- Titulo: Nadie dijo que sería fácil
- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)
- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
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Las horas pasaban a un ritmo vertiginoso y la impaciencia en los adultos que estaban reunidos en la oficina de Esme se hacía cada vez más grande y ya no sabían que hacer.
Después de que recibieran esa llamada se habían comunicado con Carmen, los padres de esta y amigos de la familia para solicitar ayuda. Renée se había quedado cuidando a los pequeños Jacob, Emmett y Alice mientras que los demás se iban al internado para saber si el pequeño había aparecido.
Lamentablemente desde que habían llegado no habían avanzado demasiado y Edward seguía sin aparecer. Lo habían buscado en cada rincón del hogar, debajo de cada cama y dentro de cada mueble o armario donde se podría haber escondido, pero no estaba por ningún lado.
Carlisle, Eleazar, Diego, Maximilian y Garrett ya había salido a buscarlo por los alrededores del lugar, sin obtener buenos resultados. Mientras en el hogar Esme ya había llamado a Charlie para solicitar la ayuda de la policía.
— Esme, en estos momentos es imposible que manden a un equipo de oficiales a buscarlo. No lleva las 48 horas desaparecido que se requieren para comenzar con una búsqueda exhaustiva y no puedo hacer nada para cambiarlo— le informó Charlie desde el otro lado de la línea. Esme había colocado el altavoz para que todos escucharan la conversación
— ¡Pero como que no se puede hacer nada! ¡Es un niño de cuatro años, por todos los cielos! — exclamó, completamente preocupada. Edward ya llevaba cerca de cinco horas sin aparecer y nadie sabía nada de él
— Esme, te comprendo, pero no puedo hacer nada para cambiar las políticas que hay— la castaña suspiró y se sentó en su asiento para calmarse— Sé que es difícil, pero traten de calmarse ¿Vale? Yo, de todas maneras, les diré a mis oficiales que se mantengan pendiente por si ven a cualquier pequeño solo en las calles, pero créeme que siempre lo hacen. Además pediré permiso y me retiraré del turno para poder ayudarles, pero traten de calmarse. Edward es un niño inteligente y muy despierto.
Las mujeres presentes en el despacho solo pudieron suspirar. Dana aún no se lograba explicar cómo después de tantos años sin saber nada de su hija y mucho menos que tenía un nieto podía volver a perderlo, mientras que las dos hermanas no dejaban de cuestionarse por la falta de preocupación que mostraron todos. Sabían que Edward iba a estar muy mal después de la partida de su mejor amiga y hermana y que trataría de hacer cualquier cosa.
Desde el otro lado de la línea se escuchó como esta ya había sido cortada y solo se escuchaba el repique incesante del teléfono. Esme lo cogió y lo apagó para que dejara de sonar.
— ¿Qué haremos ahora? — inquirió Esme abrazada a su madre
— No nos queda nada más que hacer que esperar— contestó la mujer, suspirando y afirmando su cabeza entre sus manos.
Una hora más tarde los hombres, menos Diego, habían regresado al lugar para saber si Edward había aparecido pero aún no lo hacía. Habían buscado por todos lados y no habían encontrado al pequeño y Diego se había separado de ellos para ir a ver si es que, de alguna manera, había logrado llegar a su casa o al centro de ski.
Ahora se encontraban esperando alguna llamada de este o de cualquiera que supiera donde podía estar el pequeño Edward.
Mientras tanto en las calles se encontraba caminando sin rumbo un pequeño de ojos verdes con una mochila colgada en su espalda. Se veía perdido y confundido, además de asustado.
Había salido desde el hogar donde vivía hace unas horas con sus juguetes, algo de ropa, su balón de soccer y su "Bubu", el pequeño oso de peluche que le había regalado su tito Diego hace unos días en reemplazo del que tenía desde que había nacido porque este se había roto y no lo pudieron arreglar.
Llevaba mucho tiempo caminando y aun no encontraba la casa de su amiga o la de su tito. El solo sabía que la gente adulta tomaba un autobús y se iba a los lugares, pero había muchos y también autos por lo que no sabía exactamente cual coger. Además tenía mucha hambre y su estómago estaba comenzando a sonar y dolerle.
El sol se había escondido, la gente se había ido a sus casas y las luces de las calles ya se habían encendido. Eso era malo, de seguro su mami lo regañaría si se enteraba que había estado fuera de casa tan tarde y solo.
— Hey pequeño ¿Estas perdido? — le preguntó una mujer de pelo como el del doctor Calile afirmándolo por el hombro. Usaba un gran abrigo negro y unos guantes e iba acompañado de un señor de más o menos la edad de su mami que también iba abrigado— ¿Dónde están tus papás?
No sabía que decirle, no quería hablarle y no podía. Su mamá siempre le había dicho que no debía hablar con extraños ni recibir nada de ellos.
¿Qué hacía? ¿A dónde iba? Esa señora le estaba dando miedo y no dejaba de preguntarle cosas. El señor de cabello castaño también lo miraba molesto, parecía que quería irse y no dejaba de pedirle a su compañera que siguieran su camino.
— Félix, a lo mejor necesita ayuda— aprovechando que la señora se había dado la vuelta, salió corriendo lejos de los dos. No quería que ellos le hicieran algo malo y tenía mucho miedo.
Corría por las calles tratando de reconocer algo, pero nada se le hacía familiar. No había visto nunca esos negocios, esas casas o esos parques ¿Dónde estaba?
— ¡Cuidado! — escuchó que gritaban, pero las lágrimas no lo dejaban ver lo que pasaba. Solo escuchó el rechinido de un auto que frenaba y unas luces que lo iluminaron y cegaron, pero no vio ni sintió nada más.
Cuando pasaron unos segundos su vista regresó y vió como alguien se bajaba del automóvil y se acercaba hasta él. También vio a las otras personas que se acercaban a él, corriendo.
Sin pensarlo dos veces siguió corriendo tan rápido como sus cortas piernas se lo permitían y se adentró en uno de los parques que estaba frente a él. No le importó que estuviera poco iluminado o que casi no había gente, solo quería llegar a algún lugar conocido.
Unos pasos raudos lo seguían desde atrás y escuchaba que alguien lo llamaba, pero no prestaba atención a lo que le decían. Su mente solo pensaba en seguir corriendo.
Alguien lo alcanzó por la espalda y lo cogió en sus brazos , mientras que él solo pudo intentar huir de estos. No sabía quién era y no quería que le hicieran nada malo. Sentía sus mejillas mojadas por las lágrimas y no paraba de gritar y removerse en los brazos de esa persona.
— Tranquilo pequeño, no pasa nada— trataban de calmarlo— Edward, calma, no pasa nada.
Esa voz se le hacía familiar y por algún motivo dejó de tener miedo. Cuando miró al hombre se dio cuenta de quién era.
— ¡Tito! — exclamó con alegría, más bien con una paz interior que hizo que comenzara a derramar lágrimas por montones. Al fin alguien que conocía— Tito, tito…
— Tranquilo, pequeño. Ya estas a salvo— trataba de consolarlo Diego, dejando que llorara todo lo que quisiera. No le importaba que mojara su chaqueta con las lágrimas o que la ensuciara, ahora solo le importaba que había encontrado al pequeño y que podrían volver a su hogar.
Lo abrazó hasta que Edward cayó en la completa inconsciencia a causa del llanto y no dudó en llevarlo a su departamento por el momento. Caminó lentamente en dirección a este.
Metió a Edward en el automóvil acostándolo en el asiento delantero un poco reclinado y atándolo con el cinturón de seguridad. Luego se fue a la maletera y sacó una manta que tenía en caso de alguna emergencia y cubrió a Edward con esta para que no tuviera frío, además encendió el aire acondicionado del automóvil.
Se subió en su asiento y comenzó el trayecto hacia su departamento a unas cuantas cuadras del lugar donde había encontrado al pequeño.
De vez en cuando lo miraba o escuchaba suspirar o sollozar, lo que le mostraba lo mucho que el pobre había sufrido con todo lo vivido en esas ultimas horas en las que había estado en la calle. No se podía ni imaginar el sinfín de cosas que le podría haber pasado si es que no lo hubiese encontrado a tiempo.
Ya en el edificio se estacionó en su lugar y subió en el ascensor hasta llegar al piso 7 que era donde estaba su departamento.
Abrió la puerta con cierta dificultad al tener a Edward en sus brazos, pero una vez dentro encendió las luces y se dirigió hasta su habitación.
— Ya estás en casa, pequeño— le susurró en el oído, recostándolo en la cama y destapándolo de la manta.
Le quitó los vaqueros que llevaba puestos y la chaqueta para dejarlo lo más cómodo posible y luego lo cubrió con las sabanas y cobertores de su cama. Lo acomodó bien y se quedó mirándolo por un buen rato mientras dormía y calmaba su mal dormir cuando se quejaba arrullándolo o acariciando su cabello.
Pronto recordó que no les había avisado a los demás sobre la aparición de Edward, así que cogió su teléfono y llamó a Esme mientras salía de la habitación después de haber dejado la luz levemente encendida para que Edward no se asustara si es que llegaba a despertar en algún minuto.
— ¡¿Diego, lo encontraste?! — preguntó una preocupada Esme desde el otro lado de la línea
— Si, lo encontré a unas cuadras de mi departamento— le contó y escuchó como la mujer suspiraba aliviada. Luego escuchó que les decía a todos los demás que Edward había aparecido y los murmullos lejanos de estos, alegres por la noticia— Ahora mismo está durmiendo en mi cama, asi que creo que lo mejor será que mañana lo lleve al hogar. Por ahora lo mejor es que descanse y que pase el miedo que tiene.
— ¿Cómo lo encontraste? — inquirió una Esme más calmada
— Estaba corriendo por una de las calles principales cerca de mi departamento y casi lo arroyé, — escuchó el asombro en el jadeo de la mujer— pero frené a tiempo. Luego lo vi corriendo hacia un parque y no dudé en seguirlo. Lloró hasta que se quedó dormido en mis brazos y ahí decidí traerlo para acá.
Siguieron hablando por un rato más hasta que los dos decidieron que era mejor que se fueran a descansar por esa noche, o por lo menos lo que quedaba de esta. Todos ya estaban cansados y solo querían ir a acostarse en sus camas después de tanta tensión.
En cuanto sintió que su cabeza tocaba la almohada sus ojos se cerraron y lo llevaron al mundo de los sueños. Todo era calma en este mundo y sentir el cuerpo tibio de su pequeño lo hacía sentir más tranquilo. Aunque no fuera su hijo lo quería como tal y no se separaría de él.
Los rayos del sol lo volvieron a despertar a eso de las siete de la mañana solo porque, con el apuro de la noche anterior, había olvidado cerrar las cortinas y estos le dieron de lleno en el rostro. Miró el reloj y se dio cuenta de la hora.
Se estiró un poco en la cama, se restregó los ojos y se sentó en esta para coger su teléfono y llamar a su jefe. Tenía que explicarle que era lo que ocurría y avisarle que el día de hoy no podría ir a trabajar. Obviamente él lo entendió de inmediato ya que sabía cuál era la relación que tenía con Edward y adoraba a ese pequeño renacuajo.
Cuando colgó la llamada miró a Edward, quien aún estaba dormido estirado por completo en la cama. Sonrió y le dio un beso en la frente para luego salir a la cocina a preparar un buen desayuno para él y su pequeño.
— Hola— dijo una infantil voz a sus espaldas y no pudo evitar sobresaltarse y golpeándose con la cocina de pasada. Las risas de Edward no se hicieron esperar— Te pegaste.
— Si, me pegué— le sonrió, dejando el jarrón con jugo sobre la mesa
Se agachó a una altura en la que el pequeño pudiera abrazarlo y le extendió los brazos. Edward entendió al instante y salió corriendo hacia su tito mientras reía. Diego lo recibió y se levantó para darle unas cuantas vueltas en el aire, pero luego lo sentó en su silla para que desayunara.
Mientras lo hacían le preguntaba si se daba cuenta de lo mal que había estado lo que había hecho la noche anterior y el asentía y se disculpaba a cada momento. No quería hacer pasar un mal rato a todos, pero quería pedirle perdón a Rose por haberla empujado y por cómo había actuado.
Diego le prometió que irían a verla, pero que eso no lo salvaría del castigo. Le dijo que no lo llevaría a la nieve como lo tenían planeado y eso deprimió al pequeño pero no dijo ni hizo nada, solo se limitó a seguir comiendo su desayuno.
Al acabar arreglaron un poco el departamento, se ducharon, se vistieron y cepillaron los dientes para poder irse al hogar de los Platt. Diego les había prometido que lo llevaría ese día, así que lo haría ahora mismo para evitar problemas.
Al llegar al estacionamiento Diego acomodó bien a Edward en el asiento trasero, más bien en su alzador, y lo afirmó con el cinturón de seguridad. El pequeño ni siquiera reclamó a pesar que odiaba tener que usar esa incómoda cosa sobre su pecho, nunca le había gustado.
En el camino fueron cantando las distintas canciones que sonaban en la radio. Edward era de esos pequeños que adoraba escuchar a los clásicos: Queen, Guns N' Roses, AC/DC, Metallica. Ambos cantaban fuerte, aunque no tan bien como a ellos les gustaría y solo podían reírse de buena gana, sobre todo cuando Diego gritaba demasiado desafinado. Adoraba escuchar la risa de Edward tanto como odiaba escucharlo llorar o verlo sufrir.
Cuando llegaron al imponente edificio Edward dejó de cantar y la preocupación se ubicó en el interior de su pecho. Ya había notado que Esme y Carmen habían llegado por los autos estacionados fuera del lugar y sabía que ellas lo regañarían por lo que había hecho la noche anterior.
— Bueno pequeño, a afrontar nuestros errores— le medio sonrió Diego para infundirle fuerzas. Edward solo asintió, suspirando.
Se bajó del auto para ir a la parte trasera y sacar a Edward de su alzador. Lo tomó en sus brazos y pronto lo dejó sobre el suelo para sacar la mochila. Cerró el auto y cogió su mano para caminar hacia el interior del edificio.
Diego tocó el timbre y las grandes puertas se abrieron poco después dejando ver a una aliviada Esme que se encuclilló en el suelo y le abrió los brazos para que Edward fuera a abrazarla. El pequeño corrió a sus brazos al instante.
Esme lo recibió con gusto y lo apretó contra su cuerpo. Se sentía aliviada al saber que estaba bien, que nada malo le había pasado y que ahora estaba con ellos nuevamente. No cabía de la emoción.
Pronto Carmen también llegó al pasillo y vio la enternecedora escena. Se disculpó con los dos hombres que representaban a una empresa que quería auspiciarlos y se dirigió a donde su hermana para poder abrazar también al pequeño.
Se agachó a la altura de los dos y le sonrió a Edward cuando este la vio. Sentía lo mismo que su hermana en esos momentos y no podía evitar emocionarse.
Estuvieron abrazándose por un buen rato a la vez que reñían al pequeño por lo que había hecho. Edward solo las escuchaba y se disculpaba por el error que había cometido.
Diego miraba la escena en completo silencio. Sabía que ellas eran las que tenían que reñirlo en este momento ya que eran sus tías y tenían más poder sobre el pequeño del que él podría tener.
Al menos ya todo lo malo había pasado y ahora podían estar tranquilos. Edward estaba nuevamente con ellos en el hogar.
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Hola mis queridas lectoras ¿Cómo están? Espero que bien y que estén disfrutando de este año 2015.
¿Qué les ha parecido este capítulo? Ven, a Edward no le pasó nada y no me tendrán que matar ¿Se lo esperaban? ¿Y qué piensan de Diego? ¿Lo aman más al ver cómo es con nuestro bebé?
Como todas las semanas me gustaría agradecer, en primer lugar, a mi gran amiga Jennifer que siempre me ayuda en los momentos difíciles. También a Sandra, que me ayuda cuando me cuesta escribir algo. Y obviamente a cada uno de ustedes que leen mi historia, pero en especial a:
Adriu: ¿Ahora? Bueno, ocurrió esto jajajaja. Que bueno que te guste la historia y saluditos desde mi hermoso Chile.
Aru1313: Bueno, no se escapó exactamente porque estaba enojado sino que por Rose. Sabe que actuó mal y quería pedir perdón ¿No es lindo? Nunca iba a dejar que le pasara nada malo a nuestro Edward, por ahora. Saludos.
Bueno, sin nada más que decir, nos leemos la próxima semana. Este es el penúltimo capítulo de la primera parte, así que la próxima semana es el último. Pero no desesperen que la segunda y la tercera parte van por buen camino.
Saludos.
Babi_Cullen
