Las gotas de lluvia golpeaban el cristal de la única ventana de su habitación. Kagura contaba los repiqueteos y se dejaba llevar por el sonido envolvente al cerrar los ojos. No había tenido mucho tiempo para llorar de la bronca y la vergüenza que había sentido. Apenas si había derramado un par de lágrimas en el viaje de vuelta a su casa. Una vez allí su padre se encargó de que no volviera a llorar. Y así había sido, los golpes y las amenazas la habían hecho más fuerte. Naraku no sabía que le había enseñado una valiosa lección: en algunas situaciones el silencio no era la respuesta. Y ahora sentía la determinación en cada una de sus venas… le pediría ayuda a Sesshomaru, le diría la verdad y, finalmente... sería libre.
No preguntes por qué
Un fic de Inuyasha
Por Yashi y Silvia LedVal
Capítulo XI
Sesshomaru no había tenido paz. Luego de los trámites, de Jaken y los demás accionistas presionándolo para que tome el lugar de su padre y de los saludos de compromiso, tampoco había encontrado tranquilidad: su móvil no paraba de sonar, sus reuniones eran cada día más e imposibles de cancelar. Rin lo necesitaba y él a ella, pero no podía quitarse una imagen de la cabeza. No podía sacarse el asco que sintió al escuchar a Naraku decirle hija a Kagura.
No entendía cómo había estado tan ciego, cómo no hizo nada cuando ella le confirmó que tenía un padre que le pegaba, cómo no averiguó nunca que Naraku estaba viviendo en su mismo edificio bajo un nombre falso. Se sintió estúpido, aunque nunca iba a admitirlo. Interiormente quería estallar de ira, subir las escaleras y matar a Naraku. Pero así no funcionaban las cosas, así no funcionaba él. Las reacciones impulsivas e infantiles se las dejaba a su hermano Inuyasha. Él tenía otras cosas en las que pensar, porque luego de lo ocurrido con su padre —y con Kagura también— se prometió no volver a fallar.
Ooo
Una vez que las heridas físicas dejaron de doler, Kagura sólo se ató el cabello en un rodete desprolijo (ya no le importaba peinarse bien para verlo) y cubierta por la tela suficiente para que él no pudiera ver ninguna cicatriz, decidió bajar las escaleras.
Se sentía extraña frente a esa puerta a la que antes golpeaba con tanta ilusión. Estúpida era la palabra que la describía en eso momento por haber pensado que había encontrado un refugio, por haberse permitido soñar con príncipes azules, enanas traviesas y sapos de peluche. Esas cosas no eran para ella, no le ocurrían a gente como ella. Ahora no sentía nada… estaba vacía. Su padre le había quitado lo único que le había importado en todo ese tiempo.
Golpeó la puerta con determinación y no bajó la mirada ni cuando esos ojos fríos le fueron al encuentro. Pero sí se quedó paralizada, no sabía qué decirle ahora que lo tenía de frente… ¿por dónde comenzaba?
—¿Puedo pasar?
Él se quedó callado mirándola unos segundos de manera inexpresiva antes de correrse para dejarle el espacio suficiente para que entrara. De inmediato cerró la puerta y sin tomar asiento se dirigió a ella.
—¿Qué quieres?— preguntó sin ánimo en la voz.
Kagura lo miró, entendiendo. Él estaba igual de dolido que ella pero tampoco diría nada. Lo mejor era hablar sin rodeos.
—Quiero tu ayuda para escapar de él—. Le pidió pero sin dramatismo, era casi una orden.
Sesshomaru contuvo las ganas de sonreír con sorna.
—¿Qué es lo que puedo hacer yo?—. No entendía qué sentido tenía pedirle esto ahora, cuando había tenido mil oportunidades cada vez que estuvo allí, cada vez que se besaron o compartieron la noche.
—Todo… tú eres el único que puede detenerlo —aseguró Kagura—. Yo te voy a ayudar.
—¿Tú ayudarme a mí? –de verdad tuvo que contener las ganas de reír- ¿Acaso te lo he pedido?
—No… —respondió titubeando. Las palabras de Sesshomaru hicieron eco en su cabeza. El tono de voz, la expresión fría que se reflejaba con claridad en sus ojos ámbar y el que la haya invitado a pasar por compromiso, eran nuevamente como una pared que le impedía entrar a una zona privada, de él, una que tiempo atrás le había compartido. Desde ese momento para ella estaba clausurada de nuevo— Es algo que nos conviene a los dos —dijo intentando sonar segura.
—Si quiero hundir a Naraku, lo puedo hacer por mi cuenta y a mi manera- él también sonaba seguro, sin ánimo de ceder.
—Sesshomaru… —En ese instante, lo siguiente que quiso responder fue un "lo siento", uno muy sincero. Pero de su boca no saldría. Kagura también tenía un orgullo fuerte, tal vez no tanto como el hombre de camisa blanca, aunque sí lo suficiente para guardarse uno que otro sentimiento. No había hecho exactamente nada malo. ¿Cuál hubiera sido la reacción de Sesshomaru si se hubiera enterado, a través de sus labios, la verdad de su origen? ¿Hubiera sido tan diferente a la de ese momento? ¿Qué tal si la hubiera rechazado? Para Kagura toda esperanza hubiera muerto. Era mejor vivir con la idea de que algún día él la salvaría a vivir en aquel departamento con el monstro que tenía de padre, sin oportunidad para un pequeño sueño de libertad —. No podrás hacerlo solo.
La voz firme de ella, sus ojos tan fijos en él, por poco convencieron a Sesshomaru. A lo mejor tenía razón, hacerlo por su cuenta costaría más trabajo, aunque tampoco sería imposible.
—¿Por qué?- preguntó comenzando a sonar intrigado.
La respuesta no alcanzaría a salir de los labios de Kagura. Rin había salido de su habitación con los pies descalzos para detenerse un par de metros detrás de Sesshomaru. La niña, siempre en su inocencia, esbozó una tierna sonrisa de alegría al ver a la chica. No era tonta, aunque su rostro infantil advertía que no tenía idea de lo que pasaba en el mundo, Rin entendía que la relación entre Sesshomaru y Kagura se había quebrado… no la veía hacía días y ahora que estaba ahí no había ido a jugar con ella.
—¡Kagura! —expresó la pequeña. La había estado extrañando, muy a pesar de que ella no era la persona más maternal del mundo.
—Hola —dijo con sorpresa. Jamás hubiera esperado ver esa cara de alegría y tampoco sentirse súbitamente mejor al ver que la pequeña la recibía bien.
Sin pedir permiso, Rin en su bata de dormir se acercó hasta la mujer. Se decía que no debía ilusionarse, que Kagura ya no estaría ahí con ella. Pero si existía una persona capaz de ablandar el carácter de aquel iceberg de hombre, era ella misma.
—¿Vienes a quedarte conmigo? —cuestionó, con las todas de intenciones de ser escuchada por su protector. Además, quería tener un poco de compañía aparte de la de Sesshomaru, a quién, entre todo el ajetreo de los días anteriores, tuvo que acompañarlo en cuantas reuniones pudo, pasando largas horas de aburrimiento al cuidado de un hombre enano, asistente de Sesshomaru.
Kagura, dubitativa, no pronunciaba palabra. Le lanzó una fugaz mirada a Sesshomaru, pero éste se apresuró a responder:
—No. Tiene otras cosas que hacer.
Hizo una mueca y observó la niña. Ella había bajado la mirada, un tanto decepcionada porque no era lo que quería.
—Entonces —entonó Rin—, ¿ya no volverás?
La mujer no tenía ni idea de cómo salir de su mutismo. Por lo regular tenía una respuesta para todo, aunque sea sarcástica. Se veía así misma desarmada, derrotada en una batalla que Naraku había iniciado por algún motivo en contra de aquella familia y en la cual ella terminó en medio.
—Tal vez —murmuró ella, con fingida confianza.
—¿Tal vez sí o tal vez no?
—Tal vez… sí.- Era más un deseo en voz alta que algo que pudiera asegurar.
Sesshomaru no puso objeción. Ese diminuto gesto, fue suficiente para que ella entendiera que la puerta sería abierta nuevamente. Sin embargo, Kagura se dijo que no regresaría con la sola determinación de dar su ayuda para atrapar a su padre. Debía darle algo más que sus intuiciones y sospechas.
—¿Cuándo?
—Rin… —pronunció con severidad Sesshomaru.
—Pronto.
La respuesta, por supuesto, no iba dirigida a la niña.
—Rin, vístete. Debemos salir —ordenó Sesshomaru.
—Sí —contestó la pequeña con más ánimos —. Nos veremos pronto.
Sonrió para despedirse de Kagura y salió disparada entre brincos hacía su habitación. Al verla alejarse, la chica también decidió que era hora de irse.
—Yo también me marcho —dijo hablando más bajo de lo que quería.
Le dedicó una última mirada en silencio a Sesshomaru y él se la sostuvo todo el tiempo, mientras abría levemente la puerta para que ella saliera. Kagura suspiró y cerró los ojos cuando la puerta se trabó detrás de ella.
De cualquier manera, él no iba a añadir nada más. Estaba dicho, ella quería volver, pero era difícil adivinar hasta para él mismo cuándo podría recuperar una pizca de la confianza que le tenía.
Sesshomaru se quedó pensando en las palabras de Rin, pero porque entendió que necesitaba de alguien para cuidar de ella y que se mantuviera dentro del departamento para mayor comodidad. La niña no parecía disgustada con acompañarlo a todos lados, estaba al tanto de su aburrimiento en su espera, a pesar de que Jaken se guardaba todas las quejas que tenía en contra de la chica.
Pensó en su asistente y en el tiempo que ya había compartido con ella. Jaken ni siquiera había preguntando el origen de la criatura y por qué la mantenía con él. También Sesshomaru era extremadamente desconfiado, tanto así les sobraban los dedos de una mano para contar a las personas en que realmente confiaba. No tenía muchas opciones.
Tomó su celular, marcó a Jaken y el hombrecito tuvo que llegar lo más rápido que pudo al departamento. Le dio rápidas indicaciones: debía estar al tanto de lo que la niña quería, ella se convertiría en su mayor prioridad por el momento, pero, no por eso, debía descuidar su trabajo.
El trabajar con el padre de Sesshomaru había convertido a Jaken en un hombre eficiente y muy responsable —y sobre todo paciente— con todo lo que se le encargaba. Aún así, fue demasiado pesado para él encargarse de una niña tan activa como lo era Rin.
Kagura la había malacostumbrado a que anduviera por todo el departamento y que salieran a donde quisieran, sin contratiempos, siempre avisándole a Sesshomaru a través de una llamada rápida o un mensaje de texto. Fueron contadas esas cortas salidas. Ir al supermercado, o comprar la comida ya hecha que ella quería. O una corta caminata al parque. Jaken era más estricto y sobreprotector. Temía que a Rin le ocurriera algo malo y Sesshomaru tomara represalias contra él, sin sospechar que él no haría eso, pues los conocía bien a ambos. Rin era tan inquieta como obediente. Estaba seguro que si algo le llegara a ocurrir no sería culpa de su asistente.
De cualquier manera, aún con el ojo vigilante y constante de ese hombre, Rin le tomó cariño de inmediato. El primer día no entendía porque la regañaba tanto, pero después se dio cuenta lo divertido que era tener a alguien como él. Era muy fácil irritarlo.
Kagura deambuló por el departamento, de vez en cuando, asomándose hacía la puerta. Creía que él tocaría y la rescataría. Esa fue una fantasía recurrente los primeros dos días.
También le había dolido ver a Jaken rondado el departamento de Sesshomaru. Por las tardes deambulaba por el hall del edificio esperando cruzárselo, y se sentía patética por esos intentos desesperados. Ella no era así.
Había vuelto a fumar, para manejar la ansiedad y la angustia. No, no lo había logrado.
Después, cuando la fantasía de que él volvería o que se lo chocaría en la salida de forma accidental, se marchitó y no quedo más que la realidad, llegó a la conclusión de que no podía pedirle su ayuda así como así. Ella debía ofrecerle "algo". Información, pruebas.
Ese día había pretendido decirle lo poco que sabía sobre su padre. Si lo pensaba, eso no era más que sospechas que habían salido de su mente. En realidad, no sabía que era lo que él hacía, ni mucho menos tenía pruebas de sus negocios ilícitos.
Su padre no era ningún idiota. Desde siempre se dio cuenta de que Kagura era tan parecida a él… pudo ver en sus ojos rubís esos impulsos de traición. El mismo tipo de traición que él había cometido antes, con varios socios atrás. Ella siempre queriendo una vida tan diferente a la actual. No le hubiera costado nada echarle a perder sus negocios, con tal de obtener lo que quería. Así que era la pieza inútil del tablero, hasta ahora. Kanna y Kohaku eran confiables, obedientes… ambos le tenían miedo, respeto. Kagura había sido la rebelde desde pequeña y no la dejaba acercarse a sus negocios por ese motivo.
Ella suspiró. Si no era por las buenas, iba a tener que inmiscuirse por las malas. Así fue que varios días intentó sacarle información a su hermana… pero nada, silencios, miraditas con miedo y pedidos de que se mantenga alejada. Kohaku había sido más fácil de persuadir… la insistencia lo había puesto nervioso, lo había hecho dudar. Sólo tenía que intentarlo una vez más y sabría cómo reconstruir el camino hacia el bar alejado de la ciudad donde Naraku la había llevado una vez a cuidar a Sango.
Kohaku dijo que el lugar se llamaba 'Chosen' –Desafìo- y efectivamente estaba en las afueras de Tokyo, yendo hacia el oeste. Kagura sólo tenía que tener mucho cuidado y seguirlos cuando fueran esa noche. Sonrió de costado… estaba un paso más cerca de que Sesshomaru volviera a confiar en ella, y, sobre todo, de ser libre.
CONTINUARÁ
Gracias como siempre a todas por el apoyo, estamos intentando actualizar más seguido :)
Esperamos sus comentarios para mejorar y continuar con la historia.
Gracias a Kuruma Chidori -Mi amiga Iyarito - por el dibujo que ahora es avatar del fic.
Hasta prontitoo
