¡Hola a mi gente favorita!

Este fin de semana sí pude cumplir, me merezco un premio XD

Como siempre, mis agradecimientos a todos sus comentarios. SuicideFreakWord (Si, a mi también me encanta cuando el destino los enlaza de maneras que no puedan evitar. Junto para siempre! XD), AnaM1770 (Ya antes en la historia se había visto una cierta "empatía" entre las magias de Draco y Teddy, esta sólo es otra forma de expresarla. Además de que la energía del rubio es naturalmente compatible con otras personas), Solangechoca09 (Ya estamos con un nuevo capítulo!), Sof77 (Espero que éste te parezca igual de bueno que el anterior!), Isnailyrdrgz (Muchas gracias =D), CuquiLuna3 (Mientras Draco ha estado inconsciente, ha pasado por recuerdos con Harry y esa "inmersión asesina" es una expresión del presente y cómo se manifiestan Kali y Durga. Lo único que pudo calmar su desesperación fue la energía llena de cariño de Teddy, igual que lo hacía Harry con su vínculo), Kuroneko1490 (Creo que soy una persona que se fija mucho en cómo habla la gente, qué palabras usa, así que empatizo con el golpeado corazón de Draco XD), Erisikol (Que bueno que te haya gustado!) y Fvila Thyferra (Bienvenida!, yo tampoco leo historias sin terminar, así que te comprendo =D Oh!, la verdad es que el hinduismo es una religión que siempre me ha llamado la atención y me siento mucho más cómoda, comprendida y libre con ella, que con mi verdadera religión, pero supongo que todo es parte de lo mismo. Igualmente, escribir esta historia me ha hecho crecer de muchas maneras y no sólo en mi forma de escribir, sino en paciencia, perseverancia, en que las cosas son posibles a pesar de la dificultad… en dejarme "fluir" y creo que es un gusto haberlo compartido con toda la gente que ha leído y ha logrado sentir "algo". Así que muchas gracias por tu comentario, me has hecho el día =D)

Ahora sí, ¡a leer!


Capítulo 11: Parvati I

Una de las tres Diosas principales, junto a Laksmi Diosa de la riqueza y Sarasvati, Diosa de la cultura y las artes. Parvati, cuyo nombre significa "Hija del Monte Parvata" o "Arroyo de montaña", representa el amor y la espiritualidad. Es la consorte eterna de Shiva, madre de Ganesha y Karttikeya, con quienes normalmente se la ve representada en actitud amorosa.

Se la conoce por sus dos encarnaciones: Durga cuyo nombre significa la "inalcanzable" y simboliza el amor maternal. Normalmente su iconografía se la presenta con varios brazos, de largo cabello negro y trenzado, sari rojo, varias joyas y montada en un león como una forma de simbolizar su poder. La otra encarnación de Parvati, es Kali.


Sentía calor e incomodidad, como si algo húmedo le pegara las ropas al cuerpo y era desagradable. Suspiró. Seguramente era sudor, porque sentía las mantas pesadas y agobiantes, demasiado abrigadoras y él se sentía sofocado de calor… y se sentía un poco aturdido, como si el sueño insistiera en arrastrarlo de regreso a dormir. Pero estaba incómodo. Joder.

Vuelve a respirar profundo y esta vez frota las manos contra su rostro, tratando de alejarse de la modorra. Entonces mira hacia el cielo raso de la habitación, pero está tan oscuro y sus ojos están tan nublados, que no distingue nada. ¿Qué hora serían? ¿Las tres? Buscó su varita en su mesita de noche, pero su mano no encontró nada y por un momento Draco le pareció extraño. Tal vez la había dejado en el living, mientras estuvo con Harry… ¿el moreno todavía estaría en el departamento?

Se sintió tentado de extender la mano al otro lado de la cama o llamarlo, pero le molestaba la garganta y tenía tanto calor… y ya no soportaba estar acostado… Pateó las mantas con un poco de dificultad, sentándose en el borde de la cama. Le dolía el cuerpo y lo sentía extraño, como si algo no encajara bien. Una molestia que no podía reconocer completamente. Gruñe y finalmente se levanta, encaminándose al baño, porque necesita refrescar su rostro y quitarse un poco el sudor, el sueño, la confusión, el desesperante calor y ese extraño ardor que comienza a molestarle en algún lugar de sus músculos.

-¿Qué…?- frunce el ceño, porque busca el interruptor que enciende la luz sobre el espejo, pero no lo encuentra. Por el contrario, siente la fría superficie de un vidrio demasiado largo para estar en su baño… y hay un rostro extraño que lo mira justo frente a él.

Draco traga y ve que la garganta de ese hombre demacrado se mueve en un gesto sincrónico. Y ambos parpadean… y extienden la mano hacia el frente, para darse cuenta que es sólo su reflejo. Un sentimiento de pánico lo recorre.

Cuando finalmente encuentra el interruptor de la luz junto a la puerta, se percata que está en un baño desconocido… y ve su rostro, su piel excesivamente pálida, sus labios resecos, los profundos círculos oscuros bajo sus ojos, el cabello desordenado y adherido a su frente húmeda. Incluso, puede darse cuenta que ha perdido peso, por los huesos ligeramente sobresalientes en sus pómulos y las clavículas que se asoman bajo ese camisón blanco, largo y con una mancha roja que se extiende en su costado… y por fin el ardor, las molestias y la incomodidad encuentran un lugar en su cuerpo.

Sus manos tiemblan cuando se levanta el camisón y se da cuenta que unas gruesas vendas cubren su cadera y la parte superior de su pierna. Cuando las toca, estas se mueven sueltas y la humedad de la sangre fresca, humedece la yema de sus dedos.

¿Qué había pasado? ¿Cuándo se había hecho aquello?

Gime y mira desesperado hacia el cielo raso del baño y todo le parece demasiado blanco, demasiado pulcro… tan inmaculado, mientras el parece desfallecer delante de su propio reflejo. Y Draco tiembla porque la luz que llena sus ojos le resulta tan incandescente y transitoria como su propia vida; tan clara e inclemente que no le evita el dolor de ese presente incomprensible, porque le recuerda el dolor de una herida que tiene miedo de aceptar, de tocar, de mirar en la soledad de una habitación insípida. Carente de toda calidez y acompañamiento. Nadie que sostenga su mano, mientras observa su propia fragilidad. Suspira tembloroso y sus cejas se transforman en dos curvas que reflejan la angustia del dolor.

Entonces toma una bocanada de aire y levanta las vendas… para encontrarse con una herida de carne desgarrada, fibras de carne ausente y tendones asomándose entre los pliegues de piel faltante y sangre humedeciendo la lesión, que fácilmente alcanzaba el tamaño de la palma de su mano. De pronto las fuerzas lo abandonan y siente el lacerante dolor de esa herida pulsante. Retrocede entumecido por la impresión y gime, jadea… respira con fuerza, aferrándose de la pared que sostiene su espalda. Sus rodillas tiemblan… y un sudor frío le recorre, entumeciendo algún lugar en su nuca… su visión se nubla y puntos brillantes empujan los contornos.

El dolor, el ardor en su cuerpo lo abruma y siente que podría desmayarse en cualquier momento… deja caer su cabeza hacia atrás, contra la pared y entonces siente un extraño gemido retumbar a su alrededor. Un alarido ronco, quejumbroso, que lo sacude. No sabe qué sucede, hasta que ve su propio rostro devolverle la mirada, el gesto desencajado y puede darse cuenta, que aquella era su voz quebrada.

-¡Draco!- escucha de pronto, junto con ruidos de pasos a su alrededor, sonido de puertas, de movimiento, manos tocando sus brazos, sus hombros, su cabello, murmullos y voces preocupadas. -¿Draco?- todos parecen repetir su nombre y él se siente invadido, agobiado. Cierra los ojos y sus piernas vacilan bajo su peso, pero antes de reaccionar, siente unos brazos que lo sostienen y ambos se dejan caer suavemente, con cuidado. Es cuando aquella misma voz susurra contra su oído. -¿Estas bien?-

-Neville…- su voz suena quebrada y el Griffindor sabe que el hombre que se aferra desesperadamente a su cuerpo, está a punto de llorar. –Nev…-

-¿Estas bien?- "No", quiere decirle, pero sólo puede cerrar los ojos y empuñar su camiseta en las manos. No. No está bien, porque el dolor lo invade, porque el pánico de una herida que desconoce, lo abruma.

-Has que se vayan…- gime, ocultando la cabeza en el pecho de su amigo. Casi deseando poder enterrar sus oídos lejos de ese bullicio que le taladra la cabeza, de ese montón de gente que parece ceñirse sobre él, de ese tacto caliente, afiebrado, que lo hace desesperar. Que agudiza la sensación de dolor, como si todos quisieran ver el horrendo espectáculo de su lesión… tocar los trozos faltantes de su herida, registrar su sensibilidad, tentar su vulnerabilidad. ¿Dónde está Harry? Gime y con dificultad se guarda un sollozo.

-Draco…-

Neville mira a las personas a su alrededor con cara de pánico, porque cuando había entrado al baño en la habitación del rubio, alertado por aquel jadeo destemplado, no había esperado verlo en ese estado. Desesperado y a punto del colapso. Por eso había corrido a sostenerlo, a cuidar que no cayera y se lastimara más de lo que ya estaba. Se había acercado por instinto, para ayudar. Pero no había esperado que Draco se aferrara a él y le negara la presencia a su madre, a Andrómeda o al propio Harry.

-Apaga la luz… apágala…- escucha aquel murmullo quedo y lastimoso, apenas llegando a su oído. Entonces ve a Narcissa acercase y tocar el hombro de su hijo con un gesto pequeño y suave, pero contrario a lo que había esperado, Draco se retrajo entre sus brazos y se había alejado de su contacto. Neville y ella intercambiaron una mirada sorprendida y preocupada. -… que se vayan…- él sabía que Harry estaba justo detrás de la mujer, pero no quiso enfrentarse voluntariamente a lo que, seguramente, sería un apuñalamiento inmisericorde.

-Necesita estar solo.- les dice, porque sabe que nadie ha podido escuchar sus silenciosos susurros, ahogados entre suspiros y gemidos apagados.

-Draco.- la mujer intenta de nuevo, pero obtiene el mismo resultado y ella no puede hacer más que fruncir el ceño.

-Si…- carraspea, un poco indeciso. –Si pudieran apagar la luz y salir de la habitación… lo llevaré a la cama.-

Harry frunce el ceño y aprieta los dientes, hasta que la mandíbula le duele. Quiere decir algo, intentar algo… ¡quejarse!, pero su amiga termina arrastrándolo por el brazo, fuera del baño y de la habitación. A los pocos segundos todos se reúnen en el pasillo y Hermione puede percibir el fuerte sentimiento de desconcierto y resentimiento a su alrededor.

¿Qué había sucedido?

Neville observa como todos salen del cuarto de baño, dedicándole breves miradas de preocupación. Mudas preguntas sobre algo que él tampoco puede comprender, pero la lealtad que siente por uno de sus mejores amigos, lo obligan a hacer lo que sea que Draco necesite. No teme decirlo, pero él haría cualquier cosa por el rubio en sus brazos; porque nada es suficiente pago para lo que el Slytherin le ha dado, enseñado, otorgado con esos casi dos años de cercanía, de realmente conocerse.

Comprendería sus razones y las haría su gusto, aun cuando el rubio no fuera consciente de ellos. Aunque fuera un arrebato producto del dolor y luego se arrepintiera, porque en ese momento Draco se sentía vulnerable, inestable, casi a la deriva y esta vez, Neville le proveería de tranquilidad, sería su soporte hasta que el propio rubio lo hiciera a un lado. Porque el trigueño ya se sentía lo suficientemente fuerte, para soportar los males de los dos. Males que comenzarían a acechar la mente de su amigo, con la culpa, con la incertidumbre… con ese desesperado deseo de escapar. De la misma forma como lo habían hecho con Narcissa Malfoy después de los juicios, cuando había dejado a su madre en Italia y había decidido irse a recorrer el mundo, solo. O su reciente idea de regresar a India, luego de todo el asunto de ayudar a Potter.

Neville lo conocía muy bien. Y no era sólo la necesidad de ver a su viejo maestro Ahsan… era escapar de Harry. De ello estaba casi seguro.

Ahora era su amigo quien sentía la vulnerabilidad provocada por un acto fortuito. ¿Estaría sintiendo algo de lo que él mismo sintió un año atrás?

Suspirando inclinó la cabeza y deposito un beso en lo alto de su cabeza.

-¿Qué haces levantado?-

-Hacía calor…- le escucha responder con un suspiro pesado.

-Es fiebre.- frunce el ceño, porque aun cuando Draco no quiera ver a nadie, tendrá que llamar a un medimago, si su situación empeora. -¿Sabes que estás herido?-

-¿Qué sucedió?- Neville suspira, sabiendo que él no es la mejor persona para hablar de Bracknell y La Cabeza, pero tan sólo suspira quedamente y procede a comentarle lo que ya conoce, a grandes rasgos.

-La casa donde residía La Cabeza, tenía una maldición de sangre vinculante.- Draco frunce el ceño y siente como si las palabras fueran liberando ciertos trozos ocultos dentro de su mente, piezas de recuerdos que pugnan por llegar al frente de sus pensamientos. Asomando esquinas difusas y reconocibles, antes de volver a desaparecer. –Había una niña, la protegiste de que la casa se desplomara sobre ella.-

-Cedrella.- el nombre llega al frente de todas sus ideas, con mayor facilidad que la remembranza de su rostro infantil.

-¿La recuerdas?- Neville comienza a sentir que se le enfría el culo sobre las baldosas del baño, pero Draco todavía tiene su rostro enterrado en su hombro y no se siente capaz de sacarlo de su aparente resguardo. Por el contrario, el Griffindor se permite acariciarle la espalda por sobre el camisón del hospital, con cuidado, con suaves movimientos circulares para proyectarle calma. Pero pronto se da cuenta que a pesar de lo delgada de sus ropas, de su aparente palidez y los kilos que ha perdido, el hombre se siente intensamente caliente en sus brazos. El baño debe parecerle un paraíso refrescante.

-No mucho.- suspira. –Recuerdo la magia de Lestrange, los gritos de Avery… las Bombardas, el calor del fuego y el dolor.- Neville se tensa a la mención de ese primer apellido. De ese Maldito.

-Lo mataron, ¿sabías?- gruñe. –Tú y Harry, mataron a ese cabrón.-

El trigueño siente otro de esos largos y sentidos suspiros, contra su pecho y casi puede percibir la línea de sus pensamientos.

-¿Draco?-

-¿Dónde está Harry?-

-Afuera… ¿quieres que lo llame?- tienta.

-No.- Neville frunce el ceño y quiere replicar, pero el rubio lo corta. –Me duele la cadera.-

-Tal vez deberíamos regresar a la cama. Sé que debes sentir calor, pero es producto de la fiebre y tu lesión tuvo compromiso de hueso y articulación, así que no debes pasarte mucho de frío o comenzará a molestarte.- Draco traga duro, porque sabe que la apariencia de su actual herida, no refleja la conmoción que su amigo le está describiendo.

-¿Qué tan mal estuve?-

-Mal…- carraspea. –Muy mal.- enfatiza, queriendo ser sincero pero sin tener que decirle lo cerca que estuvieron de perderlo. Lo amenazante que había sido su situación. Como toda respuesta, siente la rubia cabeza presionarse contra él, mientras sus temblorosas manos empuñan su camiseta. Un suspiro largo, quebrado, debilitado, hace eco en las paredes del baño. –Harry no se alejó de tu lado en ningún momento.- insinúa, porque todavía siente el remordimiento de estar ocupando el lugar que le correspondía a su antiguo compañero de Griffindor. –Cuando estuviste inconsciente, su magia te calmaba… era como si te sintieras bien estando con él.- insiste, pero finalmente Neville tensa los labios en una línea apretada, cuando no escucha ninguna respuesta de su parte. -¿En serio no quieres que lo llame? Tu madre también está afuera…- insinúa.

-No quiero ver a nadie.-

-Me estás viendo a mi.-

-Estamos con la luz apagada.-

-Draco…- bufa, porque parece una justificación demasiado simple, ridícula incluso, pero el consiguiente silencio sólo le dicen que hay algo más que la falta de visión por ausencia de luz. –Draco.- dice otra vez, pero es un susurro preocupado.

-No me siento bien…- siente el suspiro pesado golpear contra su pecho y el tono de sus palabras es lento, demasiado cansado, demasiado difícil y el peso del cuerpo ajeno de pronto se hace más notorio, aquella rubia cabeza reposa contra su hombro como si hubiese sido olvidada. –Me duele la cadera… y no sé si pueda ponerme en pie, Neville.- dice. –Llévame a la cama.- finalmente pide y mientras el trigueño lo levanta del suelo, Draco suelta una exhalación que dice mucho sobre pesar y cansancio. –Es más fácil así… es más fácil pedir las cosas cuando la luz está apagada y nadie puede verme a la cara.- los brazos delgados se sujetan de su cuello y las palabras quedan atrapadas en la piel bajo su mandíbula. Un cálido cosquilleo que le hace recordar viejos contactos entre ambos, que le hace agradecer que su rubio amigo esté con vida.

-Te sientes muy liviano.- responde, porque no soporta quedarse callado y dejar que sus palabras resignadas llenen el aire entre ambos.

-No te sientas preocupado.- comenta el rubio, mientras se van acercando a la cama. Por un momento, sus largos, delgados, pálidos y fríos dedos se detienen en la garganta del hombre que lo carga en sus brazos. –En la oscuridad, la voz es la única expresión palpable.- suspira. –Y es suficiente para mí, ahora. Una mirada sería devastadora.-

-Está bien.-

Neville recuesta aquel cuerpo ligero sobre la cama, cuidadosamente, cubriéndolo sólo con las sábanas, porque sabe que el hombre no soportaría algo más abrigado. Pronto el trigueño va al baño y regresa con una toalla humedecida con agua fría; la sensación refrescante sobre su frente es casi inmediata y el rubio suspira con satisfacción. Entonces lo siente extender su brazo y Draco atrapa su mano, no necesita pensarlo demasiado para saber lo que quiere, lo que necesita. Con un movimiento simple toma la silla que está en un costado y se sienta en ella.

La noche se proyecta larga y tediosa, pero no le importa velar el descanso de su amigo.

-Gracias.- escucha y Neville sonríe cariñosamente.

-Cuando lo necesites.-


Mueve las manos suavemente, frotando una contra la otra, sintiendo la frescura del agua limpiando la piel de sus palmas y dedos. Entonces cierra la llave de paso y se seca las manos en un paño cercano, la sedosidad de la tela llama su atención y sus ojos se fijan en ella, es de un particular color ladrillo, como un rojo terroso. Al levantar la mirada, puede ver que el tono combina con varios de los muebles, las encimeras y los colores blancos y negros que componen la cocina.

Sonríe, porque todo le parece tan pulcro y limpio, tan ordenado y elegante.

Entonces recuerda a qué ha ido hasta la cocina y toma un par de vasos, en los cuales vacía un poco de té helado.

Al darse la vuelta se encuentra en primer plano con una barra americana, separando la cocina de un amplio living, pero sus ojos no se detienen ahí. Por el contrario, siente que su mirada se maravilla con los inmensos ventanales a su alrededor, como si no existieran muros y estos hubieran sido reemplazados por simple cristal, traslucido y perfecto, dejando delante de sus ojos nada más que el asombroso paisaje lacustre. Tan hermoso, que se siente inesperadamente sobrecogido.

El cielo luce un azul intenso, nítido y casi mágico, sobre el brillante ondular de las suaves olas del lago, que se mecen sobre la orilla de arenisca. Draco trata de reconocer el lugar, trata de identificar esa extensión de playa de gravilla grisácea, de distinguir las curvas de la geografía al otro lado de aquella masa de agua, pero es tan extenso que sólo ve la línea que lo une al cielo. Casi podría parecer el océano, pero no percibe su sonido característico y la salinidad en el aire. Es un lago. Y cuando una suave ráfaga de viento silva fuera de esas paredes transparentes, es cuando él se permite avanzar un par de pasos y mirar a su alrededor, encontrándose con el bosque de abetos y hayas que lo rodean. El verde tono de la vida se agita con un sonido refrescante, acariciando su mente con una calma hechizante.

Lame sus labios y piensa algo sobre el trabajo. Una pequeña idea, demasiado vaga e inconsistente como para asentarse en su cabeza y pronto desaparece de sus preocupaciones.

El calor le obliga a tomar un sorbo de su té helado y entonces recuerda que debe regresar. ¿Por qué de pronto se siente así de sorprendido?

Sale de la cocina, atraviesa el living y se encamina hacia la puerta deslizante que da a la terraza cubierta. Allí ve un desayunador con restos de comida sobre la mesa, las sillas están corridas y hay un sweter violeta sobre una de ellas. No puede ocultar una sonrisa. Entonces ve una cabeza de cabellos negros desordenados, sobresaliendo de una tumbona y que mira hacia el lago. Su gesto se amplia y con un suspiro avanza hasta él, dejándose caer sentado entre las piernas del hombre.

Sus ojos no lo miran, pero no necesita hacerlo para saber quién es. Le entrega el vaso de té y Draco aprovecha de sorber otro trago del suyo. Entonces se deja caer sobre él, su espalda se acomoda perfectamente sobre el pecho del hombre y con un suspiro deja caer la cabeza contra su hombro. Antes de darse cuenta, siente un beso en su cabello.

El viento sopla nuevamente y atraviesa la terraza, deslizándose relajadamente sobre su cuerpo tendido. Un par de cabellos se escapan de su posición y le hacen cosquillas en la mejilla. Suspira, sintiendo que la tibieza del día le provoca cerrar los ojos y es en la falta de distracciones visuales, que escucha el murmullo de las olas en la orilla, el canto particular de aves que ha escuchado antes, el silbido de la brisa correr entre los árboles y la risa de dos jóvenes.

Debería sentirse sorprendido por no haber reparado en su presencia antes, pero tan sólo abre los ojos y los mira con adoración. Una niña de abundante cabello negro, atado en una larga trenza que le llega hasta la cintura, viste jeans azules y una blusa blanca, ella ríe con fuerza mientras corre hacia un costado y golpea una pequeña pelota con una paleta de madera. El joven reacciona de inmediato y responde con un golpe alto, haciendo un signo de victoria inmediatamente cuando la chica no logra llegar a ella. Entonces el cabello particularmente morado del chico, se torna ligeramente más rojo y se agita deliciosamente sobre sus facciones suavemente masculinas y definitivamente atractivas. Aquel peinado apenas largo y desordenado, le daban un aspecto de cachorro rebelde, que combinaba muy bien con los jeans negros y la camiseta desteñida del mismo color, con el logo de los Rolling Stones y que Draco sabía había pertenecido a Harry. Ambos tenían los pantalones doblados hasta la mitad de las pantorrillas, haciéndolos lucir encantadoramente cansados y divertidos.

Mientras la niña ya había cumplido los trece, el chico estaba por celebrar los diescisiete.

-¿Flitwick te dijo por qué quiere hablar con nosotros?- de pronto escucha aquella aterciopelada y ronca voz, desde su espalda.

-El chequeo anual.- Draco responde con simplicidad, como si realmente supiera de qué están hablando.

-¿En serio?- murmura. –Pensé que ya había terminado… ya han pasado tres años desde que ingresó a Hogwarts y ella no ha tenido ningún problema.-

-Recuerda que su magia ha permanecido fluctuante y de todas formas, debería estabilizarse a los quince.- suspira y bebe un sorbo de té. –Sé que es algo estresante para todos, pero creo que Flitwick tiene razón, es mejor estar prevenidos a encontrarnos con alguna anomalía cuando sea demasiado tarde. Creo que es un milagro que ella no resultara ser realmente una squib.-

-Es cierto, pero ella, ¿lo sabe…?- pregunta nuevamente, después de un rato.

-No, pero el próximo miércoles nos reuniremos los cinco, con McGonaghall.-

-Vaya regreso a clases…- siente que Harry bufa sobre su cabello y él no quiere que el hombre tenga algún mal sentimiento, por eso desliza la mano izquierda sobre su muslo, acariciando las formas bajo el pantalón de jeans.

Tan pronto como sus dedos se deslizan por las irregularidades de las costuras laterales, Draco comienza a sentir cómo se estrecha la magia que los une. La energía de ambos se extiende, los rodea, los envuelve como si fuera un brazo cálido y acogedor, manteniendo el vínculo fuerte y tan consistente como si no se debilitara con el paso de los años.

Entonces él suspira y cierra los ojos, sintiendo que Harry lo rodea completamente. Él está en todos lados, embebiendo todos sus sentidos y agasajando todos sus sentimientos. Todo. Todo y de la forma más completa e íntegra, que hubiese imaginado nunca. Tan presente como la respiración, tan constante como el latido de su propio corazón y tan permanente como la vida. Siempre un todo, siente, piensa… hasta que de pronto percibe que algo tira de él.

No sabe cómo, no sabe por qué, pero inesperadamente es arrancado de esa milagrosa comodidad. Casi como si le desgarraran de nuevo, tan físico que le punza de dolor y no le deja más que un profundo vacío. Una terrible incomodidad. Un agujero de una ausencia tan honda y difícil, la carencia de esa otra parte complementaria. Lo siente tan palpable e intenso.

Podía sentir ese dolor interior a pesar de la consciencia de todavía estar en el mismo lugar. Continuaba percibiendo el pecho del moreno acogiendo su espalda, pero ya no había calidez; podía escuchar la risa y el movimiento de los adolescentes, pero ya no le producían ese sentimiento de familiaridad. Por el contrario, todo parecía comenzar a alejarse, a sentirse difuso como si tuvieran que traspasar algún tipo de barrera hacia sus oídos, hacia su piel o hacia su percepción.

Algo que se interpone extrañamente, en esa agradable cotidianidad. Alejándose lentamente de ese mundo perfecto.

Por eso, a pesar del sentimiento de desesperación, se siente abrir los ojos de nuevo, con simplicidad y una sonrisa todavía pintada en su cara, mientras observa a los dos jóvenes que continúan jugando. Entonces algo llama su atención y puede ver a un enorme buey avanzar a paso lento, por la orilla del lago. Trae un juego de coronas de flores colgando del cuello y puede reconocer que su cabeza, su lomo y sus largos y prominentes cuernos, están pintados con el henna de celebración.

Draco observa esa particular escena, mientras el animal gira el cuello para regresarle la mirada con solemnidad, deteniéndose apenas un momento antes de continuar su camino y acercarse a la orilla del agua, a beber.

Cuando percibe otro de esos jalones y esta vez se siente consciente de su cuerpo, de la pesadez, las molestias musculares y el inesperado espasmo que lo regresó a la realidad, el rubio se da cuenta que todo ha sido un sueño. No estaba en una casa frente a un desconocido lago durante un hermoso día, no hay dos jóvenes jugando a orillas del agua y mucho menos está Harry, esperando por él recostado en una tumbona.

Eso significa que el rubio no irá a sentarse con el Griffindor, no podrá recostarse contra su cuerpo, ni sentir la calidez de su magia rodeándolo. No podrá ver a Teddy tan alto y guapo, tan desgarbado y despreocupado como cualquier adolescente… porque sí, Draco puede sentir en su interior que aquel con quien soñó era una proyección del niño con quien ha pasado tardes enteras. Podía reconocerlo en sus facciones, en los gestos de su risa que ya sonaba más ronca y adulta, pero seguía siendo él. Teddy Lupin, el encantador niño que le regaló una flor de invierno.

Y casi presiente quién es aquella niña.

Parpadea y distingue el pulcramente blanco cielo raso de la habitación, la luz del día entra por la ventana y provoca que la claridad de la habitación sea aún más brillante. Es cuando siente un ligero dolor de cabeza. Frunce el ceño.

-¿Cómo te sientes?- distingue un susurro a su lado y una mano que aprieta ligeramente la suya.

-Me duele la cabeza.- responde, girando el rostro y viendo a Neville a su lado. –Espero no verme como tú, porque luces horrendo.- esboza una media sonrisa, pero realmente está un poco preocupado. El trigueño no parece haber dormido durante la noche, de hecho luce cansado, tiene unas notorias y oscuras ojeras, además del cabello desordenado. Es como si hubiese tenido una noche de batalla contra el sueño.

Ya había pasado una semana desde que despertó y ha recuperado la consciencia sobre sí mismo. Una semana desde que había sido informado del accidente, de las heridas que tenía y que todavía faltaban por sanar, de las visitas que lo habían acompañado durante su convalecencia y una semana, desde que había sentido esa ausencia.

Cada día desde que se despertaba hasta que llegaba la noche y se iba a dormir, sentía esa incomodidad, como una ansiedad que no era satisfecha, una espera que no tenía fin, siempre presente y tan evidente que sólo le provocaba intranquilidad. Sentirse incompleto, extrañamente partido y carente de ese "algo" que no puede identificar. Durante esos días inacabables, el rubio había sentido de forma inesperada e involuntaria, cómo su magia se extiende a su alrededor en una áspera búsqueda que parece no detenerse. Deslizándose a través de la habitación, pulsando a su alrededor y presionando sobre la energía de la persona incorrecta… entonces Draco se daba cuenta y pedía disculpas por ese incómodo desliz. Pero Neville ya le había respondido al respecto innumerables veces.

-Es Harry… lo que te falta es Harry.- su corazón se había movido con latidos pesados y difíciles, al escuchar el nombre del moreno, del hombre que aún sin quererlo se colaba en sus pensamientos, en sus sueños, en sus recuerdos, en sus sensaciones. Para qué negarlo, si es cierto que lo extraña. –Hermione dijo que ustedes podrían estar vinculados de alguna forma, así que… para qué ser testarudo, Draco.-

Entonces su amigo insiste en que le permita entrar a verlo y Draco quiere hacerlo, quiere decirle que sí, pero al final no lo hace. Simplemente se hace un ovillo sobre la cama y siente el dolor de su cadera atravesarle el cuerpo. Piensa en el sueño, en todos los sueños y alucinaciones que ha tenido durante la semi inconsciencia, piensa en Narcissa, Andrómeda y Teddy, en Cedrella y su fallecida madre Iselda, en Lestrange y Avery y Dolohov y Lucretia y Theo. Piensa en todas aquellas personas que ha conocido, con las cuales ha vivido, a las que ha perdido y aquellas que sobreviven a pesar de todo. Aquellas que ama y las que odia, pero sobre todo piensa en aquellos que ha matado… piensa en ellos, una y otra vez.

Y recuerda haber sido dominado por la furia, por una ira ciega contra esos dos mortifagos en Bracknell; del mismo modo como fue esclavizado por aquel destello de negra violencia y deseos de provocar la muerte de Lestrange y Avery. Dos escuetos e intensos parpadeos de memoria que habían terminado con cuatro personas muertas. ¿Cómo podía explicar eso?

¿Con qué derecho había dado cátedra sobre control, cuando él había perdido toda razón en los momentos más importantes? ¿Cómo podría explicárselo a Harry, cuando ni siquiera podía hablar del tema con Neville? ¿Cómo podría imponer moralidad, cuando él se había movido vilmente por motivos personales? ¿Cómo podría mirar a Cedrella, sabiendo que era el causante de la muerte de sus padres?

Sus acciones no fueron causales de justicia, habían sido simple asesinato.

-¿Te das cuenta de que el hecho de que yo esté aquí, es por una simple casualidad?- escucha y de pronto Draco es consciente de que su magia se ha extendido nuevamente, presionándose de manera desagradable sobre la presencia de Neville. Apretando los labios, se obliga a retraer su energía y una vez más, percibe la carestía doliendo y desequilibrando todo en su interior. –Si hubiera sido Harry el primero en entrar, te habrías aferrado a él de la misma forma como lo haces conmigo, sin querer ver a nadie más.- suspira, porque el trigueño se lo ha dicho tantas veces, que ya no lo soporta.

-Sé de algo que podría ayudar.- dice por fin, porque lo ha estado meditando durante mucho tiempo y cree que no podría perder nada en intentarlo. -¿Podrías tráeme el Lingam que está en mi habitación?-

-¿La piedra?-

-Sí, creo que me podría ayudar a mantener mi magia más estable.- murmura y presiona la nariz sobre la almohada, en la cual tiene recostado su rostro. Sus pensamientos se enfocan en la suavidad y la calidez de la tela, en un vago intento por buscar algo de tranquilidad personal en la comodidad física.

Neville lo observa durante un segundo, porque ambos saben que aquella solicitud es sólo una mera excusa para negarse a lo necesario, a lo realmente deseado. ¿Por qué continuar siendo testarudos? ¿Por qué no asumir las acciones y buscar algo de conciliación? Él sabía que aquello que Draco necesitada era estar con Harry y hablar con él, no esa débil solución, no ese autoengaño y una reclusión que lo mantenían alejado de ese problema mayor. Pero fiel a su palabra, fiel a su amistad, el trigueño fue hasta su departamento y se enfrentó una vez más a ese extraño monolito de piedra. Ese que parecía irradiar vida propia. Piedra mágica, el pene de Shiva… podrían decirle que era uranio o un meteorito y él lo creería.

Los siguientes días habían pasado con el rubio abrazado a la bendita piedra, mientras esperaba el alta del medimago. Neville no volvió a insistir, porque ya sabía cuál era la respuesta y por el contrario, se esforzó en hacerlo hablar. Porque la "comunicación", el Visshudha era el chakra dominante de Draco, como él mismo se lo había comentado hace mucho tiempo ya. Así como el chakra de Neville, el Anajata, estaba radicado en los sentimientos, en la expresión de los afectos, en el querer, en el amar y por lo tanto, era parte de su naturaleza bloquear ese aspecto de sus vidas cuando se encontraban en un estado desequilibrado.

Si le preguntaban, Neville ya coleccionaba miles de historias personales que contar al respecto. De desequilibrios él sabía mucho. Tal vez como el mismo Harry, bueno, ahora los tres hacían un gran grupo de problemáticos.

Paso días completos acompañándolo, conversando de cualquier cosa para distraerlo, los nuevos casos en el Laboratorio de Análisis e insinuando las novedades que flotaban en el Cuartel de Aurores. Tal vez era su forma de incitar su curiosidad, murmurándole sobre los pormenores de la División 3, sobre sus miembros y los halagos de Gwain Robards, como quien no quiere la cosa. Y a veces insinuando verdades que fueran algo más que anuncios. ¿Draco se preocuparía?

-Ahora todos saben que una de las redes más importantes de tráfico de pociones fue desbaratada por el auror estrella, Harry Potter- ese había sido un comentario recurrente en el Ministerio, tanto que la gente parecía comenzar o terminar cualquier otra información, con una frase semejante. -Durante la mañana, Harry va a recibir un nuevo reconocimiento por parte del Ministro Shackebolt, en el Atrio. Dicen que habrá cientos de personas…- en esa oportunidad, Neville había esperado escuchar algún tipo de bufido o alguna reacción sarcástica, a las cuales el rubio le tenía acostumbrado. Pero no había sido así. Entonces había probado con otro comentario. -¿Te había contado que la auror Blacksmith me paró ayer en la tarde, después que estuve en el laboratorio, para preguntarme por ti? Normalmente le preguntan a Harry, pero él ya no sabe qué responder.- él había suspirado y continuado con sus palabras, a primera vista desinteresadas. -Desde que regresó al Cuartel, todos le preguntan a él. ¿No crees que debe ser un poco triste, después de la cercanía que siempre han tenido?-

El rubio había pestañeado lentamente, sin mirarlo, sin responderle, tan sólo con él Lingam apoyado contra su pecho y sin ninguna reacción más que el ligero movimiento de sus dedos sobre la piedra mágica. Neville había deseado provocarle algo, suscitar un gesto mayor que un simple parpadeo o la continuidad de su respiración. Por eso había apretado los labios y mencionado aquello que no tenía derecho a decir.

-Escuché que Colin Creevey ha estado yendo a la Oficina de Harry… ¿te acuerdas de él?, estuvo saliendo con Harry por un tiempo.- anuncia como si no fuera nada significativo, mientras hojea una revista y sus ojos se deslizan entre las páginas y el rostro del rubio. –Parece que se tomó una semana de descanso y se vino de Manchester, es lo que escuché.- sabe que sus palabras pueden ser causa de una herida que realmente no quiere provocar, pero está cansado de esa pasividad y lo único que desea es ver alguna expresión en el rostro de Draco, aunque sea resentimiento o enfado. –Pensé que se habían separado, por lo que pasó con ustedes y todo el asunto del tratamiento… ya sabes, estabas teniendo sexo con él.- finalmente se alza de hombros y mira a su amigo directamente a la cara. –Yo creo que Colin quiere regresar con él.-

Pero el Slytherin tenía los ojos cerrados y simulaba dormir.


Sus manos temblaban un poco y no podía hacer nada para evitarlo. Había pasado más de un mes desde que lo habían ingresado a San Mungo, tan sólo dos días desde que le habían dado de alta y ésta era la primera mañana que caminaba sin alguien a su lado, ayudándolo a mantenerse en pie. Evitando que sus rodillas se doblaran por el peso de su propio cuerpo o acercándole una silla, cuando el gesto de su rostro evidenciaba el cansancio y la sobre exigencia, sobre unos músculos que a veces se negaban a cooperar. Neville había hecho todo eso.

Suspira quedamente y presiona el mango liso de su bastón entre los dedos, para volver a caminar, atravesando las puertas dobles del lado moderno del Cuartel de Aurores, de alguna extraña forma, parecía como si hubiesen pasado años, desde la última vez que pisó aquel lugar. La amplitud de la habitación que congregaba a las decenas de escritorios de cada División, sus altos cielos rasos y la clara luminosidad, los muebles de lustrosa caoba y la ajetreada vida de los avioncitos de pergamino, volando sobre las cabezas de los aurores, entrando y saliendo de las oficinas, tomando pequeños escondrijos en las paredes para salir del Cuartel. Todo lo que una vez le pareció tan familiar y cómodo.

"Malfoy", escuchó un coro de voces desde el sector que correspondía a la División 3 y antes de darse cuenta, varios rostros se habían volteado hacia él.

Esbozó una pequeña sonrisa y su mano izquierda se movió en un suave saludo. Demelza Robins y Seamus Finnigan fueron los primeros en acercarse, los demás habían formado un cúmulo de gente rodeándolo.

-Merlín bendito, Draco Malfoy, estoy tan feliz de verte de nuevo…- la mujer adelantó un paso y le abrazó apretadamente. El rubio aguantó un quejido, porque aún se sentía un poco adolorido, pero el gesto de su compañera resultó ser más reconfortante de lo que había esperado. La preocupación estaba ahí, no sólo en el tono de su voz, en la estrechez o la calidez del abrazo. Estaba en todo, incluso en el ambiente que los rodeaba.

Neville se lo había dicho, cuántos de los aurores que lo conocían, habían ido a verlo al hospital y cuántos habían preguntado por él en el Hall del Ministerio, los días posteriores. No era una fachada. No era una simulación.

-Gracias.- respondió al gesto con una sonrisa y el ligero contacto de su mano con la espalda de la mujer.

-¿Cuándo saliste?- lejos de ser tan efusivo, Finnigan le dio un golpe en el hombro, mientras Demelza retrocedía para dejarle responder.

-Ayer me dieron el alta.-

-¿Y ya estás de regreso?- Warren Bones frunció el ceño. –Es muy pronto, supongo que Robards te dará unas semanas más de licencia, ¿no?- Draco se gira y se encuentra de lleno con los ojos del hombre, sin recordar que el tono de sus irises fuera de un castaño tan claro y brillante. Una mirada tan limpia y relajada. Tal vez fuera su ceño fruncido y la expresión hosca, quien había enmascarado el atractivo propio de sus ojos.

-De todas formas, seguro te comisionan trabajo de escritorio… es lo peor que le puede tocar a un auror, pero será mientras te recuperas y regresas a la actividad de terreno.- medio sonrió Travers y varios lo secundaron.

-En todo caso- pronunció la característica voz de Weasley y Draco lo vio acercarse por detrás de Finnigan, su gesto parecía serio pero tranquilo, -eso es algo que debe resolver el Jefe McGowan, ahora que el caso ya está cerrado.-

"Por supuesto", pensó el rubio, porque terminado el caso del tráfico de pociones, ya no había razón para que los dos especialistas de la División 11, siguieran colaborando con el equipo de Harry Potter. Por eso su amigo Cobbs no estaba allí, de seguro ya había regresado al viejo lado del Cuartel de Aurores. A los muros de madera, a los pisos irregulares, a la mala iluminación, a los casilleros de madera y reja, a las duchas estrechas, a ocupar los primeros estantes y escritorios comprados por el Ministerio de Magia. Todas aquellas reliquias adquiridas por los aurores, en el tiempo de Merlín.

De hecho, era muy probable que el escritorio que hasta entonces su amigo y él habían estado utilizando en el lado nuevo del Cuartel, ya habría sido desocupado, limpiado y utilizado por alguien más. Tal vez, por los reemplazos de alguna otra División y para algún otro desesperado caso. Ya desplazados.

-No.- negó cansinamente. –Yo… necesito hablar con Potter.- Ron observó al Slytherin y sus sentimientos fueron ambivalentes, siempre oscilando entre el agradecimiento y la preocupación, entre la aceptación y la suspicacia. ¡Draco Malfoy lo había salvado de perder el brazo!, maldita sea, sólo le cabía ser agradecido y no había nada más que él pudiera hacer sobre eso, ¡pero también era el responsable de la infelicidad de su mejor amigo!

Era el culpable de que Harry se quedara en la sala de espera por días, aguardando a que Malfoy quisiera verlo, algo que nunca sucedió. Por el contrario, había aceptado la compañía de Neville y no la de Harry, no con el hombre con quien había pasado "estrechando lazos" durante más de dos meses. El pelirrojo no podía comprenderlo. ¿No se suponía que estaban saliendo? ¿No se suponía que "sentían algo" el uno por el otro? ¡Habían tenido sexo!

Sentía que quería gruñirle, que deseaba gritarle a su estúpida cabeza, rubia y hueca.

-Está en su oficina.- anunció Finnigan, con una simpleza que lo exasperaba. ¿Nadie más se sentía molesto? ¿Dónde estaba la camaradería Griffindor? -¿Cierto Ron?- y entonces lo voltea a mirar con una ceja alzada.

-Sí…- bufa, porque nadie parece preocuparse por los sentimientos de Harry, por el contrario, Seamus tenía ese brillo astuto en sus ojos, como si supiera algo que nadie más. Estaba irritado y sentía el resentimiento de ese acto traicionero en contra de su mejor amigo, pero entonces en un movimiento involuntario, se toca el antebrazo que mantiene firmemente protegido bajo la tela del cabestrillo y la hiper-sensibilidad en sus terminales nerviosas, le recuerdan esa deuda que va mucho más allá de una simple petición. –Por cierto…- frunce los labios, porque no quiere decirlo, porque siente vergüenza y todavía puede sentir esa insistente sensación de ambivalencia. Si el tipo no se hubiera jodido a su amigo, todo sería más fácil. Suspira. –Gracias por salvar mi brazo.- murmura y Malfoy sólo le responde con un asentimiento, antes de hacerse a un lado y caminar dificultosamente en dirección al lateral que daba a las oficinas de los Jefes de División. La puerta que correspondía a Harry se encontraba a mitad de camino.

Ron tan sólo tuvo que ver la inclinación de su cuerpo al moverse, para ser consciente de la delgadez de su figura, del ligero rengueo, de la forma cómo cargaba su peso sobre el bastón y no presionar la articulación de su cadera. Entonces se permitió contemplar su palidez, el oscuro tono bajo sus ojos y pensó… recordó, que su mejor amigo no había sido el único con sus emociones lastimadas y que él no había sido el único herido de gravedad.

Ya había suficiente castigo reflejado en su cuerpo, como para que él lo recrimine con otro tipo de culpas.

-No tenías por qué hacerlo, cuando estábamos bajo ataque en Bracknell, quiero decir…- volvió a mencionar y el rubio detuvo sus pasos para observarlo nuevamente. –Nunca te hice las cosas fáciles y habría sido tan simple que me dejaras… con el brazo desgarrado… y que los demás vieran cómo hacer para trasladarme…- su cabeza se mueve en un gesto de negación, porque de tan sólo imaginarlo, la sangre se le hiela en las venas. Porque ni siquiera se lo ha dicho a Hermione, pero a veces tiene desesperadas pesadillas dónde su única esperanza es el rostro de Malfoy diciéndole que todo va a salir bien. "Mira mi ceño, mientras esté fruncido, todo estará bien y yo trabajaré para que todo regrese a su lugar", lo ha escuchado como la única oración que es capaz de entregarle algo de paz. –El medimago lo dijo, no sólo es que mi brazo esté todavía en su lugar, aún puedo moverlo y pronto volveré hacer magia con él. Así que… supongo que de verdad, gracias.- dice, pero a pesar de sus resquemores iniciales, ahora esa simple palabra ya no le parece suficiente. Porque pronunciar un "gracias" resulta insignificante al lado de un brazo con el cual tocar y abrazar a su novia. –Gracias.- repite una vez más, porque es cierto, porque lo siente de verdad. Pero suena tan vacuo, tan escaso. –Gracias Malfoy.- y allí estaba, otra vez.

-No hay problema.- escucha de pronto y ambos se miran, para que finalmente Draco le dedique una sonrisa conciliadora.

Una sonrisa en labios de Draco Malfoy y dirigida especialmente a él.

El pelirrojo no había esperado que esa simple respuesta aligerara gran parte de sus molestias e inseguridades, como si ese gesto de amabilidad hacia Ronald Weasley, un Griffindor, un protegido de Dumbledore y miembro del Trío Dorado, pudiera cambiar el resto de los problemas. Y en ese momento se llena de empatía, de comprensión y sincera comunicación. Entonces Ron se deja envolver intensamente en el pensamiento de pedirle al rubio que por favor, sea amable con su amigo, pero las palabras no salen de su boca y todos dejan que Malfoy siga su camino.

-Espero que eso salga bien.- suspira Demelza y Ron puede palpar su ansiedad.

Draco se tomó su tiempo para avanzar hasta la puerta que buscaba. Lo cierto es que la molestia en su cadera al caminar, también podía ser interpretada como una justificación para retrasar el momento de verlo, de hablarle, lo que más pudiera. Estaba nervioso y su mano derecha sudaba sobre el mango del bastón. La sensación de que el equipo de Harry lo miraba desde los escritorios y que Ron Weasley le perforaba la nuca, sólo aumentaban su incertidumbre.

Después de todo, casi podía adivinar lo que encontraría detrás de esa puerta. Habían pasado semanas para que él pudiera reunir algo de valor para presentarse delante del hombre. Había cosas que aún penaban en su mente, pensamientos que le provocaban ganas de huir, de buscar un lugar donde calmar su cabeza, pero antes debía hablar con el moreno. Luego de semanas negándole una visita. El trozo de sí mismo que todavía era un cobarde.

¡Oh, Merlín!, esto era tan difícil.

Cuando se detuvo delante de la puerta, leyó el nombre en letras negras sobre el vidrio esmerilado. Harry Potter.

Suspiró pesadamente y golpeó.

-¡Adelante!- escuchó desde el interior, aquella voz grave y aterciopelada, aquel tono que no hizo más que provocarle remordimiento. Su corazón comenzó a latir desesperadamente, incluso antes de girar la perilla metálica y abrir la puerta. Avanzó un paso con cautela.

-Hola.- intentó una sonrisa, pero todo su interior se estremeció con la simple visión del hombre. Tragó duro.


Continuará =D

Por fin Draco ha despertado, pero como hemos visto en los últimos capítulos, no se encuentra del todo bien… pero creo que está en su derecho a ser cuidado, esta vez. Pero ¿cuidado por Harry o por Neville? Seguro me lanzan piedras si elijo a Nev… XD

Creo que ha sido lindo el reconocimiento de Ron, aunque esté en la ambivalencia de agradecer o golpear al rubio por hacer sufrir a su amigo =3

Muy bien gente, formalmente nos queda sólo un capítulo y terminamos.

Nos leemos la próxima semana!

Me merezco un comentario? =D