Hola! Os traigo otro capítulo más. Gracias por las reviews. Parece que me han dado ganas de escribir. Espero que no sean pasajeras. Disfrutad.
- Tienes que estar atenta –me repite Lauren –En cuanto diga "ya" paras ¿vale? Un segundo más lo podía estropear todo.
- Sí, sí, me ha quedado claro. No hace falta que me lo expliques por quinta vez.
Su plan es un poco…Tengo una responsabilidad enorme. Si algo sale mal, será por mi culpa. Tendremos que meter a Kenzi en otro cuerpo, no creo que le guste y el que tiene ya es bastante agradable a la vista. Así que estoy preocupada pero intento que no se note por Trick está muy emocionado con todo esto. El caso es que Lauren quiere que congele los cuerpos hasta una temperatura y después Trick conseguirá una cámara frigorífica donde guardarlos a esa temperatura. Es tan descabellado que tengo la sensación de que va a salir hasta bien.
- Vale, Lena, ¿estás preparada?
- Lauren, ¿estás segura que podré hacerlo con el poder de un Frost Giant y que no quedarán muy dañados?
- Lena, confía en mí. Solo tienes que convertir tus dedos en carámbanos e insertarlos. Te he marcado los lugares. Mientras que hinques los dedos ahí, todo irá bien y, pase lo que pase, no los muevas. Podrías pararles el corazón.
- Eso es un gran alivio. Saber que solo puedo pararles el corazón…¡Venga ya, Lauren!
Mi hermana pone cara de enfado.
- No, no me mires así.
- Vamos, Lena. Si no lo hacemos, empezará la descomposición.
Siento como mis dedos comienzan a congelarse, muy despacio. Me arden y luego…nada. La fase de glaciación ha terminado. Dejo caer los dedos sobre los puntos estratégicamente del cuerpo de Kenzi, desde su cabeza a sus pies, y aprieto hasta atravesar la piel. No es muy agradable pero, por suerte, no sale mucha sangre. No es que tenga un problema con la sangre pero sería todo muy sucio.
- ¡Para! –me grita Lauren después de unos segundos –Bien, ahora Hale.
Repetimos el proceso sobre el hombre Sirena. Sigue sin ser agradable.
- Trick, tu turno –dice mi hermana cuando mis dedos vuelven a la normalidad –Lena, estaré arriba con Bo.
- Te diría que no dejases a Kenzi acercarse a mis botellas pero… -el Rey Sangriento mira a la chica muerta –Vámonos, Lena.
Trick se mete en mi mente, mejor dicho, yo me meto en su mente y veo el sitio exacto al que hay que llevar a Kenzi y Hale. En unos segundos estamos allí y parece que nos hemos teletransportado al Polo Norte.
- Qué frío hace aquí –comento –Vamos, Trick, salgamos de aquí antes de que nos dé que muramos de hipotermia.
En otros pocos segundos, volvemos al Dal y subimos desde el sótano. Mi hermana está apoyada sobre la barra, bebiendo sola.
- ¿Dónde está tu Súcubo azul? –pregunto.
- Aún no ha llegado –responde –Es que tú eres muy rápida.
- Solo en los desplazamientos, para otras cosas me tomo mi tiempo.
- ¡Shhh! Sigo siendo tu hermana mayor.
- Por eso. ¡Tú te crees el ejemplo que me estás dando con la morena! Por cierto, acaba de entrar por la puerta ensangrentada.
Lauren se gira a toda prisa y vuelve a mirarme. Me da un puñetazo en el hombro.
- Siempre estás igual –dice riéndose –¿Dejaras algún día de asustarme?
- ¿Dejaras algún día de ser mi hermana? –pregunto.
- No.
- Pues te acabas de responder tú solita.
- ¿Cómo van las cosas con Tamsin? –mi hermana pone cara de pena.
- En lo profesional, avanza rápido y aprende más rápido todavía. En lo personal, le debo un corazón y creo que, si la vuelvo a llamar rubita, me lo va a arrancar con sus propias manos.
Acaba de entrar Bo, riéndose con Dyson. Resoplo. Me están dando ganas de arrancarle la cabeza.
- No soportas a Dyson –observa Lauren –Yo tampoco. ¿Por qué no te vas a casa?
- Hola, cariño –Bo besa a mi hermana en el cuello –Lena, ¿puede encargarte del entrenamiento hoy?
- ¿Por qué? –no quiero hacerlo.
- Lauren quiere que vaya con ella a esa cosa de ciencias y ya vamos con retraso.
- ¿No puedes hacerlo más tarde, cuando volváis?
- Lena, vamos a volver tarde –interviene Lauren.
- Yo puede hacerlo –interrumpe el Lobo.
- Ni te acerques. Yo lo haré.
- Perfecto –sonríe la Súcubo –Toma las llaves.
La miro con cara de odio pero no puedo enfadarme con ella. Después de todo, entrenar a Tamsin debería ser cosa mía siempre.
No he traído coche, normalmente no lo necesito, y tampoco quiero llegar demasiado rápido así que camino. Las luces de la ciudad, los coches…todo, me pone de los nervios. Por si fuera poco, la gente piensa unas cosas muy raras. Algunos en sexo, otros en asesinatos, dinero, algo que han leído en el periódico, ideas de libros, compras, regalos, familia…Empieza a dolerme la cabeza y veo borroso pero no logro encontrar los dichosos auriculares. Recuerdo que me los he olvidado en casa y grito, por dentro. Comienza a faltarme la respiración. Dolor, emergencia, letras de canciones, mensajes, llegar a casa, llegar tarde, el coche, el perro, comprar pan, hambre, sed, el jefe es un gilipollas, ver el capítulo de la serie favorita…Oscuridad absoluta.
Me despiertan unas palmaditas en la cara. Sigo tirada en el suelo sin fuerzas y recuperar el conocimiento duele. La visión vuelve a ser clara y un mechón rubio se balancea delante de mis ojos.
- ¿Qué demonios haces aquí tirada? ¿Estás bien? He llamado a Bo y me dijo que debías estar en casa desde hace horas. ¡Lena! ¡Lena! No cierres los ojos.
- Me está deslumbrando…
- Como digas mi belleza, te dejo aquí tirada.
- La luz de la farola que hay sobre ti. No seas egocéntrica. Puede que seas la Valquiria más guapa que he visto en mi vida pero soy joven. No te lo tengas tan creído.
- Levántate.
Tamsin me ayuda a ponerme de pie. Siento que me mareo y todo da vueltas pero se pasa cuando respiro hondo. No me puedo creer que lleve horas tirada en el suelo y que nadie me haya socorrido.
- ¿Por qué nadie me ha ayudado? –dudo.
- Porque nadie puede verte –responde Tamsin.
- ¿Qué?
- Hasta a mi me ha costado encontrarte. Suerte que tengo buena vista y de pronto has aparecido de la nada unos segundos.
Acabo de comprender que, cuando pierdo el conocimiento, también pierdo el control de mis poderes. Todos ellos. A saber lo que he hecho inconscientemente.
- Anda, vamos a casa –Tamsin coge mi brazo y lo pone alrededor de su cuello.
- No estoy…puedo caminar.
- Como quieras.
La Valquiria empieza a andar delante de mí, un poco rápido pero la alcanzo y caminamos una junto a la otra en completo silencio. Si tuviese tan buen oído como un Lobo se daría cuenta de lo rápido que me late el corazón. Agradezco que solo sea una Valquiria.
- ¿Te pasa algo? Estás muy pensativa –ella sigue mirando hacia delante.
- No, solo pensaba en que todavía tenemos que hacer…que entrenar.
- Supongo que no me voy a librar.
- No.
Al fin llegamos a la casa de Bo. Tamsin se pone frente a mí, justo al lado del sofá, y me mira.
- ¿Por dónde empezamos? –pregunta.
- ¡Ah sí! El entrenamiento –estoy demasiado distraída –A ver, si tuvieras que elegir entre…No se me ocurre nada.
Tamsin suspira y mira a todas partes con cara de aburrimiento.
- Lo siento, ando un poco escasa de imaginación en este momento –digo –¿Qué preferirías si estuvieses muy herida, esperar hasta morirte o clavarte un puñal?
- Lena, soy una Valquiria, esperaría a que la muerte me llevase.
- Cierto, todo eso del honor.
- Sí, todo eso. Puedes hacerlo mejor. Concéntrate.
- Claro, es muy fácil decirlo. Tú no tienes a una rubia de ojos claros frente a ti.
Ella me mira con cara de "deberías mirarte al espejo más a menudo".
- Tú me has entendido –exclamo.
- La verdad es que hace tiempo que dejé de entenderte.
- ¿A qué te refieres?
- Pues que desde que…ya sabes, estás muy rarita. Adorando el honor y con todo lo del corazón…¡Dios!
- ¿Yo soy la rarita? ¡Te has vuelto una maldita borde! Que sí, que Lauren y Bo me han dicho que ya eras así pero yo no me lo creo. Las Valquirias honorables y simpáticas existen ¿sabes?
- Dijo la experta en Valquirias.
- ¡Arrg!
Me doy la vuelta y respiro fuerte. No quiero gritarle más. No tiene control sobre mí. No puede ponerme de los nervios de esta forma. No puede…Me dirijo al frigorífico y cojo una botella de agua. Bebo un largo trago para calmarme pero no funciona. Casi estoy empezando a sudar y siento como la sangre hierve dentro de mí.
- Hola –saluda Bo –¿Qué tal vais?
- Ni hemos empezado –le responde Tamsin.
- Pues es bastante tarde –se sorprende mi hermana –Lena, ¿quieres terminar o prefieres que nos vayamos a casa?
- Prefiero no estar aquí –digo enfadada –Puedes quedarte si quieres.
Salgo por la puerta corriendo e inspiro muy fuerte. Corro por las calles, lo más rápido que puedo hasta llegar a casa de Lauren. Al entrar, no enciendo ni las luces. Subo las escaleras de tres en tres y entro en la habitación de invitados. Cierro la puerta y me acurruco en un rincón, a oscuras. La oscuridad no me hará daño aunque un Fae de la Oscuridad ya me lo haya hecho.
¿Qué os ha parecido? A partir de este capítulo creo que voy a empezar con el proceso de recuperación. Ya veremos. Gracias otra vez por leer.
