Entrada ya la noche un muy sobrio Camus entro seguido del devastado ruso que caminaba con la cabeza gacha y los ojos llenos de lagrimas, Misha estaba sentada en la sala bordando un mantel y Nicolás estaba a su lado inmerso en la lectura de un polvoso y viejo libro mientras disfrutaban del calor que irradiaba la chimenea encendida. Poco tardaron en notar el par de rostros desencajados que atravesaron silenciosos la estancia.
-Nicolás - viajero, ¿ocurre algo malo?
Pregunto el lisiado con su voz grave y preocupada. Camus giro el rostro en dirección de Hyoga haciendo que este último se encogiera de culpabilidad. Miro hacia los que estaban frente a la chimenea y dijo tanto en voz alta y lenguaje de señas para que todos los presentes pudiesen entenderle.
-Camus- Ha pasado algo terrible, Isaac ha muerto... Se ha perdido entre las corrientes del mar.
Nicolas palideció mientras cerraba cuidadosamen su libro con sus temblorosas manos. Misha se puso de pie mientras llevaba ambas manos a su cabeza en una expresión de incredulidad y devastación mientras dejaba escapar un gemido de dolor. Caminó unos pasos para acercarse al santo de oro y con la cabeza. Negaba frenéticamente mientras sus lagrimas empapaban su pálido rostro. Camus solo la miro fijamente sin reafirmar la negación de su mujer, por lo que Misha busco con la mirada a Hyoga el cual solo seguía con las celestes orbes clavadas en el piso aguantando contener el llanto. La mujer se acercó al muchacho tomando con sus níveas manos el bronceado rostro del ruso y con la esperanza de conseguir una respuesta alentadora le pregunto ¿que había pasado?.
Hyoga seguía inmóvil con la mirada gacha y los puños apretados, sin responder a las preguntas que la ninfa le hacia desesperadamente, Camus la tomo del brazo y la aparto un tanto violentamente del muchacho para mirarla fijamente por unos segundos, para luego caer en el pecho del francés aferrándose a su playera desmangada. El galo poso su mano derecha sobre la espalda de su mujer y miro fijamente al rubio.
- Camus- ahora como único discípulo no significa que ya tienes ganada la armadura del cisne. Prepárate Hyoga que de ahora en adelante el entrenamiento será más duro que nunca.
Nicolas no daba crédito a las crueles palabras del francés, Hyoga estaba destruido por la culpabilidad, y su maestro lo trataba con extrema dureza y frialdad.
-Nicolás- Camus, Hyoga solo es un niño...
-Camus- Tienes razón Nicolás, si Hyoga no es capaz de afrontar las consecuencias de sus acciones con valor y prefiere ser un niño que va a llorar en las faldas de su madre puede abandonar cuando quiera el entrenamiento, un cobarde así no será digno de vestir una armadura sagrada.
Miro nuevamente al chiquillo que permanecía inmóvil y sombrío parado en medio de la estancia.
-Camus- pero si Hyoga decide continuar por la senda del guerrero soportara estos últimos meses hasta probar que es un hombre, un hombre digno de alcanzar el rango de caballero de Athena, merecedor de portar el ropaje de Cignus, eso hubiera deseado Isaac, es lo mínimo que podemos hacer para honrar su memoria.
El santo de acuario que tomo de la barbilla a su mujer y le indicó coon una ademan de su cabeza que debía irse a descansar, después de todo en su estado no era conveniente someterla a tales penurias. Ella se resistía a la recomendación de su amado pero finalmente se fue a recostarse como Camus y Nicolás le recomendaron.
Al otro día, muy temprano la esposa del guardián de acuario se encontraba en camino a la playa congelada con un ramo de flores silvestres que ofrecería como despedida a su querido niño finlandés, aquel que quiso como un hermano o incluso como a un hijo. Se arrodilló en el borde de la gruesa capa de hielo y dejó caer las pequeñas flores junto con algunas de sus cristalinas lágrimas. Una cálida mano se posó en el hombro de la ninfa, esta giró su rostro para ver de quien se trataba encontrándose al ruso quien apenas era reconocible por sus ropas y su dorada melena ya que su rostro se encontraba completamente inflamado por múltiples golpes. La chica de ojos rojos, casi se desmaya al ver la cara de su querido chiquillo ruso, y como impulsada por un resorte se puso en pie para examinar al muchacho quien se resistía a el examen de la fémina.
-Misha- Hyoga! ¿que fue lo que te paso?
-Hyoga-No es nada...
-Misha- ¿Fue Camus?
Sus ardientes ojos rojos centelleaban de ira al pensar que su adorado galo hubiese hecho tal abominacion con el muchachito.
-Hyoga- Misha, estoy entrenando, esto es poco comparado con lo que me espera cuando obtenga la armadura del cisne
Ella llevó su mano a la frente y nego con furia.
-Misha- ¡Ustedes están locos! ¡Camus! ¡Camus esta loco!, todos estamos devastados con la muerte de Isaac, pero no fue mas que un accidente...
-Hyoga- Misha no le digas nada al maestro, si tu le reclamas por esto creerá que soy un cobarde que voy a llorar a tus faldas.
-Misha- Camus esta demente!
-Hyoga- Debo conseguir la armadura del cisne, para honrar la memoria de Isaac, la de mi madre y honrar también a mi maestro. Misha entiéndelo por favor.
La ninfa de las nieves estaba furiosa, le dolía en el alma la perdida de Isaac, sin embargo le consolaba que estaría descansando en los elíseos, lo que le torturaba aun mas ere el sufrimiento de Camus, y del pobre Hyoga, y aunque durante los últimos años se fue enterando de la compleja estructura de la orden ateniense, del rango de Camus y del extenuante entrenamiento que se debía superar para alcanzar el honor de portar una armadura estaba furiosa por la actitud del galo. Regreso a su cabaña a continuar con sus tareas. Cuando por fin el francés llego junto con el chiquillo rubio Misha se encontraba al pie del fogón con una cena caliente lista para se servida, el cazador ya se encontraba en la mesa para acompañarles. Normalmente cuando llegaban su mujer lo recibía con un abrazos besos y palabras colmadas de cariño y alegría, asi como a los chicos les llenaba de atenciones y mimos, pero esa ocasión fue totalmente distinta, Ella permanecía indiferente y seria concentrada en la cocción de su guiso. El santo de acuario se sentó a la cabecera de la mesa y el chico a su derecha como era costumbre, mirando el lugar que ocupaba Isaac, la mujer sirvió la comida y se sentó a cenar junto a los varones en un muy incomodo silencio, no había palabras ni habladas ni en señas. Al terminar de cenar la chica se llevo al muchacho al centro de la sala y comenzó a limpiarle las heridas y aplicarle nieve en las zonas inflamadas, y aunque no le dijo nada a su esposo le lanzaba miradas llenas de furia que no pasaron desapercibidas por ninguno de los habitantes de la cabaña en el bosque.
Esa noche por primera vez el galo y su mujer durmieron sin intercambiar palabras ni gestos de amor mutuo, ella estaba profundamente herida por su actitud para con Hyoga, y el no tenia intensiones ni energía para discutir así que prefería mantenerse indiferente hasta que se le pasara el fastidio a Misha, después de todo no podía esperar que entendiera al 100% que lo que hacia era por el bien de su ahora único pupilo. Al día siguiente nuevamente muy temprano los guerreros de hielo se retiraron a quien sabe donde para continuar con el inhumano entrenamiento para convertir a Hyoga en el poderoso portador de la armadura de cisne, mientras abuelo y nieta se dolían ante las lesiones del chico ruso y se admiraban de la horrible actitud el mentor, todo les parecía proporcionadamente injusto. Los recientes acontecimientos habían distraído a todos haciéndoles perder la noción del tiempo y del resto de las responsabilidades olvidando que esa noche era muy, muy importante, era la luna nueva de aquel mes.
Camus caminaba tenso de regreso a su hogar, a pesar de todo el chico rubio estaba resistiendo el entrenamiento cabalmente, no se doblegaba ante el cansancio, resistía los combates con su mentor a pesar de ser fácilmente vencido se levantaba una y otra vez decidido a superarse. Si tan solo ya superara ese duelo, si tan solo madurara y dejar a descansar a su difunda madre, sería un caballero completo, implacable no tendría limites, sin embargo ese tibio corazón lo echaba todo a perder.
Un escalofrió recorrió la espina del caballero dorado, giro sus ojos en todas direcciones y confirmo sus sospechas, no habia luna, las dos noches desde que Misha le dio la noticia sobre su hijo ya habían pasado, y no había llevado a la ninfa a la cabaña cercana al muro de los hielos, no la había encadenado... Nicolas ahora mas que nunca seria incapaz de controlarla. Sus sentimientos de ira, frustración y tristeza que había desplegado contra Hyoga le hicieron perder la objetividad y por ese descuido ahora Misha podría estar en peligro ademas de ser un gran peligro para los demás. Corrió a toda velocidad hacia la cabaña y un muy confundido Hyoga lo siguió preguntándose del repentino cambio de actitud de su maestro.
Al llegar a la cabaña, sus sospechas se materializaron al encontrar la puerta de entrada completamente destrozada, con un aterrorizado Nicolas tirado junto a la mesa.
-Nicolas- Viajero...
-Camus- Nicolas, ¡he sido un estupido, lo olvide por completo!...
Hyoga no entendía nada de lo que sucedía, aprecia que había pasado un huracán por la cabaña, la mesa de centro estaba partida en dos, y los objetos como ollas y satenes estaban por todo el piso.
-Hyoga- Maestro, ¿que es lo que pasa?
-Nicolas- Se ha ido para el pueblo, debes detenerla... Camus... esta vez es diferente, no se si es por su maternidad pero...
-Hyoga- Nicolas, donde esta Misha?
El anciano no sabia que contestarle al jovencito ya que el ignoraba lo que le pasaba a la ninfa las noches sin luna, por lo que miraba nerviosamente a Camus y luego al niño mientras le temblaba la mandíbula por no saber que contestar y provocar la ira del santo de oro.
-Camus- Hyoga, quédate a cuidar a Nicolas
-Hyoga- No. Maestro, durante estos años le he obedecido ciegamente sin replicar, pero esta vez no sera así, Misha es una persona importante para mi, ella ha sido como una madre para mi y para Isaac estos últimos meses debo ir, si no pude hacer nada por mi madre hace años no puedo permitir que pase lo mismo con Misha.
Camus cerró los ojos como asimilando las palabras del jovencito.
-Camus- esta bien, pero deberas hacer lo que te diga por extraño que eso parezca, tienes que confiar.
El ruso asintió con determinación y se dirigieron hacia la salida, en dirección al pueblo. Cerca de la entrada de la cabaña se encontraban lo que parecían ser huellas de... oso... eran muy parecidas a las huellas de un oso polar, solo que eran bastante mas grandes. Durante los años en que Camus cuido de la mujer la había visto transformarse en lechuza, leopardo de las nieves y al parecer su forma favorita era el lobo blanco, todas ellas de un tamaño inusualmente mayor a los animales normales y de una blancura sobrenatural, siendo feroces depredadores que se habían vuelto difíciles de controlar aun para el santo de acuario, mas de una vez tuvo que utilizar sus aros de hielo y polvos de diamantes para contener la ira de Quione por impedirle ir a buscar la sangre que necesita para descansar.
Corrieron hasta el pueblo el cual se encontraba en penumbras y silencioso, lo que alarmaba aun mas al de acuario, Quione poseía un cosmos semidivino alimentado por las fuerzas de la naturaleza, muy diferente al cosmos de los santos, su presencia era como la de un animal y no era fácil localizarla, era un alma herida y despechada lo que le hacia sumamente peligrosa.
-Camus- Hyoga, tendremos que separarnos, no hay mucho tiempo para explicarte... ¿has escuchado los relatos de la gente sobre los espiritus de la nieve?
El muchachito miraba muy intrigado a su maestro.
-Camus- Pues son ciertos... no es su totalidad, Misha es el espiritu de la nieve... algo parecido... asi que debemos evitar que haga daño pero tambien debemos tratar de que no salga herida...
-Hyoga- Que?
-Camus- Recuerdas el lobo blanco de aquella noche? pues era Misha, pero ahora puede ser que la veamos de forma diferente... es posible que no seas capaz de protegerla tu solo, si la encuentras eleva tu cosmos para que acuda a ayudarte,
El ruso asintió con determinación, debía ser valiente, esta era la oportunidad en la que podría demostrar su valía como digno discípulo de Camus, podría proteger a esa mujer quien lo cuido como su madre y a la que tanto quería su difunto mejor amigo. Así que se separaron para buscar entre las obscuras y nevadas callejuelas de aquel pueblo algún rastro de la criatura sobrenatural que asechaba en busca de la sangre de una virgen destinada a la gloria...
