"PROTOCOLOS, CELOS, FIN DE MES"

Genial.

Las cosas no podían estar mas geniales.

Había pasado ya dos semanas desde el episodio. Bella y yo estabamos mas distanciados que nunca y nos odiabamos. O eso era lo que ella queria hacerme creer y viceversa.

Todo el mundo se preguntaba el por qué de nuestra repentina separación. Por que antes, soliamos estar pegados siempre, la acompañaba a todas las clases, comiamos juntos, eramos como los mejores amigos/pareja que no queria ser reconocida. Todos tenían su teoría, pero ninguna era la acertada.

Después de que la clase entera vió el bochornoso video, los rumores volaron como la velocidad de la luz.

Todos habían creido que ibamos a terminar siendo novios, y que ibamos a vivir felices por siempre.

¿Quién iba a saber que Bella quería un amigo, que estuvimos apunto de acostarnos y que yo, Edward Cullen alias el mas caliente del internado, claro, después de Emmet McCartney, iba a detener a la mujer que se me entregaba como un ciervo que se dispara solo, se amarra y se sube a la camioneta, esperando a que te lo comas?

Nadie había sacado esa conclusión.

Al principio, había tratado de arreglar las cosas. Había perseguido a Bella, pero ella me ignoraba. Le había asegurado que ya no sentía nada mas por ella, pero eso ni yo me la creía. Eso, fue un esfuerzo en vano de dos días.

Toqué la puerta como por enésima vez en el minuto.

- ¡Qué quieres Edward! - dijo abriendo la puerta. - No quiero tus flores, no quiero tus perdones, no quiero nada de tí - me había gritado aquel día. En lo más profundo de mi ser, quería pensar que no era en verdad lo que ella quería.

- Entonces no me iré de aquí hasta que aceptes estas flores y estos chocolates. - le dije entregándole el regalo.

- Bien, lo acepto, pero eso no va a arreglar nada. - me respondió, tomando el ramo de flores y el chocolate.

- Ya lo sé. Pero no te podía no dar nada para el día de tu cumple años - le dije. Sus ojos se agrandaron sorprendida.

- ¿Cómo...?

- Me siento al lado tuyo, registro todas tus cosas y no te das cuenta. Eres una despistada - le respondí sin una pizca de arrepentimiento.

- Bueno... Gracias igual - dijo sonrojada. Hace tiempo que no veía ese sonrojo. Le regalé una sonrisa torcida.

- Feliz cumpleaños - murmuré. - ¿Te puedo... abrazar?

- ¿Qué?

- Bueno... Por tu cumpleaños, ya sabes el protocolo. - Dije encogiendome de hombros, como si fuera por el protocolo por el que quería abrazarla.

- Supongo que es el protocolo - dijo encogiendose de hombros. Tragué saliva, me acerqué a ella y pasé mis brazos alrededor de sus hombros, acercando su cuerpo al mío y enterrando la nariz en su cabeza. Olía igual de bien que siempre. Cerré los ojos y sonreí. No me había dado cuenta de cuanta falta me hacía su contacto.

- Uh... Edward - murmuró contra mi pecho. Yo estaba aprovechando el último momento que tenía.

- ¿Aja? - respondí monótomamente.

- Digo, nada más... ¿Cuánto duran los abrazos de protocolo? Digo... Creo que ya estamos suficiente de tiempo - murmuró tensa bajo mis brazos.

- Duran bastante, dependiendo los años que cumples. Es una tradición inglesa. Ya sabes, en algunos países te agarran de los pies y de las manos, y te lanzan hacia arriba segun los años que cumples, en algunos te ponen la cantidad de velas en la tarta segun los años que cumples, en otros te dan vuelta segun los años que cumples. Acá en inglaterra, te abrazan segun los años que cumples.

- Eso no es verdad... - murmuró Bella, todavía con su rostro enterrado en mi pecho.

- ¿Quién es el ingles acá? - pregunté. Y supongo que fue lo suficientemente ingenua para creerme.

- ¿Entonces qué? ¿Me abrazas 17 veces, o me abrazas por 17 segundos, minutos?

- Uh... ¿Tienes 17? Juraría que tienes 20... Debo abrazarte 20 veces - Ella se separó y me miró con las cejas alzadas. - Bueno, serán 16 entonces - dije, pareciendo decepcionado. - Y bueno... Recién llevo uno, así que me quedan 16.

- ¿Sabes que no te creo nada acerca del protocolo ese? No soy tonta.

- ¿Valió la pena intentarlo, verdad? - Ella negó con la cabeza. - ¿Otro abrazo? Ya sabes, el último... De despedida.

- Edward, no da.

- ¿Chiquitita? - pregunté como un bebé. Ella negó con la cabeza. - Pero será pequeñita - sugerí. - ¿Estas segura? - Asintió. - ¿Segura que quieres perderte de esto? - dije apuntando mi cuerpo. Ella me miró de arriba a abajo, examinandome, y me dió una mirada de desprecio.

- Segurisima.

- ¿Segura? ¿No quieres revisar de nuevo? Se que puedo ser irresistible - bromeé.

- Edward, vete - dijo, y pude ver que una sonrisa se le escapaba de sus labios.

- ¿Segura? - ella asintió y comenzó a cerrar la puerta. - ¿Segura? - dije asomando mi cabeza por la puerta. Ella suspiró.

- Edward, esto no funcionará. Nada volverá a ser como antes.

- Pero... No estoy haciendo nada para que vuelva a ser como antes - mentí. Ella me miró a los ojos, seria.

- Mira, solo te diré una cosa. No te enamores de mí. - dijo. La miré confundido.

- ¿Qué?

- Sé que lo escuchaste muy bien, así que no te hagas el idiota.

- ¿Por qué habría de enamorarme de ti? ¿Quien es la egocentrica ahora? - le dije molesto.

- Es solo un aviso. No estoy diciendo que lo haras.

- Bueno, entonces no tendrás problema con eso. Y no te alagues por favor, que no estas a la altura - le dije con acidez. Ella rió con amargura, se volteó y me cerró la puerta en la cara.

Y el problema, era que ya lo había hecho. No me había dado cuenta, pero el estar sin ella, hizo que me diera cuenta cuanto la extrañaba y cuanto la necesitaba. Había extrañado esos sonrojos, esos golpes en el hombro, esa mordida en el labio que me volvía loco. Su torpeza, todo. Cuando te enamoras, no le puedes ver el lado malo que tiene esa persona, pues amas hasta eso. Es una estúpida ceguera.

Pasamos de amigos, a hacer archienemigos por así decirlos. Cada vez que nos encontrabamos de casualidad en el pasillo, nos tirabamos pesadeces. Era algo inevitable.

Me mataba verla todos los días, y no poder hablar con ella normalmente. Sí, estaba enojada con ella, y sí, ella estaba enojada conmigo y sí, nos odiabamos. Pero era horrible la sensación de vacío que sentía en el pecho.

LUNES 28 DE SEPTIEMBRE

Nuestro pequeño Hijao había crecido un montón y dentro de 5 días, iba a volver a su granja. Estaba demasiado grande como para ocupar la incubadora, así que le había comprado una jaula, que era solo de viaje, porque en mi habitación vivía en el baño.

Iba de camino a mi última clase del día, Biología.

- Permiso - dijo Bella, pasando a mi lado con rapidéz, adelantandome y chocando mi hombro.

- Mira por donde caminas - le dije molesto, que ni siquiera pidió disculpas.

- Si miro por donde camino, lo que pasa es que tengo que correr lo que me estorba el camino - dijo ella fuminandome con la mirada.

- No sabia que nuestro Hijao es un estorbo para ti también - le devolví la mirada de muerte.

- No, Hijao nunca sera un estorbo. Eres tu el que estorba el camino.

- No. Yo decoro el camino, eres tu la que ve mal.

- No. Eres una mancha en el camino. Un estorbo, un perro muerto a mitad de carretera. Eso eres. Y los perros muertos a mitad de carretera, deben ser apartados, tal como yo lo hice contigo.

- El pasillo era lo suficientemente grande para que pasaramos los dos, sin que tuvieras la necesidad de chocarme. Tampoco eres tan gorda - le dije con maldad. Su boca era una perfecta "o" de indignación. En parte, me hubiera reido si hubiera sido en broma, pero como ahora no somos colegas, no estamos para bromear, y las bromas pasan a ser burlas, y bueno, me burle de ella. Pero me siento un poco, tan solo un poco mal de haber mentido. Ella no era gorda, Dios, claro que no lo era.

- No soy gorda - dijo con los dientes apretados. - Y tu, eres un idiota. Pudrete. - Escupió lo último con odio.

- Claro, mantente cerca y te aseguro que me pudriré rápidamente.

- No gracias, no me gustan los parásitos.

- ¿Entonces para que me hablas?

- Tienes razón. No sé por qué gasto mi tiempo y saliva, hablando con alguien como tu. Baichi - siguió caminando y entro a la sala de Biología. Se sentó en la silla, y yo me planté a su lado. Ambos mirando al frente, esperando al profesor. Ignorándonos. Miré de reojo, y ví que estaba de brazos cruzados, apoyada en el respaldo del asiento con el ceño fruncido, igual que yo. Rápidamente, cambie mi postura, y apoyé los codos en la mesa.

Esto era una de las escenas que teníamos día a día, cuando compartíamos Biología. En parte, me alegraba que sea la única clase que compartiamos. Era un alivio.

¿A quien tratas de mentir? Eres un gran idiota. Todo el mundo sabe que te mueres por estar en todas sus clases, aunque se "odien" los muy giles, no quieres despegarte de ella. Por que, idiota, te tuviste que enamorar de esa chica. Nadie te mandó a hacer algo así. Hasta tu, si, tu, te apunto a ti, la que esta leyendo esto en este mismo momento, sabe que nuestro Lillion es un idiota enamorado. Y sabemos que nuestra Chica USC es una tarada. Sí, todos lo sabemos. Son unos tarados. Si tuvieran un concurso por el mas tarado, Lillion y USC ganarían todos los grammys, oscars, y etc por ser los mas tarados.

Aparté mi subconsciente a un lugar donde no volvería mas por un largo tiempo.

- Yo estaba primero - dijo Bella.

- Yo llegué primero, no te cueles - le respondí yo. Parecíamos dos críos peleandose por una fila. La diferencia, era la edad que teníamos. Esto era patético, pero no quería que se saliera con la suya.

- Ya, ve tu nenita. - escupió ella.

- No, tu eres la nenita, tu vas primero - respondí. Lo sé, soy un pendejo. ¿Y que?

Se me había olvidado el detalle, de que además de compartir biología, teníamos que entrenar juntos. Mixtos, cosa que no pasaba en años anteriores, esto fue una excepción por que mi profesor se cayó de algun lado, y se mató y toda la cosa, y nos quedamos sin entrenador. Ahora nos entrena la de las chicas.

- ¿No que ibas tu primero? ¿No querías sacar tu primero? Anda y saca pues - dijo.

Una chica, detras de nosotros, resopló, murmuró algo de pendejos y se nos adelantó. Bella se sonrojó, al notar lo patético que estaba siendo. Me golpeó en el hombro.

- ¿Por que me pegas?

- Por idiota. - dijo sin mas. Se adelantó, y sacó.

- Malla - murmuré en su oído detrás de ella, y la pelota se le quedó en la malla. Sonreí con malicia, ella se dio la vuelta y me enseñó el dedo.

Tocó mi turno de sacar, lancé el balón hacia arriba, y le iba a pegar con toda la emoción y concentración del mundo, cuando una voz a mi lado me desconcentro.

- ¡Se le va! - gritó Bella, y mi mano se desvió, golpeé con los dedos y el balón no llego ni a tocar la malla. Eso era lamentable. Pude ver la sonrisa de Bella antes de que me diera la espalda. ¿Así que vamos a empezar así?

Después de un rato, nos tocó practicar remaches. Todo estaba normal hasta que noté eso.

En la fila, detrás de mí, podía notar como un chico coqueteaba con Bella, hacían bromas, se botaban los balones entre sí, reían como idiotas, lamentable.

La furia comenzó a arder en mí. Apreté los dientes con fuerza para controlar mis celos. Yo podría estar bromeando con ella en este momento. Yo podría estar riendo con ella. Maldito video estúpido que tuvo que arruinarlo todo. Y claro, no podía reclamar nada, por que no era nada de Bella.

Era mi turno, así que lancé el balón, y remaché con toda la fuerza que pude, para sacar la ira que tenía dentro.

Accidentalmente, mi remache le llegó a a una pequeña en la cabeza, que iba caminando de espalda, y no se dió cuenta. Corrí a ver como estaba, había matado a la pequeña.

- Lo lamento mucho Keily - dije sarandeando con suavidad su hombro. - No fue mi intención, ¿Estás bien? - pregunté preocupado. Ella asintió.

- No te preocupes, soy pequeña pero resisto - dijo sonriendo. La pequeña, supuse que debía tener 14 años, tenía unos lindos hoyuelos en la mejilla, que se le marcaba al sonreír. Y se los hice saber. Murmuró un débil gracias, y desvió la mirada avergonzada. Reí, era tan adorable la pequeña, era una combinación como de Alice y Emmet. Era como una hermanita pequeña.

Seguimos nuestro camino, y me puse a la fila, donde Bella se me había adelantado por mi atraso. Noté cuando me miró de reojo, y también noté que lo hacía con un poco de odio. ¿Estará celosa? No seas gil. Bella solo te odia, ¿Cómo estará celosa? ¿Y de Keily? Por favor, si tan solo es una cría.

Al final del entrenamiento, la profesora hizo equipos de 6 personas para que jugaramos, y desgraciadamente, me tocó junto a Bella.

Estabamos todos en nuestras posiciones, medios agachados, esperando el balón al otro lado. Hicimos un par de puntos, ibamos ganando. Debía admitir, que Bella era un poco buena. ¿Un poco? Yo te había escondido en el fondo de mi mente, ¿De donde saliste? Siempre estaré allí Edward. Soy tu conciencia. Y tambien soy Darkward. Bueno, a lo que iba. ¿Bella era solo un poco buena? Ts... Si es hasta mejor que tu. Nunca.

Envuelto en mis estupideces de pensamiento, no me di cuenta que una pelota iba al centro, justo en la división de donde me encontraba yo y Bella.

- ¡Voy! - grité, para que nadie se me acercara.

- ¡Mía! - había gritado Bella al mismo tiempo.

- ¡Yo voy a esa! - repliqué, ambos corrimos a salvar el balón antes de que cayera en el piso, pero chocamos como dos cerdos sudorosos en el intento. Bella me golpeó en la cara con sus brazos, y viceversa. Salimos ambos disparados, y nadie salvo el balón. Había caído en el piso.

- ¡Te dije que era mía! - grito Bella enojada, sobándose el rostro. Iba a pedirle disculpas por haberle pegado, pero su comentario hizo que mi generosidad se vaya al fondo de mi ser.

- ¡Yo también dije que era mía! - le respondí de vuelta.

- Pero iba a mi lado, así que yo iba, pero te cruzaste en camino, para variar.

- No, iba al centro, asi que podíamos ir los dos y...

- ¿Van a jugar, o se van a quedar allí parados peleando como pendejos? - dijo una pendeja de 15 años, era pequeña, pero tenía actitud y muy madura. Admirable e intimidante. Bella se sonrojó, avergonzada de ser reprimida por una niña, y yo también estaba un poco avergonzado, pero no fisicamente notable.

Y bueno, como habrán notado, nuestra relación se basaba en peleas tontas, e insultos. Patéticamente pendejo.

MARTES 29 DE SEPTIEMBRE

Otra clase de Biología, otra hora de tortura. No me gustaba las cosas que estaba entre nosotros. No quería que me odiara, no quería que ella pensaba que la odiaba. Pero no creo que haya algo que hacer al respecto.

Hoy había llegado excesivamente temprano a clase. Era el único en el salón sentado en la silla, con la espalda pegada en el respaldo, y los pies en la mesa con las rodillas flexionadas. Total no había nadie todavía como para que me avergonzara de mi postura.

Con los brazos cruzados sobre el pecho, pensando en una forma de arreglar las cosas, todo concentrado, mirando el pizarrón con el ceño fruncido.

- Mierda - murmuró alguien al entrar. Giré mi cabeza, aún con el ceño fruncido, molesta por aquella persona que llegó a interrumpir mi tranquilidad.

- Ah... - dije en voz baja para mi mismo. Era Bella. Mi boca queda un poco abierta por lo que vi. Se veía mas hermosa que nunca. Andaba con un vestido azul que le llegaba a las rodillas, ajustado debajo del busto, resaltando sus pechos, acompañado de un pequeño chaleco que le cubría los hombros de color negro, y sus convers. Parecía un ángel.

Cuando su mirada topó con la mía, la desvié rápidamente, porque no quería que supiera que yo pensaba que se veía linda. Hermosa, preciosa, como un ángel.

Ella carraspeó un momento, y caminó a la mesa, se sentó a mi lado, y vi de reojo cuando puso la jaula de nuestro hijao sobre la mesa. El/la pequeña/o comenzó a piar como loca/o, y a revolotear por todos lados, mientras picoteaba un poco de maíz que había en un potecito.

El silencio incómodo nos inundó por unos segundos. Me volteé para mirarla disimuladamente. La cortina de cabello que tenía como protección, me impidió ver su rostro, pero podía ver como se asomaba la punta de su nariz. Esa nariz era linda, debo agregar. Cómo moría por decirle lo especialmente bonita que se encontraba hoy día, como me gustaría pasar mi brazo por sus hombros para protegerla del frío, que seguramente no sentía, pues no hacía frío y además, andaba con un chaleco, pero sería una linda excusa para hacerlo. Pero era algo que no haría, y no me atrevía a hacer.

- ¿Qué? - se volteó a mirarme.

- ¿Que... qué de qué? - pregunté nervioso.

- ¿Qué tengo en la cara, que me andas mirando? - pregunto con el ceño fruncido y los labios arrugados. Bueno, pues tu cara tiene principalmente, cejas, ojos marrones, nariz puntiaguda, una boca, y bastante lindos debo agregar, es por esa razón que no puedo dejar de mirarte, pero igual no puedo mirarte por que tu hermoso pelo me lo impide, y ¡ah!, tienes un par de espinillas, pero es parte de la adolescencia y te quedan bastante sexys en tu sien.

- Uh... ¿Qué te hace pensar que te estoy mirando a ti? Perseguida. - dije desviando el tema.

- Pues, que me estabas mirando cuando volteé para mirarte, y que sentía una sensación de que alguien me miraba, y solo estabas tu - respondió.

- Repito, esa sensación de que alguien te mira, puede ser paranoia y perseguimismo, si es que existe esa palabra. Puedes solucionarlo con un psicologo. Y ademas, existe la posibilidad de que justo te mire cuando te volteaste a mirarme, y nuestras miradas chocaron - sugerí con homosexualidad. ¿Nuestras miradas chocaron? Por favor.

- ¿Y esa posibilidad fue lo que realmente sucedió? - preguntó, apoyando sus codos en la mesa con los brazos cruzados, girada levemente para mirarme y un poco inclinada. Me atraganté con saliva cuando pude ver su escote. Desvía la vista, desvía la vista, ¡Rápido! Código Rojo, Código Rojo. ¿Código Rojo? ¿Donde esta el problema? debo echarle un vistazo. Vamos, echale un vistazo hombre. Dame un poco de tu código rojo.

Apreté los puños, y los dientes. Los ojos arriba, los ojos arriba.

- Eh... Ah... ¿Qué dijiste? - pregunté nervioso, tragando saliva con dificultad.

- Mi pregunta es, ¿Si realmente pasó, de que justo cuando volteé a mirarte, nuestras miradas "chocaron"? - hizo las comillas.

- Um... ¿Si te digo que sí me creerías? - pregunté. Ella negó con la cabeza y echó su espalda al respaldo, tal como yo. Bien, sigue así Bella, sigue así. Darkward trató de golpearme, pero yo soy mas fuerte. Me vengaré. - Bueno, entonces, no fue lo que pasó. Y sí, si te estaba mirando. ¿Por qué? Por que no lo sé. Eres un vicio, una obseción. No puedo dejar de mirarte, ¿Qué quieres que diga? - confesé. Ella se sonrojó furiosamente y desvió la mirada. Pude ver cómo apretaba los puños sobre la mesa e inspiraba.

- Tenías que empezar... - susurró.

- ¿Empezar qué? - dije molesto. - Tu fuiste la que me preguntó. Y te respondí con la verdad.

- Una vez trato de ser civilizada, y ya te vas al pasto.

- ¿Decir que no puedo dejar de mirarte por que hoy estas especialmente hermosa, que pareces un ángel es irse al pasto? - pregunté. Fue una forma muy sutil de confesar lo que me moría por hacer.

- Eso no fue lo que habías dicho. ¿Sabes? Mejor no hables. - se giró para mirar el pizarron, ignorandome.

- ¿Qué fue lo que hice mal ahora? - gruñí.

- ¿Te preguntabas cual era el problema para volver a ser como antes? Este es el problema. Que siempre, siempre me estas tirando piropos, tratando de hacer tus movidas, así es como comienzan todos. ¿Que estoy especialmente hermosa, que por eso no puedes dejar de mirarme, y que parezco un angel? Eso no son cosas que un amigo le diría a otra. Eso fue lo que cambió Edward. Y tu dices que puede volver a ser como antes. Tu no puedes volver a ser el mismo de antes.

- ¡Pero siempre fui el mismo! - dije exasperado. - Siempre te traté igual. Siempre te elogiaba, y tu no te molestabas.

- Bueno... Eso era por que no sabía cuales eran realmente tus intenciones. No sabía como te sentías por mí. Pensé que eran bromas nada mas. Ahora sé que lo que me decías tenía un sentido mas haya de las bromas.

- Ay, por favor Bella, no exageres.

Podríamos seguir peleando, pero una chica llegó al salón con su jaula en la mano. Y después de eso, no seguimos hablando.

- No me hables - me dijo en voz baja.

La gente comenzó a llegar, ya había pasado bastante tiempo desde que tocó el timbre y el profesor no llegaba.

- Disculpen la demora alumnos, tuve un pequeño inconveniente - dijo el profesor Huang. Tosió un poco y comenzó a dar la clase. Pude notar que hoy se encontraba un poco mas débil que los otros días, se veía mas pálido, mas cansado. Parecía como si estuviera enfermo. Debe ser por la edad.

No podía dejar la conversación pendiente que tenía con Bella. Le quité el cuaderno que tenía sobre la mesa. Ella me fulminó con la mirada, pero no hizo ningún show para impedir lo que estaba haciendo. Abrí el cuaderno y escribí una frase.

"Dijiste que no te podía hablar... ¿Esto no entra en el término de hablar, verdad?"

Le entregué el cuaderno, esperando a que ella leyera lo que escribí. Me miró con cara de odio, y negó con la cabeza, no era como de "no", si no, de "idiota".

"Eres un pendejo. ¿Qué quieres?"

"Tener una conversación civilizadamente. ¿No puedes simplemente olvidar todo lo que paso el otro día? El video, las confesiones y el incidente?

"¿Puedes tu olvidarte de lo que sientes por mi? Tragué con dificultad, y desvié la mirada de su vista, pues sus ojos eran intimidantes.

"Podría hacer el intento"

"Entonces, cuando hayas echo el intento y lo hayas logrado, me avisas y ahí veré si puedo tener una charla civilizada contigo, olvidando todo lo que sucedió anteriormente"

Fruncí el ceño.

"Te odio, .!." (pd: Para los que no saben. Allí hay un mono levantando el dedo del medio)

"Mentira, me amas." Tienes razón, y no sabes el significado de tus palabras.

Había una sonrisa ganadora en el rostro de Bella. Era la primera vez en años, que me sonreía y bromeaba con naturalidad. Cómo había extrañado esa sonrisa. Me quedé mirandola como un bobo más de lo normal, y ella desvió la vista hacia el profesor avergonzada.

La clase terminó y la campana sonó.

Bella fue la primera en pararse, tomó la jaula de Hijao, se despidió del profesor y salió disparada del salón. Seguida por la otra gente. Yo tuve que ordenar mis cosas, antes de poder salir a perseguirla. Quería hablar con ella.

Pero era rápida, y se había dispersado entre la multitud. Que inteligente.

- Hola homosexual - dijo Jasper golpeándo mi hombro. - ¿Qué te trae en estos desolados pasillos, solo, solitario, dije solo?

- Ya sabes, travesti, estoy llendo a la cafetería por que muero de hambre.

- ¿A que mueres por comerte una salchicha? - dijo alzando las cejas sugestivamente. - Homosexual.

- Callate Jasmine, tu eres el que quiere tener una salchicha. Pero aceptalo mujer, no todos tienen el don que Dios me dio a mi - dije mirando a Darkward.

- No te alagues homosexual, tu salchicha no tiene comparación con la mía.

- Tu eres el homosexual, que llama nuestro SRM "salchicha".

- ¿SRM? ¿Qué es eso? - preguntó Emmet que apareció de la nada.

- Sistema Reproductor Masculino - respondí.

- Pf.. Quen será mas homosexual, si llamar nuestra hombría, salchicha o SMR.

- ¿Hombría? No pueden simplemente llamarlo pene - dijo Alice sin nada de delicadeza. ¿Y de donde salió ella? - Son un par de nenitas. - se burló.

- Hola cariño. ¿Cómo estuvo el día? Te extrañe - dijo Jasper abrazandola por la cintura, y dandole un beso en la frente. Repugnante, no quiero ver lo que hacen cuando no los veo.

- ¿Ven, que le dije? Una nenita - bromeo ella, dandole un beso en la mejilla y abrazandolo de vuelta. Jasper frunció el ceño.

Y con Emmet decidimos dejar a la pareja de enamorados atrás, mientras caminamos hacia la cafetería.

MIERCOLES 30 DE SEPTIEMBRE

Dejé la bandeja en la mesa un poco mas fuerte de lo necesario, me senté en la silla, y comencé a comer como si nada.

- Pasa, adelante, sientate, te invito. - dijo Bella con sarcasmo, levantando la vista de su plato para mirarme - Tu presencia no me desagrada en lo absoluto, no me incomoda para poder disfrutar de mi comida y tener una buena digestión.

- Gracias, me gusta cuando eres tan acogedora y cálida - respondí, metiendo un pedazo de carne en mi boca. Ella me fulminó con la mirada.

- ¿Qué quieres? - preguntó masticando.

- No se habla con la boca llena. Quizá tu mamá te haya enseñado eso - le dije apuntandola con el tenedor. Ella negó con la cabeza.

- ¿Qué haces aquí?

- Te hago compañía Bella. Para que puedas hablar con alguien, yo soy acogedor contigo. Ya que te vi aquí en la mesa, comiendo con desgana, sola, sin compañía, mirando el plato, jugando con la comida, sola, sin nadie con quien hablar y decir como te fue en el día, sola, triste, sola...

- Si, si, ya entendí. Sola - dijo malhumorada. Tomé el vaso para beber de mi jugo, y tratar de reprimir la sonrisa. Que viejos tiempos. - Pero prefiero estar sola que mal acompañada, ya conoces el dicho.

Dejé el vaso en la mesa, y puse la mano en el pecho, con la mejor cara de indignación.

- No te hagas el ofendido, pedazo de idiota. - arrugué la cara. - Estaba de lo mejor comiendo, hasta que tu apareciste.

- Eso no es lo que decía tu cara al verme - le guiñé. Negó con la cabeza.

- Viniste para hincharme las pelotas, e irrumpir mi momento de paz.

- ¿Qué dices Bella? Yo te quiero dar paz.

- Bueno, entonces come y calla - dijo y dejó de mirarme, para mirar el plato mientras comía. ¿Qué tiene el plato de interesante que no tenga yo?

Y de la nada, se me había acabado la carne, quedando solo jugo de carne y arroz. La señora de la cafetería no me había dado suficiente carne. Arrugué la cara. Pero Bella tenía harta carne, y no se lo estaba comiendo...

- ¡Hey! Mi carne - dijo molesta, mientras yo estaba masticando feliz mi jugosa carne.

- ¿No puedes compartir?

- Contigo, no comparto nada - dijo cuidando de su plato.

- No puedes decir que no compartimos nada. Tenemos un hijo juntos, ¿No te parece que ya compartimos bastante? - bromeé. Me levantó el dedo.

- Ya quisieras que compartamos eso.

- Eso es algo que queremos los dos - dije alzando las cejas. Ella me fulminó con la mirada.

- Era broma. No me gustaría compartir eso contigo, por que sería repugnate, asqueroso, ¿Quién en su sano juicio compartiría eso?

- Jódete.

- Bueno... Podría joderte - Me lanzó la mirada. - Pero no lo haría, claro está.

- No te comas mi comida - dijo con tono de advertencia.

- Pero Bella, ¿Estas segura de que quieres seguir comiendo? Ya sabes, la carne tiene mucha grasa y lo demás, y el peso se te va notando gorda - le dije con cariño.

- Callate anorexica, y dejame comer. No soy gorda, y no me importa como esta mi figura, porque no me ando mirando cada cinco minutos al espejo, no ando midiendo cada caloría que como, no ando vomitando cuando puedo y no me interesa como me veo, porque no soy superficial como tu.

- Pero gorda - bromeé. - Lo hago por tu bien, el colesterol es muy dañino.

- Bien, bulimica, ¿Quieres carne? Ahí tienes carne - Tomó su plato, y dejó los pedazos de carne en el mío. Se paró con la bandeja y se fué. Dejandome solo en la mesa.

Suspiré con tristeza, aparté la carne a un lado y comí arroz. En verdad no era carne lo que quería compartir. ¿Un poco de compañía y de su tiempo era mucho pedir?

¿Cuando me volvi tan dependiente? ¿Cuando me volvi tan sensible? ¿Cuando me volvi tan homosexual? ¿Cuando me volvi tan patetico?

Esas preguntas tienen solo una respuestas.

Bella

VIERNES18/2/2011-8:56VIERNES18/2/2011-8:56VIERNES18/2/2011-8:56VIERNES18/2/2011-8:56VIERNES18/2/2011-8:56

¿Parte Favorita? ¿Parte más graciosa? ¿Parte que odiaron?¿Parte que les aburrió?¿Parte mas triste?

Son cosas que me gustaría saber. Si tienen el tiempo y si quieren, me las pueden responder.

Comprenderé si no les gusta este capítulo. Me costo demasiado para escribirlo :S (Y)

Atte. FANOSM