Viktor debía admitir que los eventos sociales le resultaban algo, cuanto menos, tedioso. No era una persona que fuera muy amiga de las conversaciones banales y para su desgracia ese tipo de charla era lo que más abundaba en esas reuniones. Eso y jovencitas casaderas intentando pescar un marido, claro; muchas veces parecían más perros de presa que personas como tal. Él era consciente, además, de que en calidad de "presa" era algo terriblemente deseable: un chico con dinero, buena posición, y lo más importante, título nobiliario. Las hijas de las altas familias burguesas casi se relamerían al verle...

Lo gracioso de la situación era que él estaba dispuesto a pasar por todo aquel mal trago únicamente por encontrarse con una de esas hijas de nuevos ricos. Al mencionarle su padre que pensaba organizar un evento social para celebrar su reincorporación a la vida social londinense, lo primero que hizo fue pedirle que invitara a los Bradwell, una petición que su padre, para su sorpresa, encaró de una forma mucho más amable de lo habitual. Viktor conocía a su progenitor lo suficiente cómo para saber que no soportaba a los burgueses venidos a más que, al disponer de una cantidad de dinero que en un pasado apenas podían soñar, ya se creían dignos de tratar con los miembros de la aristocracia del mismo modo que si fueran sus iguales. William Bradwell era el ejemplo personificado del tipo de persona que lord Kingston siempre miraba por encima del hombro, de ahí la sorpresa de su hijo de que admitiera su propuesta sin apenas discutir.

Si su madre hubiera estado viva también se habría quejado, seguramente. Elizabeth Kingston, su progenitora, tenía el mismo orgullo estamental, por llamarlo de algún modo, que su marido. Siempre se había quejado de los matrimonios entre familias nobles empobrecidas con familias burguesas que habían amasado fortunas para poder recuperar el desahogo económico que habían venido tendiendo en el pasado. Sin embargo, era curioso cómo ese orgullo no la había protegido de la tuberculosis. Fue por esa enfermedad que la familia Kingston tuvo que abandonar Londres para ir a las tierras que poseían en el norte de Irlanda, porque Elizabeth no habría soportado que en Londres se supiera que había contraído una enfermedad que ella achacaba a los pobres. Sus últimos meses los había pasado en un sanatorio irlandés, pero su cuerpo frágil no pudo resistir la enfermedad y finalmente murió un año atrás. Su pérdida dejó a su padre tan tocado que tardaron más de lo esperado en volver a Londres.

Esos pensamientos no abandonaban su mente mientras esperaba, junto a su padre, la llegada de los invitados. Habían querido hacer un evento no demasiado formal, de ahí preferir celebrar una cena a dar uno de esos bailes que tanto se daban durante la temporada; pero eso no quitaba que la lista de invitados fuera bastante extensa. A James Kingston, sin embargo, no le importó excederse, pues era consciente de que podían permitirse invitar a cuantos asistentes deseasen.

El vestíbulo de la enorme casa señorial que poseían a las afueras de la ciudad pronto comenzó a irse llenando de asistentes y del ruido de las conversaciones. Las "famosas" hijas de familias burguesas eran las que más alborotaban, tal y cómo Viktor había temido. Parecían más que dispuestas a hacer todo lo posible por llamar su atención, reclamando su presencia una y otra vez para detalles tan insignificantes como admirar el vestido de una de ellas o dar su opinión sobre un complemento o similar. Viktor soportaba todo aquello con una sonrisa educada, mientras que por el rabillo del ojo controlaba la puerta, abierta de par en par para recibir a los invitados que aún faltaban por llegar. Era extraño que los Bradwell aún no hubieran hecho acto de presencia, aunque aún tenían margen para llegar.

—¡Señorito Kingston! —a los diez minutos de que los invitados hubieran empezado a llegar a Viktor casi le daba un tic nervioso cada vez que alguien lo llamaba. Manteniendo la compostura se giró para encontrarse con una jovencita de pelo castaño y grandes ojos azules —¡Es un placer!

Viktor no era capaz de poner en pie quién era ella, más que nada porque tampoco era una persona con buena memoria para los nombres. La chica pareció darse cuenta, pues no tardó en volver a la carga.

—No se preocupe por no recordarme, de hecho es la primera vez que nos vemos cara a cara. Soy Melody Brown —las palabras ayudaron a que Viktor recordarse lo poco que había escuchado sobre ella. Era la prometida del hijo de los Chapman, su padre le había comentado algo al respecto cuando volvieron de visitar a los Bradwell. Le había contado que Eleanor, a pesar de parecer tan modosita y educada, había tenido sus "años de rebeldía" y en ese periodo fue cuando arruinó un posible compromiso con el hijo de los Chapman peleándose con Ámber, la otra hija de la familia. Ahora ese posible candidato que ella había espantado se había prometido con la hija de los Brown, a la que tenía frente a frente en esos momentos. La chica sonreía de oreja a oreja, cómo si supiera algo que a Viktor se le pasara.

—Un placer —el chico contestó de la forma más escueta posible, por un lado porque no sentía muchos deseos de hablar, y por otro porque justamente en ese momento los Bradwell cruzaban la puerta, con Eleanor en la retaguardia —Si me disculpa... —añadió, disponiéndose a marcharse, pero Melody lo sujetó del brazo con firmeza.

—Así que los rumores son ciertos —Viktor notó cierto tono travieso en su voz mientras ella miraba a los recién llegados con una sonrisa en el rostro —Había oído que había sido visto paseando con Eleanor Bradwell, y esto me lo confirma. Con razón ayer estaba tan alterada...

Viktor se detuvo en seco, observando a la castaña. Nunca lo diría en voz alta, pero aquellas palabras lo habían animado para el resto de la jornada. ¿Acaso era posible que Eleanor también sintiera lo mismo? No lo había comentado siquiera con su padre, pues temía su reacción, pero secretamente había acariciado la idea de, en un futuro, pedirle a William Bradwell la mano de su hija. Si ella le correspondía, sus probabilidades aumentaban.

—Si me disculpa —repitió la frase que había dicho antes de la intervención de Melody, como reafirmando que pensaba marcharse sí o sí, mientras que lograba soltarse de su agarre y caminaba hacia la familia Bradwell, que parecía entretenida admirando los enormes cuadros que decoraban las paredes del vestíbulo. Eleanor seguía detrás de sus padres y, cuando Viktor se acercó lo suficiente a ella, pudo ver que tenía mal aspecto: parecía más pálida de lo habitual y sus ojos iban de un lado a otro, cómo si no pudiera fijarlos en un punto concreto. Por un momento sintió deseos de aproximarse a ella y preguntarle si se encontraba bien, incluso de ofrecerle abandonar la fiesta y que se retirara a una de las habitaciones de invitados para que descansase si se encontraba mal. Pero aunque estaba más que dispuesto a hacerlo, no pudo pronunciar palabra alguna, pues no tardó en ser abordado por William Bradwell, que lo saludó lo más educadamente posible. Viktor respondió a sus atenciones con la cortesía que tan bien tenía aprendida, repitiendo ese proceso con Beatrice. Sólo entonces pudo acercarse a la joven, que en ese momento se llevaba la mano a la boca, como si tuviera náuseas.

—Está muy elegante con ese vestido, señorita Bradwell —dijo a modo de presentación. Ella se limitó a mirarle una fracción de segundo con la mirada perdida, cómo si sus palabras no llegasen del todo bien a su cerebro. Mantuvo su silencio unos segundos, hasta que pareció comprender sus palabras.

—Muchas gracias —murmuró, haciendo que el joven sólo se preocupara más.

—¿Se encuentra bien? —inquirió, observándola con disimulo para no parecer demasiado invasivo. Daba la impresión de que Eleanor estuviera a punto de caer al suelo.

—No del todo —fue la respuesta —Me duele el estómago un poco y me encuentro algo mareada, pero creo que se me pasará...

—Si me permite —repuso Viktor, tomándola con cuidado por un brazo y conduciéndola hasta las puertas de la sala de estar, que se abrían a un lado del vestíbulo. Muchos invitados, una vez que saludaban a los demás, entraban en esa estancia, dónde tomaban algunas bebidas sentados en los sillones de terciopelo rojo que había a lo largo de la estancia. Viktor llevó a Eleanor a un pequeño sofá cerca de uno de los ventanales, donde la sentó con delicadeza. La chica reclinó un poco la cabeza hacia atrás, dejando escapar un suspiro.

—¿Quiere beber algo? ¿Agua, té...? —propuso él, pero la aludida hizo un gesto de negación con la mano.

—La verdad es que no, prefiero quedarme aquí. No se preocupe por mi y vaya a atender a los demás —el tono de su voz no subía más allá del susurro. Viktor se sintió tentado de tocarle la frente para comprobar si por un casual estaba febril, pero se contuvo. No era adecuado tocar el rostro de una joven que ni siquiera era su prometida.

—No sea tonta, me quedaré con usted por si se encuentra peor —habló sin pensar, sin pararse a meditar que tal vez los demás invitados lo tachaban de descortés. Pero le daba igual; los sentimientos que estaba desarrollando por la hija de los Bradwell eran los mismos tanto si ella se encontraba bien, como si aparecía enferma. De hecho en este último caso eran incluso mayor, pues lo que su voluntad le mandaba hacer era cuidar de ella hasta que se recuperarse. Ignorando las excusas de la joven que lo increpaba a dejarla sola, se sentó a su lado, tratando de darle conversación, cómo si animándola fuera a recuperarse.

Pero Eleanor no mejoraba en ningún momento, sino más bien parecía irse encontrando peor. Cuando el mayordomo de la familia anunció que la cena estaba dispuesta, la joven caminó tambaleante hasta el comedor contiguo. Ignorando las miradas y los comentarios que surgían a su alrededor, Viktor la llevó del brazo, cómo había hecho previamente cuando ella llegó a la mansión. No muy lejos de la joven, William miraba las evoluciones de la pareja con una sonrisa algo pagada de si misma, gesto que Viktor no percibió en absoluto.

Una vez sentados a la mesa, la joven iba empeorando por momentos. No dejaba de llevarse la mano a la boca mientras que los entremeses eran servidos. Hizo ademán de alargar una mano para tomar uno de los panecillos con foie que le habían servido, pero de repente se levantó como un rayo y salió corriendo de la sala, preguntándole entre dientes a uno de los criados por la localización del aseo.


—Creo que debería retirarse de inmediato. Aquí tenemos habitaciones disponibles, puede quedarse si lo desea.

Eleanor se encontraba recosatada en el mismo sofá que había ocupado previamente. A su lado se encontraba Viktor, quien le había formulado aquella propuesta. Junto a la joven se encontraban sus padres y su doncella, Iris, que había subido desde la estancia reservada para las doncellas ante la llamada del personal de la casa. En aquella época era habitual que las mujeres llevasen consigo a esos eventos a sus doncellas por si en algún momento necesitaban algo. Éstas permanecían en una habitación, esperando por una posible llamada de sus señoras, momento en el cual abandonaban la estancia para atenderlas.

—No quiero ser una molestia —murmuró Eleanor —Preferiría irme a casa, de verdad.

—Pero, ¿volver a Londres en este estado? ¿No será peor? —Beatrice observaba a su hija con la preocupación pintada en el rostro.

Eleanor negó con la cabeza, mientras trataba de incorporarse, ayudada por Iris.

—Creo que no es más que una gripe estomacal. Iris puede cuidarme en el trayecto, además ya vine enferma hasta aquí. Aunque el coche... —la muchacha enmudeció, cómo si se hubiera dado cuenta de algo.

—El señorito Kingston seguro que puede dejarle uno a usted para que vuelva a casa antes, ¿no es cierto? —aventuró Iris —Así sus padres pueden seguir disfrutando de la velada y usted vuelve a casa a recuperarse.

Eleanor le dirigió una pequeña sonrisa de gratitud. Los Bradwell y Viktor no parecían muy convencidos, pero Elenor parecía tan obcecada en que podía volver a casa antes y dejar que sus padres permanecieran en la mansión de los Kingston el resto de la velada que al final tuvieron que dar su brazo a torcer y aceptar la propuesta de la joven. Ésta parecía más calmada mientras subía con paso vacilante al coche que Viktor mandó preparar para ella.

—Volveremos lo más pronto posible —dijo Beatrice, observando a su hija —Aunque no entiendo por qué quieres irte sola, a tu padre y a mi no nos molestaría irnos contigo...

—Madre, insisto —Eleanor seguía en sus trece —Hacía mucho que no acudíamos a una cena de este calibre. Disfrute, yo me recuperaré en nada, creo que sólo necesito descanso.

—Mañana iré a visitarla para ver cómo se encuentra —repuso Viktor. Ella asintió por toda respuesta y, finalmente, dio la orden al cochero de ponerse en marcha. La joven se reclinó en su asiento, vigilada por Iris, que no le quitaba ojo de encima. Cuando finalmente franquearon las puertas que delimitaban los terrenos de la vivienda, le hizo un gesto a Eleanor, que enseguida abandonó su aspecto apocado, sentándose muy tiesa.

—Por un momento pensé que no lo conseguiríamos. Gracias, Iris; me has salvado por los pelos —repuso con un tono firme, totalmente opuesto a su débil murmullo previo.

—No hay de qué, señorita Eleanor. Pero toda esta pantomima que ha montado sólo para poder abandonar la fiesta antes de tiempo... —comenzó a decir la doncella, pero la joven cortó en seco sus palabras.

—No me habrían permitido rechazar la invitación, no al menos sin hacerme múltiples preguntas y mantenerme vigilada. Mi única opción era ésta.

—A saber qué se trae entre manos, señorita —inquirió Iris, logrando que Eleanor dejara escapar una pequeña sonrisa.

—Había acordado ir al teatro con alguien. Y era un plan que no podía cancelar por nada del mundo...


Os adelanto de que ya queda poco para un momento que confío en que estéis esperando. Muy poco.

Como ya digo siempre, me gustaría que, si leéis el fic, os tomárais un par de minutos para dejar un review. Sé que da pereza (a mi misma me da pereza muchas veces comentar los fics que sigo, lo admito, aunque últimamente estoy intentando dejar un comentario en cada historia que leo (aunque admito que tampoco leo muchos porque sólo entro en FF a escribir más que nada)) pero por un par de minutos no creo que pase nada. Animáis al escritor a continuar con el fic, le hacéis feliz, y eso se nota.

Así que venga, un review...