Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.
Hola a todos! ¿Cómo estan? Espero que muy bien! Muchas pero muchas gracias por leer mi historia y por comentarla!
No quiero demorarme mucho! Así que simplemente les agradezco por todo y ... ¡Espero que les guste!
Un beso enorme!
Lu
XI
Un poco más lejos
Estaba sentada en el sillón, miraba el reloj cada cinco minutos. De vez en cuando algunas traicioneras lágrimas se escapaban de mis ojos. Intentaba mantener la calma, intentaba no dejarme llevar por mis sentimientos, intentaba controlar mis impulsos. Pero cada minuto me ponía más ansiosa y más nerviosa, a cada segundo me sentía peor, más triste, más preocupada. Quería y no quería que él llegara, deseaba y no deseaba que hablásemos. Mi corazón latía con fuerza y por momentos se apagaba, tenía miedo… Miedo de escuchar aquello que tanto temía.
No había ido a trabajar. Ni con todo el maquillaje del mundo hubiese podido ocultar las marcas del incesable llanto que me había atacado luego de encontrar esa carta. Además, no me había tranquilizado en toda la tarde, no hubiese habido modo de que les ocultase a las chicas lo que me pasaba. Por eso me quedé toda la tarde encerrada en el apartamento, llorando e intentando encontrar una explicación lógica, alguna excusa, algo que me ayudase a desaparecer todo. Pero no había encontrado nada, ninguna solución… Lo único que podía hacer era hablar con Edward.
Miré el reloj una vez más. Eran las ocho de la noche, Edward llegaría de la universidad en cualquier momento. Él no sabía nada, no sabía que había faltado al trabajo, no sabía que había estado llorando y definitivamente no sabía que yo sabía acerca de Valery.
Sentí como introducía la llave en la cerradura, y luego el crujido de la puerta al abrirse. Edward entró sonriendo y no fue hasta que se acercó para besarme que notó mi estado.
-¡Bella, cariño, ¿qué pasa? –Preguntó alarmado al mismo tiempo que se sentaba a mi lado y me abrazaba –Bells, ¿estás bien? –Volvió a preguntar.
Yo le entregué la carta que había encontrado esa mañana, la había tenido en la mano desde ese momento, la había leído mil veces solo para asegurarme de no estar equivocada, solo para intentar encontrar algún indicio de error, pero nada, no había nada. Sola la mención de ese beso.
Edward la tomó entre sus dedos y a penas la abrió sus ojos se abrieron como plato. Nuevas lágrimas comenzaron a deslizarse por mi rostro y cuando Edward intentó abrazarme yo me puse de pie. No podía, no quería que me tocara hasta que me explicase todo, hasta que me dijese que todo era mentira… Aunque claro, yo estaba casi segura de que eso no sucedería.
-La encontré hoy, cuando te alcancé el pantalón se cayó del bolsillo… La recogí pensando que sería alguna receta –Le expliqué. Edward seguía mudo, con la vista fija en mí, pero no decía nada -¿Es verdad?
-Bells… No es lo que tú piensas… Yo te amo –Mi corazón se desgarró un poco, no lo estaba negando, no lo hacía –Fue un beso, no significó nada… Te lo juro.
Sentí como las piernas se me aflojaban, como si fuesen de gelatina, y tuve la necesidad de sentarme nuevamente. La cabeza me daba vueltas. Edward, mi Edward, había besado a otra mujer. Lo que decía esa carta era cierto…
-¿Es verdad lo que dice? ¿Le correspondiste? –Pregunté, no sabía qué era lo que me impulsaba a seguir hablando, porque por dentro me sentía vacía…
Edward bajó la cabeza y se quedó en silencio. Mi corazón volvió a desgarrarse. Ese era el peor silencio, era una contestación silenciosa, peor que un rotundo sí, peor que todo lo que me hubiese imaginado.
-Bella en serio, fue solo ese beso, no pasó nada más, no sentí nada… ¡Por favor! –Volvió a intentar abrazarme y nuevamente me alejé de él –Te amo, solo a ti, te juro que fue solo eso, no tuvo ningún sentido para mí.
-¿Cuándo fue? –Mi boca iba más rápido que mi mente y comenzaba a preguntar cosas que no estaba segura si quería oír.
-Hace una semana… Cielo, si no te lo dije es porque no significó nada… ¡De verdad, no fue nada! –Intentó excusarse –Bella lo único que saqué de ese beso fue reafirmar que solo te amo a ti, que solo existes tú para mí, pero por lo demás no significó nada…
-¡¿No significó nada? –Grité -¡Claro que significó algo! ¡Significa que me engañaste, que no te alcanza conmigo y que aún después de todos estos años necesitas reafirmar lo que sientes por mí! –El llanto casi ni me dejaba respirar pero aún así seguí gritando -¡Y encima me lo ocultaste! –Traté de tranquilizarme pero nada servía –Si no hubiese significado nada me lo hubieses dicho inmediatamente…
-Bella por favor, tranquilízate, no te hace bien estar tan nerviosa… -Me dijo mientras intentaba acercarse una vez más.
-¿Ahora te preocupas por mí? ¡Un poco tarde, Edward! ¿Sabes lo que me hace mal? –Edward se quedó en silencio -¡Tú, tú me hace mal! ¡Me lastimas, Edward! –Las lágrimas siguieron cayendo por mi rostro, humedeciendo todo y haciéndome cada vez más dificultosa la respiración.
-Perdón Bella, te juro por lo que más quieras que no significó nada, que solo te amo a ti –Dijo una vez más –Quiero casarme contigo, quiero que seas mi mujer, eres la única… ¡Por favor Bells, perdóname! –Me rogó.
Yo cerré los ojos y negué con mi cabeza. Todo era demasiado, el corazón me dolía, lo sentía roto, y ya comenzaba a sentirme mareada. Lo miré una vez más y volví a negar, ahora no podía, no podía simplemente cerrar los ojos y olvidarme de todo, no podía olvidar y perdonar tan fácilmente.
Así que me dirigí a nuestra habitación, busqué mi bolso de viaje y comencé a guardar un poco de ropa. Era consciente de que Edward estaba apoyado en el marco de la puerta, estaba llorando y seguía pidiéndome perdón, pero no podía pensar, no con claridad y no quería decir o hacer algo de lo que después pudiese arrepentirme.
Cuando terminé de armar mi equipaje y me di vuelta para salir de la habitación, Edward me cortó el paso. Lo miré a los ojos, él lloraba, yo lloraba pero no había nada más que hacer.
-¿Vas a la casa de mi hermano y Rose? –Me preguntó con la voz cortada -¿Puedo llevarte?
-No, Edward, esta vez me voy un poco más lejos –Sus ojos se abrieron ante mis palabras –Me voy a casa de mi mamá…
-¿Qué significa eso? ¿Se terminó todo? ¡Por favor Bells, te amo…! –Dijo una vez más.
-Necesito pensar, estar un tiempo sola… Lo siento pero ahora no puedo contestar esas preguntas –Le dolía, podía verlo en sus ojos y aunque él fuese el responsable de todo, me dolía hacerlo sufrir, pero yo también estaba sufriendo, más que él me atrevería a decir y necesitaba distanciarme.
-Por favor quédate, quédate y arreglemos las cosas… ¡No fue nada, te lo juro, no significó nada! ¡Te amo a ti sola! –Repetía una y otra vez lo mismo, pero no me servía.
-Edward, por favor déjame pasar… No me puedo quedar –Edward se hizo a un lado pero me siguió hasta la puerta.
-¿Te puedo llevar al aeropuerto? –Preguntó –Bells, en serio… No me dejes, te amo…
-Me tengo que ir Edward… -Lo saludé con un beso en la mejilla y tomé el ascensor.
Cuando llegué a la entrada del edificio él ya estaba en la puerta. De seguro había bajado las escaleras corriendo. Volvió a insistir con lo mismo, y volvió preguntarme si podía alcanzarme al aeropuerto. Le dije que no, necesitaba estar a solas. Necesita pensar y con él cerca no podría. Así que tomé el primer taxi que pasó y lo miré por una última vez.
El aeropuerto estaba bastante lleno para ser un día de semana. Me acerqué al mostrador de una de las aerolíneas que siempre tomaba para ir a lo de mamá y saqué un pasaje para el vuelo más próximo que había. Por suerte solo tendría que esperar unos cuarenta minutos, en el estado que me encontraba no tenía muchas ganas de estar en un lugar lleno de gente.
Me debatí entre avisarle o no a Reneé de que iría a su casa. No quería llegar a su casa sin avisar, eso era de mala educación, pero tampoco quería tener que dar muchas explicaciones, al menos no por teléfono, ya que sabía que una vez dentro de su casa debería contarle lo que había pasado. Reneé simplemente no era de las personas que dejan pasar las cosas con facilidad.
-Pasajeros del vuelo 543, por favor acercarse a la puerta n° 3 para así poder abordar el avión –Dijeron por el altoparlante.
Miré una vez más mi pasaje, para corroborar que ese fuese mi vuelo, y luego caminé hasta la puerta tres. Hice la fila, todos los trámites necesarios y finalmente pude subir al avión. Me senté en el asiento del lado del pasillo y prendí mis auriculares. No quería conversar con nadie, no tenía ganas de fingir sonrisas, ni de mentir. Lo único que quería era llegar a Phoenix y fumarme un cigarrillo. Pero al parecer mi suerte definitivamente se había puesto en mi contra.
Una señora de alrededor de cincuenta años se sentó a mi lado y no se quedó quieta en todo el viaje. Se quejó por todas las cosas posibles y me golpeó con su bolso de mano al menos diez veces. Lo único que pude hacer fue fingir que dormía, de ese modo al menos no me hablaba, o mejor dicho podía fingir que no la escuchaba porque la vieja esa igual me hablaba.
-¡Nena! –Gritó -¡Querida, ya casi llegamos! –Volvió a gritar y esta vez tuvo el atrevimiento de sacudirme –Abróchate el cinturón –Me dijo mientras ella hacía lo propio con el suyo.
Respiré hondo y traté de tranquilizarme. Por lo menos ya no lloraba, aunque estaba segura que apenas estuviese sola lo haría, pero por el momento lo único que sentía era fastidio. Estaba molesta, lo estaba con Edward, con la señora que me había molestado durante todo el viaje, con la maldita ordenanza que prohibía fumar en los aviones y con mamá que seguro no me dejaría en paz una vez que estuviese en su casa.
La azafata pidió que todos se abrocharan los cinturones, y anunció el aterrizaje. Algunos pasajeros se pusieron nerviosos, otros hasta pusieron cara de miedo, por mi parte simplemente cerré mis ojos y esperé a que todo terminara. No tenía miedo, desde pequeña que había viajado de un lado a otro. Por un lado con mamá y sus locas vacaciones y por otro lado de ir y venir de casa de Charlie a la de Reneé.
Bajé del avión, busqué mi bolso y me apresuré a tomar un taxi. Ya era la madrugada y aunque conocía muy bien a la ciudad no quería vagar a esta hora sola. Le indiqué al conductor la dirección de mamá y durante el viaje le mandé un mensaje a Reneé. No tenía llaves de la casa, me las había olvidado y no quería despertarla con el timbre.
Mamá estoy en Phoenix, en quince minutos llego a casa.
Se lo envié y apagué mi celular. Conociéndola como lo hacía, me llamaría inmediatamente y aún no estaba muy segura de qué decirle, así que simplemente me desconecté de todo. Pronto el taxi frenó y me di cuenta de que ya había llegado. La luz del porche estaba prendida y podía ver a mamá mirando a través de la ventana del comedor. Pagué el viaje y bajé.
Con bolso en mano y con algunas lágrimas a punto de salir abracé a mamá que había salido a recibirme. Entramos en silencio, sin decirnos nada. Phil, que no sabía de dónde había salido, tomó mi bolso y se perdió escaleras arriba. Mamá me guió hasta el sillón y me hizo sentar.
-¿Me dirás que sucedió? –Preguntó entre seria y preocupada.
-¿Puedo hacerlo mañana? Estoy muy cansada y quiero dormir un poco… -Mentí.
-De acuerdo –Dijo ella aun cuando sabía que yo estaba mintiendo –Como no me avisaste que vendrías no preparé nada, pero puedes dormir en el cuarto de tu hermano, Phil ya lo pasó a nuestra cama, mañana arreglaremos el cuarto de huéspedes –Dijo mientras acariciaba mi pelo -¿Segura que no quieres hablar ahora?
-Mañana mamá, mañana hablamos –Le aseguré.
Una vez en el cuarto de Stefan me sentí terriblemente mal. Las lágrimas comenzaron a caer con mayor intensidad y frecuencia y nuevamente me sentí mareada. Mi mente daba giros bruscos, se movía entre los recuerdos de esa tarde y de la última vez que había estado en esta casa. Esa vez Edward me había propuesto matrimonio y yo había aceptado. El cuarto en el que ahora me encontraba había sido mío y aquí había dormido con Edward durante mi estadía, aquí habíamos hecho el amor varias veces.
Pero ahora mi cama no estaba, ni las paredes estaban pintadas de rosa y blanco. Una cama en forma de auto deportivo adornaba el cuarto y las paredes lucían un hermoso color celeste. Algunos juguetes estaban regados por el piso, en su mayoría eran autos, también había algunos posters de películas infantiles. Sí, este ya no era mi cuarto, ahora era de mi hermanito.
Todo había cambiado, el mundo había avanzado y aunque yo también lo había hecho ahora me sentía mal. De pronto, ante la gran posibilidad de que lo mío con Edward terminase, me di cuenta que ya no recuperaría nada. De que todo había cambiado mientras yo me aferraba a él. Mi lugar fijo, seguro, que era junto a él, había desaparecido y ahora me sentía perdida.
…
-¡Bells, Bells, Bells! –Gritó una voz infantil mientras me sacudía suavemente -¡Despierta Bells! ¡Tienes que ver mis nuevos juguetes! ¿Me trajiste caramelos? –Preguntó de pronto Stefan.
-Buen día enano… -Le sonreí mientras me incorporaba en la cama –Gracias por prestarme tu auto –Dije haciendo alusión a su cama.
-¡Esta genial, ¿a que sí? –Dijo y saltó a mi lado –Me la trajo Papa Noel en las navidades –Me contó -¿Y el tío Eddie? –Preguntó con curiosidad -¿Dónde está?
-Edward no vino, Stefan –Dijo mamá que acaba de entrar al cuarto –Hijo, ¿por qué no dejas que tu hermana se cambie tranquila y luego le enseñas tus juguetes…? Papá te está esperando para desayunar, hay galletitas de chocolate.
Y esas fueron las palabras mágicas, Stefan depositó un sonoro beso en mi mejilla y salió corriendo escaleras abajo para tomar su leche. Mamá sin embargo, se quedó de pie observándome. Estaba claro que quería una explicación, pero yo no sabía si podría hablar de ello. Respiré hondo y le indiqué que se sentara en la cama.
-Me peleé con Edward –Le expliqué, no sin soltar varias lágrimas.
-No quiero sonar pesada, pero eso ya lo había deducido –Dijo Reneé –Bella, sabes que puedes contarme todo…
-Ya lo sé… Es que… Es que… me duele –Susurré finalmente, dejando escapar un sollozo.
-¿Qué pasó? ¿Por qué discutieron? ¿Tan malo fue para que te vinieses hasta Phoenix? –Preguntó con suavidad.
Comencé a contarle lo que había sucedido, o mejor lo que había descubierto. Intenté ser lo más breve posible y no hondar demasiado en los detalles pero Reneé no me lo permitió. Dijo que debía soltar todo, que hablar de ello me haría bien, pero la verdad lo único que sentía era un terrible dolor en mi pecho. Lloraba sin parar y me abrazaba a mamá como si fuese una niña pequeña.
-No me pude quedar… -Le dije –Esta vez no sé qué hacer mamá, estoy perdida, te juro que no puedo.
-No te preocupes, puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras –Me aseguró –Pero deberás pensar en lo qué harás… ¿Lo amas?
-¡Por supuesto que lo amo! –Grité entre llantos –Lo amo con todo mi corazón.
-¿Y él te ama? –Me preguntó en un susurro.
-No sé, ya no sé qué pensar… -Le dije –Antes estaba segura, pero ahora… Ahora perdí la confianza en él, ya no sé qué creer y que no… -Mamá me abrazó más fuerte y no me soltó hasta que dejé de llorar.
-Será mejor que vaya a ver a tu hermano, tengo que llevarlo al jardín de infantes… ¿Quieres acompañarme? –Preguntó mientras se levantaba de la cama.
-Sí, me cambio y bajo.
Fui al baño, lavé mi cara, me até el pelo en una cola, me vestí con lo primero que encontré en la maleta y bajé. Stefan ya tenía su mochila puesta y su lonchera en mano. Su guardapolvo azul tenía bordado su nombre, se veía tan bien. Cuando le dije que lo acompañaría hasta el jardín insistió en que fuese yo la que lo llevase de la mano. Y así lo hice. Lo había extrañado tanto, la última vez que lo había visto había sido en las vacaciones de invierno, había crecido mucho, pero eso era normal en los niños de su edad. A los cuatro años uno cambia constantemente, física y mentalmente.
-Más rápido Bells –Se quejó mi hermano mientras jalaba de mi mano -¡Llegaré tarde!
Aceleré el paso y seguimos caminando hasta que llegamos al jardín. Mamá saludó a la maestra, me presentó y luego ambas nos despedimos de Stefan, quien me hizo prometer que sería yo la que lo fuese a buscar. Caminamos un rato con mamá por la costanera, hasta que ella me dijo que tenía que ir a hacer algunas diligencias. Me ofreció que la acompañara pero preferí quedarme en la playa. Tenía muchas cosas en qué pensar.
Rebusqué en mi bolso, saqué un cigarrillo y lo encendí. Con la primer a pitada sentí todo mi cuerpo relajarse. Pero lejos estaba de sentirme mejor, me dolía el corazón, estaba perdida, confundida… Miré mi celular… Tenía treinta llamadas perdidas de Edward. ¿Debía llamarlo? Por lo menos debería mandarle un mensaje para que supiese que había llegado bien. Pero sinceramente ni eso quería hacer, no creía que él se mereciere ese trato. Sin embargo, se lo envié.
Edward, estoy en lo de mi mamá, llegué bien. No me llames…
Inmediatamente me llegó una contestación, nuevamente me pedía disculpas y repetía las mismas palabras, las mismas frases. Pero a decir vedad cuanto más las repetía menos valor tenían para mí. No le contesté nada más, por el momento no quería saber nada de él, no podía pensar en nada, solo quería relajarme, solo por unos minutos.
Pensé en las chicas, ellas también me habían llamado y me habían enviado mensajes. Al parecer, por lo que estos decían, Edward solo les había dicho que habíamos discutido, pero no les había contado el motivo. Me sonó muy cobarde, si había tenido los huevos para engañarme y mentirme, debería tenerlos para enfrentarse a sus hermanos y amigos.
Estoy bien, cuando pueda las llamaré y les contaré todo.
Les mandé ese mensaje a Alice y a Rosalie, no quería que se preocupasen, pero aún no podía hablar de ello. Me había costado horrores contárselo a Reneé, estaba segura que no podría revivir la experiencia tan pronto. Me dolía, me desgarraba el corazón como si me hubiesen clavado una estaca y ahora la removían dentro de mí. Me sentía desfallecer… Todo daba vueltas, todo era confuso, ya no me sentía segura, ya no sabía nada.
Había creído en él, lo había dado todo por él y él me había destrozado… Me había engañado.
Me regalan su opinion?
Un beso
Lu
