Hola, hola. ¿Cómo lleváis el verano? Seguro que más de una muy bien: en la playita, sin trabajar, no como una servidora que se muere de aburrimiento y hartura en general...
Pero bueno, estamos aquí para hablar de cosillas más alegres. O no, porque el capi me ha vuelto ha quedar sadiquillo.
En fin, para leer las respuestas a los RR que me dejasteis no tenéis más que buscar entre los RR uno muy, muy largo firmado por mi.
Besotes y disfrutar el capi.
Prácticamente arte 11.
Grandioso. Terrible, pero grandioso.
- Perdonad, pero, si no es mucha molestia... ¿Os importaría decirnos qué coño está pasando? –exigió Ryan.
- Será mejor que lo veas por ti mismo –con un gesto de cabeza, Ámbar señaló al salón donde Maya había empezado a gritar como si algo le estuviera desgarrando el cráneo desde dentro.
- ¿No deberíamos traerle una aspirina o algo? –preguntó Ámbar con tono inseguro, como si ella misma supiera de antemano que acababa de preguntar una tontería.
- No, sería más fácil si... –empezó a sugerir Evy pero Lily volvió a oponerse a la opción de matar a una niña inocente con un breve pero eficiente gesto de cabeza–. Es tu casa –suspiró la Onza. En esos momentos era cuando extrañaba al resto de los Worstblood: demasiado prácticos para tener escrúpulos.
Por su parte, Ryan inició el movimiento de acercarse a la pequeña pero se quedó completamente paralizado al ver como en el cráneo de Maya se iba abriendo una grieta con unos desagradables chasquidos de huesos rotos. Claro que esos chasquidos apenas se oían con los alaridos de dolor de la niña...
- Lily, por favor... –volvió a insistir Evy, ya no sólo por motivos prácticos.
- No –repitió la pelirroja con una mueca de dolor. Luego sus ojos verdes se posaron en los dos cachorros de licántropo que las acompañaban–. Salid de aquí. ¡YA! –enfatizó al ver que ellos no se movían.
- No –ese grito de Lily habría logrado que más de un miembro de la casa de Gryffindor saliese pitando (de hecho, Evy retrocedió medio paso sin darse cuenta). Ryan y Ámbar, acostumbrados a los rugidos que Remus y Jack soltaban cuando se aproximaba la luna llena, se limitaron a alzar una ceja.
- Pase lo que pase, así seremos cuatro para enfrentarnos a ello –agregó la niña convencida.
- No sería nuestra primera batalla –señaló su hermano–. Te recuerdo que llevamos varios años persiguiendo a Greyback.
- En forma de lobo, no humana –Lily descartó con esa simple frase la experiencia que podrían aportar a la batalla–. Además, Jack y Remus me matarían si os pasa algo a alguno de vosotros...
- Yo no contaría con salir viva de esta –intervino una nueva voz, una voz que pertenecía al mago cuyo nombre pocos osaban pronunciar…
Estaba en el centro del salón, justo en el punto donde Maya se había estado quejando. De ella ya no quedaba ningún rastro reconocible, sólo una especie de líquido de color indefinido que formaba un charco a los pies de Voldemort.
- ¿Te ha gustado el espectáculo? –le preguntó el Señor Tenebroso a Evy, la única que no había podido apartar los ojos de la macabra exhibición.
- Ha sido lo más asqueroso que he visto en mi vida –"regalitos que dejaste en Anath incluidos" pensó la Onza para sí, recordando las fosas llenas de cadáveres que habían encontrado bajo una roca con la Marca Tenebrosa grabada.
- Oye, me eres muy familiar... Como si ya te hubiera matado antes... –Voldemort observó a la Onza con atención; lo cierto es que en su otra vida nunca llegaron a estar frente a frente, así que tampoco podía comparar.
- Oh, no... Tú debes de referirte a una prima mía. Nos parecíamos mucho, casi éramos gemelas, pero te aseguro que murió hace muchos años –descartó Evy, ignorando la mirada significativa que le dedicó Lily.
Incluso habiendo sido expulsados del Clan, los Worstblood respetaban a pies juntillas una de sus normas: procurar que el tema de las siete vidas de los Onzas, Odales y Balam no fuera del dominio público.
Voldemort pareció no estar muy seguro de que eso fuese cierto, pero tenía preocupaciones más urgentes: como agacharse y recoger la Barbie del suelo. En cuanto sus dedos la tocaron, la rubia muñeca se transformó en su fiel varita, que él ondeó, aparentemente para comprobar que no había perdido facilidad en el giro de su muñeca.
- Bueno, de todas formas eso da igual: como ya he dicho, os voy a matar a todos... Debo decir que no es así como había planeado las cosas, pero bueno, esto tampoco está tan mal... –Voldemort se encogió de hombros, complacido al parecer de cómo había resultado todo.
- ¿Resucitaste a una Quimera sólo para que te metiéramos en nuestra casa? Tú estás muy enfermo –la parte más prudente de su mente, una que (por extraño que resultara) hablaba con la voz de James, le aconsejó que le diera coba al psicópata.
Necesitaba ganar tiempo para que los demás vinieran y conseguir algo de ventaja numérica. Aunque lo cierto era que no le gustaba la idea de poner en peligro a James y los demás de esa manera. De hecho, de haber estado solas ella y Evy hubiera actuado al contrario: precipitando el enfrentamiento.
Pero con Ámbar, Ryan y su embarazo de por medio tenía que dejar de lado su tendencia al autosacrificio y optar por los senderos de la sensatez.
- Oh, no, muchacha, no. No te equivoques ni te hagas ilusiones: mientras sigas estando en mi contra te querré tan muerta como a los Bones. Al igual que a tu marido... Pero toda esta pequeña broma de la Quimera no tiene que ver con vosotros: formaba parte de mi magnífico plan para destruir a los McKinnons.
"Tengo entendido que ahora les ha dado por acoger a los huerfanitos que escapan ilesos de las diversiones de mis mortífagos y la criaturilla esta encajaba en el perfil. No se me ocurrió que mis mortífagos pusieran en marcha los sacrificios antes de que McKinnons me llevara a su escondite –un feroz rayo cruzó los ojos rojos de Voldemort, señal de que el responsable de ese error lo pagaría caro.
- Ella no te habría llevado a su casa –negó Lily aunque sabía que él tenía razón en ese punto, pero se trataba de ganar tiempo y tenerle distraído por si la maniobra envolvente que acababan de iniciar Ryan y Evy salía bien.
- Sí que lo habría hecho. En realidad, estaba a punto de hacerlo hasta que los sacrificios pasaron y la criaturilla esta corrió tras ellos –Voldemort señaló despectivamente el líquido viscoso a sus pies que empezaba a oler a podrido–. Si no te importa... –un nuevo giro de muñeca y el suelo a su alrededor quedó totalmente limpio.
- No entiendo qué clase de mente enferma tienes para que se te ocurran estas ideas –la pequeña nariz de Lily se arrugó con desaprobación.
- Gracias, pero la idea no se me ocurrió a mí solo, en este caso tuve ayuda. Últimamente, mis objetivos estaban tan bien escondiditos que llegué a la conclusión de que tendría que usar algún tipo de disfraz para llegar hasta ellos. Lo probé con los Bones...
"Estaban ocultos en una casa de campo... Tuve que cometer la vulgaridad de poseer el cuerpo de un gato herido pero mereció la pena: ellos me abrieron la puerta de par en par. Luego cuando regresé a Bressay algo frustrado por la forma en que rechazasteis mi hospitalidad... –Voldemort se interrumpió para dedicarle a la pelirroja una mirada de censura mientras Evy le dedicaba otra de "¿Cómo qué os metisteis en Bressay?"
"Como iba diciendo, cuando regresé a Bressay, decidí usar la misma técnica para deshacerme de los McKinnons, aunque esta vez quería añadir alguna variante. Le comenté a Bellatrix mi dilema y ella recordó que habían capturado a una familia Muggle durante uno de sus viajes de ocio.
"Cuando me trajeron a la criaturilla esta –hizo el amago de señalar la sustancia viscosa, sin notar que él mismo lo limpió antes–, no era más que un asqueroso montón de mugre y sangre. Carnaza para Greyback... –un sordo gruñido surgió de la garganta de Ryan cuando pronunció el nombre de su archienemigo, pero el Señor Tenebroso no pareció notarlo–. Un par de chorros de agua, un poco de comida y unos cuantos Obliviate y estaba lista para usar como cebo...
- Pero ella se comportaba de forma normal. Como una niña... –objetó Evy.
- Oh, sí, claro. Ese era el quid de mi plan. Normalmente, los magos y brujas son conscientes de mi presencia: o bien tienen espacios en blanco o saben que estoy en su mente y fingen en la estúpida creencia de que nadie lo notara o directamente tratan de expulsarme... –Voldemort meneó la cabeza, desaprobando la estupidez de los mortales–. Lo genial de la criaturilla esta es que no era una bruja en ciernes, por eso no tenía ningún poder para sentir la presencia de otra persona en su cuerpo o mente.
"Además, me aseguré de ello borrando totalmente su memoria. ¿Cómo iba a saber que yo estaba agazapado en su cuerpo cuando ni siquiera sabía que yo existía?"
- ¿Y el numerito de la papelera? –intervino Lily–. Maya dijo que se escondió en una de tus mortífagos.
- ¡Exacto! La verdad es que la criaturilla fue más hábil de lo que yo había planeado. Naturalmente, ella se podría haber plantado en medio del museo a pecho descubierto que no le habría pasado nada, mis mortífagos tenían órdenes estrictas al respecto. Pero lo de esconderse en la papelera fue un toque brillante... No sólo le dio dramatismo sino credibilidad. Como cuando te aconsejó a ti que volvieras con tu novio... –Voldemort señaló a Evy que hizo una extraña mueca–. Sí, esa criaturilla fue un gran acierto...
- ¿Qué te aconsejó qué? –repitió Lily–. ¿Cómo es que tú no notaste nada?
- Y pensar que yo podría estar en la playita en estos momentos –suspiró la Onza, cerrando los ojos unos segundos. No, si al final Edmund iba a tener razón: en cuanto Sirius Black estaba a menos de cien millas a la redonda de ella, su instinto de supervivencia se iba a la mierda.
- Confieso que sufrí un momento de pánico cuando parecía que la iban a conducir junto a Dumbledore y ese viejo druida de Michael Murtagh. Oh, sí, ellos podrían haberme captado, pero por fortuna, se inmiscuyeron los Prewett y la señora Black Junior –siguió relatando Voldemort como si nada.
- ¡Mordiste a Benjy! –cayó en la cuenta Lily–. Pobre chico. Tendremos que ponerle una antirrábica o algo...
- Para ese momento, yo ya había dado todo por perdido y va tu marido... ¡Y nos envía a todos a vuestra casa! No me puedo creer que me hayáis abierto las puertas a la base de operaciones de la Orden del Fénix. Ni imagináis las veces que he soñado con cometer un asesinato por aquí...
- Vaya, este... señor desperdicia muy mucho su subconsciente –le comentó Ryan a su hermana.
- Bueno, no todos tienen sueños enfermizos con su madre, pervertido –le espetó Ámbar.
- Ella no es mi madre, por tanto los sueños no tienen nada de enfermizos. ¿Crees en serio que este es el momento para discutir esto?
- ¡Pero si has empezado tú! –se indignó la niña.
- Genial. Factor sorpresa de la maniobra envolvente: cero coma cero –gruñó Evy al darse cuenta que Voldemort acababa de reparar en las posiciones que habían adoptado.
- En realidad nunca contasteis con ese factor sorpresa –hizo constar Voldemort burlón–. Bueno, creo que ya es hora de empezar con la acción de verdad, no quisiera que cuando llegaran vuestros amiguitos nos encontraran hablando tranquilamente…
Y como quien no quiere la cosa, con un movimiento veloz aunque casi casual, Voldemort lanzó un Crucio hacia el que consideraba el eslabón más débil de la cadena: Ámbar.
Por fortuna, ocurrieron dos cosas que evitaron que la maldición diera en el blanco. La primera, fue un rayo castaño que de un salto se plantó junto a la niña, la agarró por el primer sitio que pillo con los dientes y de otro salto la alejó del punto de impacto.
La segunda cosa, y la más efectiva, fue que se alzó una barrera de energía azulada que absorbió toda la energía de la maldición.
- Vaya, veo que no desperdiciaste el tiempo que pasaste en Canadá –Voldemort dedujo que la responsable de eso había sido cierta pelirroja y volteó hacia ella con una sonrisa malévola.
Sin embargo, no se volvió con la suficiente celeridad como para notar la expresión de sorpresa de Lily ya que, de hecho, ella no había hecho nada aún.
- Ya ves –la druida se encogió de hombros, tirándose un pequeño farol.
- Sube arriba –le susurró Evy a Ámbar en la oreja.
- ¡No! En las películas de terror si la chica sube las escaleras la palma fijo –protestó la niña-loba.
- No es una película de terror y desde ahí tendrás visión aérea –esta vez, el susurró fue tan bajo, que sin los sentidos agudizados de los semihumanos habría sido imposible oírlo.
Ámbar miró hacia lo alto de la escalera y al notar que la Onza no solo estaba tomando una decisión para protegerla sino también estratégica, asintió. Cuando la niña estuvo convencida, Evy recuperó su forma de jaguar y volvió a la batalla.
En aquellos momentos se reducía a un duelo individual entre Voldemort y Lily. El Señor Oscuro había lanzado vete a saber qué maldición de su amplio repertorio y la pelirroja la estaba conteniendo con una de esas barreras azules de energía.
Ryan vio la oportunidad perfecta para atacar. Agarró lo primero que se le puso al alcance de la mano (un extraño trofeo de James con forma flecha) y se lanzó sobre Voldemort con la intención de noquearle por la espalda.
Para que un ataque así funcione es fundamental que la víctima esté desprevenida. Por desgracia para Ryan, ese no era el caso: Voldemort alzó la mano libre y, sin que eso afectara a su duelo con Lily, lanzó al joven licántropo hacia atrás y con la punta de flecha dirigida hacia su corazón.
Fue un nuevo campo de energía azulado el que frenó las intenciones homicidas del trofeo. Y esta vez estaba claro que Lily no lo había lanzado, lo que implicaba la presencia de otro druida en las inmediaciones...
Pese a que no terminó con una aguja en el corazón, el campo de energía no logró evitar que Ryan se golpeara la cabeza contra la pared y quedara inconsciente.
- Uno menos –musitó Voldemort con una media sonrisa satisfecha antes de aprovechar la distracción de Lily (que desvío la vista con preocupación hacia Ryan) y lanzar una oleada de poder que quebró su escudo y la lanzó hacia atrás contra un sofá.
Desde allí, la pelirroja vio que el jaguar castaño se había acercado a Ryan y que comprobaba sus constantes vitales con los morros. Cuando alzo los ojos se encontró con los de Lily y se las arregló para dedicarle a ella y a Ámbar un gesto tranquilizador.
- Bueno, parece que pronto vais a ser dos menos. O tres... –Voldemort esbozó una sonrisa macabra mientras avanzaba hacia Lily...
Que se tornó en un gesto de dolor, cuando algo cayó directamente sobre el lugar donde antaño estuvo su nariz. Algo que derritió la piel de esa zona como si fuera cera fundida...
- ¡Tú! –los ojos rojos se alzaron hacia Ámbar, que desde lo alto de la escalera le había lanzado un puñado de sal a la cara–. ¡Asquerosa licántropa!
La niña no esperó más palabras: sabía que esa exclamación solía preceder a una maldición asesina o a una bala de plata. Rápidamente, salió corriendo alejándose de las escaleras.
Voldemort pareció flotar hacia el primer piso en un movimiento más siniestro aún que el de los dementores. Tras él, Lily detectó el movimiento de una centella castaña subiendo las escaleras de tres ágiles saltos.
La pelirroja se levantó con dificultad del sillón y, como si se hubiera acordado en ese momento de su delicado estado, se llevó las dos manos al abdomen para asegurarse que el abultamiento seguía allí.
- Siento meterte en estos líos, cariño –le comentó al bebé–, pero que sepas que esto es culpa de tu padre. Sólo a él se le ocurre mandarnos a casa con Voldemort. Habría sido mejor irnos a cazar quimeras en plan familia feliz...
Antes de que Lily pudiera explicarle a su tripa que "la familia que caza quimeras unida, permanece unida" fue interrumpida por los inequívocos sonidos de varias apariciones consecutivas. Cinco, por lo visto.
- ¡Lily! –James no tardó mucho en llegar hasta el destrozado salón (era curioso, lo devastadora que podía ser una peleilla de nada) seguido de Sirius, Remus, Will y Hestia.
- Estoy bien –Lily trató de desasirse del abrazo de su marido (estaba algo picada con él por eso de mandarla a casa con un asesino en serie) pero estaba agotada y él contaba con la fuerza que otorga el pánico en estado puro.
- ¿Habéis logrado que huya? –Remus estaba arrodillado junto a Ryan, asegurándose de que estaba bien.
- No –Lily iba a contarle la historia de cómo Ámbar le había mutilado la cara con un puñado de sal, pero un fuerte ruido de golpes le recordó que no había tiempo para eso–, está con Ámbar y Evy arriba –resumió en su lugar.
No hizo falta que dijera mucho más: Sirius, Will y Remus se lanzaron escaleras arriba.
James le dedicó una mirada dubitativa, como evaluando el riesgo de que la pelirroja se rompiera si la dejaba más de cinco segundos a solas.
- Estaré bien –lo tranquilizó la pelirroja.
- Cuida de ellos tres –le ordenó el moreno a Hestia antes de correr tras sus compañeros.
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- ¿Te quieres quitar? No veo nada con tu tremendo cabezón –gruñó Jack, tratando de superar la altura de Bell para vislumbrar la entrada de Travers en la azotea en la que estaban emboscados.
- Te tapo para evitar que Travers nos descubra gracias a esa discreta túnica que llevas –siseó la rubia.
- ¿Insinúas que mi túnica es...?
- Horrible –completó Jesse con una mueca de disgusto y tono cortante–. Y ahora, callaos las dos.
Ambas mujeres cruzaron miradas cargadas de competitividad, emitieron sendos sonidos de disgusto, se cruzaron de brazos y prestaron atención a la calle.
- ¿Seguro que es aquí? –preguntó Jesse al cabo de unos segundos de inactividad (salvo por un par de cucarachas)–. ¿Jack? –insistió al ver que ella no respondía.
- Ah,. ¿era a mí? Como me has mandado callar antes...
- ¡Jack! –le advirtió Jesse con un siseo furioso.
- Sí, estoy segura. Creedme, he rastreado de esta manera... anticipativa un par de veces y siempre me ha salido bien. En breve podremos fardar de haber detenido dos mortífagos... –aseguró la licántropo.
Bell hizo un gesto de "yo no apostaría por eso", pero se contuvo de soltarlo en voz alta. Fue una suerte, se evitó un buen corte, porque justo en ese momento Travers (vestido con ropa de calle) se apareció en la azotea.
Parecía impaciente, no dejaba de mirar su reloj y golpear el suelo con su pie. Era algo que nunca había aguantado de Alecto: su manía de llegar cinco minutos tarde a todos los sitios. ¿Es que no entendía que cinco minutos era tiempo suficiente como para convocar una horda de Aurores?
Un sonoro "Crack" anunció la llegada de Alecto. La sonrisa complacida con la que Travers volteó hacia ella se convirtió una mueca de furia al comprobar que se había presentado con el "uniforme de trabajo" en vez de vestirse de incógnito.
- ¿Pero qué coño haces así vestida? –preguntó despectivamente el mortífago.
- Es nuestro uniforme. Llevas en esto un poquitín más que yo, deberías saberlo –Alecto empleó un tono de voz infantiloide que sacó a Travers más aún de sus casillas.
Aquella voz le recordaba a Bellatrix Lestrange (de hecho, fue la antigua Black quien la puso de moda entre las mortífagas, que no paraban de tratar de emularla por mucho que la odiaran), a la que no tragaba para nada desde que demostró que era ciento diez mil veces mejor "trabajadora" que él.
- Soy perfectamente consciente de que es nuestro uniforme –siseó entre dientes, haciendo esfuerzos para no gritar y despertar a todo el barrio–, yo contribuí a su diseño. Lo que no entiendo es por qué te lo has puesto para venir a una cita secreta.
Alecto iba a contestar soltando un fanático discurso sobre el orgullo que producía luchar por la noble causa que defendían, pero el hombre la detuvo con un gesto.
- Tu sabrás lo que haces –Travers se encogió de hombros con desinterés–, si te atrapan con ese uniforme, difícilmente podrás demostrar que estabas actuando bajo una Imperius... Aquí tienes el Bestiario.
- ¿Ya? –se impacientó Jack al ver el libro rojo.
- Un segundo más –negó Jesse.
- ¿Ya? –insistió la licántropo, pasado un segundo exacto.
- Espera –repitió Jesse sin mirarla, tan concentrado en los mortífagos como Bell.
- ¡Ahora! –sisearon los dos en cuanto Alecto puso sus manos sobre el Bestiario. Jack, tan impaciente unos segundos antes, se quedó paralizada por la incomprensión... ¿Por qué justamente en ese momento y no antes?
Por fortuna, la licántropo no era de las que se paraba demasiado tiempo a analizar las cosas y en ese caso no iba a hacer una excepción: se encogió de hombros y se apareció junto a los otros, cerrando la vía de escape a los mortífagos.
- Te han seguido –acusó inmediatamente Travers a la mujer, que hizo una mueca de dolor tras la máscara. ¿Por qué le caía tan mal?
- Tuve cuidado –replicó Alecto, tan herida que se olvidó de imitar el tono de Bellatrix.
- En realidad, os hemos rastreado –dijo Jack antes de darse cuenta (pero es que le dio mucha pena el tono de la mortífaga). ¡Maldición! Desde que no se estaba muriendo, había desarrollado una fuerte empatía que se manifestaba en los momentos más inoportunos. Como, por ejemplo, aquel.
Bell y Jesse la miraron con cara de "¿a qué coño ha venido eso?".
Travers aprovechó la distracción para tratar de desaparecerse, en vista de que no lo consiguió (obviamente, alguno de esos tres era lo bastante listo como para conocer la maldición que inutilizaba ese talento mágico durante horas) probó con el plan B: creerse Spiderman y saltar al tejado de la casa contigua.
En cuanto lo vio, Alecto trató de escapar también. Primero soltó el libro. Luego trató de desaparecerse sin mejor resultado que Travers, así que paso a su plan B: imitar a Travers y saltar al tejado de la otra casa contigua. Inmediatamente, Bell y Jack salieron corriendo tras ella.
Jesse se entretuvo unos segundos más para recoger el Bestiario. Al ver que las dos chicas estaban empeñadas en competir por quien cazaba a la misma mortífaga y que a ninguna se le ocurrió ir tras Travers, soltó un bufido y salió corriendo tras él.
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Alecto no era precisamente una adepta al ejercicio físico. Es más, Alecto no hacía nada de ejercicio físico. Después de todo, para eso crearon los dioses a los elfos domésticos y el Avada Kedabra...
Ni siquiera en el sexo la mortífaga era de las que se esforzaba demasiado: procuraba que el chico estuviese encima y que hiciera él todo el trabajo.
Conociendo estos datos no es muy difícil calcular el poquísimo tiempo que tardó Alecto en cansarse de saltar de un tejado a otro y darse cuenta de lo mal que estaba enfocando todo el asunto. Tenía que pensar otra cosa...
Y se le ocurrió la siguiente pregunta feliz: .¿qué haría su odiado ídolo Bellatrix en esa situación? Desde luego, no huiría de ese par, sino que se enfrentaría a ellas.
Una vez tomada la decisión, Alecto se paró en medio de un tejado particularmente deteriorado y lanzó una maldición cortante hacia sus perseguidoras, quienes saltaron cada una hacia un lado del tejado.
La mala suerte fue que Jack aterrizó justo encima de una teja suelta, sufriendo el consiguiente resbalón y precipitándose de cabeza hacia el suelo.
Alecto no se detuvo a comprobar el éxito de su hechizo, sino que optó por obviar su amago a lo Bellatrix y regresar a su idea inicial de correr como si la persiguiera Pettigrew.
Bell vaciló apenas unas décimas de segundo¿debía correr tras su enemiga o salvar el pellejo de su rival cuando probablemente ella se habría ido tan campante dejando que se estrellara contra el suelo?
- ¡Aresto Momentum! –finalmente, decidió que salvarle la vida a una compañera (aunque fuera la insufrible de Jack) estaba muy por encima en la lista de prioridades que atrapar a un mortífago cualquiera y obró en consecuencia.
En lo que Bell detenía la caída de Jack (aunque no lo bastante rápido como para evitar que chocara contra la escalera de incendios y se fracturara un brazo) Alecto logró escapar.
- Maldita sea –musitó la rubia antes de aparecerse en el suelo para comprobar los daños que había sufrido Jack.
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Al contrario que sus compañeras, Jesse no tuvo demasiados problemas para atrapar a Travers: fue cuestión de tres azoteas que el mortífago perdiera el equilibrio y en lo que tardaba en incorporarse de nuevo, el metamorfomago se le lanzó encima y lo inmovilizó con un eficaz hechizo para rematar atándole.
Acto seguido, Jesse se apareció en las cercanías de la casa de Moody. Ese era el lugar al que solían llevar a los mortífagos para interrogarlos antes de entregárselos al Ministerio.
El dueño de la casa lo recibió, encantado de tener algo que hacer en esa noche... Jesse suspiró: realmente Moody necesitaba algo que le alejara del trabajo. Una novia, un novio, una mascota…
Pero lo peor de todo fue cuando Travers decidió despertarse (junto a sus tendencias machistas y homófobas) y empezó a soltar "lindezas" por su boca:
- ¿A que te ha gustado abalanzarte sobre mí, Dalton? Siempre supe que te gustaba... –el mortífago mostró con un gesto que eso estaba muy lejos de halagarle–. Para tu desgracia, yo no soy un puto maricón...
- ¿Me disculpas un segundo? –le pidió educadamente Jesse al anfitrión antes de voltear hacia Travers y estamparle el puño en las narices.
El golpe hizo que la cabeza del mortífago fuera para atrás, golpeándose contra el respaldo de la silla en la que permanecía atado y quedando inconsciente.
Moody rió con indulgencia: a él le daba igual con quién o qué se acostaran sus compañeros mientras no afectara ni a su eficacia ni a su alerta permanente. Además, no era la primera vez que Jesse empleaba tan sutil técnica para callar al bocazas de turno.
- ¿Has visto a Bell y Jack? Ya deberían haber capturado a Alecto... –quiso saber Jesse tras haber dejado a Travers encerrado.
- No, no sé nada de ellas –en ese momento, Moody se distrajo al notar que un par de brujas se habían aparecido en las cercanías de su casa–. Alguien se acerca. Dos brujas...
- Serán ellas –aventuró Jesse.
- O mortífagos disfrazados de ellas –y a eso se referían cuando decían que Moody era un paranoico: siempre se ponía en el peor de los escenarios posibles.
- Una de las dos es una licántropo. Como Jack –apuntó Jesse tras un breve sondeo del aura–, sabes que eso es algo que ni con la mejor poción multijugos se puede imitar.
- Que hasta ahora no se ha logrado imitar –matizó Moody, mientras se dirigía a abrir la puerta a las dos posibles enemigas.
- ¡Moody! Soy Bell. ¿Quieres abrir la maldita puerta? Jack está herida –la rubia golpeó la puerta con furia. Aunque había tomado todas las precauciones que se le habían ocurrido, no se fiaba de que Alecto no las hubiese seguido.
- ¡No estoy herida!. ¡Estoy bien! –protestó Jack, sosteniéndose el brazo izquierdo con el derecho y apretando los labios, molesta por verse más débil que su rival.
- Pues yo diría que tienes el brazo izquierdo roto –Moody acababa de abrir la puerta y contemplaba a las dos jóvenes que estaban ante ella.
- Porque lo tiene roto... –confirmó Bell–. ¿En el botiquín tenías alguna medicina específica para licántropos, verdad?
- Sí –Moody se dirigió hacia un pequeño mueble que ocultaba una caja fuerte en la que guardaba sus medicinas importantes (incluidas petacas con su bebida favorita).
- ¿Y Alecto? –Jesse observó como el veterano auror le entregaba a Bell, que ya había empezado a recitar hechizos curativos, una poción que aceleraba el proceso curativo en semihumanos.
- ¡Esta dejó que se escapara! –a Jack le faltó tiempo para señalar a la rubia.
- Sí, es cierto –los ojos turquesa de Bell se entrecerraron, acusando el ingrato golpe–, pero tranquila, la próxima vez perseguiré al "malo" de turno mientras tú te estampas contra el suelo.
Antes de que Jack pudiese señalar que no se habría estampado contra el suelo gracias a su agilidad lobuna, la chimenea de Moody ardió y por ella se asomó la cabeza de Frank Longbottom.
- Moody, hay problemas en el valle de Godric –anunció el auror.
- ¡Ay, madre! Mis niños –se asustó Jack.
- Define "problemas" –Moody no perdió la calma. No sabía qué le enseñaban a los aurores últimamente en la Academia, pero la mayoría de ellos llamaban "problemas" a cualquier cosilla sin importancia.
- Voldemort está allí –respondió cáusticamente Frank.
Sí, aquello era un verdadero problema, había que reconocerlo.
- Bell quédate con la herida, cúrala y vigilad a Travers –al ver que ambas brujas iban a rebelarse contra su orden, Moody les hizo un gesto de mano–. No estáis a su nivel. Ninguno lo estamos... Seríais una cosa más de la que preocuparnos.
- ¿En serio piensas que así se van a calmar? –Jesse simplemente alucinó: de defensa contra las artes oscuras ese hombre sabía un rato, pero de mentalidad femenina, nasty-de-plasty.
"Chicas, en serio –el metamorfomago optó por esgrimir las sutiles artes del enredo aprendidas de los Mahutam–, u os quedáis aquí voluntariamente u os lanzo una maldición para obligaros a quedaros aquí –pero como vio que iba algo justo de tiempo, se decidió por las virtudes del chantaje de toda la vida.
- Está bien, nos quedaremos a vigilar a Travers –accedió Bell finalmente.
- ¿Siempre luchas tan poco por las cosas que quieres? –soltó Jack venenosamente cuando las dos chicas se quedaron a solas.
Bell le lanzó una mirada herida que se tornó furiosa al comprender el segundo significado de la acusación.
- ¡Ay! –el gemido de dolor de la licántropo cuando aplicó un hechizo curativo más doloroso de lo normal provocó una media sonrisa satisfecha en la rubia.
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Finalmente, Ámbar había hecho lo último que se debía hacer cuando te persigue un psicópata homicida furioso: subir las escaleras. ¡Y eso que era una fan de las pelis de terror!
Como era previsible, eso la llevó a un callejón sin salida o mejor dicho, a un ático sin salida. Sin comerlo ni beberlo, estaba atrapada en la habitación de Puck.
Trató de retroceder hacia alguna habitación con ventana, pero se encontró con la única vía de escape bloqueada por su perseguidor.
- ¿Ibas a alguna parte? –genial, encima tocaba aguantar lo que el mago oscuro consideraba "ingenio"–. Mmm... Yo creo que no. ¿Últimas pala...?
Voldemort se vio interrumpido cuando Evy, recurriendo a una medida de lo más desesperada aunque eficaz, le lanzó un jarrón chino de imitación a la cabeza, logrando que las flores artificiales que contenía (alelíes) se le quedaran de peluca.
La Onza sabía que no le dejaría inconsciente ni nada por el estilo, pero confiaba en que el saberse cubierto de florecillas le sentara tan mal que se olvidara de Ámbar y fuese a por ella. ¡Y funcionó! Aunque no entendía muy bien cómo alguien podía picarse más porque le arrojaran flores que porque le fundieran la cara...
En cualquier caso, Evy contaba con una ventaja frente a Voldemort: ella conocía la casa y él no, por lo que podía conducirle a un escenario más propicio para el enfrentamiento…
Si es que existía ese lugar...
Al pasar por delante de la habitación de James y Lily, el instinto le indicó a la Onza que era un buen momento para saltar. De esa forma pudo esquivar una primera maldición cortante, pero la segunda (un Crucio) la pilló en el aire.
Por supuesto, transformada en jaguar no le afectó, al menos no como a una persona normal y corriente. Pero, como solía decir Ariel, "la magia en realidad no es más que energía y los hechizos y demás una simple forma de manipularla". Es decir, que el Crucio no le afecto, pero la onda energética del mismo sí, lanzándola contra unas puertas de cristal que llevaban hacia un balcón haciendo que las atravesara.
La fuerza del golpe hizo que recuperara la forma humana el tiempo necesario para tocarse uno de los cortes que acababa de hacerse en la cara antes de volverse jaguar de nuevo y saltar hacia el tejado. Indudablemente, allí un gato tendría ventaja sobre un humano...
Voldemort dudó¿a por qué semihumana debía ir primero? Aunque bien pensado, la Onza estaba encima de él, era cuestión de ir volando el tejado y a la niña había que buscarla por toda la casa...
- ¡Desmaius!
Antes de que pudiera ponerse a lanzar las maldiciones pertinentes, él mismo fue atacado (nada realmente problemático, aunque tuvo que rebajarse a invocar un par de fastidiosos Protego, lo realmente molesto era que eso implicaba la llegada de la caballería).
- Vaya, vaya... Pensaba que los seguidores de Dumbledore no atacaban por la espalda –Voldemort chascó los labios en señal de decepción por los recién llegados. Luego apuntó con la varita a Will, Remus, Sirius y James, que acababan de llegar y se desplegaban por la habitación–. Fue muy grosero por vuestra parte largaros de Bressay sin despediros... ¿Tantos años en Hogwarts no os enseñaron educación?
- ¿Fuisteis a Bressay? –Remus sabía que sus amigos estaban algo... locos, por decirlo suavemente, pero no que serían capaces de entrar voluntariamente en el lugar que muchos denominaban "el infierno en la tierra".
Su pregunta fue coreada por un sonido extraño, el de un jaguar emitiendo una especie de bufido de exasperación: Evy acababa de descender del tejado para comprobar porque Voldemort no la había seguido ni atacado.
Su reaparición cerró el cerco que acababan de formar sus antiguos compañeros, cosa que no pareció preocupar demasiado a Voldemort.
- Oh, sí, estuvieron por allí visitándome... Les dejé cómodamente instalados porque tuve que ir a hacer un recado y cuando volví ya se habían largado, sin dejar una nota ni nada... –el mago oscuro seguía a lo suyo, elucubrando–. ¡Y para eso os mandaron a un colegio de pago!
El ataque llegó sin previo aviso: en un momento estaba echándoles en cara su falta de buenos modales y al siguiente estaba lanzando un Sectumsempra a Will, que prácticamente le abrió en canal desde la barbilla hasta el tórax.
Luego volteó hacia James con la letal velocidad de una ametralladora. De hecho, cuando le apuntó con la varita, recitando una extraña maldición, el cuerpo de James se convulsionó como si le estuvieran lanzando balazos. Los dos merodeadores pudieron apreciar salpicaduras de sangre antes de que su amigo cayera por las escaleras al piso de abajo.
- Saca a Will de aquí –le ordenó Sirius a Evy mientras él se disponía a unirse al merodeador restante.
- No estoy nada de acuerdo con eso –Voldemort realizó una nueva floritura con la varita con el único fin de sellar la habitación–. La señorita Onza y yo nos lo estábamos pasando muy bien antes de que llegarais. No puedes llegar en plan macho y darle órdenes así como así... Tu prima tiene razón: tienes que aprender modales. ¡Crucio!
- ¡Protego! –pero está vez todos le estaban viendo venir y lanzaron los hechizos protectores pertinentes a tiempo.
La combinación de la fuerza del animago y el licántropo logró empujar a Voldemort medio milímetro hacia atrás.
- ¿Es eso lo mejor que os han enseñado? –los labios del villano se curvaron en una diabólica sonrisa–. Permitidme que os dé una pequeña lección de verdadera y poderosa magia...
Otro movimiento de varita extrañísimo y todos los objetos de plata que había en la casa, fueron directamente contra Remus, aplastándole contra la pared y quemando su piel. El licántropo había sufrido algún Crucio en su vida y podía asegurar que aquello era cien mil veces peor, principalmente, porque al menos esa maldición no te abrasa la piel...
Viendo la cara de sufrimiento de su amigo (era demasiado orgulloso para gritar) Sirius y Evy se lanzaron en su ayuda, pero Voldemort fue más rápido. Otra vez.
Antes de que el merodeador que quedaba en pie pudiera siquiera apuntarle con la varita había invocado una especie de cuerda invisible con la que estrangulaba a Evy mientras la mantenía en vilo sobre el suelo.
- Yo que tú soltaría la varita –como para subrayar la buena intención de su consejo, Voldemort apretó más el lazo en torno al cuello del jaguar, de tal manera que la Onza no pudo mantener la forma animal.
"¿De verdad crees que puedes alcanzarme antes de que yo termine con ella? –insistió al ver que la varita del joven mago no dejaba de apuntarle aún.
Aunque cometió el error de mirar unos segundos a Evy, tiempo más que suficiente para notar lo frágil e indefensa que parecía en esos momentos. Ella evitó mirarle a los ojos, le conocía lo bastante como para saber que si lo hacía cualquier remota posibilidad de que no soltara la varita se iría por el retrete.
- Bien hecho. Sabia decisión... Sí, señor –aprobó Voldemort cuando Sirius lanzó la varita por encima de la barandilla, hacia el jardín.
- Ahora suéltala. Y a él también –agregó señalando a Remus, que despedía un olor a barbacoa.
- Él no entraba en el trato pero ella... Si la quieres, ahí te va –con la varita el mago oscuro ejecutó un retorcido movimiento circular que fue imitado por la cuerda que estrangulaba a Evy.
Resultado: el cuerpo de la Onza sufrió un efecto yoyo-roto antes de ser liberado por la cuerda y lanzado contra el de Sirius. El impacto fue tan brutal que ambos salieron volando por encima de la barandilla, cayendo en la piscina.
En lo que ascendían a la superficie, Voldemort se acercó hasta la barandilla y observó la piscina mientras formaba una de sus sonrisas macabras. Esperó a que ambos jóvenes asomaran la cabeza para empezar a formar una especial capa de hielo. Especial, porque las aristas eran tan afiladas que podrían decapitar a cualquiera que se cruzara en su camino...
Evy observó las letales placas de hielo dirigiéndose peligrosamente hacia sus cuellos. Sin pensarlo dos veces, agarró a Sirius del cuello de su camiseta, tomó aire y tiró de él hacia abajo.
La buena noticia es que habían evitado ser decapitados por el hielo. La mala era que ahora estaban atrapados debajo de él y sin varita para escapar.
Después de librarse de la "molesta parejita", Voldemort volteó hacia las dos únicas personas que quedaban en la habitación. Debía darse prisa, ya que Dumbledore estaba al llegar. Una pena, significaba que no tenía más tiempo para divertirse...
La cuestión era:. ¿quién de los dos estaría en mejores condiciones para entregar el mensaje? Un vistazo al licántropo le bastó para comprobar que estaba tan concentrado en no exteriorizar el dolor que no atendería a nada más. Sólo quedaba el gigoló, que se las había apañado para ralentizar las hemorragias con su propia varita.
Al ver que Voldemort se acercaba, Will hizo un valiente amago de incorporarse y apuntarle con la varita, pero estaba realmente débil. Casi con desgana, el Señor Tenebroso ejecutó un expelliarmus y se inclinó hacia él.
- Espero que aguantes el tiempo suficiente como para darle a Marlene McKinnons el siguiente mensaje: dile que rece, que rece para que no la encuentre ni a ella ni a ningún miembro de su familia porque lo que acabo de hacer aquí, en el mismo Cuartel de la Orden del Fénix, no será nada comparado con lo que haré allí...
Antes de levantarse para irse, Voldemort apoyó la punta de su varita cerca de los bordes de la herida haciendo que Will chillara de dolor: era como si acabara de echarle ácido en la herida, pero un ácido tan frío que quemaba...
- Ya nos veremos –se despidió el mago oscuro, deslizándose hacia la noche.
Apenas desapareció Voldemort flotando por la terraza, se produjo cierto alboroto en la habitación cuando entraron Michael Murtagh, Dumbledore y Moody.
El druida se acercó rápidamente a Remus, retiró toda la plata que le rodeaba y empezó a curarle las quemaduras.
Moody se inclinó sobre Will y le ofreció un trago de su petaca que rechazó. Sabía que era un honor, ya que al auror prefería morir antes que compartir el contenido de su petaca con nadie, pero, sinceramente, estaba seguro que tenía un agujero en el pecho tan grande que si bebía algo se provocaría un efecto fuente.
- Como quieras –Moody se encogió de hombros antes de empezar a curar las heridas de la manera que le enseñaron en sus tiempos: una bastante basta, por cierto–. ¿Ves por qué te ofrecía el trago?
Para cuando acabó con Will, Dumbledore ya había regresado. Moody le dedicó una mirada interrogativa y el director de Hogwarts negó con la cabeza.
- ¿Y los demás? –preguntó Remus con voz débil.
&·&·&
Apenas vio caer el cuerpo sangrante de James por encima de la barandilla de las escaleras, Lily paso de ser una capacitada druida a convertirse en una mujer embarazada totalmente histérica e incapaz de hacer nada bien.
Fue Hestia quien tuvo que frenar la caída de James, la que le tumbó en el sofá y la que se rompió el coco tratando de frenar los "balazos" mientras la pelirroja dejaba que las hormonas la llevaran a una crisis de sollozos incontrolables.
Fue una suerte (por decirlo de alguna forma) que se oyera un fuerte un ruido procedente de la piscina ya que eso consiguió sacar a Lily de su ataque de histeria y centrarse en algo...
- ¿Qué fue eso? –preguntó Jesse que acababa de entrar junto a Marlene, Moody, Dumbledore y Michael.
- Voy a verlo –Lily se levantó y se dirigió al jardín tras comprobar que Marlene se hacía cargo de Ryan y Jesse ayudaba a Hestia con James.
Salió a tiempo de contemplar como Voldemort lanzaba el conjuro para congelar la piscina y como Evy tiraba de Sirius hacia el fondo para evitar que las placas de hielo le decapitaran.
Rápidamente corrió hacia la piscina y puso una mano sobre la congelada superficie, tratando de usar sus conocimientos de magia elemental para derretirla, pero Voldemort debió usar alguna triquiñuela de magia oscura porque aquello no funcionaba...
- Yo te ayudo –ofreció una voz infantil, aunque con un matiz de seriedad impropio de un niño.
- Gracias, Kevin –contestó Lily distraída al principio. Al menos hasta que vio la manita fantasmal a su lado–. ¿Kevin?. ¿Qué haces aquí?
- Salvaros la vida –esta vez, la voz del fantasma-niño-druida contenía un matiz de superioridad a lo "¿qué haríais sin mí?".
- Tú lanzaste los conjuros protectores antes –dedujo Lily, concentrándose de nuevo en la capa de hielo.
- Sí, así es –confirmó Kevin, imitando a la pelirroja.
Por su parte, Evy no se había quedado quieta debajo del agua sino que había dejado su cuerpo al cuidado de Sirius y se había proyectado en busca de la varita del animago. En cuanto la encontró, volvió a su cuerpo y le tendió la varita a su dueño.
Rápidamente, Sirius realizó un encantamiento-burbuja no verbal para cada uno. Consiguiendo así cuarenta minutos de precioso oxígeno. Solventada la posibilidad inmediata de ahogarse, les quedaba el peligro de morir congelados.
Evy repitió la jugada y se proyectó para ver cómo le iba a sus salvadores: pero Lily y Kevin no habían logrado demasiados avances. ¿Por qué no se olvidaban de sutilezas y probaban a lo bruto, con un martillo gigante y tal?
- ¡Joder, Evy! –se asustó Lily cuando el cuerpo astral le tocó en el hombro–. ¡No vuelvas a hacer eso!. ¿Sabes lo raro que resulta?. ¡Das calambre!
La Onza rodó los ojos... ¡Como si realmente tuvieran tiempo para eso!
- No hay tiempo para eso –dijo Kevin.
"¿Me has oído pensar eso?" se sorprendió Evy.
- Claro, los dos estamos en el mismo plano astral... –explicó el niño encogiéndose de hombros–. ¿Se te ocurre algo?
"Las tumbonas..." la castaña señaló las hamacas y la capa de hielo. El gesto fue tan elocuente que Lily no esperó la traducción de Kevin para ponerse en marcha: hizo levitar varias tumbonas y las lanzó contra el hielo de tal forma que rebotaran y salieran por el otro lado...
Efectivamente, el impacto creó boquetes en la superficie congelada, pero antes de que Sirius pudiera salir por ellas, las grietas volvían a reconstruirse.
- ¿Y si ponemos sal en los bordes? –sugirió Kevin.
- ¡Pero que obsesión tienes con la maldita sal! –gruñó Lily mirando a Evy, pensando que eso era idea suya. Sin embargo, la Onza negó con la cabeza...
- ¿Por qué no? La sal se usa para evitar que se formen capas de hielo en la carretera... No tengo muy claro el mecanismo exacto, pero creo que la sal y el hielo forman un compuesto eutéctico cuya temperatura de fusión es de menos 21ºC... ¡Y estamos a 15¡Fundiría en el acto! Sólo tenemos que ir untándola en los bordes...
Kevin se volvió hacia las dos mujeres que le observaban totalmente alucinadas. ¿Había dicho "eutéctico"?
- Es que cuando uno es un fantasma tiene mucho tiempo libre –se explicó el chico ligeramente ruborizado, que es todo lo ruborizado que un fantasma puede estar–. Y como uno no tiene el sexo ni la sangre de vampiro para entretenerse...
- Vuelve con Sirius y estate atenta porque creo que funcionará –decidió Lily, volviéndose hacia el cuerpo astral de su amiga–. Después de todo, Ámbar hirió a Voldemort con un puñado de sal... Es posible que sus conjuros no sean inmunes a ella...
Mientras Evy volvía a su cuerpo, Lily convocó el bote de sal que Ryan había ignorado minutos antes.
- Está bien, Kevin, tú rompes el hielo y yo lanzó la sal en los bordes.
El fantasma-druida asintió y con un movimiento exageradamente teatral lanzó una silla particularmente fea hacia la capa de hielo, quebrándola. Inmediatamente, Lily hizo levitar el bote de sal encima del hueco que se había abierto procurando que se derramara sobre los bordes de la forma más homogénea posible.
- ¿Qué hacéis? –preguntó Bell algo sorprendida al salir al jardín para comprobar que hacía Lily y encontrarse con semejante escena.
- Sacar a esos dos de debajo del agua –explicó Kevin, dado que la pelirroja estaba demasiado concentrada como para prestar atención a otra cosa.
En ese momento, Sirius y Evy asomaron las cabezas y el hielo pareció cobrar vida y desarrollar unas tendencias claramente homicidas. Pero la sal frenaba sus intenciones.
- ¡Rápido, traedlos a la orilla! –ordenó Lily, que estaba ocupada procurando que la sal mantuviera a ralla el hielo.
Bell sacó la varita y trajo a sus azulados amigos hasta la orilla. Una vez allí, conjuro un par de mantas con hechizo calefactor incluido para ayudarles a recuperar la temperatura. Como ya estaban a salvo, Lily volteó hacia ellos aunque con una mueca de contrariedad en la cara.
- Nos va a tocar drenar la piscina para retirar el maldito hechizo congelante –suspiró la pelirroja al ver que la capa de hielo había vuelto a reconstruirse.
- Oh, sí, eso es lo más importante... Lo que le ha hecho a tu marido se lo puedes pasar –se irritó Bell.
- ¿Cómo están? –preguntó Sirius. O al menos, eso entendieron las dos mujeres, porque con el castañeo de los dientes se complicaba la traducción.
- Ámbar y Ryan bien, sobre todo él: Jack le estaba abrazando cuando he salido a buscar a ésta –la rubia señaló con su pulgar a Lily–. Deberías ver el empujón que le ha metido ese niño a su hermana para que Jack le abrazara sólo a él... pero claro, esa estúpida no lo ha visto y ha empezado a decir que si la pobre niña tiene un problema con las muestras de afecto maternal públicas...
- Muy interesante. ¿Y los demás? –cortó Lily.
- Lo siento, es que esa... –Bell apretó los labios, conteniendo el insulto–, me crispa –inspiró profundo, logrando calmarse antes de continuar–. James está bien: las heridas eran escandalosas pero superficiales, por lo que Jesse y Hestia no han tenido demasiados problemas en cerrárselas.
- Sí, tengo que admitir que esa amiguita tuya no es tan inútil después de todo, Black –por esa frase, el aludido le envió a Lily una mirada de disgusto. No debió decir algo así delante de Evy...
- ¿Y Will y Remus? –pero la Onza no mostró demasiado interés en sacar de paseo su vena celosa.
- No lo sé... –el rostro de Bell se retorció por la preocupación–. Dumbledore quiere llevarlos a Hogwarts para que los examine Pomfrey. No nos dejan verlos... Ni siquiera a Jack, que es familia... ¿Tan grave ha sido?
- Bell, Lily –las llamó Frank antes de que los otros dos pudiera contestar–, os necesitan dentro...
- Ya vamos –contestó Lily, impaciente por volver junto a James.
Bell, en cambio, se mostró más reticente: sus ojos turquesa seguían clavados en Sirius, exigiéndole la verdad.
- Ya sabes cómo es ese pirado: un par de Crucios, alguna maldición cortante... Pomfrey les pondrá a punto en nada –intervino Evy, sacando del aprieto al moreno.
La rubia la miró con desconfianza, ya que sabía que su felina ex compañera era una mentirosa consumada, habilidad que parecía haber refinado esos años, pero de lo que no estaba segura era de hasta qué punto Sirius estaría dispuesto a apoyarla.
- Ella tiene razón, no te preocupes, Bell. No les hagas esperar... –Sirius le recordó con un gesto que la necesitaban dentro. La bruja rubia suspiró y les dedicó otra mirada de desconfianza antes de volverse hacia la casa.
- ¿Cómo crees que están realmente? –preguntó Evy en un susurro cuando se quedaron a solas (Kevin decidió ir a echarle un nuevo vistazo a Ámbar).
- Si han llamado a Pomfrey la cosa debe de ser grave –contestó Sirius. Era una suerte que los dos hubieran dejado de temblar por el frío, aunque sus labios aún se veían ligeramente morados.
- No tanto... Si fuera muy grave les llevarían a San Mungo.
- No –negó el moreno–. Trabajando en Hogwarts, Pomfrey ha visto más maleficios raros que la mitad de los medimagos de San Mungo...
- La mitad obra vuestra y de Snape –apuntó la Onza.
- Más bien la cuarta parte –matizó Sirius–. Deberías ser más amable, acabo de jugarme la vida por salvar la tuya.
- Una de las mías. Si me hubiera estrangulado, estaría en pie en unos... –Evy se detuvo unos segundos, como calculando–, dos minutos. Y no se me estarían formando cardenales en el cuello. En resumen, no debiste soltar la varita.
- Tu gratitud es algo que siempre me ha conmovido. ¿Sabes? No tengo ganas de discutir contigo... –el merodeador se levantó de la hamaca que ambos compartían con expresión decidida–, ya hablaremos cuando permitas a tu sentido común intervenir en la conversación...
- Pero... –totalmente desconcertada por la brusquedad de la reacción, Evy le observó ir para la casa.
Ya en la puerta, pudo ver a una rubia oscura corriendo hacia él con los brazos abiertos y expresión de genuina preocupación. Sirius la rechazó con un gesto innecesariamente brusco que, por alguna razón, hizo sonreír a la Onza.
Al menos, había una mujer con la que Sirius estaba más enfadado que con ella.
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Y eso es todo por una temporada... antes de pasar a debatir como de larga será dicha temporada, tocan algunas aclaraciones sobre este capítulo.
El Aresto Momentum que utiliza Bell para evitar que Jack se mate, es el mismo encantamiento que utiliza Dumbledore en la película de "El prisionero de Azkaban" para frenar la caída de Harry el partido de Quidditch Gryffindor-Hufflepuff.
Un compuesto eutéctico (mencionado por Kevin) es una mezcla de dos sólidos puros tan íntimamente conectados que posee un punto de fusión más bajo que cualquiera de los dos sólidos puros separados.
Por ejemplo, la mezcla hielo-sal. El hielo funde a 0ºC, la sal común a 800 y su compuesto eutéctico a menos 21ºC. (Esto es por aclarar, tampoco os ralléis mucho con ellos...)
Por último, muchas de vosotras me recordasteis una posesión de Voldemort que a mi se me paso por alto: la de Harry en el quinto.
Admito que se me olvidó en su momento, pero tampoco es aplicable al caso de Maya ni de ninguna otra persona que no sea Harry, ya que él es el único en el mundo que tiene una cicatriz que le duele cuando está Voldemort cerca, por tanto, no creo que las demás personas al ser poseídas por Voldemort sufrieran el dolor insoportable que sufría él (¿por qué estas frases siempre tienen doble sentido?).
Resumiendo, que yo creo que si se introducía en el cuerpo de una niña Muggle ella no tenía porqué ser consciente de su presencia y, en este caso, de sentir esa opresión que describía Harry, podría haberlo atribuido a lo que había sufrido en el museo.
Además, para mi que desde que Voldemort pasó trece años fuera de su cuerpo, no ha vuelto a ser el mismo y si a eso sumamos que el cuerpo en cuestión se lo reconstruyó Peter-rata-traidora...
Y volviendo al tema que más os interesa¿cuándo tocará actualizar? Pues supongo que en algún momento del mes de julio. De momento, voy bien, pero eso es algo que puede cambiar en el instante más inesperado, así que... Paciencia.
Y si no la tenéis: iros de rebajas para matar el gusanillo, que ya están aquí...
Besos de granizado de limón.
Carla Grey.
Orgullosa Lupina. MOS. Hermana de Mya, Paula & Maru Malfoy. Tía de Azi Black. Paciente de Serenity. Hija política de Veronika. Emperatriz consorte de Alonning. Ahijada del hada madrina Noriko. Prima de Miss Molko e Inna. Miembro de las 15 de Mey. Amiga por correspondencia de una miembro de LODF. Pariente de Anvy Snape. Casi pariente de Libertad, la amiga de Mafalda. Chica del espejo de lujuria de Dreaming. Hermana Escorpio de Moony Lunática. Musa de MikaGranger. Ganadora de dos premios anuales de HA. Luz al final del túnel de Deathkisse. Creadora del amor platónico de Liesl Von Kaulitz. Alumna de la Casa de Ravenclaw en HA. Autora de la versión de Sirius favorita de Elarhy.
