Capitulo Diez: El Amanecer de Escila
En su narración, Harry había llegado al día que, entre los magos, era conocido como el aniversario de la muerte de Dumbledore. Un miembro de la Ley de la Junta Mágica finalmente pidió un descanso, y dijo que la corte se reuniría de nuevo el siguiente día.
Sería entonces que escucharían lo que sucedió ese día y todo lo que ocurrió en la guerra siguió.
Sentados frente al fuego de la modesta casa que Ron había comprado con su salario de Jefe de Aurores, él y Hermione tenían pocos ánimos de hablar esa noche.
"Es difícil de creer, ¿verdad?" habló finalmente el, su mirada en las llamas.
Hermione asintió.
"Aun lo veo como si fuera Harry, pero luego le escucho hablar y es como si un demonio estuviese usando el cuerpo de mi amigo y–" dejó el resto en el aire. Sin importar como lo describiera, Harry era Escila, y todo su testimonio lo comprobaba: cada palabra le hundía más dentro de una revelación manchada de sangre y oscuridad.
Hermione buscó la mano de Ron para darle apoyo, pero un grito de " ¡Ron!" proveniente de la chimenea en la cocina interrumpió el reconfortante gesto.
Ron suspiró y se dirigió a la puerta, Hermione siguiéndole.
"¿Qué ocurre, Dean?" preguntó cuando entró en la cocina y alcanzó a ver el agotado rostro de su amigo.
"Hay algo inquietante en el cementerio, Ron. Y no estoy hablando de los vampiros. Todos están quietos y sentados en sus tumbas, observándonos."
"¿Qué estás diciendo?"
"¡No podemos tocarlos!" Dean prácticamente gritó con frustración. "Una barrera eléctrica rodea todo el cementerio. Ya he perdido a una docena de hombres tratando de atravesarla. Los vampiros drenaron a los pocos que lograron traspasar. Los podemos ver riéndose de nosotros como si fuéramos lo más entretenido del mundo. Saben que están seguros ahí dentro."
Ron suspiró con desazón y dijo "Salgan de ahí esta noche y vuelvan en la mañana." Más contratiempos; más trampas de Escila para entorpecerlos a todos.
"Ésta… electricidad viviente, o lo que sea, ha durado días, Ron," dijo Dean, exasperado. "Sabes que no hubiera llamado sino fuera serio, ya tienes suficiente con que lidiar. ¡Pero esta cosa no se debilita! Y están feliz de sentarse ahí y esperar a vernos morir tratando de llegar a ellos."
"Detengan todo intento de atravesar, entonces. Monitoreen el lugar. Asegúrense de que ningún vampiro entre o salga. Tendrán que salir para poder alimentarse tarde o temprano."
"No se están muriendo de hambre; se ven tan sanos como el primer día. ¡No creerías la energía que esta cosa les proporciona!" era evidente lo mucho que Dean odiaba la barrera.
Ron estuvo callado por un largo tiempo. "Sítienla. Rodeen todo el campo en todos los flancos y esperen. Me asegurare de que manden provisiones, Dean. Solo esperen un tiempo. Tenemos que terminar el juicio y después veremos cómo arreglamos este problema."
"Oh si, Escila sigue hablando, ¿no?"
Ron solo asintió.
"Todos lo estamos leyendo. Hay una copia de todo lo que ha dicho en cualquier periódico. Sinceramente no puedo creer la mayoría de lo que he leído."
"Tampoco nosotros," dijo Ron con ironía. "Pero es la primera vez que nos habla con la verdad en muchos años así que claro que es difícil creerle."
Dean parecía querer decir alfo reconfortante, sin poder encontrar las palabras adecuadas, después de unos momentos solo dijo: "Bien, permaneceremos aquí y esperaremos ordenes."
"Muy bien."
El rostro de Dean desapareció entre las llamas y Ron se tambaleó cuando trató de levantarse de la posición agachada que había adoptado para hablar cara a cara con Dean. Hermione lo atrapó y juntos se dejaron ir hacia el suelo.
"Fuego y relámpagos… Harry protege muy bien a sus Furias," murmuró Ron. "Los Centauros desparecieron en los Bosques Oscuros de Rumania y los vampiros se sientan en sus tumbas como reyes en un banquete. Te hace preguntarte cuanta suerte debimos de tener para que nos permitiera atrapar a Malfoy."
Hermione asintió, presionando su mejilla contra el hombro de Ron.
Ron volvió a suspirar con pesadez, recargando su cabeza sobre la de Hermione. "Mañana será un infierno."
La corte estaba tan abarrotada como el día anterior. Todos esperando con un entusiasmo repugnante a que Escila comenzara a hablar.
Hermione noto que la voz de Harry estaba más ronca que el día anterior, probablemente por sobre uso. Suspiró interiormente; no le sanarían después de todo. Era un prisionero, no un invitado; un asesino, no su héroe.
Aun así, las palabras fluían como un rio apacible, saliendo de su boca y llenando la sala con una verdad hosca y firme. Y Hermione se marchitó mientras él comenzó a hablar sobre el día en que Dumbledore murió, una fecha solo dos semanas después de que los vampiros entraran en su círculo; y solo dos días después de que los muggles de la villa cercana a la mansión Riddle comenzaran a ser víctimas del apetito de los vampiros.
Harry escuchó cansinamente como Hermione especulaba sobre cuál la identidad del príncipe mestizo. Fue contra su primer impulso de simplemente ignorarla, y de la forma más grosera posible. El príncipe mestizo era un hombre, uno se daba cuenta por la forma en que escribía sus notas. Una chica lo hubiera hecho, bueno… diferente.
Pero no, si alguien era tan inteligente como el príncipe mestizo, Hermione encantada de que resultara ser una chica. Así que tuvo que escuchar y estuvo muy contento de ver llegar a Jimmy Peakes con una nota escrita por Dumbledore.
Lo primero que pensó fue que Dumbledore en verdad había encontrado el próximo Horrorcrux. Sería mala noticia, porque eso interfería con el plan de Voldemort: Draco debía arreglar el armario antes de que el viejo encontrase el siguiente Horrorcrux, de otra manera Voldemort consideraría que se merecía un buen castigo. Y Harry no permitiría que eso ocurriera.
Dejó a Ron y Hermione con la escusa de ir directo al despacho de Dumbledore, pero se desvió hacia la Sala de Menesteres tan pronto estuvo fuera de vista.
" ¿Cómo– te–atreves—aaaaaargh!"
Harry dobló una esquina y encontró a Trelawney tumbada en el suelo, justo frente el lugar donde la puerta de la Sala de Menesteres siempre aparecía. Harry maldijo mentalmente mientras se apresuraba a ayudarle, pretendiendo que le importaba. Tenía que averiguar que había visto ella ahí dentro y, si había observado a Draco, entonces estaría obligado a modificar su memoria.
" ¿Qué ocurrió Profesora?"
" ¡Que bueno que preguntas!" chilló, " Iba yo caminando, dándole vueltas a ciertos presagios obscuros que acababa de ver…"
Harry se dio cuenta que todo el asunto se estancaba rápido. Ella no le diría lo que él quería saber hasta que no supiera que él estaba enterado de la existencia de la Sala de Menesteres. Así que le dijo que reconocía la sala, y le preguntó si no se le había permitido entrar. Era muy posible, ya que el mismo no había podido entrar cuando Draco no lo quería dentro.
"Oh, claro que pude entrar, pero ya había alguien ahí."
Draco. " ¿Alguien? ¿Quién?"Demandó saber Harry, tal vez con demasiada brusquedad. "¿Quién estaba ahí dentro?"
"No tengo idea." Definitivamente había forzado la respuesta, pensó cuando Trelawney se vio algo conmocionada ante su tono de voz. Se exigió relajarse y dejarla continuar.
"Entré a la sala y escuché una voz, lo cual nunca ha pasado antes en todos los años que llevo escondiendo – usando la sala, quiero decir."
" ¿Una voz? ¿Qué decía?" ¿Había Draco dicho algo que le delatara?
"No creo que haya dicho algo," dijo la Profesora Trelawney. "Estaba… gritando."
" ¿Gritando?" Tenia que estar bromeando… Draco nunca gritaba.
"Con alegría," asintió ella.
Harry la observó fijamente. Tal vez no se trataba de Draco después de todo.
" ¿Era una voz femenina o masculina?"
" Me atrevería a decir que masculina," dijo la Profesora Trelawney.
Debía que ser Draco. El rubio le había dicho que seguiría intentando solucionar lo del armario ese día… pero ¿por qué Draco…?
Fue entonces que entendió. Draco había reparado el armario. Harry contuvo la sonrisa que amenazó con apoderarse de sus facciones ante ese pensamiento; el momento era perfecto, después de todo.
" ¿Y se escuchaba feliz?"
" Muy feliz."
" ¿Cómo si estuviera celebrando?"
" Definitivamente."
Tenía que ser eso: Draco había reparado el armario. Los mortifagos estrían llegando pronto y luego… él debía que estar con Dumbledore para asegurarse de que el director no fuera advertido antes de tiempo.
Harry convenció a Trelawney de que fueran a hablar con Dumbledore, reprimiendo comentarios crueles en el camino ante la charla de la Profesora sobre como extrañaba tenerlo en su clase.
"Me temo" continuo hablando ella, "que ese irritante – lo siento, el centauro – no sabe nada sobre la lectura de las cartas. Le he preguntado – de un vidente a otro – si él no ha sentido la distante vibración de una catástrofe al acercándose, pero ¡él lo creyó algo cómico! ¡Si, cómico!"
Harry no pudo ocultar una sonrisa y agachó la cabeza para que ella no pudiera verle. Claro que Firenze encontraría gracia en esa pregunta. ¿"Catástrofe al asecho"? ¡Firenze estaba ayudando a planearla! Y no era una vibración distante; ¡Era un resonante estruendo!
Dumbledore sí había encontrado un Horrorcrux, como supo Harry cuando entró en la oficina del director. Le resulto fácil prometer que obedecería todas las órdenes de Dumbledore, sin importar lo que fueran. Dejo la oficina del director cuando se le fue indicado y se apresuro a llegar a la sala común de Gryffindor y tomo su capa de invisibilidad. Se llevo el mapa del merodeador también, pensando que necesitaría saber cuando todo estuviera listo para el regreso de Dumbledore.
Se encontró con Ron y Hermione y debatió que hacer por un segundo. Sospechaban demasiado; sabían que algo ocurría. Les dijo lo que ocurría rápidamente, pero sabía que no sería suficiente. Mentalmente, debatió que debía hacer y supo que lo mejor era aparentar que aun confiaba en ellos y que aun era enemigo de Draco y Voldemort.
Puso el Mapa del Merodeador en manos de Hermione, diciéndole que vigilara a Draco y alertara a el Ejercito de Dumbledore si algo ocurría, incluso mencionando que Snape podría estar involucrado. Le dio a Ron lo que había quedado de la Feliz Felicis. No quería que murieran en la batalla, al menos no en esa en particular.
Se fue antes de que pudieran responder.
Con suerte, tomarían todo como otra parte de su "obsesión con Malfoy", y no le darían importancia. Pero, si de verdad le daban importancia, entonces el tendría la ventaja de que nadie les creería hasta que fuera demasiado tarde.
Dumbledore esperaba por él, y ambos se fueron, caminando por una calle obscura y desierta en Hogsmeade. Harry oculto debajo de su capa. Como sospechaba, Madame Rosmerta sacaba a un mago de su bar justo cuando ellos pasaban por ahí.
"Oh, hola, Albus… Has salido tarde hoy…"
A espaldas de Dumbledore, Harry levantó la capucha de su capa y significativamente asintió en dirección de la mirada glaseada de Rosmerta antes de esconderse de nuevo. Vio la chispa de entendimiento hacer raíz y sonrió sádico en dirección de Dumbledore.
El mensaje había sido enviado a Voldemort; la muerte de Dumbledore esa noche estaba asegurada.
Incluso cuando le pregunto a Dumbledore como era que sabía que un Horrorcrux estaba ahí dentro, Harry se estremeció al sentir la magia de Voldemort en las mismas piedras de la cueva.
Harry observó casi con júbilo como Dumbledore pagaba el sacrificio de sangre para entrar en la cueva interior. ¿Primitivo? No le precio así a Harry. La sangre era el balance más delicado a forjar, y facilitaba la mayoría de las debilidades del enemigo. La cueva desde ese momento estaría afinada a la magia de Dumbledore exclusivamente en un intento de expulsarla. ¿Acaso el viejo tonto no sabía eso?
Entraron en la cueva interior y encontraron una visión escalofriante. Se encontraban a las orillas de un gran lago negro, tan vasto que Harry no alcanzó a ver la otra orilla, dentro de una caverna tan espaciosa que el techo también estaba fuera de vista. Una neblinosa luz verde brillaba a lo lejos en lo que parecía ser el centro del lago y se reflejaba sobre la superficie completamente estática. Era la única luz en esa oscuridad que percibía más negra de lo normal. Harry sentía la magia de Voldemort en toda la caverna; le recordaba a estar en los sueños con él. Observó con cautela a Dumbledore mientras le seguía por la orilla del lago.
Ten cuidado anciano, se mofó mentalmente. Ya no estamos en espacio real, ¿lo sabes, verdad? El poder de Salazar Slytherin y el de Apolo, de quien Salazar desciende, crean luz con las sombras y así logran espejismos tan reales que toman su propio espacio en la espiral mortal. O tal vez no lo sabes. Tal vez te crees todas las patrañas de tontos sangre pura. Solo el tiempo lo dirá. Muéstrame tu debilidad, entonces, si eres lo suficientemente estúpido, para poder debilitarte y dejar que mi Draco te mate.
Harry sugirió un simple acio para obtener el Horrorcrux, para poder cancelar sus otros pensamientos. No funcionaria, y Harry lo sabía. Voldemort no sería tan torpe como para permitir que un simple encantamiento como ese desarmara su trampa, especialmente cuando esa trampa estaba afinada a Dumbledore.
Harry se sorprendió al ver la criatura que salto hacia su hechizo. ¿Qué era? No había logrado verla bien. ¿Un Inferi tal vez?
Harry tuvo que admitir a regañadientes que Dumbledore no era un mago tan estúpido cuando encontró el pequeño bote que Voldemort había sumergido cerca de la orilla en caso de que pudiera regresar algún día. Mientras cruzaban, al voltear hacia un lado, pudo ver los rastros de inferi alrededor del bote. Así que lo que vi sí era un inferi. A Voldemort le gustaba utilizarlos, así no debió sorprenderle.
Se dio cuenta de que Harry Potter se mostraría perplejo al ver restos humanos en el lago y tuvo que sorpresa y repugnancia.
"Creo que vi una mano en el agua – ¡Una mano humana!"
"Si, estoy seguro de que lo era," dijo Dumbledore con calma.
" Entonces esa cosa que brinco fuera del agua–" Harry esperó que Dumbledore hiciera un comentario sobre los inferi, pero nunca lo hizo. En vez de eso, Harry vio un cuerpo entero dentro del agua.
" ¡Hay un cuerpo ahí abajo!"
"Si," dijo Dumbledore plácidamente, "pero no debemos preocuparnos por ellos por ahora."
" ¿Por ahora?" repitió Harry, secretamente hirviendo de emoción. El no tenia de que preocuparse en absoluto. No irían tras él: seria a Dumbledore a quien atacarían. Sería su magia a la que estarían afinados.
"No cuando simplemente estén flotando debajo de nosotros," dijo Dumbledore. "No hay que temerle a un cadáver Harry, de la misma forma que no hay que temerle a la oscuridad. Lord Voldemort, quien secretamente le teme a ambas cosas, no está de acuerdo. Pero, de nuevo, revela su falta de sabiduría. Es lo desconocido a lo que tememos cuando nos enfrentamos a la muerte y la oscuridad."
Harry no se atrevió a decir algo, aunque hubiese luchado por defender a su mentor, quien no le temía a nada que tuviera que ver con la oscuridad o la muerte porque habían sobrevivido ya ambas. Pero, si Dumbledore necesitaba pensar eso para no temerle a Voldemort, entonces se lo permitiría. Para el final de la noche se daría cuenta de su error.
Llegaron a la mitad del lago, y al recipiente que contenía el Horrorcrux. Harry no pudo evitar el pérfido brillo en su mirada cuando Dumbledore comenzó a beber la poción que protegía el Horrorcrux. Se pregunto cuántos tragos bastarían para que tuviera obligar a Dumbledore a seguir bebiendo. ¿Dos? ¿Tres, tal vez?
Dumbledore le sorprendió: No fue hasta el cuarto trago que Harry tuvo que intervenir.
"No quiero tomar más… no me obligues… no quiero…no mas."
"No puede detenerse, Profesor," le dijo Harry con calma. No puedes, y no lo harás. Me asegurare de que lo bebas todo y sufras las consecuencias.
Dumbledore bebió.
"No… no quiero… no quiero… déjame ir."
"Todo está bien, Profesor," dijo Harry, viendo con alegría perversa como el hombre temblaba. "Estoy aquí–" y tal vez mas tarde habrás de deseado lo contrario.
"Has que se acabe; que se detenga."
"Si… si, esto lo detendrá," mintió Harry con facilidad. No se detendría, empeoraría.
Dumbledore bebió.
"No, no, no, no, no puedo, no me obligues, no quiero…"
"Esta bien, Profesor, ¡está bien!" grito Harry por encima de las quejas de Dumbledore. Claro que estaba bien. Era lo que debía hacer, de igual forma que Draco solo debía hablar las palabras para matar al anciano.
Dumbledore siguió bebiendo.
"Es mi culpa, todo fue mi culpa. Por favor, detenlo, se que hice mal, oh por favor, has que se detenga y ya nunca, nunca más volveré…"
Muy tentador, pero falso. "Esto hará que todo se detenga, profesor."
De nuevo, Dumbledore bebió.
"No le hagas daño, por favor no los lastimes, por favor, todo es mi culpa, lastímame a mí en su lugar…" Dumbledore sollozaba las palabras.
Oh, eso es lo que hago. "Tenga, tome esto, tómelo; estará bien."
Dumbledore cayó hacia adelante, gritando, mientras Harry, llenando la novena copa, le observaba con malicia.
"Ya no mas, por favor, no mas…" gritó, pero Harry negó con la cabeza con fingida tristeza.
"Ya casi, Profesor."
La decima copa.
Decimo primera.
Dumbledore gritó en agonía. "¡Quiero morir! ¡Quiero morir! Has que se detenga, detenlo; ¡quiero morir!"
¿Qué crees que estoy haciendo, anciano? ¡Eso intento! "Tome esto, Profesor. Tome esto…"
Dumbledore bebió e inmediatamente después gritó, "¡MATAME!"
¡Con Gusto! Deseó gritarle Harry. Pero, matar a Dumbledore no era su trabajo, no era su misión; el solamente debía debilitarlo.
Una copa mas y se terminaría. Harry se dio cuenta de cuanto había dejado caer su máscara e inmediatamente volvió a su personaje de "Harry Potter", tratando de asegurarse de que Dumbledore estuviera bien. Podía sentir a los inferi rodeándoles y trato de no hacer caso a su pequeño capricho de dejarles que terminaran con Dumbledore, sabiendo que no podía permitirlo.
Contuvo su magia interna, a pesar de que dolía no utilizarla, y disparó un hechizo tras otro, eventualmente llegando a lanzar Sectumsempra contra ellos aunque fuera un hechizo oscuro; Dumbledore ya sabía que conocía el hechizo, si es que era lo suficientemente consciente de sus alrededores para darse cuenta de lo que ocurría.
Sintió como los inferi le vencían sobre pasaban y luego como se dispersaban cuando el fuego de Dumbledore los rodeó. Siguió a Dumbledore de regreso atravesando el lago después de que el director hubiese tomado el Horrorcrux del recipiente vacio. Ayudó al anciano a salir de la cueva, abriendo un arco de nuevo con su propia sangre, y le aseguró que los aparecería a ambos en Hogsmeade de nuevo.
"No temo, Harry," dijo Dumbledore, su voz sonando un poco más fuerte. "Estoy contigo."
Harry deseó poder decirle a Dumbledore cuan equivocado estaba, que debería temer, pero no le tocaba a él mostrarle la realidad… no aun. El momento llegaría en poco tiempo.
El castillo se encontraba justo como el había anticipado: un caos total a punto de explotar. Podía sentir las nubes congregándose a su alrededor mientras él y Dumbledore llegaban volando en escoba a la torre. Todo marchaba de acuerdo al plan, y, debajo de su capa de invisibilidad, sonrió sarcástico en dirección a Dumbledore. Draco llegaría pronto, y entonces presenciarían juntos la muerte de Dumbledore, tal como lo habían prometido.
Dumbledore le ordenó que fuera a por Snape, una orden que Harry cuestionó inmediatamente. No quería ir por Snape, quería estar ahí cuando Draco llegara, ¡se lo había prometido!
Pero aun así hizo que se acercaba a la puerta de todas maneras, solo para ser golpeado primero por un Expelliarimus y luego ser inmovilizado con un Petrificus Totalus cuando la puerta se abrió. Le mando una mirada furiosa a Dumbledore desde debajo de su capa. ¡Era el hechizo del anciano el que lo mantenía inmóvil!
"Buenas noches, Draco"
¡Maldición! Y Harry no podía moverse. No podía decirle a Draco que estaba ahí a su lado.
Draco dio un paso hacia adelante, casi inmediatamente pudo ver las dos escobas.
¡Si, Draco! Le animo Harry. ¡Estoy aquí! ¡Tienes que saber que estoy aquí! ¡Termina con él!
"¿Quién mas esta aquí?"
"Te podría hacer la misma pregunta. O, ¿estas actuando solo?"
Harry gritó mentalmente al ver que Draco intentaba ganar tiempo diciéndole a Dumbledore sobre los mortifagos, viéndolo molestarse cuando Dumbledore le dijo que él no podía ser un asesino.
No es verdad, Draco, ¡no le escuches! Has matado antes, y has planeado todos esos intentos de asesinato falsos para hacerlo dudar de tus habilidades. ¡Estoy aquí! ¡Termínalo!
Aun así, Draco continuaba hablando con Dumbledore a pesar de que gritos y demás sonidos llegaban desde pisos inferiores, tratando de ganarle el tiempo que creía Harry necesitaba para llegar a su lado. Harry solo podía escuchar como todo el plan, del punto de vista de Draco, era revelado, hasta el detalle de haber hechizado con un imperius a Rosmerta. Solo podía escuchar como Dumbledore le ofrecía a Draco seguridad y como Draco mentía en su cara diciéndole al anciano que había sido amenazado de muerte si fallaba. Vio como los mortifagos finalmente llegaron a lo alto de la torre y animaron a Draco a matar a Dumbledore. Aun así Draco intento alargarlo; esperando aun por Harry, como habían prometido.
A pesar de su frustración, Harry no pudo evitar sentir orgullo ante las acciones de su Draco. Draco era una verdadera Furia de Hades; no un mortifago, ni siquiera un Malfoy, pero una Furia de hades.
Snape apareció en la puerta y Harry pudo ver como este observaba a Dumbledore y como el anciano le rogaba.
"Severus… por favor…"
Y Harry vio a regañadientes como Snape habló las palabras que le pertenecían, por derecho, a Draco solamente.
"!Avada Kedavra! "
La corte entera hizo una pausa ante las palabras de Harry, la mayoría recordando con tristeza los eventos que causaron la muerte de Dumbledore. Otro observaron a Harry con odio ante su comentario sobre como matar a Dumbledore era el derecho de Draco y que Snape no debió de haberlo hecho. Como si matar a Dumbledore hubiese tenido la misma importancia que ordenar un helado o algo igual de infantil.
"Continue, Escila."
Harry continuó.
La magia de Dumbledore dejo de afectarle cuando su vida se acabó y el anciano cayó hacia atrás sobre la baranda de la torre. Pero Snape a pesar de todo tuvo el tiempo suficiente de llevarse a Draco, guiándolo hacia la puerta. Harry sabía lo que haría el hombre: ir hacia donde Voldemort. Y no podía permitir que eso ocurriera. Tenía que llegar a Draco, tenía que protegerlo – no le importaba que pudiera perder su cubierta de Harry Potter en el proceso.
Voló los últimos diez escalones de la espiral que lo llevo al castillo, petrificó a Fenrir, y pasó a McGonagall y a Neville. No vio a Draco por ningún lado. Snape se movía muy rápido, y lo maldijo mientras corría. Neville le dijo que había visto a Snape y Draco pasar corriendo, así que debían estar por ahí cerca. Debía encontrarlos pronto.
Se dirigió a un atajo – Snape y Draco debían estar afuera – y casi se estrella contra un grupo de desconcertados Hufflepuffs que, aun en pijama, trataban de despertarse por completo.
" ¡Apártense!" gritó Harry, empujando a un par de ellos sin importarle si los lastimaba. Tenía que alcanzar a Draco. No podía permitir que Draco estuviera en presencia de Voldemort cuando este aun no sabía que Draco ya no era un mortifago.
Paso volando la entrada principal, saliendo hacia un exterior ennegrecido. Volteo a todos lados, esperando ver rastros de la marca Tenebrosa de Voldemort, sin importarle que sus ojos hubieran cambiado de forma ni que alguien pudiera verlos. Podría modificar memorias después si era necesario. Al fin los vio: tres figuras atravesando el césped hacia la verja de acero que sería su escape. Dos de ellas eran rodeadas por las líneas grises de la magia de Voldemort y la ultima tenía un brillo de magia azul que solo pertenecía a Harry. Era la última la que se veía menos dispuesta en buscar escape, como si le obligasen a correr.
" ¡CARIBDIS!" Harry se escuchó gritar antes de correr hacia ellos y vio como la última figura trataba de detenerse. Cuando estuvo cerca, Snape comenzó a lanzarle hechizos. Harry rodó y esquivó, olvidando su varita, su magia innata reverberando a su alrededor.
Snape le gritaba a Draco que corriera, pero el joven permanecía estático, viendo como Escila deshacía la distancia entre ellos. A diferencia de Snape, el no tenía nada que temer del poder de Harry.
La cabaña de Hagrid ardía en llamas, y el semigigante estaba distraído por los pocos mortifagos que habían seguido a Harry fuera del castillo. Con veinte metros de distancia de por medio, Snape y Harry se observaron, la mano de Snape sujetaba con fuerza su varita que apuntaba directamente al corazón de Harry.
" ¡Detente!" gritó Harry sobre los sonidos de la batalla y un brillante relámpago desfilo en el cielo ante sus palabras.
" ¡No, Potter!" espetó Snape. Hubo un fuerte estruendo y Harry se lanzo hacia adelante, su camiseta rompiéndose y partes desintegrándose con la fuerza de la explosión. Se irguió, viendo que ahora quedaban solo diez metros entre él y Snape, y se quito los restos de su camiseta. El brillo de las llamas que cubrían la cabaña de Hagrid tuvo un efecto destellante sobre la serpiente verde que se dibujaba sobre su piel.
" ¡Yo, Lord Escila, exijo que te detengas, Snape!"
Snape solo atino a observar a Harry, su rostro un torrente de confusión, rabia y agonía.
" ¿Qué?" susurró.
Harry ignoró la pregunta, se volvió hacia Draco y le señalo que se acercara. Draco corrió hacia él y Harry lo atrajo hacia su cuerpo, indiferente a la vigilante mirada de Snape.
"Ve a la casa de mis parientes," habló con calma en el oído de Draco a pesar de la adrenalina y la magia entremezcladas que corrían en el. "Es el número cuatro de Privet Drive, Surrey. Estarán tres muggles en la casa. Confúndelos, petrifícalos, haz lo que quieras, pero no los mates – las alarmas se activaran si lo haces. Espérame ahí. Sera el lugar mas seguro para ti." Harry dirigió una mirada de soslayo en dirección de Snape. "Para ambos. Iré por ustedes cuando todo se haya calmado."
Draco asintió, dejando un beso en el cuello de Harry antes de seguir sus órdenes. Dirigiéndole una última mirada a Snape, Harry dio media vuelta y comenzó a caminar de vuelta al castillo. La serpiente verde en su espalda reflejaba el brillo de los hechizos y las llamas a su alrededor.
Los días siguientes pasaron en un cerrar de ojos para Harry quien mintió y fingió más de lo que jamás lo había hecho antes. Su primera prioridad, cuando tuvo un momento a solas, fue enviar a tres de sus más confiados vampiros a Surrey para asegurarse de que Draco había llegado a salvo. Después, por medio de Firenze, les hizo saber a los centauros que era hora de salir de Bosque Prohibido. Horas después del funeral de Dumbledore, recibió noticias de que los centauros habían llegado sin percances y estaban posicionados en el bosque cercano a la Mansión Riddle. También que el último de los vampiros había llegado y había sido colocado en el cementerio destinado para ese propósito.
Asimiló información de lo que había ocurrió, y vagamente recordaba los detalles de todo lo que había pasado antes del funeral: la boda de Bill y Fleur seguía en pie; su conversación con Scrimgeour; la posibilidad de que Hogwarts cerrara sus puertas el año siguiente… Lo que si recordaba claramente era su última conversación real que había tenido con Ron y Hermione, la última de sus mentiras para ellos.
No había anticipado que ellos quisieran ir con él a la casa de sus tíos e inmediatamente se opuso a la idea.
"No –"
"Nos lo dijiste una vez," dijo Hermione, "que hay un tiempo en el que podíamos elegir. Hemos tenido tiempo suficiente, ¿no?"
Harry recordó vagamente haberles dicho eso – una más de sus mentiras, simplemente usada para sosegarlos. Pero, ahora, deseó no haberlo dicho. ¡No era elección de ellos! Necesitaba que le dejaran solo el tiempo suficiente para desaparecer, y para que Lord Escila tomara el lugar de Harry Potter.
"Estamos contigo sin importar lo que pase," dijo Ron. "Pero, amigo, tendremos que ir a la casa de mama y papa antes de empezar, incluso antes de ir al Valle de Godric."
Harry pudo abrazar a Ron – pero no lo hizo. Le había dado su vía de escape.
"¿Por qué?"
"La boda de Bill y Fleur, ¿recuerdas?"
Harry pretendió pensárselo un momento. "Si, no podemos perdernos eso. Aquí esta lo que haremos, entonces. Yo iré a las casa de mis tíos; Hermione, tu también ve a casa – hasta el día de la boda. Después nos dirigiremos al Valle de Godric y luego buscaremos los horrorcruxes.
A Hermione no le agradó el plan, Harry se dio cuenta. Pero Ron respondió primero, "Suena bien, supongo."
No fue hasta que estuvo solo que pudo dejar escapar la sonrisa soberbia que había estado conteniendo todo el tiempo que estuvo hablando con ellos.
El viaje en tren de regreso de King's Cross fue algo incomodo. Todos parecían estar bajo diferentes niveles de tensión. Harry quería gritarles que se relajaran, que Voldemort no atacaría el tren; ¡no era parte del plan! Pero se guardo esas palabras de la misma forma que se guardo todas las miradas despectivas, las quejas exasperadas y cualquier otro sonido o expresión que revelaran sus verdaderas emociones.
Con la muerte de Dumbledore colgando sobre ellos cono una nube de lluvia, todos lucían apagados. Seria agradable que lloviera un poco, pensó Harry. Truenos y relámpagos… en verdad ayudarían y casi se rio ante ese pensamiento. Claro que ayudarían, los truenos y los relámpagos eran una parte de él.
Alcanzo a vislumbrar una silueta lejana que atravesaba los campos, siguiendo el mismo camino del tren y la reconoció como uno de los centauros. Es bueno que se aseguren de que nada interfiera con mis planes. Siempre anticipan mis deseos.
El número cuatro de Privet Drive lucia como siempre lo había hecho, muy "muggle" y "normal", cuando Harry se apareció en las sombras de la calle. Estaba anocheciendo y las sombras eran largas sobre el pavimento. Pero Harry no permaneció en las sombras, como se había vuelto su costumbre. No, caminó con audacia vestido con su vieja ropa muggles que le habían dado sus tíos y se dirigió hacia el número cuatro.
No se molesto en tocar a la puerta, solamente giró su mano con su magia el candado cedió y abrió. Cuando estuvo adentro, transfiguró su ropa muggle en su conjunto preferido de túnicas de mago y continuo adentrándose en la casa.
Le estaban esperando en lo que había sido la sala de estar de los Dursley. Draco le sonrió de forma angelical cuando lo vio entrar, y Snape le observo con recelo. No podía negar que a quien veía no era Harry Potter, como Snape lo había conocido. Ese era Lord Escila. Harry ya no ocultaba la nueva forma de sus ojos y el tatuaje de la serpiente verde, que quedaba descubierto con las túnicas sin mangas que usaba, parecía sisear a todo a su alrededor. No había rastro de su varita.
Un miembro del tribunal se aclaro la garganta y a Escila se le ordeno detenerse. La primera semana del juicio había terminado. Durante la segunda semana, Escila hablaría de la guerra que había ayudado a crear.
