Lamento la demora de este capitulo, pero después de varias versiones, recién terminado y arriba.
Disfruten!
En la mañana del día siguiente Harry salió fusilado del hospital y como autómata se dirigió a su casa. En el camino, no pudo evitar pensar en pasar la tarde con la pelirroja, así que le mandó un texto en cuanto el primer semáforo rojo lo paró.
"Planes para esta tarde? Quiero pasarla contigo".
Cuando llegó a su hogar, se fijó que tenía un mensaje en su buzón de voz del teléfono fijo, y mientras se quitaba la ropa para quedar en calzoncillos, lo reprodujo. Era de Sirius.
– ¡Sobrino de mi alma! Es la segunda vez que llamo, pero me imagino que has de estar trabajando, con esa vida tan aburrida que llevas… – se escuchó que se aclaraba la garganta para continuar – El punto es que sólo te quiero avisar que el dinero está a punto de terminárseme, así que estoy planeando regresar pronto ¿A poco no me extrañas? – Harry había abierto el refrigerador para darle un trago al cartón de leche, pero tuvo que parar al escuchar eso – En fin, salúdame a Hermione y dile que espero que me presente a una de sus amigas para cuando llegue. ¡Chaito!
Cuando terminó la grabación, hizo nota mental de llamar a su padrino, pero estaba tan cansado que lo único que quería en ese momento era relajarse y dormir. De tal modo que pescó lo que pudo de la cocina y después se dirigió al baño, desnudándose en el camino. Procuró bañarse deprisa, con el agua más fría de lo que le hubiera gustado para que al salir y ponerse la parte inferior del pijama sintiera un contraste de frío y caliente. Entró a su cuarto y checó su celular; seguía sin tener respuesta de ella. Se encogió de hombros y activó la alarma para unas cuatro horas más tarde. Así que se tiró sobre la cama, quedando dormido inmediatamente.
Para cuando la alarma sonó, Harry apenas y fue consiente. Se levantó atolondrado y como pudo apagó el molestó pitido que hacía, entonces fue cuando vio que tenía un mensaje de Weasley, desperezándose al segundo para leerlo.
"Qué tienes en mente?"
No perdió otro segundo y le marcó, súbitamente emocionado. Fueron unos cuantos timbrazos y contestó.
– Ah, hola Harry ¿Qué haces?
Al chico le produjo cierta satisfacción saber que la pelirroja ya lo tuviera registrado. Era como si hubiera subido de categoría.
– Terminando de despertar. Cuando llegué del hospital me fui derechito a dormir ¿Y tú?
– Platiqué con los gemelos por teléfono, acaban de llegar a la ciudad y ya están en el hospital con mis papás. Sólo espero que no hagan renegar a mi mamá.
Harry hizo una mueca, tratado de imaginar cómo serían sus hermanos. Recordaba que la chica le contó que tenían su propia compañía de objetos broma y les iba bien, por lo que deberían de ser muy creativos, pero insoportables por igual con las continuas bromas que aplicaban a los miembros de su familia. Cuando le contaba todo aquello, una parte de Harry imaginaba una familia así y se sorprendía deseando haber crecido en una parecida.
– Pues parece que tu hermano Ron tiene carácter, a lo mejor él los controla. – lo dijo en un tono quejumbroso, recordando su mirada bestial. Mientras hablaba, comenzó a vestirse, haciendo todo rápido.
– Ron es el blanco más fácil de la familia – refutó Weasley, en medio de una carcajada.
– Sobre tu papá ¿Cómo lo llevas? – cuestionó con deseos de saber si seguía muy preocupada por él.
– Cuando lo dejé en la mañana estaba más enérgico, y seguro ver a los gemelos lo alegrará mucho. – se aclaró la garganta y se escuchó como su respiración cambiaba – Oye, sobre tu amiga Hermione ¿Tiene novio?
A Harry le tomó por sorpresa esa pregunta que venía de la nada y no pudo evitar entrecerrar los ojos, con una duda surgiendo sobre su cabeza. ¿Quién querría saber eso? ¿Ella o su hermano Ronald? En el hospital, cuando Herms lo acompañó, había sido totalmente obvio que llamó la atención de su hermano, pero cabía la posibilidad de que Weasley... ¿Seguiría sintiendo celos?
- Hagamos esto, nos vemos hoy y entonces te respondo.
– Eres un manipulador, Harry – rezongó la chica entre resoplidos.
– Sé que no ha pasado ni un día desde la última vez que nos vimos, pero quiero salir contigo – confesó Harry, colocándose los zapatos - ¿Muy acosador?
Weasley soltó una risa por su comentario, pero lo negó suavemente.
– Para nada, sólo que no tenía planeado salir hoy – explicó con un tono de resignación – Quiero estar en la casa por si se ofrece algo en el hospital.
– Podemos hacer algo en tu casa, si lo prefieres. Ver una película… ¡lo que quieras! – Propuso Harry con más esmero del que le hubiera gustado mostrar – Es más, prometo cocinarte mi especialidad. Apuesto a que nunca has probado un pollo tan bueno como el que yo hago.
– ¿Y no intentarás envenenarme? – Bromeó para después esperar un poco, sopesando las opciones – Está bien ¡Pero yo escojo la película!
– Hecho – dijo Harry, terminándose de vestir para ese punto – Llegaré ahí en un momento, sólo paso al súper para comprar las cosas que se necesitan.
– No, mejor ven por mí y vamos juntos a comprarlas ¿Te parece? – Sugirió la chica – Ah, y Harry… me alegra que hayas llamado. – agregó pocos segundos antes de colgar, sin dar tiempo a que se despidieran.
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De verdad, escucharla reír por uno de sus comentarios era de las mejores cosas que podían suceder. Cuando lo hacía tan fuerte, tal como en ese momento, le aparecían un tono rosa junto con sendos hoyuelos en sus mejillas, cerraba los ojos e inclinaba la cabeza hacia atrás dejando a la vista su níveo cuello, delgado e incitante, vibrando a causa de su risa. El cabello lo llevaba suelto y bajo el sol del estacionamiento brillaba como fuego. Todo en ella tomaba vida cuando reía, y a Harry le producía tremendo orgullo sentir que era capaz de originar tal evento.
Cuando había llegado al edificio de la chica, ella ya lo estaba esperando. El camino al supermercado se acortó considerablemente con su presencia; no paraban de hablar sobre tonterías, con una energía y comodidad incomprensibles. Su lengua viperina siempre estaba lista para atacar, y para la condena de Harry lo hacía siempre con una sensualidad incandescente. El azabache casi se pasa la entrada a la tienda por estar platicando con ella. Y mientras caminaba a su lado, con una mano posada en su pequeño hombro, pensó que era muy fácil acostumbrarse a su presencia.
Entraron al supermercado, aún entre risas, y poco les importó que el guardia se les quedara viendo.
– Tomemos una canasta, serán pocas cosas – comentó Harry cuando la muchacha hizo amago de coger un carrito.
Avanzaron por los primeros pasillos sin mucho que decir. Harry la miraba junto a él, y no se la creía, pero escuchar su voz diciendo cualquier tontería, refutándole algún comentario o riendo con soltura era mil veces mejor de lo que se imaginó en algún punto. La sensación de estar con ella lo llenaba de energía, así de simple.
– Así que ¿no te molesta que no te haya llevado a ningún sitio en nuestra primera cita?
Ella volteó a mirarlo con una extraña mueca y después se sonrojó por alguna desconocida razón.
– No es nuestra primera cita ¿Recuerdas el café?
Ladeó la cabeza, remarcando su punto. Él frunció los labios, tratando de buscar las palabras correctas.
– Bueno, pero esa vez saliste con el chico que habías besado en los baños de un antro y ahora… ahora soy Harry.
Se encogió de hombros, como si fuera tan obvio su punto. En cambio, la chica lo miró intrigada.
– A ver ¿Dices que esta es mi primera cita contigo, tu versión Harry? – preguntó arqueando la ceja, él asintió – Eres raro.
El chico se rió, arrebatándole la canasta.
– Pero así te gusto, nena.
Y se apresuró para ganarle distancia, alegre por los comentarios y guiñándole un ojo cuando sus hombros rosaron.
– ¡Y humilde! – exclamó ella, soltando una risa y alcanzando al chico, sin deseos de quedarse atrás.
Harry quedaba maravillado por lo fácil que resultaba conversar con la chica. Se sentía tranquilo, como si la conociera desde hace tiempo, resultando en una convivencia fácil y fluida. Cuando depositó la verdura en la canasta, notó que lo observaba muy detenidamente.
– ¿Qué sucede?
Ella desvió la vista tomando una lata de champiñones de un estante cercano y jugó un poco con ella, antes de hablar.
– Estaba pensando que… bueno, nunca te agradecí lo que hiciste por mí cuando sucedió lo de mi papá y…
– No fue nada, en serio – interrumpió Harry, restándole importancia con un manotazo al aire, le quitó la lata y la regresó a donde pertenecía.
– No, te equivocas – contraatacó ella – Estuviste conmigo todo el tiempo que pudiste y evitaste que perdiera la cabeza – se colocó un mechón detrás de la oreja y prosiguió – Gracias, significó mucho que estuvieras… junto a mí.
Al terminar, le tomó la mano con delicadeza, dedicándole una pequeña sonrisa. A Harry le tomó por sorpresa ese gesto y tuvo que bajar la mirada a las manos entrelazadas para creerlo. Cuando intentó interrogarla con la mirada, ella tenía la atención puesta en otro lado, con los ojos muy abiertos.
– ¡Mira, Harry! – gritó emocionada, corriendo hacia los congeladores de la tienda arrastrando de la mano al chico - ¡Es dos por uno!
– ¿De qué hablas?
– ¡Helado!
El azabache la persiguió en su carrera, negando con la cabeza pero realmente divertido por lo infantil que podía llegar a ser. Siguió percibiendo la mano de la muchacha entre la suya, y su corazón palpitó más fuerte de lo normal. Era extraño, pero no recordaba cuándo un gesto tan inocente y sutil le provocó la felicidad que sentía. Era la segunda vez que se tomaban de la mano, pero la primera vez, en el hospital, corrió por su cuenta. Ahora era ella quien se había asegurado de entrelazar las manos. Volvió a dirigir la vista a ese punto.
No la soltaría, no si podía evitarlo.
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Tomó las bolsas del mandado y le sonrió. Entonces comenzaron a caminar hacia el interior del edificio. Ella cerró la puerta después de entrar y Harry se topó con unas series de escaleras, típicas de los condominios, así que esperó a que Weasley pasara por delante de él, indicándole el camino.
– Nada tonto ¿Eh? – dijo ella, cuando comenzó a subir los primeros escalones – ¿Me quieres ver el trasero, Potter?
Él se le quedó viendo con una extraña expresión en el rostro, pero después ella comenzó a reírse y supo que todo estaba bien.
– Te diviertes a mi costa – le reclamó Harry, negando de manera divertida con la cabeza.
Se quedaron viendo por unos momentos, y el chico pudo sentir la mirada de la pelirroja en sus labios… ¿Lo quería besar? Lentamente subió un escalón y acercó su rostro un poco, sólo para comprobar que también ella lo hizo ¡Dios, sus labios! Sus labios se acercaban con una lentitud candente y, tan contradictorio como sonaba, la espera fue placentera y odiosamente larga.
– ¡Pecas!
El momento se cortó en un instante, a causa de un maldito sujeto que osó en interrumpirlos. Ambos giraron la cabeza en dirección del sonido. Un hombre los miraba unos cuantos escalones más arriba, con una sonrisa de lado y mirando con una extraña intensidad a la chica. Harry lo odió inmediatamente.
– Hola, Robbins – saludó ella cuando se alejó del azabache, meneando su mano en el aire – ¿Todo bien con los planos?
Harry reparó entonces en los diferentes rollos de papel que sostenía debajo de un brazo, de un brazo jodidamente bien tonificado. Sin quererlo, la pizza y todas las chucherías que había ingerido días atrás le causaron un peso en el estómago y comenzó a escuchar una vocecita en la cabeza que le recriminaba las varias semana que no había ejercitado su cuerpo.
El tal Robbins asintió con la cabeza mientras bajaba unos cuantos escalones y se acercaba a Weasley con esa sonrisa que estaba sacando de quicio a Harry.
– Excelente, la creatividad volvió – comentó mientras le guiñaba el ojo - ¿Dónde te habías metido? ¡No me digas que saliste por una sesión y no me invitaste!
– No fue eso, yo…
– No hagas que me preocupe por ti, Pecas – la chica sonrió al menear la cabeza, y fue cuando recordó la presencia de Harry.
– Harry, te presento a Robbins, mi vecino.
El susodicho levantó las cejas en saludo, sin intenciones de fraternizar con el que había interrumpido su hermoso momento con la pelirroja
– Vaya, Pecas, a éste nunca lo había visto por estos rumbos – dijo Robbins, posando sus ojos negros en Harry por primera vez, olvidando la sonrisa.
– Su nombre es Harry y es… – estaba nerviosa, Harry se podía dar cuenta por la forma en que mordía el labio – un amigo.
Ambos jóvenes giraron la cabeza hacia ella cuando dijo eso. Si bien Robbins la escudriñó con la mirada por unos segundos, rápidamente volvió a mostrar su dentadura en una sonrisa más marcada. En cambio, Harry no podía tener el ceño más fruncido, sufriendo por el apelativo que le impuso.
Había tensión en el ambiente y Robbins fue lo suficientemente listo como para reconocer que era momento de marcharse.
– Es tarde, tengo que irme – bajó hasta el último escalón y se giró nuevamente en dirección a ellos – Un gusto, amigo Harry.
Después se marchó, dejando atrás una incomodidad aplastante. Harry estaba ofendido por el poco valor que había recibido, como si los coqueteos entre ellos jamás hubieran pasado. No, no quería ser su amigo.
– ¿Subes? – preguntó ella, más interesada en las bolsas que Harry cargaba que en verlo directamente a los ojos
Él se encogió de hombros y subió a su par en silencio, hasta que llegaron al tercer piso y se pararon frente a una puerta azul.
– Así que soy un amigo ¿Eh?
– No hemos hecho nada para cambiar eso, si mal no recuerdo – contestó Weasley, girando la llave que acababa de introducir en la cerradura. Cuando abrió la puerta, se hizo a un lado para que Harry pudiera pasar. – Puedes dejar las cosas en el comedor.
Sin poder evitarlo, Harry inspeccionó el lugar a detalle. A su mano derecha estaba un desayunador, dividiendo la cocina con la entrada. En el centro estaba un pequeño comedor y más al fondo, un largo sillón en forma de "L". Cuando se acercó a la mesa, aprovechó para observar el lado izquierdo y se encontró con un pasillo, dos puertas a los lados y una al fondo. Divisó varios marcos que colgaban de la pared, pero desde donde estaba no veía de qué eran las fotografías.
Las paredes estaban pintadas de este tono amarillo claro que te hace sentir cómodo, como si siempre hubiera luz ahí dentro ¿O sería el aroma que desprendía el lugar lo que le producía una sensación hogareña?
– Bonito lugar – dijo Harry una vez que dejó las bolsas en la mesa, recargándose en el respaldo de una de las sillas
– Cuando comencé a alquilarlo era un desastre – comentó ella, a la par que guardaba los potes de helado en la nevera.
El azabache, por su lado, sacó todos los ingredientes de las bolsas y los puso en la mesa. Se esforzó por no soltar un gruñido, sintiendo aún el peso del apelativo amigo. Dirigió su atención a la chica, que se estaba quitando el suéter delgado para quedarse con una blusa que parecía ser cómoda para ella, no para Harry. Tenía más escote de lo que era capaz de manejar y remarcaba tan sensualmente su cintura, que a Harry se le secó la boca y perdió cualquier atisbo de mal humor.
– Muy bien, estoy lista – dijo Weasley, recogiéndose el cabello en una coleta y caminando hacia el chico – ¿Por dónde comenzamos?
Harry fijó la vista en el ahora descubierto cuello de la chica y después vio el espacio de la cocina… No, no podría hacer nada teniéndola tan cerca, menos con esa blusa de tirantes que dejaba ver una clavícula perfecta para besar.
– Yo haré el pollo de mi especialidad mientras que tú te sentarás a observar.
Le tomó de ambas manos y la arrastró a un banco alto que estaba en el desayunador, mientras ella ponía un poco de resistencia, aunque divertida.
– ¡Pero Harry! Me voy a aburrir si no hago algo.
– Se equivoca usted, señorita – refutó él, lavándose las manos – Me contarás sobre ti y de todas las cosas que te gusten y… Espera ¿Dónde tienes los cuchillos?
Ella soltó una risita y negó con la cabeza. Se levantó del banco, rodeó el desayunador y caminó hasta donde estaba parado Harry.
– Yo seré la que le pase los instrumentos a este médico perdido ¿Aceptas?
Estaba demasiado cerca, tanto que captaba su olor floral con facilidad. Sintió como si la cocina se encogiera y la piel se hizo más sensible que nunca. "Control, Harry".
– Sólo si me hablas de ese tal Robbins. – le retó, intentando no sonar celoso.
– Y tú de Hermione.
Harry sonrió, estirando la mano hacia adelante y esperando que ella se la estrechara.
– Trato, pero tú primero.
Pronto comenzaron a agarrar ritmo. Harry le pedía algo de las bolsas o algún utensilio de cocina y ella rápidamente se lo alcanzaba. Mientras tanto, le contaba cuánto le ayudó Luna, su compañera de facultad, a mudarse a ese departamento. En esos barrios abundaba el ambiente artístico, así que cuando pudo comprar su primera cámara profesional, tocó puertas para dejar su tarjeta y promocionarse. Entre ellas, fue la de su vecino Robbins.
– Al principio creí que era un patán de lo peor, así que cuando me marcó y me ofreció mi primer trabajo en la fotografía dudé en aceptarlo. Es arquitecto, y en ese entonces iban a inaugurar uno de sus diseños. – le dijo ella, cuando sacaba una cacerola de las puertitas que estaban por encima de la estufa – Pero al final acepté, y me di cuenta que es mejor persona de lo que parece. Un poco chiflado, pero divertido cuando se lo propone.
Harry chasqueó la lengua, dudando en la parte de "mejor persona de lo que parece".
– Te trata con mucha familiaridad – dijo en cambio, sin despegar la vista de las verduras que estaba cortando.
– Nos frecuentamos seguido. – Cuando vio cuánto arrugó la frente el azabache, ella soltó una carcajada – Relájate, que el guiso te saldrá amargo.
– Dijo que lo invitabas a tus sesiones.
La pelirroja regresó al banco, desde donde podía ver el perfil de Harry preparando el pollo.
– Hay ocasiones que tiene bloqueos de ideas con sus proyectos, así que lo invito cuando me surgen trabajos en fiestas o así. Dice que le ayuda a distraerse.
El chico se dispuso a echar todos los ingredientes mezclados al sartén, pero se detuvo al recordar a la pelirroja diciendo que él era sólo un amigo. Entrecerró los ojos y se miró las manos, queriendo comprender todos los sentimientos que Weasley le provocaba. Pensar que Robbins pudiera compartir más tiempo que él con la mujer le molestaba mucho, que la conociera más que él le provocaba un sabor amargo. Odiaba a Robins y odiaba el término amigo… ¿Era un amigo? ¡Carajos! Los amigos no se coquetean, no se provocan a cada oportunidad, no se besan en un baño, no se…
– Harry ¿Qué sucede?
El chico escuchó su voz y el corazón se le disparó a mil, tratando de encontrar algún motivo para no decir lo que estaba pensando decir. No lo encontró, así que se giró hacia ella y le clavó su mirada en esos almendrados ojos, decidiéndose en ese segundo.
– Me gustas muchísimo, Weasley – soltó de pronto, apoyando los codos en el desayunador donde ella se encontraba – Y ser tu amigo no es suficiente para mí. Quiero más.
Parpadeó un par de veces, claramente sorprendida por lo directas que fueron las palabras de Harry.
– N-no… no sé a qué te refieres.
– Yo creo que sí – refutó él – Tú sabes a lo que me refiero. Quiero poder besarte donde sea, delante de quien sea, como yo quiera y las veces que quiera. – su corazón palpitaba con fuerza, sabiendo lo que diría a continuación – Quiero que seas mi novia.
La pelirroja desvió la vista, remoliéndose en su asiento.
– Harry, una relación que se basa en algo pasional no dura… No saldríamos bien parados de eso.
El aludido sacudió la cabeza, determinado a salirse con la suya. Le dio la vuelta al mueble que los separaba y aprisionó a la chica en el taburete en el que estaba sentada. Tomó su rostro entre ambas manos y pegó sus frentes.
– Que te quede claro, se trata de algo más que simple pasión. – susurró con seguridad, cerrando los ojos y disfrutando de la errática respiración de Weasley sobre su rostro – Y sé que es correspondido, o al menos eso es lo que me gusta creer. – abrió los ojos y con un pulgar le delineó el contorno de sus labios – Contigo el tiempo nunca es suficiente… no puedo evitar sentir esta hambre de ti, de descubrir todo tipo de cosas sobre ti. Me descolocas de una forma que no llego a comprender – Le aseguró, deslizando sus manos sobre sus omóplatos y la atrajo a él.
No pudo evitar sonreír al sentir las delgadas manos de Weasley posarse por encima de las suyas.
– Es de locos, tenemos tan poco de conocernos – ambos suspiraron cuando sus labios se rozaron.
– No me importa…
Y entonces, sin postergarlo un poco más, se besaron. Fue un beso hambriento, de esos que son como agua en el desierto, donde las manos toman vida propia y se esmeran en tocar la piel del otro, donde respirar pierde protagonismo y las sensaciones explotan en los labios. Harry estaba eufórico porque la pelirroja le correspondía el beso con el mismo afán y tener su pequeño cuerpo entre sus brazos le complació enormemente, hasta que ella se zafó del agarre.
– No sabes lo que dices.
– Pero…
– Sólo lo haces porque conociste a Robbins – interrumpió Weasley, reposando su frente en el pecho del muchacho, aferrándose y tratando de controlar su agitada respiración. – No quieres una relación, sino tener ventaja sobre él.
Se quedó pensando un momento, y pronto supo que la chica tenía razón. Escuchar que estaba en el mismo nivel que el vecino, que ambos eran amigos de la pelirroja, lo hizo sentir como hace muchos años que no lo hacía, inseguro, sin un trato privilegiado que ensanchara su ego. Y eso le molestó ¡rayos que sí! Pero dudó que eso bastara para que quisiera dar un paso más en todo ese embrollo.
De pronto, la pelirroja se separó y se bajó del banco, dando pasos con dirección a la cocina y asegurándose de no cruzar la mirada con la de Harry.
– Creí que te gustaría iniciar algo serio. – dijo Harry, sumamente contrariado, mirando cómo se alejaba.
La chica entonces se giró hacia él, con una lánguida sonrisa que no alcanzó a llegar a sus ojos, un hecho completamente nuevo para el ojiverde.
– Sí Harry, pero porque lo queramos, no por orgullo o estúpidas competencias. Esas cosas… eso sólo lastima a las personas. – bajó la vista sus manos y dio una larga exhalación – Yo ya he tenido suficiente de ello.
Y tal como a un rengo se le nota su cojera, Harry pudo ver, por primera vez, las cicatrices de una amarga historia que se cernía sobre el bello pero turbio rostro de la joven. Alojaba un corazón roto, tan encriptado y pesado que se sorprendió de que se tratara de la misma persona con la que rió en ocasiones pasadas. Bastó un segundo para darse cuenta que ella era más delicada de lo previó y que su testarudez tenía más de un motivo. Entonces, se sintió entumecido por el hecho de poder leerla tan bien, de haber sido capaz de descubrir tanta historia con un simple vistazo y, más aún, por la repentina necesidad de atraparla con su cuerpo y demostrarle que la vida era dulce.
Harry se acercó nuevamente y con un brazo la rodeó por los hombros, atrayéndola hacia él, y el otro lo dejó colgando por un costado, entrelazando su mano con la de ella. Weasley se dejó hacer, aceptando con gusto el calor que Harry le ofrecía.
– Es más que eso – dijo quedamente, cerrando los ojos ante el aroma que ésta desprendía – Eres tan… tan… ¡No sé! Me llena tu presencia, pero nunca es suficiente. Me tienes como estúpido pensando todo el día en ti y… - Paró un momento, sólo para tomar su rostro y obligarla a que lo mirara directamente a los ojos – Sí, tienes razón en todo. Hay muchísima pasión entre nosotros. El simple hecho de pensar en tu cuerpo, en tus labios ¡Dios! Me excitas… lo mejor de todo es que puedes lograrlo incluso sin proponértelo, como cuando te vi por primera vez en aquel club, toda difícil – ambos rieron un poco, acercándose hasta que la punta de sus narices se tocaran – No puedo dejar de pensar en esa noche.
– Yo tampoco – contestó Weasley, abrazándolo por el cuello.
– Y eso está bien, me gusta, no como lo otro.
– ¿Lo otro? – preguntó confundida.
– Lo demás me asusta ¿sabes? – le confesó Harry, acariciándole la mejilla – Porque sí, también es cierto que tenemos poco de conocernos ¿Y sabes qué? No quiero dejar de hacerlo, nunca… quiero escuchar lo que piensas, saber tus miedos, quiero descubrirte un poco todos los días. ¡Y me asusta!; me asusta porque ese poco tiempo fue suficiente para quedar prendado de ti, para que invadieras mi mente y que cada movimiento lo haga pensando en ti ¿A quién en su sano juicio le sucede eso?
– A mí también me asusta, Harry. Me prometí que no volvería a pensar en estas cosas, pero has logrado que ignore todas las restricciones que me había impuesto y ahora que me doy cuenta de lo peligroso que puedes ser, me siento incapaz de alejarte. – aclaró ella, soltándose del agarre y dando pasos nerviosos hacia el fondo de la habitación, donde estaba la sala – Haces que sienta nuevamente esperanza, pero no me quiero engañar, no quiero creer que todo eso de comenzar una relación es porque lo quieres y no porque sientes celos de Robbins.
La vio morderse el labio cuando se sentó en un sillón y fue tras ella.
– ¿Y qué tiene eso de malo? – cuestionó con un dejo de diversión, asegurando su lugar a un costado de la chica.
– No quiero que se apresuren las cosas, Harry… menos a causa de celos.
El azabache estiró los brazos para que ella se acostara encima de él, extendiéndose a lo largo del sofá. Sonrió al sentir tan rara e imposible la situación; ambos acurrucados, teniéndola en sus brazos, sin la seguridad a la que estaba acostumbrado, abriéndose con toda la sinceridad posible y una inédita alegría brincando en su pecho.
– Lo siento, de verdad que sí, pero no puedo evitar sentir celos – le aclaró él, con una calma total – Eres de ese tipo de personas que acaparan toda tu atención y te hacen desear que tú acapares la suya… Quiero ser yo quien tiene tu atención, no algún otro patán.
Se quedaron en silencio por unos pequeños segundos, esperando que Weasley asimilara el mensaje, hasta que en un momento levantó la cabeza del pecho de Harry y cruzó su brillosa mirada con la de él.
– ¿De verdad tengo tu atención?
– Cada parte de mí está al pendiente de ti.
Se sonrieron de una manera enigmática, como si hubieran compartido el secreto mejor guardado con tan sólo haber mantenido la mirada. No lo pudieron evitar, ni cuenta se dieron que sus cabezas se acercaron por inercia y sus labios volvieron a tocarse por un instante.
– Eso me agrada – murmuró la pelirroja, poco antes de volver a besarse.
Lo hicieron por largo rato, saboreando el momento, aferrándose el uno al otro y con la seguridad de quien se sabe correspondido.
Se acomodaron mejor en el mueble, amoldando sus cuerpos de manera tan perfecta, que los hizo sorprenderse; sobre Harry se recostó la pelirroja, mientras dibujaba descuidados círculos en su pecho. Él le recorrió la espalda con sus manos, relajándose ante la sensación de los dedos de ella.
– Estar contigo… se siente bien. – musitó Harry, cerrando los ojos y acomodando su cabeza entre los cojines.
Ella levantó la vista y se acercó con una genuina sonrisa.
– Besarte se siente bien – repartió besos cortos a lo largo de su cuello, y por último en los labios, con una lentitud armoniosa, besando a conciencia y sin cohibición - ¿Dónde habías estado todo este tiempo, Harry?
– Esperado por ti, pelirroja.
Puso un brazo detrás de su cabeza y observó a Weasley, quien le devolvía la mirada, apoyando la barbilla en el tórax del azabache. La miraba y se le hacía hermosa, con esas pequeñas pecas en la punta de su nariz, sus cálidos ojos avellana, el modo de sus cejas, la forma en que su cabello brillaba bajo la luz del sol.
Era bellísima.
Weasley comenzó a acariciarle el cabello con una mano y Harry se relajó completamente, sintiendo de pronto un sueño tremendo.
– Te ves lindo así.
Pudo quedarse callado, o decir que ella era todavía más linda, más linda que todas las mujeres que había conocido, pero optó por algo diferente.
– ¿Aceptas ser mi novia?
Lo volvió a decir, afianzando su mano libre a la cintura de la chica, con todos sus deseos apostando a una respuesta afirmativa. Ella paró de acariciarle el cabello, pero sólo por un segundo, porque después prosiguió.
La vio morderse el labio, debatiéndose en la decisión y se le hizo más adorable que nunca. Duraron un tiempo en silencio, sin ganas de interrumpir esa extraña calma que se asentó entre ellos, y Harry se esforzó por omitir un bostezo, disfrutando los masajes que estaba recibiendo en la coronilla.
Pronto, miró cómo sonreía.
– Eres un terco… pero sí, acepto.
Quiso decir algo, pero lo único que pudo hacer fue esbozar una sonrisa adormilada y abrazarla ahora con ambos brazos, pegándola a él. Se durmió con una imagen perfecta frente a él: acostada sobre su cuerpo, Weasley tenía una brillante sonrisa pintada en el rostro y un "sí" retumbando por toda la estancia.
Nota de autora:
Hola, hola! Y aquí está otro capitulo. Por fin! Extrañaba actualizar, pero estuve más ocupada de lo que creí. En las vacaciones de Pascua intenté escribir pero no pude hacerlo, era el poco tiempo libre que tenía y lo pasé con mi familia. Por el largo tiempo que me desaparecí y su paciencia, subí un capitulo largo, más de lo que acostumbro... a punto estuve de hacerlo dos, pero sería hacerlos esperar y mejor no, para que vean que los quiero :3
Hace unos cuantos días logré terminar el capitulo, pero no terminaba de gustarme y lo cambié. Fueron como tres versiones y esto fue lo que resultó. Quedó bien?
Intentaré publicar antes de que termine Junio. Me emociona pensar que ya está más desarrollada la relación entre los dos, ustedes cómo creen que van? También creo que ya es tiempo que Harry sepa su nombre, incluso para mí resulta a veces difícil escribir sin mencionarlo en lo absoluto, no me creo que haya llegado a este punto sin ponerlo ni una sola vez jaja
Espero saber sus opiniones, motivan para escribir más rápido (jaja me huele a chantaje ;P)
Gracias por sus reviews a:
daniginny
GinnyLilyPotter
NoeliaTonks
y a un usuario anónimo, gracias :)
Nos leemos pronto! (espero)
D.S.
P.D.: Me avisan si se me pasó algún error o así, voy saliendo y no quería hacerlo sin dejarles el capitulo.
