Capítulo 11
Albert caminaba a su lado, cada uno sumido en sus pensamientos hasta que llegaron hasta la habitación de la anciana. En la puerta, él le regaló la más maravillosa de sus sonrisas, con la que le agradecía el tácito apoyo para su incipiente relación con Candy. Parecía que por fin después de mucho tiempo de espera su vida estaba comenzando la mejor etapa.
-Buenas noches tía.
-Buenas noches Albert – le contestó sonriendo. Por fin Dios la había escuchado y ese par de ciegos habían descubierto sus sentimientos frente al otro. La juventud era a veces tan tonta … ¡y lenta! ¿Pensaban que ella era eterna? Le urgía conocer a la nueva generación de los Andrew y necesitaba que se dieran prisa en cualquiera que fueran sus planes, porque una cosa era segura … ella no se moriría hasta concerlos … ¡habrase visto!
Albert se dió la vuelta para perderse en el pasillo después de hacer una galante inclinación. Su aplomo era admirable, además de que era tarde y no quería desvelar más a su tía.
-Derechito a tu habitación … no te me desvies a ningún lado … ¿entendido?
Albert se detuvo en seco y se sonrojó en la oscuridad. Ahí terminaban sus planes, porque su intención era ir con la rubia por unos segundos para darle las buenas noches y quizá robarle un beso, pero todo se vió truncado después de escuchar esa frase que no aceptaba réplica. Si a alguien no quería hacer jamás enojar … era a su querida tía … por su propio bien.
-Estos jóvenes - murmuró antes de cerrar la puerta – creen que uno nació siendo viejo … si supieran – una pícara sonrisa le iluminó el rostro. ¿Qué secretos tenía guardados por ahí?
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Candy en su recámara se moría de la curiosidad por saber de qué habían hablado, pero los minutos pasaban y Albert no aparecía y conociendo a la tía abuela … quizá lo había llevado ella misma a su habitación … sólo para asegurarse de que no anduviera deambulando por los corredores.
-Bueno ... a mi no me dijo nada así que …
Acto seguido, se calzó unos tennis y abrió sigilosamente la ventana. Se deslizó silenciosa a través del balcón hasta alcanzar sus más que conocidos árboles, y poder alcanzar la ventana de su adorado Albert. Ya sabía que no era del todo correcto, pero podía más la curiosidad.
Con una habilidad ya por demás demostrada, se descolgó cual tarzán pecosa y antes de lo que alguien pudiera imaginar, estaba de pie en el balcón. Dió unos leves toques en la ventana y esta se abrió después de unos segundos, para dar paso a unos brazos que la sujetaron de inmediato por la cintura y la arrastraron al interior.
-¿Me extrañabas? - le preguntó murmurando las palabras sobre su cuello. La tenía contra él, en un abrazo por demás posesivo. Debería estar sorprendido por su presencia, pero más bien estaba encantado.
Candy sintió el ritmo de su corazón acelerarse hasta el infinito. Albert despertaba sensaciones que nunca antes había sentido … y le daba miedo.
-Siempre te extraño … pero sabes que fue por otra cosa por la que vine.
-¿Ah sí?
-No seas loco – le dijo separándose de él para verlo a los ojos – ¿qué te dijo la tía?
Albert sonrió. ¡Mujeres al fin y al cabo! Tenían que estar enteradas de todo, si no ... no estaban tranquilas.
-Me dijo que nos tenemos que casar lo más pronto posible.
-¿Qué? - exclamó alzando la voz un poco más de lo conveniente.
Albert reaccionó de inmediato y le cubrió la boca con las manos por inercia. Lo que menos necesitaba en ese momento era el oído biónico de la tía abuela entrando en acción.
-¡Candy! … no hagas eso que me condenas …
-¿Te condeno? - preguntó con los ojos abiertos, después de librarse de su improvisado bozal. Ahora entendía menos.
-Le prometí mil cosas a la tía abuela … y tu presencia aquí hace que las rompa.
-¿Qué?
Le contó en breves palabras que prácticamente estaba prohibido escaparse de noche con ella hasta que firmaran el acta de matrimonio y el sacerdote les diera la bendición. Le dijo con detalle lo que él pensaba que pasaba por la mente de la tía abuela con respecto a ellos.
-La tía … siempre preocupada por dar una buena imagen.
-No solo ella Candy … yo nunca permitiría que alguien pudiera pensar o hablar mal de ti.
Ella sabía, lo había sabido siempre. Albert estaría presente como un guerrero guardián para protegerla de cualquier cosa. Ya se lo había demostrado cuando anuló el compromiso con Neal, cuando la dejó seguir estudiando y le permitió continuar en el hospital … aunque eso implicara que se les pararan los cabellos a los más ancianos miembros del Clan. Albert estaba y estaría a su lado de manera incondicional.
-Bueno, entonces creo que debo irme a mi recámara.
Se dió la media vuelta, pero el brazo de Albert la alcanzó para sujetarla por la muñeca.
-¿Así nada más?
Candy sonrió al escucharlo, se acercó a él y lo besó de una manera tierna en los labios.
Albert sentía que subía al cielo cada vez que sentía su boca. Era bochornoso reconocer que el control se le iba de las manos cuando eso sucedía y tenía que hacer acopio de fuerzas sobrehumanas para no abrazarla y besarla hasta el cansancio …
-¿Mejor?
-No puedo decir exactamente que "mejor", pero sí un poco más conforme.
Candy volvió a sonreir. Había algo en Albert Andrew que simplemente le alegraba la existencia.
-Antes de que te vayas quiero hacerte una confesión.
Candy volteó a verlo de manera inquisidora.
-Que seriedad …
Albert la tomó de las manos.
-Es en serio Candy. Quiero confesarte que me sentí el hombre más feliz y halagado del mundo cuando me dijiste que el príncipe de la colina … o sea yo, había sido tu primer amor.
Candy le sonrió con ternura. No sabía bien a qué iba todo eso, pero era seguro que ninguno de los dos podría olvidar jamás el día tan mágico en que se habían conocido, y mucho menos imaginado el intrincado camino que llevarían sus vidas a partir de ese breve encuentro.
-Pero no se compara en lo más mínimo con lo que me hiciste sentir el día de hoy … al corresponder a mi amor.
Candy sintió su corazón acelerarse en el pecho. ¿Qué había hecho ella para merecer a ese hombre?
-Amo con toda el alma haber sido tu primer amor Candy … pero no puedo negarte que algo en mi ego masculino mi grita que prefiere mil veces ser el último … ser el hombre que estará a tu lado hasta el fin de nuestra vida y que te querrá, respetará y adorará de tal manera, que jamás te arrepentirás de haber tomado esta decisión.
Candy se llevó las manos a la boca en muda sorpresa. Los caminos de la vida ciertamente son complicados y ellos habían cruzado sus vidas en varias ocasiones, y de alguna forma eso los había marcado también de manera importante. El pasado había sido mágico, el presente se sentía maravilloso, pero escuchar esas palabras de sus labios le abría un lugar en el corazón para guardarlas siempre, para tatuarlas en su memoria y saber que la espera había valido la pena, que todo lo que había sufrido en el pasado se veía borrado al saberse amada por Albert, por ese hombre que con su sola presencia llenaba sus días, que con su abrazo la hacía olvidarse de cualquier problema, que con su amor la envolvía en un campo protector del que no saldría jamás.
-Albert ... eres el mejor hombre del mundo y de verdad aún no puedo creer que sea yo quien te tenga … que quieras estar conmigo pudiendo elegir a cualquiera.
-Candy … - quiso interrumpirla pero ella se lo impidió.
-Estos momentos y estas palabras quizá no pueda guardarlas en mi cofre de los tesoros, pero siempre … siempre estarán presentes en cada momento de mi vida, porque abres la puerta a una etapa de la que quiero recordar cada instante y no perder detalle – hizo una pausa para verlo a los ojos - Te quiero Albert Andrew, y te querré mientras viva.
Albert la rodeó con sus brazos. No podía esperar a que estuvieran juntos para siempre, a poder compartir los días y las noches … a poder llamarla suya ante el mundo, pero ella le había pedido esperar … y él la complacería.
Se separaron despacio y volvieron a besarse.
-Ya es tarde y tengo que irme …
Ambos sabían que era cierto y que la mañana les traería nuevas oportunidades para estar juntos.
-Hasta mañana …
-Hasta mañana mi preciosa …
Candy se dió la vuelta y salió silenciosa por la ventana. Ella ahora era parte de Albert, parte de su vida, era su "preciosa" y algo en su manera de decirlo le henchía el corazón de dicha y felicidad, porque estar con él era la realización del anhelo más grande de su vida.
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La mañana sorprendió a todos los habitantes de la mansión Andrew. Chelsea había intentado enterarse de la hora en que habían llegado finalmente Albert y Candy pero sin ningún éxito mas que tener unas pronunciadas ojeras y arreglado su equipaje. Su padre estaría en cualquier momento llegando a casa de los Andrew y ella tenía que estar lista.
A las 9 en punto, un coche hizo su aparición, llevando en su interior a Mark Brown.
El auto se detuvo frente a la entrada y dejó paso a un hombre entrado en años, alto y bien parecido. En el interior, Elroy Andrew esperaba de pie en el pasillo. Ella conocía la puntualidad de Mark … además de muchas otras cosas.
-Bienvenido – murmuró con una sonrisa la tía abuela cuando lo vió entrar.
El recién llegado le regresó la sonrisa y se adelantó de manera galante a besar su mano.
-Hacía tanto tiempo … me da gusto verte Elroy – le dijo observándola atentamente – Estás más llenita que la última vez que te vi.
-Y tú pareces a punto de caerte muerto – le rebatió sin pensarlo.
No pudo contestar a la tan cordial respuesta porque en ese instante hizo su aparición la niña de sus ojos.
-¡Papá! - exclamó Chelsea a la mitad de las escaleras y dándose prisa para llegar a su lado. El no sabía en ese momento hasta que punto necesitaba sus consejos y ayuda.
Lo abrazó y le sonrió con auténtica felicidad.
-¡Qué gusto que estés aquí!
-No podía estar más tiempo alejado de mi princesa … además que quería saludar a los "viejos" amigos … - completó acentuando la palabra viejos, para hacer rabiar a la tía abuela.
La aludida entornó los ojos y fingió demencia … ya después arreglaría las cosas con el bendito Mark. Por el momento tenía que ser la perfecta anfitriona y disfrutar en la medida de lo posible la alegría de saber juntos a sus sobrinos preferidos.
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Candy y Albert abandonaron sus habitaciones al escuchar voces en el piso inferior. Sabían que el padre de Chelsea había hecho su aparición y se apresuraron a bajar. Para su fortuna coincidieron en el pasillo.
-Buenos días guapísima mujer – se llenó los ojos con la mujer que lo traía loco y la tomó por la cintura para besarla, después de echar un vistazo alrededor y comprobar que no había nadie.
-Buenos días príncipe – correspondó a su saludo acariciándole la mejilla. No había nada mejor en el mundo que estar entre sus brazos y llenarse con su aroma.
-¿Lista? - preguntó.
-Al mal paso darle prisa.
Bajaron las escaleras y se dirigieron al salón de té, donde la tía Elroy tenía la costumbre de recibir a sus invitados.
Entraron después de anunciarse y Candy se quedó sorprendida al conocer al padre de Chelsea.
-¡Mark que gusto! – la voz alegre y sincera de Albert.
Se acercó a saludarlo porque la verdad era que el hombre le agradaba, independientemente de la situación que se había sucitado con su hija.
-No creo que conozcas a mi sobrina Candy – intervino la Sra. Elroy cuando hubo terminado Albert.
Candy se acercó sonriente.
-Encantado de conocerte … Candy.
-Gracias, igualmente.
Nada más alejado de la realidad sobre la imagen mental que se había hecho de Mark Brown. Era un hombre alto y extremadamente bien parecido. Su cabellera plateada le daba un aire aristocrático que le recordaba al duque de Grandchester, pero tenía mucha más edad de la que ella se habría imaginado. Parecía más el abuelo de Chelsea que su padre.
La tía Elroy se portó como la perfecta anfitriona en todo momento, pero no dejaba de dirigir algunas miradas a sus sobrinos, porque los veía comportarse como … siempre. ¿Acaso había soñado que estaban juntos? Realmente no lo creía porque tenía un par de ojeras para comprobarlo. ¿A qué venía tanta indiferencia? Más valiera que le dieran la oportunidad de estar con Candy a solas porque pensaba sonsacarle lo que pasaba a como diera lugar … ¡Nada más faltaba que se hubieran arrepentido! … ¡no! Mejor ni pensarlo … que entonces si le daba un infarto …¡ni todo lo que llevaba esperando que esos dos se decidieran!.
La mañana transcurrió agradable para todos. Mark era un hombre simplemente encantador. Tenía una simpatía y un carisma tan particular que tenía embobadas a las damas.
Albert y Mark se habían dirigido al bar, aprovechando que Chelsea se había disculpado por unos minutos.
La tía abuela aprovechó el momento para secuestrar a la rubia.
-¿Y bien?
-¿Perdón?
-No se hagan los locos … ¿qué pasa con ustedes? Yo pensé que el anuncio sería oficial cuando menos para los integrantes de esta casa.
Candy lo comprendió.
-Tía … es largo de explicar.
-Pues busca la mejor manera de resumirlo, porque de aquí no te vas hasta que me digas qué está pasando.
Candy suspiró y de la mejor y más rápida manera trato de ponerla al corriente de lo que habían hablado el día anterior.
-Candy … tenemos que hablar sobre esto después … tú y yo a solas.
Chelsea entró en ese preciso instante al salón y se dirigió directamente a donde su padre y Albert.
Elroy y Candy dejaron su conversación y se unieron al resto del grupo.
Durante el día, la tia abuela no dejó de observar a su sobrina, ni pudo evitar recordar la decisión que tomara ella muchos años atrás. Quería de alguna manera evitar que repitiera su historia, que no cometiera el mismo error que le había costado la posibilidad de ser feliz, y la había condenado a una vida en soledad. Un error que se hacía más palpable y patente con la presencia de Mark en su hogar.
Continuará …
Ya seeeee! no tengo abuela! y por poquito mas y tampoco madre! no? soy el colmo! me merezco que me pongan a hervir lentamente por tardarme tanto =( Sorry chicas! aqui podria dar la lista de cosas por las que no habia podido escribir y todas serian ciertas, pero pues al final del dia es que no lo habia hecho, ni habia tenido tiempo, y la verdad estaba medio atorada ... Al final del dia si llego Mark, pero Neal aun no aparece ... y no es porque no vaya a llegar, sino porque tengo escritas ya partes del fic, pero aun no puedo hilar de manera coherente el como integrarlas ... todo un caso para la ara;a.
Bueno, intentare subir el prox. capitulo lo mas pronto posible para compensar por mi ausencia de tantos meses, pero en serio fueron por causas importante ... lo prometo! Pero bueno, todo es cuestion de querer ... ahi esta que lo termine en menos de dos dias ... y ya me hice el firme proposito de escribiri diario ... aunque sea un poquito ... y no dejarlo abandonado por tanto tiempo ...
Ahora que ya pido perdon de rodillas y sosteniendo dos ladrillos en cada brazo, les quiero agradecer su paciencia y sus palabras! con todo mi corazoncito mis saludos y cari;os especiales para mis amigas que me dejan un review y que es por lo que me da mas remordimiento al no actualizar: Sayuri1707, Rosi White, Lis g, Mayra Exitosa, Faby Andley, Rosa Amanda, Amy Ri-So, Patty Sparda, Eydie, Gatita Andrew, Laila, Amy C.L, Wendy, Lety, Magnolia A, Usagi13chiba, Olimpia, Adicta-fics, Patty Sparda (again ;) jijijijiji!), ginaa, Dreamerburch, Abi, Patty Sparda (aaaand again ... ;)), Eydie (;) sorry!), Tatita Andrew, Brenda, KattieAndrew y Laila ...
Chicas, se los prometo que no voy a dejarlas colgadas tanto tiempo ... ya estoy escribiendo el otro capitulo y espero subirlo antes de que termine el mes ... dejen me llevo la compu a donde quiera que ande ;) o de perdido una libreta :D
Gracias por toooodo! y bueno ... hice lo mejor que pude ... a ver que resulta :D
Besosssss!
Scarleth Andrew ... por fa ... dejenme tantito a Albert para mi solita para agarrar inspirationnnnnn! jejejejejejejejeje! (pretextos siiiiii y que! jajajajajajaja!)
