Capítulo 11: Venganza

-¿Y cómo os pensáis vengar? –preguntaron los gemelos al unísono con una sonrisa traviesa.

-Aun no lo hemos pensado…

-Nosotros tenemos una idea…

No pudieron acabar la frase pues en ese momento entró Max por la puerta de la enfermería con cara preocupada pero que al ver a los gemelos se tornó en seria y un poco agresiva.

-¿Qué hacéis vosotros aquí? –les preguntó mientras se acercaba a la cama de Olivia que era ahora la que se estaba tapando la cara con las sábanas y miraba por una rendija.

-¡¿A ti qué te importa?! –le espetó George malhumorado.

-Ya nos íbamos –intentó apaciguar las cosas Fred que no quería que su hermano empezará un enfrentamiento con el novio de Olivia.

-No me voy a ir porque a éste le dé la gana –repuso George señalando con la cabeza a Max.

-No es por eso –le aclaró Fred- tenemos que preparar eso que habíamos planeado –le recordó a su hermano.

George respondió con un asentimiento y salió de allí quedándose con ganas de pegar un puñetazo al rubio aunque no muy seguro de la verdadera razón. Fred le siguió después de suspirar y despedirse de las chicas con la mano.

-¿Qué tal estás? –le preguntó Max a Olivia mientras se acercaba a su camilla y se sentaba a un lado de ella.

-¿Cómo te has enterado de que estábamos aquí? –le preguntó desde debajo de la sábana.

-Imelda y Pansy están contando a todo el mundo que os han visto llenas de granos y corriendo hacia la enfermería –le explicó su novio.

-Te dije que habían sido ellas –le dijo Olivia a Eleanor mientras salía de debajo de las telas.

-¡Nos las van a pagar! Además, se han inventado totalmente lo de que nos vieron. Solo nos vio Lee. Se han delatado ellas mismas –comentó la rubia con rencor mientras se cruzaba de brazos.

-Exacto –la apoyó Olivia que afirmó con la cabeza y miró a Max pero en ese momento se dio cuenta de que no se estaba tapando la cara por lo que la volvió a meter primero- ¡No me mires! –le gritó.

-Ya te he visto, además, tampoco es para tanto. He visto a compañeras con más granos que tú –la tranquilizó Max mientras intentaba que ella volviera a salir.

-Eso es por qué no nos has visto hace cuatro horas –le espetó Olivia que tiraba de la tela para que Max no se saliera con la suya.

-Tú estás guapa de todas las formas posibles.

-Solo lo dices porque eres mi novio –replicó Olivia sin salir de debajo de las sábanas.

Había pasado una semana desde el suceso de los granos. Al día siguiente salieron de la enfermería sin un solo grano en el cuerpo y con su piel incluso más tersa y suave de lo que la habían tenido primero. Los alumnos de Hogwarts comentaban si en realidad era cierto o no lo que se rumoreaba sobre ellas, algunos incluso tenían la valentía de preguntarlas a lo que ellas se hacían las interesantes y no confirmaban ni desmentían el rumor.

Las chicas con ayuda de los gemelos habían desarrollado un plan perfecto contra Imelda y Pansy. Lo que había hecho que Olivia y George se llevaran por primera vez bien y sin apenas discutir en una semana.

Para llevar a cabo su plan tenían que convencer a alguna chica de Slytherin para que los ayudará y Olivia sabía quién era la chica perfecta. Era una niña de segundo año, morena, con los ojos verdes como dos esmeraldas y delgada y delicada como una flor. La vio salir del Gran Comedor sola después de la cena y decidió seguirla para pedirla su ayuda.

-¡Astoria! ¡Espera! –exclamó Olivia que la había seguido hasta las mazmorras pues la niña a pesar de ser pequeña andaba muy rápido.

- ¿Olivia? –se giró la Slytherin sorprendida.

-Necesito pedirte un favor y sé que te va a gustar –explicó la castaña con una sonrisa- se trata de fastidiar a Pansy.

- ¡Ah! Así que es cierto lo de los granos –confirmó la morena interesada- ¿y qué habías pensado?

Y así fue como Olivia le contó su plan a la chica. Olivia conocía a Astoria desde el día en que nació y por eso sabía que la chica iba a aceptar su oferta pues Astoria Greengrass odiaba a Pansy Parkinson desde que tenía uso de razón. Odiaba como se paseaba por su casa como si fuera la reina del mundo cuando iba a visitar a Daphne. Odiaba su voz de pito taladrándola los oídos cada vez que hablaba. Pero sobre todo odiaba que estuviera todo el día colgada del brazo de Draco Malfoy. Al oír lo que Olivia la estaba contando lo único que hizo fue esbozar un sonrisa de esas que a cualquiera le helarían la sangre excepto a Olivia que estaba acostumbrada al comportamiento de muchos de los Slytherin.

A la mañana siguiente Olivia e Eleanor se reunieron con los gemelos temprano en la sala común para dirigirse al Gran Comedor pues no querían perderse por nada del mundo lo que iba a ocurrir allí.

-¿Y si no funciona? –preguntó Eleanor dudosa mientras bajaban las escaleras.

-¿Acaso dudas de nuestro productos? –le preguntó Fred divertido.

-No, pero este aún no le habéis probado en vosotros –dijo la rubia.

-Uno de ellos lo probamos con un gato y no observamos que después de que los efectos se le fueran le pasara nada –explico George.

-¿En un gato? –le miró ceñuda Olivia pues ella tenía uno y no aprobaba que se utilizará a los animales como experimento y menos aún los gatos pues ella los adoraba. Por eso tenía a Meredith.

-Era el de McLaggen, había estado presumiendo de su tío y estábamos hartos de él así que decidimos darle un pequeño susto –aclaró George con una sonrisa que no indicaba nada bueno.

-Sí, así se lo pensará dos veces antes de ir contando por allí que su tío es amigo del jefe de los aurores –le apoyó Fred sonriendo de la misma forma.

Entraron en el Gran Comedor que estaba prácticamente vacío solo con algunos alumnos que habían madrugado como ellos seguramente para hacer unos deberes de última hora o estudiar para algún examen. Se sentaron los cuatro, los gemelos mirando hacia la mesa de Slytherin y ellas de espaldas a la mesa. No se iban a perder nada pues se podrían girar cuando todas las personas que estaban desayunando se giraran hacia ellas para ver que las estaba sucediendo con sus enemigas.

-Quizás no deberíamos hacerlo –dijo esta vez Olivia sintiéndose culpable por un momento.

-Te recuerdo que fuiste tú la que me convenció a mí de hacerlo –le reprochó Eleanor mirándola ceñuda- no te puedes arrepentir ahora.

-Lo sé, no es que me esté arrepintiendo –suspiró la castaña- es que después de esto habremos empezado una guerra contra ellas y nos van a intentar hacer la vida imposible.

-No te preocupes, además, la guerra la ganaremos nosotras –la intentó tranquilizar Eleanor.

Lo intentó pero no lo consiguió. Eleanor no conocia a Imelda y Pansy como ella y no tenía ni idea de lo que el dúo era capaz de hacer para salirse con la suya. Había visto a Imelda hacer cosas demasiado retorcidas para una niña de 14 años y sabía que a la larga se iba a vengar de ellas ya fuera ese mismo mes o años más tarde. Y sobre todo después de dejarla en ridículo delante de todo el colegio.

Poco a poco se fue llenando la mesa de Gryffindor de alumnos y con ella todas las demás. Aproximadamente a la hora de haber llegado ellos apareció el grupo de chicas de cuarto curso de Slytherin que se acercaba riendo sobre algo o alguien y se sentaba junto a los chicos de su casa.

-Empieza la fiesta –se frotó las manos Fred mientras miraba a George y luego a las chicas.

-Esperemos que salga bien –comentó Eleanor mirando a su novio.

Al principio no pasó nada pero pronto oyeron un grito en la mesa de los Slytherin lo que hizo que todo el comedor mirara para allí.

-¿Imelda que te están pasando? –chilló Pansy mientras la miraba horrorizada.

A la morena le estaba creciendo el culo y en esos momentos tenía el tamaño de dos sandías que estaban creciendo cada vez más. Ella volteaba la cara hacia atrás intentando mirar que era lo que estaba sucediendo con su culo. Y al girarse para responder a su amiga también pegó un chillido.

-¿Qué te están pasando en la cara a ti?

En ese momento habían comenzado a crecer un vello en la cara que la hacía parecer la mujer barbuda pero pronto se la empezó a extender también por la frente y el cuello. Todo el Gran Comedor se empezó a reír de ellas y fue en ese momento cuando se dieron cuenta de que todo el mundo las estaba mirando por lo que salieron corriendo hacia la enfermería en medio de risas y burlas.

-Reconozco que ha merecido la pena –comentó Olivia aun riéndose mientras se dirigían hacia clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.

-Os lo dijimos –dijo George también riéndose- y, además, hemos comprobado que los productos funcionan en humanos. Solo nos falta averiguar si tendrán algún efecto secundario –comentó pensativo.

-Así que habéis sido vosotros –dijo una voz a sus espaldas.

El cuarteto se dio la vuelta y vio a Dean y Seamus riéndose y mirándolas mientras negaban con la cabeza.

-Siento no habéroslo contado antes pero quería que fuera una sorpresa –dijo Eleanor con una sonrisa.

-Bueno chicos, nosotros nos vamos que tenemos clase con McGonagall y no queremos que nos castigue otra vez –dijo Fred mientras daba un rápido beso en los labios a su novia y se iba con George que se despedía con la mano.

-¡Sois las mejores! –dijo Seamus mientras las abrazaba por los hombre y continuaban hacia su clase.

-¿Y cómo lo habéis hecho? –preguntó Dean- quiero decir los productos ya imagino de donde los habéis sacado pero como sabíais que iba ser en esa zona donde iba a pasar

-¡Fácil! –empezó a contestar Olivia- yo sé que Pansy está todo el día echándose cremas en la cara porque tiene miedo a envejecer e Imelda esta acomplejada con que tiene el culo plano y se pone un crema agrandadora de la Bruja Perfecta por lo que solo hubo que cambiar el contenido de los botes –no quiso mencionar a Astoria para que nadie supiera que había sido ella la que le había ayudado y no buscarla ningún problema en su casa.

-¡Genial! ¿Y como entrast… -empezó a preguntar Dean pero alguien le interrumpió.

-Así que fue usted señorita Black la responsable de lo sucedido en el comedor con la señorita Pakinson y la señorita Rowle –los cuatro se dieron la vuelta asustados para ver al profesor Moody detrás suyo mirando la fijamente.

Olivia se quedó blanca y tragó saliva sin saber muy bien que responder ¿cuánto había oído Moody? Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por Imelda.

-Profesor ella no…

-Sí, he sido yo –contestó rápidamente la castaña antes de dejar que su amiga se autoinculpara también.

-Está castigada una hora al día después de las clases hasta próximo aviso –dijo el exauror mirándola fijamente- en mi despacho y espero que no lleguen tarde a mi clase también –añadió entrando en el aula.

-Por un momento pensé que te iba a convertir a ti también en un hurón –comentó Seamus con miedo en los ojos mirando a la chica que le sonrió pensando exactamente lo mismo.

-Voy a decirle que yo te ayudé –interrumpió Eleanor mirándola culpable.

-De eso nada –la contradijo su amiga- si se lo dices nos castigaran a las dos pero yo seguiré estando castigada –dijo para convencerla.

-Pero al menos estarás acompañada.

-No me hace falta compañía en un castigo –la cogió del brazo dirigiéndola hacia el aula- vamos a entrar rápido antes que Seamus por una vez en su vida tenga razón y nos convierta a todos en hurones- bromeó guiñándoles un ojo y los cuatro entraron en el aula.

La verdad es que el castigo la preocupaba un poco porque no tenía ni idea de que podía ser. No veía a Moody mandándola copiar muchas veces "No volveré a cambiar las cremas de mis compañeras por pociones malintencionadamente" o mandándola limpiar el suelo a lo muggle. Estaba intrigada y a la vez aterrorizada de cual podía ser el posible castigo del profesor y también exauror.