojos de los planos, acomodándose. Apenas cinco minutos después, escuchó la voz de Basch.
-¡Balthier! – llamó.
-Has tardado – murmuró entre dientes, levantándose -. ¿Sí? – una nota divertida se adivinaba en su respuesta.
-Ven – pidió. Ya estaba allí, esperó un instante antes de abrir la puerta y asomar su sonriente rostro al baño, mirándole con curiosidad fingida brillando en sus ojos -… ¿Dónde están los frascos que yo uso?
-Oh. Los gasté – se sostuvieron la mirada.
-No los has gastado - replicó, cansado -. Devuélvemelos.
-…Con una condición – accedió, abriendo un poco más la puerta. Basch vaciló un instante antes de preguntar.
-¿Cual?
-Déjame lavarte el pelo – la ternura de su voz le paralizó, pero verdaderamente no parecía haber ninguna otra intención. Su mirada era sincera, expectante, y había muy pocas cosas que pudiera negarle a aquellos ojos miel si le miraban así.
-…Está bien.
PD: a Meridian! Eres 1 encanto! asias x la review! (yo sk contesto todo, hay k cuidar los comentadores XD)
Bye a todos! Hasta el viernes k vieneeee!!
PD2: YA ESTA AKI!!!1 EL FF13 HA LLEGADO A ESPAÑA!!! SIIIIII!!!! Mi X-Box arde en deseo (¿arde en deseo? Lolazo ¬¬) d momento, la guía TIENE k ser mia *O*. cuidaos, peña ^^
