*El fic original pertenece a HeartxOfxGold, yo solo lo traduzco con su permiso, obviamente.*


Única Excepción - Capítulo 11


Olaf suspiró al pasar frente a la puerta cerrada de la habitación de Elsa. Llevaba una semana encerrada allí, aislándose de todos; de Olaf y Kristoff. Ni siquiera asistía a clases y de alguna manera se las arregló para mover las cómodas de Olaf y Kristoff a las habitaciones de invitados sin que ellos se dieran cuenta.

Ella estaba apartando a todos… Al igual que en sexto grado.


Una versión bastante más pequeña de Elsa estaba en el sofá, en un atuendo más simple e infantil. Llevaba puesto un vestido azul que le llegaba a las rodillas. Se sentó en el sofá y puso su teléfono en su oído derecho, escuchando la voz del otro lado. Kristoff y Olaf iban y venían desde la cocina a la sala de estar. Llevaban comida en sus manos; chocolate caliente, pastel de chocolate, postres de chocolate y también algo de espaguetti. Una vez habían puesto toda la comida en la mesa de la sala de estar, miraron a Elsa con una sonrisa, pero no había ninguna sonrisa en el rostro de Elsa. En cambio, la tristeza y el desaliento comenzaban a destellar en sus ojos, y tanto Olaf como Kristoff lo notaron.

Elsa contuvo sus lágrimas que amenazaban con salir y mantuvo una sonrisa en todo momento. Una sonrisa despedazada. Una sonrisa de desolación que jamás debió surgir de su rostro en ese día.

"Está bien mamá y papá. Estaré bien… Después de todo me dijeron que tenía que crecer para valerme por mi misma" Dijo Elsa, mientras su voz se quebraba lentamente y sus lágrimas comenzaban a desbordar.

"Tambien los amo." La voz de Elsa se quebró y colgó de inmediato. La pequeña Elsa de sexto grado lanzó el teléfono al piso y subió corriendo las escaleras de la casa hasta llegar a su habitación, con pequeñas lágrimas cayendo por sus mejillas. Kristoff miró a Olaf con preocupación, y Olaf frunció el ceño. ¿Elsa estaba llorando y no quería celebrar con ellos?

Algo debió pasar en esa llamada telefónica, y un pequeño Kristoff en shorts de básquetbol y una camiseta amarilla habló.

"¿Elsa no quiere celebrar su cumpleaños?" Olaf suspiró y pasó una mano por su cabello, un hábito que estaba comenzando a adquirir.

"No lo sé, Kristoff." Dijo Olaf, dándose cuenta de que últimamente el humor de Elsa había estado triste y depresivo.

Lo que ellos no supieron sino hasta tres meses después fue que los padres de Elsa le habían dicho que no volverían a casa, tenían demasiado trabajo encima. Se habían perdido el cumpleaños de Elsa, la Navidad y el Día de Acción de Gracias.

No lo descubrieron sino tres meses después, sin saber que sea lo que haya pasado había afectado tanto a Elsa como para alejarse de todo el mundo por tres meses completos, sin reconocer la presencia de sus amigos, y sin salir ni una vez de su habitación.

Si no hubiese sido por la persistencia de Olaf y Kristoff, quién sabe cuánto tiempo habría estado Elsa encerrada, aislándose del mundo entero en su habitación.


Olaf suspiró y apoyó su cabeza en la puerta de Elsa, Kristoff estaba a su derecha. Elsa estaba encerrada otra vez y ya había pasado una semana. Una maldita semana en la que Elsa no había salido. Kristoff y Olaf ya habían pasado por esto antes, pero pensaron que Elsa lo superaría antes, ¡A penas conocía a Anna! ¿Por qué estaba tan triste? Ella y su grupo la habían atormentado por años, y con una noche cambiaron todos sus sentimientos hacia ella. Porque cuando lastiman sus sentimientos, ella se aísla de todo.

Esto era simplemente patético.

Kristoff gruñó y se levantó, alejándose de la puerta de Elsa cuando se dio cuenta de lo infantil que había estado actuando ella. Olaf, por otro lado, frunció el ceño mientras veía a su mejor amigo irse. Había algunas cosas que Olaf conocía en mayor profundidad respecto a Elsa que Kristoff. El chico suspiró y volvió a apoyar su cabeza en la puerta.

Elsa se enamoraba demasiado fácil. Era incauta cuando se trataba del amor, y podía caer en un abrir y cerrar de ojos.

Solo que se enamoró de la persona equivocada, ante los ojos de Olaf.

Olaf se levantó y se volteó para tener de frente la puerta de Elsa una vez mas. Olaf no podía ayudarla con esto, ella tenía que ayudarse a sí misma. En algún momento tenía que salir, ¿Verdad? Tenía que darse cuenta de que estaba perdiendo demasiadas clases, y lo mucho que sus amigos la necesitaban.

Así que Olaf se alejó de la puerta por primera vez. Se alejó de Elsa y la dejó sola.


Noviembre ya había llegado, y Elsa llevaba encerrada en su habitación un mes. Ya estaban en el segundo trimestre del año y Olaf se sentía que no podía dejar que Elsa fallara académicamente. Así que, todos los días después de práctica, Olaf regresaba a casa con las tareas de Elsa. Siempre les pegaba pequeñas notitas, mensajes que le pedían que saliera, que hablara con él sobre el problema. Kristoff ya se había calmado después de que Olaf le explicara que Elsa era una persona que se enganchaba fácil, y que no manejaba bien los rechazos. Kristoff lo comprendió y decidió dejarle comida a Elsa; Desayuno y cena, también almuerzos los días en que no tenían clases. Y cada comida que Kristoff dejaba a Elsa, ella la tomaba sin que ellos lo notaran, y entonces más tarde, un plato y un vaso vacíos reposaban frente a su puerta.

Aún cuando la temporada de básquetbol se estaba acercando, y ya empezaban a tener partidos de pretemporada, Kristoff y Olaf siempre se hacían tiempo para Elsa.

Olaf solía sentarse frente a su puerta, le contaba lo aburrida que era la escuela sin ella. Le contaba sobre cómo todos los profesores se irritaban con él y Kristoff por perder el tiempo en clases, diciendo que se comportaban mejor cuando ella estaba con ellos.

Cada vez que Olaf le daba a Elsa sus tareas, le pegaba una notita verde. Se convirtió en una rutina, Elsa solía devolver el trabajo terminado incluso antes de que el sol saliera. Y se convirtió en una rutina el que cada nota que Olaf deslizaba bajo la puerta volvía al otro día, sin respuesta.

Al menos seguía respondiendo bien académicamente, incluso sin asistir a clases. Esto, a los ojos de Olaf, era algo un poco descabellado.

De vez en cuando Olaf y Kristoff se sentaban juntos y hablaban a Elsa sobre sus vidas. Sobre la escuela y el básquetbol. Le contaban cómo habían sido sus prácticas, lo ridículo que era el entrenador, lo estresante que podía llegar a ser el hecho de cumplir la labor de capitanes del equipo, y lo cercano que estaba el primer partido de la temporada. Le hablaban como si ella estuviese allí, sonriendo y riendo junto a ellos. Imaginaban que Elsa estaba a su lado, simplemente riendo y respondiendo a sus momentos tontos y sus desvaríos.

Per eso nuca sucedió. Solo estaba en su imaginación. La realidad les daba una bofetada despúes de que se despedían y le decían 'buenas noches' a Elsa. Ella no estaba allí con ellos. No podían ver a Elsa; no podían sentir su aroma o ver sus ojos comprensivos. No la podían escuchar o ver, de ninguna manera. Al final, se dieron cuenta de que incluso si Elsa los escuchaba, no respondería. Es como si tuvieran un monólogo, como si le estuviesen hablando a la puerta.

Elsa no estaba allí con ellos y mientras los días pasaban con lentitud, Kristoff y Olaf olvidaron cómo lucía su mejor amiga. Cómo sonreía por sus estupideces, cómo estudiaba con ellos y les ayudaba en sus trabajos, y de cómo se levantaba temprano en las mañanas para despertarlos y hacerles el desayuno. Extrañaban el tener a su mejor amiga ahí con ellos. No era lo mismo sin Elsa; ya no eran los tres mejores amigos de la escuela.

Pero, Olaf y Kristoff, con sus corazones de oro, continuaron hablandole a su mejor amiga a través de la puerta cerrada porque sabían que ella los escuchaba. Que incluso si nunca les respondía o salía de esa habitación, los escuchaba. Y para ellos eso era suficiente como para saber que su amiga estaba allí, en algún lugar. Sabían que si se rendían, si la dejaban sola para que se aislara y nunca volvían a hablarle, los resultados no serían favorables.

Ella se volvería fría. Elsa ya no sería la chica cariñosa que sus dos mejores amigos conocían. Sería diferente. Se aislaría de todos y los daños serían difíciles de revertir. Sabían que el dejar a Elsa sola sería la prueba de que sus pensamientos eran verdad. Elos sabían que si ignoraban a Elsa, los peores miedos de la chica se harían reales, y quedaría traumatizada. Le tomaría años recuperarse de eso, lo sabían.

Jamás se rendirían con Elsa. Sus padres la dejaron por su trabajo, pero las familias de verdad jamás se rendirían. Y así, Olaf y Kristoff se sentaban uno al lado del otro, recargados sobre la puerta de Elsa y pretendían que todo estaba bien, que todo era igual que antes.

Cuando en realidad, todos estaban destrozados por dentro.


Anna gruñó y apoyó su cabeza contra la mesa de madera barata de la biblioteca. Desde que la temporada de porristas había terminado, Anna disponía de un poco más de tiempo libre, asi que decidió enfocarse en sus estudios. Tenía una necesidad, tenía ganas de ir y encontrar cierta chica rubia platinada y preguntarle sobre esa noche, pero Anna tenía que respetarla. Anna había notado que ya había pasado un mes. Se dio cuenta de que Elsa no había ido a clases en un mes, y comprendió que algo debía andar mal con ella. Asi que hizo lo único que creyó podía ayudarle. Deslizó una nota al interior del casillero de Olaf, sabiendo que el chico podía soportarla mejor que Kristoff. Le dijo que se encontraran en la biblioteca justo en ese momento, durante el receso del almuerzo. Y ahí estaba Anna. Estaba mirando el reloj, la ansiedad comenzó a invadirla mientras se sentaba en el escritorio.

Necesitaba respuestas. Las necesitaba ahora.

Anna vio a un chico moreno entrando a la biblioteca, mirando a su alrededor. Su camiseta de béisbol naranja con blanco ceñida a sus músculos y suspantalones cortos amarillos resaltaron. Anna se encontró con los ojos café mocca, entonces vio al chico moreno abrirse paso lentamente hacia ella y Anna vio el arrepentimiento en sus ojos.

El chico finalmente llegó y se sentó frente a Anna. Puso sus manos sobre el escritorio, sus dedos entrelazados los unos con los otros y respiró profundamente, mirando a la pelirroja, tratando de mantener su actuación relajada.

"¿Dónde está ella, Olaf…?" Preguntó Anna con algo de miedo en su voz, y Olaf la miró. Solo negó con su cabeza.

"Si eso es lo único que me querías preguntar, entonces me iré." Dijo Olaf, levantándose y tomando sus cosas. Anna se levantó también y lo tomó de la muñeca.

"Olaf, por favor. Mis sentimientos por ella… Son-" Anna fue interrumpida.

"Falsos. Son tan falsos como tu novio, tan falsos como tú." Dijo Olaf con desprecio, la frialdad se veía en su mirada. Entonces continuó.

"Está mejor sin ti, Anna. Sé que estás acostumbrada a obtener todo lo que quieres, pero, ¿No crees que tu vida la es lo suficientemente perfecta? ¿No crees que ya tienes suficiente? Haznos a todos un favor y déjanos en paz." Dijo Olaf con frialdad antes de zafarse del agarre de Anna y alejarse.

Anna se quedó allí, impactada y paralizada. Algo definitivamente estaba mal con Elsa. Y por mucho que Anna quisiera conducir hasta su casa y ver si se estaba ocultando allí, sabía que no podía. Sabía que no podía porque se dijo a sí misma que le daría tiempo a Elsa.

Anna miró la lista de eventos escolares en un enorme calendario en la biblioteca y sus ojos se enfocaron en el sábado. Este sábado. El primer partido de los chicos de básquetbol. Ella sabía que Elsa no podía perderse ese partido. Incluso si algo andaba mal en su vida, siempre estaba ahí para apoyar a sus chicos.

Así que Anna hizo que su meta fuera ir al partido, cancelar todo para ese día.

Necesitaba verla.


"Elsa… Nuestro primer partido será este sábado. Sé que últimamente has estado teniendo problemas… Pero Olaf y yo te necesitamos. Estaríamos felices si fueras a nuestro partido, significaría mucho para nosotros. O al menos, míralo por la TV." Dijo Kristoff en un hilo de voz, y no oyó respuesta del otro lado.

"Te extrañamos, Elsa… Yo y Olaf, incluso los chicos del equipo. Te extrañamos, y te necesitamos. Se siente distinto cuando no estás, y eso apesta. Por favor, ábrenos y déjanos entrar. Te ayudaremos, Elsa. Solo… Por favor." Kristoff sintió sus propias lágrimas asomándose por su rostro. Kristoff nunca lloraba; era demasiado fuerte para hacerlo. Aún así, Kristoff sonrió y dijo.

"¿Recuerdas cómo decía que yo nunca lloraría? Y entonces Olaf decía que si, lo haría, y tú respondiste empujando mi pecho con uno de tus dedos, diciendo que mi corazón era blando." Rió Kristoff, y seguía sin tener una respuesta. Sus lágrimas caían sobre la alfombra, pero mantuvo su sonrisa.

"Te amamos Elsa, sin importar qué. Siempre estaremos allí para protegerte, y jamás te dejaremos. Tú, Olaf y yo… Somos como un rompecabezas. Nos necesitamos el uno al otro para completarnos, y extraño como éramos antes… Antes de que te enamoraras. No estoy diciendo que sea tu culpa, pero nos gustaría que te abrieras y que nos dejaras ayudarte." Murmuró Kristoff y suspiró, su cabeza estaba apoyada en la pared de Elsa.

"El partido será en nuestra escuela… Comienza a las siete. Espero que estés allí, o que al menos nos veas por la televisión, así cuando volvamos a casa sabrás si estamos felices o no." Kristoff dejó salir una pequeña risa, recordando cómo Elsa siempre estaba allí para celebrar con ellos sus victorias, o animarlos después de la derrota.

Kristoff respiró profundamente, y decidió presionar su oido con suavidad contra la puerta, esperando una respuesta, al menos por un pequeño sonido… Nada.

Silencio absoluto.


Era sábado, Olaf y Kristoff cada uno tenía su bolso en su hombro izquierdo. Se preparaban para ir a la escuela a preparar el gimnasio para el partido de esa noche. Ya eran las tres de la tarde y tanto el rubio como el moreno estaban frente a la puerta de Elsa. Hoy era su primer juego, y sería diferente de todos los demás años. Todos los años anteriores desde la escuela primaria Elsa iba con ellos y les ayudaba a preparar el gimnasio y los apoyaba desde las gradas. Ahora, ella estaba encerrada en su cuarto, aislándose e intentando congelar sus sentimientos.

Olaf y Kristoff sabían que Elsa se estaba excluyendo de los demás para mantener sus sentimientos a raya, pero, el encerrarse en ella misma para controlar sus sentimientos prácticamente significaba congelarlos y eliminarlos, dejando solo a una Elsa descorazonada como reemplazo. Esa era otra razón por la que Olaf y Kristoff decidieron estar con ella y no rendirse. No dejarían que Elsa se volviera fría, ya había pasado una vez por culpa de sus padres, y les tomó un buen año de lenta recuperación para rescatar a Elsa, y de cierto modo, aún tenía escondido en algún lugar el dolor que le provocaron sus padres.

Olaf golpeó la puerta de Elsa con suavidad, y seguía sin tener una respuesta. Kristoff negó con su cabeza en dirección a Olaf, diciéndole que no comenzara con un discurso, considerando que Kristoff ya lo había hecho antes y ya estaban quedando cortos de tiempo.

Olaf captó el mensaje y en cambio le dijo a Elsa,

"Hey, ahora nos vamos. Llámanos si necesitas algo, ¿Vale?" Dijo Olaf con suavidad, y aún no había respuesta.

"Ambos te amamos, Elsa." Dijo Kristoff y nada. No había sonido. Era como hablarle a una pared, una pared que Olaf y Kristoff no abandonarían.

Kristoff suspiró y bajó la mirada, con un semblante sombrío. Olaf simplemente pasó su brazo alrededor del cuello de Kristoff y le dio una sonrisa mientras comenzaron a salir por el pasillo y a bajar por las escaleras de su hogar.

"Gana este partido por Elsa. Tenemos que pelear duro, y dar lo mejor de nosotros." Le dijo Olaf a Kristoff en voz baja. Kristoff dejó salir un bufido y asintió.

"Lo haremos."


Anna llegó al gimnasio y buscó cuidadosamente entre las gradas a la chica. Para su mala suerte, ella no estaba allí. Ella suspiró y miro hacia la cancha para ver a los dos equipos calentando. ¿Qué pasaba con Elsa? ¿Era su situación tan mala que ni siquiera fue a ver el partido? Mordió su labio inferior y decidió que, si ya estaba allí, quizás podría disfrutar del juego. Así que Anna se sentó en la primera fila de asientos cerca de la entrada, esperando que si Elsa llegase a venir, podría notarlo de inmediato.


Segundo cuarto del partido y solo quedaban cinco minutos, lo cual era bastante considerando que cada cuarto tenía ocho minutos. La tabla de puntuaciones iba treinta a veinticinco; su equipo iba perdiendo por cinco puntos. Kristoff y Olaf eran parte de los cinco titulares. Kristoff se abrió paso en la cancha haciendo fintas, sus piernas se movían veloces junto al balón. Cuando llegó al extremo, miró a Olaf; su camiseta verdiblanca estaba sudorosa y pegada a su piel, con el número dos en verde. Kristoff le dio un pase con rebote, y Olaf de inmediato saltó y anotó tres puntos, dejando a su equipo en desventaja por dos puntos.

La multitud enloqueció. Anna se levantó de su lugar y gritó; no sabía que los partidos de básquetbol podían ser así de divertidos, considerando el hecho de que se le había prohibido siquiera poner un pide dentro del gimnasio, a no ser que hubiera algún tipo de reunión o práctica de porristas en ese lugar.

Los puntos que acumularon eran en su mayoría de parte de la sincronización y comunicación entre Kristoff y Olaf, ya que la mayoría de las veces que Kristoff veía a Olaf libre le daba el pase, permitiéndole hacer sus infames tiros de tres puntos.

El equipo contrario pasó el balón a su escolta, solo para que este terminara siendo robado por un chico de camiseta blanca con el número uno en verde sobre su espalda; se trataba de Kristoff. Todos comenzaron a moverse al extremo de la cancha, y el equipo contrario intentó arrebatarle la pelota a Kristoff de un golpe, pero él era más rápido y astuto. Cuando alguien del equipo opuesto venía por su derecha, Kristoff hacía una finta rebotando la pelota tras su espalda y continuaba avanzando del otro lado, tratando de abrirse paso por el medio. Quedarse atrapado en un costado era como gritarles que te quitaran el balón, cosa que Kristoff aprendió tras años de jugar. Cuando Kristoff llegó al extremo de la cancha, notó que Olaf estaba libre y le dio un pase rápido.

Olaf iba a lanzar un triple cuando una enorme mancha roja se fue en su contra y lo derribó. Un fuerte golpe se escuchó y todos se levantaron de sus asientos para ver al jugador más grande del equipo contrario que había defendido el aro y robado el balón de las manos de Olaf, golpeándolo y botándolo de paso, sin que los árbitros lo notaran, probablemente debido a que la mayoría de los árbitros no siempre pueden identificar bien las faltas. El robusto jugador le pasó el balón a su escolta, y el balón siguió en juego sobre la cancha. Mientras tanto, Olaf estaba recostado allí, en el suelo, incapaz de moverse. Cada vez que intentaba levantarse, su pie derecho no se lo permitía. Mierda. La multitud que apoyaba al equipo contrario enloqueció cuando encestaron el balón. Justo después de eso fue cuando los árbitros notaron que Olaf estaba en el piso. Arbitros estúpidos y cegatones.

Los árbitros llamaron un tiempo libre y todos los jugadores en la cancha debían reportarse con sus entrenadores. Mientras tanto Olaf yacía ahí, retorciéndose de dolor mientras el instructor corría hacia él para revisar su lesión. Todos en la multitud estaban en silencio. Vieron al instructor mover levemente el tobillo derecho de Olaf, haciendo que éste se encogiera de dolor. El instructor frunció el ceño, y le pidió ayuda al entrenador. Él se acercó y ambos cargaron a Olaf de vuelta a la banca de su equipo. Todos estaban aplaudiendo al chico, como usualmente se hacía cuando alguien tiene que retirarse por una lesión. Cuando Olaf llegó, el entrenador lo bajó con cuidado, y le dio una sonrisa sincera mientras Kristoff le dio unas palmaditas sobre la cabeza.

"Jugaste bien, colega." Kristoff sabía que lo que sea le haya pasado al tobillo de Olaf, era algo serio. Olaf sonrió con tristeza a su amigo antes de que se acomodara para que lo inspeccionaran mejor. El partido era ahora más complicado con su mejor tirador fuera del juego y Kristoff tenía que ver la manera de salir delante de esa situación. Necesitaba ganar esto. El equipo necesitaba ganar esto por Olaf. Kristoff y Olaf necesitaban ganar esto por Elsa.


El tercer cuarto del juego estaba comenzando y Olaf era persistente en entrar al juego, pero el entrenador se lo negó. Ahora su equipo estaba quince puntos abajo, ¿Cómo serían capaces de remontar en tan poco tiempo? El equipo contrario pidió tiempo fuera y todos se agruparon. Kristoff corrió hacia el entrenador, con el sudor cubriendo rostro y camiseta.

"¡Kristoff! ¡Estamos a quince puntos de alcanzarlos! ¡Se concentran en ti y bloquean nuestros intentos! Tienes que abrirte camino." Gritó el entrenador y Kristoff dejó salir un suspiro. Había estado jugando el partido completo, y necesitaba un descanso. El tiempo entre cuarto y cuarto no era suficiente porque la intensidad del partido había aumentado durante la tercera parte.

"Entonces tendremos que hacer un espacio para que nuestro escolta pueda penetrar. Es eso, o que Sven y yo marquemos a su defensa." Dijo Kristoff y sonó la bocina que indicaba el fin del tiempo muerto. Los jugadores del equipo contrario volvieron a la cancha con sonrisas maliciosas en sus rostros, Kristoff apretó los dientes. No podían dejar la mala impresión de que su escuela era pésima al perder su primer partido.

Anna se volvió a sentar y vio cómo el juego continuaba. Nunca antes se había sentido tan emocionada durante un partido de básquetbol. Nunca antes se había sentido tan viva. Anna siguió mirando, y de manera simultánea, la bocina que indicaba el fin del tercer cuarto y la puerta a su derecha hicieron eco en el gimnasio. Anna se volteó y su boca quedó abierta.

Allí estaba Elsa.

Se había presentado en ropas bastante simples; solo una camiseta de tirantes azul marino y un pantalón deportivo blanco. Anna vio el cabello de Elsa hecho un desastre, y bajo sus ojos habían unas notorias ojeras. Anna quiso levantarse, despegarse de su asiento y correr tras la chica que no había podido alcanzar. Quería envolverla en un abrazo, tirar de ella y apretarla, y preguntarle dónde había estado el mes anterior. Y entonces, vio a Elsa correr en la dirección opuesta a ella, corrió hacia las bancas donde estaban todos los jugadores. Anna se levantó. Quería perseguirla, iba a hacerlo.

Hasta que vio a Elsa atrapar a Olaf en un apretado y apasionado abrazo. Entonces, la mente de Anna quedó en blanco.


"¿Te arrepientes?"

¡Si! ¡Por supuesto que me arrepiento de aquella noche, bobo! Fue tan tonto y sin valor." Hans bajó la mirada hacia su novia y no pudo evitar dejar salir una sonrisa malintencionada. Anna notó eso y lo miró algo confundida. Entonces, vio a Hans inclinándose hacia ella y capturar sus labios.

Anna dudó en un principio, sin saber si debía corresponder al beso o empujarlo por las escaleras y decirle que 'se vaya a la mierda' porque Elsa quería hablar con ella, pero pensó que si escogía la segunda opción, la gente podría juntarse a su alrededor preguntándose qué problema había entre la pareja de oro. Anna no quería enfrentarse a ese drama y de paso arrastrar a Elsa, así que le correspondió el beso.

Una vez Hans y Anna se había separado, ella se sintió enferma. ¿Por qué no había roto con Hans hace tres meses atrás? Anna no lo sabía. Estaba tan ocupada con todo que Hans estaba fuera de su mente durante ese tiempo. Ahora, desde que Anna tenía prácticamente todo el tiempo del mundo, quería romper con Hans, quería empujarlo por las escaleras en las que estaban y decirle que le gustaba alguien más. Hans le dio a su novia un abrazo repentino antes de irse caminando sin más. Anna solo lo miró con confusión mientras lo veía alejarse. Suspiró antes de voltearse, dispuesta a disculparse por la reciente escena y explicarse, pero ya no había nadie frente a ella.

El ceño de Anna se frunció mientras miraba a su alrededor buscando a la chica rubia. Entonces, la vio entre los brazos de Olaf y su corazón se rompió. Lucían tan… íntimos. Tan confortables y se veían como una bonita pareja, lo que incomodó de manera dolorosa a Anna. La pelirroja cambió su semblante al ver a Olaf levantar y llevarse a Elsa del estadio al estilo nupcial. Anna quería hacer eso por Elsa, quería estar con Elsa. ¿Por qué se fue tan repentinamente después de la llegada de Hans? Quizás Anna solo debía explicarle la situación.

Pero solo dejó salir otro suspiro, uno de frustración. No iba a correr tras Elsa. Quizás, solo quizás necesitaba más tiempo, y solo quería saludar, solo eso. Así que Anna se dio la vuelta sobre sus talones, y se devolvió al campo de fútbol, las cámaras destellaban sobre todos los jugadores.

Sin embargo, solo una imagen destellaba en la mente de Anna.


Kristoff tenía el balón en la mano y anotó un triple, haciendo que la multitud se volviese loca.

Kristoff comenzó a correr hacia la defensa, hasta que vio a una chica rubia en las bancas de su equipo, y se detuvo. Literalmente se quedó de pie allí, y lo derribaron antes de sacarle una falta por bloqueo. Kristoff les frunció el ceño a los árbitros y éstos permitieron que el que lanzó a Kristoff al piso tuviera dos tiros libres. Una vez el primero fue lanzado, se llamó a los sustitutos. Kristoff caminó fuera de la cancha y empujó a su armador de reserva a la cancha. El armador era un chico pelirrojo de ojos verdes. Sus ojos se abrieron de par en par y Kristoff solo lo empujó dentro, murmurándole que volvería pronto. El entrenador miró a Kristoff confundido mientras veía a su capitán correr al final de la banca y engullir al otro capitán y a su mejor amiga en un abrazo.

"No puedo creerlo… ¿Cómo?" Preguntó Kristoff, apartándose y mirando a Elsa a los ojos. No eran los ojos eufóricos e intensos a los que había mirado alguna vez, sino que ahora mostraban tristeza, pero aún así era mejor a que fueran totalmente inexpresivos. Kristoff sonrió y Elsa le dio una sonrisa triste.

"Bueno… De alguna manera necesitaba ver a mis chicos jugando, ¿No? Lo ví en la televisión, hasta que vi ese desagradable accidente y conduje hasta acá tan rápido como pude." Dijo Elsa, y la sonrisa de Kristoff se ensanchó.

Volvió a abrazar a Elsa.

"Por favor, ¡No vuelvas a asustarme de esa manera! Estaba preocupado de ti, Elsa." Susurró Kristoff en el cuello de su mejor amiga, y ella asintió, correspondiendo el abrazo de su sudoroso amigo.

"No prometo nada. Ahora vuelve a la cancha y gana este partido… Por Olaf y por mi." Elsa se apartó y le dio a Kristoff una pequeña sonrisa. No era una de sus sonrisas usuales, sino que era una más pequeña y triste. Kristoff sabía que el incidente le había pasado factura a la chica, pero estaba feliz de que saliera de su habitación.

Durante todo el partido, Elsa miraba a Kristoff anotando sus triples y armando jugadas precisas, anotando puntos junto a sus demás compañeros, cosa que les permitió ganar el partido.

Durante todo el partido, Anna frunció el ceño mientras miraba cómo Elsa se inclinaba sobre el hombro de Olaf, y cómo este envolvía a Elsa con su brazo, acercándola más. Aquella escena solo rompió el corazón de Anna, y cuando el partido por fin había acabado, salió disparada por la puerta.

Anna podía jurar que Elsa había sentido algo durante la noche de la fiesta de principio de año, pero quizás se había equivocado.