"Un carruaje para Cecile"


Capítulo 11: "Si Cecile está aquí, ¿dónde está Helga?"


DISCLAIMER: "Hey Arnold!" no me pertenece. Ella y todos sus personajes son propiedad de Craig Bartlett y Nickelodeon, excepto los que inventé para darle sentido a mi historia. Este fic no tiene fines de lucro.


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La mañana había comenzado y con ello, la preparación ahora, más extensa y detallista. Si las cosas iban a ser de esa manera, era preferible que fueran bien hechas. Lo primero, dejarse sumergir en el vapor de la ducha y de sus pensamientos. ¿Tendría alguna aliada, acaso? Se permitió preguntar. ¿Cómo rayos haría de ahora en más? Porque que ella supiera, aunque de una se dijeran dos, seguía siendo una, y ese era el problema. Las matemáticas eran exactas.

Una vez fuera del baño, decidió vestirse de manera diferente, aun siendo Helga, lo que de por sí, ya era algo bastante raro. Bob de todos modos, o incluso Miriam no notaría nada. Cargó en un bolso el atuendo de ese día. Collar de perlas, pañuelo de seda en tonos pasteles, falda y blusa de estilo de Cecile, finalizando con unos zapatos sin tacón, de charol negros, en contraposición a sus tan acostumbrados tenis blancos. Y el detalle no menos importante: el cabello falso. Oh, la grandiosa Phoebe, que le había conseguido unas capas de extensiones rubias, fácilmente colocables. Esa sería la 'innovación de Cecile', según el propio consejo de la oriental, para distinguirla más de Helga.

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—Buenos días, Helga.

—Hola Phoebs, ¿qué onda?

—Bueno, intrigada. ¿Para qué te llamaron ayer? No te vi luego de eso... —Le comentó su amiga, al compás que prácticamente la perseguía.

Helga tomó algo de aire antes de responderle.

—Helga no existe más, Phoebe. Me convertí en un personaje, un chiste... Cecile ahora tiene entidad propia. El personaje, mutó en 'persona'.

Phoebe no lograba comprender las palabras de la rubia.

— ¿Qué quieres decir, Helga? Me estás asustando.

—Bob y Wartz quieren que sea una alumna regular de aquí, hasta que acabe todo... Quieren que asista a esta escuela, para mantenerme cerca.

—Dios mío, Helga. Esto se salió de control.

Y recién ahí fue que lo notó.

—Sí. Pero, ¿qué puedo hacer? A veces uno no sabe cuándo debe decir adiós para siempre, y es aquí cuando eso se vuelve un callejón sin salida, un océano de mentiras tras mentiras.

— ¿Cómo vas a hacer?

—No lo sé. Siempre pensé que traería a Cecile de regreso mientras eso me hiciera feliz, pero... No lo sé. —Suspiró con tristeza—. Por cierto, necesito un permiso para 'actuar', "firmado por mis padres"... —Comentó, rodando los ojos—. ¿Podrás encargarte de eso?

—Sí, Helga. Déjame resolverlo.

—Gracias. —Respondió inmutable en su estado.

Phoebe la vio alejarse, vestida por una playera blanca y un vestido blanco también. Dudó un poco sobre la razón del cambio e inmediatamente lo descifró. Una parte de Helga estaba forzosamente saliendo a la luz, mientras ella misma sacrificaba su propio ser en miras a mantener el personaje. La chica temió por cómo se sentiría Helga al final de todo el asunto.

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Quince minutos más tarde de que el profesor tomó lista, Helga pidió permiso para ir a entregar unos libros a la biblioteca. Si iba a tener que fingir ser 'la alumna Cecile', al menos, quería no figurar como ausente en las listas de asistencia.

Lejos de ir donde dijo, se dirigió a su casillero, donde guardaba el bolso y fue directo al baño.

Otros quince minutos más tarde y las extensiones, el collar, la blusa, falda y pañuelo mediantes, daban a una impuntual pero presente Cecile.

—Permiso, disculpe. —Dijo tímidamente—. Lamento llegar tarde, yo...

—Adelante. —Indicó el Sr. Simmons sonriente—. Niños, debo hacer un anuncio. Una nueva estudiante nos acompañará momentáneamente. ¡Bienvenida a nuestro salón, Cecile!

Todos los chicos la vieron asombrados, puesto que no estaban al tanto de que la —ahora— estrella del comercial sería compañera de salón de ellos.

— ¡Cecile! —Exclamaron maravillados Stinky y Sid.

—Elige un pupitre, ponte cómoda Cecile. —Le aconsejó Simmons.

Arnold lucía pasmado ante la presencia de la chica, quien la escoltó con la mirada hacia donde ella caminó.

—Gracias, Sr. Simmons... —Aseveró ella, aún tímida.

—Hola Cecile, soy Eugene, me debes haber visto en el auditorio... Jejeje... —rió nerviosamente—, yo soy el que siempre está haciendo coreografías...

—Hola... Eugene... —Dijo Helga fingiendo no conocerlo—. Cielos, qué tonto... Pensó.

—Soy Sheena. —Dijo esta, aproximándose a la rubia de larga cabellera y ojos azules delicadamente delineados—. Podemos ser amigas, Cecile. Cuando tengas alguna duda, no temas en consultarnos... —Aclaró amistosamente, señalando a las otras chicas—. Somos Lila, Phoebe, Nadine, Rhonda, Katrinka, y... Bueno, Helga... —Indicó.

—Oh, gracias, Sheena. Eres muy atenta. —Replicó, frunciendo el ceño por haberla nombrado a lo último como 'opción de amistad'.

Qué estúpido se sentía enfadarse por cosas que no podía corregir o evitar, como la excesiva atención recibida por todos y cada uno de los que la rodeaban; o por los desmedidos piropos provenientes de cualquiera chico anonadado por su belleza y fama. Otro tanto, era el odio que experimentaba al saber absolutamente nadie en el salón se había percatado de su ausencia, nadie.

La campana que anunciaba la hora de almorzar había sonado.

Helga no podía dejar de sentir la mirada fija de Rhonda clavada sobre sí, durante todo el tiempo que llevaba allí. ¿La princesa se habría dado cuenta de que no era el centro del Universo?, pensó gozosa, aunque en realidad, no se tratara de eso.

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En la fila de la cafetería, todos se mostraban ansiosos por conocer a la llamativa rubia o de invitarle el almuerzo, o simplemente, para postularse como acompañante de almuerzo en la mesa.

—No sé cuánto más soporte esto, Phoebe. —Susurraba a medida que la fila avanzaba, con cuidado de no ser escuchada—. Odio que toda la atención esté puesta sobre mí; detesto tener que ser amable con cualquier idiota que se me asome...

—Sonríe, pareces molesta. En cuanto menos lo pienses, alguien hará asociaciones y sacará conclusiones...

—Estás loca, Phoebe... —Decía, protestando por lo bajo, mientras pretendía lucir sonriente y distendida—. Ni en un millón de años alguien se dignaría a notarlo. —Aseguró mientras azotó una cucharada de estofado en su bandeja.

Arnold la miraba desde su mesa con curiosidad y una sensación extraña que no lo abandonaba desde temprano.

—Lo que más detesto, es el cinismo que hay aquí. —Continuó—. Es decir, ¿Harold, Sid, Stinky? ¿Saludando con admiración a Cecile y enumerando mis virtudes y belleza? ¡Por favor! Si me ahogara yo, no serían capaces de alcanzarme un vaso de agua, Phoebe... —Mascullaba mientras aún sonreía.

— Helga, esto no será para siempre... —Susurró la oriental.

—Las niñas mueren por ser mis amigas. Es increíble... Pero aún así, serás mi 'amiga'. —Aclaró.

— ¿No crees que eso daría lugar a comparaciones y...?

— ¡Eres lo único de mi pasado que me queda! ¿Quieres que te aparte de Helga, también? —Chilló, inaudible a terceros, pero indignada.

—No, sólo decía... Tranquilízate un poco. Y disimula tu incomodidad. Serán unos días y luego todo acabará. —Afirmó positivamente la pelinegra, mientras caminaban hacia las mesas.

— ¡Oye, Cecile, por aquí! —Exclamó Stinky, llamando la atención de todos, desde la mesa de Arnold y Gerald.

— ¿Eh? —Atinó a preguntar la rubia.

— ¡Ven, por favor! —Imploró el muchacho.

— ¿Debo ir, Phoebe?, ¿en serio? —Rezongó.

—Ve, Helga. No puedes parecer antisocial. Recuerda, te descubrirán.

—Cielos...

Una vez que llegó a la mesa de los muchachos, la cosa no se pondría mucho mejor.

—Bueno, Cecile. Aparté especialmente esta mesa antes de que suene la campana para que te sientes aquí...

Helga lo vio sorprendida, al igual que Gerald y Arnold.

—Porque eres una chica muy especial y para que... —Comenzó a reír levemente—. Para que almuerces con el Príncipe del comercial...

Arnold le lanzó una mirada de reproche, a la vez que Gerald se carcajeaba de la ocurrencia del chico.

Ya que salen en la ficción, podrían salir en la realidad... ¿No sería romántico...? —Preguntó Stinky con voz de ensoñación.

—Stinky, agradezco tu propuesta, pero...

—Tal vez puedan enamorarse... —Continuó atormentándolo.

Arnold ahora lucía molesto.

— ¿Stinky, verdad? —Preguntó Helga, fingiendo no estar segura del nombre del chico—. Gracias por la mejor mesa del salón, —dijo sonriendo—, pero no la merezco. Y si Arnold gusta, almorzaré con él... ¿Sabes? Las cuestiones del corazón no pueden ni deben forzarse... —Concluyó con la mayor amabilidad y cortesía nunca antes experimentadas en su vida.

—De nada Cecile, vámonos Gerald... —Le ordenó a moreno, quien obedeció picándole un ojo cómplice a Arnold. El rubio se vio sonrojado ante la compañía femenina.

—Lo siento, yo... No quise ser descortés, Cecile...

—Está bien, Arnold... No hay problema. —Afirmó tranquila—, si lo prefieres, iré a almorzar junto a las niñas, ellas me ofrecieron su compañía hace rato... —Ofreció, rogando que él se negara.

—No, no, por favor. —Se puso de pie—, por favor quédate, almuerza conmigo...

— ¿Seguro? Sería un placer.

—Gracias.

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¿Cómo ella podría sabotear a esa chica tan dulce y gentil? Pensó Rhonda. La personalidad de la televisión, ahora, de la escuela, y aunque tuviera que reconocer que si había algo que ella detestaba era la quita de protagonismo, la chica le caía muy bien. ¡Cielos! Hasta parecía que Arnold estaba enamorado de ella, y ahora, ¿era su compañera de salón? ¿Desde cuándo Rhonda Wellington Lloyd tenía tanta moral? Se sentía tan miserable al ser chantajeada por alguien como Leichliter... Rhonda no podía dejar de maldecir el momento en el que sobornó a Bob para que Curly no fuera elegido como príncipe, y el crítico, testigo oculto de ese acto, tuviera ese haz bajo la manga hasta el día de hoy.

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De regreso al salón, la ausencia de Helga se hizo evidente, y por alguien que ella misma no imaginaba.

— ¿Sr. Simmons?

— ¿Sí, Arnold? Me preguntaba si usted sabe dónde está Helga... No la he visto en la cafetería y es hora de revisar nuestro proyecto...

—Oh, sí, estás en lo cierto... No la he visto tampoco, desde antes del receso...

— ¿Sr. Simmons? Disculpe, debo retirarme, el Sr. Pataki me necesita para un ensayo preliminar...

—Ah, claro, Cecile... Dame un momento. —Le pidió el maestro.

—Bien. —Respondió Helga mientras notaba lo nervioso que lucía Arnold por su presencia.

—Es porque debemos entregar el proyecto en breve y habíamos acordado releerlo juntos hoy...

—Sí, sí, tienes razón, Arnold... De todas formas, tal vez Helga se enfermó y se retiró antes, lo que sería extraño, porque en esos casos, siempre la enfermería o el Sr. Wartz me avisa antes...

—Exacto... —Acotó el rubio, con sorprendente preocupación para Helga.

—Eso me recuerda, que eres una estudiante nueva, Cecile, y que aún no tienes asignado un proyecto o un compañero... —Prosiguió Simmons, dirigiéndose a la chica.

—Sí, lo mismo estaba pensando, Sr. Simmons...

—Sería injusto pretender que iniciaras uno desde cero, teniendo en cuenta que todos llevan un cierto tiempo con esto... —Hizo una pausa para pensar un momento—. Bien, lo tengo. Cecile, ayudarás a Arnold a terminar el proyecto, si es que Helga está enferma... O, en todo caso, pueden hacerlo los tres, ¿qué les parece?

—Buena idea, Sr. Simmons.

Los ojos de Helga se desorbitaron por completo. Ella había puesto la excusa del ensayo preliminar para escaparse y hacer aparecer a Helga, ¿qué debía hacer ahora? ¿Era conveniente que ella regresara?

—Gracias, Sr. Simmons. Nos vemos más tarde, Cecile... —La saludó.

—Sí, je... Eh... Nos vemos. —Dijo pálida.

—Bueno, Cecile, ya puedes irte. Más tarde iré a ayudarlos a ensayar.

—Gracias, Sr. Simmons...

—Por nada. ¡Oh, casi lo olvido!, ¿podrías preguntarle al Sr. Wartz y a la enfermera Shirley por Helga, camino al auditorio?

—Claro... Quizás está en otras clases, Sr. Oí que esta semana comenzaban los talleres extracurriculares...

—Oh, puede que tengas razón... Seguramente esté en el de Poesía... —Dijo de más el maestro. Helga lo odió por dentro.

—Bien, hasta entonces, Sr. Simmons. —Lo saludó con cortesía.

Genial. Una mentira más, una Helga menos y más embrollos a causa de sus múltiples pero necesarios inventos.

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CONTINUARÁ…

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Hola queridos lectores, muchas gracias por leer y comentar el capítulo anterior. Les alegrará saber que casi la mitad del siguiente ya está escrito ;) y que tengo en mente que sean quince en total, si Dios quiere. Muchas gracias Sweet-sol, viviigeraldine, ikko-chan, noli-enchantrix y Stefany-BM por sus reviews, que respondo por PM.

Cuántos problemas para Helga, ¿no? ¿Por qué Arnold no se siente tan feliz a su lado? Lo veremos pronto.

Gracias a todos, esta historia nació como algo pequeño y ya está por llegar a los 50 reviews, 13 favoritos y 9 seguidores, gracias totales!

Nos leemos en dos semanas.

Buen finde, MarHelga!