Helga salió de la sala de interrogatorios con la cabeza baja. Se le estaban cerrando los ojos y la cabeza le pesaba.
—¡Helga! Qué bueno que ya saliste, ¿Estás bien?
—¿Miriam? ¿Qué…?
La mujer se acerco a su hija, e hizo algo que sorprendió a la rubia. Se arrodillo hasta quedar a su altura y le paso una mano por los cabellos, acariciándoselos con tan cuidado que, por unos instantes, Helga sintió como un doloroso nudo se formaba en su garganta.
—¿Por qué no volviste a la casa cuando terminó la escuela? Cuando la doctora llamo a la casa, pensé que te había pasado algo malo o…
—Espera… ¿La doctora qué?
La niña alzó la mirada hasta encontrarse con los ojos de la señorita Bliss.
—Disculpa que no te haya dicho antes, pero si no le hubiera llamado a tu mamá no te habrían dejado declarar.
—E… está bien. De todos modos tenía que enterarse.
—¿Enterarme de qué? —. Miriam se subió los lentes y se levantó. Tanto la doctora como Helga no sabían si podían decirle algo a ella, pero cuando el policía se alejo de las tres, la niña se decidido y abrió la boca.
—Miriam, hay algo que tengo que decirte… Hoy en la escuela, cuando salí a tomar un poco de aire, unos tipos llegaron con una camioneta y me intentaron llevar con ellos.
Para Helga, el ver como los adormilados y tranquilos ojos de su madre se abrían a niveles que jamás creyó posibles, fue un espectáculo que en parte le causo gracias y la hizo sentir como la persona más ruin de la ciudad.
"Felicidades, Helga. Ahora si la asustaste".
—¿Qué te qué?... ¿Cómo? Se supone que la escuela está bien cuidada, además, los únicos que pueden pasar al estacionamiento son los maestros—, a cada palabra que decía, la voz de Miriam iba sonando cada vez más fuerte.
La doctora pronto notó que la madre estaba a punto de perder los estribos, así que se puso a su lado y dijo.
—No se preocupe. Por fortuna Helga pudo escapar y llego a mi consultorio. Me conto todo lo que le paso, por eso considere que lo mejor era llamar a la policía y levantar una denuncia en contra de los culpables. Todos los involucrados en el intento de secuestro.
La única que no pudo detectar la nota de ironía en la voz de la doctora, fue Miriam. Aun no le habían hablando de la participación de su marido en el secuestro de la niña, pero ni la doctora Bliss ni los policías podían dejar que la pequeña rubia volviera a esa casa; menos por que el principal sospechosos estaba tras esas paredes.
—Señora, ¿Puede venir con nosotros? Solo le haremos unas cuantas preguntas y podrá irse con su hija.
El policía le tendió una mano a la temblorosa mujer, llevándola a la sala de interrogaciones y dejando a Helga con la doctora.
En cuanto Miriam estuvo fuera de su vista, la rubia volteó a ver la su acompañante y cruzó los brazos, diciendo con una nota de sarcasmo que la mujer no pasó por alto.
—¿Y bien? Ahora, ¿A dónde rayos voy a ir? No puedo volver a mi casa. Seguro me ve Bob y va a llamarles a los brutos esos, para que terminen el trabajo y me lleven.
—No digas eso ni de broma—, susurró la señorita Bliss al tiempo que le pasaba una mano por los hombros, en un intento por abrazarla. La niña no se lo permitió; se alejo de la mujer y suspiró con violencia.
—Aunque no lo diga, es claro que no puede ir a casa, hermana… ¿Qué se supone que haga, si ni hay puedo estar segura? Además, no vale la pena suavizar las cosas. No pienso darle el beneficio de la duda a Bob, y mucho menos dejare que vuelvan a tomarme por sorpresa.
—¡Helga! —. La llamada de atención de la doctora surtió el efecto que deseaba, más un extra.
La mencionada se calló y el policía de antes volvió a ocupar su lugar junto a la mujer, solo que esta vez llevaba una caja con donas y un cartón con leche de chocolate. Le ofreció ambos a Helga, que sonrió con renovadas energías y tomó, tanto el cartón como dos donas con cobertura de chocolate oscuro y chispas blancas.
—¿No quiere? —, el policía le tendió la caja a la doctora, pero esta negó y le preguntó.
—¿Hay alguna cabina telefónica por aquí? Necesito llamar a mi casa, para avisar que me retrasare un poco más.
—Claro. Si quiere puede usar uno de los teléfonos que tenemos en recepción.
La doctora se fue sin decirle más a la rubia. Helga suponía que la había hecho enojar con sus palabras, pero en esos momentos no podía prestarle al suficiente atención a la mujer. Tenía cosas más importantes en que pensar, como, ¿Dónde rayos dormiría esa noche?
Los ojos ya le dolían y sus piernas se sentían pesadas, por todo el tiempo que se la había pasado caminando por las calles.
Necesitaba encontrar una solución a su problema, y pronto. Porque si de algo estaba bien segura, era que no estaba dispuesta a acercarse a Bob una vez más. Capaz que buscaba como llevarla con los tipos de la camioneta.
—¿No quieres esperar a tu mamá en la banca, junto a la sala de interrogatorios? —, la pregunta de la mujer policía que iba pasando, la tomo por sorpresa.
—Eh, que…No. Estoy bien aquí.
—¿Segura?
—Sí. Además, estoy esperando a la doctora.
—Como quieras, nena.
La rubia frunció el ceño ante el mote. Odiaba que le estuvieran hablando como si fuera una tonta, y más si la persona no la conocía.
Estaba a punto de decirle un par de cosas a la señora, cuando la doctora Bliss volvió con una media sonrisa en el rostro. Helga se preguntaba qué era lo que le había pasado para estar de mejor humor, pero no tuvo que hacerlo por mucho tiempo, ya que la mujer se lo reveló.
—Creo que ya se en donde vas a dormir hoy.
Hola, hola a todo/as.
Hoy vengo con un nuevo capítulo de la historia, y... ¿Qué les puedo decir? Me gusto el resultado. El relato va por el camino que quiero.
Bueno, ya hable un poco de mí así que ahora toca el turno de responder a sus mensajes.
serenitymoon20: Muchas gracias por leer la historia. Me hace muy feliz que te haya gustado, y no te preocupes por lo que sigue. Soy tan quisquillosa que definitivamente voy a terminar la historia.
El asuntito de Bob... ¡No puedo decir nada! Lo siento.
luit2: Gracias por haber llegado a mi historia :D Y si, estoy de acuerdo contigo. Más le vale a Arnold el ponerse las pilas, porque lo va a necesitar muuucho.
Claudia: Muchas gracias por leerme. No te preocupes, les juro que voy a dejar tirada la historia; así que no necesitan gritar.
No saben la sonrisa que me ponen con sus comentarios y sus ánimos. Eso es lo que me hace seguir escribiendo.
Que bueno que me dices lo de las descripciones. Hay partes en las que sentía que me estaba quedando corta con ellas, y por lo que veo no soy la única que lo piensa.
Bien, con esto doy por terminada esta sección de agradecimientos.
Ya saben, si quieren conocer lo que le depara a Helga y compañía entonces lo/as invito leer el capítulo del lunes.
