Eh... pos actualización, con un capítulo que no dice nada de nada porque solo yo puedo llevar once capítulos y seguir en la introducción de una historia (se mata de la risa). Cuando llegué a algún otro muerto de seguro empieza lo interesante, hasta entonces (?).
Ya, que hasta el título del capítulo es una mierda porque en serio no dice casi nada, pero mejor así, ni modo tampoco que quiera que sepan algo (?!).
.
Capítulo XI
Pensamientos.
Las clases se habían tornado increíblemente lentas a medida que avanzaba el día, o al menos esa era su perspectiva dado que tenían varios bloques de asignaturas antes de acabar la jornada. Se hacía pesado a la larga, incluso teniendo la hora de almuerzo y un bloque libre casi a la salida, antes de la última clase. Todo eso empeoraba si, además de sus útiles de siempre, le sumaba el peso que cargaba en su bolso por los varios periódicos que había tomado prestados de la biblioteca en la mañana; la simple idea de caminar con eso encima a su departamento le producía un desgano tremendo, considerando que ya había tenido que cargarlos gran parte del día con la única ventaja de que podía dejar su bolso a un lado durante las clases. Tenía que, indudablemente, pero le costaba sacar ganas para emprender el camino con lo agotada que estaba.
—¿De verdad no necesitas ayuda, Lu-chan? —le inquirió Levy, que avanzaba junto con ella a través del pasillo, rumbo a la salida ya acabadas las clases.
Lucy negó con la cabeza ante la pregunta, acomodando una vez más su bolso en su hombro derecho al tiempo que atravesaba las puertas de vidrio del edificio rumbo a la entrada del instituto, la que daba a la calle. En el patio delantero, que conectaba las puertas de vidrio y las rejas de entrada, se hallaba reunida una pequeña cantidad de alumnos, principalmente los que salían a esas horas y unos pocos que tendrían alguna que otra actividad más allá de su carga académica oficial. Lo creía porque gran parte de los estudiantes reunidos a su alrededor mientras avanzaba en compañía de Levy hacia la salida, bajo el cielo que comenzaba a oscurecer, pertenecían a su curso o al de Erza, que sabía también tenía un horario pesado los martes.
Sonrió vagamente junto al pensamiento al ver a Erza hablando con Gray cerca de la reja, con Juvia de pie a un lado de ambos mirándolos con incomodidad. Se aproximó a ellos en compañía de Levy pues iban para allá de todas formas.
—Erza —saludó McGarden al aproximarse, captando la atención del grupo—, ¿qué tal tus clases?
La susodicha sonrió al verlas.
—Bien, supongo —respondió ante la pregunta.—. Preguntaría por las suyas pero de seguro me dirán lo mismo que Gray y Juvia.
—Bueno, no sé qué han dicho ellos, quizás estuvimos en dimensiones casi paralelas durante las clases —bromeó Levy, luego dirigió su mirada a Juvia, que tenía su mirada en el suelo y se hallaba a un lado de Gray, pero algo apartada de este y Erza y por tanto del grupo que acababa de formarse—. ¿Gajeel vendrá por ti?
La chica asintió en respuesta, sorprendiendo levemente a Lucy por ello y obteniendo una mirada algo molesta de Gray.
—Es tarde para que me vaya sola —aclaró Juvia, con la atención de todos puesta en su persona—. ¿Por qué? —cuestionó, alzando su mirada hacia la más pequeña de todos—, ¿necesita Levy-san hablar con Gajeel-kun?
—No —se apresuró en aclarar Levy todavía con la sonrisa en el rostro solo que, de alguna forma, a Lucy le pareció que no era la misma sonrisa animada de antes, algo tenía diferente—, solo quería asegurarme, es todo. —Le restó importancia al asunto—. ¿Tú vas caminando, Lucy?
—Ah. —Se sorprendió ante la pregunta, pues hasta ahora se había mantenido como espectadora de la conversación y no como parte de ella—. Sí —dijo—, me iré caminando.
Levy reanudó su sonrisa de siempre al oírla y Lucy quito todo pensamiento sobre el tema de su cabeza, quizás solo le incomodaba que su novio viniera a buscar a alguien más, era bastante probable, la gente solía ponerse celosa con esas cosas.
Erza dirigió su atención a ella tras su respuesta.
—¿Estarás bien?
—Claro, mi departamento no está muy lejos —aseguró, sonriendo para darle fuerza a sus palabras.
Además tampoco era tan tarde, apenas y pasaban de las ocho de la tarde, Lucy tenía claro que habían algunos alumnos que salían pasado las nueve, por lo menos ese no era su caso. Había que ver el lado positivo de las cosas, podría estar peor; aunque últimamente fuese usual que las cosas fueran a peor.
—¿Y ustedes? —cuestionó Lucy, mirando a Erza y a Gray.
—Oh, yo también me iré caminando, pero como yo y Gray vivimos cerca iremos juntos un buen tramo del camino —respondió la pelirroja, sonriendo—, así iremos más seguros, con la situación de la ciudad ya no se está segura andando a estas horas.
—¿Tú para qué lado vas, Lucy? —preguntó Gray.
—A la derecha, rumbo a la calle principal pues mi departamento está al cruzar, unas calles adentro, no demasiado.
—Nosotros vamos al otro lado, así que nos despedimos aquí —dijo Erza, sonriendo—. Espero que Gajeel llegué pronto, Juvia, no me gusta que te tenga esperando tanto tiempo.
—Juvia agradece la preocupación, Erza-san —dijo Juvia al oír el comentario, forzando una sonrisa—, Gajeel de seguro no tardará en llegar.
—¿Y Mira, Erza? —inquirió McGarden ante lo evidente del hecho de que sus compañeros se iban.
—Se iba a quedar con Freed en la biblioteca hasta tarde.
—Ya veo, es que me pareció raro no verla —aclaró Levy—. Nos vemos, entonces.
—Nos vemos —dijo Lucy como despedida.
—Hasta pronto, Erza-san y Gray-sama, tengan cuidado de vuelta a casa.
—Ya —dijo Gray, alzando una mano y sin darle importancia al asunto—. Nos vemos.
—Hasta pronto —se despidió Erza tras él, dando la vuelta para alejarse del instituto a través de la calle, seguida de Gray.
—Bueno, yo debo ir a la parada del autobús —dijo Levy, centrando su atención en ambas—. Hasta pronto, Lu-chan.
Le sonrió tras despedirse, momentos antes de perderse también por la calle a paso rápido, segundos después de que Gray y Erza hicieran lo mismo.
—¡Hasta pronto, Levy! —exclamó Lucy para que su amiga la oyera, obteniendo un gesto de manos en respuesta por parte de la chica que trotaba a través de la calle.
—Hasta pronto, Levy-san —dijo Juvia, tan bajo que probablemente solo Lucy la hubiese oído.
Volteó a verla, algo extrañada por la poca emoción en esas palabras, contando que Levy ni siquiera se había despedido de ella. Quizás por eso estaba triste, pensó al tiempo que Juvia le devolvía la mirada, hasta entonces fija en el camino. Lucy sonrió ante eso, aunque tenuemente pues ésta tenía esa expresión triste de siempre y eso le producía una incomodidad al sonreír, como si al sonreír solo estuvieras pasando por alto los problemas ajenos.
—Nos vemos, Juvia —se despidió, esperando una respuesta de su compañera.
—Hasta pronto, Lucy-san, gracias por devolverle el teléfono a Juvia —correspondió la chica, sonriendo unos momentos para luego desviar su mirada al suelo al tiempo que borraba la mueca.
Triste, siempre triste.
—No fue nada —correspondió, tras lo cual emprendió también camino por la calle, avanzando a paso rápido pues quería llegar pronto, tampoco es que le fuese cómodo caminar a esas horas por las desiertas avenidas de esa ciudad.
Se acomodó una vez más su bolso al hombro, notándose incómoda por el peso de éste, al atravesar la calle para virar en dirección a la avenida principal, que se hallaba a unas cinco cuadras de su posición. De ahí solo eran otras seis cuadras hasta su departamento, así que el camino era en verdad corto para lo que de seguro tenían que recorrer otras personas, como Levy que debía tomar autobús o Juvia que vivía al otro lado de la ciudad. Además la avenida principal estaba bien iluminada, así que era atravesar esas cinco cuadras con rapidez y llegar a un lugar con una cierta sensación de seguridad gracias al alumbrado público, luego más tinieblas al atravesar las otras seis cuadras que la separaban del edificio donde vivía actualmente.
Pero seis cuadras las atravesaba en nada, fue lo que se dijo internamente acelerando el paso a través de las calles desiertas y mal iluminadas, avanzando a través de la segunda calle en su camino a la avenida, consciente de que desde ahí solo le faltaban tres cuadras. No es que tuviera miedo real para ir contando las cuadras en su mente, pero era primera vez que salía tan tarde del instituto y le producía una pequeña intranquilidad que se atenuó cuando llegó a la cuarta cuadra y a lo lejos vio las luces de la única calle con buena iluminación de esa maldita ciudad.
Y para llevar con suerte una semana ahí no estaba del todo bien que ya pensara así del lugar, pero supuso que era levemente inevitable.
Llegó a la avenida principal y se apresuró en virar a través de ésta rumbo a la calle donde se hallaba su departamento, entonces cruzaría la avenida y se adentraría de nuevo en la oscuridad en dirección al susodicho edificio. Sobraba decir que hacer todo eso con sus manos sudando sin parar y todo el peso extra sobre su hombro era una experiencia nada grata. Cuántos periódicos eran, para empezar, contando que eran dos años de noticias. Dos años de noticias que tendría que revisar página a página para su trabajo, mierda, que eso le daba más pereza que la idea de caminar a esas horas las pocas cuadras que la separaban del instituto. Más considerando que ya llevaba una cuadra lejos de la avenida y ni cuenta se había dado por ir perdida en sus pensamientos, lo cual tampoco era algo tan bueno, caminar distraída a esas horas y en esas calles, era mejor si iba alerta.
Iba a parecer paranoica a este paso, ahora que se detenía a pensarlo.
Tuvo el impulso de suspirar al pensar eso, maldiciendo el peso sobre su hombro derecho y deteniéndose unos segundos para cambiar su bolso de lado, cargándolo ahora en su hombro izquierdo. Freed le había entregado una enorme cantidad de periódicos que a puro Tetris había logrado meter en su bolso y ahora se arrepentía de no haberlos llevado por grupos, como le había sugerido el chico cuando ella se había propuesto introducirlos todos en su bolso tras firmar en la biblioteca. Por muy delgados que fueran era una pila gruesa. Lo único bueno era que en verdad vivía cerca, de estarse alojando en un lugar alejado del instituto de verdad se estaría dando golpes en la cabeza por su tremenda estupidez.
Cumplió su impulso de suspirar sólo cuando se halló frente al edificio donde vivía, subiendo las malditas escaleras de mierda que en esos momentos odiaba como si la vida le fuera en ello, malditas escaleras de mierda.
Arrojó su bolso a un lado de la puerta al entrar a su departamento, agradeciendo haberse librado de ese peso; y no haber sido violada, asaltada o peores en su camino de regreso, por supuesto.
O secuestrada.
Frunció el ceño, regañándose por ese momentáneo pensamiento indudablemente conectado con Lisanna y dirigiendo una corta mirada a su bolso. No es como si pudiese averiguar algo con eso, tristemente —o eso le parecía— la decadencia económica había acabado mucho antes de la desaparición de la chica. Tampoco es que tuviera que averiguar algo, además.
Suspiró y decidió que iría a dormir, el fin de semana podría ponerse con los malditos periódicos, justo en esos momentos no tenía ganas de hacerlo.
Sí, lo mejor sería dormir y no pensar más en el asunto, no sacarse a Lisanna Strauss de la cabeza iba a acabar pasándole factura, después de todo tampoco es como si la conociera para que le importase tanto, no tenía motivos para que ocupara tan seguido sus pensamientos, ni un solo motivo para ello.
Y sin embargo lo hacía.
Ese momento en que esto podría ser relleno de no haber algo por ahí (?).
Ya, traeré de vuelta a mi musa de alguna manera, hasta entonces pos me aguantan.
