Enroque
#10
Por completo ensimismado en sus propias preocupaciones, el médico no prestó mayor atención a las palabras y muecas de su amigo, cuestión que quizá en algún otro momento podría haber encontrado de interés y, quizá, de utilidad. Sin embargo, en esta ocasión pasó por alto el que Izaya estuviera forzando a la mano derecha para tomar latas y botellas. De haberlo visto, Shinra se habría sorprendido de que no llegara a regar nada pese a la torpeza de sus dedos recientemente libres de vendajes.
Con el sonido metálico de una lata cayendo al suelo, Shinra se giró a su amigo y escuchó la parte final de lo que podría parecerle a un recién llegado una disertación formal. Pese a lo que había bebido, Izaya mantenía la misma expresión sería de un ponente y el tono adecuado. Aun así, lo que no le daba la imagen de uno es que se mantuvo jugueteando con una botella vacía mientras hablaba.
—... Yo lo llamo Shizuo, Shizu-chan y monstruo de manera indistinta, en realidad no me lo pienso mucho cuando paso de un mote a otro, aunque se crea lo contrario. Si pretendiera herirlo de verdad no lo haría con palabras, sino que movería los hilos de mis títeres, los del mismo Shizuo incluso. En cambio, él durante sus constantes despliegues no meditados de sinceridad, es decir, todo ese circo de gritos y refriegas habla todo lo que callaría de hallarse tranquilo... Cuando me llama Izaya sé que piensa en lo que "tuvimos" y en las mentiras que sólo él se cree y cuando me dice Pulga recuerda lo que realmente soy... Lo mismo es tu caso... Sí, honestamente sólo haría falta un poco de interés y la paciencia de querer observar con detenimiento para que lograran darse cuenta del hermoso campo de juego que todo humano tiene para su diversión. ¿Por qué todos no aceptan sus deseos por muy reprobables que éstos puedan parecer a ojos de los demás? Sí, serán odiados, temidos, pero uno no tarda en hacerse a la idea y todo desprecio se vuelve cotidiano y a veces imperceptible. Soy un monstruo, un cobarde, pero sincero casi siempre. ¿No es lo que me ha reclamado todo el tiempo? La pregunta sería ¿qué quiere escuchar de mí? ¿qué lo amo al punto de llegar a convertirme en un ser realmente malvado? Ja, ja. Yo querría saber de qué va eso de ser malvado o ser bueno... En su visión limitada e infantil, seguro que me catalogarán en lo primero, ¿no? Bueno, siendo eso lo más probable, me gustaría poder demostrarle que todo esto va siendo de mil colores y no en blanco y negro... Sí, colores oscuros en su mayoría, pero la variedad es una norma... ¿lo ves?
Al final, Shinra sólo logró formar una simple respuesta.
—No soy yo quién necesita oír eso.
Aquello a Izaya le pareció todo menos satisfactorio de modo que no continuó su monólogo.
Tch. Es una suerte que alguien como yo no pueda poner mayores exigencias a la hora de aceptar amistades...
.
.
.
Luego de que Shinra dijera que pensaba retirarse y levantado hasta alcanzar la puerta principal, Izaya lo detuvo.
Se acercó con paso inestable y a esa distancia, Shinra fue capaz de notar el rubor que le cubría las mejillas.
Suspiró con ligero fastidio, pero al reparar en lo singular de su situación estuvo a punto de reírse. Pero ahogó la risa; el informante logró mantenerse de pie y, sin saber nadie si acaso estaba consciente de sus propias acciones, avanzó otro poco.
De un momento a otro, Izaya tenía sus labios sobre los del médico. Sin duda, era un simple roce, pero no había otra forma de llamar a ese gesto si no era como un beso.
Shinra se sorprendió y abrió los ojos como platos. Tan inesperadas encontró las acciones de Izaya que no lo apartó de inmediato. A lo mucho llegó a ponerle las manos sobre los hombros.
Su aliento apestaba a alcohol.
—¿Izaya...? —Shinra logró poner al fin distancia en medio de los dos.
—Ah, perdóname, Shinra...
Sin previo aviso, Izaya vomitó a sus pies de forma tan aparatosa que, por unos instantes y aún siendo médico, Shinra se supo muy asqueado. Se apartó por instinto e Izaya no se movió de donde yacía encogido, con los dedos en torno al cuello.
—Creo que ya hemos terminado por hoy, Orihara-kun —dijo tras recuperarse de la impresión. Ayudó a Izaya a ponerse de pie y lo llevó al cuarto de baño.
Sin dejar de temblar y sudoroso, Izaya vació por segunda vez el estómago. Las arcadas que dio hicieron que todo su cuerpo se sacudiera y quejara.
—Aag... ¿por qué... por qué querría pasar alguien por esto...? No puede decirse que haya olvidado... en lo que nos metimos... para lo que me ha servido... Aag...
—Eso es cierto y debemos recordarlo. Tú mejor que nadie... —Shinra tuvo que guardar silencio, pues Izaya se había inclinado nuevamente sobre el inodoro—. En lugar de seguir "experimentando" formas de pasar el tiempo, tendrías que tratar de recuperar algo de peso... Eso y continuar buscando hasta dar con una forma de lograr que ambos la libremos en una sola pieza, o al menos así lo espero yo. Ah... si tuviéramos la opción de andar por el mundo sin cabeza como mi hermosa Celty... Pero no es así.
Izaya se limpió con el dorso de la mano e hizo lo posible por no reparar en el asqueroso sabor amargo que le había quedado en el interior de la boca. Obviando las divagaciones del médico y mientras se recuperaba del esfuerzo hecho, miró los dedos de la mano derecha, sus brazos e incluso los escuálidos hombros. Sí, Shinra tenía razón. Estaba en los huesos, famélico como nunca y, al igual que Shinra, tenía unas marcadas ojeras. En conjunto tan lamentable lucía que ni siquiera Shizuo en su peor momento hubiera sido capaz de ponerle un dedo encima.
—Hace rato, ¿por qué has pedido disculpas? —quiso saber Shinra con sincera curiosidad.
—Eso... por lo que tú quieras, no importa. Y dejen de darme la lata con eso de que estoy tan flaco que soy desagradable a la vista. Shizuo no deja de recordármelo y no necesito que tú le hagas coro. Créeme que no. Tú no duermes y yo no como, cada uno con sus problemas. ¿Qué? ¿Pensabas que no lo sabría? Pues sí que lo sé y, claro, todo es mi culpa. ¿Por qué no habría de ser mi culpa? Imagínate lo mala persona que debo ser si por más que trato amo a los humanos y ellos sólo me odian... ¡tendrían que amarme!
—Te conviene no seguir hablando, Orihara-kun. Dirás cosas que no querrías que se sepan. Sin duda, hay cosas que ni siquiera yo querré oírtelas decir. Lo que aplaudo es que la soltura no la pierdes nunca, ni estando... pasado de copas por decirlo con amabilidad...
Y no, no necesito imaginarme nada, porque lo sé de buena fuente.
—¿Cómo qué? Que toda mi vida no he buscado recibir el odio de Shizuo. Él lo sabe y tú también. Que no podré cumplir mi promesa para ti, Shinra. Seguro que ya lo has pensado. De hecho, ¿hasta cuándo planeabas contenerte? ¿querrías ya un desquite? Ja, ja. Yo no sé qué más hacer... Si no contamos los años que pasé a su servicio, les he compensado económicamente... eso tendría que contar...
—No creo que Shizuo lo sepa.
Izaya miró a Shinra directamente.
—Es un idiota, un idiota. ¡Un verdadero idiota! El idiota más grande que he conocido; aun cuando presumo de conocer a casi todos los que resultan interesantes en 'Bukuro. ¿Por qué uno podría terminar por encariñarse de un idiota tan grande? Ja, ja...
—No lo sé, pero no hemos podido evitarlo.
—Habla por ti.
Shinra no replicó.
—Ven, hay que bajarte la borrachera y evitar luego la resaca (aunque seguro que Shizuo sabrá lo que ha pasado aquí). Agua helada... sí, eso tendría que servir.
Demonios, Izaya. Te necesito en tus cabales... ¿Por qué has elegido precisamente...? Bah, ya volveré cuando seas el de siempre.
—Shinra... ¿has pensado que lo que realmente llega a impactar a uno no son los hechos si no las palabras con las cuales éstos son contados...? Quizá también importe quién sea el que hable... Ja, ja, ja... Shinra... Shinra... Últimamente me he dado cuenta de que a cada instante soy más como tú... Sí, sí... Eso es malo, muy malo ¿puedes imaginarte lo que podría suceder? Yo no... Yo no quiero saberlo... Sería interesante pero más de uno acabará muerto... Lo sé. Sería peor que... ¿que qué? ¿Animales muertos, dedos cortados, dientes arrancados a la fuerza... agujas...? No lo sé... ¿Es eso lo que no te ha dejado en paz? Ríete, ríete mucho y quizá te creas que no eres infeliz.
-o-O-o-
Aunque también se hallaba mareado, Shinra logró llevar a rastras a Izaya para luego tumbarlo en su cama.
—Izaya, en mí no encontrarás lo que buscas —el informante medio adormilado no mostró cuál opinión tenia al respecto.
Cuando hubo cerrado la puerta tras de sí, Shinra se recargó en ella.
El momentáneo estado de vulnerabilidad del informante no hizo más que ponerlo de los nervios. Pensó incluso en la manera en la cual debería llamarlo, pero se decidió que "Izaya" era lo más adecuado. Al final, eran amigos.
—Izaya, ¿si ya has llegado al punto de comenzar a desesperarte, como tendría que pensar yo que pinta nuestra situación?
A Shinra ya no le quedaba siquiera el consuelo de que Izaya dijera que la culpa la tenía él únicamente. Aunque lo intentara, era mentira y lo que resultaba más importante: ya estaban los dos hundidos hasta el cuello. Al momento de pensarlo, pensó también en Celty y creyó sentirse un poco mejor. Pero sólo un poco mejor.
Luego regresó a su departamento.
N. del A. ¡Espero que todos pasen una linda semana! ^ ^ ¡Besos y abrazos~!
Guest: ¿será que no puede bajar la guardia con la Pulga? Ya veremos si cambia con el tiempo... ¡Saludos!
