Lamento haberme tardado tanto en subir algún capítulo; comencé un nuevo trabajo y he estado estancada creativamente. No estoy orgullosa de este capítulo pero no se me ocurre otra cosa. De todas maneras, cualquier sugerencia o comentario es bien recibido.
Éxtasis
Como pasa siempre antes de un gran desastre; el tiempo embellece.
Así era la vida de Pansy Parkinson en ese preciso momento: bella.
Si alguien le preguntara, diría que esa última semana de aquel verano fue la más feliz de su vida. Draco Malfoy había estado con ella todos los días. Habían dormido juntos, despertado juntos, desayunado juntos y duchado juntos.
Lo amaba, eso era todo.
Sí, definitivamente esa había sido la mejor semana de su vida.
Ella no se despegó de él ni un momento. Estaban siendo inseparables y ella creía firmemente que su nuevo año escolar sería el mejor que pudiera recordar. Eso creía, hasta que estuvieron al tren que los llevaba a Hogwarts colegio de Magia y Hechicería y él empezó a decir todas esas tonterías de abandonar los estudios para dedicarse a cosas más importantes.
"Más importantes."
¿Qué podía ser más importante que su amor?
Le atormentaban esos pensamientos de gran magnitud y su respiración se comenzó a acelerar. Hiperventilaba.
Inhala, exhala. Inhala, exhala.
Por eso se refugiaba en trivialidades como molestar a Zabini con su exigente y a la vez cínico gusto por las chicas; él pedía mucho, sin embargo, gustaba de Ginebra Weasley. Por eso iba con chismes jugosos que le hicieran recordar a Draco que su vida en el colegio era imprescindible y que no podía abandonarla. Se encargó de elegir la asignatura DCAO para Draco y ella en sus E.X.T.A.S.I.S, se encargó de ir a los entrenamientos de Gryffindor para espiar sus tácticas, se encargó de hacer una lista de las alumnas de tercero que pudieran ser víctimas de bromas crueles para que Draco pudiera torturarlas. Se encargó de tantas cosas que perdió la cuenta.
Pero Draco no estaba.
No estaba presente en ningún momento. Toda aquella energía y soberbia que había derrochado en el tren se habían quedado ahí estancadas.
Él se fue apagando poco a poco hasta que se redujo a un saco de huesos tembloroso, mirando nerviosamente sobre su hombro, perdiendo clases y saltándose comidas, recibiendo gritos de todas partes y pasando interminables noches sin dormir.
Y, por supuesto, dedicándose a evitarla.
Era como en un juego de tira y afloja en el que ella estaba jugando contra un gran troll.
Fue entonces una noche cuando su corazón se rompió por segunda vez; el avistamiento de la Marca Tenebrosa en el cielo, miles de gritos y sollozos en el lado este del castillo, miles de varitas alzándose en silencio para rendir un homenaje a un mago caído.
Fue entonces cuando supo que Draco Malfoy se había ido y no volvería a verlo en quién sabría cuánto tiempo.
