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CHAPITRE DIX
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Más tarde esa noche, Blaine caminaba por las calles laterales de Montmartre con el brazo extendido y doblado, mientras que Simone caminaba junto a él, lcon a sombrilla sobre el hombro. No hablaban, no había palabras que necesitaran ser dichas.
Lentamente se puso el sol, proyectando una luz en escala de grises a través de la hermosa ciudad, la ocasional mancha o lámpara de calle interrumpiendo la luz apagada con sus iluminaciones naranjas.
Kurt no podía recordar un momento en el que se sintiera más cómodo que cuando estaba al lado de Blaine. Caminaba tranquilamente con el joven, de vez en cuando robándole miradas.
Cada vez que sus miradas se encontraban accidentalmente, ambos miraban con timidez, sonriendo y ruborizándose.
Había una gran plaza en Montmartre donde los artistas desconocidos de París se reunían Por una cuota hacían algunos de los más bellos dibujos de personas y amantes de la ciudad. Cuando Simone y Blaine se acercaron a la plaza, la joven jugueteó con su nuevo collar. Vieron a algunos de los artistas empaquetar sus artes y lienzos para la noche.
Simone se detuvo detrás de un artista que apenas estaba terminando un dibujo de la zona de los alrededores y estaba listo para empacar sus cosas.
- ¡Oh Dios mío! – Dijo débilmente, contemplando el espléndido dibujo de carbón. ¡Es precioso!
- Merci Mademoiselle (Gracias señorita). – El joven artista sonrió suavemente, mirando de nuevo a la mujer. Simone acercó a Blaine, pidiéndole que mirara hacia el boceto.
Blaine miró, podía hacer mucho más que eso, aunque no lo dijo, simplemente felicitó al joven en francés sólo para darse cuenta de que éste estaba mirando a la hermosa mujer con asombro.
- Pardonne-moi. (Disculpe) – Dijo, mirando a Blaine antes de ver de nuevo a Simone, quien examinaba los detalles de los árboles en el fondo. – ¿Peux je tirez s'il vous plaît votre Dame? (¿Puedo por favor retratar a su señora?)
Blaine miró con los ojos bien abiertos cuando el artista preguntó sin rodeos dibujar sólo a Simone. La mujer se ruborizó y él se sintió extrañamente celoso ante los pensamientos de otro hombre dibujando a su musa. Sin embargo, observó que ella sonreía ampliamente, y asintió.
- Por supuesto. – Respondió ella, y el artista, el señor Thompson, sonrió, le tomó la mano y se la besó, causando que un rubor caliente se elevase en las mejillas del diseñador.
David quería dibujar a esta impresionante dama, y se sentó detrás de un lienzo en blanco, esperando a que estuviera lista.
Simone se sentó sobre un pequeño asiento de piedra con las manos suavemente apoyadas en su regazo, una sombrilla sobre el hombro. Detrás de ella, Blaine estaba junto a unos pasamanos de hierro mientras las ramas desnudas de los árboles se deslizaban por encima del marco de la mujer, causando algunas sombras interesantes para resaltar sus rasgos finos.
David dibujó a la joven y ella se quedó milagrosamente quieta, sonriendo suavemente, como si supiera algo que el artista no, recordándole a Blaine a la Mona Lisa de alguna manera.
El joven diseñador la admiraba con tanta intención como David, sus ojos persistentes sobre su cara magnífica. Era tan diferente de cualquier mujer que había conocido antes, tenía rasgos fuertes. Sus ojos eran suaves y delicados, pero su nariz afilada y la forma de su rostro le daba una mirada de confianza sin siquiera intentarlo. Sus labios eran suaves y nunca habían esbozado una sonrisa tan cálida como la que tenían en ese momento.
La expresión del rostro de David era de pura concentración mientras miraba a la joven con atención, examinando todos los aspectos de sus hermosas facciones. Blaine se limitó a observar, de vez en cuando caminando y parándose detrás del artista aficionado. El chico tenía talento, pero carecía de disciplina en sus dibujos.
Aunque el retrato se veía bien, no se parecía a Simone, no captaba su belleza única o su fuerte presencia. Aun así estaba impresionado, y permanecieron allí durante más de media hora hasta que el farol fue la única luz y el joven terminó su dibujo.
- Voilà. (Listo). – Dijo mostrando la pieza a la joven, quien se quedó sin aliento y sonrió ampliamente.
- Es bonito. – Sonrió halagada, aunque el dibujo no se parecía a ella y desde luego no se parecía a Kurt.
Blaine metió la mano en el bolsillo para pagarle al artista, pero éste se sonrojó y sacudió la cabeza, sonriendo. Le dijo al diseñador que no era necesario antes de que su sonrojo se profundizara, y miró el dibujo, murmurando en francés, pidiendo a la mujer hermosa si podía conservarlo.
Simone se rió suavemente y se levantó, alisando su falda y caminando. Ella puso una mano sobre el hombro de David, diciéndole que por supuesto podía quedarse con el dibujo y luego lo besó en la mejilla, haciéndolo sonrojarse.
Blaine miró a la mujer dando las gracias al artista y rápidamente la alejó, caminando enérgicamente sobre los adoquines. Simone se echó a reír al notar que éste estaba teniendo un ligero arrebato.
- ¿Sucede algo? – Preguntó ella, apoyándose en la mejilla de él mientras su cálido aliento se desplegaba sobre la oreja de éste, y se acercaron a los escalones de Montmartre, que lucían mucho menos intimidantes cuando los miró.
- Blaine la observó incapaz de detener la pequeña sonrisa cuando vio la expresión casi descarada en su rostro.
- No recuerdo haber recibido un beso. – Dijo con una pequeña sonrisa, y la mujer se echó a reír, de repente entrelazando sus dedos enguantados con los de Blaine y deteniéndose en la parte superior de los escalones prácticamente vacíos. Se detuvo por unos instantes, sosteniendo el paraguas sobre su hombro y acercándose a él, sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa.
- Pobre chico. – Hizo un puchero en broma, frunciendo los labios, y el corazón de Anderson comenzó a latir con fuerza al darse cuenta de que realmente iba a besarlo.
Se quedó quieto, sin moverse, con miedo a reaccionar en caso de que se asustase de nuevo, pero tan pronto como sus labios estuvieron cerca de los suyos, ella repentinamente se alejó con una carcajada y comenzó un rápido descenso por las escaleras, corriendo ágilmente a pesar de las botas con los pequeños tacones.
Blaine fue sorprendido por su truco sarcástico por unos instantes antes de que negase con la cabeza y se riera, corriendo tras la mujer joven cuya risa estridente resonó a lo largo del tramo vacío.
Simone trató de mantenerse a la cabeza del joven diseñador quien se precipitó por los escalones de dos en dos, alcanzándola mientras se tambaleaba sobre una plataforma de piedra sólo para sentir los brazos de él envolviéndose alrededor de su cintura, levantándola del suelo.
Kurt se rió, olvidando momentáneamente la forma en que las manos de Blaine lo tocaban íntimamente cuando éste lo levantó y lo hacía girar, así que se echó a reír y se aferró al sombrero.
La alegría del diseñador resonó en la zona de otro modo silenciosa antes de dejar a la hermosa mujer fuera de su alcance, así que ella se tambaleó y se rió entre dientes, teniendo que sujetar su brazo como apoyo, con las manos envueltas alrededor de los codos en un agarre inusualmente fuerte.
- ¡Oh Dios mío! – Se rió apoyando la frente sobre el hombro de él mientras sus manos tocaban su espalda, sus hombros rebotando por la risa, y poco a poco sintió como iba disminuyendo junto con la de Blaine.
Permanecieron allí durante algunos segundos, prácticamente sosteniéndose el uno al otro. De repente Kurt se dio cuenta de los fuertes e irregulares golpes de su corazón. Tragó con fuerza y cerró los ojos.
- S-su-supongo que deberíamos irnos… – Dijo, aunque no hizo ningún movimiento para marcharse, especialmente cuando la mano de Blaine descansaba sobre su espalda baja. – Se está haciendo tarde…
No hubo respuesta, Blaine movió su rostro por lo que su nariz rozó el cabello castaño y aspiró el olor picante de la vainilla.
Los pesados ojos de Kurt se cerraron y prácticamente se aferró al diseñador, amando la cercanía, pero entonces éste se retiró lentamente.
- Es bastante tarde. – Dijo suavemente, sonriéndole mientras le apartaba un mechón de cabello de la frente, metiéndolo detrás de su oreja. A continuación le tazó la mejilla, sintiendo que se calentaba físicamente bajo su agarre, pero retiró sus manos y se acercó al lugar donde había desechado su bastón con el fin de levantar a la mujer fuertemente constituida.
Simone se estaba arreglando, todavía ruborizada y sosteniendo la sombrilla contra su pecho mientras miraba al diseñador y se alejaba sonriendo. El joven iba siguiéndola mientras bajaban en silencio por los escalones, de nuevo robándose miradas y sonrisas dulces.
Blaine llevó a la joven a su casa, aunque odiaba dejarla en un distrito tan horrible. Llevó el coche hasta la morada, y ella miró para ver el parpadeo de la iluminación del fuego dentro.
- Samuel está en casa. – Dijo suavemente mientras Blaine bajaba para abrirle la puerta.
El diseñador se preguntaba si tal vez Samuel no hubiese estado, ella lo habría invitado a entrar. Sin embargo no expresó su opinión, pero mientras avanzaban a lo largo de la calle una pelea de borrachos estalló. Deseaba poder llevarlade regreso a su casa, simplemente porque la zona era mucho más segura, pero por ahora se aseguraría de escoltarla hasta el interior.
- Simone… – Expresó mientras caminaba al lado de la mujer. – Samuel… ¿él es su…?
- Él es mi mejor amigo. – Kurt se mordió el labio cuando supo que había estado abusando de esa amistad. El pelinegro le dio una mirada interrogante. – Él es…
- ¿Eso es todo? – Preguntó. Sólo necesitaba saber que la mujer hermosa no estaba jugando con él. Se detuvieron frente a la casa y Simone miró el gran edificio en el que vivía.
- Samuel… es homosexual, Blaine. – Él la miró y asintió con la cabeza lentamente. Kurt notó la mirada incómoda en sus ojos. – ¿Eso no es un problema… o sí?
El diseñador sacudió la cabeza con rapidez. – No, no, eso es perfecto. – Tomó su mano y le besó los nudillos. –Es menos competencia.
Kurt se sonrojó con locura. ¡Oh, sí Blaine supiera…!
- Bueno… Debería irme. – Kurt dijo suavemente y lo miró. Se quedaron cerca durante algunos segundos. – Lo pasé muy bien… Gracias.
Blaine sonrió, teniendo todavía su mano entre la de él. – Me lo pasé de maravilla, Simone. – Sonrió, y de repente se dio cuenta de lo cerca que estaban parados. La mujer estaba mirándolo de una forma que hacía que el calor inundara su cuerpo. – Un… momento realmente… muy… muy bueno.
Ella asintió, cerrando los párpados un poco y se inclinó más cerca de él, haciendo que sus mejillas se ruborizasen.
Estaba fresco fuera, pero el cálido aliento de Simone abanicó los labios Blaine y él se sintió mareado, el aroma de vainilla que lo rodeaba así como la mano que no sostenía se apretó contra su pecho. Quería cerrar los ojos, inclinarse y besar a la joven, pero estaba atónito, quieto y en silencio.
Mantuvo los ojos abiertos y vio como ella se acercaba y se inclinaba hacia él, presionando sus delgados pero tan suaves labios contra los suyos. Jadeó y sus ojos se abrieron pero no reaccionó en ese momento. Sólo permitió que sus ojos parpadeasen y luchó para no gemir mientras avanzaba para que sus labios se juntasen suavemente, sin lengua o movimientos, sólo el toque tierno de la carne suave y rosada.
Ellos encajaban tan perfectamente, como si estuvieran moldeados simplemente para estar juntos. Los fuegos artificiales iluminaron el interior del cuerpo de Blaine y se sintió un poco sin aliento y abrumado por una acción tan tierna. Cuando Simone retrocedió lentamente, sonrojándose suavemente y sonriendo, sintió su corazón latir violentamente contra su pecho.
- Buenas noches, Blaine. – Simone dijo en un tono suave y sonrió gentilmente, pasando por delante del aturdido joven y abriendo la puerta, retiró su mano de la de él y entró en su casa, cerrando la puerta detrás de ella.
Blaine se quedó aturdido, sus labios ardían donde Simone lo había besado tan tiernamente. Su cuerpo estaba zumbando, y tanto como anhelaba más de la mujer magnífica, nunca se había sentido tan satisfecho en su vida. Su corazón y su espíritu eran más ligeros que el aire, literalmente se sentía como si estuviera flotando en el séptimo cielo.
Miró a la casa, viendo la luz del fuego parpadeando y la silueta de una bella doncella detrás de las cortinas. Su corazón se agitó y sus mejillas se sonrojaron, sostuvo su bastón bajo su brazo, tocando sus labios con su dedo, y se alejó animado después de su cita.
Kurt entró, al instante se paró de espaldas contra la puerta, pasó su mano por su pecho protésico mientras se desvanecía ante la sensación tan suave de los labios de Blaine.
Samuel salió, estaba vestido con pantalones rasgados y una gran camisa blanca. Había estado enfermo de miedo de que el castaño fuera descubierto, pero evidentemente no lo había sido.
- Te ves… inusualmente alegre. – Dijo a su amigo cuando entró a la habitación bailando una canción en su corazón. Éste le contó animadamente todo sobre la noche, desde el paseo, el picnic y así sucesivamente. Describió todo con vigor y pasión, recordando cada detalle, hasta el cosquilleo de la barba rala de Blaine contra su barbilla.
- Fue perfecto Samuel. – Suspiró, colapsando en el sofá y quitándose la peluca, sonriendo felizmente al fuego mientras su amigo se mordía el labio. – Tan perfecto, realmente me gusta mucho… lo amo…
Sí. – El artista pensó para sí mismo. – Sólo que no eres tú de quien él está enamorado.
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- Cuidado. – Advirtió Simone con una aguda risa nerviosa mientras el bote se balanceaba ligeramente, haciéndola gritar en protesta.
El agua del lago en el gran parque parecía prácticamente sucia con hierba de estanque y demás. Blaine se estaba riendo mientras trataba de acomodar el pequeño bote oscilante. Hasta el momento, era su tercera cita después de la primera noche y ese día de campo hermoso.
Marzo se acercaba y finalmente el clima frío del invierno se estaba convirtiendo poco a poco en una fresca primavera.
Simone lucía absolutamente hermosa como de costumbre. Llevaba un largo y oscuro vestido rosa con un collar con pequeñas rosas decorativas de tela a lo largo del corpiño. Bajo del encaje rosado y descolorido de la falda exterior había muchas enaguas crema que se extendían sobre sus pies. Las mangas estaban hinchadas, redondas y con encaje de oro. Se extendían justo por encima de los codos y el resto del brazo estaba cubierto de mangas largas y ajustadas de color rosa, y llevaba guantes en tono marfil y la sombrilla de color crema que había usado en su primera cita oficial.
También tenía en el collar que Blaine le había dado. Kurt lo usaba todo el tiempo como Simone. Su cabello estaba atado con una boina rosada, y los rizos caían sobre su hombro izquierdo.
- ¡Blaine, por favor tenga cuidado! – Suplicó mientras el barco volvía a balancearse cuando él trató de remar.
Blaine estaba vestido con una camisa de estilo kimono blanco que estaba cubierta por un típico chaleco negro que tenía corte rojo a lo largo de la costura. Llevaba una boina francesa que había comprado en una tienda hace apenas media hora antes de que hubieran contratado el barco para llevarlo al lago.
- Lo estoy intentando. – Se rió, mirando a la joven. Ella sonreía suavemente hacia él, pero luego inclinó la cabeza para mirar al otro lado del lago donde otra pareja se deslizaba a lo largo del agua en lugar de luchar como ellos lo hacían.
En las últimas semanas, durante las últimas citas nunca más se habían besado, pero era más que suficiente para Blaine, él se encontraba ansiando esos deliciosos labios rosados cereza.
Simone miró a un hombre que caminaba a un costado con su perro a lo largo del lago, sólo para que el pequeño terrier saltara al agua, salpicando a su dueño. Ella se echó a reír y el bote se balanceó de nuevo, y una de sus manos enguantadas se estiró agarrando el borde.
- Esto es mucho más difícil de lo que parece. – Le sonrió, y ella suspiró, pero fue amable.
La joven miró a la izquierda ya la derecha y luego se empinó hacia delante más cerca de Blaine, quien estaba inclinado hacia atrás para ayudar a tirar de los remos. Cuando él empujó hacia delante sus rostros estuvieron cerca.
- Usted es demasiado adorable. – Admitió Simone, usando su sombrilla para protegerlos de la gente de la orilla, y cerró los labios dulcemente contra los de Blaine, quien suspiró contra la tierna boca, y sus ojos parpadearon.
Kurt deseaba profundizar el beso pero el diseñador se apartó con una sonrisa satisfecha en su rostro. Kurt a su vez sonrió y se echó hacia atrás, y el silencio se hizo presente por algunos segundos, pero era cómodo, siempre era cómodo.
No había necesidad de palabras con ellos, ya no. El castaño empezaba a sentirse demasiado cómodo con Anderson. Por una vez en su vida, estaba contento con su farsa porque a Blaine le gustaba, porque Blaine quería a Simone a su alrededor.
Disfrutaba de sus citas. Blaine era tan romántico pero divertido. Sólo hace cuatro días atrás, había llevado a Kurt al Moulin Rouge para ver un espectáculo y luego cenaron en un barco de vapor mientras navegaban por el Sena. Había sido maravilloso.
Blaine estaba bastante ocupado con su última colección, diseñando y creando modas que sin duda serían reverenciadas en todo el mundo. Aun así podía encontrar algún tiempo libre para llevar a Simone a más lugares nuevos y maravillosos.
- ¡Oh! – Dijo Blaine, incapaz de tirar del remo mientras quedaba atrapado en algunas malas hierbas. Luchó, tirando y halando para conseguir liberarlo, y el barco oscilaba.
Simone intentó aferrarse al costado pero estaba resbaladizo del agua que salpicaba. Su mano se deslizó por un lado y tambaleó, deslizándose por el asiento. Trató de mantenerse firme, pero fue un terrible error ya que sintió que su cadera golpeaba contra el costado del bote.
Los ojos de Blaine se abrieron de par en par cuando la bella mujer de repente cayó del lado de la embarcación en el agua, dando un chillido y con un chapoteo mientras su sombrilla salía de su mano, aterrizando en el agua, igual que ella.
Kurt comprendió por qué el barco había sido tan rocoso en el momento en que cayó en el lago. Estaban situados en un extremo bastante superficial del arroyo y aterrizó contra el suelo áspero y rocoso, el agua que lo rodeaba hasta que él mismo se compuso y se sentó, la peluca permaneció firme sobre su cabeza milagrosamente mientras el maquillaje alrededor de sus ojos se corría, y escupió parte del agua contaminada que accidentalmente tragó.
Oyó a Blaine llamar a Simone y sacudió la cabeza, incapaz de oír correctamente debido a un poco de agua que entró en sus oídos, pero lentamente el sonido de la risa llegó a él. Su propia risa.
Blaine se aterrorizó cuando Simone cayó fuera del bote, y gritó su nombre, asustado cuando cayó hacia atrás sólo para chocar contra el suelo rocoso a sólo dos pies por debajo del nivel del agua. Estaba aturdido cuando la joven de repente comenzó a reír, e inesperadamente él también empezó a reír.
Al ver la hilaridad de todo, los brazos de la joven se enrollaron alrededor de su estómago y se carcajeó, doblándose por la risa.
Él estaba de pie en el barco, tambaleándose mientras se reía tan fuerte, y la mujer intentó llamarlo, diciéndole que se sentase o se caería también, pero se reía locamente.
Fue realmente una sorpresa cuando el diseñador saltó de la barca, el agua se extendía por la mayor parte de sus piernas y se dirigió lentamente hacia Simone. Ambos seguían riéndose mientras él se estiró y la tomó de las manos.
Habían atraído muchas miradas desde las orillas, pero ni se dieron cuenta cuando Blaine atrajo a Simone hacia su cuerpo y la rodeó con sus brazos, riendo en voz alta y besando su frente. Ella cerró los ojos, tosiendo alrededor de otro ataque de risa mientras volvían al barco, aferrándose el uno al otro, su alegría era sonora y obvia.
Blaine la miró cuando estuvo junto al bote, y la joven de repente sintió los brazos de él alrededor de ella, recogiéndola en estilo nupcial y elevándola hacia el bote, y sus brazos húmedos y mojados se arrastraron alrededor del cuello de él. La levantó sobre las paredes de madera del barco, así que se tambaleó, pero se estabilizó.
- Oh, mi sombrilla. – Señaló el paraguas que estaba flotando boca abajo a unos metros de distancia. El diseñador miró hacia atrás, estaba a punto de regresar, pero se dio la vuelta y caminó lentamente por el agua hasta el paraguas, la gente seguía mirando mientras el joven sostenía la sombrilla sobre su hombro y se dirigía hacia el bote, extendiéndose y entregándosela.
- Ma Lady (Mi Señora). – Sonrió suavemente y se ruborizó, tomando la barandilla y sintiendo el barco golpear mientras luchaba por subir. Ella se estiró, la mano húmeda de él tomó su guante mojado, y ambos sonrieron cuando subió al bote. Los dos estaban saturados con la ropa aferrada a ellos. Ni siquiera se percató de que Kurt fijaba frenéticamente su seno prostético que parecía desproporcionado por su caída. Sin embargo, notó que la joven temblaba, y recogió su chaqueta que había estado seca en el bote. La ventiló durante unos segundos, batiéndola, y luego la colocó sobre los hombros de ella mientras se sentaba.
- M-M-Merci. (Gracias) – Tartamudeó, temblando cuando Blaine sintió que el barco flotaba suavemente.
- Tal vez… tal vez es momento de dejarlo ahí. –Dijo con una pequeña sonrisa, y ella asintió lentamente, mirando sus manos mientras recogía los remos.
- ¿Está seguro de que es una buena idea? – Dijo con una sonrisa, y Blaine solo se rió, ahora remando con seguridad hacia la orilla donde recibieron miradas extrañas de otras personas.
Kurt estaba goteando, con la ropa húmeda y flácida. Una parte de cabello realista se aferraba a su cara y hombros, pegándose a su piel, así que lo cepillaba cada pocos momentos sobre su hombro.
El barco llegó al borde del lago con un golpe contra el suelo blando de la orilla, y Simone se rió mientras la embarcación se balanceaba. Blaine le sonrió, corriendo por el borde del suelo, casi cayendo al agua, pero se puso de pie y ella cogió la cuerda pesada de la embarcación y se la entregó.
Él sonrió, tomándola y asegurando el transporte. La mujer se puso de pie, sus zapatos estaban un poco resbaladizos, pero él se estiró y tomó su mano, ayudándola a salir del barco desvencijado.
- No fue tan malo, ¿verdad? – Dijo con una pequeña sonrisa, y Kurt se ruborizó totalmente prendado. Se inclinó, se tocó los labios y caminaron uno al lado del otro, mojados y húmedos, pero sonrientes y felices, un calor se extendía a través de ambos cuerpos mientras caminaban de la mano. El castaño se ofreció a devolverle la chaqueta a Blaine, pero el joven le sonrió y le dijo que debía mantenerse caliente.
Volvieron en silencio a la casa de Kurt. Blaine odiaba llevarla a esa horrible calle, pero estaba demasiado nervioso para pedirle que fuera a su casa, temiendo que lo rechazaría como lo hizo la primera vez que trató de besarla. Se detuvieron frente a la casa, y Kurt sabía que Samuel probablemente estaba rondando Montmartre, admirando a los artistas.
- No creo que… – Dijo sin moverse para salir del coche, mirando a la casa. Se cepilló el cabello por encima del hombro. – Quiero decir… parece que necesita un cambio de ropa… y estoy segura de que puedo encontrar algo de Samuel para usted…
Blaine miró a la joven. Ella no lo había dejado entrar en su casa desde el día en que él la llevo al día de campo. Sonrió y asintió, saliendo del auto y cerrándolo. Kurt había hecho algunos ajustes a la casa que éste notó tan pronto como entró. El lugar estaba limpio, a diferencia de lo desordenado de la vez anterior. Había flores frescas en floreros y la vivienda tenía un toque más femenino con popurrí sobre la chimenea y cosas así.
Samuel estaba preocupado. Realmente se sentía como… como si su amigo se estuviera perdiendo. El joven se había enamorado de Blaine, pero Blaine adoraba a Simone. Kurt lentamente se estaba envolviendo cada vez más en esa no realidad con la que se había rodeado.
Samuel estaba perdiéndose gradualmente también… se estaba perdiendo en Simone. A veces luchaba por ver a su mejor amigo.
¿Estaba todavía fingiendo? ¿Estaba Kurt realmente empezando a disfrutar ser una mujer simplemente porque a Blaine le gustaba? Samuel ya no sabía nada. Su amigo estaba cada vez más perdido, atrapado en una fantasía.
Blaine notó los cambios y sonrió suavemente mientras entraban. Simone desapareció en un dormitorio, luego salió con algunas ropas que pertenecían al rubio y se las ofreció ya que su traje estaba húmedo. Había una pequeña habitación en la que podía cambiarse, y mientras se quitaba su ropa mojada, ella se apresuró a encender velas, sólo para… crear atmósfera.
Entonces Kurt desapareció en el dormitorio, despojándose de la ropa mojada. Sería sospechoso cambiarse la peluca por la que tenía de repuesto cuando todavía lucía mojada. Sin embargo, se despojó de su corsé y de los pantalones largos que llevaba puestos. Empezó a tomar medidas más extremas de lo habitual. Incluso se había afeitado las piernas para que parecieran suaves y femeninas.
Samuel no se había impresionado cuando entró y lo vio inclinado sobre el lavamanos, tenía crema a lo largo de sus piernas y una navaja vieja de barbero en la mano.
El ojiazul se despojó del vestido rosa oscuro empapado y se secó con una toalla, manteniendo el corsé y la ropa interior mientras se ponía un largo camisón de estampado floral que había comprado pocos días antes, el cual se extendía justo por encima de sus tobillos y tenía mangas largas. Era crema con patrones descoloridos de flores rosadas y púrpura a lo largo de ella.
Se quedó junto a un espejo examinando su manzana Adam durante unos segundos, suspirando. Odiaba eso.
Cogió una gargantilla blanca con la esperanza de que Anderson no pusiera en duda sus accesorios. Por supuesto mantuvo el medallón, mirándose a sí mismo en el espejo agrietado y mordiéndose los labios, lucía como Simone, podía hacerlo.
Volvió a entrar a la sala justo cuando Blaine salía de la puerta opuesta y se miraron el uno al otro. La ropa que llevaba el diseñador era demasiado grande, la camisa casi se le caía de los hombros y los pantalones llegaban hasta su cintura. Todavía se veía adorable con su largo cabello rizado en su frente.
- ¿Quiere una bebida? – Preguntó caminando a la cocina, y él tragó ruidosamente.
- S-seguro. – Dijo sorprendido de que la joven no lo empujara por la puerta. Sus ojos observaban su elegante figura que rebotaba hacia la cocina, y se mordió el labio inferior ocultando una sonrisa. Tal vez… tal vez esa noche… bueno, algo iba a pasar.
