Hola!
par de cositas antes de:
1. muchas gracias por esos RW, favs y seguidores, son amor, no les he respondido por privado, pero me encantan sus amenazas de muerte. sigan así :)
2. mención especial a AF, gracias por leerlo todo, comentarlo todo, escuchar mis locas ideas a altas horas de la madrugada. En pocas palabras gracias por ser tu y motivarme :*
Capítulo XI:
Tijeras (parte II)
Las tijeras son un accesorio indispensable en la vida de un diseñador, pero Regina quien nunca habia dudado en usarlas, en este momento las odiaba porque sentia que unas tijeras divinas habian cortado su camino, su amor, su vida.
Tras un par de minutos, Ruby retornó al auto por el lado de Regina y abrió la puerta, -la iba a matar-, murmuró la mujer sin que Ruby lo entendiera, -quien me chantajeó no fue un paparazzi, Leopold lo hizo-, la diseñadora mas joven se pasó las manos por la cara como si así se pudiera quitar el dolor que estaba sintiendo, -su amenaza no era publicar las fotos, sino matar a Emma-, ahora ella parecía tranquila entretanto Ruby maldecía y lloraba como niña pequeña, -maldito y se dice hombre el muy…-, le puso los dedos en los labios para callarla, -ayúdame-, le dijo antes de abrazarla y llorar como nunca lo había hecho.
…
Emma furiosa y triste a la vez, seguía fotografiando a los deslavados modelos que tanto la estresaban, odiaba sus personalidades y detestaba lo lanzados que eran algunos, sobre todo Kilian, quien no perdía oportunidad para acerársele y lanzarle la jauría entera.
Les ordenó que posaran como estaba ensayado y siguió sumergida en la tristeza de saberse sin su mujer, no entendía qué había sucedido, cómo de la nada su mágica relación se había ido a la basura y solo con una frase de ella, que aunque no quería creer, podía jurar que en sus ojos se notaba real y llena de verdad; movió la cabeza desesperada, la sola idea de creer que Regina no la amaba le carcomía la tranquilidad y le aniquilaba cualquier tipo de esperanza de vida, se sintió como un adicto cuya dosis diaria en vital para seguir con vida, sino tenía a su lado a Regina prefería la muerte.
Pidió un descanso que aprovechó para salir a tomar aire, de Ruby no había ni rastros, esperaba que en algún momento pudiera darle una explicación que ella pudiera entender, pero eso sí, que no le pidiera alejarse de Regina porque no podría hacerlo. Intentó concentrarse, sin embargo la mirada cansada y triste de su mujer se le repetía una y otra vez, y los gritos al decirle que 'esperaba rehiciera su vida', le sonaban como canción mala que no pretendía salírsele de la cabeza en mucho tiempo.
-Emma, ¿me ayudas?-, Kilian batió las pestañas como novia de ratón famoso, -aja-, como controlada por alguien más le ayudó a anudar la corbata, -aunque preferiría que me la quitaras-, la fotógrafa le quitó las manos de encima y retomó su trabajo, dejando al modelo con deseos de probar a esa mujer que a todos los hombres esquivaba.
Cuando llegaron a la casa tuvo que ayudarla a bajar del auto, no era capaz de sostenerse en pie y escasamente mantenía los ojos abiertos, pero era más por acto reflejo que por conciencia plena del hecho. La ayudó a entrar al baño y le pidió que se diera un baño mientras le preparaba un té o un agua de hierbas para que se tranquilizara un poco.
Controlada por el dolor y asqueada por lo que había tenido que pasar, puso la cabeza bajo el chorro de agua helada que caía sin espera como deseando ahogarla, sin siquiera fijarse en que aún estaba a medio vestir y empezaba a perder el equilibrio. La escena vista así resultaba trágica y lamentable, Regina tendida en el piso dejando que el agua lavara su cuerpo pero no la esencia que en él había y mucho menos sin la esperanza de poder purificar su alma que estaba más sucia por el ultraje que por los pecados que tantas veces había cometido; a pesar de no tener casi fuerza, se restregaba el cuerpo como queriendo arrancarse la piel, como si cuanto más fuerte lavara su piel más rápido saldría la suciedad adquirida en su desagradable encuentro con Leopold, un encuentro que la acompañaría de por vida.
Al escuchar que lloraba con desespero, golpeó en la puerta sin obtener respuesta, Regina llevaba mucho tiempo bajo la ducha y se temía que hubiese cometido alguna locura, continuó golpeando y al seguir sin respuesta, forcejeó la puerta hasta que consiguió abrirla, hallando el cuerpo de su amiga tendido en el piso con la ropa a medio poner, completamente empapada y el maquillaje corrido, -Mi vida-, le susurró y con una toalla enorme la abrazó para ayudarla a levantarse y salir.
Jamás había sentido deseos de matar a alguien, nunca se le había pasado por la cabeza hacer algo como eso, sin embargo en ese momento si se encontraba de frente con el maldito de Leopold no dudaría ni por un segundo en clavarle un puñal y destrozarle las entrañas con lentitud dolorosa, por haberse atrevido a mancillar a Regina, su amiga, una parte de ella misma.
La sentó sobre la cama y la ayudó a ponerse algo parecido a un pijama, para luego obligarla a tomar un té y una dosis de calmantes, que ojala la ayudaran a dormir o por lo menos la relajaran un poco, aunque estaba segura de que nunca podría hallar el suficiente sosiego, no hasta que todo acabara, el problema era que no sabía a qué se refería eso y mucho menos cómo conseguirlo, -¿por qué terminaste con Emma?-, aún lloraba en silencio, -fue exigencia de Leopold, por lo menos el tiempo que dure aquí no quiere verme con ella-, ninguno sabía con exactitud cuanto podría ser eso, -¿le dirás lo que paso?-, Regina se incorporó seria, -no, y júrame que tampoco le dirás nada, es un secreto-, a regañadientes Ruby prometió no decirle nada a su rubia amiga a menos que se tratara de la vida misma de Regina la que estuviera en juego, por esa verdad.
…
Emma llegó abatida a la casa donde esperaba hallar a Regina, sin embargo lo único que encontró fue la mirada escrutadora de su hermano y un sinfín de preguntas, que no quería ni podía responder, porque no sabía la respuesta.
-No está-, murmuró cuando la vio acercarse a la habitación de Regina, -¿llamó?-, el joven negó, -ella no, pero Ruby sí, se quedará con ella-, observó el cambio en el rostro de su hermana y luego agregó, -¿le hiciste algo?-, negó segura y con total convicción, -yo…yo la amo-, Henry cerró los ojos, -eso es algo que suponía, pero no estaba seguro de querer escuchar-, la vio dejarse caer junto a la puerta de Regina y llorar intranquila, -la historia…-, detuvo nerviosa, -no me la cuentes, me la dirá mamá cuando ella lo crea conveniente-,ella asintió, -¿Por qué se quedó con Ruby?-, el dulce y guapo heredero Mills soltó un gesto jadeante, -se debe haber sentido mal, solo lo ha hecho tres veces desde que tengo uso de razón, y han sido cuando se ha sentido tan mal que no es capaz de verme a los ojos o contarme qué le sucedió-, Emma se angustió e intentó salir a buscarla, -si no deseaba verme a mí, ni creas que a ti sí-, se frenó violentamente y recordó las palabras que le había soltado con furia y dolor entremezclado, -tienes razón, buenas noches-, se refugió en su habitación y no volvió a salir hasta que el sol ordenó que era hora de iniciar un día más de trabajo.
…
Regina despertó sabiendo que no había sido una pesadilla su día, le dolía el cuerpo y en los brazos habían marcas propinadas por Leopold, que durarían como mínimo una semana, aunque las marcas impresas en el alma las llevaría de por vida, a no ser que un bálsamo llamado Emma, la ayudara a salir del trauma.
Se arregló sin ánimo y Ruby la ayudó a desayunar. Hacía tanto tiempo que nadie la paladeaba y consentía con tanto esmero fraterno, que de nuevo las ganas de llorar la invadían, sin embargo se llenó de fortaleza y continuó con lo que debía ser su día a día, de ese momento y en adelante.
-Pregunta-, le dijo antes de beber un poco de zumo de naranja, -¿se cuidaron?-, negó intranquila, -Me golpeó cuando se lo pedí-, Ruby le acaricio la mejilla, -un embarazo es ilógico con mi edad-, no la iba a angustiar más cuando en ese momento necesitaba tranquilidad, no obstante sabía que el embarazo si era posible y cosas mucho peores.
…
Se miraron como dos enemigas, y sin decir una sola palabra la morena le juro la guerra cuando la fotógrafa intentó acercársele, luego simplemente la rechazó y le ordenó mantenerse al margen porque ella estrictamente era su madrastra, y entre ellas no habría nada más que un trato cordial de familia.
-¿Qué parte de aléjate no has entendido?—Emma la miró estupefacta, -¿cómo puedes tratarme así, como si nada existiera entre nosotras?—estaba afectada y Regina lamentó tenerla que alejar, pero era lo mejor, por lo menos mientras Leopold continuaba viviendo en la misma ciudad, -es que nada hay—la replica sonó casi histérica, -olvídame, sal y busca un novio, cásate, ten muchos hijos—sonaba angustiada, no quería decirle todas esas horribles cosas, pero no sabía cómo manejarse, menos cuando aún seguía sintiéndose sucia y la idea de que las manos de Leopold aún la recorrían no la dejaba en paz.
Se movió por el salón algo inquieta, tenía calor y aún se sentía mareada por el efecto de los calmantes que Ruby le había dado, además como siempre le sucedía cuando estaba con Emma, los recintos se hacían más pequeños y sus aromas se entremezclaban hasta hacerle perder la cabeza, no obstante eso era algo que no podría permitirse, no en ese momento que debía mantener alejada a su amante.
-¿Estás segura de que eso es lo que quieres?—claro que no estaba segura, eso era algo que deseaba impedir, la sola idea de imaginar a Emma besando otros labios o peor aún siendo poseída por un hombre, le alteraban los nervios hasta casi enloquecerla, -sí, eso es lo que quiero—esquivó la mirada penetrante y traicionera de su amada fotógrafa y antes de que las piernas le fallaran abandonó la oficina donde se mantenían a solas.
Cuando Emma quiso una respuesta, Ruby se limitó a decirle que lo mejor que podía hacer era darle tiempo a Regina o en su defecto olvidarla y hacer su vida lejos de ella, lo que obviamente molestó a la bella rubia, quien sabía sobremanera que rehacer su vida no estaba en sus planes, si eso significaba alejarse de su verdadero amor o peor aún aprender a querer a otra mujer que no era su reina de cuento de hadas, sí esa misma que se veia malvada ante todos, pero que pocos sabían lo dulce y sensible que podria ser si lograban ganarse su corazon.
-Parece que no te estás escuchando, yo no puedo amar a nadie más que no sea ella-, Ruby lo sabía igual que tenía muy presente que Regina tampoco podría amar a nadie más como amaba a Emma, pero no tenían alternativa, a menos que la morena se decidiera a hablar y le contara la verdad, aunque las consecuencias fueran devastadoras.
….
Cuando llegó a la casa, Henry bajó las escaleras y la abrazó con ternura sincera y asombrosa devoción, -lo necesitaba-, murmuró la bella Regina, -lo sé—volvieron a abrazarse y decidieron caminar por el jardín, no hablarían, no confesarían nada, simplemente de la mano sentirían la suavidad del césped, se embriagarían con el perfume de las flores y permitirían que la brisa fría de la noche los despeinara.
-¿Te sientes mejor?-, le preguntó Henry, -estoy superándolo-, lo que fuera que le hubiese sucedido, empezaba a dejar de ser una tragedia incomprensible y abordaba nuevos caminos o por lo menos la llenaban de nuevos bríos para recomenzar su vida, una vida que por el momento no podría vivir junto a la mujer que amaba.
Era la primera vez que bebía de esa manera, jamás había superado su propio límite de cuatro copas de vino, y eso solo lo había hecho una vez en compañía de Regina; para ese momento que el reloj marcaba las ocho de la noche, Emma iba por la tercera botella de vodka y un puñado de manises en el estómago, nada más.
Llevaba bebiendo desde que había estado hablando con Ruby, desconsolada había hallado las puertas de un bar bien ubicado, abiertas para ahogar sus penas y embrutecer sus pensamientos hasta hacerla desear no seguir viviendo.
-¿Tomando solita?-, no era que no existieran más bares en la ciudad, solo que ese era uno de los más cotizados, -si, ¿te importa?-, Kilian le tomó las manos, -un poco-, bebió la copa de Emma y aunque le molestó el gesto no le dijo nada, -¿por qué no vamos a mi apartamento?-, con más alcohol en su torrente que sangre, accedió a la invitación del modelo que tanto odiaba Regina, ese que representaba un peligro inminente.
Al llegar no había nadie en la casa y Kilian sin perder tiempo le ofreció una copa más a Emma, observó que apuraba el trago con velocidad y sin preámbulos se quitó la chaqueta y se sacó la camisa blanca que llevaba, quedando con su pecho y abdomen completamente expuestos, pensó que Regina criticaria a gusto el hecho de no llevar una camisilla debajo.
-¿Aquí o en mi habitación?-, a pesar de estar borracha sabía lo que estaba pasando, y es que las sabias palabras de su madre le habían quedado bien fijas en la mente, 'ningún borracho come de lo que hace', así que antes de que Kilian se humillara más o continuara con su ronda de besos insípidos, lo detuvo y de la manera más cordial posible le pidió que la dejara.
-¿Por qué?-, se levantó del sofá y entreabrió los ojos, -porque en mi vida solo puedo amar a alguien y no eres tú-, agradeció la sinceridad, pero a pesar de eso no se iba a dar por vencido tan fácil, -por lo menos inténtalo, podemos tener un noviazgo por probar-, sabía que no funcionaría, sin embargo podría usarlo para darle celos a su mujer y así conseguirla de vuelta, -podría ser-, brindaron cada uno satisfecho por su objetivo aunque Kilian de momento ni siquiera había entendido cual era el suyo.
…
Mirando las estrellas, sentada en el balcón de la ventana más grande, continuó pensando en la situación en la que se había metido, cómo su vida se había transformado y en ese momento ni siquiera esperaba el día siguiente. Recordó las palabras de Ruby cuando le había pedido que se fueran a Valladolid, 'en una semana no pasará nada', le juró, pero se había equivocado, toda su vida se había ido al fregadero, todo se había trastocado y ya se le había desgastado la imaginación y la creatividad para idear la manera de reparar su vida, porque su corazón estaba segura que no tendría remedio, por eso ni lo intentaba.
-¿No ha llegado Emma?-, preguntó Henry interrumpiendo sus pensamientos, -creo que no-, su sistema de alarmas se encendió, miró la hora y comprobó que era muy tarde, -¿ la llamo?-, notó la angustia en los ojos de su hijo y más se asustó, -no creo que sea necesario, seguramente está en la revista o salió con alguien-, lo último alcanzó a nublarle la vista y su hijo lo percibió, -seguramente-, repitió sin dejar de ver los atormentados ojos de Regina, -buenas noches-, se acercó para besarle la mejilla y sintió un frío espantoso que le recorrió la espalda.
La noche seguía pasando con prisa apocalíptica, las hojas de los árboles se bamboleaban de un lado a otro haciendo una coreografía casi frenética con el rítmico silbido del viento, mientras los corazones abrumados dejaban que, gota a gota, las ilusiones se fueran escapando, que con cada segundo pasmoso la vida perdiera su tinte y recuperarlo solo se diera con la muerte.
Miró por vigésima vez el reloj, estaba a punto de ser otro día y de Emma no había rastro, su móvil no lo contestaba y cada vez que intentaba marcarle, el buzón de mensajes se activaba. Llamó a Ruby y ésta no supo decirle dónde estaba la causante de sus tormentos, le recomendó que descansara, y no se preocupara por nadie más que por ella, algo que no se sentía muy capaz de hacer, pero que debía intentar, sobre todo porque continuaba sintiéndose sucia, maltratada y necesitada de amor.
…
Habían pasado más de las tres de la tarde cuando Regina solicitó reunión extraordinaria en la sala de redacción, necesitaba puntualizar ciertos detalles con los que aún no se sentía conforme, además de ocuparse con más trabajo para no pensar en Emma y la mirada tan fría que le había lanzado al compartir el ascensor en la mañana, cuando se había quitado los lentes negros para despreciarla con el hielo azul de su mirada.
Algunos de los creativos sugirieron nuevas fotografías para el lanzamiento de la línea de ropa íntima masculina que recién iniciaba Regina, no estaban convencidos con las que ya estaban, a pesar de ser de gran calidad y buen ver. La diseñadora pensaba lo mismo. Revisaron los books de tres modelos y ninguno les satisfizo, la línea era romántica, provocativa, sexy, pero sutil, características que brillaban por su ausencia en las fotos de las elegidas, pasaron otros dos, y Emma notó que sin mirar ninguna fotografía dejaba a un lado el álbum de Kilian.
-Según por la descripción que hace mi madrastra de la ropa…-, todos la observaron con molestia al referirse de esa manera a Regina, sin embargo ella no le recriminaba, solo ella era la culpable de su comportamiento osco y casi bruto, -el mejor modelo para representarla es Kilian-, Regina gritó un no rotundo que a nadie sorprendió porque era bien sabido de su desprecio hacia el modelo, sentimiento que compartían todos, por considerarlo tonto, superficial y engreido.
Emma se levantó de la silla y caminó en dirección a Regina haciéndola sofocar de inmediato, -qué intransigente, es un excelente modelo-, sacó unas fotos que no había visto y casi sintió que se mareaba, -¿de dónde sacaste esas fotos?-, Ruby las revisó y aunque eran buenas no eran lo suficiente, -anoche se las tomé-, Regina blanqueó los ojos, -además de mal gusto, pésima fotógrafa-, se levantó de la silla evitando a toda costa rozarse con Emma, -mi modelo no será Kilian y punto-, se acercó a Ruby quien veía concentrada las fotografías de otro modelo, -David-, señaló el book y sin decir una palabra más, dio por terminada la reunión, sin embargo para la ex novicia la reunión recién comenzaba.
Antes de lanzar la puerta y conseguir que se cerrara violentamente, Emma se coló a la oficina y enfrentó a Regina, aunque su verdadera intención era hacerle el amor ahí mismo, sobre la moqueta terracota y con los sillones de aristas ocres como testigos.
-¿Por qué, si me pediste que rehiciera mi vida, te molesta tanto que esté con Kilian?-, aquellas palabras eran la confirmación que no había pedido y le estaba tallando el alma, -¿y a ti quién te dijo que el problema es que esté contigo?-, se movió hasta dejar el enorme escritorio como barrera insuperable y continuó, -ser presumida es un pecado-, esperó a que la mujer azulverdoso refutara, pero solo obtuvo una mirada cargada de desamor, -sal de mi oficina-, imperturbable continuó mirándola, -por mi puedes ir a revolcarte con Kilian hasta que el mundo vea su final-, para ocultar las lágrimas que pensar en eso le producía, se movió hasta la puerta y la abrió, -lárgate-, si se mantenía mirándola como lo estaba haciendo, la determinación se le iba a esfumar y en cambio iba a terminar suplicándole un beso apasionado o una caricia sin decoro.
Movió el pie con impaciencia al tiempo que con las largas uñas tamborileaba sobre el vidrio, estaba impaciente y quería romperse a llorar, porque el corazón ya no lo sentía; al cabo de unos minutos, cuando creyó que Emma correría a abrazarla, la vio salir sin dirección, manoteaba y aunque muchas de las mujeres intentaban hablarle, la fotografa solamente las esquivaba.
-Es tu culpa-, acusó Ruby, -¿al caído caerle?-, preguntó dejándose desplomar sobre el sillón, -si le dijeras la verdad, podrían estar juntas-, ella no estaba segura de eso y aunque la voz de su amiga intentaba sonar certera no lo estaba consiguiendo mucho, -olvídalo, no puedo hacerlo-, sacó un folder llenó de contratos y examinó el de Kilian, -ni se te ocurra-, levantó la mirada por encima de los lentes que acababa de ponerse y sonrió, -a veces odio que me conozcas tan bien-, volvió a guardarlo y analizó el de David, quería extenderlo y que fuera la imagen de la línea de ropa interior, -le darías más razones para ir en tu contra-, eso lo sabía de sobra, pero es que de verdad no lo soportaba.
Le pidió dos jugos naturales a su asistente y continuó con la lectura del contrato, tenía todo tan encima que necesitaba desahogarse, respirar otro aire y determinar qué haría con su vida, porque de seguir así podría terminar loca o peor aún, con Robin creyendo que su matrimonio era la perfección en pasta.
-¡Es que lo detesto!-, bufó irritada, -es muy poca cosa para ella, es un estúpido, llegó tarde a la repartición de cerebros-, continuó ofendiéndolo hasta que observó la sonrisa burlona de Ruby y casi quiso ponerle el teléfono en la cabeza, -¿qué es tan gracioso?-, se tomó su tiempo para responder y solo cuando vio que Regina la mirarba con peligroso afán habló, -a ti cualquiera que se le acerque a Emma te va a parecer tonto, descerebrado y un sinfín de cosas más-, negó aunque sabía que su amiga tenía razón, -eso no es cierto, si consigue un muchacho inteligente, agradable y que de verdad la quiera, yo no tengo por qué molestarme-, el gesto irónico de Ruby la crispó, -¡mentirosa! A Emma se le puede presentar un hombre con la inteligencia para un nobel, belleza de reinado universal y el amor de cualquier novela romántica y tú…- la señaló con decisión-, tú, le vas a encontrar cualquier defecto-, incapaz de mirarla a los ojos murmuró algo ininteligible, -mejor que se fije en Kilian, ¡total! no es competencia-, no se lo iba a reconocer así que continuó con la mirada fija en el piso, -¡reconócelo!, odias a cualquier "aparecido" que se acerque a Emma y de verdad te entiendo, eso de que te cambien por un hombrecito debe ser lo peor-, se tronó los dedos en señal de desesperación y persistió en su comportamiento infantil de no mirarla, -cuando lo reconozcas, hablamos-, le dejo un beso en la frente y le permitió disfrutar de su soledad, algo que sabía, necesitaba.
….
Desde el incidente en su oficina respecto a la contratación de Kilian, no habían vuelto a cruzar palabra; para trabajar utilizaban a Ruby como intermediaria y en la casa, llegaban lo suficientemente tarde o salían lo más temprano que podían para no cruzarse en la mesa y mucho menos en el recibidor. Mientras, Robin continuaba sumergido en sus problemas sin percatarse de que su esposa estaba cada vez más lejos, y Henry seguía concentrado en su vida, pero con los brazos listos para socorrer a su madre cuando fuera necesario, cosa que intuía estaba muy cerca de suceder.
Una de las noches en las que ya no podía ni quería pasar un solo segundo en la revista, llegó temprano a casa, había llamado a su hijo y éste le había indicado que su padre también pretendía llegar antes de lo acostumbrado, podrían cenar como familia y aprovechar de paso, proponer la idea que desde hacía días le estaba rondando en la cabeza, idea en la que Emma no estaba incluida, porque de lo contrario sus nervios seguirían afectados.
-Estaba pensando, este fin de semana es feriado y bueno podríamos pasarlo en la finca-, Henry comprendió por dónde iba su madre y apoyó la idea, argumentando que no tenía tareas y un fin de semana de descanso era algo que todos necesitaban –si es lo que quieres-, Robin sonrió con ternura y Regina volvió a ver en él, al hombre que la había conquistado con palabras sencillas y coqueteos directos, -no se hable más-, brindaron y aunque no lo deseaba, tuvo que acceder a dar el beso arrebatado que su marido reclamaba.
-¡Que tiernos!-, había algo peor que Emma observando el gesto intimo entre Regina y su marido, y era que de la mano llevara a Kilian y fuera éste quien exclamara con voz chillona que hacían linda pareja, -sí, mi papá y mi madrastra son la pareja del año-, apuntó con ganas de abofetear a su padre, algo que ni siquiera debía habérsele pasado por la mente, pero que no había podido evitar, -¿qué haces aquí?-, Regina preguntó par cambiar de tema, -mi bebé que es un lindo me invitó a cenar-, ¿bebé?¿lindo?¿cenar? miró al piso y no vio que la tierra se abriera para tragarla, así que no tuvo más remedio que rebuscar su más filosa arma, el sarcasmo.
Aunque sintió que se le estrangulaba la ulcera, permitió que se sentaran a cenar y que Kilian ocupara el lugar junto a Emma, aprovechando la oportunidad para acariciarla con descaro, al tiempo que Henry intuía que la bomba de Hiroshima sería un juego de lucecitas frente al espectáculo que su madre podría causar, de seguir conteniendo la rabia y amarrándose las manos para no cachetear al osado modelo.
-¿Ya son novios?-, la pregunta hecha por Robin sublevó a Regina que estuvo a punto de cometer una tontería de no ser por Henry que la distendió con una broma gastada, -aja, precisamente venía a decirles que esta noche me quedo con Emma-, todos abrieron los ojos de par en par, pero solo la diseñadora habló, -¿y con permiso de quién, cómo o por qué?-, Kilian comentó que no había nadie en su casa y le daba físico terror quedarse solo, -me tiene sin cuidado que te dé miedo o no, no voy a permitirlo-, Robin la cuestionó sin saber qué responder, su hijo, que debía haberlo llamado ángel o salvador, porque eso era, intervino, -¿cómo que por qué? Es obvio papá, mamá es una mujer conservadora y que Kilian se quede aquí y haga ver a Emma como una cualquiera no es admisible-, Regina abrió los ojos, sorprendida, -eso, eso es-, contuvo la risa por el énfasis en 'cualquiera' y agregó, -no sé cómo te hayan educado a ti, pero Henry no podrá hacer eso hasta que esté casado-, ni ella misma se lo creyó, pero a juzgar por la cara pálida de Kilian, éste si lo había creído, -bueno amor, podemos hacer una excepción, la juventud-, Robin intentó mediar, sin embargo la inteligente diseñadora le ganó la partida, -entonces cuando tu hijo te pida lo mismo, no intentes negárselo-, Henry sonrió triunfante, -gracias Emma ya puedo meter a mi novia a la casa sin problema, aunque mamá me ha educado tan bien, que dudo que haga algo como eso, esa mujer seria demasiado fácil para mi gusto y muy perdida para mi propio concepto-, sin que se lo esperasen, madre e hijo brindaron y con suficiencia rieron.
Kilian que, aunque lento, había comprendido la ofensa de que fue victima en la mesa, miró a Emma buscando defensa, pero lo único que halló fue una mirada confundida y pesarosa.
-Me imagino-, murmuró al cabo de un rato, -supongo que en la mente clásica de tu mamá, la idea de acostarse con alguien el mismo día que se le conoce, está fuera de lugar y ni hablemos de llegar a salir con otra mujer ¿no?-, ¡golpe bajo! Le dolió decirlo y notó que a Regina le había entristecido escuchar aquello, -además de fuera de lugar, me parece obsceno, abominable, aunque lo de salir con otra mujer, no me impresiona, no voy por la vida juzgando al mundo, pero tú, querida, sí que debias verlo mal allá en el convento ¿no es cierto?... oh lo olvidaba, si cuando llegaste aquí hablaste de ser heteroflexible, ¿fue el termino que empleaste? Por cierto Kilian, ya que estas aquí, ¿qué pensarías de que tu novia te cambiara por una mujer? -, si quería jugar sucio ella daba mejores golpes, y si bien se arrepentiría toda la vida de lo que estaba haciendo, no iba a permitir que le ganara,
-¿Serme infiel con una mujer? Eso seria dificil de afrontar-, Respondió un confundido Kilian.
-No te preocupes amor, ya recapacite y como alguien me dijo hace unos días, merezco casarme y tener hijos, cosa que jamas tendria con otra mujer- le agregó la sal que le faltaba a esa herida
Henry se azoró a la vez que se cercioraba de que su padre parecía no entender lo que sucedía, Regina a su vez bebió de la copa de agua,
-¿Algo que jamás haría?-,Regina mordió un camarón para provocar a la rubia y sabiendo que lo había conseguido por el rostro caliente de Emma agregó, -la conversación no debe tratarse de tu pasado, sino de tu actual novio, que por cierto Kilian, ¿te vistió tu peor enemigo?-, lo miró de arriba abajo y se levantó de la mesa, -¿un capuccino?-, Henry asintió, -que sean dos-, de la mano salieron del salón y solo hasta que se escuchó cerrar la puerta, los aún sentados en el comedor, cayeron en cuenta de la sarta de ofensas proferidas en cuestión de minutos.
Robin, apenado, pretendió disculpar el comportamiento de su hijo, no obstante las palabras no le salían y en lugar de ofrecerle una disculpa a Kilian por las palabras de Henry y de la misma Regina, que eran imperdonables, terminó por justificarlas, argumentando que su deseo de quedarse en la casa con Emma era algo que una familia tan tradicional como la suya no podría si quiera concebir.
-No hay problema, será mejor que me vaya-, Emma se ofreció a acompañarlo y sin perder tiempo se encaminaron a la casa del modelo que por primera vez en la vida se había sentido humillado, algo que nadie se había atrevido y que por esa noche había obtenido de parte de, nada más y nada menos, Regina Mills y el hijito de ésta, quien se creía el dueña del mundo, y es que casi lo era.
Tras pedir dos capuccinos y un paquete de galletas con trozos de almendras, no pudieron evitar reírse a carcajadas, no necesitaban hablar de lo que había pasado, simplemente querían, necesitaba reírse a sus anchas del mal rato que le habían hecho pasar a Kilian.
-Eres terrible-, Henry brindó, -muchas gracias-, Regina también brindó, -gracias-, le dijo antes de abrazarlo, -me ayudaste mucho-, el joven apuntó que ella también lo habría hecho de estar en una situación similar.
Al llegar a la casa, se dirigió hacia su habitación, esa noche Robin dormiría con ella, solo pernoctaría, nada más. Se cambió rápidamente y sin hacer mayor ruido se acostó, -Kilian se fue para su casa-, comentó el ingeniero que aún no se profundizaba, -me alegro-, mintió porque al no ver el auto de Emma estacionado en el tercer espacio junto a la fuente, imaginó que pasaría la noche con él, -buenas noches-, cerró los ojos, pero no consiguió descansar, su mente estaba en algún lugar donde Emma estaba, haciendo quien sabe qué.
Antes de darse por vencida en su carrera por dormir, escuchó que la puerta de al lado se cerraba, era Emma, y si sus cálculos no le fallaban, simplemente había ido a acompañar a Kilian y nada más, no podría haber tenido relaciones con él, porque… sonrió con picardía, porque sabía que ella se tomaba muy en serio el hacer el amor y el tiempo era algo que ella extendía hasta hacer que ese acto de amor atravesara las horas de la madrugada sin importar si el sol se engarzaba en el punto más alto del cielo o la luna volvía a salir. Con ese pensamiento pudo dormir tranquila.
Continuará...
