Interludio II: Shana
Shana Doe esperaba con ansias entrar a Hogwarts, prometía mucha más diversión y bromas, algo que en su casa nunca la dejaban hacer. Al ser una bruja de sangre pura todavía se le exigía muchas cosas que a ella no le gustaban, pero sus padres creían necesarias. La única cosa buena del verano era que venía su primo Robert McLeggan y podían jugar Quidditch, además de que Margery estaba con ella, Hogwarts no era lo mismo sin ella. La mayor de las Doe estaba segura que una vez su hermana fuera sorteada junto con ella en Gryffindor, Hogwarts estaría completo. Tener a Margery cerca hacía que todo pareciera mejor.
Aun así, Shana deseaba con todo su corazón regresar a Hogwarts. Esta vez sería una alumna de segundo año, y como tal, tenía derecho a postularse para el equipo de Quidditch como golpeadora. Tenía la certeza de que no tendría ningún problema en entrar al equipo, después de todo, ella era increíblemente buena.
Entre todas esas cosas, lo que Shana esperaba con más ansias eran las bromas que podría hacer. Aunque el primer año había sido divertido, sentía que había algo que faltaba, pero no podía decir qué era exactamente. Tal vez faltaran amigos que se rieran de sus ocurrencias o que hicieran más que hablar de tareas y proyectos.
Eso era algo que Shana no entendía, ¿por qué no tenía amigos? Claro que había uno o dos chicos y chicas que le hablaban de vez en cuando, pero por alguna razón no se volvieron cercanos. Cuando hablaba con ellos era casi como si hablara con sus primos que vivían en los Estados Unidos a quienes veía una vez cada año. Amigable, cortés pero no seguía más allá.
Pero Shana no se dejaría vencer, estaba segura que ese año haría tantos amigos como ese ridículo de Potter. El solo pensar en él la irritaba un poco, la molestaba el hecho de que sus bromas fueran mejores que las de ella, pero ¿cómo no? Si él tenía la ayuda de Fred II Weasley quien tenía a su alcance una reserva inagotable de cachivaches de Sortilegios Weasley. Y lo peor de todo eso era que rara vez lo castigaban, al parecer todos los maestros le tenían mucho aprecio. Eso la molestaba mucho, ella trataba de hacer algo a lo grande como él y terminaba en detención y con un aullador en la mesa del desayuno. No más, esta vez Shana estaba dispuesta a salirse con la suya y hacer de su segundo año el más memorable de todos.
Durante el camino a Hogwarts, Shana se encargó de acrecentar los nervios de Margery hasta límites casi ridículos, pero siempre sonriéndole y al final, cuando llegó la hora de separarse, Margery yendo hacia los pequeños botes y Shana hacia los carruajes que se movían solos, la abrazó y le dijo que todo iba a estar bien, y que la esperaba en la mesa de Gryffindor.
Todo comenzó mal cuando Margery fue sorteada en Hufflepuff, ambas hermanas estaban decepcionadas y en cuanto Margery terminó de cenar y se preparó para ir a su sala común Shana se levantó y la alcanzó para decirle que no importaba que no estuvieran juntas, la seguiría queriendo y podría ir a preguntarle lo que quisiera.
Sin Margery había un pequeño vacío, pero planeaba arreglarlo practicando Quidditch, así la podría invitar a jugar con ella y no se separarían tanto. Aunque Margery no era una aficionada al Quidditch al principio iba de muy buena gana, pues pasaba tiempo con su hermana. Después de un mes de ir casi todos los días a practicar con ella ya no era tan divertido y Margery rogaba porque alguien la rescatara. Su deseo se cumplió cuando un día se encontraron con James Potter y una niña en el campo de Quidditch.
Ese evento desencadenaría algo que no pararía hasta dos años después. Shana estaba enojada por la intromisión de la pequeña Gryffindor, de no haber sido por ella, Margery hubiera practicado con ella. Y aunque Potter era un mejor contrincante y Shana disfrutó más la práctica, extrañaba a su hermana.
Todo había sido por esa niña, la que había sugerido que practicara con Potter. Ella le había dado una excusa a Margery para irse corriendo de ahí, en cierta forma, ella las había alejado. Y eso era algo que Shana no toleraría.
Era algo infantil, incluso digno de un chiquillo berrinchudo de cinco años, algo que la gente no se esperaría de Shana -ya con doce años de edad-, pero a ella no le importaba. Iba a hacerle saber a Selene Linight que era mejor no meterse entre las hermanas Doe.
Y sin darse cuenta, comenzó a fijarse en la pequeña niña. Era muy rara, casi no hablaba con nadie, y menos aún tenía amigos. De vez en cuando la veía hablar con James, y en compañía de un rubio de Slytherin, a veces Rose Weasley trataba de hacerle plática junto con Albus Potter, pero nada destacable.
Sus compañeras de cuarto parecían ignorarla e incluso hablaban de lo extraña que era. Shana sintió curiosidad, ¿cómo reaccionaría a una broma? Probablemente sería muy divertido, y ella no podía esperar a poner en marcha su plan.
Selene acababa de terminar otra clase más, mentalmente se felicitó por no entrar en pánico al estar rodeada de tanta gente, aunque todavía tenía que esperar a que todo el salón se vaciara para poder salir sin sentirse incómoda. Su estómago rugió un poco y decidió ir directamente al Gran Comedor en cuanto encontrara a James o a su madrina, esperaba que fuera pronto pues sí tenía mucha hambre. Sin embargo, no parecía encontrarse con ninguno de los dos, por lo que terminó dando vueltas por el castillo para finalmente perderse por un inesperado giro de escaleras, no había nadie cerca y lejos de ser reconfortante -el no estar rodeada de tanto ruido-, estaba aterrada ¿por qué no había nadie ahí? Por lo general siempre había al menos una persona en cualquier parte del castillo al que fuera, ¿qué tan lejos estaría para estar tan aislada? Había muchas puertas, pero todas parecían ser aulas abandonadas, Selene se sintió valiente y decidió abrir una puerta, tal vez hubiera alguien al que pudiera seguir para salir de ahí o algo.
Abrió una, y sintió cómo alguien la empujaba violentamente al interior. Oyó la puerta cerrarse y de pronto, solo estaban ella, el silencio y la oscuridad. Selene le temía demasiado a la oscuridad, y si agregabas que las paredes y suelos de piedra estaban fríos y que no había nadie más con ella, la hizo transportarse a ese lugar. Ese lugar al que McGonagall le había prometido que nunca volvería a estar ahí, ¿por qué le había mentido? Estaba devuelta y ahora solo quedaba esperar a que él llegara y que no estuviera de mal humor. Pero si sí lo estaba…
El miedo la paralizó. Selene quería ir y tratar de abrir la puerta, pero no sentía el resto de su cuerpo. Estaba tan aterrada que simplemente se quedó ahí, parada y comenzó a llorar. Sin sollozos ni el corazón roto, solo la completa y abrumadora desolación de saber que no había manera de salir de eso. No de nuevo, no era posible tener tanta suerte dos veces.
Shana no sabía qué esperar, después de haberlo hecho su "plan maestro" no le resultaba tan bueno después de todo. Probablemente solo debió de haberse ceñido a los planes normales, alguna poción, para que se le cayera el cabello o cosas así.
La niña no hacía ningún ruido. Habían pasado dos minutos enteros y ni siquiera había tratado de abrir la puerta, no pidió ayuda a gritos o aporreó la puerta. Era como si nadie estuviera encerrado ahí. Curiosa, Shana abrió la puerta y, al entrar luz al aula, pudo distinguir la forma de la pequeña abrazando sus piernas en el suelo, ni siquiera reaccionó al escuchar la puerta crujir abierta ni al repentino cambio de iluminación del lugar, simplemente se quedó ahí sentada.
Esa no era una reacción muy común, y Shana se preguntó ¿cómo reaccionaría a otras bromas? Esa ocasión no había resultado un éxito, Selene Linight no estaba enojada o avergonzada, ni siquiera podía verle la cara, y eso no ayudaba a que Shana se pudiera reír de ella o algo por el estilo.
Encogiéndose de hombros Shana se marchó y dejó la puerta abierta. Tal vez, la próxima vez pudiera reírse de ella.
Y en la próxima vez no fue tan diferente, Selene Linight era una niña realmente extraña y no reaccionaba como Shana esperaba. Lo que la hacía tan interesante, y aunque Margery poco a poco dejó de juntarse con su hermana, a ella no le dolió tanto porque tenía un nuevo pasatiempo en el qué entretenerse.
Selene Linight era la víctima ideal, no decía nada cuando le hacía una broma, pero no era tonta, ella bien sabía que era Shana la que hacía todo eso. Cada vez que se la topaba en los pasillos trataba de alejarse de ella. Y eso estaba bien, quería decir que podía hacerle cuanto quisiera y no habría consecuencias.
Hasta que un día, Selene Linight hizo un amigo. Scorpius Malfoy. Ya antes él había estado involucrado, pero indirectamente, le ayudaba a buscar sus libros -al igual que James Potter algunas veces-, o le ayudaba a deshacer los encantamientos que ponía sobre su ropa.
Sin embargo, Scorpius Malfoy tampoco era tonto, y empezó a no dejarla sola si era posible. Lo que le hacía un poco difícil hacerle una broma a Selene. Aunque Scorpius no sabía que era Shana la que estaba detrás de todo, eso no quería decir que le hacía el trabajo más fácil. El verdadero obstáculo que representaba Scorpius Malfoy era la pequeña confianza que le daba a Selene Linight. Aun cuando fue hasta su segundo año que comenzó a notar los cambios en Selene, si le hacía una broma ya no se quedaba paralizada, aunque todavía estaba muy lejos de adoptar una pose defensiva. Por su tercer año ya lucía un poco irritada por la situación, aunque la emoción que más predominaba cuando la veía era miedo.
Ese año, por accidente, Selene cayó de las escaleras por una broma de Shana y terminó en la enfermería. McGonagall demadó saber quién había sido el responsable y ella dijo que había sido Shana. Cuando la directora la llamó a su oficina, ella supo el porqué, y cuando la mandó a detención la pelirroja cumplió su castigo sabiendo que lo merecía. Tampoco era una mala persona, no había sido su intención que Linight terminara en la enfermería, y después del regaño de la directora Shana decidió bajarle de intensidad a sus bromas. Y así fue, de nuevo recurrió a cosas pequeñas, como esconderle cosas o hacer que llegara tarde a clases.
Ahora, para el quinto año de Shana, es decir, el cuarto de Selene, pasó algo inesperado. Y ese algo inesperado tenía que ver con James Potter. Desde antes le habían dicho a Shana Doe que a él le gustaba, pero ella nunca le puso mucha atención, James no le interesaba. O eso había dicho.
Era un día como cualquier otro, Shana estaba planeando su nueva broma -no a Selene, para variar-, cuando los vio. A James contándole algo a Selene, y a ella mirándolo con ojos llenos de adoración. Celos la inundaron y por un momento Shana quería gritarle a la otra Gryffindor que se quitara del camino. Pero entonces James rio y le quitó el aliento, era el sonido más maravilloso que hubiera oído jamás. Y toda su rabia desapareció por un momento… solo para ser reemplazada por la sorpresa más grande que jamás hubiera experimentado.
A Shana Doe también le gustaba James Potter. Probablemente le hubiera gustado desde hacía mucho tiempo antes pero apenas se había dado cuenta. Tal vez surgió durante las muchas horas de entrenamiento que habían compartido, o durante los proyectos que hicieron juntos. Sea como fuere, Shana estaba enamorada de James Potter y no lo podía evitar.
Entonces, pensó en cómo ganárselo, aunque sus amigas dijeran que a James le gustaba no podía dar todo por sentado. Lo había visto con Selene, y aunque no creía que él le correspondiera, había algo definitivamente especial entre ellos. Y ella no podía dejar que siguiera así.
Ahora, pensando en Selene, la chica ya tenía más amigos, entre ellos el hermano y la prima de James, y si ella seguía juntando el valor que -Shana sabía- estaba muy oculto pero existente en ella; era probable que denunciara todo lo que le había estado haciendo desde primer año. Y ella no podía arriesgarse a que James se enterara de eso, si lo hacía era probable que James se enojara tanto con ella que no quisiera hablarle más, y Shana no quería eso.
Así que era lógico que dejara de atacar a Selene Linight.
Al principio era difícil pensar en una broma y no hacérsela a ella, pero usando las bromas pudo acercarse más a James, y aunque sus objetivos no eran específicos, la diversión se duplicaba por ser él quien estuviera a su lado haciéndolas.
Y así pudo seguir, con James a su lado, haciéndole ver que era mejor no victimizar a una sola persona todo el tiempo. Al parecer, el gran héroe Harry Potter había sido muy estricto respecto a las bromas. Mientras más tiempo pasaba con James más se daba cuenta del mal que le hizo a Selene, pero Shana era muy orgullosa y terca, y no se disculpó.
Sin embargo, cada vez que veía a Selene pasar un pasillo, ahora era Shana quien se alejaba un poco.
Hola a todos, un pequeño interludio, espero les haya gustado :) Shana no es tan mala, y realmente está avergonzada por lo que hizo pero no por eso va a dejar que Selene se lleve a James tan fácilmente.
Muchas gracias por leer, comentar, dar follow o favorite a la historia. Un agradecimieto muy especial para Mei Evans (gracias, me alegra saber que te gusta tanto la historia), y a (jajaja tú dime por qué crees que James no merece a Selene, no importa qué tan largo sea xD).
Ahora, una pregunta ¿de qué casa de Hogwarts son? Yo soy Slytherin según Pottermore.
Próximo capítulo: Amigos
