+XI+

Lo que empieza y lo que acaba

II

Los cuervos nunca habían sido escasos en Konoha, si bien no eran considerados una plaga, no solían ser bien recibidos por los campesinos, las lavanderas y aquéllos que se veían afectados por las actividades de las parvadas; para todos los demás, eran tan significativos como los gatos en los callejones o las ardillas en los árboles, ni siquiera se percataban que estaban ahí. Por eso la repentina e inusual presencia de varias de estas aves, en horarios y sitios en donde no solían encontrarse, llamó la atención sólo a unos cuantos.
...

Mikoto miró con desconfianza al ave de negro plumaje parada en el árbol que estaba fuera de su ventana, después regresó su atención hacia Subaru que veía con interés el mapa del nuevo complejo. Habían pasado ya cuatro semanas desde el hallazgo del cuerpo de Shin, y hasta ese momento habían encontrado otros dos, ninguno que pudiera encender luces rojas que hicieran creer que alguien buscaba diezmar a los dueños del sharingan. Además del ebrio de Shin, habían matado a un aprendiz de carpintero que no tenía mucho futuro y una frustrada

aspirante a kunoichi que simplemente no pudo egresar de la Academia en ninguno de sus seis intentos. Los hechos habían sido aislados y los métodos diversos, no era inusual hallar muertos en las calles de Konoha —con una buena porción de su población empleada en el mercado de la muerte y varios de ellos con mentes rayando en lo inestable, no era novedad—, por eso la lideresa no se había apresurado a levantar la alarma, pero, aunque Subaru le insistía que no había motivos para preocuparse, ella no se permitía relajarse.
—Puedo encargarme de ajustar los detalles de las medidas de seguridad en los lindes del barrio —dijo el hombre—, necesitas descansar más, ese último viaje debió ser agotador.

Ella asintió sin prestarle mucha atención, concentrada en los mensajes que había recibido esa mañana. La información era alentadora y deplorable por igual, porque reestablecer la comunicación con aquella persona era tanto una esperanza como una condena.

—Mikoto-sama —llamó Chie en la puerta—, Sasuke-sama acaba de llegar.

—Gracias Chie, iré en un momento —se giró a Subaru— Asegúrate que cada uno sabe qué debe hacer, no podemos permitir que ocurra algo terrible sólo por una falta de comunicación.

La mujer vio al otro asentir y enrollar el mapa, después salió del estudio con una inclinación de cabeza a modo de despedida. Tras unos momentos, en los que se aseguró que Subaru se había alejado y no había nadie cerca, se dirigió al altar y unió ambas palmas, cerró los ojos por un momento y elevó una plegaria hasta que unas lágrimas cayeron de sus ojos.

—Estoy fallando, Fugaku, no consigo lo que te prometí... no estamos a salvo, ¿de verdad éste era el único modo? —soltó un suspiro— Sasuke será un gran líder, tenías razón cuando decías que no podía ser como su hermano, pero eso no es algo malo, si te hubieras dado cuenta de eso, si no te hubieras cegado con Itachi, tal vez algo pudo haber sido diferente.

Bajó las manos y miró la foto de su difunto esposo, sin planearlo atrajo su sharingan para después cerrar los ojos. Salió de la habitación y fue a encontrarse con su hijo que hablaba con una gran sonrisa a Chie mientras ambos colocaban la mesa para la cena. La lideresa tenía que admitir que dejarlo seguir yendo con Itachi no fue mala idea, había notado ligeros cambios en la conducta del chico que no resultaban para nada desagradables, eran cosas pequeñas de las cuales al principio no se había percatado, y que cuando notó, comprendió de dónde las había aprendido.

No era que su segundo hijo no ayudara antes en nada en casa, después de todo era el que pasaba más tiempo con ella ahí, pero como todo niño, lo último en lo que Sasuke pensaba era en lavar su plato o ayudarla a colocar la mesa, ahora hacía ésas y otras cosas que sin duda habían facilitado el trabajo de Chie y, sin saberlo aunque seguro Itachi sí lo hacía, facilitaban su camino para ser líder. No que saber lavar la vajilla le sirviera para tomar decisiones, pero que se molestara en hacer tareas en apariencia mundanas, era un increíble paso para formar el carácter de alguien que comenzaba a investirse de poder.

Antes de entrar a la cocina se detuvo a calmar sus pensamientos, era mentira que estuviera tranquila, estaba casi segura que los muertos no eran una coincidencia. Volteó a la ventana y se topó con otro cuervo, quizá era el mismo que había estado en el árbol de su estudio, todos se veían iguales para ella. Miró un poco más allá y percibió una parte del cielo, notó el viento y el movimiento de las nubes, segura señal de que la temporada de tormentas comenzaría pronto. Torció un poco la boca, descontenta con el cambio de clima y la presencia del ave; no era supersticiosa, pero todos sabían que los cuervos eran aves de mal agüero, y que los nubarrones en el horizonte nunca eran buena señal. Todo eso le dio la sensación de que pronto llegarían cambios, y que quizá no serían muy beneficiosos para ella y su gente.

Mikoto apareció delante de Sasuke, con una sonrisa que se agrandó cuando lo vio, otra de las novedades que no paraban de sorprenderle era que el niño era capaz de esperar por ella para comenzar a comer. Entró, lo saludó con un sonoro beso en la mejilla que aunque Sasuke no rechazó, si trató de evitar.

—Buenas noches, Sasuke, ¿qué tal el viaje? —preguntó contenta de ver que había regresado bien de su excursión al asentamiento del clan Sarutobi.

—¡Fantástico! —exclamó con una gran sonrisa—, no había tantas construcciones pero Naruto encontró un depósito de armas, ¿quieres ver las que traje? —Sasuke le mostró un par de kunai oxidados, de una forma estándar pero más pequeños que lo habitual— fue lo más interesante, de regreso, fuimos a lo que queda del asentamiento Hyūga, ¿tú sabes cómo era en la época cuando los clanes vivían aislados?, no éramos un clan pobre, ¿o sí?

Mikoto parpadeó un par de veces, su hijo nunca le había hecho una pregunta de esa clase; Itachi se la hizo alguna vez, poco después de ingresar a la Academia, pero cuando él comprendió que ella no tenía las respuestas que buscaba, no volvió a preguntar. Ahora Sasuke venía con esto, y afortunadamente ella sí tenía solución a sus cuestionamientos.

—No de acuerdo a las crónicas de Aika Hirano, en su libro dice que nuestro asentamiento y el de los Nara eran de los mejores, los Uchiha y los Senju eran los clanes más poderosos, ¿lo sabías? —preguntó Mikoto.

—Claro que sí, todo el mundo lo sabe —proclamó Sasuke.

—No, no todo el mundo... —la mujer sabía que eso era cosa de Itachi, se preguntó hasta dónde el hermano mayor volvía a tener influencia en el menor— Como sea, si hablamos de condiciones de vida, digamos que la posición de poder no se notaba tanto en la villa de los Senju, en cambio nuestros antepasados sabían invertir lo que ganaban, aunque claro, no hay ninguno que se pareciera al de los Hyūga, esos siempre han sido más orgullosos que poderosos —finalizó a modo de broma.

Sasuke sonrió del mismo modo, sorprendido de la cantidad de información que poseía su madre.

—Sí, es muy diferente al que era el de nuestro clan, no que el de los Uchiha fuera malo pero todavía hay algunas casas completas en el de los Hyūga y en el de nosotros, son casi ruinas. No debieron ser tan buenas.

Mikoto asintió, pensando en qué podía querer Itachi llevando a Sasuke y los otros a esas visitas, ese viaje como los realizados al Valle del Fin y a otros viejos asentamientos, había sido inesperado. No alcanzaba a comprender las intenciones del mayor, pero no se sorprendió, nunca había sido capaz de entenderlo por completo ni saber del todo qué pensaba, si lo hubiera hecho, tantas cosas hubieran sido distintas.

—En el camino de regreso, entrenamos, Hinata casi me derrota con su estilo de Puño Suave, pero conseguí vencerla, cuando tenga mi sharingan, seré capaz de ver casi tanto como ella con su Byakugan... —la sonrisa del niño fue disminuyendo hasta que desapareció— aunque no sé cuándo será eso.

—Todo llega a su tiempo, no antes ni después, no te apresures a ser lo que aún no debes ser, no quiero verlo de nuevo —respondió Mikoto sin verlo, mientras soplaba a su taza de té.

Sasuke ya no habló, asintió con lentitud comprendiendo cada palabra.

...

—Así que los asentamientos Hyūga y Sarutobi esta vez, ¿eh?

—Así es papá.

—Y fueron allá en una excursión de la escuela.

—Sí, Magnífico

—Sólo ustedes dos, Hinata Hyūga y Sasuke Uchiha.

—Que sí papá.

—Y sólo un profesor asignado.

Sakura y Naruto intercambiaron una mirada, entre más respondían más falso se oía todo, pero Mebuki les había hecho prometer que no debían mencionar el nombre de Itachi, porque si lo hacían, Kizashi prohibiría a Sakura seguir saliendo con ellos.

—Así es —dijo Naruto, que era a quien se le daban mejor las mentiras—, es nuevo y poco conocido. Hatake... —dijo el primer nombre que se le vino a la cabeza.

—¿Kakashi Hatake? Ése es uno de los ninjas más conocidos de toda Konoha, hasta yo que no soy shinobi lo sé.

El rubio abrió bastante los ojos.

—¿Dije Hatake? Quise decir, ¡Hyūga!, ¡sí, Hyūga! ¡Kō Hyūga!

Sakura se abstuvo de llevarse la mano a la cabeza ante las ocurrencias de Naruto, no le quedó más opción que apoyarle, aunque tenía que admitir que era una buena idea, Hinata les había dicho que Kō estaba en una misión y que le tomaría varias semanas regresar, su padre tenía que creerles, era muy poco probable que fuera hasta el distrito Hyūga a preguntarle al mismísimo Hiashi si eso era cierto.

—Sí, Kō Hyūga, fue guardián de Hinata por un tiempo. Es nuevo... y, y nadie lo conoce.

—¿Y qué vieron?

Mebuki no podía creer la ingenuidad de su esposo, pero tampoco hizo nada por delatar a los chicos o apoyar su mentira. Como casi todos los niños de Konoha, Kizashi había soñado con ser un ninja y, como casi todos ellos, ingresó a la Academia para volverse un shinobi, consiguió el grado gennin pero una misión mal ejecutada truncó sus aspiraciones, dejándolo con una lesión en la cadera que le impedía toda clase de movimientos bruscos. Por fortuna, su esposo había hecho las pases con él y su sueño frustrado varios años atrás, incluso antes de que Sakura naciera, y por eso era la clase de hombre que era ahora.

—No mucho, casas viejas como en los otros —exclamó Naruto—, ¡pero encontré un almacén de armas!, ¡mira lo que traje! —le mostró una katana oxidada y un juego de shuriken en mejor estado.

La señora Haruno contempló lo que Naruto enseñaba con tanto orgullo, no terminaba de acostumbrarse a la plática de cosas relacionadas a la carrera de ninjas, armas y técnicas de combate, pero ver esas armas en las manos del niño le sacudió algo. Por un instante comprendió qué era lo que estaba aprendiendo su hija y no mentía al reconocer que no le gustó ese pensamiento.

Kizashi siguió haciendo preguntas hasta que Naruto comenzó a contradecirse y tanto Sakura como su madre comprendieron que era el momento de poner un alto a eso antes de que Kizashi le sacara la verdad.

—Sakura, ¿no es esa Makoto? —preguntó la mujer de pronto.

—Sí, es hora de que nos vayamos —la niña brincó de su silla y asintió, tomó a Naruto de la mano y tiró de él.

Ni Naruto ni Kizashi tuvieron tiempo de decir algo, el chico se dejó llevar sin oponer resistencia. Nadie los había llamado, pero ya había unos chicos jugando afuera. En cuestión de minutos ya habían organizado a todos los demás para tener una sesión de entrenamiento que tenía más pinta de juego.

Era una de las cosas que más le gustaban a Naruto, todos lo trataban ya como si hubiera vivido en la cuadra toda la vida.

Algunos de los chicos le habían preguntado con insistencia por qué los padres se habían comportado al principio así con él al inicio, Naruto respondió del único modo en que sabía: con un encogimiento de hombros y una sonrisa forzada, era frustrante tener tantas preguntas y ninguna respuesta, sería agradable tenerlas al menos para él mismo, pero no las tenía y quizá jamás las tendría.

Trataba de no pensar mucho en eso.

...

Neji se mordió el labio cuando se dio cuenta que lo había hecho de nuevo, había vuelto a hacer una reverencia más pronunciada que la de Hinata, que apenas inclinaba la cabeza. Negó levemente, recriminándose por ser incapaz de hacer la diferencia entre la presente situación de su prima y la pasada, ya suficiente era que no hubiera podido dejar de llamarla Hinata-sama.
Hinata pasó saliva durante su momento de cavilación, repasó con urgencia por algún detalle de su persona que causara al otro esa reacción, pero al no encontrar nada, sólo se angustió más, pensando que era algo que ella no podía ver y él sí. Entrelazó las manos y las frotó entre sí, en espera del disimulado reproche, porque Neji nunca le llamaba la atención del mismo modo que su padre, él era educado y sutil, pero no suave, en eso sí se parecía al líder del clan, el tacto no era una de sus muchas habilidades.

—¿Comenzamos, Hinata-sama?

La niña asintió y se colocó en posición defensiva, Neji negó con la cabeza.

—Recuerda lo que Itachi dijo la última vez, debes iniciar con la ofensiva, si te colocas desde el inicio en defensa, denotas que no estás segura de tu victoria.

Su prima se acomodó de inmediato, más por temor que por decisión propia, Neji sintió una leve ola de frustración, si tan sólo Itachi fuera más constante con sus entrenamientos no tendría que estar recordando esas clase de cosas básicas a Hinata, pero el Uchiha se ausentaba más y más, y a él no le quedaba más opción que ser quien recordara y señalara las fallas a la niña.

Entrenaron por poco más de dos horas, Neji reconoció que los avances de Hinata eran notables, aunque sin duda no tanto como Hiashi hubiera deseado; por suerte para Hinata, él aún no quería saber nada de ella, y aunque le había encomendado su seguridad, no había dado ninguna indicación respecto a su entrenamiento. Neji tomó esa responsabilidad por cuenta propia, había hecho una promesa mucho tiempo atrás.

—Estoy lista, Neji-san.

Hinata pasó saliva de nuevo, pero ya no se repasó las manos, sino que las colocó frente a sí y acomodó los dedos con firmeza. Se había prometido que nadie tendría que arriesgar su vida para que ella estuviera a salvo, si su hermanita sería la futura lideresa, ella tenía que buscar su propio lugar, y no podía pensar en muchos que le ayudaran a buscarlo.

Se inclinó aprisa cuando Neji estaba por darle el primer golpe, lo esquivó sin problemas los primeros minutos pero fue cuestión de tiempo para que él comenzara a superarla y que lo único que ella pudiera hacer fuera defenderse, la ofensiva había dejado de ser opción si no quería una patética derrota. Sin embargo, y aunque sabía que sus posibilidades de ganar eran mínimas, no se rindió, siguió confrontando a Neji tanto como pudo hasta que la derrota fue irremediable.

El Hyūga vio a la niña dejarse caer hacia atrás, jadeando profundamente y cubierta en sudor, Neji la había visto así muchas veces en el pasado, después de los extremos entrenamientos de Hiashi cuando el líder aún se molestaba en intentarlo, pero había una gran diferencia en ese entonces y el ahora: Hinata sonreía. El gesto no era tan expresivo como las sonrisas que había visto en Tenten y otras niñas más... convencionales, pero sí tenían algo en común, estaban orgullosas de sí mismas. Hinata parecía finalmente estar satisfecha de lo que hacía.

Hinata no era la única cuya posición dentro del clan se había modificado, Neji también había visto cómo los demás cambiaban su actitud hacia él, y no de un mal modo, al menos él no lo veía así, pues le había ocurrido algo similar a lo de Hinata. Era como si los demás hubieran dejado de interesarse en él.

Sin planearlo se convirtió en algo así como la sombra de Hinata, donde estaba ella casi siempre estaba él, salvo cuando ella pasaba tiempo con su madre, tiempo que él aprovechaba para sus propios entrenamientos, pues casi todas las ahora escasas sesiones de entrenamiento con Itachi, estaban destinadas a Hanabi por orden de Hiashi, y eso a Neji le sentaba bien, no que el Uchiha fuera una pérdida de tiempo, había mejorado notablemente su estilo con su guía, pero él era de los que aprendían mejor solos.

—Buen trabajo Hinata-sama —dijo Neji espontáneamente, sin darse cuenta de sus palabras hasta que habían dejado su boca y veía el gesto sorprendido de su prima.

—Gracias... gracias, Neji-san.

Se quedaron callados por un momento, incapaces de decir algo más, habían pasado poco más de seis años desde que las cosas cambiaron radicalmente entre ellos, hasta antes de eso jugaban y reían juntos, ahora era una proeza que intercambiaran palabras amables, y esa frase de Neji era toda una revelación. En ese momento no se había dado cuenta, que de Itachi, no había aprendido únicamente a perfeccionar el Puño Suave.

—¿Quieres... ir por algo de beber?

Neji preguntó y Hinata asintió lentamente, él le extendió la mano para ayudarla a levantarse y juntos fueron a un local cercano.

...

«Nada va a pasar hoy» dijo Shisui «deberías ir a casa»

—No puedo —replicó Itachi suprimiendo un bostezo.

«Mañana saldrás en misión» intervino Fugaku.

—Por eso mismo no puedo arriesgarme, puedo tardar hasta tres días en regresar, si atacan hoy puedo hacer algo.

«A este paso puede que no regreses» insistió Shisui «, estás haciendo más de lo que eres capaz»

—Siempre lo he hecho —musitó algo irritado.

«Y mira cómo estás»

Itachi decidió dejar de prestar atención a las voces, nuevamente estaban en lo correcto, pero también era cierto que, en las casi tres semanas llevaba vigilando las calles durante la noche, había impedido que los agentes de Raíz mataran a al menos siete Uchiha.

No terminaba de entender qué era lo que Danzō planeaba, si acaso pretendía acabar con los dueños del sharingan de ese modo, debía ser una persona paciente porque no se le estaba presentado algo fácil; hasta ese momento los miembros de Raíz habían matado a seis Uchiha, pero lejos de generar temor en el clan, lo único que había conseguido era que se incrementaran las medidas de seguridad, lo que había minimizado notablemente las posibles víctimas, además Itachi había desplegado sus cuervos por toda la aldea, y gracias a las alarmas que éstos emitían había evitado que la cifra de muertos fuera mayor.

No supo cuánto tiempo pasó en silencio, ni Shisui ni su padre volvieron a insistir. Un repentino llamado en la parte norte de la aldea lo sacó de su ensimismamiento, Shisui soltó un suspiro mientras negaba en silencio, y su padre torcía levemente la boca, no se detuvo para decirles nada. Emprendió la carrera para llegar hasta el punto de alerta, durante el trayecto maldijo —por enésima vez— su pobre capacidad de almacenamiento de chakra, ésa era la única razón por la que nunca podría realizar las técnicas de teletransportación de Shisui, cosa que en ese momento —como en muchos otros— le hubiera sentado bastante bien.

Al llegar, supo que conocía a la víctima elegida esa noche, era una sobrina de Sato y prima de aquélla con quien fue comprometido. A pesar de lo molesto del recuerdo, supo que era algo bueno, pues era una consumada kunoichi que dio pelea a los cinco agentes de Raíz que le atacaban, permitiéndole llegar a tiempo.

Itachi no hizo nada por ocultar su presencia, tanto la mujer como los otros ANBU retrocedieron al verlo. No perdió un solo segundo, tras poner a la kunoichi bajo un genjutsu, atacó de frente a los cinco agentes, dos clones suyos esperaban ya entre las sombras y al cabo de una pelea un tanto dispareja, mató a los cinco. Se ocultó en un callejón antes de retirar el genjutsu de la mujer, cuando lo hizo, la vio alejarse tranquilamente, le había borrado todo recuerdo del suceso.

Se tomó un momento para recuperar la respiración. En aquel callejón, trató de convencerse que estaba satisfecho con su trabajo, y que si era necesario, podría hacerlo de nuevo esa noche, no tuvo éxito con ninguna de las dos.

Sabía que aunque esas tareas de protección habían servido para salvar la vida de algunos Uchiha, también estaba consciente que estaba creando un ambiente de falsa seguridad, que los ataques seguirían ocurriendo y él no podría estar siempre para detenerlos. No sólo porque tenía que lidiar con el volumen habitual de misiones, sino porque estaba llevándose a la extenuación, y eso le pasaría factura tarde o temprano. Era un necio que quería parar una corriente de agua con las manos desnudas, sólo había un método para detener todo.

Matar a Danzō.

Pero esa era un opción tan viable como pedir a Naruto que no comiera ramen. Acabar con Shimura destaparía la cloaca de secretos que tanto se esforzaba en ocultar y con ello, la irremediable ruptura de la delicada situación que aún no podía solucionar, además estaba seguro que no sería una tarea fácil. Por eso Danzō no se molestaba en disfrazar sus acciones, estaba tan consciente como el mismo Itachi que no podía acabar con él, aunque claro que Shimura sí hacía lo posible por ir minando las fuerzas del Uchiha.

Decidió hacer caso a la insistencia de Shisui y fue a casa, llamó a los cuervos para que se dispersaran, si algo más volvía a ocurrir esa noche, no tenía ya energías para tratar de resolverlo.

A su llegada, agradeció que los Haruno recibieran a Hinata, con todos esos cambios, casi no estaba en casa y vivía más tranquilo sabiendo que ella estaba con ellos. Además sería muy complicado ocultar su grado de cansancio, sin la niña alrededor no tenía que molestarse en pretender que no estaba al borde de colapso.

—Bienvenido, la mantuve lejos —fue el saludo del perro cuando, al entrar a su casa, vio a Anko en la sala, el animal en la puerta de su habitación y un completo desastre en la sala y el comedor.

Aspiró profundamente al comprender de inmediato la situación. Anko trató de entrar a su cuarto haciendo caso omiso de la única regla que había impuesto a todos, y el perro se lo impidió, a Mitarashi, como podría esperarse, no le gustó eso y lo intentó más de una vez, dando como resultado el presente escenario.

«Invítala a salir, es lo único que quiere, te lo he dicho muchas veces»

Se adelantó a la kunoichi, la tomó por el hombro.

—¿Capitán, qué haces? —gruñó la mujer—, no quería hacer nada malo, creo que puedo hacer algo para que te sientas mejor —finalizó rodeándole el cuello con ambos brazos, pegando su cuerpo al de él.

Habitualmente, Itachi se hubiera retraído con una insinuación de ese modo, ella lo sabía y esperaba que ocurriera para tomar ventaja, pero no contaba con que el grado de cansancio del Uchiha era tal, que su percepción de la realidad fuera pobre en ese momento, y no se percató ni de lo que decía, ni que sólo vestía esa reveladora camisa de red que le daba por usar. Anko adoraba incomodarlo y verlo sonrojarse levemente, perdiendo su habitual autocontrol, pues sabía que en el fondo, Itachi seguía siendo un niño para esas cosas.

—Te lo he dicho muchas veces, no estás hecha para ANBU. Si quieres que te haga una recomendación para las pruebas jonin, lo haré, pero después.

—Está bien Capitán

Anko se dejó llevar hasta la puerta sin oponer ninguna resistencia, una vez ahí, aprovechando la obvia distracción del otro, se apresuró a darle un beso en los labios. Cuando Itachi parpadeó sorprendido, ella se alejó a toda prisa con una gran carcajada. Él soltó un suspiró, ignoró el gesto satisfecho de Shisui y fue directo a la habitación para desplomarse sobre la cama, no requirió de ninguna clase de esfuerzo mental para acallar a su amigo y su padre, se quedó profundamente dormido apenas tocó el lecho.

...

Los días siguieron, los chicos Uchiha entrenaban, tanto como los dos Hyūga, y Naruto y Sakura con los vecinos de ésta; del mismo modo que los cuervos de Itachi rondaban Konoha día y noche, y aún así no pudo evitar que aparecieran nuevos muertos.

Todo fue tomando cursos distintos, a pesar de los problemas, no todos fueron malos. Hinata pasaba más y más tiempo con su mamá y hermana, y había estrechado su lazo con Neji. Naruto, al convivir con los vecinos de Sakura, se dio cuenta que los que lo odiaban, no era la totalidad de Konoha como había pensado por años. El papel de Sasuke entre los Uchiha se reafirmó, y gracias a sus ideas para integrar a los más jóvenes, su posición como líder se fue reforzando.

Aunque no todos podían jactarse de que las cosas marcharan tan bien, sobre todo los Uchiha y el Hokage. La aparición de los muertos hizo que Mikoto implementara nuevas medidas de seguridad para todo el clan que, aunque no tuvo un impacto directo en las relaciones de éstos para con la aldea, si provocó que la interacción de los Uchiha con el resto de Konoha cambiara, lo que atrajo el pálido fantasma del aislamiento.

Mikoto no se equivocó al predecir las tormentas, por suerte éstas sólo fueron climáticas, aquéllas que vaticinaba como devastadoras para su clan, no llegaron, salvo por esos pequeños sucesos que nadie parecía poder detener. Agosto acabó, llegó septiembre y con éste, las primeras señales del otoño que se acercaba, las lluvias que se iban y la fecha funesta de conmemoración del segundo aniversario de la matanza en el clan Uchiha.

El día comenzó temprano, los preparativos en la nueva ubicación del clan habían iniciado desde hacia unos días pero la verdadera preparación se realizó durante las primeras horas de la mañana, cada uno de los integrantes del clan se ausentó de sus labores diarias, no importaba que era jueves y muchos acudían a la escuela o al trabajo, ese día era especial.

Sasuke miró con satisfacción la decoración de la calle principal, había sido la encomienda de su madre, y él, junto con los demás chicos, se habían encargado de la fabricación de los adornos y la colocación. Eran casi las tres de la tarde cuando terminaron, por fortuna no era un día caluroso ni lluvioso, salvo por una pequeña llovizna que refrescó la tarde y les infundió energías para continuar con el largo día. Después del visto bueno de todos, se dispersaron para alistarse, la ceremonia tendría lugar al atardecer.

—Estoy segura que me darás una gran sorpresa —dijo Mikoto cuando vio a su hijo entrar.

Sasuke asintió aprisa y tomó su lugar en la mesa, Chie les sirvió la comida y los dos la consumieron en silencio, eso no era habitual pero dada la fecha, él no esperaba otra cosa. Miró a su madre de reojo mientras daba los últimos bocados a la comida, la notó cansada y fue como si en ese instante comprendiera qué habían sido estos dos años para ella, para todos había sido un gran cambio, pero no había reparado en lo que había significado para su madre, pasar de ser un ama de casa a la lideresa del clan. Para él había sido complicado, pero ella había estado a su lado... ¿quién había estado con ella?

—Iré a prepararme —musitó y se puso de pie.

—Sí, también haré lo mismo —respondió su madre.

Sasuke la miró de nuevo, había algo extraño en su tono, pero no se atrevió a decirle nada, aceleró el paso hasta su habitación y una vez que cerró la puerta detrás suyo soltó otro suspiro. Al ver la ropa ceremonial que yacía en su cama tuvo un estremecimiento, se sintió tonto y cobarde, deseó quedarse dentro de esa habitación y no saber nada de nada lo que restaba del día, así se quedó por unos minutos, tentado a renegar la fecha y hundirse en su mal humor.

Recordó la tormenta de emociones que tuvo los días —semanas y meses— posteriores a la semi masacre, y comparó quién era en ese entonces y el ahora... se incorporó y entró al baño a darse una ducha. Hace dos años era alguien diferente, hace dos años no hubiera dado un paso fuera de la habitación... dos años atrás nadie esperaba mucho de él, ahora era la esperanza de todo un clan.

Con el haori puesto sobre el kimono de color negro, salió al recibidor de la casa donde Chie esperaba con un sencillo kimono de color hueso, lo saludó con una reverencia y salió casi de inmediato. Tuvo que esperar por unos momentos cuando su madre lo llamó desde la parte superior de la casa.

—Es hora, vamos.

Sasuke pasó saliva cuando la vio descender las escaleras con paso cadente, era como si la mujer exhausta con quien había compartido la comida hubiera desaparecido, en ese momento su madre era la perfecta estampa del orgullo y gracia Uchiha. Su padre imponía cuando vestía su uniforme, tenía el rostro y la presencia del líder, pero ella tenía eso y algo más.

Atontado se acercó a ella hasta las puertas de la casa, apenas se contuvo de tomarle la mano, irguió la espalda y levantó la cabeza, ella era magnífica, él tenía que serlo también.

Las puertas fueron abiertas y una multitud de lámparas los recibió, cada una sostenida por un Uchiha y con el símbolo del clan pintado, cada una representaba una vida arrancada. Su madre asintió sólo una vez, a modo de saludo y respeto, pero no más, ella era la lideresa, Sasuke la imitó con cierta torpeza pero con suficiente gracia como para que no se notara.

Subaru y Taiga les extendieron una única lámpara, más grande que la mayoría y con el símbolo bordado. Entonces comenzó la caminata, ellos delante y el resto de los Uchiha detrás. A su paso, colgando de las casas que bordeaban la avenida principal, había otras lámparas y grandes palos con largas tiras de papel blanco y negro, el producto de la labor de todos los chicos del clan, ella le ofreció una sonrisa satisfecha y las dudas de Sasuke desaparecieron, aspiró con profundidad y acompasó su caminar.

...

Hinata miró con ansiedad al reloj y a la ventana, faltaban sólo unos momentos para irse, se miró al espejo y se sonrojó ante lo que contemplaba, volteó a Mebuki y se apenó todavía más cuando notó el gesto de orgullo en el rostro de la mujer, miró un poco más allá, hacia Sakura, y cuando comprendió que la niña la veía con cierta envidia no se atrevió a verse más al espejo.
Las tres vestían kimonos ceremoniales, los de las Haruno eran de espléndido rosa y bordados con motivos florales, un trabajo de apreciable belleza, pero el suyo era una exquisitez de bordado detallado con hilos de múltiples colores que representaba un paisaje y una escena de peces, los otros palidecían a su lado. Lastimosamente, la suposición de lo que Sakura pensaba de ella hizo que Hinata se encogiera y quisiera salir corriendo.

—Vamos chicas, es hora —llamó Kizashi desde la parte inferior de la casa.

Hinata fue la primera en salir, deseosa que Neji hubiera accedido a ir con ella y que no la dejara con los Haruno, pero su primo se había negado a ir a la ceremonia y como Itachi estaba fuera de la aldea, no había más opción que quedarse con Sakura y su mamá. La opción de asistir con sus padre y Hanabi había quedado desechada desde el principio.

La ceremonia conmemorativa del año anterior había sido exclusiva para los Uchiha, este año había sido abierta a cualquiera que quisiera asistir. No fueron pocos los que respondieron a la invitación, y como ella y los Haruno, una parte de Konoha acudía al tañir de campanas en el templo Nakano. Por ello, cuando salieron a la calle, Hinata pasó parcialmente desapercibida entre la marea de gente que caminaba en la misma dirección que ellos.

Siguieron el mismo camino que todos por al menos diez minutos, después se introdujeron un poco más allá que la mayoría, pues habían sido dados permiso por Mikoto para hacerlo. A su llegada al templo, el sitio estaba casi repleto, por suerte había un lugar reservado para ellos, que si bien no era en la zona donde Hinata hubiera debido estar, no estaba completamente lejos del área principal donde los líderes de otros clanes que asistían, eran ubicados junto con los herederos que les acompañaban.

Hanabi agitó la mano cuando la vio y Hinata hizo lo mismo, aunque más disimuladamente, pues la mirada fulminante de su padre la disuadió de ser más expresiva.

Miró alrededor y no encontró a Naruto, se preguntó si lo encontraría ahí, sabía que a él también le había sido dado el trato preferencial que ella y los Haruno recibían, pero no tenía la certeza de que fuera a acudir, el rubio no era muy dado a las formalidades. En su búsqueda por Uzumaki captó las miradas que recibía, y no se atrevió a volver a hacerlo, no estaba segura si la veían por su aspecto —obviamente desentonaba por completo con la relativa sencillez de la gente a su alrededor— o porque su padre y hermana estaban en un sitio, y ella en otro.

...

Cuando Naruto vio a Sakura en ese lindo kimono, deseó haber ido con los Haruno, pero cuando notó el comportamiento de Hinata se dijo que su decisión había sido la correcta, si la Hyūga era criticada de ese modo, ya podía imaginar qué iban a decir de él si aparecía con ellos. No podría con eso.

Por ello su posición en la parte alta de aquel gran árbol era perfecta, podía contemplar todo y nadie lo vería ni lo despreciaría, se volvió a repetir que no estaba cometiendo una grosería contra Mikoto por haber rechazado el lugar privilegiado que le había ofrecido, pero él no iba con esas cosas, ¿vestir ropa formal?, ¡nah!

Las campanas tañeron con más fuerza y él dirigió la mirada de inmediato al este, donde otras campanas más lejanas se dejaron escuchar, era la señal que los Uchiha habían salido del nuevo distrito. Naruto se lamentó no poder ver a Sasuke en ese momento, sonrió al imaginar su aspecto con una ropa incómoda, fea y muy cara, yendo al frente de la comitiva al lado de su madre... sí, sería comiquísimo, se repitió, aunque la idea de toda la gente que ahora lo veía como el sucesor, latía con fuerza en su mente. Sin querer miró a su alrededor y sólo encontró ardillas, pequeños pájaros y un par de cuervos.

Abrió una bolsa de frituras y se acomodó en la rama desde donde veía todo, juraría que Choji escuchó desde tan lejos la golosina ser abierta, por la forma en que miró alrededor, y Naruto rió con fuerza cuando el gordo Choza le dio un pequeño golpe en el hombro ante el gesto. Siempre diría que tenía ciertas ventajas al no tener padres.

Al cabo de cinco minutos bostezó, esperar encima de un árbol ya no parecía tan entretenido como fue al principio. No entendía qué les tomaba tanto, el camino del nuevo barrio Uchiha a ese templo no debía ser de más de diez minutos... corriendo sobre los tejados, tuvo que esperar al menos veinte minutos más cuando el resplandor de las lámparas que los Uchiha cargaban se notó entre las calles cercanas. Ya había oscurecido y la vista de las múltiples luces era espectacular, Naruto tuvo que reconocerlo.

Finalmente distinguió a Sasuke y su madre. Al ver a Mikoto el sonrojo no fue causal, era una belleza. Torció un poco la boca al ver al otro, que caminaba con un paso similar al de su mamá, una ola de celos lo bañó con tanta fuerza que estuvo a punto de irse, pero consiguió controlarse. Seguía siendo difícil reconocer las inmensas diferencias entre Sasuke y él, a pesar de que convivían de un modo casi civilizado la mayor parte del tiempo y cuando lo hacían, eran tratados del mismo modo, había un mundo de distancia entre la posición del heredero del clan Uchiha y el rubio miembro del desconocido clan Uzumaki.

Sólo algunos Uchiha ingresaron al templo, la mayoría, como el resto de los asistentes, permanecieron afuera, en un silencio respetuoso que exigía la aciaga fecha. Al final de la ceremonia religiosa, Mikoto salió y habló para todos, dio un discurso breve pero emotivo, y agradeció profundamente la presencia de todos. Naruto no sabía mucho —o nada— de protocolos, pero admitió que se moriría de aburrimiento si tuviera que participar en esa clase de cosas, de pronto ya no envidiaba tanto a Sasuke.

Cuando los Uchiha con las lámparas se acercaron al río, Naruto brincó a otro árbol para apreciar mejor. Era lo que había estado esperando toda la tarde.

...

Las lámparas fueron depositadas en la apacible corriente del Nakano, se alejaron con lentitud y gradualmente, conforme la corriente aumentaba, éstas se distanciaban con mayor rapidez hasta que de las luminarias, sólo se percibía el lejano resplandor.

Las campanas tañeron de nuevo, una vez por cada muerto, el humo del incienso se levantaba perfumando la noche, no faltaron algunas lágrimas y lamentos, la herida seguía doliendo, y la pregunta seguía haciéndose, ¿por qué?

Y la única persona que hubiera podido dar una respuesta concreta —que quizá nadie querría oír o aceptar— permanecía en un despeñadero, sentado en una saliente que estaba justo enfrente de una cascada, un perro dormitaba a su lado.

Contempló el desfile de luces que llevaba la corriente, cuando pasaron debajo de la caída de agua todas sucumbieron bajo la fuerza de ésta, o eso pareció al inicio, una luz solitaria siguió su camino río abajo. Al verla, pensó en una persona cuya vida no era homenajeada con una lámpara, pero que para él había sido mucho más importante que casi todas las que sí tenían una luz ceremonial para ser recordadas.

Shisui había muerto justo en ese sitio, tiempo antes que los demás pero nadie parecía recordarlo.

Sólo él.

Para Itachi siempre sería una muerte inútil, pues no había detenido nada, lo único que había conseguido era darle esos ojos, y desde el principio supo que no era un precio justo. No pudo evitar preguntarse qué diría el verdadero Shisui si viera cómo eran las cosas en ese momento. Sabía que estaría decepcionado. Por fortuna el Shisui de sus alucinaciones no era el real, de lo contrario no estaría tan callado en ese momento.


Este capítulo no tuvo la revisión de mi beta, no he sabido de ella desde hace varios días y admito que me preocupa un poco, si alguien conoce a Annie Yue le agradecería cualquier información. Hace rato que le envié este capítulo y me dijo que tenía tiempo para revisarlo, después ya no supe más... no deseo retrasar más la historia pero sí me preocupa un poco que no ha respondido a ninguno de mis últimos mensajes.

Gracias por leer.