San Valentín. El día de los enamorados. El día en el que todos los enamorados se ponían idiotas con el simple echo de pensar en una persona. El día en el que todos los novios y novias enloquecían buscando el regalo perfecto para su amado. El día en el que todos los solteros caminaban con caras tristes, o simplemente se escondían, intententando evitar tantos corazones, chocolates, y besos de parejas. El día en el que todos los viudos o viudas lloraban por la pérdida de su amado. El día en el que todos los divorciados se amargaban, pensando en su amor destruido. En fin, San Valentín podía ser visto desde muchos puntos de vista, y celebrado con diferentes acciones.
Sebastian no estaba acostumbrado a festejarlo, puesto que nunca había tenido novio. Antes había pasado todos los San Valentines durmiendo con alguien distinto, o simplemente saliendo, pero ahora con Kurt, tenía que ser un día especial, no podía ser un día cualquiera.
Ante sus dudas, recurrió a la única fuente que le iba a dar una respuesta basada en experiencia, y que no le iba a dar un consejo que le hiciera ver como idiota. Su mamá.
Tal vez debería decirlo más seguido, pero Sebastian amaba a sus padres. Ambos eran su modelo a seguir. Su padre era el hombre más sensato, capaz, justo, protector y responsable que alguna vez hubiera conocido, y su madre era la mujer más bonita, educada, culta, bondadosa y desinteresada que alguna vez hubiera visto. Ellos nunca los obligaban a ser algo que no querían, ni a él ni a Emma. A pesar de siempre estar bien vistos, nunca con un pelo fuera de su lugar, sus padres no se interesaban mucho en la imagen que tenían, siempre les intereso más el corazón y personalidad de una persona antes que como se veían, ellos perdonaban errores, y a veces los cometían, pero decían que todos los errores son una experiencia nueva, a pesar de que no siempre placentera, todo lo que antes no había ocurrido eran experiencias nuevas para ellos. Sus padres podían vivir en la casa lujosa en la que vivían, o en una carpa en el medio del campo, podrían ser ricos, o pobres, podrían vestir fina seda, o cartón mojado, podrían comer cosas costosas, o una salchica, y aún así encontrarían la manera de ser felices. Eso era lo que él admiraba. Lo que él quería llegar a cumplir.
-Mamá, ¿Puedo preguntarte algo?
-Por supuesto, ¿Que necesitas?- La sonrisa cálida e infaltable de su madre se hizo presente.
-¿Que puedo hacer para este San Valentín?
Su madre lo pensó por unos segundo y después miró a Sebastian con una ligera sonrisa.
-Te podría decir que les gusta a las personas que se les dé usualmente, como peluches, flores o chocolates, pero, ¿Sabes que? Si nada de eso sale realmente de tu corazón, no vale la pena. Puedes darle un Ferrari, pero si no lo compraste como un gesto romántico, y pensando en el amor que sientes por él, el regalo no cuenta como uno de San Valentín, sino como uno cualquiera. Tienes que pensar en que es lo que tu corazón quiere darle, algo salido de el corazón y barato, siempre va a valer mucho más que un regalo de millones que solo se compró por obligación. No importa que le regales, importa que lo hayas pensado con el corazón y no con la cabeza. Yo sé que Kurt apreciaría eso.
-¿Como hago para escuchar lo que mi corazón piensa?
-Cuando tu mente piensa en Kurt, ¿Que siente tu corazón?
-Se acelera, siento que va a explotar si sigo con él, y que si lo pierdo también va a explotar. Siento que no hay nada en toda la faz de esta tierra que me baje de las nubes, que me quedo sin aire, que estoy por desmayarme, pero que esas dos sensaciones son las cosas más placenteras que alguna vez viví.
-Entonces, para encontrar tu regalo perfecto, simplemente tienes que buscar algo que haga que Kurt sienta eso en su corazón, cuando lo encuentres, lo pones en marcha, y disfrutas el resultado, porque si es un regalo del corazón, tú lo vas a disfrutar tanto como él.
-Gracias mamá.
-Siempre Sebby.
Kurt estaba pensando en que iba a hacer por Sebastian en San Valentín. Estuvo pensando bastante tiempo sobre cuál podría ser su sorpresa. Se le cruzaron mil y una cosas por la cabeza, algunas ridículas y otras buenas, pero la mayoría no las consideraba lo suficientemente buenas.
Pensó en poemas, dibujos, ropas, canciones, viajes, ocasiones especiales, pero nada parecía suficiente, nada era algo digno de Sebastian.
Estuvo escribiendo borradores de poemas, sketches de dibujos, modelos de ropa, pensó en canciones y las practico, pensó en los lugares que Sebastian querría conocer, pensó en cenas, shows, conciertos, salidas, picnics y caminatas, ninguna idea parecía tener lo que él estaba buscando.
Estaba buscando ese algo especial que lo diferenciara de otras parejas, porque ellos juntos, y Sebastian en sí mismo eran diferentes. Desafiaban a la normalidad, rompían las barreras, y eran un cambio de frecuencia entre las parejas normales. Eran un error sin errores, y eso era lo que Kurt quería, que su regalo fuera tan diferente, incorrecto, fuera de frecuencia e incongruente como su relación. Como ellos.
Paseo por la habitación durante horas hasta que se rindió y se cambió de ropa, decidiendo ir a ver las vidrieras a ver si llegaba algo de inspiración.
Caminó durante horas, mirando todas las vidrieras, en cada una una nueva idea naciendo, y una nueva idea descartada. Continuó así un rato largo, hasta que llegó a Victoria Secret.
Bingo.
Kurt estaba sentado en el patio de comidas, lamiendo un helado de vainilla, y hablando con Rachel sobre el día que era.
-Es San Valentín Rachel, ¿Que vas a hacer para festejar este San Valentín con Finn?
-Finn me invitó a cenar esta noche, y yo lo invité a ir a un parque de diversiones después de la escuela. Planeeamos estar todo el día juntos ¿Y tú y Sebastian?
Rachel se había acostumbrado a la idea de él y Sebastian saliendo, y Kurt estaba agradecido de finalmente tener a alguien sensato con quién hablar sobre su relación que no fuera Finn.
-Yo le tengo una sorpresa especial, en respecto a él no tengo idea de que puede haber planeado.
-¿No te dió ni una pista?
-Nope.
-¿Y no estás ni un poco curioso?
-Por Dios, Rachel. La incertidumbre me consume.
Justo en ese momento empezó a sonar un piano, alegre y entretenido, acompañado por la voz grave de Sebastian.
Esta cosa llamada Amor, simplemente no puedo manejarla.
Esta cosa llamada Amor, debo entenderla
No estoy listo
Una cosita loca llamada Amor
Esta cosa llamada Amor
Llora como un bebé
En una cuna toda la noche
Baila
Celebra
Se sacude como una medusa
Como que me gusta
Cosita loca llamada Amor
Ahí va mi bebé
Sabe como rockear
Me vuelve loco
Me da fiebre caliente y fría
Luego me deja en un frío, frío sudor
Tengo que ser cool y relajarme, mover la cadera
Ponerme en forma
Tomar un asiento trasero, hacer autostop
Y tomar un viaje largo en mi moto
Hasta que esté listo
Cosita loca llamada Amor
Tengo que ser cool y relajarme, mover la cadera
Ponerme en forma
Tomar un asiento trasero, hacer autostop
Y tomar un viaje largo en mi moto
Hasta que esté listo
Cosita loca llamada Amor
Esta cosa llamada Amor, simplemente no puedo manejarla.
Esta cosa llamada Amor, debo entenderla
No estoy listo
Una cosita loca llamada Amor
Al terminar, Sebastian se le acercó a Kurt, sonriendo como si hubiera ganado la lotería
-¿Te gustó?
-Lo amé, tanto como a tí.
Se besaron. Perfecto como siempre.
-Ahora quiero mi regalo.- Dijo Sebastian, no despegando su frente de la de Kurt y aún sonriendo.
-Para ese vas a tener que esperar a casa.
-¿Porque esperar?
Kurt notó el auto de Sebastian en la entrada.
-¿Quieres ir a tu casa? ¿Y que con la escuela?
-Al diablo la escuela, yo soy más importante, ¿Cierto?
-Supongo que tienes razón.
-Entonces vamos.
Se subieron al auto de Sebastian, y Sebastian no respetó las leyes de seguridad vial ni por un segundo, pasó semáforos en rojo, aceleró por lo menos 20 km sobre el límite, y no prestó atención a los cruces y carteles de pare.
Por fin llegaron a la casa de Sebastian, y Sebastian tiró de Kurt, ya besándolo, dirigiéndose ansiosamente hacia su habitación. Cuando llegaron, Sebastian demandó.
-Mi sorpresa.
Kurt retrocedió y se empezó a quitar la camisa, lentamente, dejando a Sebastian disfrutar cada vez que se revelaba un poco más de su pálida piel, tan fácil de marcar.
Llegó a los pantalones, y tomó una gran bocanada de aire, hasta que lo desabrochó y empezó a bajarlos lentamente, para ir revelando a Sebastian su sorpresa.
-Mierda.- Sebastian dijo sin aire.
Kurt tenía un artículo de lencería rojo en lugar de sus normales calzoncillos.
-No podría haber pedido algo mejor.- Sebastian volvió a atacar su boca, hasta que se dirigió a su cuello, dando grandes y húmedos besos.
-Por favor, dime que hoy si tendremos sexo, no puedes mostrarme eso sin esperar que muera por follarte.
-No podemos tener sexo,- Sebastian paró, e intentó recobrar el control.- Pero puedes dejarme un chupón.
-¿Enserio?- Preguntó Sebastian esperanzado.
Kurt había sido muy estricto sobre los chupones, porque en su piel se notaban mucho, y no tendría oportunidad de cubrirlos. Sebastian en cambio, moría por poder dejar su marca en Kurt.
-Más de uno, si quieres.
-¿Que si quiero? Dios. Recuestate en la cama, por favor.
Kurt se recostó, y Sebastian entró en acción.
Sebastian dejó su marca en básicamente todo el pecho de Kurt, tanto que se le haría más fácil decir donde no había marcas. Sin embargo, la más grande, estaba en su cuello. Sebastian había estado minutos en esa, dejando su marca, para que todos pudieran ver que Kurt era suyo.
Y todos lo vieron.
