No comí mucho, Cedric, me amenazo con darme de comer en la boca si no probaba lo que estaba en mi plato, así que solo comí la mitad de mis raciones. Cuando el techo encantado comenzó a pasar del azul a un morado oscuro, Dumbledore, en la mesa de los profesores, se puso en pie y se hizo el silencio.
−Damas y caballeros, dentro de cinco minutos les pediré que vayamos todos hacia el campo de Quidditch para presenciar la tercera y última prueba del Torneo de los tres magos. En cuanto a los campeones, les ruego que tengan la bondad de seguir ya al señor Bagman hasta el estadio.
Mire a mi amigo y este parecía nervioso. −Lo harás bien, Cedric. Te quiero mucho, pase lo que pase.
−También te quiero mucho, Ly. −Y nos hundimos en un fuerte abrazo, me dio un beso en la coronilla.
Harry se levantó. A lo largo de la mesa, todos los de Gryffindor lo aplaudieron. Los Weasley, Hermione y yo le deseamos buena suerte.
Cedric salió del Gran comedor junto a Fleur, Harry y Viktor.
Antes de llegar a la puerta, mi amigo grito. −SIEMPRE Y PARA SIEMPRE, RECUÉRDALO. −sonreí ante eso por qué sabía que era para mí.
Pasaron unos 10 minutos y Dumbledore nos dejo salir hacia los terrenos de Hogwarts, donde sería la última prueba. Deje salir un gran suspiro de nerviosismo "Respira, respira, no dejes de respirar". me decía a mí misma.
Me senté junto a la familia Weasley, nos encontrábamos en medio de las gradas, Los Diggory se fueron a lo alto para ver mejor, mi asiento daba hacia las escaleras, agarre fuertemente la orilla de las gradas, trataba de no desmayarme. Comencé a temblar, Ginny se dio cuenta de ello.
−¿Tienes frio, Lyra? −Al ver que no conteste prosiguió. −Bill préstale tu suéter. −Dijo esta en tono mandón.
Al ver que Bill casi cedía, hable. −No es necesario, ya se me pasara… son… los nervios... Estaré bien. −lo último que dije fue para convencerme a mi misma que lo estaría.
Pocos minutos después Bagman comenzó a hablar:
−¡Damas y caballeros, va a dar comienzo la tercera y última prueba del Torneo de los tres magos! Permítanme que les recuerde el estado de las puntuaciones: empatados en el primer puesto, con ochenta y cinco puntos cada uno... ¡el señor Cedric Diggory y el señor Harry Potter, ambos del colegio Hogwarts! −Los aplausos provocaron que algunos pájaros salieran revoloteando del bosque prohibido y se perdieran en el cielo cada vez más oscuro−. En segundo lugar, con ochenta puntos, ¡el señor Viktor Krum, del Instituto Durmstrang! −Más aplausos−. Y, en tercer lugar, ¡la señorita Fleur Delacour, de la Academia Beauxbatons!
Vaya, ni siquiera podía aplaudir estaba más centrada en que a mi amigo no le pasara nada y regresara con vida.
—¡Entonces... cuando sople el silbato, entrarán Harry y Cedric! —Dijo Bagman—. Tres... dos... uno...
Dio un fuerte pitido, y Harry y Cedric penetraron rápidamente en el laberinto. Por segunda vez volvió a sonar el silbato y entro Viktor Krum. Por tercera vez sonó el silbato y entro Fleur Delacour.
Pasaron los minutos y no había indicio alguno de los campeones, sentía que me iba a desmayar en cualquier momento, a veces podía sentir las miradas de los Weasley, mirándome por si me pasaba algo. Paso como una hora y solo miraba fijamente el laberinto, la primera que salió fue Fleur y a los 30 o 40 minutos después salió Krum, ninguno con la copa. Me sentía mal, estaba mal, estaba temblando… Algo sucedía, pero no lo comprendía, a veces mi visión se nublaba y luego regresaba a la normalidad.
−Lyra… Lyra.− me saco de mi ensoñación. − ¿Te encuentras bien? Estas muy pálida… Parece como si te quisieras desmayar.
−Estoy bien. En serio…
Dos horas, dos horas y medio y ningún rastro de Harry y Cedric, mi mente estaba jugando conmigo.
La hora se volvía eterna, solo quería verlo a salvo. Y de repente todo paso muy rápido, todas mis pesadillas se hicieron reales en aquel momento, Harry y Cedric aparecieron en el césped, pero este último no mostraba indicios de vida, la multitud enloqueció algunos gritaron. Parecía como si todo estuviera en cámara lenta, solo podía escuchar el latido de mi corazón que latía muy rápido, estaba aterrada, empecé a temblar descontrolada mente, no supe en qué momento me había parado porque de repente sentía como sí mis piernas en algún momento me irían a fallar, las lagrimas caían pesadamente por mi rostro, hubo algún momento que me decía a mi misma que esto era un sueño del cual quería despertar ya, esto es desgarrador. Exhale tantas veces como pude.
−No, no, no imposible, él… él está bien… él está bien...- mi voz se oía estrangulada. Rápidamente me zafe del brazo de Ginny y me fui corriendo para confirmar lo que más dolía, Ginny trato de pararme pero fue en vano, oía a los Weasley ir tras de mí, inútil, por qué la adrenalina que traía en ese momento no hacía a que me parara por nada.
Llegue junto al cuerpo de Cedric y me deje caer.−No… no… No por favor… no me hagas esto, no a mí. Despierta Cedric.−decía entre sollozos.− Tienes que despertar… No me dejes sola… −sacudí el cuerpo sin vida de mi mejor amigo. Dolía, esto dolía, no lo podía soportarlo.− Por favor… despierta… Cedric, tienes que despertar, por favor Cedric despierta, Cedric… Me lo prometiste, ¿te acuerdas? Me lo prometiste...−comencé a llorar más fuerte, sentía los espasmos a punto de comenzar.−Necesito… necesito que despiertes…
Cuando estuve a punto de tocar su rostro, Las fotografías pasan tan deprisa, como las páginas de un libro moviéndose con la brisa, las imágenes comenzaron a mostrarse con mayor claridad, muchísima mayor claridad: Un cementerio, Voldemort , otro sujeto y una maldición imperdonable… "Avada Kedavra". Mi amigo yacía muerto en el duro césped de las afueras de Hogwarts. Y fue cuando las imágenes en mi mente comenzaron a tomar sentido. Con una mano acariciaba su rostro, con la otra tape mi boca para tapar mis sollozos incontrolables que se hacían más audibles, este dolor que sentía no se comparaba con ningún otro, era como si una parte de mi hubiera muerto con él también. Sus ojos estaban abiertos, inexpresivos como las ventanas de una casa abandonada, la luz de sus ojos se habían ido y con ello su vida.
Dumbledore le pedía a Harry que lo soltara al cuerpo de Cedric. No me había percatado que Harry estaba igualmente a lado mío, aferrándose a mí amigo. No podía poner atención en otra cosa más que en mi amigo ya muerto.
−Quería que lo trajera —musitó Harry−. Quería que lo trajera con sus padres, con Lyra… Su familia…
− ¡Dios... Dios mío, Diggory! −Exclamó una segunda voz−. ¡Está muerto, Dumbledore!
Aquellas palabras se reprodujeron en mi mente una y otra y otra vez, "¡Está muerto!, ¡Cedric Diggory… está muerto!"
Estaba en shock, había puesto la cabeza de Cedric en mis piernas mientras me balanceaba de atrás hacía delante, como si quisiera arrullarlo, mantenía la esperanza de que en un momento a otro iba a despertar y me diría que todo había sido una broma, pero eso no iba a ocurrir… No ahora, no aquí. Mi mirada se nublo, gracias a las lagrimas que aun salían, solo veía sombras borrosas, no podía captar las siluetas que se encontraban ya allí. Tenía miedo de no parar de llorar.
— ¡Tendrán que llevarlo a la enfermería! — Pude escuchar la voz de Fudge—. Está enfermo, está herido... Dumbledore, los padres de Diggory están aquí, en las gradas...
—Amos Diggory viene corriendo, Dumbledore. Viene para acá... ¿No crees que tendrías que decirle, antes de que vea...?
Amos, grito desgarradoramente supe que había visto el cuerpo de su hijo muerto… Eso me despertó de todas mis duda, mi amigo había muerto y yo no lo quería creer. Eso me dolió, lloré aún más, me tape los oídos y cerré los ojos, no quería escuchar… no quería ver nada. Esto no estaba pasando… era un sueño y pronto tendría que despertar, ¿no es así? Uno no puede vivir por siempre en los sueños porqué estos son irreales y no contienen nada de cordura.
Me toque el pecho, me dolía… Alguien se acerco y me abrazo por atrás.
−No, no, por favor no…−dije aun en shock y con lagrimas.− por favor no… −me desahogue y grite de dolor igualmente.
−Todo estará bien… Todo estará bien.− dijo Bill Weasley.
¿Lo iba a estar? Mi mejor amigo había muerto hace unos instantes y yo no pude hacer nada para evitarlo.
Bill trato de pararme, ponía todas mis fuerzas para resistirme, quería estar con Cedric. Pero al cabo de unos minutos por fin lo logro, me llevo a los adentro del castillo. Por algún motivo u otro llegamos al despacho de Dumbledore. Los Weasley ya se encontraban ahí. Bill no dejo de abrazarme en ningún momento.
El despacho se abrió y con ellos Harry y Dumbledore. La señora Weasley decía algo, pero yo no podía escuchar, era como si una grana hubiera explotado en estos instantes y me hubiera dejado aturdida por el fuerte estallido.
−Lyra, ¿Lyra?...− Bill me tuvo que sacudir para que le prestara atención al profesor.−¿Podemos hablar en mi despacho? Por favor.- dijo Dumbledore, asentí con la cabeza y me desprendió del abrazo de Bill. Todos los de ahí se quedaron atónitos.
−¿Puedo pasar con ella?− pregunto Bill preocupado.
−No lo creo Bill, quiero hablar a solas con Lyra.− dijo Dumbledore compasivo y después desvió la mirada.− Severus necesito que estés conmigo cuando le pregunte algo importante a la Señorita Beauregard.
Entre al despacho y me senté en una de las sillas que se encontraba ahí sin pedir permiso del Directo.
Legeremancia, es como se llama lo que me hicieron en ese despacho. Es un tipo de magia que se utiliza para explorar la mente y los sentimientos de los demás contra su voluntad. Snape se sorprendió porque esto no me causo nada de dolor. Me dejaron salir de ahí y me mandaron a la enfermería, tenía la mirada perdida, no sabía qué hacer, esto había acabado para mí, todo mi ser se había ido con él.
Cuando llegue a la enfermería, los Weasley, Hermione y Harry ya se encontraban ahí, me senté en una de las camas, lo más lejos posibles de ellos. Abrace mis piernas y me quede ahí, mi cerebro se desconecto por varios segundos, no pensaba en nada, no quería recordar nada… Solo quería dormir y nunca despertar, como lo ha hecho él.
Bill llego y se sentó junto a mi.−Lyra…−comento con cuidado.−Tienes que dormir un poco.−al ver que no le hacía caso prosiguió.− Lyra, mírame.− Agarro mi rostro para que lo volteara a ver, pero yo seguía ida.
Una de las enfermeras le dio un frasco a Bill y él lo poso en mis labios, me tome todo el liquido que contenía sin preguntar que era.
Él me recostó y se acostó junto a mí.− Te tengo Lyra… Duerme…−fue lo último que escuche porque todo se puso negro.
