¡Llegó el momento! Los dos años entre la llegada de Kalette a la tierra y la aparición de los androides, pasaron rápidamente.

Los Guerreros Z se preparan para la lucha que definirá el destino de la tierra y la joven saiyayin está con ellos. Tanto Piccoro como Kalette tienen malos presentimientos sobre lo que ocurrirá en la batalla, sobre todo la chica, que sabe que ese podría ser su último día de vida.

En tanto, Trunks por fin llega a la línea temporal de los Guerreros, aunque lo que encuentra hará que la sangre se le hele.

¿Qué pasará en esa batalla?


XII: El hijo de Vegeta

Kalette

No podía conciliar el sueño. Toda esta noche me había quedado dormida por algunos momentos y despertaba. ¿La razón? No eran una, sino dos; primero, era la noche del 11 de mayo del año 767 y al día siguiente tendríamos que ir a pelear con unos androides que aparecerían a las 10 de la mañana, y segunda, mis sueños seguían atormentándome.

Desde que aprendí las técnicas de Uranai Baba, parecía como si hubiera abierto una puerta a lo paranormal pues constantemente soñaba lo mismo: un personaje blanco, muy blanco, al que nunca le veía el rostro, aparecía y me abrazaba y mi corazón se sentía totalmente emocionado y tranquilo. Entonces un mounstro verde se entrometía entre nosotros y me disparaba un rayo al corazón, entonces sentía caerme y despertaba sin aire. ¿Era el amor y el dolor que me esperaban? ¿La verdadera causa de mi muerte en batalla?

Después de mis reflexiones nocturnas cerré mis ojos y dormí un poco más. Cuando los abrí vi el reloj que estaba al lado de mi cama y la hora indicaba que era momento de despertarse 6:13 am.

Después del desayuno tan exquisito que nos dio Milk a Gokú, al señor Piccoro, Gohan y a mí, nos dispusimos a partir. El namekusein, mi pequeño saiyayin y yo nos adelantamos después de despedirnos de la mujer y Gokú se quedó para darle un abrazo y decirle que no se preocupara porque todo iba a estar bien. Volteé a mirarlos y vi como él le daba un dulce beso en los labios. Era la primera vez que los veía en una actitud romántica y fue muy lindo.

Entonces, emprendimos el vuelo hacia la isla que se encontraba a 15 kilómetros de la Capital del Sur, el lugar en el que a las diez de la mañana aparecerían esos malditos androides. Mi corazón estaba emocionado por que volvería a pelear, algo que mis genes saiyayin disfrutaban mucho, sólo me incomodaba un poco saber que ahí estaría Vegeta, que seguro, no había olvidado lo que sucedió la última vez que nos vimos. Bah, que se pudra.

Piccoro y Gokú hablaban de sus expectativas sobre el poder de nuestros futuros enemigos, y el namekusein expresó tener un mal presentimiento sobre lo que ocurriría ahí. Rayos, yo también lo tenía, pero no lo externé. Quizá era sólo la incertidumbre de saber de que quizá, ese era el último día de mi vida. Preferí volar al lado de Gohan, quien ahora más que nunca era mi hermano, mi pequeño saiyayin y la persona más cercana a mí en el mundo. Kilómetros después nos encontramos a Krillin, quien también volaba hacia la Capital del Sur.

— ¡Holaaa, Krillin! — expresó Gohan emocionado.

— ¡Holaaa, Gohan! ¡Has crecido mucho! — contestó el chico mientras yo volteaba a mirarlo y me acomodaba al lado del saiyayin — ¡Cielos, Kalette, tú también creciste mucho! ¡Estás muy bonita! — añadió el chico al que sólo le devolví una sonrisa a medias.

Seguimos volando nosotros tres detrás de Piccoro y Gokú, poniéndonos al día de las cosas que nos pasaron en estos dos años, hasta que llegamos a la isla donde se encontraba la Capital del Sur. Los mayores detectaron los kis de sus amigos y bajamos al lugar donde ya estaban Yamcha, Ten Shin Han y ella. No pude disimular mi enfado cuando la vi ahí, tan sonriente y con un bebé en brazos: Bulma con el hijo de Vegeta.

Mientras ellos se saludaban, daban abrazos y ponían al tanto de todo, yo sólo los observaba apartada del centro de su reunión. Le di una rápida mirada al bebé que ella tenía entre brazos y no encontré ningún razgo de saiyayin: ¿Cabello lila, ojos azules y facciones muy dulces? Está bien, yo tenía ojos azules también, algo raro entre nosotros pero según Turles, ni la familia del Rey Vegeta tenía los ojos azules, sólo la de Cinna, mi madre. Mi cabello era negro y mi piel dorada como todos los saiyayin, pero la de él era blanca. ¿De verdad ese bebé era hijo de Vegeta? Y sobre todo, ¿él sería tan tonto para dejarse engañar de esta forma?

Tras un juego de adivinanzas entre Yamcha y Bulma para que supieran quien era el padre del bebé, Gokú nos sorprendió a todos al saber lo siguiente:

— Ya sé, tu padre debe ser Vegeta. ¿Verdad Trunks?

La reacción de todos fue homogénea: pasaron del asombro a la incredulidad, pero Bulma quedó aún más impactada por lo que Gokú le dijo.

— ¿Tú cómo sabes eso, Gokú? No le dije a nadie para que fuera sorpresa — expresó la mujer, mirándome directamente a mí. ¿Qué, creía que yo iba a andar divulgando su insignificante vida? Al sentir su mirada, yo le sostuve la mía diciéndole con ello que Gokú no sabía lo de su hijo por mí, además, el saiyayin había adivinado el nombre del niño algo que yo no podía saber de ninguna manera.

Gohan

Después de la sorpresa de saber que Bulma tenía un bebé de Vegeta (ahora entendía porqué el cambio tan repentino del interés de Kalette en el saiyayin), nos pusimos a platicar. Estábamos nerviosos por la batalla que venía, pero las charlas amistosas nos relajaron mucho. Yamche comenzó a halagar a mi amiga, diciéndole que se había puesto muy bonita, pues era evidente que en dos años, Kalette había pasado de ser una adolescente a una guapa jovencita. Ella sólo los miraba e intentaba sonreir, pero dentro de mi sabía que la situación la incomodaba, no tanto por recibir halagos de todos, sino por la presencia de Bulma.

— Realmente te pusiste muy bella, pequeña — expresó Bulma mientras Krillin y yo le hacíamos caras al bebé Trunks para que estuviera entretenido. Kalette la miró y no le dijo nada, luego volteó el rostro a otro lado y entendí que de verdad, Bulma no le agradaba nada a mi amiga. ¿Acaso seguiría atraída por Vegeta?

A medida de que se acercaba la hora indicada, las 10 de la mañana, la tensión se apropiaba del ambiente y mi papi, muy serio, le pidió a Bulma que se marchara del lugar con su bebé, pero ella no hizo caso pues deseaba ver a los androides, según nos dijo.

Minutos después llegó Jajirobe en su nave, parecía que tenía mucha prisa porque sólo le entregó a mi papá una bolsa con semillas del ermitaño que le envió el maestro Karin. Sin decir más, Jarirobe se subió a su vehículo se fue volando por los aires. Eran las 10:17 horas.

Una terrible explosión hizo que todos nos pusiéramos en alerta. ¡El vehículo de Jajirobe había sido atacado! El hombre cayó al mar con lo que quedó de su nave. Estábamos seguros. Los androides eran los autores de este ataque y mi papá tomó el control de la situación: nos dividiría en grupos para buscar a los robots por toda la Capital del Sur pues al no estar vivos, no tienen un ki con el que pudieramos hallarlos. A Kalette y a mí nos tocó ir por Jajirobe.

Lo hicimos. Aún seguía con vida. Volamos hacia el mar y tardamos muchos minutos en encontrarlo, pues su ki estaba muy débil para poder sentirlo. Después lo encontramos trantando de flotar en el agua y lo llevamos de vuelta al lugar donde había sido la primera reunión. Ahí ya estaban Krillin y Yamcha ¡con un enorme hueco en su ropa!

Nos contaron lo que pasó: esos Androides aparecieron, atacaron a Yamcha pero le impidieron defenderse pues absorben la energía con las manos. Él estuvo a punto de morir, pero nuestros amigos llegaron a tiempo para salvarlo y se recuperó con una de las semillas del ermitaño. ¡Esto lo debía saber mi papi pronto! Kalette me hizo la observación y dijo que fuéramos a decirle de inmediato lo que hacían los rivales con los que seguramente ya estaba peleando.

Krillin, Kalette, Yamcha y yo dejamos a Bulma, al bebé y a Jajirobe en la montaña inicial y volamos hacia la pelea. Minutos después sentimos el impresionante ki de mi papi. Seguro ya estaba peleando. Varios kilómetros delante y en una isla con un llano enorme en el centro, pero montañas alrededor, mi papi se enfrentaba a un tipo de baja estatura, regordete, con una ropa extraña y totalmente blanco. Era uno de esos androides asesinos, y el otro observaba el combate: era un viejo de cabello largo y con ropa similar a la del rival de mi papá.

Entonces, Kalette me hizo una observación que me heló la sangre:

— ¡Gohan! Gokú está muy cansado. Su energía disminuye dramáticamente, pero la de ese robot, no.

¡Era cierto! Mi padre se veía totalmente agotado y muy lento, a pesar de haberse convertido en súper saiyayin, algo que también preocupaba al señor Piccoro que estaba ahí junto con Ten Shin Han.

Un fuerte dolor afectaba a mi padre, entonces llevó la mano al corazón y lo supimos: la enfermedad que había pronosticado el joven que vino del futuro lo había atacado. Necesitaba tomarse su medicina, porque como nunca se sintió mal, no lo hizo. ¡Mi papi no podía morir! Debíamos llevarlo a la casa, pero el androide no lo soltaba. Al ver a mi papi agotado comenzó a golpearlo sin piedad y a absorber su energía y nadie de nosotros podía hacer algo para defenderlo.

Fue el señor Piccoro el que se atrevió a detenerlo pero el otro androide, el anciano, lo atacó para evitar que inteviniera y mi maestro cayó al suelo estrepitosamente. Kalette y yo corrimos a ayudarlo, cuando escuchamos que alguien golpeó con fuerza al androide y liberaba a mi papá de su dominio. Era Vegeta.

— ¡Ninguna chatarra me quitará lo que es mío! El placer de derrotar a Kakarotto será para mí.

Trunks

Eran las 10:34 de la mañana. Mi máquina del tiempo me dejó en la Capital del Sur, pero la batalla ya había sido. En el lugar sólo había destrucción, muerte y llanto, un escenario típico de mi época y que con todo mi corazón, deseaba que no se repitiera aquí. Me elevé sobre la urbe y comencé a pensar: seguro habían cambiado el lugar de la batalla, pues no había ningún ki cercano. A lo lejor lo sentí, una energía fuerte que parecía ser de un súper saiyayin y volé con rumbo a esa dirección.

Ahí debían estar ellos, el señor Gokú, mi padre, Gohan, Piccoro, Krillin, Ten Shin Han, Yamcha y ella. Sí, ella debía estar ahí. Cerré mis ojos mientras volaba con esa dirección y lo sentí, ¡lo sentí! El ki de Shadow en estado de reposo, pero ahí. La presencia de la persona que amaba aparecía de nuevo, después de tres meses de su muerte.

Sólo una cosa me sacó de mis momentos de emoción: vi un cráter enorme donde seguro habían peleado antes los muchachos y en el fondo de él, la cabeza de un androide que había sido derrotado. La sangre se me heló cuando vi que los androides a los que ellos enfrentaban, no eran los que de mi época.


¡Gracias por sus lecturas! En esta ocasión, llegamos por fin al centro de mi historia (creo que no supe ordenar bien mis ideas, ja!) y en el próximo capítulo, Trunks verá por primera vez a la mujer que amó en su línea temporal, mientras que la situación de los Guerreros Z seguirá agravándose por la presencia de los androides y las demás sorpresas que el doctor Maki Gero tiene para ellos.

¡Los espero en el próximo capítulo!