Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, del resto la historia es completamente mía.
Advierto que los personajes van a ser un poco diferentes que los que aparecen en el libro.
Capítulo 10: Destino
Octubre-Diciembre 1978. Londres, Inglaterra.
Alec, Jane, Jasper, Rosalie y Garrett me tuvieron que retener como pudieron, a tal punto que mi propio hermano me tuvo que noquear por una semana entera, el pobre tuvo que dormir conmigo, además de forzarse mental y físicamente para poder dormirme. Tenía prohibido salir de Londres hasta que acabara la cacería por mi cabeza, ya que en cada reinado sabían de mi existencia.
Mis instintos me decían que fuera a Francia, pero estos instintos no eran los que tenía como Tempus, eran más bien por la necesidad de estar con mi pareja, instintos básicos; pero mi razón me decía que todavía no y si iba, tenía que ser acompañada; por lo tanto estaba en una disyuntiva, entre quedarme hasta que sea el momento adecuado o ir para allá y arriesgarme el pellejo para nada.
La razón ganó, por lo tanto tuve que estar pendiente de mis visiones, tenía que ver cuando Zafrina se abría para verla o predecir el futuro cada cierto tiempo hasta que nazca mi pareja. Alec y Jasper acordaron que al momento en que vea algo de Zafrina viendo a mi humano o el nacimiento de este, vamos los cuatro para allá, no querían que fuera sola y más por la capacidad que se dice que tiene Zafrina para controlar al que desea.
Época de los '90. París, Francia.
Luego que tuve aquella visión, estuve diez años "encerrada" en el castillo subterráneo de Fraternitatis Sanguinem. Fue una tortura.
Cuando ya iba a cumplir los once años de estar encerrada dentro de Londres, me harté y me fui del lugar sin decirle a nadie. Sabía que tarde o temprano, Alec o Jasper me encontrarían.
Decidí recorrer el mundo, recorrer lo que me faltaba por explorar; todo lo hice con precaución, para esto tuve que cambiar mi look, para no ser reconocida a simple vista. Cortaba mi cabello más o menos al nivel de mis mejillas, sin un largo definido; mi vestimenta pasó a ser de pantalón de mezclilla bota ancha, botas de cuero puntiagudas y camisas o blusas algo sueltas, a una punketa llena de maquillaje oscuro, botas con punta de hierro, pantalones de mezclilla ajustados, camisas ajustadas y chaquetas de cuero negra con chapas; por lo menos ocultaba la apariencia que decían los vampiros de mí para buscarme, lucía muy diferente a las descripciones que vi en mis visiones…
…chica de pelo castaño rizado largo, llegando a media espalda… ojos de color miel dorado… su aspecto y estatura es de una rusa promedio… su vestimenta tiende a ser conservadora pero a la vez en armonía con los humanos… tiende a anticiparse de los movimientos haciéndolo de manera imperceptible y también le suceden cosas extrañas a su alrededor…
Los vampiros que transmitían memorias a otros o leían mentes, sabían como era yo físicamente, hasta hicieron dibujos de mí… pero ninguno de ellos se asemejaba a como yo soy ahora. No únicamente cambié mi apariencia, también cambié mi identidad nuevamente. En estos momentos no me llamaba Izabela "Isabella/Bella/Bells" Svon o Swan, ahora era Brigitte Roux, una nativa francesa que le encantaba a ir a clubs de punk, fumar y "embriagarse" hasta borrarme la memoria.
La UNICA forma de descubrirme era que un vampiro sepa mi olor, si es que sabía. Los que leen la mente, no se les queda en la memoria los olores, solo las reacciones ante aquel olor percibido.
Cambiando el tema… con la cuestión de mi pareja, sigo preocupada por él pero ya no como antes; recordé que Stefan me dijo, que si me dejaba llevar por las emociones no funcionaría bien la toma de decisiones que hiciera y nosotros los Tempus tendemos a ser vampiros sin emociones, esto ha hecho que nosotros sobrevivamos a lo largo de los años; pero también ha hecho que decidamos quien merece realmente pertenecer a nuestro linaje, por eso somos tan escasos, casi inexistentes. Por lo tanto, era preferible que me mantuviera cerca de él, en Francia, más no interferir en su vida hasta que sea el momento, tenía que cumplir con lo que decía el destino sin alterarlo, él vendría a mí en su momento.
Hasta los momentos me dedicaba a viajar igual, todo en bajo perfil; al principio recorría toda Francia de punta a punta, necesitaba adaptarme a su cultura e idioma para poder aparentar ser una nativa del lugar. Luego de recorrer todo el país de punta a punta, salí fuera de el y paseaba los países de alrededor, no pisando Reino Unido.
En 1992, di un paseo por la nueva Alemania, fui atacada por un famoso cazador de demonios que nadie conoce su nombre, pero le dicen "El Padre Alemán" o "El Alemán"…
Me encontraba en una solitaria calle de Berlín, consiguiendo una presa para atrapar y a la vez pensando en lo tanto que había cambiado este lugar durante varios años. Alemania, a pesar de estar controlada para que ningún radical se alce en el país, sigue siendo igual una potencia, los alemanes son muy tenaces y siempre logran superarse en algo.
Alguien me está cazando…
Paré de caminar y empecé a oler profundamente para conseguir el olor de quien me estaba cazando…
¿Mirra?
Por mi cabeza pasa la visión de un humano corriendo hacia mi dirección; antes de que la persona llegara a mi dirección lo congelé. Fui hacia el lugar donde lo congelé y en su mano tenía una espada, esta se notaba que estaba recién mojada con agua.
¿Agua Bendita?
–Te metiste con el vampiro equivocado cazador. –le dije al congelado humano.
–No, caíste en la trampa. –me había dicho un hombre en alemán a mis espaldas.
Mientras me giraba, por mi cabeza pasaba la visión de un cazador lanzándome una estaca hacia mi pecho y justo a tiempo la esquive.
–Jamás fallo. –le escuché susurrar para si mismo.
–Siempre hay una primera vez ¿no crees? –le dije al cazador. El humano era alto y caucásico; pelo largo, lacio y negro, su rostro era intimidante, me recordaba a los sádicos nazis; la ropa que tenía era como se vestían los padres en las iglesias, junto con un sobretodo marrón.
–¡Morirás demonio! – El cazador corrió hasta mí, pero lo que no esperaba era que lanzó una luz cegadora que me aturdió.
Viene a dispararme en el pecho con una ballesta…
Luego cortarme la cabeza…
Con esta visión me dio tiempo de poder esquivar la flecha, para luego ralentizar el tiempo y correr del lugar…
Tuve que irme de Alemania, desaparecer de la vista de los cazadores…
No me quedó otra opción de quedarme en Francia y pedir ayuda al rey del país, haciendo que todos los vampiros estuvieran alerta ante este cazador. Algo que note durante mi ida al reinado, es que dejaron de cazarme, me refiero a que no están buscando a Isabella Swan; consideraron que esta vampira (yo) tenía un poder de dominación que era capaz de crear una ilusión y me hice pasar por una supuesta Tempus. Esto hizo que ya no tuviera más este disfraz para ocultarme y volver a mi ropa simple, pero a la moda; mi cambio no fue inmediatamente, fue de a poco a poco, no quería levantar sospechas.
Hoy era 20 de Diciembre de 1998, a vísperas de Navidad. Me encantaba esta época desde que nací como humana y todavía me gusta; amaba estas festividades porque apenas el mes comenzaba, todos eran invadidos por la paz y alegría de la gente, todo es fiestas en familia, desde que comienza el mes hasta que termina. Cuando era humana, apenas era primero de Diciembre, mi padre mandaba a sus sirvientes que buscaran dos pinos: uno para nosotros los Swan y uno para ellos, para luego decorar nuestro árbol junto con mi padre y yo ayudar a los sirvientes a decorar el suyo; los fines de semana, papá trataba de hacer pequeñas fiestas, solo con sus cercanos o lo que consideraba familia, dejaba las grandes y majestuosas fiestas para el 25 de Diciembre, el nacimiento de Jesús y 31 de Diciembre, Año Nuevo. Esta era la época en que más compartía con mi padre.
Padre… Como te extraño… quisiera que en estos momentos me dieras un cálido abrazo y un beso en mi cabello como siempre hacías cuando me demostrabas cariño…
Miré al cielo, este se encontraba nublado, por la presión atmosférica sabía que neva… empezó a nevar, pero no era tan fuerte como ha habido en estos días. Dejé que los copos de nieve cayeran unos momentos por mi fría piel, hasta que…
Que olor tan apetitoso…
Huele a dulces… no hay uno en especifico… pero su olor es dulce…
Busqué de donde provenía ese olor, caminé por las calles siguiendo aquel apetitoso olor… quería beber de el desesperadamente… lo necesitaba…
No había durado mucho tiempo caminando hasta que llegué al Pont-Neuf, y justo en ese momento me di cuenta que todo encajaba… empezaba a ver algo que había vivido en mis visiones…
Caminé siguiendo aquel olor, hasta que vi a un chico un poco más bajo que yo de cabello cobrizo, llevaba solo una camisa manga larga con cuello de tortuga color verde; cada vez que me acercaba escuchaba claramente los latidos de su corazón y lo escuchaba sollozar…
¿Qué le hicieron?
Mi sed se me había quitado repentinamente, empezaba a sentir una extraña atracción hacia aquel humano… una atracción imposible de descifrar… me daba dolor escucharlo llorar…
Una vez que estuve a un metro más o menos cerca de él, intenté conseguir mi voz para hablarle.
– ¿Estás bien cielo? – le pregunté preocupada.
Cuando él se giró a verme, él era de cabello cobrizo, con unos grandes, profundos e inocentes ojos verdes esmeraldas, de cara cuadrada, tenía labios carnosos con una perfecta nariz recta; su olor era asombroso y muy apetitoso, pero me contuve. Parecía un ángel con aquella inocencia que brotaba de él, el chico no pasaría de los 16 años. Ambos nos quedamos mirando mucho tiempo a los ojos hasta que él me habló.
–…e-estoy bien señorita. Gracias por su preocupación. –después se giró al puente, tratando de ahogar sollozos y lagrimas.
–Me preocupa de que un chico tan lindo esté aquí. –este se giró y me miró medio molesto.
– Tengo 14 años señorita, no tengo 20. Y no tengo nada, no se preocupe. –me habló haciendo un intento de estar molesto.
¿Él pensaba que lo estaba coqueteando? ¿Lo estaba coqueteando?
Por su rostro, le está costando molestarse conmigo para que me vaya…
Mi única reacción momentánea fue reírme ante su actitud y este se giró a mirarme al sorprenderse por mi reacción. Mi intención verdadera no era coquetearle, estaba preocupada por él e intentando subirle el animo, pero él a ser lo que es para mí… todo cambia.
–Tienes que aprender a diferenciar de un coqueteo y de alguien que se preocupa por ti. –le demostré confianza para que me dijera lo que tenía. –Me preocupa que estés aquí solo y llorando, puedes confiar en mí. –le dediqué mi mejor sonrisa para que me siguiera.
Que no me rechace por favor…
–…tengo frío. –me habló él, lo miré extrañada y observé que estaba temblando. No me acordé que él no tenía un abrigo.
–Ven –me quité mi abrigo y se lo di para que se abrigara –, te compraré un chocolate caliente. –él se puso mi abrigo y yo sin pensarlo cogí su mano.
Mientras tenía su mano agarrada, sentí un cosquilleo en la piel del lugar, se sentía muy agradable, si fuera humana a lo mejor me sonrojaría. En el camino decidí llevarlo al Cafe du Pont-Neuf que queda a una cuadra de aquí. Cuando llegamos, nos sentamos en una mesa junto a la ventana teniendo como vista el río La Saine. Miré al niño que todavía estaba temblando y este miró por la ventana, un mesero llegó y pidió nuestra orden sin dejar de mirarme.
–Un chocolate caliente por favor y dos croissants… –le pedí mirando al mesero y el niño se distrajo con mi voz, de reojo el chico me miraba a mí y al mesero. Observe que en los ojos del mesero había fuego en ellos, supuse que esa mirada era para mí; decidí enfocar mi atención al chico. –¿De que quieres los croissants?
–No es…–tenía intenciones de no pedir nada más, esto hizo que lo regañara con la mirada, él se dio cuenta y habló. –Los dos de jamón y queso.
–Un chocolate caliente y dos croissants de jamón york y queso gouda. –terminándole de ordenar al mesero. Mientras lo decía escuché rugir el estomago del chico, era perceptible para mi oído, más no el de un humano.
–De acuerdo. –tomando nota. – ¿Usted desea algo más señorita? –el mesero estaba consiguiendo mi atención.
–No deseo más nada, gracias. – respondí de forma seca y giré mi vista al chico. Vi que él se estaba conteniendo de hacer algo, se veía molesto, hasta que mi mirada empezaba a incomodarlo y dejé de analizar sus reacciones.
–Aquel hombre te quería comer. –me afirmó aquel niño con molestia en su rostro.
–Lo sé. Ya estoy acostumbrada. –le admití dándole una sonrisa. El niño no dejaba de mirarme a los ojos. – ¿Tengo algo en los ojos? –le pregunté en tono de broma, este se sonrojó y miró hacía la ventana, después me miró por unos segundos, para bajar la cabeza.
–Es que tienes unos ojos lindos y extraños. –dijo con timidez en su voz.
–Gracias. –le agradecí. Agarré su barbilla para levantar su cabeza para que me mirara. –No te avergüences. –le dediqué otra sonrisa.
El mesero se acercó con la taza de chocolate poniendo la taza enfrente de mí, después yo agarre la taza entregándosela al chico animándolo a tomarla. Me di cuenta que el mesero todavía estaba con nosotros y el chico no había empezado a tomarla por incomodidad, me gire al hombre y lo miré a los ojos para dominarlo.
–Ya no deseo más nada, se puede ir y no vuelva hasta que lo llame. –le ordené. Este asintió y se fue.
– ¿Cómo puede soportar algo así señorita? Yo llamaría al gerente del restaurante y reclamaría por esto. –me dijo el chico expresando su molestia.
–Y tú eres todo un caballero. –le dediqué otra sonrisa. –Por cierto, me llamo Isabella Swan. Me puedes decir Bella, si quieres por supuesto. –le ofrecí mi mano y este la cogió, sintiendo aquella agradable corriente.
–Edouard… Edouard Masen. –presentándose tímidamente.
Ya… el trato estaba hecho. Tenía delante de mí a mi pareja y voy hacer LO QUE SEA NECESARIO en protegerlo, así nada de esto tenga un final feliz.
–Edouard… muy bonito nombre para un caballero.
¡Hola chicas!
¡Al fin salió Edward! *Aplaude y silba*
Ya sé que tiene otro nombre, pero lo tuve que hacer por cuestiones geográficas, este Edward es Francés, por eso el nombre así. No se preocupen que eso va a cambiar.
A partir del proximo capítulo ahora la historia será con los personajes Edward/Bella y vendrán los dramas.
Espero que hayan pasado la Navidad excelente y hayan tenido buenos regalos.
¡Feliz Navidad y nos vemos la semana que viene!
