**Un amigo… **

- Sra. Berkeley, - irrumpió un chico de pelo corto, ondulado y de tez pálida. – Sra. Berkeley; ¿Cómo está ella?

- Joven le dije que no podía pasar sin autorización – llegó gritando una enfermera a la habitación.

- Esta bien jovencita. Autorizo que el muchacho se quede. A Cassandra la haría feliz el saber que él esta aquí.

- Está bien doctora Berkeley, como usted diga. – La enfermera tomó un respiro hondo. – Avisaré al doctor Ramoray para que este al tanto.

- Me parece bien. – Afirmó ella y la enfermera dejó la habitación. – Entonces, al parecer recibiste mi mensaje de texto.

- Si, Sra. Berkeley, sabe que desde lo que pasó hace tres años tengo su teléfono con una alarma especial. – Volteó ver a su amiga. – Me sorprende que Joseph no este aquí.

- El está de gira, dudo que se entere pronto; Rebeca va a llamarlo en cuanto amanezca en los Ángeles.

- Pero… ¿Cómo está? ¿Qué le han dicho? – dijo mientras se acercaba a la cabecera de la cama. - ¿Qué tiene?

- Aún no saben, llegamos sin que ella pudiera respirar, se desmayó y como el dolor era fuerte la sedaron.

- Si está sedada, ¿que puedo hacer yo aquí? – preguntó él viendo su estado.

- Lo mismo que yo Rodrigo… Esperar… Has sido su mejor amigo desde que eran pequeños; sé que el tan solo oír tu voz la hará sentir mejor.

- Sra. Berkeley ya son las siete de la mañana, ¿desde que hora está aquí?

- Desde las tres y media si no me equivoco; la verdad es que el sueño me está matando aunque no sé si más que la preocupación.

- No se preocupe. Llamaremos un taxi, vaya a su casa a dormir y luego a cambiarse; no dejaré a Cassy ni un segundo. Se lo prometo. Sabe que puede confiar en mí.

- Gracias Rodrigo. Siempre supe que Cassandra tenía un gran amigo en ti. – Gina se paró, besó la frente de su hija y se dirigió con el celular en mano a la salida.

- Cassy… ¿Qué te pasó? – dijo su amigo mientras acercaba la silla a la cama y se sentaba. – Si puedes oírme, te prometo que te vas a poner mejor… Cueste lo que cueste.