Descargo cualquier tipo de responsabilidad respecto a los personajes. Ninguno me pertenece y el relato es totalmente ficticio.


11. Cambio de valores.

Jueves 5 de Marzo de 2015.

Nueva York.


Un nuevo día nacía en la ciudad más hermosa de Estados Unidos. Si, así lo consideraba Rachel. Mentiría si dijese que odiaba el frío aniquilador, o los altos rascacielos.

Amaba Nueva York, amaba esa ciudad y sentirse parte de ella.

Poder caminar por la calle sin ningún tipo de temor era algo impagable. Poder pasear por el Central Park con total tranquilidad la llenaba de vida. Poder desprenderse de todos esos lugares que le recordaban a ella, Quinn, eran bienvenidos para conformar su nuevo hogar.

Hacía años que había decidido vivir allí. Compartir ese departamento con Tina, la llevaba a que todo fuese más fácil de lo que siempre creyó. Las horas de estudio eran placenteras, las clases llevaderas y la convivencia impecable.

Era su amiga, como una hermana, la conocía hacia años y nadie la entendía mejor. Eran inseparables.

Como todos los jueves, se juntaban a desayunar en el café que se encontraba aledaño a la facultad. Sus horarios se habían reducido, a su vez incumpliendo los días de asistencia.

El tema de la banda la tenía ocupada las veinticuatro horas del día. Las peleas retrasaban cualquier proyecto que pudiesen tener y a su vez los horarios limitados por parte de cada una tampoco ayudaban.

A decir verdad, la misma ya no le ocupaba demasiado tiempo como antes, pero era una excusa que gustaba seguir imponiendo. Había optado por tomarse un "relax" al respecto. Necesitaba meditar, encontrarse consigo misma. Evitar cualquier tipo de persona que creyera conocer de otra vida, sin dudas ayudaría a ese encuentro con su ser.

Necesitaba sentirse sola.

Pesadamente vagaba por una de las cuadras anteriores a dicho establecimiento.

Resopló, maldiciendo con desgano para sus adentros la insistente desgracia que la perseguía. Era como si se tratase de una nube negra sobre la cabeza.

Nube que osaba molestarla a como diese lugar. ¿Sería que nunca podría ser feliz otra vez?

Allí estaba Tina, detrás del escaparate inmenso e impecable que daba a las mesas de aquel diminuto café.

Amaban encontrarse ahí. Era un lugar cálido y acogedor.

Generalmente la gente compraba su orden y lo consumían por el camino. Ellas preferían perder media hora de su tiempo, o más, y tener un desayuno como Dios manda.

Podía observar la sonrisa característica en su amiga, siempre intentando levantarle el ánimo, pero al parecer esta vez no sería suficiente.

Incomoda consigo misma, Rachel abrió la puerta de aquel lugar. Esta vez no se sentía a gusto en este espacio.

Hacía varios días que no se sentía a grata en ningún sitio. Era como si su cuerpo fuese un ente sin vida, el cual se encontraba a la deriva sin saber dónde dirigirse con claridad.

Eso era, un ente sin vida.

Tenía la esperanza que el día de hoy te despertaras con una mejor cara. – Arrojó Tina al notar como ese ser fantasmal desplazaba la silla para poder sentarse.

Perdelas de inmediato. – Suspiró con resignación. - ¿Ya pediste? – Ojeó hacia ambos lados tratando de localizar un mozo.

Afirmó con el rostro. – También pedí el tuyo. – No esperó respuesta. – Café bien cargado con una dosis de buen humor. – Sonrió.

No estoy para chistes Tina. – Fue concisa.

¿Cuántos días más pensás seguir deprimida por lo que pasó? – Revoleó los ojos. – Bien dije… ¡Ya pasó! – Destacó.

¡Ya sé que ya pasó! – Elevó el tono captando la atención de algunas personas cercanas a ellas. - ¿Cómo querés que me lo tomé? – Frunció el ceño. – No puedo hacer como si no hubiese pasado nada por sí pasó.

Rechazando las llamadas de tus compañeras e ignorando a tus jefes no es el modo. – Humedeció los labios. - Desinteresándote con lo que respecta a la banda tampoco. – Suspiró. - ¿Así pensás superarlo?

Cortala Tina. – Notó como el mozo se acercaba con los pedidos. – Si decidiste que nos juntemos acá para darme un discurso sin sentido, me levanto y me voy.

Sos una inmadura Rachel. – Fue tajante regalándole una sonrisa al muchacho.

Mientras con la mirada seguía el andar de ese sujeto que lentamente desaparecía de su visual, acercaba su cuerpo lo suficiente a la asiática. - ¿Te parece inmaduro como reaccioné? – Rió con ironía. - ¡Por favor Tina!

¡Claro que sí! – Chilló con persuasión.

No entendes nada, absolutamente nada… - Hizo una pausa. - ¡Me mandó al frente! Delante de ella, de Brittany… ¡Delante de todas!

¿Y? – Elevó los hombros. - ¿Acaso no estudiaste actuación por años? ¿Acaso no podías esquivar el tema como haces con muchas cosas? – Resopló. - ¡Vamos Rachel! Si no lo hiciste es porque no quisiste que así fuese.

No lo hice porque me tomó desprevenida. – Presionó los parpados con fuerza. - ¿Es necesario que hablemos nuevamente de este tema?

Si lo es. – Bebió un sorbo. – Porque pretendes que te entienda y todavía no logro comprender el motivo por el cual Santana te atacó de ese modo.

Inhaló profundo y canalizó todo el mal que aquello le ameritaba. Se disponía a explicarle el motivo de tal actitud.

Prestame atención porque no me hace bien hablar de esto. – Aclaró antes de comenzar.

Flashback: lunes 23 de Febrero de 2015.

¿Crees en la vida en el más allá? – Consultó Rachel.

Santana elevó una ceja mientras situaba ambos codos contra la barra de madera que las separaba. - ¿Esto es una especie de broma? – No esperó respuesta alguna. – Yo te estoy preguntando en serio con respecto a tu tema.

Y yo te estoy hablando con el corazón. – Arqueó las cejas. – Respondeme por favor… - Titubeó. - Lo que tengo que contarte depende demasiado a lo que puedas llegar a creer o no.

La mirada de la morocha analizaba cada gesto generado por el rostro de la latina.

Mostrándose incomoda ante tal interrogante, Santana erguía el cuerpo recobrando una postura firme y segura de sí misma. Luego de carraspear sucesivas cantidades de veces, buscaba la mejor manera de transmitir esa respuesta que tanto anhelaba.

No, no creo en eso… - Suspiró. – Considero que la psiquiatría, psicología y demás cosas de ese estilo, o como sea que se llamen, son puras mentiras. – Finiquitó a la defensiva.

Esto va más allá de algún tipo de estudio. – Pensó un instante.

¿Por qué das tantas vueltas? – Rodó los ojos - Simplemente tenés que contarme porque demonios la llamas Quinn en vez de Lucy. – Bufó. – ¡No es tan difícil!

¡No me levantes la voz! – Recriminó poniéndose firme. – No es algo fácil de explicar, por eso doy vueltas.

Empeza por el principio Rachel, porque ya estoy comenzando a perder interés en tu súper historia. – Ironizó retomando el trabajo que había dejado pendiente.

Estuve en coma por cinco meses y viví una vida irreal, en mi subconsciente, en la cual estaba incluida Lucy con el nombre de Quinn. – Arrojó sin respirar y aceleradamente.

El cuerpo de Santana se paralizó.

Volteó lentamente y dicha parálisis se plasmaba en cada músculo del rostro, mostrándose pálida y algo mareada al respecto. Buscaba procesar lo dicho con tanta rapidez.

Pestañó una sucesiva cantidad de veces logrando demostrar que aun seguía con vida.

¿Qué? – Atinó a decir casi sin aire.

Que estuve en coma por cinco meses… - Repitió pausadamente pero no fue necesario continuar.

¡Ya entendí lo que dijiste! – Frunció el ceño. - ¿Cómo que la viste a ella? – Se encontraba absorta. - ¿La conoces?

No lo sé. – Desvió la mirada. Los ojos de la latina estaban intimidándola. – No la conozco, al menos creo que no… - Intentaba ser clara. - No la conozco conscientemente, no sé si alguna vez la vi, no sé si la cruce en otro momento de mi vida… No lo sé.

¿Cómo llegas a la conclusión de que es ella? – Detuvo en seco la tarea que estaba realizando.

Porque es idéntica. – Hizo una pausa meciendo el rostro. – A decir verdad su aspecto se alterna un poco al que yo vi… - Recordó. - Digamos que solía tener el cabello de otro color y un look más…. – Pensó un instante la definición correcta. – "Rebelde"

¿Lucy rebelde? – Alzó una ceja. - ¿Enserio? – No esperó respuesta. - ¿A que llamamos rebelde?

A cabello rosa, aro en la nariz, ropa negra y de cuero… No se… Rebelde. – Repitió presionando el entrecejo. - ¿En qué te cambia eso? Creo que no es lo importante acá…

Una carcajada de su parte la tomó por sorpresa. La risa sonora efectuada por la latina retiraba a Rachel de cualquier tipo de concentración en la que se encontrara.

Era un tema delicado y al parecer Santana no lo consideraba de tal modo.

¡Esto es increíble! – Intentó contenerse. – Perdón, pero esto es realmente jugoso para poder torturarla al respecto.

¡Santana! – Gritó. – Ella no sabe de todo esto… Nadie lo sabe. – Explicó buscando compasión en las pupilas. - Sos la primera… - Susurró.

El eco ruidoso se aplacó en seco. - ¿La primera? – Carraspeó. - ¿Por qué yo?

Humedeció los labios. – No todo lo que uno hace se rige por un porque… A veces te dejas guiar por el corazón o por los instintos que te llevan a eso. – Hizo una pausa. – Me diste la confianza suficiente como para que pudiese contártelo.

¿Nada más que eso? – Achicó los ojos.

Se llamó a silencio, moviéndose incómodamente sobre la banqueta. - ¿Alguna vez sentiste la necesidad de hablar con alguien que crees que te puede entender como nadie? – Desvió la mirada de aquellos ojos intensos.

Nunca tuve la suerte de que alguien se interesase por mis problemas. – Generó una mueca que intentaba ser una sonrisa. Rápidamente recobró esa postura firme que buscaba imponer. - ¿Cuándo se lo vas a decir?

No sé si decírselo. – Tragó saliva. – No es tan fácil.

¿Qué me estás ocultando Rachel? – Arrojó sin siquiera mirarla.

¿Eh? – Elevó ambas cejas con nerviosismo. - ¿Yo? – Dudó. - Yo… ¡Nada! – Intentó explicar sin éxito.

¿Sabes que me enseñó la vida? – Se situó de espaldas a ella, localizando una taza de café. – A reconocer cuando alguien me miente… - Suspiró. – Mi papá solía mentirme cuando llegaba a altas horas de la noche, se pensaba que porque era chica no me daba cuenta del olor a alcohol que emanaba su boca al abrirla… - Contuvo el llanto, sabiéndose segura de que no era observada a los ojos.

Yo… - Observó hacia ambos lados disminuyendo el tono. – Lo siento mucho Santana.

No me tengas lastima Rachel. – Recobró la postura luego de una inhalación profunda. – Mejor decime que es lo que me estás ocultando.

Observaba sin motivos la espalda de la latina y la recorría de abajo hacia arriba buscando valor en el objeto más insignificante. Objeto como el hilo que constituía aquella insulsa prenda que cubría el torso en su totalidad.

Debía sincerarse por completo.

A su vez, tenía que mostrarse segura y no actuar cual culpable a punto de ser descubierto.

¿Por qué me miras así? – Cuestionó volteando sobre el eje y quedando frente a ella.

Temió al no entender como sabia de su análisis si se encontraba de espaldas a ella.

Tenés razón. – Finalmente expresó. - Hay algo que no te dije. – Inhaló profundamente.

¿No te llamas Rachel? – Frunció el ceño. - ¿Tenés una doble vida? – Indagó sin esperar respuesta.

No, no es eso… - Hizo una pausa buscando las palabras adecuadas.

¡Por dios! Tu melodrama me supera… ¿Podrías decírmelo de una maldita vez? – Observó el reloj de la pared. – Hace más de dos horas que estamos con esto… ¡Dos horas! – Gritó señalándolo. - ¿Cuánto tiempo te pensás que puedo per… - Fue interrumpida.

¡También te vi a vos en mi otra vida! – Espetó sin anestesia.

El rostro de la latina se mostró mártir de inmediato. Su color caribeño desapareció para transmitir un pálido inusual. La boca, al igual que los ojos, permanecía abierta sin ningún tipo de movilidad.

Estaba en estado de shock.

Las manos de Rachel se adueñaban de la frente con vigor, a la vez que la cabeza se movía de un lado a otro sin ningún tipo de explicación.

Nunca debí decir eso… - Repetía para sí misma percatándose del estado que aún conservaba Santana.

¿De dónde nos conocemos? – Indagó con un hilo de voz tomando asiento frente a ella. – No te tengo vista… - No logró continuar.

No lo sé Santana… ¡No lo sé! – Gritó con frustración. - ¿Nos conocemos? Creo que esa pregunta sería más acorde.

No. – Fue terminante respondiendo con seguridad. – Recuerdo perfectamente cada rostro y uno como el tuyo jamás lo olvidaría. – Hizo una pausa. - ¿Era igual que ahora?

Físicamente sí. – Suspiró. – Eras más amable y tenías una vida mejor…

Ósea… - Presionó el entrecejo por un momento. - Cuando me viste por primera vez acá, en el bar… - Elevó la vista penetrándola. - ¿Me reconociste?

Afirmó con el rostro. – Desde el momento que te vi supe que eras vos. – Aclaró la garganta con fuerza. – Tuve miedo de que no fueses realmente vos, pero lo eras… Te llamas Santana, sos igual físicamente… - Intentó sonreír. - ¡Todo coincide!

Ninguna respuesta favorable provino de la otra parte por lo que esa mueca que buscaba transmitir desapareció determinantemente.

Esperaba el momento oportuno para volver a hablar. Analizaba cada gesto en el rostro de la latina ya los rasgos faciales se veían aún más resaltados junto a la vena del cuello.

Sant… - No pudo expresar su cometido.

¿Te acercaste a mí sabiendo que era yo? – Observó la madera que conformaba la barra ante ella. Sobre la misma, ambas manos jugaban entre sí de forma nerviosa.

No es tan así… - Intentó explicar acercando las suyas sin éxito. Un acto reflejo incrementó ese corto trecho entre sus cuerpos. – No es lo que estás pensando… - Agregó al notar dicha reacción.

Me usaste… Me usaste para llegar a Quinn… - Rió con ironía. – ¡Lucy, Quinn, quien demonios sea! – Gritó sin previo aviso. - Ahora entiendo todo. - Inquietamente, recorrió los labios con la lengua. – Ahora entiendo porque me atacaste la otra vez preguntando donde estaba… Entiendo el porqué de tus preguntas extrañas que no lograba comprender, porque tanto interés en mi vida… - Tomó un respiro.

No es así Santana, estás confundiendo las cosas. – Arrojó débilmente.

¿Confundiendo las cosas? – Achicó los ojos. - ¿CONFUNDIENDO QUE COSAS? – Vociferó. – Me usaste para llegar a ella… ¿Pero sabes qué? – Su mueca transmitía algo de malicia. – No te sirvió de nada.

No te use. – Espetó arqueando las cejas. – Esto no tendría que haberse dado así… - Fue interrumpida.

¿Cómo se tendría que haber dado? – Meció el rostro con ironía. - ¿Acaso en tu vida de mentira se daba de otra forma? – Exhaló profundamente. – Andate del bar.

¿Qué? – Exclamó boquiabierta.

¿Sos sorda o no fui clara? – Recobró la postura y volteó sobre el eje dándole la espalda. – Que te vayas Rachel.

Somos compañeras de trabajo… No vas a poder evitarme mucho tiempo más. – No logró continuar.

¡Andate o te hago sacar por los encargados! – La observó por encima del hombro.

Sorprendentemente un silencio total invadió aquel terremoto que acaba de destrozar lo que sea que tenían.

Debía irse.

Nada que pudiese decir serviría para reparar el mal que había causado. Con o sin intención, pero mal al fin y al cabo.

Podía notar dolor en los ojos de la latina. Sabía que la había lastimado y no entendía como debía repararlo.

Fin del flashback.

¿Y te fuiste? ¿Así sin más? – Consultó Tina una vez finalizado el relato.

Inspiró con potencia dejando que el aire limpiase los males internos. - Si… Me tuve que ir, estaba irreconocible. – Sonaba apenada. – Se que estuve mal pero no quise usarla, nunca fue mi intención y vos lo sabes mejor que nadie.

¿Por qué no lo hablas con ella? – Indagó ante lo obvio.

Porque no se cómo hacerlo… Me atacó sin previo aviso en ese ensayo y ya no se cómo dirigirme hacia ella. – Tomó un sorbo del pedido. - ¿Qué hago?

Decile las cosas en la cara… No podes tenerle miedo. – Fue interrumpida.

¡No es miedo! – Replicó frunciendo el ceño.

¡Si lo es! – Insistió. – Tenés miedo al futuro, tenés que dejar de pensar tanto y simplemente actuar… ¡Tenés miedo! – Incrementó el tono.

¿Cuándo fue que te comiste a Luz? – Frunció el ceño.

¿Acaso te dice lo mismo? – Bebió su café. – Date cuenta… Si tu psicóloga y tu mejor amiga te lo dicen por algo será… ¿No?

Mi psicóloga no me dice eso. – Intentó defender lo indefendible. - ¿Y si tengo miedo qué?

Nada… Es normal que lo tengas, pero afrontarlo. – Elevó una ceja ante el silencio adoptado por Rachel. – Se que tu silencio significa que lo estás pensando.

¡Está bien! – Resopló – Voy a hablar con ella. – Hizo una pausa. – Y si me mata, tendrás que vivir con ese cargo de conciencia.

Creo que puedo soportarlo. – Sonrió con sorna.

A lo que quiero llegar, es que considero que la relación se tornó un poco pesada. – Explicó Elena sujetando la sartén en una de las manos. – Si bien había amor y nos llevábamos de maravillas algo entre nosotros no estaba del todo bien. – Pensó para sí misma. – No sé, es difícil de explicar… ¿Me entendes Lu? – Esperó una respuesta que nunca llegó. - ¿Lu? – Volteó sobre el eje. - ¡LUCY! – Gritó.

¿Qué? – Respondió elevando la vista.

¿Podes dejar de leer ese maldito libro y escucharme lo que te estoy diciendo? – Terminó de servir el almuerzo en los dos platos que se encontraban sobre la mesada.

Lucy se situaba en la isla que había en su propia cocina como varios días a la semana cuando se juntaban a almorzar. Elena era una excelente cocinera, algo que aprovechaba a la hora de dejarla hacer uso de ella. Si bien tenía habilidades culinarias de Lucy eran más que buenas, siempre disfrutaba del don que la morena obtenía.

Te recuerdo que vos misma me recomendaste este "maldito" libro como le decís. – Hizo una pausa observando cómo se acercaba a ella. – Además estoy en una parte importante. – Retomó la lectura.

Al final se muere. – Arrojó tomando asiento frente a ella. Pudo sentir como esos verdes la penetraban. - ¿Qué? – Rió.- ¡Es chiste!

Estaba a punto de lanzarte las 337 hojas que tiene el libro por la cabeza… Te aseguro que es lo suficientemente pesado como para lastimarte. – Señalizó la hoja que se encontraba leyendo. – A lo mejor no te mataría en el acto pero podría dejarte más cuerda de lo que estás. – Sonrió para luego cerrarlo completamente. – Capaz te acomoda la única neurona que tenés.

¡Ay, pero que buen humor que tenemos! – Ironizó. – Mejor come lo que te prepare.

Sin emitir comentario cada una se focalizaba en lo que le incumbía, dando inicio a lo que sería un cálido almuerzo de amigas.

Al parecer de cálido no tendría absolutamente nada.

La tensión estaba en el aire.

No entre ellas pero si por parte de cada una. La vista de la rubia se perdía por aquel ambiente mientras Elena buscaba comprender que era lo que la afligía tanto.

¿Cómo va la banda? – Interrogó interesadamente.

No va. – Fue clara aún masticando su porción.

¿Se pelearon? – Alzó una ceja. - ¿Ya? ¿Cuánto llevan? ¿Una semana? – No dio lugar a ninguna respuesta.

¿A que de todas las preguntas te respondo? – Imitó el gesto facial.

¡A todas! – Exigió. - ¿Qué demonios te pasa Lucy? – Meció el rostro. – Estás rara, tenés un mal humor inusual en vos… No porque no suelas tener mal humor, sino porque soles no tenerlo tan pronunciado.

¡No todo en la vida es color de rosa Elena! – Golpeó el tenedor contra la mesa. – No me hagas alterar.

Abrió ambos ojos completamente. - Ya lo estás por tus propios medios… - Carraspeó. – Contame… ¿Qué pasó con la banda?

Simplemente no funcionó. – Explicó tajantemente.

¡Tu pasividad me enerva! – Resopló situándose de pie. Se disponía a dejar la comida sobre la mesada.

¿No comes más? – Preguntó mostrándose indiferente.

Me sacaste el hambre. – Caminó hacia sus pertenencias. – Como también me sacaste las ganas de seguir estando con vos. – Suspiró. - Se suponía que estos almuerzos eran de amigas… ¡Amigas que confían una en la otra! – Caminó enérgicamente por la casa. – Se supone que podes confiar en mí y que podes contarme tus problemas… - Le dirigió una mirada rápida. - ¡Al parecer me equivoqué!

Para Ele… - Susurró volteando sobre la banqueta. No tuvo efecto. – Elena. – Exclamó notando como su amiga se dirigía hacia la puerta. - ¡Rachel me dice Quinn! – Gritó provocando una detención repentina.

¿Quién es Rachel? – Volteó hacia ella. - ¿Tu compañera de la banda? – Frunció el ceño, acercándose. - ¿Le contaste tu vida? ¿Lo de tu papá? – Abrió los ojos inmensamente. - ¡Creía que era un tema delicado!

Ambas manos se adueñaron de su frente. – No le conté nada Ele. – Suspiró. – No sé cómo demonios sabe lo de mí pasado… Lo de mi nombre.. – Hizo una pausa.

¿La conoces de antes? – Continuó con el interrogante buscando la mirada de la rubia.

¡No! – Chilló. – Nunca la vi en mi vida. – Pensó un instante.

Tu cara me dice que te acabas de acordar de algo. – Depositó una de las manos sobre el hombro de Lucy.

La vi la otra noche… En el bar. – Notó el rostro de desconcierto de su amiga. – Ese bar de mala muerte al que me llevaste.

¿"Back Room"? – Notó la afirmación en el rostro. – Esa noche estuviste todo el tiempo conmigo…

¿Viste cuándo me encontraste en el suelo? – No esperó respuesta. - ¡Bueno, ahí! – Generó un gesto con la mano para darle el énfasis necesario. – Justo antes me la cruce y me llamó Quinn.

¿Por qué te dice Quinn? – Arqueó las cejas. – Esto es algo tenebroso… ¿No será alguna especie de extraterrestre o ser del mas allá?

Elena por favor… - La mirada de la rubia lo decía todo.

¡Está bien! Perdón. – Revoleó los ojos. – Después no digas que no te lo avisé… - Meció el rostro volviendo en sí. - ¿Y qué pasó?

La otra noche nos juntamos a ensayar acá con todas las chicas de la banda. – Hizo una pausa para comenzar con el relato.

Flashback: viernes 27 de Febrero de 2015

¿Por qué no le contás a Lucy sobre Quinn? – Arrojó sin ningún tipo de escrúpulos.

La mirada de la rubia se cruzó de manera automática con los ojos color avellana de la morocha, quien titubeantemente se manifestaba boquiabierta ante aquella confesión por parte de la latina.

El silencio era el dueño de aquel lugar y los cuerpos presentes se mostraban expectantes ante una posible respuesta.

¿Te parece que es un tema para tocarlo ahora? – Rachel, simplemente, increpó hacia Santana.

¡Por supuesto! – Se cruzó de brazos. - ¿Qué mejor lugar que su propia casa? – La aterrorizó con la mirada.

No hablen como si no estuviese presente. – Se entrometió Lucy dirigiéndose directamente a Rachel. - ¿Qué es lo que tengo que saber?

El mutismo de su parte lograba desesperar a cualquiera.

Una se encontraba a punto de perder la paciencia mientras la otra, la impaciente, ya la había perdido hacía rato.

Por favor Rachel, deja de lado ese papel de mosquita muerta y habla de una vez. – Exigió la latina empujándola con una de las manos.

¡Ni se te ocurra volver a tocarme! – Arremetió la morocha al recobrar la postura correcta. – Vos no sos quien para decirme a mí que decir y que no… En todo caso si a ella le interesa saber el porqué, se lo diré… - Hizo una pausa. – En privado.

¿Saben qué? – Observó el rostro de ambas. – Se van de mi casa.

¿Qué? – Consultó Santana atónita. - ¿Me estás echando?

No, no, no. – Sujetó la pertenencia de todas. – Las estoy echando a todas. – Fue entregándolas a quien correspondía.

¿Y yo porque tengo que irme? – Indagó Brittany, dejando los palillos a un lado. - ¡Ni siquiera abrí la boca!

¡Dije todas! – Gritó. – Quiero estar sola. – Se dirigió a la puerta para abrirla por completo.

Con la mano comenzó a indicar que circularan en dirección correcta. La latina solo podía focalizarse en su nueva enemiga, Rachel. Su víctima se focalizaba en la asesina, Santana.

Ambas miradas se cruzaban y solo podían expresar un solo sentimiento: Odio.

Brittany, luego de observar la actitud adquirida por la rubia, decidió ser la primera en retirarse.

Con esa actitud que tenés vas a terminar sola sista. – Alcanzó a decir antes de que su cuerpo se perdiese tras el marco de la puerta.

Chau. – Arrojó soberbiamente sin mirarla.

La latina se dispuso seguir los pasos de la skater sin siquiera emitir palabra, ni cruzar una simple mirada.

Nada de nada.

Solo dejó que fuese su cuerpo quien expresara esa bronca acumulada, ordenándole a las piernas que abandonasen el lugar de forma inmediata.

Rachel era la última.

Antes de salir le regaló un último vistazo que suplicaba más perdones de los que nunca antes había expresado en toda su vida.

Sigilosamente se acercó hacia ella.

Perdón por el inconveniente de verdad que no… - Fue interrumpida.

Chau Rachel. – Señaló en dirección al ascensor.

La postura de Lucy se mantenía firme y erguida.

Aquello fue lo último que Rachel alcanzó a oír, a decir y a ver. Inmediatamente pudo sentir como una de las manos cerraba la puerta tras ese cuerpo maltrecho que se marchaba.

El suyo.

Simplemente se dejaba caer sobre esa madera que las separaba sintiendo como el peso del cuerpo vencía esas débiles piernas. Deslizaba la espalda a lo largo de forma descendente. Sujetó con la mayor de sus fuerzas ambas rodillas, juntándolas con el pecho.

Su rostro desorientado se perdía entremedio de ellas.

Fin del flashback.

¿Y se fueron? – Indagó Elena. - ¿Ninguna se opuso? – Agregó antes de que pudiese responder.

Si, no las quería ver, no quería saber del tema. – Explicó jugando con la comida, aun ante ella. – Ninguna opuso resistencia.

¿Realmente no querías saberlo? – Frunció el ceño nuevamente haciéndose con esos ojos verdes que, esta vez, transmitían algo de tristeza.

Negó con el rostro. – Tampoco quiero tocar mucho lo acontecido en este momento.

¿Por qué? – Consultó con interés.

Inhaló profundamente para luego exhalar con la misma intensidad, a la vez que recobró la postura para focalizarse en su amiga.

La misma la observaba con paciencia y entendimiento.

Se mostraba como lo que era, una amiga.

Soy Lucy para vos, para Sam, para Santana, para Brittany, para Rachel y para todo el mundo. – Humedeció los labios. – No quiero volver a ser Quinn, es algo que está muerto para mí… Enterrado. – Achicó los ojos. – Es parte de mi pasado… Por ese motivo las eche. – Tragó saliva. – No sé de donde las conozco, ni siquiera sé si realmente lo hago, pero si forman parte de él no las quiero en mi futuro.


Cuando no hay nada para decir, o todo lo que comentes se puede tornar un tanto absurdo, es mejor guardar silencio.

Lamento no cumplir los objetivos que esperan con respecto a este fic.

Plasmo en él lo máximo que puedo exprimir de mi cerebro.