CAPITULO 11 .- CTGT: A la Sombra de Los Mayores.- por Saki Hashimoto.

Varios días después, Saki estaba en su habitación, con la cabeza apoyada en su guitarra, como siempre sin sonreír, deprimida. No lograba olvidar su primera misión, sobre todo porque aparte de ser de las menores de los agentes (pero no por ello menos poderosa), era la menor de sus hermanos, y rara vez le habían asignado proteger a alguien… Sobre todo a Genzo.

Recordó el comentario que su hermano había hecho sobre su cambio de look, y en parte le pareció risible, en parte le enojaba. Sin embargo, un '¡Na!' asustó a la joven, que de inmediato se puso en guardia.
-¡Na, nana! –dijo una voz que ella conocía muy bien.
-Ah, eres tú, Misaki-chan. A la próxima no me des esos sustos, peque –dijo Saki, sacudiéndose la corta melena.
-Na, naaa, nanana.
-¿Qué dices? ¿Qué alguien me busca?
-¡Na! –afirmó la diminuta gatita blanquinegra.
-Bueno, ya voy. Mientras tanto busca a Ta-kun y dile que se bañe. Suerte, peque.
-¡Na! –y mientras la gatita salió por su puerta, la joven fue a la sala de operaciones. Al llegar, sólo se encontró con Alisse, Lou, su hermana Sylvia y Galford.
-¿Me buscan?
-No –dijo Lou.
-Ah…
-¿Qué pasa, Saki? Te noto rara –dijo Alisse, quien era su mejor amiga en el CTGT.
-Nada, Alisse. Creo que Misaki me gastó una broma.
-¿Misaki-kun?
-No seas tonta. Me refiero a Misaki, mi gata, la mensajera.
-Ah… Es que como se llama igual que Misaki-kun…
-De hecho sabes muy bien que él se llama Misaki Taro –dijo Saki, sentándose en su silla después de servirse una taza de té muy fuerte.
-Saki, ¿qué te ha dicho Lily sobre tu manía de tomar el té demasiado cargado? –dijo Sylvia severamente.
-Anda ya. No me molestes… Que si no logro dormir hoy me conviene porque tengo que estudiar mucho. Al fin y al cabo ustedes ya salieron de todo ese embrollo.

Sylvia y Galford no pudieron negarlo; a veces Saki tenía la razón.
-Pero después no te vayas a quejar, neechan –dijo Galford, que aún estaba herido.
-Sí, sí, ya, como sea –y después de terminar su taza de té cargado Saki salió con su taza del Junior de Barranquilla a dejarlo en las cocinas—todo esto sin sonreír.
-Definitivamente no la entiendo. Primero va y se corta el cabello y se hace rayitos rojos, después no sigue los consejos que le damos y ahora se porta muy lacónica –dijo Sylvia. –Aunque siempre ha sido muy seca.
-A veces es mejor no intentarlo –dijo Alisse tristemente.
-Ni que lo digas. A veces pienso que los únicos que la entienden son sus gatos –dijo Lou tristemente. –Y eso si ellos no la entienden.
-Está así desde que tuvo su verdadera primera misión protegiendo a Wakabayashi, y parece que eso le afectó.
-Pues entonces no voy a volver a asignarle una misión –dijo Galford.
-Eso no tiene nada que ver –dijo Megara entrando a la sala de operaciones. –Saki está en una gran confusión.
-¿A qué te refieres? –preguntó Alisse, desesperada.
-Bien deben saber que ella, aunque siendo de las más jóvenes por no decir la más, sólo ha estado enamorada de un solo hombre, y siente que no tiene ni la más remota oportunidad.
-Por Lily –dijo Alisse, cayendo en cuenta. –Por Lily y todas las demás que son mayores que Saki.
-Exactamente. Ella ha decidido renunciar a sus sentimientos, y no sólo por lo que dije.
-¿Ella a va renunciar a sus sentimientos por Wakabayashi sólo porque siente que no tiene chance? –preguntó Lou.
-No sólo por eso; ella renunció porque siente que Lily haría a Wakabayashi más feliz y porque siempre ha estado a la sombra de sus mayores.

Entretanto, Saki andaba por las calles de Shizuoka, visiblemente confundida. Después de haber regresado a su habitación y bañado a sus gatos (aunque ellos no querían), ella salió por la desesperación que le causaba estar dentro de la Sección X… Y el hecho de que también tenía que salir por unas partituras.
-Eterna Soledad… –cantó en voz baja, llegando a la tienda de música donde solía comprar las partituras.
-Hola, Saki –dijo el señor que atendía. Conocía bien a Saki, pues desde chica ella practicaba la viola y la guitarra.
-Hola, Shizuo-san. ¿No ha llegado el Concertino en Do Mayor de Komarovsky?
-Me temo que no. Sin embargo, han llegado unas piezas de Telemann. Si te interesan…
-No por ahora. Mi sensei me dijo que consiguiera como fuera el Concertino.
-No te culpo.
Sin embargo, un tintineo sobresaltó al señor y a la joven. Un muchacho más alto que el promedio de los japoneses que llevaba una pañoleta amarrada en la cabeza y gafas azules, aparte de un saco azul oscuro y jeans entró, buscando unas tablaturas para guitarra.
-¿Puedo ayudarle en algo?
-Esto… Necesito la tablatura de Dust In The Wind, de Kansas –la voz era muy conocida… Y Saki sabía de dónde.
-Lo lamento… No lo tengo.
-Ah, lo siento, entonces…
-Yo la tengo –dijo Saki, que disimuló lo mejor posible el hecho de que ya sabía quién era el joven.

La joven sacó la tablatura de su maletín y se la pasó al joven.
-Muchas gracias, pero… ¿No lo necesitas?
-No. Ya me aprendí la canción de memoria.
-Disculpa, ¿tú no eres esa cantante, Saki Hashimoto?
Ahí la joven se puso tan roja como los mechones teñidos de su cabellera.
-Eh, sí, lo soy.
-Wow… Mis amigos no se la van a creer. Conocer a una cantante…
-Déjalo así. Llámame Saki –y la joven salió de la tienda musical, tratando de disimular que su corazón le latía como caballo desbocado. Sin embargo, el muchacho la siguió.
-Espera… Saki…
-Eres Wakabayashi-kun, ¿verdad? No dije tu nombre en la tienda porque no quería armar un escándalo, pero eres Wakabayashi Genzo, ¿o me equivoco?
-Diste completamente en el blanco. Al principio no te reconocí, pero después me di cuenta de quién eras; sin tu traje de ninja eres casi irreconocible –respondió Genzo, quitándose la pañoleta de la cabeza y sonriendo.
-Me pasó exactamente lo mismo –dijo Saki sin sonreír.
-¿Puedo hacerte una pregunta?
-Dale.
-¿Por qué nunca sonríes? Una chica tan bonita como tú no puede andar siempre seria.
Y ahí sí la joven se concentró lo más posible para no perder el control.
-Por estar a la sombra de los demás –respondió la chica, que se deprimió aún más.

El arquero y la ninja caminaron por un parque cercano, aunque la joven no se atrevía a ver a su ídolo.
-¿Cómo es que por estar a la sombra de los demás?
-Soy la menor de mis hermanos, y siempre estuve a la sombra de ellos. Lily es la estudiosa, Galford el líder y el más atlético y Sylvia siempre es la más popular. Mis padres siempre me decían que siguiera el ejemplo de ellos, y eso me hacía sentir que yo no valía, que yo sólo era la copia de ellos.
-¿Es decir que tienes baja autoestima?
-¿Autoestima? Ni siquiera tengo. Lily me presiona para que deje de tomar té y deje de practicar artes marciales y fútbol porque no es digno de una chica, Sylvia me regaña todo el tiempo, y Galford me exige que estudie cada vez más, si es que no me asigna alguna misión, y aún así… Aún así sólo me presionan y exigen más, como si no supiera que estoy al límite de mis fuerzas –y sin más la joven rompió a llorar. Eran demasiadas cosas dentro de ella.
Genzo sintió compasión por la chica.
-Aún así, yo pienso que no debes estar a la sombra de nadie. Aún recuerdo cómo luchaste, y pienso que tus habilidades son excepcionales.
-Eso es lo único que puedo hacer. Practicar, practicar, practicar. Cuando no es la viola, son mis poderes, o mi ninjutsu. Hasta en el colegio me rechazaban… Era un video horrible.
-¿Cómo así?
-Creían que yo era rara porque puedo hablar con los gatos, y porque puedo controlar el viento como a mí se me antoje, pero además estaba otra vez el hecho de que admiraban más a mis hermanos. Y por eso he tenido que resignarme y renunciar a muchas cosas.
-Y sin embargo no pareces ser una chica que se resigna fácilmente.
-Eso es lo que tú crees –y Saki se detuvo para amarrarse sus tenis.

-Lo que dices es ridículo, Megara –dijo Lou.
-Ponte en el lugar de ella. La menor de cuatro hermanos, todos ellos exitosos, además sus padres nunca recalcan sus cualidades si no que le dicen que siga el ejemplo. Rechazada en el colegio y ahora renuncia a sus sentimientos porque está a la sombra de su hermana mayor que también ama al mismo hombre. Me sorprende que no se haya suicidado.
-¡Cuidado con lo que dices! –gritó Alisse, comenzando a enojarse.
-No, me temo que Megara tiene razón. Nunca le pusimos mucha atención a Saki cuando era pequeña. Sólo la cuidábamos porque era nuestra hermanita, pero no tuvimos en cuenta su opinión o sus sentimientos –dijo Galford, mirando sus puños cerrados.
-Y además nunca ven lo poderosa que era, y es –agregó Alisse, furiosa. –Sólo porque no ves más allá del rótulo de hermana menor no te das cuenta de los asombrosos poderes de Saki, aparte de su fuerza. Digo yo que si Lily es la estudiosa y guapa, tú el líder y el atlético y Sylvia la popular y dedicada, entonces Saki es la más seria y luchadora de ustedes.
-Alisse…
-Ustedes no la ven, pero yo he ido con ella a varios de sus conciertos, y cuando no practica su música, practica su poder de controlar el viento. Practica día y noche, y además tú la obligas a estudiar aún más, Galford. Qué ciegos son… -y para evitar decir alguna barbaridad Alisse salió de la sala de operaciones viendo un chispero.
Hubo un incómodo silencio entre todos, pues lo que había dicho la joven era muy cierto.

Entretanto, Saki y Wakabayashi aún conversaban, aunque éste último había tomado la sensata decisión de volver a colocarse la pañoleta en la cabeza.
-Wakabayashi-kun… Quiero que me hagas un favor.
-¿Qué sucede?
-Verás… Es algo que prefiero que nadie lo sepa, excepto tú, que eres el implicado en esto.
-Bueno…
-Muchas de las que estamos en esto estamos perdidas por ti, y en la vez pasada me di cuenta de que no podías quitarle los ojos de encima a mi hermana cuando terminó el partido.
-Eh, yo… ¿Tu hermana?
-Lily. Es mi hermana mayor.
-Ah… No se parecen en nada.
-Lo sé. Quiero que le digas lo que sientes. Sé que tú y ella serán mucho más felices así, porque la verdad es que están hechos el uno para el otro.
-¿Por qué dices eso? –preguntó Genzo, confundido ante la seguridad de Saki.
-Porque quiero que ella sea feliz –respondió Saki, bajando la mirada.
Sin embargo, esa respuesta no convenció a Genzo.
-Escondes algo. Anda, dímelo.
-Yo… Yo paso por exactamente lo mismo que Lily, Wakabayashi-kun… Yo también estoy perdidamente… Ya sabes. Pero sé que no tengo oportunidad de nada porque soy insignificante.
-¿Tú insignificante? Déjate de payasadas.
-No son payasadas. Aunque admito que estoy perdidamente enamorada de ti desde el primer instante en que te vi, Wakabayashi-kun, ¡decidí renunciar a mis sentimientos para que mi hermana sea feliz!

-Pero…
-Sé que suena estúpido, pero desde muy pequeña he tenido que aprender a resignarme y renunciar a muchas cosas. Me resigné a ser la menor de mis hermanos, me resigné a ser la solitaria de mi salón, incluso me resigné a que siempre que me gustaba algún chico, él siempre terminaba saliendo con Lily o con Sylvia.
-¿Y renunciar a qué…?
-He tenido que renunciar a mi felicidad porque siento que la felicidad de los demás vale más que la mía. He renunciado a la posibilidad de becas en el exterior porque era entre nosotros cuatro y no tenía oportunidad; he renunciado a ser feliz yo misma porque a pesar de todo quiero a mi hermano y hermanas, y quiero que tengan la felicidad que yo pueda darles aún a costa de mi desdicha.
-Pero, ¿y tú qué haces entonces?
-Callar y resistir. No tengo más opción.
-Eso es mentira. Tú no tienes que sacrificarte o resignarte a nada porque tus hermanos sean felices.
-Lo dices porque a ti nunca te decían que siguieras el ejemplo de tus hermanos. No sabes lo mal que me siento.
-Tienes razón. No lo sé, pero tienes que vivir, Saki. No puedes vivir sin felicidad porque no vives. Entiende… Quizás tus padres y tus hermanos no vieron más allá del hecho de que eres la menor, pero…
-Vaya, qué ternura. Ahora sí podré divertirme… -dijo una voz detrás de ellos.

-¡Alerta! ¡Lu está atacando a Wakabayashi en el parque! –exclamó Lou, haciendo que casi todos los agentes llegaran a la sala de operaciones.
-¡Tenemos que llegar ahora mismo allá! ¡Agente Flor del Sol, acuda enseguida a la escena!
-Sí, señor.
-Agentes Mística, Yun Tao y Kaze no Senshi estén alertas para ir como refuerzos.
-Jefe, la Kaze no Senshi no está –dijo Yun Tao, preocupada, pero un sonido sorprendió a todos; los gatos de Saki estaban allí.
-Ustedes… Ya saben que no pueden entrar aquí –dijo Ciel, manos en las caderas.
-¡Naaa! ¡Naa, nana, na nana, nananaaaa, na! –exclamó Ta-kun, haciendo mímica.
-Para rematar que sólo Saki los entiende –murmuró Lily entre dientes.
-Creo que dice que Saki está en peligro –dijo Alisse, que ya estaba preocupada.
-¡Na! –afirmó el gatito negro.
De inmediato Lily, Megara y Yun se alistaron para ir hacia donde estaban Genzo, Lu y Saki, sin saber lo que pasaría… Seguidas de Ta-kun.

Mientras tanto, Saki y Lu luchaban a brazo partido.
-Anda ya, niñita… Ríndete –dijo Lu, que parecía llevar la delantera. Saki no respondió mientras evitaba que su rival se llevara a Genzo.
-Sa, Saki…
-Haz todo lo que te diga. Corre hacia la tienda de música y escóndete.
-No, no puedo moverme…
-¡Escóndete ya! –y mientras Saki murmuraba aquello y Genzo corría a esconderse, Lu la golpeó en el estómago.
-Eres demasiado débil… ¡Qué vergüenza para tu familia!
-Sólo actuaba como escudo. Ahora sí… -y Saki cambió de vestimenta tan rápido como el viento que ella controlaba. –Voy a luchar con todas mis fuerzas.
Saki formó un remolino, encerrando a Lu y a sí misma dentro. De inmediato, utilizando el viento para impulsarse, la joven golpeó a su rival de una certera patada voladora. Sin embargo, ésta tenía preparada una trampa; presionó un interruptor que tenía escondido, y una explosión sacudió la tierra, causando una profunda fisura.
-¿Qué rayos…?
-Quien caiga ahí nunca saldrá… ¡Aunque más bien diría que tú caerás ahí!
-Me aseguraré de no caer –y Saki de un imponente salto se alejó de la fisura. Lu también hizo lo mismo, por lo que ambas se enzarzaron en esa pelea como perros y gatos (y ya saben quién es el gato )

Entretanto, Lily, Megara, Yun y el gato de Saki corrían hacia el parque.
-¡Na! ¡Nanana, na! –exclamó Ta-kun.
-¿Qué dijo? –preguntó Megara.
-Me parece que dijo que allá están, donde está el remolino.
-¡Na! –y Ta-kun le agradeció a Lily la traducción. Llegaron para ver que la menor de los Takeuchi luchaba con todas sus fuerzas y Lu se veía desesperada.
-¿Cómo es que esa niñita es tan poderosa…?
-¿Nunca te han enseñado que nunca debes subestimar a tus enemigos?
-Pero… Tus hermanos deberían ser más poderosos…
-Hay algo que no sabes. Lily es la estudiosa y atractiva, Galford es el líder y atleta, Sylvia la hacendosa y popular… Y yo, a pesar de vivir a la sombra de ellos, soy la más seria y luchadora –y la joven atacó con una fuerte ráfaga a Lu, que casi cayó por la fisura.
-Pero no me vencerás –y Chris atacó a Saki, agarrándola por la espalda.

-¡Saki! ¡Sal de ahí! –gritó Lily.
-No te escucha. El ruido del remolino amortigua tu voz –dijo Yun, desesperada.
Y sin embargo el remolino se disipó. Saki se había dado cuenta de que Lily, Megara, Yun y Ta-kun estaban allí.
-¡Saki! ¿Y Wakabayashi-kun?
-Está a salvo, Lily. Llévenselo de aquí.
-Pero, ¿dónde está?
-Aquí estoy –dijo el arquero, saliendo de entre unos arbustos. –Ella me dijo que me ocultara.
Sin embargo, los chillidos de Ta-kun alertaron a todos. Lu y Saki estaban al borde del abismo, pero la ninja del CTGT dio un salto hacia atrás.
-¡Toma esto! –y Saki envió un fuerte golpe de viento a Lu, que aunque estaba por caerse con un látigo que tenía atrapó a Saki por el cuello, y ambas cayeron al abismo.

-¡SAKI, NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! –exclamó Lily, acercándose al abismo.
-¡Saki!
-¡Saki!
-¡Naaaaa!
-No puede ser… Sacrificó su vida por salvarnos…
Nadie podía creer que Saki, la agente que nunca sonreía había hecho el máximo esfuerzo por salvar a su ídolo y sus amigos.
-Saki… Nunca te comprendieron bien… Nunca dijiste lo que te pasaba…
-Sólo para que ustedes fueran felices –dijo Genzo, mirando al suelo.
-¿Cómo dices?
-Ella siempre se resignaba a que lo bueno les pasara a ustedes. Siempre se resignó a ser sencillamente la hermana menor de ustedes, sin destacarse por nada.
-Y además ella renunciaba a muchas cosas porque sentía que no las merecía –agregó Megara.
-Exactamente. Renunció a su felicidad, y en cambio se sacrificaba porque ustedes fueran felices, aún a costa de su propia dicha. Por eso ella renunció a lo que sentía sólo por ti, Lily.
-¿Cómo?
-Ella me dijo que tanto ella como tú… Bueno, eso se sobreentiende, pero Saki no sólo sentía que no tenía chance, si no que además adivinó algo que me pasaba. Ella también me dijo que sólo porque tú fueras feliz era que renunciaba a sus sentimientos, que se negaba a luchar por su amor. Así de tanto te quiere.

Lily no pudo evitar llorar. Su hermana menor había desaparecido, y había tantas cosas que ignoraba de ella…
-Saki… Nunca imaginé que… -y no pudo continuar más; su voz se había quebrado.
Sin embargo, ninguno se dio cuenta de que Lu había logrado salir del abismo, y un helicóptero se acercaba.
Pero Ta-kun sí; a ese gato no se le escapa detalle alguno. Saltó y mordió a Lu en la nariz, haciendo que ésta gritara y los demás voltearan.
-¡Lu! –y Lily intentó atacar, pero Genzo la detuvo.
-¡Les aseguro que esta no será la última vez que me vean! –y con una risotada final se fue.
-¿Cómo es que logró salir? Ese abismo no tiene final.
-No tengo idea –dijo Megara, que a pesar de sus poderes no lograba saber qué había pasado con Saki.
Todos regresaron a la Sección X, muy tristes. Cuando llegaron, los demás estuvieron a punto de celebrar la victoria, pero al ver la tristeza de los recién llegados, se abstuvieron.
-¿Y Saki? –preguntó Alisse.
-Ella… Desapareció.
-¿Cómo que desapareció? Es una ninja… Así que explíquense bien -dijo MasterNando, que era paisano de Saki.
-Desapareció de verdad. Por salvar a Wakabayashi-kun se sacrificó, y, y… -y Lily no pudo continuar.
-No, no puede ser cierto lo que dices, Lily… Saki no puede haber desaparecido –dijo Galford, sin dar crédito a sus oídos.

-Me temo que así es. Sin embargo, nunca olvidaremos lo que hizo. Sacrificó su vida por nosotros –dijo Yun.
-Aparte de que en vida sacrificó tantas otras cosas –dijo Genzo en un murmullo. Le dolía saber que Saki ya no estaba, no porque le gustara, si no porque le había cogido simpatía como amiga a pesar de ser demasiado seria.
-Y nosotros que nunca la apreciamos tal cual era…
-Ya lo hecho, hecho está. No podremos olvidar lo que hizo por nosotros –dijo Galford finalmente.
En esas llegó Anaid, que no había salido de su habitación por estar bastante deprimida desde su secuestro y se extrañó al ver a todos lamentando algo.
-¿Me perdí de algo?
-Anaid… Hemos perdido a una agente.
-¿Cómo es eso?
-Mira a ver quién falta –dijo Alisse, llorando.
La joven escudriñó el lugar con la mirada, y veía que faltaba la mata de cabello castaño con rayitos rojos.
-No, no Saki… Saki… -y Anaid se echó a llorar. –No puede ser que…
-Así es. Saki se sacrificó por nosotros.
-Megara, ¿puedes intentar contactarte con Saki?
-¿Cómo?
-Como en el espiritismo.
-No sé si lo logre… -y Megara se concentró lo más que pudo, sin resultado alguno.

-No puedo. No logro contactar al espíritu de Saki.
-¿Y eso qué significa? –preguntó Ciel.
-Una de tres opciones. Uno: murió sin cumplir con algo y es un fantasma. Dos: cayó en un agujero interdimensional cuado se fue por el abismo, y así es imposible… O tres: aún está viva.
-Espero que sea la tercera opción –dijo Alisse, cruzando los dedos.
-¿Quién sabe, Alisse? Nadie sabe qué puede haber pasado.
Aunque todos lloraban la desaparición de Saki, había un diminuto rayo de esperanza. Aún podía estar viva.
"Saki, te juro que si llegas a estar viva, nunca más dudaré de ti. Algo me dice que no puedes haber muerto, pero nadie lo sabe. Cada vez que luche, sabré que estás a mi lado, porque eres mi hermanita menor, aquella que sin que nosotros supiéramos se había vuelto la más fuerte, aquella que controlaba el viento. Y si llegaras a estar muerta, te juro que Franco y sus secuaces lo pagarán muy caro. Porque esto no es cuestión sólo del CTGT, si no de familia, porque se acaban de meter con los hermanos equivocados. ¡Lo juro!" –pensó Galford, su cara llena de tristeza… y furia.

Sin embargo, aún había un rayo de esperanza… ¿Pero existirá ese rayo?

Continuará…