Un Jardín de Rosas…
Guerra Florida 2011.
Final
Seis meses habían pasado desde aquella vez que se habían quedado dormidos frente al fuego… Habían hecho una costumbre estar juntos por las tardes y empezando la noche. Veían películas juntos. Incluso habían salido ya de paseo varias veces. Primero habían ido al hogar de las madres adoptivas de Candy. Era un lugar sencillo y humilde, hasta cierto punto… Decidió que apoyaría a las dos hermosas señoras que habían cuidado de ésa hermosa mujer que ocupaba su corazón. Habían ido de día de campo y a la cabaña que tenía Albert cerca del río. Habían recolectado con mucho cuidado y con el equipo necesario, las muestras de plantas que quería Candy de detrás de la cascada. Habían incluso salido juntos en Chicago. No se separaban por nada del mundo, el contacto entre ellos era cada vez mayor. Sin mucha razón se abrazaban, incluso llegaban a entrelazar sus manos. Se abrazaban frente al fuego y jugueteaban como niños pequeños…
Todo ése tiempo Candy había guardado su medallón, siempre lo llevaba en el pecho… Un día Albert lo descubrió…
Vaya, encontraste mi medallón….-
¿Éste es tu medallón?- Candy le preguntó incrédula y se puso colorada de la cara…-
Pensé que lo había perdido para siempre, lo perdí de niño…- Albert le había dicho, salvando la situación para ambos, pues no quería admitir que la había visto desnudarse frente a sus ojos y se empezaba a poner nervioso…-
Ten… te lo regreso…-
No, Candy consérvalo, tengo otros…- Lo cual no era totalmente cierto…. Él que ella tenía era el de él y ahora él se había colgado el de su padre… Le agradaba que ella llevara la insignia de su familia en el pecho…-
¿Estás seguro?-
Sí…..- le sonrió….-
Averigüé que es muy antiguo, ¿seguro que no lo quieres de vuelta…?-
Bueno tal vez algún día te lo pida, pero por ahora consérvalo… Yo traigo el mío…- Y sin chistar él sacó su insignia el pecho que era exactamente igual a la de ella…. Candy no supo porqué pero se había puesto colorada… pues era como si los dos pertenecieran a la misma familia…. Su cabecita empezó a volar hacia un lugar en dónde él y ella, siempre estaban juntos y formaban una familia…-
Es muy hermosa…-
Gracias…., jaja… también la tuya…-
Jaja… pues es tuya… Jajaja…-Es muy bonita…-
…..
Ésa semana tendrían celebrarían una gala, para las diversas fundaciones que los Andrew encabezaban. Y como le había dicho Albert a Candy… Tendrían que hacer todo para vaciarle los bolsillos a los que asistieran. Era por demás un evento elegantísimo, rodeado de las más famosas personalidades y millonarios y multimillonarios de todo el mundo. El evento del año, pues era el más grande evento que Andrew Inc. organizaba.
Albert había invitado a Candy a tan esperado evento. Él no estaba muy seguro de si lo quería o no, pero tenía que asistir, la crema y nata de Chicago y las más grandes personalidades asistirían. Era un evento, tanto exclusivo, como privado. Había tanta seguridad y restricción, que la prensa ni siquiera estaba invitada. Lo que se sentía en el lugar era dinero, dinero, dinero. No había nada más que eso, pues incluso tal evento se vendía en exclusiva únicamente al más alto postor, fuera de ahí, nadie podía ingresar, incluso la localización y fecha del evento eran altamente resguardadas…
Para Candy sería una noche ataviada, pues había decidido irse al día siguiente. No había más, lo que sucedía entre los dos era por demás obvio, eso era lo que ella pensaba, pero Albert jamás lo admitiría. Ella era una mujer por debajo de cualquier expectativa que él podría tener como esposa. Su corazón se laceraba a cada instante, pues no podía dejar de estar con él y al mismo tiempo esperaba que él confesara su amor.
Albert, por su parte, se había dado cuenta que en Candy algo había cambiado, pero no estaba seguro de nada. Ella era tan diferente a las otras mujeres con las que había convivido… Ella trabajaba y no para él. No tenía como explorar más allá, pues había puesto una barrera entre los dos. Sus hermosos y radiantes ojos verdes le decían que no le era indiferente, ¿cómo saberlo? ¿cómo estar seguro?...
Había decidido que ésa noche liberaría su corazón, no podía esperar más. Había deseado tanto un beso de ella. La espera se le había hecho infinita. Por un lado era un adolescente enamorado, por otro la persona de la que estaba enamorado era invaluable para él… Y por último, también era su gran amiga, y eso, más que cualquier otra cosa, lo había detenido tantas y tantas veces, para confesar su amor. No quería perder a su amiga, no lo quería….
La telaraña de indecisiones que se había tejido alrededor de ellos, era densa y enredosa. Candy no podía lastimar más su ser, estaba a punto de claudicar su proyecto, puesto que su corazón se desquebrajaba en pedazos.
Estaban a menos de un mes de concluir todas las remodelaciones del jardín. Después de eso, ella se iría, pues únicamente quedaba, abrir un horario de visita al público, restringido y que los directivos de la universidad dieran el visto bueno, para presentarlo como aportación del Jardín Botánico de la Universidad de Chicago y Fundación Andrew, Construyendo un Futuro Juntos…
Los folletos y la inauguración y todos los demás detalles, estaban a cargo de la Fundación y de la universidad, así que ella había terminado su participación. Esperarían al próximo año, para abrir al público las puertas del lugar, pues en ése momento, todo se encontraría en flor.
El invernadero que Albert le había mandado hacer, era una réplica en miniatura del Jardín Botánico de la universidad, y todo eso había sido gracias a Candy; para sorpresa de todos, había colocado pasillos y a los lados de todos los nichos de rosas, tulipanes. Los más hermosos tulipanes que jamás se hubieran visto florecer en cualquiera de las regiones cercanas.
Habían trabajado tanto y se habían esforzado tanto, que todo había quedado aún más hermoso, de lo que alguna vez, hubieran podido esperar….
Candy había crecido en el corazón de Albert, como un botón en flor y había abierto cada uno de sus pétalos hacia la profundidad del mismo. Llenaba cualquier espacio, cualquier latido, cualquier suspiro que Albert pudiera dar. La amaba profundamente y no quería perderla, no quería arriesgar a perderla… La incertidumbre lo estaba matando. Albert, podía dirigir un imperio de negocios y corporaciones y no sabía que esperar, o cómo actuar, con la única empresa que quitaba el vacío de su corazón…
Noc, noc…-
Si, adelante…- se escuchó una dulce voz que provenía desde dentro de la habitación…-
¡Ohh! ¡Qué hermosa te ves…!- Albert, había quedado de una pieza, pues jamás se imaginó ver a Candy convertida en una ninfa, en una diosa…. Era hermosísima… De pronto su corazón latió más fuerte y más aún sabiendo lo que quería hacer…. ¿Porqué tenía que verse tan arrolladoramente hermosa? Se empezó a poner muy nervioso y las palabras se habían quedado atrapadas en su garganta… Tuvo que carraspear un poco para poder hablar…-
Hola Albert, muchas gracias…- Le había contestado Candy, con sus mejillas sonrojadas, y bajando esas largas pestañas, pues eran pocas las ocasiones en que sus atributos de mujer, destacaban bajo la tela de un vestido.
Era un vestido hermoso el que Albert le había mandado a hacer. El diseñador se había presentado a la mansión y había diseñado todo el vestido de cabo a rabo. De arriba abajo, era el más emocionado, pues Candy era una belleza. Incluso la había querido hacer su modelo, pero Candy se negó pues tenía la impresión de que se encontraba totalmente equivocado.
El vestido que le había diseñado era de seda satinada, con una terminación en halter, que se amarraba en unos de los lados del cuello, dejando dos cintas, que formaban una rosa, que se encontraba bordada con finas y pequeñísimas piedras, resaltando los pequeños pétalos que formaban y las tiras que quedaban hacia las puntas sueltas… En todo el pecho, y pegando el vestido hacia sus senos, llevaba un bordado que delineaba toda su espalda, dejándola descubierta y terminado por abajo de sus glúteos con una cola que abría, denotando en cada pliegue que abría, el fino terminado de bordado y pedrería… El bordado se continuaba por toda la orilla del vestido, que llegaba hasta el piso, cubriendo sus finas zapatillas de raso, bordadas en la misma forma y con una cinta que denotaba una finísima rosa en el un lado de la punta. Su vestido era color verde profundo, dando el mismo tono que sus ojos, los cuales resaltaban de sobremanera con una belleza única. Los guantes eran del mismo color, por encima del hombro y llevaba una tiara que Albert le había prestado para adornar su cabeza, era fina y delicada, con diamantes, en una sola tira y por detrás, sus rizos cayendo, ligeramente sostenidos por unos broches en flor hechos de esmeraldas, acentuando en cascada, cada uno de ellos, hasta deslizarse por toda su espalda. Se veía como una princesa, sacada de un cuento de hadas…
Su maquillaje resaltaba sus finas facciones, sus labios carmesí y sus gruesas pestañas. Habían profundizado el oscuro alrededor de sus ojos, por lo que el verde de los mismos era aún mayor… Albert, respiraba con dificultad al ver a tan hermosa mujer enfrente y únicamente para él…. Debía ser un estúpido si pensaba llevarla con él. Le lloverían los pretendientes y la robarían de su lado… Se habían quedado mirando por un largo momento… El perfume a rosas que Candy usaba, era sin lugar a dudas un aroma que abrazaba e inundaba su corazón… Lo envolvía, dejándolo en una nube de sueños e ilusiones… que quería que se volvieran realidad…
-Albert…. tú también te ves muy guapo…- El rostro de Candy se había enrojecido un poco más, pues Albert en ése smoking, estaba para desmayarse… Sus finas facciones, sus hermosos rizos, peinados y arreglados hacia un costado. Sus hermosos ojos azules, delineados por esas largas y gruesas pestañas. Su gran altura, su porte de guerrero, su torneada figura, con ancha espalda y fuertes brazos. Su esencia a maderas y sándalo que la hipnotizaban. La forma de mirarla, sus manos fuertes y firmes, su voz, el tono de su piel… Todo él era un deleite para cualquier mujer. Verlo tan radiante y lleno de luz, pues no sabía por qué esos hermosos ojos azules brillaban con mayor intensidad…. Se habían quedado mirando un momento más… El silencio se había hecho entre ellos, mientras cada uno salía de su ensoñación…
- Candy, vámonos… Se hace tarde…-
-Si…- Candy tomó su pequeño bolso y Albert había colocado el abrigo que había mandado pedir especialmente para ella…-
Candy jamás se imaginó verse en ésa forma, sentirse tan mimada y cuidada por un hombre, del que estaba total y absolutamente enamorada… Su corazón latía con fuerza, pues Albert había tomado su mano y había entrelazado sus dedos con los de ella, mientras se aproximaban al lugar. Un gran amigo de los Andrew había prestado su mansión y todos los autos comenzaban a llegar. Afortunadamente no era lejos de ahí…
Durante toda la noche, no se separaron ni un instante. Habían encontrado diplomáticos, catedráticos, investigadores, alguna que otra celebridad, empresarios, herederos a fortunas inmensas, petroleros, banqueros, dueños de navieros, entre otros muchas y muchas personalidades de la realeza de todos los países. Era un magno evento, tanto que Candy al principio había dudado poder ingresar al lugar. Sin embargo se había olvidado que Albert estaba junto a ella. Él le aseguró que aquí todo era una apariencia y que ella conocía al verdadero Albert. Nunca soltó su mano, y dejó que la velada siguiera su curso. George había cerrado todas las negociaciones, mientras él daba la bienvenida a todas las personas y brindaba con todos y cada uno de ellos. Cuando fue el momento de bailar, tomó a Candy entre sus brazos y la deslizó entre notas de un vals y su cálido roce…
Candy se sentía flotar, su corazón se ilusionaba cada minuto que pasaba… De pronto recordó que ella se iría al día siguiente y quería hablar con Albert. Debía hacerlo, debía agradecerle y debía despedirse, pues no quería lastimar a su gran amigo.
Candy tomó de la mano a Albert y lo dirigió hacia uno de los pasillos que daban hacia el jardín, de la mansión Mc Gregor, grandes amigos de los Andrew.
Albert….- El se había acomodado por detrás de ella, pues sentía la necesidad de rodearla con los brazos, así que manteniendo su distancia se encontraba por detrás, pasando a cada lado de Candy sus brazos y recargándolos en la baranda… Candy sentía que le faltaban las fuerzas, todo había sido como un cuento, como lo que leía de pequeña… Él era todo lo que ella hubiera podido esperar, y mucho, mucho más. Por eso debía irse, pues no había nada que los uniera y mucho menos, nada que correspondiera su amor… Al menos no como ella siempre había soñado…-
Si, Candy….-
Yo…. yo….. Tengo que decirte algo….- Se había volteado ¡En que hora había hecho eso! El rostro de Albert estaba muy cerca y su cercanía, casi la hacía perder la razón…-
Te escucho, ¿que sucede?...-
En realidad, no mucho… Eh… yo… Parto mañana para el extranjero, la universidad me manda…-
¡Cómo dices!- ¿Cuándo regresarás?...- El rostro de Albert se había tornado triste… Dejó de rodearla con los brazos y la miró fijamente…-
Bueno, ehhh….. ¿Recuerdas la flor que encontramos detrás de la cascada?-
Si…. ¡cómo olvidar, que casi te caes, cuando se soltó tu arnés…!- le contestó con preocupación…-
Albert, ya pasó y afortunadamente estabas ahí… No te angusties más…- le había contestado dulcemente Candy, para que él se tranquilizara..-
Lo que sucede, es que es una nueva especie la que encontramos y al reportar su descubrimiento, la universidad me manda para que de diversas conferencias, y son alrededor del mundo… Yo, no regresaré hasta el siguiente año…- Candy por fin lo había dicho. Sus ojos se habían tornado rojos, y la fragilidad de su voz estaba por traicionarla…. Su corazón empezaba a romperse por saberse lejos de Albert….-
¡No! No, lo harás… ¡No me dejarás!- Le había contestado Albert…. Candy se sorprendió inmensamente e inmediatamente sintió que Albert la resguardaba bajo sus brazos…- Albert, yo… - El rostro de Albert era tan triste, que ella comenzó a llorar… Albert se aferró a ella y la acercó a su pecho. Pasó la mano por debajo de sus rizos y levantó la mirada de Candy…. Tomó la otra mano entre la suya y la llevó a su corazón…. Candy sintió su corazón rendirse ante la caricia de Albert….
Albert había colocado su dedo pulgar en los labios de Candy, mientras con los demás sujetaba gentilmente su cabeza…
Shhh…. No hables…. Candy… no me dejes…. No lo permitiré… Escúchame por favor…. Yo moriría si tú me dejas… Eres toda mi razón de existir, te has convertido en mi día y en mi noche. Eres mi razón para sonreír y mi aliciente para enfrentar todo lo que me sobrevenga. No te puedes ir… No puedes dejarme solo, porque me marchitaría como nuestro jardín, si tú me dejas… Yo…-
Albert….-
Candy, el jardín es tuyo. He puesto el jardín a tu nombre, todo es tuyo, quiero que estés conmigo por siempre y que ése sea tu hogar…. No dejaré que te lleven de mi lado. He buscado tanto y esperado tanto por ti… Por esa mitad que todos anhelamos… Me das esperanza y amor Candy. Has llenado mis días y mis horas y no permitiré que te arrebaten de mis manos….-
Candy estaba atónita, tenía a Albert de frente…. ¿acaso le declaraba su amor?... No podía moverse, quería estar junto a él, así hasta la eternidad. Albert había aproximado su rostro al de ella y sintió que las lágrimas mojaban las mejillas de ése portentoso hombre….
Albert, yo… Por favor, no llores, no es mi intención lastimarte….-
Lloro porque se llevan mi vida contigo… No los dejaré. No dejaré que tú te vayas, porque yo…. te amo Candy, te amo como un loco, te amo intensamente, infinitamente… Te amo tanto que me duele pensar que no veré tus ojos mañana…. Dime que no es cierto… Dime que te quedarás conmigo…- El rostro de Albert estaba cubierto de lágrimas y también el de ella. Se abrazaron reclamándose el haber si quiera separado sus cuerpos por un instante….-
¿En verdad es cierto lo que dices…? Albert, ¡dime que es cierto!- le había reclamado Candy en un sollozo…-
Es tan cierto, como que hoy nos iluminan las estrellas…. Te amo, te amo Candice White…. Te amo… ¡Cásate conmigo! Sé mi compañera… Mi confidente…. Mi más grande amiga…- Albert había metido su mano en el smoking, y rápidamente había introducido un anillo en la mano que apresaba de Candy para volverla a colocar junto a su corazón…..
Albert, ¡yo te amo! Te amo infinitamente….-
Sus rostros estaban tan cercanos y sin más aproximaron sus labios. En un roce tenue del más grande amor, sellaban esa promesa… Albert la había aprisionado con sus brazos y recargaba a Candy contra su cuerpo…
Eres tan hermosa….-
Te amo Albert…-
Y yo a ti, mi amor….-
Albert, tomó con pasión esos labios entre los suyos y los reclamó como dueño- Sus lenguas se entrelazaron reconociéndose a cada roce y cada caricia con las que se besaban. Albert colocó sus manos por detrás de la espalda de Candy y la recorrían libremente… Candy enredó sus manos alrededor del cuello y entre los rizos de ése bello hombre y con pasión dejó que Albert la aproximara más a él…. Sus rostros, sus corazones, sus labios, sus manos, reconocían cada espacio como suyo… con desesperación Candy entre candentes besos le dijo….- Te amo Albert… te amo…-
-Cásate conmigo… -
Candy sonrió y entre tantos besos y el frenesí de sentirlos le contestó en un gemido…
- Si… Albert… Me quiero casar contigo…- El roce de sus lenguas y el calor de sus cuerpos los unió en esa promesa…
- Me haces el hombre ¡más feliz del mundo! Mi amor….-
- Amor mío…. Te amo tanto… Nada deseo más que ser tu esposa…-
