Capturamos una bandera

-Eso es todo… (Murmuro Hefesto)

-Yo sigo… (Pidió Piper) Capturamos una bandera… eso suena prometedor… (Dijo con una sonrisa)

Los siguientes días me acostumbré a una rutina que casi parecía normal, si exceptuamos el hecho de que me daban clase sátiros, ninfas y un centauro. Ha y claro ahora tenía un novio al cual debía dedicarle tiempo también, Luke.

Cada mañana recibía clases de griego clásico de Annabeth, y hablábamos de los dioses y diosas en presente, lo que resultaba bastante raro.

-¿Raro? (Cuestionó Afrodita indignada) Lo raro sería que no lo hicieran.

Persi mayor solo rodo sus ojos.

Descubrí que Annabeth tenía razón.

-¿Cuándo no? (Murmuro Annabeth mirando a Persi mayor, amaba a su Persi, pero la otra tenía algo que la atraía)

La azabache más joven sonrió y apretó el agarre en la cintura, solo ella la había oído.

Con mi dislexia: el griego clásico no me resultaba tan difícil de leer. Al menos no más que el inglés. Tras un par de mañanas, podía leer sin interrupciones unas cuantas frases de Homero sin que me diera demasiado dolor de cabeza.

El resto del día probaba todas las actividades al aire libre, buscando algo en lo que fuera buena. Quirón intentó enseñarme tiro con arco, pero pronto descubrimos que no era ningún as con las flechas. No se quejó, ni siquiera cuando tuvo que desenmarañarse una flecha perdida de la cola.

Artemis frunció el ceño… "¿Su esposa no sabe tiro con arco? ¿Cómo es posible?" la miro y esta estaba haciendo cosquillas a Teseo. P, entonces sonrió, no importa lo compensa con otras cosas muy bien.

Hera al escuchar solo tuvo que preguntar. -¿Dónde estabas parado?

Quirón y las Persi´s bajaron la cabeza, pero el centauro contesto. – Detrás de ella…

Y con eso dicho la sala estallo en risas, haciendo sonrojar a las hijas de Poseidón.

¿Carreras? Tampoco. Las instructoras, unas ninfas del bosque, me hacían morder el polvo. Me dijeron que no me preocupara, que ellas tenían siglos de práctica de tanto huir de dioses enamorados. Pero, aun así, era un poco humillante ser más lento que un árbol.

-Ni que lo digas… (Exclamo Leo)

-Lo más humillante… (Murmuro Travis)

-Y muchísimo más, si hiciste una apuesta vergonzosa con ellas… (Continuo Connor)

-Sin comentarios… (Se apresuró a decir Travis cuando iban a preguntar o decir de lo ocurrido)

¿Y la lucha libre? Olvídalo. Cada vez que me acercaba a la colchoneta, Claris me daba para el pelo. «Tengo más de esto, si quieres otra ración, princesita», me murmuraba al oído.

En lo único en que sobresalía era la canoa.

-Como que nos dio muchas señales… solo que no las supimos interpretar… (Murmuro Katie)

Que desde luego no era la clase de habilidad heroica que la gente esperaba descubrir en la chica que había derrotado al Minotauro.

Sabía que los campistas mayores y los consejeros me observaban, intentaban decidir quién era mi padre, pero no les estaba resultando fácil. Yo no era fuerte como los hijos de Ares, ni tan buena en el arco como los de Apolo. No tenía la habilidad con el metal de Hefesto, ni no lo permitieran los dioses, la habilidad de Dionisio con las vides.

-Lo mismo digo… (Espeto el dios)

Luke me dijo que tal vez fuera hija de Apolo, que mis talentos tal vez sean más hacia la adivinación y curación, que lo intentara. Pero tuve la impresión de que sólo intentaba hacer que me sintiera mejor. Él tampoco sabía a quién adjudicarme.

-Ojala y fueras mi hija… (Exclamo Apolo)

-Yo no lo creo… (Murmuro Artemis) yo no quiero que seas mi sobrina… seria bruto… (Se estremeció)

Persi rio junto con todos sus hijos… -Tranquila amor… él no es mi padre… (Le susurró al oído, volviendo a hacerlo estremecer)

Volvió a reír alejándose.

A pesar de todo, me gustaba el campamento.

Pronto me acostumbré a la neblina matutina sobre la playa, al aroma de los campos de fresas por la tarde, incluso a los sonidos raros de los monstruos de los bosques por la noche.

-Cada vez me caes mejor… (Le confeso Deméter a las Persi´s)

Estas le sonrieron.

Cenaba con los de la cabaña 11, echaba parte de mi comida al fuego e intentaba sentir algún tipo de conexión con mi padre real. No percibí nada, sólo el sentimiento cálido que siempre había tenido, como el recuerdo de su sonrisa. Intentaba no pensar demasiado en mamá, pero seguía repitiéndome:

«Si los dioses y los monstruos son reales, si todas estas historias mágicas son posibles, seguro que hay manera de salvarla, de devolverla a la vida…»

-No pienses en eso… (Gimió Hades) eso no traerá nada bueno… para nadie…

Ambas azabaches se encogieron de hombros, como si no importara, el dios de los muertos rodo sus ojos.

Empecé a entender la amargura de Luke.

Todos los semidioses miraron seriamente a la Persi más joven, haciéndola sonrojar… la otra rodo sus ojos y exclamo. – Déjenla en paz… la miran como si hubiese pateado a su perro. (Hablo con sarcasmo)

Todos se sonrojaron y mirando a otro lado… -Eso pensé… (Murmuro la ojiverde mayor)

Y cuánto parecía molestarle su padre, Hermes. Sí, de acuerdo, a lo mejor los dioses tenían cosas importantes que hacer.

Todos los dioses asintieron, los semidioses rodaron sus ojos…

Pero ¿no podían llamar de vez en cuando, o tronar, o algo por el estilo? Dionisio podía hacer aparecer de la nada una Coca—Cola light. ¿Por qué no podía mi padre, o quien fuera, hacer aparecer un teléfono?

Los doses se sonrojaron… Zeus murmuro un "Las leyes no lo permiten" bajo su aliento…

El martes por la tarde, tres días después de mí llegada al Campamento Mestizo, tuve mi primera lección de combate con espada. Todos los de la cabaña 11 se reunieron en el enorme ruedo donde Luke nos instruiría.

El traía unas bermudas de jean ajustados que le quedaban muy bien y marcaban su trasero… no llevaba camiseta… estaba bronceado y muy tonificado, con un paquete de seis abs… ni hablar de que estaba sudado y eso lo hacía más caliente… a mí se me caía la baba.

Annabeth y Artemis gruñeron… pero no podían decir nada, aun no estaban con Persi en ese entonces, ella era soltera, podía hacer lo que quisiera.

Luke sonrió satisfecho y le guiño un ojo a Persi mayor, esta correspondió con uno de su propia juguetonamente, después de todo Lucas era y siempre será su mejor amigo, no importa lo que haya hecho…

Si solo ella supiera lo que él quería lograr…

Me vio llegar y se acercó, me tomo de la cintura y me beso apasionadamente, correspondí su beso, los demás comenzaron a silbar, Lucas se separó de mi a regañadientes, gruñendo y los miro mal, todos callaron.

Empezamos con los tajos y las estocadas básicas, practicando con muñecos de paja con armadura griega. Supongo que no lo hice mal. Por lo menos, entendí lo que se suponía que debía hacer y mis reflejos eran buenos. Eso dijo Luke…

-Siempre fuiste la mejor bebe… (Le dijo coquetamente Lucas)

Luke. T gruño y miro mal a su tocayo… Annabeth y Artemis no fueron la excepción…

Persi. M (Mayor) solo rio divertida…

El problema era que no encontraba una espada que me fuera bien. O eran muy pesadas o demasiado ligeras o demasiado largas. Luke intentó todo lo que estuvo en su mano para conformarme, pero coincidió en que ninguna de las armas de prácticas parecía servirme.

Después empezamos a enfrentarnos en parejas. Luke anunció que sería mi compañero, dado que era la primera vez. Y que no quería a ninguna de sus hermanos cerca de mí… Por alguna razón Hermes no tenía casi niñas…

Todos miraron interrogante al dios, este se encogió de hombros. – No sé porque… solo me salen niños… por eso cuando tengo una hija hago una fiesta… (Informo alegremente)

-Buena suerte (Me deseó uno de los campistas) Luke es el mejor espadachín de los últimos trescientos años.

-Lo era… (Dijeron Sophia, Luke. T y Teseo. P con orgullo) ahora lo es mamá…

-Eso es cierto… (Estuvo de acuerdo Lucas) ella es la mejor…

-Ya Luke… (Se sonrojo Persi M)

-Está bien… Está bien… (Estuvo de acuerdo sonriéndole de lado)

-A lo mejor afloja un poco conmigo (Dije no muy segura)

-No le hagas caso… jamás te haría daño princesa… (Me informo Lucas besándome) Pero tengo que enseñarte bien para que ningún monstruo pueda lastimarte… (Me explico, asentí entendía que debía saber defenderme)

El campista bufó.

Luke me enseñó los ataques, las paradas y los bloqueos de escudo a la manera dura. Con cada golpe, acababa un poco más machacada y magullada.

-Mantén la guardia alta, Persi (Decía, y me asestaba un cintarazo en las costillas) ¡No, no tan alta! … ¡Zaca! ... ¡Ataca! … ¡Zaca! ... ¡Ahora retrocede! … ¡Zaca!

-Amo las onomatopeyas (Murmuro Piper interrumpiéndose)

Jasón beso su cabello.

-¿No estabas siendo demasiado brusco? (Espeto Hera con enfado al semidiós de Hermes, por dañar a su hija)

-Con todo respeto… no podía ser suave… un monstruo no lo seria con ella… (Explico Lucas)

Hera asintió a regañadientes ante la lógica.

Cuando paramos para el descanso chorreaba sudor.

-Mmm (Gimió Afrodita) solo de imaginarte…

-Hay niños… (Exclamo Persi M tapando los oídos de Teseo. P)

-Lo siento… (Dijo la diosa del amor, no sonando lo siento en absoluto)

La azabache solo negó con la cabeza…

Todo el mundo se apiñó junto al refrigerador de bebidas. Luke se echó agua helada sobre la cabeza, mire por un momento esa imagen, luego lo imité ya que me pareció tan buena idea. Al instante me sentí mejor.

Poseidón, Teseo y hasta Orión, que aún no estaba muy contento con la relación de su hermana y Artemis, sonrieron.

Mis brazos recuperaron fuerzas. La espada no me parecía tan extraña.

-¡Vale, todo el mundo en círculo, arriba! (Ordenó mi chico) Si a Persi no le importa, quiero haceros una pequeña demostración. (Me guiño un ojo, pero yo hice una mueca)

«Esta bien (Pensé) vamos a ver cómo humillan a Persi.»

Lucas hiso una mueca no había pensado que así lo tomaría.

Los chicos de Hermes se reunieron alrededor de mí. Se aguantaban las risitas. Supuse que antes habían estado en mi lugar y se morían de impaciencia por verme hacer el ridículo. Le dijo a todo el mundo que iba a hacerles una demostración de una técnica de desarme: cómo girar el arma enemiga asestándole un golpe con la espada de plano para que no tuviera más opción que soltarla.

-JA… si como si pudiera siquiera intentarlo… (Se burló Ares) ni a mí me salió a la primera…

-Hagamos una apuesta… (Ofreció Apolo desafiante) si lo hace en su primer intento Dita te vestirá como mujer y te quedaras así hasta que termine el primer libro. Si no lo hace lo hare yo… (Lo miro) ¿Aceptas?

Las Persi´s fingieron nerviosismo cuando Ares las miro, este sonrió…

-Está bien… (Acepto rápidamente el dios de la guerra)

Claris solo suspiro… esto sería humillante para su padre.

-Esto es difícil (Remarcó) A mí me lo han hecho. No se rían de Persi. La mayoría de los guerreros trabajan años antes de dominar esta técnica.

Hizo una demostración del movimiento a cámara lenta. Desde luego, la espada cayó de mi mano con bastante estrépito.

-JA… cumple… (Se burló el dios de la guerra)

Apolo negó. – Esa fue la demostración… yo aposte por la de en tiempo real… (Aclaro el dios del sol)

-Podrías ahorra tiempo… es obvio que no podrá hacerlo… (Murmuro Ares)

Apolo se encogió de hombros.

-Ahora en tiempo real (Dijo en cuanto hube recuperado el arma) Atacamos y paramos hasta que uno le quite el arma al otro. ¿Lista, Persi?

Asentí, y Luke vino por mí. De algún modo conseguí evitar que le diera a la empuñadura de mi espada. Mis sentidos estaban alerta. Veía venir sus ataques. Conté. Di un paso adelante e intenté imitar la técnica. Luke la desvió con facilidad, pero detecté el cambio en su cara. Aguzó la mirada y empezó a presionar con más fuerza.

-Lo estaba haciendo muy bien… para su primera vez… y yo no estaba siendo suave… le di con todo lo que tenía… (Informo Lucas con orgullo)

Me pesaba la espada. No estaba bien equilibrada. Sólo era cuestión de segundos que Luke me derrotara, así que me dije: «¡Qué demonios, al menos inténtalo!»

-El lenguaje… (Regañaron Hera y Hestia)

-No lo dije solo lo pensé… no cuenta… (Se defendieron las Persi´s al unísono, luego se sonrieron)

Intenté la maniobra de desarme. Mi hoja dio en la base de la de Luke y la giré, lanzando todo mi peso en una estocada hacia delante. La espada de Luke repiqueteó en las piedras. La punta de mi espada estaba a tres dedos de su pecho indefenso.

Ares estaba con la boca abierta… no lo podía creer…

-JA… (Gritó Apolo poniéndose de pie y aplaudiendo) Dita harías el honor (Hablo haciendo una reverencia a la diosa del amor)

-Con mucho gusto… (Chasqueo los dedos y un vestido blanco con flores rojas y negras apareció en el cuerpo del dios de la guerra… junto con un sombre de ala ancha negro, unos tacones de aguja negros, accesorios coloridos en muñecas y cuello y claro el maquillaje… tenía sus ojos delineados y los labios con un labial rojo pasión, sus pestañas bien arqueadas… estaba hecho toda una mujer)

Todos los hombre, menos Zeus, Dionisio y Heracles aullaron como lobos… Ares estaba morado del coraje…

-Continua… (Pidió el rey de los dioses a Piper, esta asintió)

Los demás campistas quedaron en silencio.

Bajé la espada.

-Lo siento… Perdona.

-Porque se disculpan por todo… (Exclamo Thalía indignada a sus primas)

-Lo siento… (Dijeron estas al unísono nuevamente bajando las cabezas)

Thalía y Nico bufaron…

Por un momento Luke se quedó demasiado aturdido para hablar.

-¿Perdona? (Su rostro marcado se ensanchó en una sonrisa y me tomo por la cintura acercando me a él, luego me beso profundamente) Por los dioses, Persi, ¿por qué lo sientes? ¡Vuelve a enseñarme eso!

No quería. El breve ataque de energía frenética me había abandonado por completo. Pero Luke insistió. No pude negarme a su carita de cachorro.

Esta vez no hubo competición. En cuanto nuestras espadas entraron en contacto, Luke golpeó mi empuñadura y mi arma acabó en el suelo.

-No podías hacer eso antes… (Reclamo el dios de la guerra a Lucas)

Luke rodo los ojos… -Solo pude porque estaba cansada, sino no le hubiera ganado… (Le contesto el ojiazul cortante)

Tras una larga pausa, alguien del público preguntó:

-¿La suerte del principiante?

-Fui yo lo siento… (Admitió Connor)

Persi J (Joven) solo asintió.

Luke se secó el sudor de la frente. Me observó con un interés absolutamente renovado. Beso mi frente aun sosteniendo mi cintura, yo con mi mano en su pecho fuerte.

-Puede (Dijo como si pensara en voz alta) Pero me gustaría saber qué es capaz de hacer Persi con una espada bien equilibrada… (Murmuro mirándome fijamente, le sonreí)

El viernes por la tarde estaba con Grover a orillas del lago, descansando de una experiencia cercana a la muerte en el rocódromo. Grover había subido a la cima a saltos como una cabra montesa, pero la lava por poco acaba conmigo. Mi camisa tenía agujeros humeantes y se me había chamuscado el vello de los antebrazos.

-Definitivamente necesitamos uno de esos… (Hablo Reyna con firmeza)

Persi (J) asintió en acuerdo y miro a Leo, este levanto su pulgar sonriendo a la ojiverde, Hazel y Franck tragaron grueso.

Estábamos sentados en el embarcadero, observando a las náyades tejer cestería subacuática, como cada vez que venía me guiñaron un ojo, solo les sonreí.

Reuní el valor para preguntarle a Grover cómo le había ido con el señor D.

Se le puso la cara algo amarilla y dijo:

-Guay. Genial.

-¿Así que tu carrera sigue en pie?

Me miró algo nervioso.

-¿Te ha dicho Quirón que quiero una licencia de buscador?

-Que chismoso Quirón… (Se burló el dios de los ladrones)

El viejo centauro solo frunció el ceño…

-Bueno… no. (No tenía idea de qué era una licencia de buscador, pero no parecía el mejor momento para preguntar) Sólo dijo que tenías grandes planes, ya sabes… y que necesitabas ganarte la reputación de terminar un encargo de guardián. ¿La conseguiste?

Hermes sonrió tímidamente a Quirón dándole una mirada de disculpa… todo fingido por supuesto… el entrenador de héroes solo rodo los ojos.

Grover miró hacia abajo, a las náyades.

-El señor D ha suspendido la valoración. Dice que no he fracasado ni logrado nada aún contigo, así que nuestros destinos siguen unidos. Si te dieran una misión y yo te acompañara para protegerte, y los dos regresáramos vivos, puede que considerara terminado mi trabajo.

Me animé.

-Bueno, ¿no está tan mal, no?

-¡Beee—ee! Habría sido mejor que me trasladara a limpieza de establos.

-Me encanta que seas tan positivo Grover… (Dijo con Sarcasmo Nico)

-Te has juntado demasiado con Persi, Nico… (Dijo con horror Grover) no puedes decir más de dos palabras sin sarcasmo… tú no eras así… (Dijo señalándolo)

Nico solo sonrió, para él era un orgullo parecerse a su prima… ella era su heroína después de todo… Grover negó con la cabeza sonriendo.

-Las oportunidades de que te den una misión… Además, aunque te la dieran, ¿por qué ibas a quererme a tu lado?

-Por claro que ella te querría a su lado… (Exclamo Thalía dándole un zape al mitad cabra)

-¡Pues claro que te querría a mi lado! (Exclame dándole un zape)

Thalía miro entre ambas Persi´s horrorizada… -¿Qué me han hecho? (Pidió con fingido terror)

Ellas solo rodaron los ojos…

Alicaído, Grover observó el agua.

-Cestería… Tiene que ser estupendo tener una habilidad que sirva para algo.

-Wow Grover (Dijo Hermes con desaliento) quiero eso si me llego al corazón… justo aquí (señalo su corazón, lo miro serio por unos momentos, toda la sala miraba extrañado al dios, hasta que este no aguanto y solo una risotada)

Todos rodaron los ojos ante las payasadas del dios más inmaduro… aunque sonreían…

Intenté animarlo, asegurándole que poseía muchísimos talentos, pero eso sólo lo puso más triste. Hablamos un rato de canoas y espadas, después debatimos los pros y contras de los distintos dioses.

Los dioses pusieron más atención al libro esperando…

Al final, acabé preguntándole por las cabañas vacías.

-¿Y los pro y contras? (Pidió Apolo, que fue el único en animarse a preguntar)

-Las Parcas los deben haber cortado… (Dijo Persi (M) sin interés)

-La número ocho, la de plata, es de Artemisa ( Dijo como voz de ensueño, suspirando, hasta una estúpida sonrisa se había formado en sus labios)

-Sátiros (Murmuro la ojiplata bajo su aliento)

Persi (M) solo le sonrió cariñosamente. -¿Debo preocuparme? (Le susurro en broma)

Artemis la miro por un momento fijamente a los ojos, luego una expresión diabólica se apodero de su rostro perfecto, sonrió con complicidad. – ¿Si lo dices por esta noche? Si yo que tú me preocuparía de poder caminar mañana… (Le susurro para ella escuchar, la azabache trago audiblemente y le regalo una sonrisa nerviosa)

-Amor… (Quiso hablar pero la diosa ya no le prestaba atención)

-Juró mantenerse siempre doncella. Así pues, nada de niños.

-¿Y nosotros que tío G? (Gritó Zoe. S con fingida indignación)

Grover solo se sonrojo.

-La cabaña es, ya sabes… honoraria. (Continúo mirando la cabaña con mucha concentración) Si no tuviera una se enfadaría.

-Eso no es cierto sátiro… yo no me enfadaría… (Hablo duramente la diosa, todos la miraron, está se sonrojo) bien si… tal vez un poco… además mis cazadoras y ahora mis hijos si quieren tienen donde quedarse… la necesito… (Admitió tímidamente)

Asentí aun no me acostumbraba a esto, me puse a pensar y recordé que esa diosa, los mitos dicen siempre viaja con su caza… se quedaran ellas allí… no me queda con la duda y pregunte…

-Artemis… (Comencé lentamente) ¿Ella tiene un grupo de niñas? (Cuestione) ¿Las cazadoras? (Aclare)

Grover asintió. – Si ellas utilizan esa cabaña cuando vienen… que ocurre muy pocas veces… (Me informo, asentí)

-Ya. Pero ¿y las otras tres, las del fondo? ¿Son ésas los Tres Grandes?

Grover se puso en tensión. Era un tema delicado.

-No. Una de ellas, la número dos, es de Hera, otra de las honorarias (Dijo con respeto) Es la diosa del matrimonio, así que por supuesto no va por ahí teniendo romances con mortales. Esa es tarea de su marido.

Zeus miro a Grover levantando una ceja… este no sabía dónde esconderse, opto por hacerlo tras su mejor amiga…

-¿Utilizan mi cabaña? (Cuestiono la diosa a sus nietos)

Sophia levanto tímidamente la mano… Hera le sonrió…

-Cuando decimos los Tres Grandes nos referimos a los tres hermanos poderosos, los hijos de Cronos. (Me explico)

-Zeus, Poseidón y Hades. (Afirme mirando a la nada)

-Exacto. Veo que estás al tanto. Tras la gran batalla contra los titanes, le quitaron el mundo a su padre y se echaron a suertes a quién le tocaba cada cosa.

Gire mi cara bruscamente y lo mire frunciendo el ceño…

-A Zeus le tocó el cielo, a Poseidón el mar y a Hades el inframundo (Dije con disgusto por los mitos donde Zeus y Poseidón engañaron a su hermano y lo expulsaron del Olimpo)

Hades miro a ambas Persi´s con una extraña expresión… entre agradecimiento y cariño… Estas le sonrieron…

-Aja. (Asintió distraídamente… sin notar mi tono)

-¿Pero Hades no tiene cabaña? (Cuestione deseando que los mitos sean mentira)

Hades solo sonreía tristemente, al igual que Nico…

-No, y tampoco trono en el Olimpo. Digamos que se dedica a sus cosas en el inframundo. Si tuviera una cabaña aquí… (Grover se estremeció) Bueno, no sería agradable. Dejémoslo así.

Nico miro al sátiro duramente…

-Lo siento Nico… (Pidió tristemente)

El hijo de Hades suspiro y asintió… Persi (J) paso un brazo sobre sus hombros, cuando volteo a verla está le sonrió cálidamente, no pudo evitar devolver el gesto…

-No deberías decir eso… (Le espete con voz dura, el trago audiblemente y asintió) Pero Zeus y Poseidón… Los dos tenían infinidad de hijos en los mitos. ¿Por qué están vacías sus cabañas? (Cuestione jugando con los mechones de pasto que iba arrancando)

Grover movió las pezuñas, incómodo.

-Hace unos sesenta años, tras la Segunda Guerra Mundial, los Tres Grandes se pusieron de acuerdo para no engendrar más héroes. Los niños eran demasiado poderosos. Influían bastante en el curso de los acontecimientos de la humanidad y causaban mucho derramamiento de sangre. (Por alguna razón me estremecí al oírlo) La Segunda Guerra Mundial fue básicamente una lucha entre los hijos de Zeus y Poseidón por un lado, y los de Hades por el otro. El lado ganador, Zeus y Poseidón, obligó a Hades a hacer un juramento con ellos: no más líos con mortales. Todos juraron sobre el río Estige.

-Creo que no es una novedad para nadie que el tío H haya sido el único en cumplirlo… (Hablo Persi (M) rodando los ojos)

Todos menos Zeus y Poseidón asintieron en acuerdo… los dos dioses mayores se sonrojaron al sentirse observados atentamente.

El trueno bramó.

-Ese es el juramento más serio que puede hacerse (Dije con una ceja levantada, Grover se sonrojo levemente ante esta acción… lo mire raro)

Los semidioses miraron al sátiro con un rostro de duda, Grover tomo aire y respondió, sacando valor de quien sabe dónde. –En un momento creí que me gustaba… (Negó con la cabeza riendo) pero no era solo amistad…

-¿Y los hermanos mantuvieron su palabra? (Cuestione aunque ya creía saber la respuesta)

La expresión de Grover se enturbió.

Rodé los ojos sabía lo que venía…

-Hace diecisiete años, Zeus se cayó del tren (Hice una mueca) Había una estrella de televisión con un peinado de los ochenta… En fin, no se pudo resistir. Cuando nació su hija, una niña llamada Thalía… Bueno, el río Estige se toma en serio las promesas. Zeus se libró fácilmente porque es inmortal, pero condujo a su hija a un destino terrible.

Thalía miro a su padre esperando ver por lo menos una mira de disculpa, pero este parecía haber encontrado las correas de sus sandalias muy entretenidas, la hija del rey suspiro…

-¡Pero eso no es justo! ¡No fue culpa de la niña! (Exclame indignada poniéndome de pie, Grover me volvió a sentar bruscamente)

Mi sátiro amigo vaciló.

-Persi, los hijos de los Tres Grandes tienen mayores poderes que el resto de los mestizos. Tienen un aura muy poderosa, un aroma que atrae a los monstruos. Cuando Hades se enteró de lo de la niña, no le hizo ninguna gracia que Zeus hubiera roto el juramento. Hades liberó a los peores monstruos del Tártaro para torturar a Thalía.

Hice una mueca… ya no me parecía tan agradable defender al dios de los muertos… después de todo si podía hacerle eso a su sobrina… negué con la cabeza y suspire… jamás entendería a los dioses.

Hades hizo una mueca de tristeza…

-Se le asignó un sátiro como guardián cuando tenía doce años, pero no había nada que pudiera hacer. (Grover continúo cortando mis pensamientos) Intentó escoltarla hasta aquí con otro par de mestizos de los que se había hecho amiga. Casi lo consiguieron. Llegaron hasta la cima de la colina. (Señaló al otro lado del valle, el pino junto al que yo había luchado con el Minotauro) Los perseguían las tres Benévolas, junto a una horda de perros del infierno. Estaban a punto de echárseles encima cuando Thalía le dijo a su sátiro que llevara a los otros dos mestizos a lugar seguro mientras ella contenía a los monstruos. Estaba herida y cansada, y no quería vivir como un animal perseguido. (Una lagrima rodo por la mejilla de Grover, no pude evitar soltar alguna y sentir un nudo en la garganta) El sátiro no quería dejarla, pero Thalía no cambió de idea, y él debía proteger a los otros. (Su voz se quebró) Así que se enfrentó a su última batalla sola, en la cumbre de la colina. (Irguió su espalda con orgullo) Mientras moría, Zeus se compadeció de ella. La convirtió en aquel árbol. Su espíritu ayuda a proteger las lindes del valle. Por eso la colina se llama Mestiza.

Miré el pino en la distancia. Pude compartir el orgullo de Grover por el valor de Thalía, después de todo este ahora era mi hogar y ella lo protegía. Pero la historia me dejó vacía, y también me hizo sentir culpable. Una chica de mi edad se había sacrificado para salvar a sus amigos. Se había enfrentado a todo un ejército de monstruos. Al lado de eso, mi victoria sobre el Minotauro no parecía gran cosa. Me pregunté si de haber actuado de manera diferente, habría podido salvar a mi madre.

La hija de Zeus aprovecho la cercanía con su prima y la golpeo con un leve rayo, que también afecto a Annabeth que estaba en su regazo, ambas saltaron y saltaron un gritó… para luego fulminar a Thalía con la mirada. Esta rio burlonamente.

-Grover (Le dije) ¿hay algún héroe que haya cumplido misiones en el inframundo?

-Algunos (Respondió distraídamente) Orfeo, Hércules, Houdini.

-Y… ¿han traído de vuelta a alguien de entre los muertos? (Cuestione lo más indiferente que pude, pero no funciono)

-No. Nunca. Orfeo casi lo consiguió… (Se cortó abruptamente y me miro entrecerrando los ojos en mí) Persi, ¿no estarás pensando seriamente en…?

-No (Mentí interrumpiéndolo) Sólo me lo preguntaba. (Cambié de tema) Así que ¿siempre hay un sátiro asignado para velar por un semidiós?

Grover me estudió con recelo, poco convencido de que hubiese abandonado la idea del inframundo.

-Y tenía razón no lo habías hecho… (La señalo acusadoramente)

Las Persi´s se encogieron de hombros. –Era mamá (Dijeron al unísono como si lo explicara todo)

-No siempre. (Hablo después de unos minutos) Acudimos en secreto a muchas escuelas. Intentamos detectar los mestizos con potencial para ser grandes héroes. Si encontramos alguno con un aura muy poderosa, como un hijo de los Tres Grandes, alertamos a Quirón. Éste intenta vigilarlos, porque podrían causar problemas realmente graves.

-Y tú me encontraste. ¿Quirón dice que crees que yo podría ser alguien especial? (Pregunte con una ceja alzada)

Grover hizo una mueca.

-Yo no… (Se defendió) Oye, no pienses en eso. Aunque lo fueras, ya sabes a qué me refiero, jamás te asignarían una misión, y yo nunca obtendré mi licencia. (Continuo ablando rápidamente) Probablemente eres hija de Hermes.

Arrugue la nariz con desagrado… no podía ser hija de Hermes eso significaría ser medio hermana de Luke… Ugh incesto…

Lucas también hizo una mueca…

-O puede que incluso de uno de los menores, como Némesis, la divinidad de la venganza.

-¿Acabas de decir que Némesis es un hombre? (Cuestiono Artemisa con disgusto)

Grover se sonrojo…

-No te preocupes, ¿vale? (concluyo, con lo que creo era una forma de querer hacerme sentir mejor)

Me pareció que lo decía más por confortarse a sí mismo que a mí.

Esa noche, después de la cena hubo más ajetreo que de costumbre. Por fin había llegado el momento de capturar la bandera. Cuando retiraron los platos, la caracola sonó y todos nos pusimos en pie.

Los campistas gritaron y vitorearon cuando Annabeth y dos de sus hermanos entraron en el pabellón portando un estandarte de seda. Medía unos tres metros de largo, era de un gris reluciente y tenía pintada una lechuza encima de un olivo.

La diosa de la sabiduría sonrió a su hija con orgullo.

Por el lado contrario del pabellón, Claris y sus colegas entraron con otro estandarte, de tamaño idéntico pero rojo fuego, pintado con una lanza ensangrentada y una cabeza de jabalí.

Ares solo asintió a su hija… está correspondió el gesto.

Me volví hacia Luke, que ya me miraba, se acercó y me beso dulcemente…

-¿Esas son las banderas? (Cuestione rozando sus labios)

-Sí. (Contesto dejando otro beso en mis labios, me separe)

-¿Ares y Atenea dirigen siempre los equipos?

-No siempre (Repuso con una mueca) pero sí a menudo.

-Así que si otra cabaña captura una, ¿qué hacen? ¿Rehacen la bandera? (Pregunte con interés)

Sonrió, pasando su brazo por mi cintura.

-Ya lo verás. Primero tenemos que conseguir una. (Besó mi cien)

-¿De qué lado estamos? (Cuestione… aunque Annabeth me pregunto no sabía que quería Lucas y él es el líder)

Me lanzó una mirada ladina, como si supiera algo que yo ignoraba. La cicatriz en su rostro le hacía parecer casi malo a la luz de las antorchas. No sé porque pero sentí miedo y me aleje un poco, por suerte no lo noto.

-Nos hemos aliado temporalmente con Atenea. Esta noche vamos por la bandera de Ares. Y tú vas a ayudarnos. (Me aseguro… asentí no muy segura)

Se anunciaron los equipos. Atenea se había aliado con Apolo y Hermes, las dos cabañas más grandes; al parecer, a cambio de algunos privilegios: horarios en la ducha y en las tareas, las mejores horas para actividades.

Ares se había aliado con todos los demás: Dionisio, Deméter, Afrodita y Hefesto.

Por lo visto, los dos chicos de Dionisio eran bastante buenos atletas.

Los de Deméter poseían grandes habilidades con la naturaleza y las actividades al aire libre, pero no eran muy agresivos.

Los hijos e hijas de Afrodita no me preocupaban demasiado; prácticamente evitaban cualquier actividad, miraban sus reflejos en el lago, se peinaban y cotilleaban.

Piper bufo molesta aunque sabía que su amiga tenia razón.

Por su parte, los únicos cuatro niños de Hefesto no eran guapos, pero sí grandes y corpulentos debido a su trabajo en la herrería todo el día. Podrían ser un problema.

Eso dejaba, por supuesto, a la cabaña de Ares: una docena de los chavales más grandes, feos y problemáticos de Long Island, y de cualquier otro lugar del planeta.

-Muy bien… analiza a tus enemigos y busca tus oportunidades… (Asintió Atenea con aprobación)

Quirón coceó el mármol del suelo.

-¡Héroes! (Anunció) Conocéis las reglas. El arroyo es la frontera. Vale todo el bosque. Se permiten todo tipo de artilugios mágicos. El estandarte debe estar claramente expuesto y no tener más de dos guardias. Los prisioneros pueden ser desarmados, pero no heridos ni amordazados. No se permite matar ni mutilar. Yo haré de árbitro y médico de urgencia. ¡Armaos!

Abrió los brazos y de repente las mesas se cubrieron de equipamiento: cascos, espadas de bronce, lanzas, escudos de piel de buey con protecciones de metal.

Los vi y supe al instante que ninguna armadura o escudo me quedaría bien.

-¡Wow! (Exclamé abrumada) ¿De verdad vamos a usar todo esto?

Luke me miró como si yo fuese tonta y la verdad me molesto… resople con fastidio… lo noto… se acercó con una sonrisa de disculpa, quiso besarme y corrí mi cara…

-A menos que quieras que tus amiguitos de la cinco te ensarten. Ten. Quirón ha pensado que esto te iría bien. Estás en patrulla de frontera. (Me dijo algo molesto por mi rechazo… pero no le di importancia… también estaba enfadada)

Mi escudo era del tamaño de un tablero de la NBA, con un enorme caduceo en el medio. Pesaba mil kilos. Habría podido practicar snowboard con él, pero confiaba en que nadie esperara de mí que corriera muy rápido.

Hera miro al centauro con una ceja levantada. -¿Eres serio?

El entrenador de Héroes sonrió en forma de disculpa.

Mi casco, como todos los del equipo de Atenea, tenía un penacho azul encima. Ares y sus aliados lo llevaban rojo.

-¡Equipo azul, adelante! (Gritó una emocionada Annabeth)

Vitoreamos, agitamos nuestras armas y la seguimos por el camino hacia la parte sur del bosque. El equipo rojo nos provocaba a gritos mientras se encaminaba hacia el norte.

Conseguí alcanzar a Annabeth sin tropezar con mi equipo.

-¡Eh! (Ella siguió marchando) Bueno, ¿y cuál es el plan? (Pregunté para hacer charla, estaba distante conmigo últimamente) ¿Tienes algún artilugio mágico que puedas prestarme?

Se metió la mano en el bolsillo, como si temiera que le hubiese robado algo. La mire con una ceja alzada y mordí mi labio inferior. Ella rio nerviosamente.

-El "efecto Jackson" (Gritaron los hijos de la ojiverde)

-Ojo con la lanza de Claris (Dijo de repente) Te aseguro que no te conviene que esa cosa te toque. Por lo demás, no te preocupes. (Me sonrió de lado) Conseguiremos el estandarte de Ares. ¿Te ha dado Luke tu trabajo? (Pude percibir el cambio brusco de su actitud al mencionar a Luke)

-Patrulla de frontera, sea lo que sea. (Murmure)

-Es fácil. Quédate junto al arroyo y mantén a los rojos apartados. Déjame el resto a mí. Atenea siempre tiene un plan. (Me guiño un ojo, sonrió y apretó el paso, dejándome sola)

-Vale (Murmuré con sarcasmo) Me alegro de que me quisieras en tu equipo.

-De verdad amo tú sarcasmo… (Exclamo Leo) aunque muy fe tú actitud Annabeth… (Le reprochó a la rubia)

Era una noche cálida y pegajosa. Los bosques estaban oscuros, las luciérnagas parpadeaban. Annabeth me había ubicado junto a un pequeño arroyo que borboteaba por encima de unas rocas, mientras ella y el resto del equipo se dispersaba entre los árboles.

Allí de pie, sola, con mi gran casco de plumas azules y mi enorme escudo, me sentí como una idiota. No sabía que problema tenía la rubia conmigo, pero esto comenzaba a enfadarme.

Annabeth se giró y beso los labios de su novia. – Lo siento… (Murmuro contra sus labios)

Persi solo le sonrió haciendo que sus adorables hoyuelos se marquen en las mejillas.

La espada de bronce, como todas las espadas que había probado hasta entonces, parecía mal equilibrada. La empuñadura de cuero me resultaba tan cómoda como una bola de jugar a los bolos.

Pero nadie me haría daño, ¿no? Vamos, que el Olimpo debía de tener algún tipo de responsabilidad a terceros, digo yo.

-Umm sería bueno tener algo de eso… (Murmuro Apolo) veré si puedo hacer algo…

En la lejanía se oyó la caracola. Escuché vítores y gritos en los bosques, entrechocar de espadas, chicos peleando. Un aliado emplumado de azul pasó corriendo a mi lado como un ciervo, cruzó el arroyo y se internó en territorio enemigo.

-Si la verdad es que estaba un poco retrasado y tenía que llegar a mi puesto. (Murmuro Will)

«Vale (Pensé) Como de costumbre, me pierdo toda la diversión.»

Entonces, en algún lugar cerca de donde me encontraba, oí un ruido, una especie de gruñido desgarrador, que me provocó un súbito escalofrío.

-Tú ya lo habías sentido… (Murmuro Chris)

Levanté instintivamente mi escudo, con la impresión de que algo me acechaba. Entonces los gruñidos se detuvieron. Percibí que la presencia se retiraba.

-Excelente percepción de tú entorno… (Felicito Ares)

Al otro lado del arroyo, de pronto la maleza explotó. Aparecieron cinco guerreros de Ares gritando y aullando desde la oscuridad.

-¡Al agua con la princesa! (Gritó Claris)

Sus feos ojos porcinos despidieron odio a través de las rendijas del casco. Blandía una lanza de metro y medio, en cuya punta de metal con garfios titilaba una luz roja. Sus hermanos sólo llevaban las espadas de bronce típicas; tampoco es que eso me hiciera sentir mejor.

Cargaron a través del riachuelo. No había ayuda a la vista. Podía correr. O tratar de defenderme de la mitad de la cabaña de Ares. Conseguí evitar la primera estocada de aquel chico, pero aquellos tipos no eran tan tontos como el Minotauro.

-No eran "Tan" esa es la palabra clave aquí muchachos… (Hablo Travis como si se tratara de una lección)

Los inmaduros asintieron como si fuera lo más interesante del mundo.

Me rodearon y Claris me atacó con la lanza. Mi escudo desvió la punta, pero sentí un doloroso calambre por todo el brazo. Se me pusieron los pelos de punta y el brazo del escudo me quedó entumecido.

Jadeaba.

Electricidad. Su estúpida lanza era eléctrica. Me replegué.

Otro chico me asestó un golpe en el pecho con la empuñadura de la espada y caí al suelo. Me sentía humillada y en ese momento odie a Annabeth y Lucas, por dejarme allí sola. Lágrimas de frustración se querían escapar pero las retuve.

Los mire. Habrían podido patearme hasta convertirme en gelatina, pero estaban demasiado ocupados riéndose.

-Sesión de peluquería (Dijo Claris) Agarradle el pelo.

-¿QUÉ? ¿Estás loca? (Gritó indignada Piper interrumpiéndose)

Conseguí ponerme en pie y levanté la espada, pero Claris la apartó de un golpe con la lanza, que chisporroteaba. Ahora tenía entumecidos los dos brazos. Maldije con palabras de las cuales, ninguna, harían a mi madre orgullosa.

-Uy, uy, uy (se burló Claris) Qué miedo me da esta niña. Muchísimo.

-La bandera está en aquella dirección (Gruñí, traté de fingir que estaba enfadada de verdad, pero me temo que no lo conseguí del todo)

-Lo peor es la bandera no estaba ni cerca… (Murmura Claris)

-Ya (Contestó uno de sus hermanos) Pero verás, no nos importa la bandera. Lo que nos importa es una tipa que ha ridiculizado a nuestra cabaña.

Sabía que debía haber algo mal conmigo… por que le espete.

-Pues lo hacen sin mi ayuda (Admito que quizá no fue lo más inteligente que pude decir en esa situación)

Dos chicos se abalanzaron sobre mí. Yo retrocedí hasta el arroyo, intenté levantar el escudo, pero Claris era demasiado rápida. Su lanza me dio directamente en las costillas. De no haber llevado el pecho protegido, me habría convertido en kebab de pollo. Sí aunque lo llevaba, el aguijonazo eléctrico me dio la sensación de arrancarme los dientes. Uno de sus compañeros de cabaña me metió un buen tajo en el brazo.

Ver mi propia sangre, cálida y fría al mismo tiempo, me mareó.

-No está permitido hacer sangre (Farfullé en un gemido de dolor)

-Anda ya (Respondió el tipo con sarcasmo) Supongo que me quedaré sin postre.

-¿Ese es el castigo? (Cuestiono Hestia en tono amargo)

-Supongo que si… (Contesto Dionisio) no me intreza.

Me empujó al arroyo y aterricé con un chapuzón. Todos rieron. Supuse que moriría tan pronto terminaran de divertirse.

-Ho vamos Prissy, solo te queríamos inconsciente (Se defendió la hija del dios de la guerra)

Pero entonces ocurrió algo. El agua pareció despertar mis sentidos, como si acabara de comerme una bolsa de las gominolas de mi madre.

Claris y sus compañeros se metieron en el arroyo para acabar conmigo, pero yo me puse en pie dispuesta a recibirlos. Sabía qué hacer. Al primero le aticé un cintarazo en la cabeza y le arranqué el casco limpiamente. Le di tan fuerte que le vi los ojos vibrar mientras se derrumbaba en el agua.

Sonreí, esto estaba mejorando.

El feo número dos y el feo número tres se me arrojaron encima. Le estampé el escudo en la cara a uno y usé la espada para esquilar el penacho del otro. Ambos retrocedieron con rapidez. El feo número cuatro no parecía con demasiadas ganas de atacarme, pero Claris llegaba embalada, y la punta de su lanza crepitaba de energía. En cuanto embistió, atrapé el asta entre el borde de mi escudo y la espada y la rompí como una ramita.

Claris gimió ante el recuerdo de la pérdida de su primera lanza.

-¡Jo! (Exclamó) ¡Idiota! ¡Mugrosa!

Y me habría llamado cosas peores, pero le aticé en la frente con la empuñadura y la envié tambaleándose fuera del arroyo.

Entonces oí chillidos y gritos de alegría, y vi a Luke correr hacia la frontera enarbolando el estandarte del equipo rojo.

Sentía rabia nuevamente y conté hasta diez para tratar de calmarme… no pude…

Un par de chicos de Hermes le cubrían la retirada y unos cuantos Apolos se enfrentaban a las huestes de Hefesto. Los de Ares se levantaron y Claris murmuró una torva maldición.

-¡Una trampa! (Exclamó furiosa) ¡Era una trampa!

La mire sin entender…

Trataron de atrapar a Luke, pero era demasiado tarde. Todo el mundo se reunió junto al arroyo cuando Lucas cruzó a su territorio. Nuestro equipo estalló en vítores. El estandarte rojo brilló y se volvió plateado. El jabalí y la lanza fueron reemplazados por un enorme caduceo, el símbolo de la cabaña 11. Los del equipo azul agarraron a Luke y lo alzaron en hombros.

Yo miraba la escena desde la distancia con mi sangre hirviendo de impotencia… porque ahora entendía las palabras de Claris… YO FUI EL PUTO SEÑUELO… ellos me usaron… sin impórtales si salía lastimada… todo por una estúpida bandera.

Annabeth y Luke hicieron una mueca ante esas palabras.

Quirón salió a medio galope del bosque e hizo sonar la caracola.

El juego había terminado. Habíamos ganado.

Me quede ahí parada tratando de estabilizar mi respiración, cuando la voz de Annabeth, justo a mi lado en el arroyo, dijo en tono burlón:

-No está mal, heroína (Miré, pero no estaba allí, sentí la rabia que había logrado calmar resurgir con más fuerza) ¿Dónde demonios has aprendido a luchar así? (Me preguntó, con verdadero interés)

El aire se estremeció y ella se materializó a mi lado quitándose una gorra de los Yankees.

Yo estaba verdaderamente enfadada. Ya que ni siquiera me alucinó el hecho de que acabara de ser invisible.

-Me has usado como cebo (Le reclame) Me has puesto aquí porque sabías que Claris vendría por mí, mientras enviabas a Luke por el otro flanco. Lo habías planeado todo. (Grite frustrada)

Annabeth se encogió de hombros. Y eso me molesto más… su indiferencia, me gire para irme ya no quería tenerla cerca, solo su presencia me asfixiaba.

-Ya te lo he dicho. Atenea siempre tiene un plan. (Me contesto tomando mi brazo para detenerme)

-Un plan para que me pulvericen. (Reclame intentando zafarme de su agarre, pero parecía de hierro)

Se acercó hasta estar frente a mí.

-Vine tan rápido como pude. Estaba a punto de saltar para defenderte, pero… (Se encogió otra vez de hombros, ese gesto ya comenzaba a disgustarme) No necesitabas mi ayuda. (Entonces se fijó en mi brazo herido) ¿Cómo te has hecho eso?

-Es una herida de espada. ¿Qué más? (Respondí sarcástica)

-No. (Aseguro) Era una herida de espada. (Señalo) Fíjate bien.

La sangre había desaparecido. Donde había estado el corte, ahora había un largo rasguño, y también estaba desapareciendo. Ante mis ojos, se convirtió en una pequeña cicatriz y finalmente se desvaneció.

-¿Cómo has hecho eso? (Dije mirándola asustada)

Annabeth reflexionó con repentina concentración. Casi veía girar los engranajes en su cabeza. Me miró a los pies, después la lanza rota de Claris, y por fin dijo:

-Sal del agua, Persi. (Me ordeno)

-No. (Hablo Teseo) la necesita… sino se derrumbara de agotamiento…

-¿Qué…? (Cuestione dudosa de haberle entendido bien)

-Hazlo y calla. (Me espeto. Quise bufar y decirle que ella no me manda, pero no quería discutir más, solo ir a descansar)

Lo hice e inmediatamente volví a sentir los brazos entumecidos. El subidón de adrenalina remitió y casi me derrumbo, pero Annabeth me sujetó.

-Oh, Estige (Maldijo) Esto no es bueno. Yo no quería… Supuse que habría sido Zeus.

-Yo también lo hubiese querido… (Murmuro el dios bajo aliento)

Antes de que pudiera preguntar qué quería decir, volví a oír el gruñido canino de antes, pero esta vez mucho más cerca. Un gruñido que pareció abrir en dos el bosque.

Los vítores de los campistas cesaron al instante. Quirón gritó algo en griego clásico, y sólo más tarde advertí que lo había entendido a la perfección:

-¡Apartaos! ¡Mi arco!

Annabeth desenvainó su espada. Pero sabía que no estaba cómoda… ella prefiere la su daga…

En las rocas situadas encima de nosotras había un enorme perro negro, con ojos rojos como la lava y colmillos que parecían dagas.

Me miraba fijamente.

-¿Por qué siempre tú? (Cuestiono Poseidón)

Las azabaches se encogieron de hombros.

Nadie se movió, y Annabeth gritó:

-¡Persi, corre!

Sabía que no podría hacerlo… jamás la dejaría solo y además estaba agotada. Intentó interponerse entre el bicho y yo, pero el perro era muy rápido. Le saltó por encima, una sombra con dientes, y se abalanzó sobre mí. De pronto caí hacia atrás y sentí que sus garras afiladas perforaban mi armadura.

Gemí de dolor…

Oí una cascada de sonidos de rasgado, como si rompieran pedazos de papel uno detrás de otro, y de pronto el bicho tenía un puñado de flechas clavadas en el cuello. Cayó muerto a mis pies.

-Gracias Will… sé que soltaste la primera flecha… (Le agradeció la ojiverde mayor)

El hijo de Apolo solo sonrió, sonrojándose furiosamente.

Por algún milagro, yo seguía viva. No quise mirar debajo de mi armadura despedazada. Sentía el pecho caliente y húmedo, sin duda tenía cortes muy feos. Un segundo más y el animal me habría convertido en picadillo fino.

Quirón trotó hasta nosotros, con un arco en la mano y el rostro sombrío.

-Di inmortales! (Exclamó Annabeth) Eso era un perro del infierno de los Campos de Castigo. No están… se supone que no…

-Ahora tiene uno de mascota… (Dijo Nico divertido)

-Alguien lo ha invocado (Dijo Quirón) Alguien del campamento.

Luke se acercó. Había olvidado el estandarte y su momento de gloria se había esfumado. Parecía realmente preocupado, pero no me importo… ni lo mire..

-¡Persi tiene la culpa de todo! (Vociferó Claris) ¡Persi lo ha invocado!

Claris se cubrió la cara con las manos por vergüenza… la sala rio…

-Cállate, niña (Le espetó Quirón, que parecía bastante furioso)

Observamos el cadáver del perro del infierno derretirse en una sombra, fundirse con el suelo hasta desaparecer.

-Estás herida (Me recordó Annabeth) Rápido, Persi, métete en el agua. (Mando)

-Estoy bien. (Asegure, aunque me sentía fatal)

-No, no lo estás (Replicó con ironía) Quirón, mira esto. (Llamo la atención del centauro)

Estaba demasiado cansada para discutir. Regresé al arroyo, y todo el campamento se congregó en torno a mí. Al instante me sentí mejor y las heridas de mi pecho empezaron a cerrarse. Algunos campistas se quedaron boquiabiertos.

-Bueno, yo… la verdad es que no sé cómo… (Intenté disculparme, al verlos mirarme perplejos) Perdón…

-¿Por qué te disculpas? (Interrogo Thalía harta de su prima)

Ninguna de las Persi´s contesto.

Pero no estaban mirando cómo sanaban mis heridas. Miraban algo encima de mi cabeza.

-Persi (Dijo Annabeth, señalando sobre mi cabeza)

Cuando alcé la mirada, la señal empezaba a desvanecerse, pero aún se distinguía el holograma de luz verde, girando y brillando. Una lanza de tres puntas: un tridente.

-Tu padre (Murmuró Annabeth) Esto no es nada bueno.

-Ya está determinada (Anunció Quirón)

Todos empezaron a arrodillarse, incluso los campistas de la cabaña de Ares, aunque no parecían nada contentos.

-No… no lo éramos… (Estuvo de acuerdo Claris)

-¿Mi padre? (Pregunté perpleja)

-Poseidón (Repuso Quirón) Sacudidor de tierras, portador de tormentas, padre de los caballos. Salve, Persephone Jackson, hija del dios del mar.

-Eso es todo… (Murmuro Piper)

-Bien… creo que es hora de ir a dormir… (Concluyo Hera al ver a algunos semidioses bostezar) Hestia les preparaba un aperitivo para que no se acuesten con el estomago vacío…

Así todos se dirigieron al palacio de Hestia como en el almuerzo…