Buenas noches. Aquí traigo el capitulo 10. Es algo más corto que los anteriores, pero en mi opinión suceden un par de cosillas importantes. Lamento no poder contestarles los reviews, estuve muy ocupada esta semana y apenas me quedó tiempo de escribir. Espero poder acelerar el proceso pronto.

Resumen: Por supuesto que no esperaba más. Sabía que no le iba a dar lo que necesitaba, tenía después de todo un corazón negro. Sexo tal vez, pero hasta ahí. Y no le importaba, a final de cuentas. Pero, ¿Y si comenzaba a importarle?

Pareja: ZoroxRobin

Advertencias: Lime, lemon, no muy desarrollados. Tal vez lenguaje altisonante en algún capítulo.

Disc: One Piece no es de mi propiedad, sino del mangaka Eiichiro Oda. Escribo este fic sin fines de lucro, únicamente como entretenimiento mío y de quien se tome la molestia de leer.

Black, Black Heart

Capítulo diez: I'm rotting to the core

Zoro volteó la cara al percibir otra profunda mirada de odio por parte del cocinero de la tripulación. Negó con la cabeza, como retractándose.

-No me mires así, cejillas, no me refiero a eso. Quiero decir… que ya no sé que pensar. Ella es…- se sujetó la cabeza, no sabía como explicárselo al rubio- ella es…contradictoria.

Sanji soltó un suspiro, mezcla de fastidio, incredulidad y aceptación. ¿Quién en la vida le iba a decir que él iba a estar alguna vez ayudando al marimo en asuntos de pareja? Eso era una de las cosas más bizarras que al rubio le habían ocurrido en la vida pero bueno, ¿qué más daba? Adoraba a la arqueóloga y deseaba verla feliz, y mal que mal había terminado apreciando al idiota marimo como si fuera su propio hermano… molesto, estúpido, fastidioso, pero hermano al fin y al cabo.

De modo que comenzó a pensar de qué forma podía, de nuevo, ayudar.

-Primero que nada, marimo, yo puedo decirte que no creo que ella haya estado con otros hombres. A veces, cuando llegamos a las islas, salgo en las noches a beber un poco o solo a pasear, como tu. Ella también lo hace y hemos coincidido. Nunca la molesto, pero la verdad es que tampoco la he visto interesada en algún hombre. Llega a conversar con ellos pero no la he visto irse con nadie, y regresa al barco relativamente temprano.

Zoro lo miró de reojo, sin poder evitar una mueca de enojo.

-¿La espías, pervertido?

-No me hagas enojar, musgo, que ya estoy suficientemente encabronado contigo.

-¿Y conmigo porqué? Ella es quien no me deja acercarme- respiró profundamente- dices que no se va con nadie. Entonces debo suponer que el hijo que espera sí es mío.

-A mi no me cabe la menor duda- reiteró el rubio- ella no es una mujer sencilla de entender. Sin embargo es…tristemente marimo, ella es igual que tú; tiene su honor y sus límites. Solo sé, ensalada andante, que pelear por ella vale la pena.

Zoro bajó la vista al piso. La situación era inesperada. ¿Quién le hubiera dicho alguna vez que el rubio iba a ser tan comprensivo, amable y que además le iba a ayudar? Eso era como estar en un mundo diferente al que él conocía. Decidió, sin embargo, no pensarle demasiado. La ventaja era que el rubio solía ver las cosas desde un ángulo distinto al de él, de modo que era un apoyo invaluable en esos momentos.

Iba a decir algo más, a pedirle su opinión y alguna sugerencia de lo que debía hacer a continuación, pero los distrajo a ambos el sonido de unos pasos fuertes y firmes, por no decir que además, violentos, acercándose a donde estaban ellos. A continuación, desde la oscuridad, dos relámpagos relucieron y lo próximo que vieron ambos hombres fueron estrellas, y sintieron un dolor agudo en sus cabezas. El más afectado por los golpes resultó ser Zoro.

-¡Cabrón! ¡Desgraciado! ¡Hijo de puta! ¡Infeliz, bastardo!

Y los golpes no dejaban de lloverle al peliverde, mientras Sanji observaba lo ocurrido, sobándose el golpe en la cabeza y tratando de atar cabos.

-Nami swan…¿ocurre algo?

-¡Este infeliz! ¿No te bastó con usar a Robin y ahora la dejas embarazada? Tienes que responder por esto, ¡Imbécil! ¡Estúpido! ¡Hijo de perra!- seguía golpeando. Zoro, habituado y ya habiendo procesado la información, estaba en posición de loto y con los brazos cruzados sobre el pecho, soportando los golpes de la navegante uno a uno.

-Parece que es el día de "Juzguen y golpeen a Zoro sin oír su versión de los hechos". Ya que estamos en eso, ¿No me hicieron un pastel o algo?

-¡No bromees, esto es serio, marimo!- protestó Sanji- Nami swan…sé que sonará raro, pero escucha a marimo kun. Aunque no lo creas, tiene un buen punto.

Nami detuvo sus golpes y entonces los tres se miraron en completa confusión.

-¿Tú lo sabías?- preguntaron los tres al mismo tiempo, Zoro y Sanji a Nami, y ella a Sanji.

-¡Claro que lo sé! No fueron tan discretos como creían. Los vi una noche cuando se fueron juntos a tu cuarto- recalcó señalando al peliverde con el dedo índice- y le pedí explicaciones a Robin.

Los miró de forma acusadora y continuó.

-Y también sé que tienes por ahí una noviecita. Debería darte vergüenza, Zoro. Mira que utilizar de ese modo a Robin. Si ya tenías una chica, ¿Que necesidad había de que la usaras para desahogar tus instintos, salvaje?- y volvió a adoptar una posición amenazante, pero detuvo sus tentativas de ataque cuando vio los rostros desconcertados de sus nakama.

-¿De qué novia hablas? – pregunto el peliverde ofendido, más casi enseguida recordó que la misma arqueóloga le había referido algo así el día que se había atrevido a besarla y ella lo rechazó. En su cabeza la explicación fue tomando forma.

-¡Conmigo no trates de fingir demencia!- protestó la navegante soltándole una patada en la cabeza, cosa fácil pues él estaba sentado y ella de pie- ¡Yo los escuché hablar de eso la noche que se lo contaste a Sanji! Él sabrá si digo o no la verdad.

Sanji observó a Nami y negó con la cabeza.

-Usualmente te daría la razón, mi preciosa pelirroja- contestó en su tono galante de siempre- pero por desgracia creo que aquí hay una confusión. Cuando hablamos de eso, Zoro trató de ocultar la identidad de Robin-chwan, por supuesto que yo sabía desde el principio que hablaba de ella- le dio una calada a su cigarrillo, que había dejado un poco olvidado- Podría decirse que se trata de la misma persona.

Zoro le dedicó una mirada de desprecio a la navegante mientras ella, sorprendida, se tapaba la boca con una mano, y los miraba alternativamente a ambos conscientizándose de su error.

-¿De verdad me creías capaz de semejante cosa, usurera?

-¡Cuida tu lengua, marimo!- los dos comenzaron a discutir como era lo habitual, mientras la imaginación de Nami se disparaba hacia las posibles confusiones y revoltijos provocados por su indiscreción e impulsividad. Poco a poco se sentó en el piso, de modo que llamó la atención de sus nakama, que se quedaron suspendidos en un ataque a medias.

Ella volteó a ver a Zoro, sintiendo que se le salía el corazón por la boca. No podía formular una sola palabra.

-Lo…lo…siento- su voz comenzó a temblar en cuanto consiguió hablar- yo se lo conté a Robin…yo le dije lo que escuché… ella me dijo que estaba bien y que no le pasaba nada, pero…yo lo noté, ¡Ella estaba triste! Ella…ella sufrió por lo que le dije y… y… y por eso fue a la fiesta con esa ropa, y por eso la secuestraron….y por eso ahora ella está…ella esta…

Entender que ella podría ser la culpable de la desdicha de su amiga fue demasiado fuerte para Nami. Había muchas implicaciones ahí, entre ellas el daño hacia Robin, el maltrato que le había dado a Zoro últimamente, el boicot que había estado haciendo a su relación cada vez que había podido… Robin era tan clara con lo que quería, tan orgullosa si era necesario y tan independiente que era capaz de tener y criar a un niño ella sola antes que admitir que amaba a Zoro creyendo que él amaba a otra.

Poco a poco, contándose entre ellos lo que sabían, lograron tranquilizar un poco a Nami y reunir las piezas del rompecabezas. A Zoro le dio reparo contar algunos detalles porque después de todo estaban hablando de su intimidad y la de Robin, pero con lo que les contó fue más que suficiente para saber que todo aquel embrollo era resultado de una confusión. Lo más probable era que el bebé esperado por Robin fuera de Zoro y que todo aquello no fuera más que una pantalla para protegerse a sí misma, ya sea del rechazo, ya sea de una posible humillación.

Fingir ser una cualquiera y que no le importaba serlo, para aparentar fortaleza. Nunca ninguno de ellos había pensado en algo semejante.

-Pero hay algo que ninguno de ustedes ha tomado en cuenta- puntualizó Zoro, que no quería comenzar a hacer castillos en el aire- puede que el niño sea mi hijo pero, ¿qué gano con eso si ella no me quiere aceptar? Ella no me ama, y cada vez estoy más convencido de ello.

-Pues no lo sabrás hasta que le preguntes directamente- opinó la navegante- no está el asunto para que te pongas a adivinar.

Sanji se puso de pie y tomó a la navegante por los hombros.

-Creo que nos hemos metido lo suficiente- opinó mientras la empujaba a la salida- depende de lo que quieras hacer, marimo. Nosotros no te vamos a presionar- miró a Nami a los ojos, como pidiéndole que lo apoyara, luego volteó de nuevo hacia el peliverde- pero si necesitas nuestra ayuda para algo puedes pedirla.

Sabían que él necesitaba estar sólo en esos momentos, así que se fueron. Zoro se quedó toda la noche vigilando, a veces quedándose dormido, a veces simplemente viendo hacia la nada.

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Cuando Robin despertó al día siguiente, se levantó con pesadez. Quería tratar de enderezar un poco su vida y lo único que se le ocurría por el momento era intentar regularizar un poco su sueño, su alimentación, hacer un poco de ejercicio y permanecer calmada y tranquila. Todo fuera por su pequeño.

De modo que se vistió lo mas abrigada que pudo y como siempre, la rutina de todas las mañanas, ensayar un par de veces la sonrisa y cuando pudo hacerla más o menos natural fue cuando pudo salir de su habitación. Se respiraba una mañana fría pero normal. En cuanto se apareció en la cubierta, todos comenzaron a desvivirse por atenderla, le acercaron una silla, Sanji corrió a darle de comer, le ofrecieron una manta para que se cubriera del frío y Chopper comenzó a checarla. A ella le hizo gracia, el embarazo ni siquiera se notaba aún y aparte de uno que otro mareo, ella no sentía gran molestia.

El único que no se encontraba en cubierta en ese momento era Zoro. Ella siempre se percataba de su presencia o de su ausencia, de modo que sintió un vacío en el espacio cuando se vio rodeada de sus nakama sin el peliverde a la vista. Éste no tardó en aparecer, sin embargo. Se instaló a mitad de la cubierta a entrenar, como era habitual en el. Ignorándolos a todos categóricamente, se sumergió en sus rutinas exageradas sintiendo en su espalda las miradas de los demás.

Un poco más tarde, luego del almuerzo, Nami, Sanji, Franky, Ussop, Chopper y la misma Robin bajaron a la isla a hacer algunas compras.

Habían decidido que un bebé en el barco cambiaria sus vidas, cada vez más parecían una familia, y estaban dispuestos a darle tanto a la arqueóloga como al niño todas las comodidades que fueran posibles dentro del barco, y mejor comenzar pronto. Nami y Robin comenzaron comprando ropa de embarazo y algunas prendas para cuando naciera el bebé. Quizás tanta antelación no era necesaria, pero hacían cosas bastante artísticas en esa isla, por lo que era una pena no aprovechar su estancia para adquirir esas bellezas.

Por su parte, Ussop y Franky compraron algunas herramientas que iban a necesitar para las remodelaciones, aun les faltaba mucho que decidir, no sabían si debían ampliar el cuarto de Robin o de una sola vez hacer un nuevo cuarto para el pequeño que venía en camino. Por su parte, Chopper y Sanji buscaron libros con información sobre el proceso de embarazo. El cocinero quería saber qué preparar para que la arqueóloga se mantuviera perfecta y el bebé naciera en óptimas condiciones, y el doctor, a pesar de que sabía del tema, necesitaba ahondar un poco más. Nunca había atendido personalmente el proceso tan de cerca y estaba fascinado y emocionado, mas sabía que cargaba con una gran responsabilidad.

El resto de la semana hicieron el recorrido varias veces por la isla. Salieron de fiesta un par de veces, exploraron los lugares que no conocían de la ciudad, compraron cosas que necesitaban. Lo único que no varió en todos esos días fue la expresión de Zoro y el trato que se estaban dando él y Robin.

Indescifrable. Esa era la palabra aplicable al gesto que Zoro había mantenido en todo ese tiempo. El espadachín no mostraba expresión alguna y hablaba poco, y ellos que lo conocían tan bien, sabían que estaba pensando en algo muy serio. Por lo tanto nadie lo molestó, aunque su actuar resultaba perturbador hasta cierto punto.

Lo segundo era la forma en que Robin y Zoro se estaban comportando uno con el otro últimamente. Su nueva relación se parecía mucho a la vieja relación. Frialdad, distanciamiento, " espadachín san" y "mujer". Con la única diferencia de que Robin ya no le sonreía misteriosamente cuando volteaban a verse, es más, la mayor parte del tiempo actuaban como si ni siquiera fueran en el mismo barco.

Para cuando llegó el sábado de esa semana, Nami se percató de que el log pose estaba cargado, ya podían irse. Sin embargo necesitaban hacer unas compras más, así que después de consultarlo con sus nakama, decidieron entre todos quedarse y zarpar al día siguiente a medio día.

Cuando salieron a hacer las últimas compras, iban en una calle bastante transitada, cuando Robin sintió un fuerte abrazo de parte de una persona más pequeña que ella. Iba un poco distraída así que aquello robó su atención, no era la cosa más habitual del mundo ir caminando y que la abrazaran de la nada.

-¡Nico san! Estoy tan feliz de verla…

-¡Liena!- Robin la abrazó a su vez.

-¡Oh Nico san! Me alegro mucho de que sus amigos hayan ido por usted….debe estar muy feliz ahora.

-Lo estoy, Liena- confirmó Robin- ellos…cuidarán de mi, y han aceptado a mi bebé como nunca creí que sucedería- Robin sonrío, viendo a la joven de frente- pero dime, ¿Qué ha sido de ti en estos días?

Caminaron a unas bancas. Los demás se habían perdido de vista pero Robin sabía perfectamente regresar al barco en caso necesario.

-Pues…cuando murió Red san todos en la fortaleza estaban desorientados. Encontré el testamento de Salvatore sama…

La mirada de Liena era extraña, se notaba que había pasado por confusión o angustia.

-¿Qué ocurre?- preguntó ella, apretándole la mano cuando notó que la joven estaba nerviosa.

-Todo este tiempo…la verdadera heredera de Salvatore sama era yo. Como nadie conocía el testamento nadie sabia que Red san estaba usurpando mi lugar.

Robin le dio un abrazo. Liena lo aceptó y se separó con tranquilidad.

-Estaré bien. Al principio estaba confundida pero me he decidido a lo que debo hacer. Le daré otro uso a ese dinero. Por lo pronto, te costará creerlo pero los hombres de Salvatore sama creen en mi y me siguen cuando se los pido- suspiró- hay mucho que hacer. Pero confío en poder hacer algo bueno después de todo.

Robin se sorprendió de que ella no comentara nada acerca de cómo o porqué había muerto Red. En cierto modo se lo agradeció. Ella se sabía culpable, mas no le parecía que al mundo le hiciera falta alguien así. Además, no lo había matado por capricho, sino por defenderse, defender su secreto, defender su honor…y defender a Zoro. Si, lo había hecho. Había defendido a Zoro.

-Mañana a medio día partiremos. Ha sido un gusto conocerte, Liena.

-Para mi aun más, Nico san. No le perderé la pista, lo prometo. Escríbame a esta dirección- le extendió una tarjeta- compré una casa aquí y la habitué también como consultorio en lo que decido qué hacer con la fortaleza y todo lo demás.

-Fabuloso. ¿Has pensado en poner un hospital? No he visto uno por aquí.

-Sí, lo he considerado- sonrió- mucha gente tiene que viajar a las islas vecinas para poder ser atendidos cuando hay casos urgentes. Aquí se centran tanto en el turismo que a veces se olvidan de cosas importantes.

-Será una noble tarea, entonces, Liena. Espero que todo lo que hagas a partir de ahora te salga perfectamente.

-Le deseo lo mismo, Nico san.

Ambas mujeres se despidieron por ultima vez tras una nueva promesa de mantenerse en contacto, y Robin regresó al barco por si misma ya que no logró encontrar a sus compañeros.

En el barco no se veía ni un alma, pero al poco tiempo llegaron sus amigos y el día terminó de marchar como debía. Se fue a dormir relativamente temprano. Estaba algo cansada y la verdad era que no tenía demasiados ánimos de seguir despierta en la cubierta, aunque estuvieran en una de esas fiestas que tanto les gustaba hacer a sus nakama. Al ir rumbo a su cuarto tuvo una sensación extraña que fue aumentando casi con cada paso que daba. Era como si estuviera siendo observada o perseguida. Tuvo ganas de volver corriendo a la cocina, pero eso hubiera sido estúpido, extraño, impropio de ella. Así que siguió avanzando.

Finalmente llegó a su habitación. Estaba oscuro así que encendió un lámpara. Casi salta hacia atrás, había alguien en su cuarto, pero no pasó ni un segundo para que se diera cuenta de que se trataba de Zoro. Estaba sentado en el suelo, recargando la espalda en la cama. Una de sus piernas estaba flexionada contra su pecho, ahí descansaba su antebrazo mientras con el otro se apoyaba en el piso. Sus katanas descansaban amarradas a su cintura.

Se quedaron viendo uno al otro sin decir nada por varios segundos.

-¿Se…puede saber qué haces aquí, Espadachín san? Lo mejor será que te retires. Voy a descansar.

Zoro se puso de pie y caminó hacia la puerta. Robin respiró profundamente cuando pasó por su lado, aspirando, quizás con un deseo inconsciente, la profunda y masculina esencia que emanaba del cuerpo de su compañero. Cerró los ojos con resignación pensando que él haría caso de su súplica y que se iría, sin embargo lo siguiente que escuchó fue que le estaba echando el pestillo a la puerta para asegurarla por dentro.

-A mi no me vengas con esas. Estoy harto de tus rarezas y de tu ambigüedad.

Robin no supo qué contestar a eso. Le daba la espalda, no podía ver lo que pasaba por su rostro y no lo quería saber. Todos sus músculos se sentían dormidos. Cerró sus puños sobre la tela de su pantalón. Se mordió los labios.

Las manos de Zoro la sujetaron por los hombros. No la obligó a voltear hacia el. En cambio, acercó su cuerpo al de ella, suavemente, lentamente, pasando sus brazos por debajo de los de ella, cruzándolos sobre su estómago, Escondió su cara en el cuello de la morena, que no logró resistirse a inclinar la cabeza hacia un lado, dejándole espacio.

-¿Ves? A eso me refiero- susurró contra su piel, provocándole un estremecimiento instantáneo cuando su aliento chocó contra ella- no sé a quien hacerle caso, ¿A tu cuerpo, a tus palabras, a tus ojos, a tu piel? Cada uno me dice algo diferente…

Robin cerró sus ojos con fuerza, no tenia forma de contestar a eso. En cambio sus manos sujetaron las de Zoro que se cerraban sobre su estómago, una caricia rápida y luego un intento débil e infructuoso de obligarlo a retirarlas. Sus ojos estaban cerrados fuertemente, ella trataba de respirar. Solo respirar, ¿era mucho pedir?

-Así que llevo días pensando qué hacer. Pero nada me parece adecuado. Mi decisión era resolverlo hoy.

Sentía cómo las manos de la morena trataban débilmente de retirarlo, también el suave aroma a flores manando del el cuello que tenía completamente a su merced, bajo sus labios, al servicio de su voz y de sus caricias.

-Porque nos vamos de esta isla. Aquí empezó todo.

-No es así- interfirió cuando pudo decir algo para corregirle- aquí no comenzó.

-Quiero decir- subió su rostro hacia su cabello, apretándose un poco más contra ella, disfrutando el temblor casi imperceptible, únicamente notorio para alguien como él que podía apreciar cada mínimo cambio en cualquiera de sus victimas- que en esta isla me di cuenta de todo lo que siento por ti. Todo lo que tú provocas en mi, aunque no quieras corresponderme.

Robin dio un poco más de fuerza a sus manos pero ni así era capaz de obligarle a que le soltara. Peor aún, sabía que si trataba de hacer florecer más manos para empujarle, estas reaccionarían por cuenta propia y sucumbirían ante sus deseos. Y eso era lo que más le aterrorizaba. Sus verdaderos deseos.

-Así que…me he aburrido de esperar. Necesito que tú me lo digas, ¿Qué debo hacer?- preguntó mientras sus manos se deslizaban, acariciando su costado, una de ellas subió por el brazo moreno y la otra descendió suavemente por una de las piernas de la arqueóloga. Ella comenzó a moverse incómodamente, tratando de resistirse, sin embargo ninguno de sus intentos era suficientemente fuerte, ni tenía la voluntad. Zoro comenzó a desesperarse, así que la volteó y la abrazó con fuerza mientras la besaba de forma totalmente invasiva, con una mano sujetándole el rostro y el otro brazo firmemente cerrado alrededor de su cuerpo. Robin parecía estar debatiéndose entre corresponderle o no, apretaba los labios, se relajaba, trataba de cerrarlos, su lengua buscaba la de Zoro, luego la rechazaba, sus manos le acariciaban los brazos, luego trataba de empujarlo.

-¿Qué debo hacer? ¿Me quedo, me voy?- preguntó sin dejar de abrazarla y sujetando su rostro firmemente, con su frente pegada a la de ella- si quieres que me aleje, dímelo con claridad.

-¡Te lo dije una vez!- contestó ella, volteando la cara- pensé que te había quedado claro.

Zoro volvió a tomarle el rostro y a besarla profundamente, dando paso de nuevo a una batalla entre sus bocas, sobre todo la de ella que se debatía al mismo tiempo contra Zoro y contra sus propios deseos y miedos.

-Tú me buscaste después- dijo separando sus labios únicamente para permitirse decir esa frase y seguirla besando.

Robin consiguió que le soltara, y aunque no se alejó, bajó un poco el rostro, tratando de dominarse, de recuperar el aire que se había escapado de sus pulmones por completo. No comprendía, ¿qué quería de ella?

-Te lo expliqué…sólo quería…

-¿Pagarme el haberte salvado? ¡No era la única forma en que podías hacerlo! ¡¿No pudiste sólo darme las gracias?! ¿Por qué te me entregaste de nuevo? ¡¿Por qué me dejaste creer que estábamos haciendo el amor cuando el único que estaba haciéndolo era…?!- se miraban a los ojos, sus rostros tan cerca. Zoro volvió a pegar su frente de la de ella sin soltar su rostro- Sólo dímelo. Dime que me vaya y lo haré. Dime de nuevo que no vuelva a tocarte y no volveré a hacerlo. Pídeme que te deje tranquila y no pensaré siquiera en insistir. Dime que no me amas, que me odias y aceptaré sin decir absolutamente nada. Dime que el hijo que esperas no es mío. Dímelo mirándome a los ojos, y si puedes hacerlo, te creeré y haré lo que me digas.

La sujetó de los hombros, se separó y esperó a que ella lo mirara. Robin lo hizo. Sacando energías de quien sabe donde, enfocó sus ojos hacia los de él. Sintió un nudo en su garganta, respiró profundamente.

Era fácil. Lanzarse a sus brazos, besarlo, dejarse llevar por sus caricias y sus besos, aceptar sus palabras. Ser feliz.

Era fácil, muy, muy fácil. Entonces, ¿Por qué no podía hacerlo? ¿Porqué no podía?

-Vete. No vuelvas a tocarme. Déjame tranquila, yo no te amo. Y el niño que espero no es tu hijo. No…no lo es. Vete. Vete, por favor.

Zoro asintió. Se inclinó un poco y se permitió rozar sus labios con los de ella, por última vez.

-Haré como si nada de esto hubiera pasado. Te lo prometo. Seguiré cuidando de ti, como tu nakama. Pero te prometo que nunca volveré a insistir.

La soltó y salió de la habitación. Robin se mantuvo de pie hasta que escuchó la puerta cerrarse. Luego se sentó sobre la cama cuando no pudo sostenerse con sus piernas. Apoyó sus codos sobre sus rodillas y se cubrió el rostro con las manos. Se estremeció cuando la puerta volvió a abrirse. Trató de reponerse pero no logró ocultar sus lágrimas de la siempre alerta mirada de Nami. La navegante se abrió paso dentro del cuarto pero en lugar de sentarse junto a ella, de abrazarla como usualmente lo habría hecho, se quedó de pie frente a ella, que no volteó a verla.

-No deberías llorar. Le hará daño a tu bebé.

Robin tembló aún más.

-Me equivoqué. Zoro nunca tuvo a otra, la persona de quien hablaba con Sanji, no era otra más que tú. Solo quería evitar que Sanji se enterara de todo, por eso nunca le dijo que hablaba de ti. Lo lamento mucho, siento mucho si tengo la culpa de algo.

-No importa nada ahora. No importa.

Nami se dio la vuelta. Pero volvió a voltear hacia ella. Sabía que no era de su incumbencia, sin embargo se animó a preguntar.

-Zoro te ha dicho que te ama. Tú también lo amas. ¿Por qué no lo aceptas?

Robin no contestó. No levantó la vista, no reaccionó.

-Lo siento, no es mi asunto. Por favor, piénsalo. Hasta mañana- se despidió. Sabia que desearle un buen sueño hubiera sido casi como burlarse así que se limitó a eso.

Salió de la habitación y hasta que no se fue, Robin pudo contestar a esa pregunta.

-No le creo…- se limpió las lágrimas- no quiero creerle…no puedo creerle…

Y se envolvió dentro de si misma, de nuevo, cerrándose por completo dentro de ella, concientizándose de que lo había hecho…rechazarlo le parecía aún más difícil que aceptarlo y sin embargo lo había hecho con toda la tranquilidad del mundo. Bueno, en realidad no. Casi podía jurar que su corazón se detuvo cuando se escuchó a si misma decir esas palabras que Zoro quería que le dijera…más bien, que Zoro esperaba escuchar para dejarla tranquila si era lo que ella quería. Pero no era lo que quería, maldición, deseaba su insistencia, deseaba su fuerza, su violencia, su dominación, su decesión, pero sobretodo deseaba seguir sintiéndolo con ella… a su lado, protegiéndola, tocándola, bebiendo, acariciando, adorando y amándola a ella, solamente a ella.

Pero no quería sufrir más…no deseaba llevarse una decepción. No quería sufrir.

La única vez que alguien había afirmado amarla….había pasado por la peor de las traiciones que una mujer podía sufrir.

No creía que Zoro fuese a traicionarla alguna vez de aquel modo… pero su corazón había quedado demasiado débil y lastimado en ese aspecto. No tenía valor para arriesgarse de ese modo, para entregarle de nuevo su corazón a alguien. Pero dolía. Dolía mucho no poderlo hacer.

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Zoro entró a una bodega y tomó una botella. Comenzó a beber, sentado en el piso.

-Creo que…hiciste lo correcto, marimo.

-Cállate.

-No te preocupes, no molestaré- Sanji se sentó a su lado y tomó una botella para él- pero mi oferta sigue en pie. Si alguna vez quieres mi ayuda para algo…

Sanji dejó en el aire la conclusión a esa propuesta. Zoro asintió en acuerdo y ambos bebieron en silencio hasta tarde.

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Liena terminaba de ordenar su nuevo y lindo consultorio cuando alguien tocó a su puerta.

-Qué extraño- se dijo mientras iba a asomarse- ¿quién será?

Al abrir la puerta se encontró con algunos de los hombres de su padre. Uno de ellos se le acercó con respeto.

-Liena sama…venimos de la guarida.

-Sí…puedo verlo…pasen, deben estar muriendo de frío. ¿Qué ocurrió?

-Llevamos 4 días de viaje, Liena sama…- explicó el hombre mientras el y sus compañeros tomaban asiento en la sala- desde que los túneles colapsaron…

-Sí, lo sé, yo misma pasé por ese viaje, recuerden…

-Señora… Red sama…hicimos el viaje para buscarla porque en medio de las reparaciones que usted nos mandó a hacer…

Liena se asustó al escuchar nombrar a su hermano.

-¿Qué pasó?

-Su cuerpo ha desaparecido… no tenemos explicación alguna, antes de nosotros nadie había salido de la guarida, y revisamos el lugar de arriba abajo… desapareció por completo.

Liena se puso de pie de golpe. No podía ser. Red estaba…retorcido completamente, herido de forma muy grave…nadie podía sobrevivir a algo semejante…no…

¿Sería posible? ¿Sería posible que ese mítico entrenamiento al que se había sometido le diera el poder de hacer semejante cosa?

No…no podía ser.

No podía ser…

Continuará…

Tal cual. Aquí como siempre haciendo las cosas más difíciles de lo que ya son. ¡Y es que lo son! A veces admitir un sentimiento o un dolor es mucho más difícil que negar que lo sientes. Si lo sabré yo. ¿Me estaré proyectando dentro de mi propia escritura? Tal vez. No lo sé.

Muchas gracias por sus reviews, me hacen muy feliz al compartirme su opinión y sus sugerencias. Reitero mi deseo de contestarles lo más pronto posible. Espero tener tiempo pronto.

Saludos.

Aoshika October