Decisiones

Al día siguiente, justo cuando John estaba a punto de salir de la habitación de Sherlock, éste le habló.

- ¿Hayden? –John lo vio sin saber a que se refería- ¿es Hayden?

John sonrió al entender lo que Sherlock quería decir.

- No, no es Hayden y ya te dije que no te lo voy a decir.

- ¡Oh, vamos John! ¿Ni siquiera después de lo de anoche?, ¿no merezco saberlo aun después de pasar una noche juntos?

- ¿Acaso lo hiciste solo para que te dijera mi segundo nombre? –preguntó John enarcando una ceja-

- No bueno, obviamente no, pero….. pensé que ya me había ganado el derecho de saberlo.

John soltó una carcajada y beso al genio loco en los labios antes de salir de su habitación.

Sherlock se asomo al pasillo y le gritó a John mientras éste se encaminaba a las escaleras.

- ¡Harris! ¡es Harris!

- No –contestó John riendo- y ya vete a bañar y desayuna bien, te veo en la bodega.

Durante las horas en la bodega ambos actuaban como si no hubiera pasado nada, aunque de vez en cuando y si nadie estaba prestando atención, solían enviarse alguna que otra miradita tierna, las sesiones se habían bajado a 5 horas por día, a veces y si era sumamente necesario podían llegar a ser 7 pero siempre y cuando tuviera un receso en el medio, también se había dispuesto que hubieran 2 días de descanso a la semana, intercambiando en cada semana los días a descansar para que los criminales no se confiaran.

El General no estaba nada complacido con dichas decisiones, pero mientras no hubiera ningún otro genio que se pudiera turnar con Sherlock no le quedaba más remedio que cuidar de éste, no se podían dar el lujo de perderlo y menos con lo bien que estaban saliendo las cosas.

Mycroft procuraba ir al menos una vez por semana a visitar a su hermano, aun cuando solo pelearan, le interesaba saber que se encontraba bien, parecería ridículo pero se sentía mejor después de verlo, mucho más tranquilo.

John iba todas las noches al cuarto de Sherlock y se aseguraba de que cenara bien o por lo menos que cenara algo, después de eso venía la parte favorita de ambos, una deliciosa sesión de besos y caricias que, en muchas ocasiones y si no estaban demasiado cansados llegaba a más.

John aún no podía creer el momento que estaba viviendo, el tener a Sherlock a su lado, el poder tocarlo, besarlo y acariciarlo como muchas veces había soñado, le gustaba enterrar sus dedos en el cabello del genio, tocar sus hermosos pómulos y besar eso carnosos labios, amaba dar pequeñas mordidas por su largo cuello y escuchar la respiración agitada de Sherlock mientras lo hacia, acariciar esos aterciopelados pezones y pasar su lengua sobre ellos era todo un deleite, pero cuando lo penetraba, cuando estaba completamente enterrado en el cuerpo del genio y lo escuchaba gemir y pronunciar su nombre suplicando por más sabía que no podía haber nada mejor, excepto sentirlo a él dentro cuando intercambiaban lugares, ni Sherlock ni él habían vuelto a pasar una noche solos otra vez.


Eran pasadas de la media noche cuando Mycroft iba llegando a su casa, había tenido una reunión de última hora con el grupo de los intelectuales quienes no estaban nada de acuerdo con algunas decisiones tomadas por el General, acababa de imponer toque de queda, había aumentado los impuestos y cada vez los tomaba menos en cuenta, cuando habían sido ellos quienes le brindaran todo el apoyo que necesitaba al momento de desterrar al gobierno anterior, sabían también que su familia se encontraba habitando en una de las mansiones pertenecientes al gobierno de Hamilton y por supuesto ya habían cuestionamientos sobre sus "buenas" intenciones.

Los intelectuales le había dicho a Mycroft que iban a deslindarse del gobierno del General y que había una gran fracción de su ejercito que pensaban seguirlos, pues si bien estaba dando un golpe duro contra la delincuencia, también lo era que sus intenciones eran dudosas y que la población iba a sufrir las consecuencias.

Mycroft les comentó también que Dimmock ya casi no buscaba su consejo y que de hecho pocas veces seguía alguno que le hubiera dado, ahora se apoyaba mucho más en un pequeño grupo que estaba formado con militares y empresarios.

Se sentía exhausto tanto física como mentalmente, cuando prendió la luz de la sala se sobresalto al ver el cuerpo de un hombre sentado en el suelo y apoyado contra la pared, no podía ver su rostro porque lo tenía enterrado entre sus rodillas y al parecer se había quedado dormido, pero tenía una clara idea de quien podía tratarse.

Con la contera del paraguas Mycroft tocó el hombro del Caballero que se encontraba en el piso, al levantar la vista pudo confirmar sus sospechas, Gregory Lestrade se veía cansado y tenía una clara expresión de dolor en el rostro, estaba sucio y se notaba que no había comido nada en días, al ver a Mycroft sonrió levemente y le extendió un fólder azul que llevaba en la mano, el cual tomó y dejo en una mesita que estaba a un costado.

- ¿Cómo entraste? –pregunto el mayor de los Holmes con suavidad, no era un reclamo, solo tenía curiosidad-

- Desde el techo me descolgué a la venta del baño de tu recamara, la cual tenías ligeramente abierta, suerte que en Londres todo el mundo va a la carrera y difícilmente se dan cuenta de lo que pasa a su alrededor.

Mycroft se agacho para quedar a la misma altura que Greg, en ese momento notó que estaba herido, tenía el brazo derecho manchado de sangre seca pegado a su cuerpo y la marca de un roce de bala en el.

- Greg, tenemos que ir a un hospital.

- No es nada, solo ha sido un roce, además no puedo ir a ningún hospital.

- Te lo tienen que curar, se puede infectar…..

- No, me están buscando, esta herida me la hizo la gente de tu jefe, no podría pisar un hospital sin que se enteraran, es obvio que me quieren muerto.

La simple idea de pensar en Greg muerto le había helado la sangre al Consejero del General.

- Estoy bien, solo he venido a traerte ese fólder, es muy peligroso que me encuentren con el y es importante que tú lo leas….solo me gustaría pedirte si no es mucha molestia que me permitas lavarme la herida y si pudieras darme algo de comer te lo agradecería mucho, te prometo que después de eso me voy.

- No puedes irte así, necesitas descansar –Mycroft ayudó a Greg a ponerse de pie- quítate esa ropa y metete a bañar, ahora te presto una playera y algún pants, creo que pueden quedarte un poco grandes pero será mientras meto tu ropa a lavar y secar, por mientras te prepararé algo para que cenes cuando salgas del baño.

Greg vio a Mycroft con expresión agradecida, pero no pudo evitar bromear para soltar algo de tensión y tal vez en el camino tentar el terreno.

- ¿No será que lo que quieres es verme desnudo? –lo dijo con expresión picara y cerrando un ojo, se rió un poco al ver que Mycroft se sonrojaba-

- No digas tonterías –dijo evadiendo la mirada de Greg- pero mi conciencia no me permitiría dejarte ir en esas condiciones.

- Descuida, solo bromeaba –contestó sin quitarle la mirada de encima a Mycroft, notando lo nervioso que éste se encontraba-

- Pues parece que ya sabes donde está el baño y por ende mi recamara, pero te acompaño para prestarte algo de ropa.

En cuanto Gregory se metió a bañar el mayor de los Holmes se apresuró a preparar una pasta con vegetales y puso a calentar el sobrante que tenía en el refrigerador de un quiche de jamón y queso.

Una vez que Lestrade terminó de cenar Mycroft curó lo mejor que pudo su brazo, lo vendo y le dio unas pastillas para el dolor y antibióticos que le habían sobrado de una vez que había estado enfermo de la garganta, Greg solo se dejaba hacer sin dejar de ver de soslayo al mayor de los Holmes quien estaba sentado frente a él.

- ¿Que hay en ese sobre?

- Son datos de cuentas de prestanombres de Dimmock en el extranjero, en las que empresarios tanto nacionales como internacionales le han depositado una gran cantidad de dinero a cambio de favores, así como algunos planes y estrategias para matarnos a mi y a mi gente, pero por lo que es muy importante que ese sobre esté a salvo es porque vienen nombres de personas que nos han brindado su apoyo o que confían en nosotros, esa información la interceptó un informante antes de que llegara a manos del General, planea matar a toda esa gente y ponerla de ejemplo para que nadie más piense en levantarse en su contra.

Mycroft suspiró audiblemente y llevo ambas manos a su rostro.

- Tengo que llevarles esa información a mi grupo de intelectuales.

- Mycroft la vida de muchas personas corre peligro.

- Lo sé…¿confías en mi? Es evidente que si porque de lo contrario no me habrías traído tan importante información.

- Por supuesto.

- Bien, entonces te pido que lo sigas haciendo, ellos (los intelectuales) también están pensando en abandonar a Dimmock, eso para él tal vez ahora mismo ya no es tan importante, pero poco más de la mitad de su ejercito están planeando hacer lo mismo y creo que ésta información puede ayudar a consolidar dichas decisiones y a tomar acciones legales en su contra.

Un brillo de ilusión se dibujo en el rostro de Greg, si las cosas eran realmente como Mycroft le había dicho habían grandes esperanzas para su país.

- Por cierto, he estado viendo a Sherlock.

- ¿En serio? –Greg había abierto muy grande los ojos- y ¿cómo está? ¿está bien? Por favor dime que está bien.

- Esta….bien –contesto Mycroft con media sonrisa en los labios-

- ¿Por qué esa pausa?

Mycroft suspiró y le explicó a Lestrade todo lo que había sucedido con Sherlock, lo grave que había estado, lo difícil que había sido para él poder ponerse en contacto con John y como por fin había logrado verlo y que ya se encontraba fuera de peligro.

- Me alegra saber que ya está bien, Víctor podrá estar más tranquilo, ojalá nunca se encuentre en su camino al Mayor Watson porque lo va a matar, o al menos de una buena golpiza no se salva.

- El Mayor no es una mala persona, aunque actuó mal no lo niego, pero al parecer cuida bastante bien de mi hermano –por supuesto el Mayor de los Holmes sospechaba que podía haber algo entre el Mayor y su hermano, pero tampoco se atrevía a asegurarlo- y por lo que veo se han hecho muy cercanos….Por cierto, Sherlock me pido que te dijera, si es que tenía oportunidad de verte, que le hagas saber a Víctor que YA NO tiene que preocuparse por él –por supuesto Greg no pudo evitar notar el énfasis en el "YA NO", por lo que volteo a ver a Mycroft de forma interrogante, éste solo solo suspiró y volteó a ver a otro lado-

Después de unos segundos en silencio, Greg volvió a hablar.

- Gracias Mycroft, de verdad muchas gracias, no sé como agradecértelo –el aludido lo volteó a ver y sonrió ligeramente- ¿crees que mi ropa ya esté?

- Creo que ya salió de la lavadora, pero hay que meterla en la secadora, no te la puedes poner húmeda, además no creo que sea buena idea que salgas, me parece que lo mejor que podrías hacer es quedarte, aquí nadie te va a buscar y me parece que te hace falta descansar, al menos quédate hasta que tu herida sane, arriba tengo un cuarto de visitas, te puedes quedar ahí.

- No puedo hacerlo, ya abuse demasiado de tu amabilidad.

- Por favor Greg, no voy a estar tranquilo si te vas así, solo quédate unos días, sé que seguro tendrás muchas cosas que hacer, pero unos días de descanso te vendrían bien, y creo que necesitarás energías para lo que se viene.

Greg sonrió y tomo el rostro de Mycroft con una de sus manos y con el dedo pulgar acarició la mejilla del Consejero del General, quien tembló ligeramente.

- Gracias –después de decir eso Greg acercó sus labios a la boca del mayor de los Holmes y le dio un beso suave-

Fue solo un beso, un beso dulce y tierno, cuando Greg se separó observo el rostro de Mycroft que lo veía de forma embelesada, ambos sonrieron y el intelectual le mostró a Greg la habitación en la que dormiría dejándolo solo para que pudiera descansar.


Comentarios:

Quiero agradecer a todas las personas que se toman la molestia de leer y comentar

Rebel Omega: Gracias por tus comentarios, siempre me alegra leerlos y además me inspiran, un beso nena y mucha suerte