Ñe ñere ñeñe. Pues ok, aquí estoy. Realmente me alegró leer vuestros reviews. ¡Sois unos ángeles todos! Lamento tardar en subir mis otros fanfics, si alguien que los lea lee este también. Pronto los actualizaré.

Disclaimer: Katekyo Hitman Rebron no me pertenece.

Capítulo 11- Los hombres.

-¡VOOOOOIIIIIII!- Escuchó el grito que tantas veces habia escuchado antes, y un par de golpes que dejaron a dos personas fuera de combate. Tragó saliva con dificultad y agudizó su oído. No podía ser. ¿Sawada había ido a salvarla?- ¡Tú!

Umeko habría pagado un millón de yenes para saber quién diablos era ese "tú". ¿Sería Sawada? Rezaba porque así fuera. Escuchó un montón de golpes, algunos con espada, otros secos. Entre los dos desconocidos que luchaban podía escuchar una extraña conversación, pero era incapaz de entender nada de lo que decían. Poco después escuchó un "¡Puff!" y el ambiente de repente se calmó y se mantuvo en silencio. Tragó saliva con dificultad, debido a sus cuerdas.

De repente, alguien empezó a llorar.

-¡Lambo!- Gritó como pudo, vocalizando bastante mal y patético. Escuchó ruidos extraños y dedujo que lo estaban atando. Justo después un bulto se estrelló contra ella y supo que era el pequeño niño vaca. Estaba temblando y trató de acomodarse para poder calmarlo, pero en esa posición era imposible hacerlo. No sabía qué había sucedido exactamente, pero se hacía una ligera idea.

Cuando estaba a punto de calmarse al fin, quitaron sus vendas y se sintió aterrada por un momento. Vió un rostro que sin duda tenía la palabra "peligro" escrito en él. Mantuvo su mirada con vacilación y luego la apartó, recordando que eran los tipos que la habían secuestrado.

-¡VOOOOIIIIIII!- El grito que soltó el peliblanco que tenía delante la dejó sorda. Del susto, dejó de temblar.- ¿Así que esta es la nueva amiga de Sawada?

-Shishishi...- Palideció al ver al tipo de los cuchillos y trató de apartarse, pero el primero la sujetó para que no lo hiciera.- Está asustada.

Otro hombre extraño apareció. Tenía una cresta verde y el rostro afilado. Sugirió soltarla, puesto que Sawada la había confundido con otra.

-Si no viene a luchar con todas sus fuerzas tenerla aquí es inútil.- Ella miró al suelo con resignación, guardándose las ganas de llorar. Normalmente no lo hacía. Pero estaba aterrada y sentía la palabra "despojo" clavada en su pecho. ¡Hasta ese desconocido lo decía!- Oh, cariño.- Umeko se estremeció al notar como el tipo de la cresta la sujetaba por la barbilla obligándola a mirarle.- ¿Por qué lloras? ¿No será que nos tienes miedo?

Ella tragó saliva y negó con la cabeza. Sin darse cuenta se le había escapado una lágrima. Se dió cuenta de que Lambo llevaba un rato bastante calmado y, al mirarle disimuladamente, se percató de que estaba durmiendo. ¡En un momento como ese!

-No.- Negó lentamente, pensando que decir eso seria lo más prudente. Jamás había estado tan aterrada.

-Oh, ya veo.- Se levantó y le quitó las cuerdas que la mantenían atada. Le masajeó él mismo los talones y las muñecas, extrañando bastante a la chica.- Debes realajarte. El estrés te va a matar un día de estos.- Le hizo señas a sus dos compañeros para que se marcharan, y a regañadientes obedecieron, sabiendo que el de la cresta tenía algún plan o algo.

-Ahora dime.- Una vez estuvieron solos, aún con Lambo durmiendo tranquilo en el suelo, él habló.- ¿Nos tienes miedo?- El hombre no lo sabía, pero transmitían un aura, todos, los tres, que le indicaba a Umeko que debía ser prudente si no quería terminar en una basura o en un lugar peor. Negó lentamente con la cabeza y se acomodó un poco, notando como tenía la pierna dormida y le costaba responder.- ¿Cuál es tu relación con Sawada?

Vaciló un poco.

-Sólo somos amigos.- Aunque a ella le gustaría ser algo más que eso. Se mordió la lengua para reprimirse.

-Los hombres son todos iguales, ¿verdad?- De repente cambió su tono y señaló con el dedo índice hacia el techo, como si quisiera insistir en algo.- Aún cuando tienen a alguien que les gusta, jamás le dicen nada. Y si, por casualidad, una chica aparece en sus vidas y no la quieren, tan sólo se limitan a darle falsas esperanzas para tenerla de repuesto.

-¿Perdón...?

-Mi nombre es Lussuria.- Dijo, tendiéndole su delgada mano.- Del escuadrón asesino Varia.- De repente la cara de Umeko se volvió, una vez más, terriblemente simple. ¿Qué hacía presentándose como estuvieran en un bar? ¡Estaban en un maldito almacén, y se suponía que ella estaba secuestrada!

-Yo soy Umeko Atshushi.- Aún así, aceptó.

Lussuria se sentó a su lado y comenzó a hablar con ella sobre lo malos que eran los hombres. Lambo continuaba durmiendo.

...

Tsuna y sus guardianes (exceptuando a Hibari y a Mukuro), se encontraban corriendo hacia los almacenes de las afueras de Namimori. Habían revisado un par de lugares, pero no había ni rastro algunos de Kyoko o Varia. El castaño empezaba a impacientarse.

-¡Seguro que se encuentra bien, Décimo!- Animó Gokudera.

Tanto él como Ryohei estaban ansiosos. Si se habían atrevido a tocar a la hermana del guardián del Sol, seguro que el escuadrón asesino de Vongola tendría muchos problemas.

Revisaron hasta el último de ellos. Ahora sólo les quedaba el que se encontraba más alejado. Corrieron hasta él como alma que lleva al diablo y cantaron Bingo: allí estaban Squalo y Belphegor.

-¡VOOOOIIIII! ¡Sawada!- Y antes de que pudieran decir nada, el albino saltó encima de él para pelear, pero no resultó difícil para un Tsuna en su modo híper, y cabreado porque hayan secuestrado a Kyoko, vencer al Guardián de la Lluvia Varia.

-Shishishi... como siempre Squalo se ha precipitado.- Dijo, echándose hacia atrás.- Si lo que buscáis es esa chica, está ahora mismo con Lussuria tras esa puerta oxidada.

Tsuna y los guardianes decidieron dejar al rubio para apresurarse a rescatarla. Abrieron de un portazo.

-... y entonces noté su lengua recorrer mi boca por primera vez. ¡Fue excitante! Luego me dejó plantado y no tuve otro remedio que matarlo. Un primer beso de-sas-tro-so.- Lussuria terminó su relato negando con la cabeza. Umeko asintió convencida, con los brazos cruzados y dándole toda la razón al peliverde.

La cara simple ahora adornaba los rostros de los Vongola.

-Por eso digo que los hombres son todos iguales.- Continuó él, sin percatarse de la presencia de los guardianes.

-Mi primer beso fue parecido y horripilante.- Comentó Umeko a Lussuria.- Luego de aquello me dijo que estaba enamorado de otra.

-¡Qué terrible!- El hombre se llevó las manos a la cabeza, sorprendido e indignado.

Tsuna trató de llamar su atención, pero no parecieron escucharle. Vió como Umeko tenía a Lambo acurrucado en su piernas y se preguntó qué había pasado. Escuchó, además, un relato sobre la vida íntima y personal del Guardián del Sol Varia. Aquella noche no dormiría.

-¿Y fue por eso que empezaste a fumar?

-Tenía que sacarme el recuerdo de eso.- Umeko estaba convencida de lo que decía. Lussuria asintió como si lo entendiera. Tsuna trató de hacerse notar otra vez, pero fue ignorado olímpicamente.

-Ay, cariño, ¡lo que nos queda por sufrir!

Gokudera debía tener en su frente como cuatro venas macadas.

-¡El Décimo está tratando de hablar!- Gritó cabreado. Entonces, para bien o para mal, Umeko se dió cuenta de que estaban allí.