- Si, conozco al sujeto. Éramos amigos por nuestros gustos compartidos pero después de ser desterrado cambio rotundamente- suspiro Suzuki, apenado por un recuerdo del pasado- Me dijo el secreto de su poder y para respetarle lo uso. Recuerdas lo que paso en el Torneo contigo y ese humo mágico, ¿verdad?
Kurama asintió. Como olvidar algo así.
- El me presto su habilidad y su poder, por lo que hice bastantes armas con el mismo potencial.
- Pero, esto es diferente, Suzuki- replico Kurama, serio- El efecto de ese humo mágico duro en mí unos minutos, y la flor de la Vida Pasada una cantidad estimada. Lo que le ha hecho a Hiei y, presumo a mas demonios, no tiene tiempo de espera para desaparecer.
- Si. Por eso mismo preste esa habilidad. Los efectos permanentes no son favorables para mi, nada convenientes- dijo Suzuki, un poco cohibido porque Kurama lo hubiese llamado por su nombre antes del calificativo "hermoso guerrero".
El pelirrojo amplio los ojos, temiendo lo peor.
- ¿Has dicho "permanente"?
- Desgraciadamente, Kurama…El mismo que le hizo eso a tu amigo, es el único que sabe como devolverlo a la normalidad.
Aquello era el colmo. Hiei preferiría matar al bufón en vez de esperar sus explicaciones para devolverlo a como era antes. Sobre la balanza, el demonio de fuego optaría por el homicidio en vez de una solución a su problema.
- ¿Estas seguro? ¿No sabes nada más,…hermoso Suzuki?
El rubio maquillado extravagantemente sonrió al oír esas palabras, hizo un gesto arrogante con las manos que se llevo al cabello y dejo caer sus mechones dorados. En realidad, había cambiado bastante, era mas simpático y le preocupaban cosas fuera de si mismo pero todavía tenia sus manías narcisistas.
- El nombre de mi antiguo compañero es Saki, el mismo que le ha convertido en niño a tu amigo. Como te dije, teníamos gustos similares y nos hicimos amigos. Yo le ofrecí crear un arma utilizando su habilidad, que es de devolver a los seres, no importa cual sea de poderoso, a su tierna edad de traviesos niños. En realidad, el debería ser llamado un maestro de la edad pero prefiere llamarse el Bufón de los Dioses.
Kurama asintió a sus palabras. La información de Suzuki era tan valiosa como la de Hiei la noche anterior.
- ¿Tiene solo el poder de convertir y devolver a los demonios a la normalidad?
- Si, tiene un arma especial para eso. ¡Ya recuerdo! Tenía un báculo, un tipo de cetro como de monjes que cada que lo usaba sonaba un sonido extraño…
- ¿Cascabeles?
- Exacto.
Se estaban acercando a la verdad de la información.
- No recuerdo para que los usaba exactamente…Pero te diré algo, no quería que tocara ni mirara el báculo, ese egoísta despreciable, y solo me entrego su barítono. Me dijo que esa pequeña cosa tenia un poder especial pero no el suficiente para llevar al arma que yo quería a su máximo potencial asi que los últimos días el tomo la caja de humo mágico que había creado y le hizo algo, cuando me la regreso dijo que solo le había aumentado el poder. Que si se utilizaba contra un demonio poderoso podría surgir el mismo efecto. Vi mi creación y note que tenía una energía de accion más fuerte. Le había aplicado más energía que otra cosa. Bueno, como era su arma también no me queje y me lo lleve al Torneo de las Artes Oscuras.
- ¿Le dio mas energía a esa caja? Pero, te dio un barítono.
- Cuando le pregunte porque los cambios Saki dijo, muy a su manera desconcertante, que "sirve para ciertos demonios".
- ¿"Ciertos demonios"?- hizo memoria. Yukina. Había usado el barítono con Yukina, una dama de hielo. Era de clase inferior y su yoki era menor además de…- ¿Podría ser, que el barítono sea para demonios de clase inferior y ese cetro para demonios fuertes?
- Nunca me lo explico a claridad. No puedo decirte mucho, Kurama. Han pasado años de eso y quiero olvidar a ese amigo desterrado.
- ¿Sabes porque es un desterrado, si tendría relación a porque hace sus ataques ahora?
- El que recuerde sabe que Saki provoco a muchos demonios, bastantes con los que no debía meterse y le tendieron una emboscada, lo encerraron en algún sitio perdido del Makai y le quitaron sus pertenencias. Presumo que su cetro también, porque lo cuidaba con su vida.
Kurama asintió. Si, todo comenzaba a ser coherente.
- Te lo agradezco,…hermoso Suzuki- trato de decir aquello con menos gracia de la que sentía. Delante de el, Suzuki continuaba usando excedido maquillaje y un disfraz nada convencional, cercano a una parodia burlesca- Entiende que ya no solo afecto a Hiei, sospecho que también a algunos humanos que han desaparecido.
- No entiendo a ese loco. Habrá perdido la cordura.
Se escucharon unos gritos infantiles y por un momento Kurama se torno serio y en alerta. Miro a su izquierda fijamente. No, Hiei no estaba cerca. Suzuki se acomodo el traje y tomo entre sus manos un papel que había sacado de este, quizás un discurso o un número de apariciones para su siguiente acto.
Suzuki se había convertido en el principal protagonista, escalón del que no saldría y por el que mejor tenerlo allí hasta el cansancio, de un espectáculo de circo ambulante. Parecía satisfecho y muy cómodo, aunque se quejaba de los niños siempre sucios y chillones a sus piernas.
Había sido un verdadero problema encontrarlo. Kurama descubrió donde estaba por el nombre del circo en una ciudad del país, a la que a duras penas Yusuke y Hiei tuvieron que ir en su búsqueda. La misma mañana cuando se enteraron que la barrera protectora de Genkai estaba alta Yusuke sugirió viajar en tren cinco horas para la ciudad donde estaba Suzuki. Kurama no confiaba en plenitud que Yusuke se hiciera cargo seriamente del pequeño Hiei, o que este lo creyese competente cuando era mas rápido que la luz pudiendo escapar, y porque ambos no se llevaban muy…adecuadamente que digamos con respecto a su situación.
Pero, no había caso. Debían viajar los tres juntos.
Otro conflicto fue que Hiei se quedase quieto mientras eran transportados en una maquina a vapor de la que tenia mal presentimiento y sentado al lado del detective, con quien discutía a alta voz y llamaban la atención de los demás pasajeros. Kurama hizo uso del repentino y pequeño derecho que tenia con Hiei y le contó mas historias, hablo con el pese a las interrupciones de Yusuke y sus risas a las miradas extrañadas y, secretamente encantadoras, que hacia Hiei cuando se confundía o comprendía algo de a poco.
- Pero, Kurama, así no es el cuento…
- Por favor, no interrumpas. Estoy acercándome al final- miro al pequeño de nuevo, cuyo semblante atento le fascinaba. El Hiei que conocía también era interesado de muchas cosas pero trataba de no demostrarlo. El niño Hiei era más expresivo y decía cosas inocentes, para sonrisas de Kurama y excusas para burlarse a Yusuke- Entonces, cuando llego el insensible caballero a salvar a la damisela en apuros…
Estaba tan absorto en las palabras de Kurama que solo miraba de vez en cuando con rabia al detective al oírlo interrumpir con su risa. Una risa que parecía inaguantable. Pero, el pequeño demonio de fuego confiaba en que le estaban contado una historia interesante y por ello se mantenía tranquilo.
- De verdad, no entiendo como tienes tanta paciencia.
- Yusuke, no lo provoques. Sabes a que a Hiei no le importaría hacerte algo en este lugar, ni delante de tanta gente- pidió Kurama, contemplando por unos momentos el camino que dejaban atrás por las ventanillas.
Hiei estaba callado, como era su costumbre, pero temblando de impaciencia y con un gesto que no deparaba buen comportamiento.
- Es cierto, que no le gusta este sitio… ¿Hiei, estas mareado?
El niño le dirigió una de esas miradas nada amigables.
- Mareado de cada cosa estupida que sale de tu boca- fue su burda respuesta- Quiero salir de este sitio.
- Todavía no. Falta una hora más.
El berrinche del pequeño demonio era, sin dudas, comparable al de un niño ningen común que no quería algo fuera de su gusto.
- ¡Incendio forestal!- exclamo una mujer de edad observando la ventanilla- Ooh, cielos santos- gimió angustiada- Estos jóvenes de hoy buscando diversión…
Kurama dejo de verla y volvió su atención a Hiei, que refunfuñaba maldiciones pero con una leve sonrisa que significaba una cosa.
- ¡Hiei! No te descargues con la naturaleza.
- ¿No se suponía que no podía usar su yoki de fuego?
- Su poder es innato en el, Yusuke- se paso una mano por su frente. De nuevo, problemas- Pero…Que Hiei conserve sus poderes es positivo, fuera de lo que hizo ahora, por supuesto.
Yusuke le miro con dudas, prefería no ver a Hiei por si este decidiese quemar algo de el también, pero tembló ligeramente ante la perspectiva que Hiei podía usar ese poder.
- Ningún bufón idiota me quitara mis poderes, ningen de capotilla.
- Hiei, ¿no escuchaste lo que dijo Kurama? Cálmate.
- No quiero estar aquí- y de allí la causa de que los árboles se consumieran en un fuego repentino, para pánico de la anciana a dos asientos atrás de los detectives- Apresura a este monstruo si debemos quedarnos, y que sea rápido.
- No pidas mucho- murmuro Yusuke, un poco nervioso y de nuevo comenzando a molestarse. Era un niño insistente y muy caprichoso.
- ¿Quieres que te queme tu mugriento peinado?
- ¡Kurama, detenlo!
La próxima hora siguiente se debió tranquilar al demonio de fuego antes de bajar, porque este los miraba con hostilidad a los dos. A Yusuke por razones obvias y a Kurama de mala manera por haberlo hecho meterse a aquel tren que le parecía una serpiente con tantos ningen desagradables alrededor. Fue una experiencia desesperante.
- Parece que el niño de tu amigo te esta dando problemas.
La voz de Suzuki lo aparto de sus pensamientos, volviendo a su posición normal.
- No tantos como esperaba- confeso sinceramente. Con el poder de fuego de Hiei y su velocidad para escapar y, muy probablemente, cometer alguna que otra barbaridad era mejor que se quedara con el y el detective, para vigilarlo y de vez en cuando controlarlo.
- Hay que saber manejar a un niño como ese.
- Si, como Hiei.
- ¡No te lo repetiré otra vez, asimílalo! ¡Dije que no!
Ahora ambos voltearon a observar a quien gritaba.
Yusuke miraba notoriamente molesto al pequeño Hiei, por el cual se había inclinado a enfrentarse de cara y le dedicaba una mirada de desafió. No sabían que estaban a unos pasos de Kurama y el "hermoso" protagonista de aquel parque de diversiones, que del que Hiei tuvo curiosidad y Kurama pidió al detective que se lo llevara por sus alrededor. Era mejor que el hablase con Suzuki en vez de Yusuke, aunque conociese la poca paciencia que le tenia al pequeño Hiei y a sus continuas peleas a alta voz, que atraían la negativa atención de los clientes y personas del lugar.
- No te lo pregunte- dijo Hiei a su manera, con el ceño fruncido y dispuesto a otra disputa- Haz ese intercambio raro de nuevo, ¿o acaso eso te da miedo?
- Ese intercambio se llama gastar dinero, y como las monedas me estoy quedando sin paciencia, Hiei.
- No me importa lo que pierdas o que, quiero lo que dije.
- ¡Pero no otra vez! He dicho que no. No, no, no.
Grave. Hiei y Yusuke furiosos con el otro y a un poco de enfrentarse a más que a palabras fuertes. En ese momento el detective dejo de verlo como el niño que era y deseo darle una lección inolvidable, dado el carácter de Hiei, y estaba conteniéndose muy poco para no hacerlo.
A un momento que el pelirrojo decidiera interferir, porque se sentía el mediador pacifico entre aquellos dos, la mano de Suzuki en su hombro lo detuvo.
- Espera. Ve lo que hace.
Kurama sabia lo que haría, como también que Suzuki odiaría a Hiei si este quemaba la mitad del parque de atracciones, pero quedo quieto por el tono de voz juguetón del artista y observo la escena, temiendo lo peor.
Hiei cerró sus puños y miro al detective rabiosamente. Yusuke le dio la espalda, procurando encontrar la calma antes de hacer algo drástico con el pequeño. Hiei gruño molesto. Para su desgracia, lo que el quería Yusuke tendría que dárselo. Lo necesitaba en esa ocasión pero el detective no estaba colaborando, ni después de haberle gritado improperios que no le generaron la vergüenza de antes para aceptar sus mandatos.
Recordó algo. A una tonta niña ningen de coletas que arrastraba a un adulto hacia algún sitio con gesto de enfado. Ella hizo algo…No, después de llorar como una cría estupida hizo algo mejor…El pequeño Hiei apaciguo su enfado por concentrarse en eso. ¿El también podría…? Era ridículo y aberrante, pero si tenía los resultados que había visto antes en esa niña y ese adulto…Estaba en el Ningenkai y el idiota de Yusuke era mitad ningen, entonces…
- Urameshi.
- ¡No te atrevas a gritar de nuevo o te juro…!- se giro rápidamente, harto y furioso. Encontrar paz, hallar un pedazo más de calma…Deseaba nalgar al muy…
- Urameshi.
- ¡¿Que mas quieres?!
Miro abajo, la estatura de Hiei se lo obligaba y sus ojos quedaron mas abiertos y fijos en el, pero ya no con la molestia inicial. Se había, estaba…Tan hermoso y cautivante.
El pequeño tenía una mano sobre sus labios, despeinado el cabello en la zona izquierda haciendo que se le cayesen unos mechones al rostro. Sus ojos rojos entregaban una visión tierna e inocente, clásica de niños bonitos, y se fijaban en el con una falsa timidez que cautivo al muchacho.
- Urameshi- su voz sonaba melosa, y hasta seductora- Quiero más.
Yusuke quedo en silencio, balbuceando pobremente unas palabras ininteligentes. Jamás había visto algo mas adorable y eso que el no encontraba encanto alguno en los niños, pero Hiei era por mucho un niño especial, porque no era cualquiera ni un ningen.
- Y-yo-qu-sea-co-ado-ra…
- Urameshi- de nuevo esa voz. Hiei se estaba impacientando. Quizás funcionaba en los adultos mas maduros aplicandolo una niña, por lo tanto no estaba funcionando. El muy idiota de Urameshi decía cosas sin sentido. Iba a cambiar la cara para revelar la expresión que tanta repulsión le generaba su fallido intento hasta que escucho unas palabras más coherentes de la boca de su victima.
- Es…Esta bien. Ooh, de acuerdo. Vamos otra vez.
Fue una sorpresa.
- ¿Me llevaras?
- Si, ya, regresemos, antes que cambie de opinión.
El pequeño Hiei sonrió triunfador, solo un poco y por un breve instante, todavía extrañado de que aquella treta haya resultado ser un buen método de persuasión. Dio la vuelta y el detective lo siguió, suspirando derrotado.
- ¡Hiei-chibi es tan adorable!
Kurama se alejo un poco del artista, que había gritado muy cerca de su cara. Así que aquello era…Jamás se espero que Hiei hiciera algo así, menos con Yusuke.
- Me gusta porque no es como los otros niños, babean, gritan y lloran. Sacando de lado sus insultos seria mas que un niño encantador, un niño perfecto- expreso Sukuzi, como si estuviera soñando despierto una maravilla, con ambas manos entre si en un aplauso.
- Eso fue, ¿no piensas que fue un poco…?
Obsceno, seria la palabra. No sabía de que preocuparse más, o de que Hiei pudiera hacer eso siendo un niño tan hermoso -como dijo Suzuki- o de que Yusuke hubiera caído en su trampa como un iluso, seguro pensando por un momento en lo similar que había sido esa "escena" con otra no apta para niños.
- Pienso que Hiei-chibi se esta acostumbrado a su problema. Que no tenga recuerdos, de alguna manera, lo beneficia, actúa exactamente como alguien de su edad- opino el exguerrero hermoso- ¡Y es un encanto divino!
- Si…, pero todavía es Hiei.
- Me hubiese gustado verle más.
Sonaba sincero y Kurama vio a la dirección donde se fueron sus amigos. Con aquella demostración de ternura y atractivo del pequeño Hiei sospechaba que habrían "indecentes" que quisieran atraparlo. Yusuke, de repente, ya no le parecia tan confiable.
- Debo irme. Nos vemos luego, hermoso Suzuki.
- Que tengan suerte. Pero, si no consiguen recuperar al temible Jaganshi tengo un espectáculo en Kyoto la semana que viene.
Kurama sonrió nerviosamente. En serio eso…
- Lo tendré en cuenta- dijo amablemente y fue en busca de sus amigos.
