Disclaimer: Los personajes perteneces a S.M., la historia a Zoelis9. Yo sólo me adjudicó la traducción.
Gracias a todos por sus reviews, favoritos y alertas. Vieran lo contenta que me pongo al recibir ese tipo de notificaciones en mi correo, aunque sé que también hay muchos lectores anónimos, así que gracias a todos los que leen esta historia. No alargo la espera, y disfruten el capítulo.
"Mi Error Favorito"
Capítulo 11:
Sólo confía en mí
Edward POV
Esa noche dormí en casa de Emmett. No podía regresar a casa, estaba demasiado preocupado por lo que sucedería. En ese punto, me pregunté si podríamos regresar a lo que éramos, si mi amistad con Bella podría seguir siendo la misma. Ella sabía cómo me sentía, y sabía que ella se sentía de la misma manera que yo. Pero ahora las cosas eran muy complicadas, regresar a cómo estaban las cosas iba a ser demasiado duro para ambos.
Apenas pude dormir. Alrededor de las tres de la mañana, yo seguía viendo el techo, pensando solamente y contemplando todo lo que había pasado.
Poco después, sentí como si estuviera vagando dentro y fuera de mis sueños. Juró que estaba desvariando. En ese momento, vi a una figura parada en la puerta, como si estuviera viéndome dormir. Rápidamente, abrí los ojos y vi que no era mi imaginación.
- ¿Bella?- murmuré, una vez que reconocí quien era.- ¿Qué estás haciendo aquí?
- Levántate,- susurró ella con rapidez.- Y ven conmigo.
Asentí y lentamente salí de la cama.
- ¿Qué hora es?- le pregunté mientras me tallaba los ojos.
- Un poco después de las tres,- respondió ella con la voz tensa.- Tenemos que llegar antes del amanecer.
- ¿A dónde vamos?
Caminé hacia donde estaba ella parada y ella sólo rodó los ojos.
- Alto a las preguntas, Edward. Sólo confía en mí.
Me extendió su mano y fijé mi mirada en sus ojos cafés. Ya no parecía enojada. Pero lucía más lúgubre que nada. Me pregunté si ya me había perdonado, y también me pregunté a dónde me llevaría. De cualquier manera, tome su mano y dejé que me condujera al auto.
Estuvimos manejando alrededor de una hora antes de que tomara una salida. Todo el camino lo hicimos en silencio. Ella no volteaba a verme, ni tampoco me hablaba. Pero era un silencio cómodo. Era todo lo que sabía.
Cuando nos estábamos acercando a nuestro destino, me di cuenta que habíamos dejado la ciudad totalmente atrás. De lo único que me había dado cuenta era que habíamos ido hacia el norte, y ahora no había más que árboles y un camino. Nunca había ido hacia esa parte de California, de eso estaba seguro. Me comencé a poner nervioso, que tal si Bella iba a matarme y escondía mi cuerpo entre los árboles.
Finalmente, estacionó el auto a un lado de la carretera y volteó a verme.
- ¿Todavía confías en mí?- me preguntó, con una ligera sonrisa.
Decidí no ponerle voz a mis miedos acerca de ser hecho polvo. Además, conforme más la veía, más de daba cuenta lo mucho que en realidad confiaba en ella.
- Con mi vida,- murmuré.
Ella asintió y salió del auto. La seguí. De la cajuela, sacó un bolsa y volteó a verme de arriba hacia abajo.
- ¿Dormiste con eso?- me preguntó mientras ponía el tirante de la bolsa sobre su hombro.
Yo todavía seguía vistiendo la ropa de la noche anterior. Una camisa azul oscuro y unos pantalones de vestir negros.
- Sí, aunque no estaba realmente durmiendo.
- Oh,- asintió ella.- Bueno, la camisa se puede quedar, pero podrías quererte cambiar por un par de jeans.
Entonces me pasó un par de jeans de la cajuela.
- Pensé que podrías necesitarlos.
Los tome, y sin dudarlo me cambié frente a ella. ¿Qué tenía? De cualquier forma, ella me había visto con algo menos que mis bóxers. A pesar de eso, ella se removió para contener su rubor.
- De nuevo, ¿por qué me estoy cambiado?- le pregunté con suma curiosidad.
- Pensé que confiabas en mí- me dijo sonriendo.- Y pronto sabrás lo suficiente. Ahora, sólo sígueme, tenemos que caminar. Además, tu trasero luce muy bien en esos jeans.
Baje la mirada y me reí. Ella estaba bromeando y eso era siempre una buena señal. Tal vez significaba que ella ya estaba lista para perdonarme.
- Vamos,- me apuró al tiempo que comenzaba a caminar en lo que parecía ser un sendero. La seguí de inmediato, honestamente no me importaba a dónde fuéramos. Sólo quería estar con ella.
Caminamos cerca de unos diez minutos, pero parecía que el recorrido iba a ser más largo que eso. Y otra vez, estábamos en silencio. Ella parecía determinada. Volteé y vi que el sol estaba remontando desde el horizonte. Pronto, ya no necesitaríamos las linternas.
Finalmente, ella se detuvo.
- Aquí estamos,- dijo ella tranquilamente poniendo su bolsa en el suelo.- Justo a tiempo.
Observé nuestro alrededor. Parecía como si estuviéramos en un prado o algo por el estilo. Era un hermoso claro donde no había árboles, y podías ver realmente el cielo nocturno.
- ¿Qué es este lugar?- le pregunté intimidado.
Mientras Bella sacaba sus cosas de la bolsa.
- Bueno, hace algunos años me encontré con este lugar. En fin, es una larga historia.
Encontré una gran roca y me senté en ella, viéndola a la luz de la luna. Era doloroso, lo hermosa que era.
- Entonces, ¿por qué estamos aquí?- le pregunté de nuevo.- ¿Finalmente me lo vas a decir?
Ella me miró y sacó su cámara de la bolsa. Y no era cualquier cámara, era su favorita.
- Es hora,- dijo ella suavemente viéndome a los ojos.
Fijé mi mirada en ella mientras me daba cuenta de lo que estaba diciendo. Finalmente me iba a fotografiar, finalmente me iba a ver a través de su sagrado lente.
- Pensé que estabas asustada,- murmuré al tiempo que ella se me acercaba.
Se paró de frente muy cerca de mí, tan cerca que podía sentir su respiración en mi piel. Con sus manos tocó mis hombros.
- Ya no estoy asustada,- murmuró ella con suavidad, sus labios estaban a unos centímetros de los míos.
Quería besarla profundamente. Sólo quería tomarla en mis brazos y decirle que la amaba. Quería ser finalmente honesto conmigo mismo. Y de repente, me distraje.
Las manos de Bella se habían movido de mis hombros a los botones de mi camisa. Lentamente, fue desabrochando uno por uno.
- ¿Qué estás haciendo?- le pregunté, no exactamente protestando.
- Estaba equivocada. La camisa se tiene que ir- dijo ella suavemente.- Confías en mí, ¿recuerdas?
Yo asentí y dejé que continuara. No me quitó la camisa, pero la dejó completamente abierta. Tomó mi mano y me condujo a uno de los árboles.
-Empecemos aquí,- dijo ella sin que sus ojos se apartaran de los míos.
- ¿Qué hago?
- Confía en tus instintos. Muévete de la manera en que te mueves. Y luce como eres.
- ¿Qué tal si hago algo mal? ¿Me dirás?- le pregunté preocupado.
Gentilmente Bella acarició mi mejilla.
- No,- susurró ella.- Tienes que empezar a entenderlo por ti mismo.
Ella se alejó y comenzó. Todavía estaba pensando en sus palabras y Bella estaba en lo correcto. Tenía que empezar a verla verdaderamente. No podía sólo esperar a que ella me dijera lo que estaba mal.
Al tiempo que Bella empezó a fotografiarme. Yo estaba intimidado. Ella estaba tan desinhibida, tan abierta, capturando toda luz, todo movimiento. Jamás la había visto en su elemento. Era hermosa. Era sexy.
Todo el tiempo, sus ojos apenas dejaron los míos. Algunas veces ella venía y me movía una locación diferente, tocando mi hombro o mi cuello para tenerme en la posición correcta. Todas las veces que su piel tocaba la mía, sentía un choque eléctrico. Demasiados pensamientos corrían por mi cabeza, sentía demasiadas cosas por ella. Sentía deseo, sentía respeto, sentía amor.
Y también durante todo ese tiempo, Bella no dijo ni una palabra. Sólo me veía y tomaba las fotografías. Me pregunté si alguna vez me las enseñaría. Me pregunté si esta no era su manera de decir adiós, y las fotografías serían la forma en que me recordaría. Rogué que ese no fuera el caso.
En ese momento, ella tomó mi mano y me condujo al centro del prado. Con delicadeza me empujó el hombro, haciendo que quedara recostado en el pasto sobre una manta que ella había puesto antes. El amanecer era hermoso desde ese lugar, dejando una suave luz en el claro.
Bella se agachó apoyándose en una sola rodilla a lado mío, casi a horcadas sobre mí. Después de tomar un par de fotografías en esa posición, ella se dio cuenta que algo estaba fuera de lugar. Se inclinó, acarició mi frente y rozó un mechón de cabello que se había soltado. La yemas de sus dedos se quedaron en mi rostro, trazando mi barbilla y entonces con delicadeza tocó mis labios. Ella parecía estar en un trance.
- Bella,- le susurré casi desesperadamente.
- Edward,- me respondió en un murmuro, incapaz que quitar sus ojos de los míos.
De repente, sentí la necesidad de confiar en mis instintos. Moví mi mano hacia su nuca y la atraje hacia a mí lentamente. Acerqué sus labios a los míos y la besé suavemente. Fue casi un beso tranquilizador, un beso de esperanza, un beso de compasión. Traté de expresarle todo lo que podía en ese momento. Y ella respondió ansiosamente.
No se alejó. Ni tampoco me empujó, ni me gritó. No me lanzó un zapato a mi cabeza. En lugar de eso, ella me regresó el beso con la misma pasión que yo le transferí a ella. Sus besos fueron ansiosos, desesperados. Con sus acciones, yo sabía exactamente lo que ella quería que hiciera.
Lentamente, sentí que sus manos se movieron hacia mi camisa y con sutileza me la quitó de los hombros. Sus labios regresaron con fiereza a los míos, mientras sus manos recorrían mi pecho.
- Bella,- suspire, acercándola lo más que podía a mi cuerpo.- ¿Qué es lo que quieres?
Se sentó y me vio profundamente a los ojos.
- Quiero que me hagas el amor, Edward,- murmuró ella. Me di cuenta que una lágrima se empezaba a formar en su ojo.- Por favor. Por favor, hazme el amor.
Todo lo que pude hacer fue asentir y la recosté. Finalmente, mi sueño se hacía realidad. Esta vez no estábamos borrachos o completamente fuera de nosotros mismos. Estábamos expresando lo que no podíamos decir. Estábamos diciéndonos silenciosamente lo que sentíamos por el otro.
Y fue mejor que las veces anteriores.
Gracias por leer.
¿Qué les pareció? Por fin esos dos hicieron el amor estando totalmente sobrios, los espero en el próximo capítulo para leer las consecuencias.
CIAO!
