¿Te Gusta lo que Ves?

Notas del autor: Este creo que es el anteúltimo capítulo, aunque anduve pensando en alguna continuación. No habrá Epílogo, porque me gusta como termina la historia. Quizás pueda ver si puedo cortar el último capítulo y hacerlo dos, me da un poco de tristeza pensar en no escribir más este fic. En fin, eso lo resolveré en algunos días.

Agradecimientos: De verdad, sus reviews son un gran aliento para seguir escribiendo, y creo que por fin tardé un poco menos de un mes, lo cual me pone contenta. Si no fuera por la falta de tiempo o inspiración, actualizaría más rápido. Pero mi musa es muy caprichosa.

No saben como les agradezco su apoyo en esto. Quiero agradecerle a quienes siempre dejan reviews, en cada capítulo, porque gastan unos minutos de su tiempo en darme sus opiniones. Este capítulo va dedicado a Smaris, a Taaaylor-swiift, a yo-182, a Carola, a Laury Malfoy, a Lynette P. Broderick, a Klaudia-de-Malfoy, a miau, a Yuuki Pan, a Kyokei, a Alhana Starbreeze, a rvg-79, a Wordenwood, y a xMariana Radcliffex.

Importante (leer): Como ya vienen los dos últimos capítulos, he pensado hacer algo que llamo "Trabajo en equipo". Me refiero a esto en este sentido: Quiero realmente actualizar bien rápido, por lo que si tengo más presión que antes, creo que será mejor.

Por eso decidí que si me dejan 15 reviews en este capítulo, automáticamente tendré que actualizar a la semana. Si me dejan más, incluso uno solo más, tendré que actualizar a los cuatro días.

¿Por qué hago esto? Para autopresionarme un poquito. Quiero que lean los siguientes dos capítulos más rápidamente y sé que termino sucumbiendo a la presión de los reviews. Elegí 15 para tener yo también un plazo medianamente aceptable. Espero que el plazo que coloqué les sea aceptable.

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Capítulo 11: Negando sus raíces

Encerrarse y pelear con Blaise fue la mejor solución que encontró, porque su mal humor no lo estaba dejando pensar.

-Mira, cuando lo aceptas, luego de eso todos los problemas parecen disolverse. Chris y yo nos amamos y ya hemos decidido decirles a nuestras familias en las vacaciones. Cuando te sientes tan feliz con esa persona, todo lo demás deja de ser un problema. Crees que todo puede solucionarse.

-Deja de decir estupideces-gruñó tirado en su cama-Tú no tienes los mismos problemas que yo y su familia es sangre limpia, estarán encantados contigo. Y ella… se adaptará bien a tu madre. Ginny y yo somos enemigos mortales y tanto mi familia como la suya, jamás podrán aceptarnos. Así que deja de intentar convencerme y métete en tus asuntos.

Blaise se encogió de hombros y salió por la puerta de su dormitorio, dispuesto a pasar una linda velada con su novia.

-Que te diviertas en tu miserable encierro-murmuró con una sonrisa desagradable y burlona antes de salir de su cuarto.

Draco se sentía furioso consigo mismo. ¿Por qué rayos no podía olvidarla? ¿Por qué se colaba en sus pensamientos a cada segundo de su existencia sin dejarlo vivir tranquilo? Y sabía que ahora todo era peor que antes, porque aunque se negara a admitirlo, había sopesado hasta en sus sueños la idea de amarla y ser feliz con ella. Ginny parecía no rendirse, y él estaba a punto de sucumbir. Lo sabía, sólo necesitaba tenerla cerca para saber que jamás podría soportar su existencia al lado de otra persona que no fuera ella, y que moriría si ella no fuese feliz con alguien más. Solo faltaba el fuego de sus ojos, la fiereza de sus palabras y la lujuria de su sonrisa.

Pero sabía que ella se llevaría un gran chasco cuando no lo encontrara en ningún lado. Ya era viernes a las diez, once de la noche y ella no sabía donde estaba. Eso lo tranquilizó, creyendo que por lo menos había logrado escapar de "la peor" de las venganzas de Ginny. Sentía mucha curiosidad por saber de que se trataba, pero prefería evitar un nuevo encuentro que lo volviera vulnerable frente a ella.

Luego de unos minutos, sintió el ruido de la puerta abrirse y creyó que su amigo se habría olvidado algo.

-Cierra la puerta Blaise, no vivimos en una maldita carpa-gritó desde su cama, pero luego de unos segundos no escuchó ningún ruido.- ¿Qué acaso no escuchas…?

Las palabras se ahogaron en su garganta al incorporarse, porque la sorpresa se apoderó de él de una manera tan abrasiva que le fue imposible hablar.

Allí en la puerta, Ginevra Weasley se encontraba apoyada en el marco con una sonrisa de triunfo. Draco tragó en seco. No podía ser, debía ser un espejismo. Alguien le estaba jugando una broma muy fea.

Su boca se abrió unos centímetros de la impresión. ¿Cómo había logrado llegar hasta allí? Es decir, la sala común estaba llena de Slytherins vagando sin saber qué hacer un viernes a la noche. Además, salvo quizás Blaise, sus compañeros de cuarto estarían por volver pronto.

-Gin… Weasley, ¿Qué haces aquí?

Cerró la puerta detrás de ella y lo miró con una sonrisa.

-Vengo a cobrarme lo que es mío. Estoy segura de que sabes que es lo que digo.

Touché.

Draco tragó saliva, mientras ella se acercaba lentamente hacia él. Llevaba una bata negra de seda y tuvo que pensar en cualquier otra cosa para soportar las ganas de quitársela.

-Nn…no…no puedes estar aquí, podría venir alguien. No duermo yo solo.

-¡Oh! No deberías preocuparte por ninguno de ellos.-murmuró con fingida inocencia.- ¿Crees que dejaría mi última venganza al azar?

-Pero Crabbe y Goyle…

-Durmiendo en el armario-Draco sonrió ante su idea.-Los dormí con una poción y no despertarán hasta mañana al menos.

-Y Nott…

-Él ha sido el único que no he podido engañar. Demasiado astuto, así que tuve que razonar con él.

Mientras Ginny le explicaba sus planes, ella se había colocado encima de Draco, y éste inconscientemente la acariciaba.

-Te has olvidado de Bl...-Draco se interrumpió a él mismo dándose cuenta de que esa noche tendría una cita con la mejor amiga de ella.

-Sí, Chris está al tanto y hará que él no quiera volver por ninguna razón a esta habitación. Además, por cualquier cosa que ocurra, hay un plan B.

Draco gruñó cuando observó que casi sin darse cuenta ella ya estaba arriba de él, y su boca se acercaba peligrosamente. ¿Cómo no se había dado cuenta que ella se había colocado sobre él?

Quizás la costumbre y las ganas…

-De todas formas no creo que sea correcto que estés aquí Weasley.

Ginny comenzó a carcajearse, levantando la ceja.

-¿Lo correcto? ¿Desde cuando Draco Malfoy hace lo correcto?

-Eso no importa-dijo apretando sus labios.

Con un movimiento rápido la volteó, dejándola debajo de él. Tuvo la irresistible tentación de tocarla y besarla, sin embargo, se incorporó y tomándola por un brazo, se dispuso a despacharla. Aquella movida de su parte había sido un duro golpe bajo… muy bajo.

-¿Pretendes echarme?-dijo con suma tranquilidad.

-Sí. No deberías estar aquí y deberías comprender que no quiero nada contigo, ni lo querré. Todo ha sido genial y me costará olvidarte, pero lo haré, así que deja de buscarme-gruño cerca de la salida, aún tomándola del brazo.

Estuvo a punto de abrir la puerta cuando escuchó los pasos rechinar sobre los escalones. Respiró lentamente mirándola.

Ella no parecía para nada molesta, ni siquiera irritada o triste. Se veía normal. Tenía una sonrisa leve plantada en el rostro, como si no importara que estuviera a punto de echarla.

Sin embargo, los pasos de la escalera siguieron aguzándose y muy tarde, Draco se dio cuenta que si no se detenía en la puerta de los de sexto, es porque continuaban hacia su habitación. Comenzó a sudar de los nervios.

-¡Draco!-gritó una voz femenina desde la puerta.

En un movimiento rápido presionó el cuerpo de ella y el de él hacia la pared, como si así pudiese protegerse. Ginny gimió ante tal contacto brusco, haciendo que Draco la observara.

Estaban peligrosamente cerca, sus manos en su cintura parecían ávidas de querer recorrer más de su piel. Maldijo para sus adentros cuando la voz de Pansy volvió a resonar del otro lado de la puerta.

-¡Maldición!-gruñó, sabiendo que muy pronto terminaría excitado, si seguía sintiendo el aliento de ella recorrer su garganta.

-Muévete-lo empujó Ginny con suavidad y tomó de su camisa, tirando de él hacia la cama.

A penas y pudo meterse dentro de ella, cerrando la cortina, cuando Pansy irrumpió lentamente en su habitación.

-Draco, necesito hablar contigo-murmuró desde la puerta.

-Ahora no puedo, ¡Vete!

-No, olvídalo. ¿Qué tienes? ¿Estás cansado?

"No, solo tengo el cuerpo excitante de Ginevra Weasley haciendo presión sobre el mío, mientras intento no violarla"

Evidentemente esa no era una respuesta conveniente para darle a Pansy, y menos en ese momento. Sintió los labios de Ginny acercarse a su oído y su débil voz resonó en sus tímpanos, antes de sonreír. Seguramente era el plan B de ella.

-No te acerques a la cama Pansy, estoy enfermo.

-¿Y eso?

-¿Por qué crees que falté a clase hoy? No me sentía bien. Tengo algún virus contagioso que me raspa la garganta.

-¿Y no fuiste a ver a la enfermera?-preguntó ella, incrédula.

Ginny estaba tentada, y se mordía el labio inferior para no reírse. Draco tuvo que alzar su rostro y besarla para que ella pudiera ahogar sus carcajadas y no hiciera ruido.

-Porque es una enfermera idiota y me dejará allí todo el fin de semana, sin contar que podría contagiar a alguien en mi camino-gruñó jadeando.

Los besos de Ginny se expandían por su cuello con hambre voraz. Pansy había empezado a hablar, pero él no le hacía caso, intentando alejar a la pelirroja de su cuerpo.

-¿Crees que funcione Draco?

Él se quedó estático, dándose cuenta que Pansy había seguido hablando mientras él intentaba resistir a sus besos, algo que no ocurría. Ginny todavía tenía su bata y él la estaba agarrando de la parte superior de los muslos, acariciando sus piernas. Era más que obvio que incluso su cuerpo se resentía al no tenerla cerca.

Ginny se alejó unos centímetros de su cuerpo y asintió significativamente, para que le respondiera.

-Si, Pansy. Seguramente.

Su mejor amiga siguió hablando pero él no le prestaba atención. Su cuerpo temblaba ante los besos de Ginny, y la adrenalina de que los descubrieran se deslizaba por sus venas quemándolo. El calor que sentía en ese momento era demasiado fuerte y la presión en sus pantalones, cada vez más dolorosa.

-Mira Pansy, me siento mal. ¿Qué acaso no puedes hablarlo con alguien más? ¿Qué tal con Daphne? Necesito descansar, así que hazme el favor de irte de mi habitación.

Pansy pareció ofendida, porque sin dirigirle una sola palabra, caminó hacia la puerta y la cerró con fuerza.

Ginny comenzó a reír con libertad, mirándolo a los ojos.

-¿A ti te parece gracioso?

-Vaya que sí. Ver tu cara haciendo fuerza para no hacer ruido era genial. Ni siquiera le has prestado atención. Que mal amigo eres, Draco-dijo con ofensa fingida.- ¿Piensas intentar echarme de tu habitación nuevamente?

Ginny estiró su cuerpo sobre el de él y comenzó a desabrochar la capa. Una a una, las prendas que habían tocado su cuerpo ese día habían desaparecido y solo quedaba en su lugar la ropa interior.

-¿Qué haré contigo Weasley?-murmuró entre beso y beso.

Las cejas de Ginny se arquearon y sonrió burlonamente.

-¡Oh, no! No pienso darte clases de esto. Creí que tú ya eras casi profesional.

Draco rodó los ojos y atrajo su boca nuevamente. Acariciaba su cuerpo deslizando sus manos ágilmente por entre su bata. Aún no se la había quitado, y aunque se muriera de ganas, no quería apurar las cosas; si lo hacía, ella se iría más rápido.

Ginny lo notó y con cuidado la dejó caer hacia el piso. Draco sintió sus labios temblar y su cuerpo tensarse. Llevaba un conjunto negro de encaje que remarcaba muy bien lo que había que remarcar de su cuerpo.

-¡Maldita sea, Weasley! ¿Cómo has cruzado la Sala Común así?

-Nunca me subestimes Draco, creo que hemos establecido quien maneja la astucia de los dos.

Los labios de él se ensancharon en una mueca maliciosa. Haciendo un mínimo de fuerza, tomó de la cadera de ella y la volteó, quedando arriba de su cuerpo.

-Debo reconocer que tienes el toque.-arqueó una ceja fanfarronamente-Pero nadie me supera, Weasley.

-Lo sé. Si jugaran entre toda tu casa una carrera de cobardía, tampoco podrían superarte.

Draco presionó sobre sus labios con fiereza. Penetró su boca violentamente, deslizando su lengua hacia la de ella.

-Bah-susurró rompiendo el beso abruptamente-Ser valiente no vale nada.

-Tienes razón-murmuró y chasqueó posteriormente su lengua-La valentía esta sobrevaluada, ¿No es cierto? Y pensar que sin ella tu vida sería hoy más amarga.

-¿Y eso por qué?

-Porque no estaría en esta cama, contigo. Y tú estarías llorando por los rincones, intentando acostarte con una mujer sin lograrlo.

Sus mejillas se colorearon, avergonzadas. Se separó del todo de su cuerpo, dispuesto a vestirse cuando la vio levantar la varita.

Draco intentó sacarla antes, llevándose una mano al bolsillo del pantalón, cuando notó desagradablemente que no lo llevaba puesto.

-Me encargué de tirar tu varita bien lejos Draco. Esto es realmente estúpido. Estoy cansándome de las amenazas para que hagas las cosas que hasta tú sabes que tienes que hacer.

Hace tiempo ya que tengo que presionarte para que me tomes en serio. No entiendo por qué te cuesta tanto aceptar que estás enamorado. Y quiero respuestas. Ahora las quiero.

-No entiendo por qué crees que te amo.

-Mira Draco, es muy sencillo saberlo. Intentas acostarte con alguien y te sientes culpable, dejas de querer hacerlo. Te sientes orgulloso por más que hiera tu ego esa persona. La buscas aunque no quieras… Es incluso más sencillo. ¿Qué ocurriría si este es el último momento en que me vieras y nunca más volvieras a hacerlo?

Los ojos de Draco se cerraron de dolor. Pensar en no volver a verla era el pensamiento más amargo y agonizante que se le había cruzado por su mente. No volver a ver su cabello pelirrojo ondeando, acariciando sus pecas… era más doloroso de lo que podía soportar.

Ginny bajó la retaguardia, dispuesta a marcharse y Draco comenzó a desesperarse. No se podía ir. Tenía que evitarlo.

-¿Sabes qué? Déjalo así. Realmente debe ser un error y yo estoy luchando contra la marea.

Abrió la cortina, disminuyendo la fuerza de agarre en su varita, hasta que sintió que una mano la tomaba de la muñeca y la otra le robaba la varita.

-¡Quédate!

-¿Qué se supone que haces?

-No eres la única que puede amenazar. Quédate o te petrificaré. Tú eliges-murmuró desesperado, acercándola a él.

Ella se tiró sobre la cama a su lado, dándole la espalda. Draco aprovechó eso y se pegó a ella, besándole los hombros. Lentamente resbaló los breteles del corpiño hacia sus brazos, deslizando su boca con ellos. Sintió que Ginny se removía a su lado, temblando, y sonrió complacido.

Luego acarició su espalda, depositando sus labios con cuidado sobre su piel tersa y desabrochando su ropa interior.

-¿Qué estás haciendo Draco?-preguntó ella, con un susurro casi inaudible y jadeante.

-Solo estoy quitándote la ropa para que puedas dormir mejor-explicó con una sonrisa seductora.

-¿Tendré que quedarme a dormir?

-Lo siento, estás bajo amenaza. Tendrás que hacer todo lo que yo te diga-susurró en su oído sensualmente.

-Ah sí, ¿Y que debo hacer?

-Por ahora, solo quedarte quieta-gruñó.

Acarició y besó su espalda hasta su cuello lentamente. La varita seguía clavada en su espalda débilmente. De todas formas, ambos sabían muy bien que ya ninguno se escaparía.

Deslizó una de sus manos por entre su cintura y su cadera, comenzando a deslizar su ropa interior por entre sus piernas, acariciándolas en el camino. Recorrió sus muslos hacia arriba, deslizando sus manos entre su estómago y hasta sus senos, quitándole definitivamente el corpiño.

Lo cierto era que quería hacerla sentirse bien, porque no podía evitar sentirse culpable. Ni siquiera le había respondido, tan solo la había amenazado y ella se había desplomado contra la cama.

Por eso sus caricias eran lentas y sencillas, no invocaban la pasión que le producía tener su cuerpo desnudo a su lado, incluso a pesar de la excitación que se apoderaba de su cuerpo. Sencillamente no quería ver en sus ojos la tristeza reflejada, y menos que menos, por su culpa.

Por eso siguió deslizando sus manos por su cuerpo, y apretujándose más a ella, esperando hasta que su respiración fuese más calma y se hubiera dormido. Luego vería que podía hacer con aquella potente erección entre sus piernas.

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Draco tardó en dormirse mucho tiempo, porque cada vez que observaba el cuerpo adormilado de ella en su cama, no podía evitar excitarse. Además hacía mentalmente mucha fuerza para que la pregunta de Ginny no se colara por sus pensamientos y le lastimara profundamente. No quería dejar de verla, sencillamente no podía.

Suspiró antes de cerrar sus párpados e intentar dormir. La abrazó por la cintura moviéndola un poco y atrayéndola hacia él, para pegar su cuerpo al de ella.

No supo cuanto tiempo pasó antes de volver a despertarse, si es que en algún momento se había quedado dormido.

Sintió como el cuerpo de ella comenzaba a moverse lentamente e intentó abrir los ojos. Seguía en ese estado de sopor anterior al sueño, pero no del todo despierto. Sin embargo su voz entre sueños le hizo levantar la cabeza para mirarla.

Tenía las mejillas coloradas y su cabello reposaba sobre la almohada algo alborotado. Sus labios estaban entreabiertos y su pecho se movía rápidamente debido a la respiración jadeante claramente notoria.

-Draco-gimió nuevamente y él cayó en la cuenta de lo que estaba ocurriendo. Sonrió pervertidamente al sentir como el cuerpo de Ginny hacía fricción sobre él. Ella estaba teniendo un sueño húmedo y quien le estaba robando el aliento en el mismo era él. Deslizó su mano por su cintura, abrazándola, llegando hasta su intimidad. Su sonrisa se ensanchó al ver cuán húmeda estaba. Gimió guturalmente al acariciarla y hacer presión con sus dedos.

Recorriendo con precisión, acarició su clítoris con ferocidad, deslizando su otra mano entre sus senos. Ginny gimió ante su contacto. Ya no estaba tan segura de estar soñando al sentir las manos de él. Era demasiado real, ninguno de sus sueños había sido tan placentero.

Intentó abrir los ojos pero no pudo hacerlo realmente: sus párpados estaban completamente cerrados y no parecían querer abrirse tampoco. Sus oídos se llenaron cuando escuchó un gemido gutural despegar de la garganta de Draco y sonrió complacida. Su cuerpo desnudo se movía haciendo fricción contra él, contra su erección que claramente podía sentir rozar contra su cuerpo.

Gimió nuevamente, queriendo más. Quería más que fricción. Abrió sus piernas, colocando aquella que no chocaba contra el colchón sobre el cuerpo de Draco. Volvió a gemir sintiendo que los dedos de él acariciaban con más ahínco, incluso con desesperación. Y lo peor era que eso le causaba más placer.

Con mayor lugar para maniobrar entre sus piernas, Draco se colocó más abajo que Ginny y con cuidado empezó a hacerle caricias con su pene, incitándola aún más. Ella gemía desesperada, aferrándose a la almohada como podía con sus manos y uñas.

-Hazlo Draco, hazme tuya-murmuró con su voz adormilada.

No dudó ni un segundo antes de penetrarla con cuidado. No quería lastimarla, pero le sorprendió la facilidad con la que pudo introducirse en ella.

Las embestidas se hicieron cada vez más feroces y desesperadas, mientras Draco acariciaba su cuerpo con ahínco. Una de sus manos se deslizaba por uno de sus senos, masajeándolo y apretándolo, mientras que la otra recorría su vientre y su intimidad. Resbaló sus dedos yendo más hacia abajo, invadiéndola nuevamente, rozando sus labios como podía. Los gemidos de Ginny aumentaron notoriamente y Draco sonrió satisfecho.

Deslizó su roce hacia el clítoris y comenzó a masajear, obteniendo el resultado que quería.

-¡Por Merlín Draco! ¡Más!

Aquellas palabras provocaron embestidas más frenéticas y excitantes, que produjeron un fuerte orgasmo que desequilibró a Ginny, y unos segundos después, también a él.

Tomó su mentón y volteándole la cara para hacerlo más accesible, la besó con lentitud, embriagándose de sus labios, presionando suavemente. Aquel roce era jodidamente delicioso, y con su boca ardiendo, la abrazó nuevamente y se quedó dormido unos segundos después que ella.

- o.O.O.O.o -

Cuando Draco despertó, sintió el calor colándose entre sus sábanas y sonrió, todavía sin abrir los ojos. Asimiló todo aquello que había ocurrido la noche anterior: el cuerpo de Ginny entrelazándose contra el suyo, sus cabellos esparcidos por la almohada. Se dio vuelta tanteando entre su cama, aclamando con sus manos su cintura y antes de haber abierto los ojos para comprobarlo, supo que ella no estaba.

Se había ido.

Los abrió dolorosamente, tan solo para comprender la triste realidad, porque el dolor no le dejó asimilarlo. El lugar en donde había yacido su cuerpo en la noche seguía caliente, por lo cual se acercó a él y abrazándose a la almohada inspiró con fuerza su perfume. La funda y las sábanas olían a cerezas.

Eso implicaba que hacía poco se había ido. Corrió casi desesperado y desnudo hasta el baño, abriéndolo. Pero allí tampoco había nadie.

Suspiró rabioso. Aquello era toda su maldita culpa. Le había pedido, casi rogado que se quedase a su lado y ella lo había obedecido, pero no porque en verdad ella pensase hacerlo. No después de todo lo que había ocurrido, de todo lo que le había dicho.

O más bien de lo que no le había dicho.

No podía evitar pensar en cómo él se había imaginado aquella situación en su cabeza. Ella se despertaría bajo la mirada de él y la atraería enredando sus manos en su cintura. Luego la dejaría ir a bañarse no sin antes asegurarse el poder entrar a hurtadillas a la ducha. Y allí, perderse al menos la mitad de la mañana.

Pero aquello no iba a ocurrir, y entre sus pensamientos el dolor de cabeza y el malhumor se extendían por su cuerpo con rapidez.

Todavía seguía sintiendo el dolor de su corazón agrietándose ante lo que ella le había preguntado. ¿Cómo sería no verla más, ni un solo minuto más de su vida?

Dolía hasta la tortura aquella sensación. Mientras se bañaba no pudo evitar pensar en su ausencia y el dolor le llenó los ojos de lágrimas que se encargó de retener. Sabía muy bien que podía convivir con observarla durante algún tiempo a lo lejos, intentando sonreír, con la risa quebrada. Podía sobrevivir pensando en que seguramente ella seguiría tarde o temprano su camino y sería feliz, aunque él posteriormente se sumiera en la oscuridad y llegara a conocer tan solo un gramo de la felicidad.

Pero que no pudiese ver sus ojos brillar una vez más al menos lo congelaba en su sitio, lo lastimaba hasta la agonía.

La soledad le estaba haciendo mal, seguramente era eso. Seguramente la abstinencia estaba haciendo de las suyas y se había acostumbrado tanto a la presencia de ella, a que lo buscase con ahínco y agilidad, que sería un duro golpe que dejase de ocurrir tan abruptamente. Tenía que ser la costumbre de su cercanía, sino nada tenía verdadero sentido.

Cuando salió del baño Nott y Zabini ya estaban allí. Ninguno dijo nada, tan solo le dirigieron algunas sonrisas cómplices que él no respondió: todavía la idea de no verla más le asfixiaba.

Caminó hasta el Gran Comedor dispuesto a desayunar café para soportar el dolor de cabeza que lo inundaba. No era demasiado temprano porque ya había varios alumnos sentados en sus mesas.

Ese día había excursión a Hogsmeade, pero él no pensaba ir. O al menos no lo haría si ella no estaba entre las carrozas. Miró hacia la mesa de Gryffindor y dando un vistazo se dio cuenta que ella no estaba allí. Lo más probable era que estuviese cambiándose o quizás durmiendo.

Su mejor amiga hablaba con un muchacho que siempre andaba con ellas y ambos parecían preocupados. Sin embargo no le dirigieron una sola mirada incluso cuando se marcharon.

Él esperó. Sólo porque necesitaba verla una vez más, para cerciorarse de que ella estaba allí, aunque fuese ridículo. Y esperó. Una hora, dos horas, tres horas. Llegó la hora de comer y él seguía con la mirada fija en la mesa de Gryffindor. Comió casi sin bajar su rostro, aunque Pansy lo miraba raro y Blaise había intentado conversar con él.

Resignado, casi al borde de la locura, salió de su mesa y se dirigió a los jardines. El frío todavía se colaba entre su cuerpo, pero la nieve no había hecho acto de presencia. Los recorrió y no pudo evitar abordar todos los recuerdos que lo invadían. Aquel beso en donde supo que no podría evitar acostarse con ella aunque su mente le gritaba que aquello que él estaba pensando, aquellos impúdicos pensamientos eran una traición a su linaje, a su nombre y a su honor. Sonrió pensando en lo mucho que había cambiado desde que todo había empezado. No estaba del todo seguro en qué hacer, pero conocía las dos opciones demasiado bien como para ignorarlas.

La primera era intentar olvidarla y sobrevivir de su recuerdo. Hacer su vida más fácil, adinerada y dolorosa. Pero verla a ella feliz.

La segunda era reconocer que la amaba y enfrentar a todos. Eso implicaba ser desheredado no solo del dinero sino del amor paternal. Salvo Blaise, todos en Slytherin lo mirarían con vergüenza y en Gryffindor nadie lo querría. Salvo ella.

Será la comidilla de todos por mucho tiempo y tendría que enfrentarse a sus seis hermanos, lo que posiblemente implicaría una cama de hospital y un dolor físico agudo.

¿Acaso alcanzaba el amor de ella, sus besos y sus sonrisas para soportar todo eso? ¿Valía la pena dejarse llevar por la corriente, atravesar el camino más difícil cuando quizás todo terminaría mal?

La respuesta clara era que no lo valía, pero aquello le producía un dolor agobiante. Pensar en no volver a verla, en tan solo tener unos meses más para tenerla cerca, le quitaba el aire.

Jamás había considerado la otra opción, jamás podría decidir por la opción más difícil. Iba contra su naturaleza aceptarla. Sería negar sus raíces, su forma de ser. Y sin embargo… la idea parecía tan tentadora que dejó de preguntarse si incluso pensar en la segunda opción no sería demasiado atrayente como para no querer despegarse de eso. Porque su miedo de considerar aquello era que no pudiese resistirse a la idea de ser feliz y aunque no fuera conveniente, siguiera con ella.

Golpeó la corteza de un árbol con su puño haciéndose daño.

Quería que ella fuese feliz, y él sabía que cerca de él eso no sucedería. Era demasiado egoísta para amarla, y él sabía que no la merecía.

¿Por qué no era todo más fácil? ¿Por qué había perdido la razón por una Weasley?

- o.O.O.O.o -

Las horas pasaron hasta que anocheció. Draco estaba nervioso. Necesitaba verla aunque fuese una vez más, para comprobar que ella seguía viviendo, seguía existiendo. Sabía que era estúpido pensar en que ella pudiese suicidarse, porque no tenía sentido. Pero la angustia lo carcomía como si él mereciera ese honor.

Sin embargo esa noche no apareció y Draco no pudo dormir casi nada. Cerró tan solo los ojos dos horas porque sus párpados se caían de sueño, pero despertó un tiempo luego, empapado de sudor y con las pupilas llenas de las imágenes de sus pesadillas.

No sabía qué era peor de todo: que la torturase sexualmente en sueños, o que le retorciera el cuerpo de dolor en sus pesadillas; pero de todas formas ella seguía presente.

Bajó a desayunar y antes de sentarse, echó una ojeada a la mesa de Gryffindor. Ella no aparecía, y él se encontraba cada vez más susceptible. Necesitaba verla sonreír, saber que aquella decisión no iba a lastimarla, o al menos, no la hundiría en la oscuridad, como a él.

Él sabía muy bien que ella era una mujer demasiado valiosa y que ningún hombre podría merecerla, porque brillaba con luz propia e incluso iluminaba a todos a su alrededor.

Esperó hasta la cena y recorrió la biblioteca en su búsqueda, pero no la encontró. A pesar de no haberla visto, se sentía con más vigor que antes: mañana era lunes y ella tendría que concurrir sí o sí a clases.

Sin embargo no pasó. No fue ni a su primera, ni a la segunda clase. Ni siquiera almorzó en el Gran Comedor. Las ojeras que presentaba Draco eran enormes bultos debajo de sus ojos que prácticamente rozaban sus pómulos.

Se estaba poniendo nervioso y a la vez sulfurando. Quería verla, no podía estar como zombie durante toda la semana, buscándola mecánicamente y sintiendo el dolor que sentía al no verla allí.

Intentó con decisión la siguiente clase, pero no la vio entrar y antes de dirigirse a la suya, dio un vistazo dentro del aula y no la vio. Draco maldijo para sus adentros. Saldría quince minutos antes, así podría ver si era que ella pedía salir antes con alguna excusa.

Pero tampoco ocurrió. Se fijó en la gente que salía de aquella aula, y solo pudo observar a Christinne, discutiendo con el mejor amigo de ella.

La esperó pacientemente a que terminara de hablar con él y apenas ella salió del salón, susurró con un murmullo ahogado de dolor.

-Por favor, dime que está bien.

-Lo siento Malfoy-dijo Chris con una sonrisa triste-Ella lo ha dicho en serio. Está buscando la forma en que no la puedas ver más.

Las lágrimas se agolparon nuevamente en sus ojos y volvió a retenerlas haciendo más fuerza que antes. Cada vez se volvía más duro.

Ella no podría hacer eso, ¿Verdad? Draco maldijo para sus adentros. No quería eso. No quería dejar de verla. No quería dejar de abrazarla y besarla. No quería estar lejos de su cuerpo, de su sonrisa.

-¿No te das cuenta que estás razonando mal las cosas?-murmuró ella en voz baja, para que los demás estudiantes no la escucharan.- Te alejas porque quieres que sea feliz, cuando ella lo único que quiere y lo único que puede hacerla feliz eres tú.

Tuvo que sostenerse de la pared si no quería caer. Ella tenía razón, y no solo la tenía, había pronunciado una verdad tan arrolladora que no sabía que pensar, decir o sentir. Todo era demasiado confuso y un remolino se formó en su interior.

Sin pensarlo, ella lo había desviado indefectiblemente hacia la segunda opción. Había dicho las palabras correctas para que esa fuera la opción más razonable, la más apetente.

-Probablemente ella me matará si te digo esto, pero no puedo verla más de esa forma. Llora por ti, Malfoy.-se mordió el labio- Todos los días a la noche, antes de que Madam Pince cierra, se escabulle con la capa invisible y se queda por muchas horas leyendo. Seguramente a las once de la noche podrás encontrarla.

Draco no se dio cuenta que en seguida Chris se fue, dejándolo solo.

Comenzó a caminar hacia su cuarto y allí se tiró en su cama. Tenía que buscarla esa noche, hablar con ella. No quería pasar más tiempo sin verla reír, sin observar sus ojos brillando.

Cerró los ojos. ¿Qué ocurriría si…?

Su mente divagó por entre los resquicios de imaginación que azotaban su mente con imágenes dolorosas, pero alegres. Sería demasiado hermoso tenerla en su cama todos los días de su vida, discutir con ella, ver como se enojaba y se le coloreaban las mejillas, acariciar su piel.

Aquella deliciosa opción cada vez sonaba mejor. ¿Qué importaba que lo desheredaran si él era brillante y esperaba tener un buen futuro? Hablaría con su madre y cuando se la presentase, a ella también le caería bien. Y sus hermanos… bueno, en el momento en que intentaran atacarlo podría sencillamente desaparecer y reaparecer fuera del cuarto, o utilizar hechizos sencillos. No era tan grave, ¿O sí? Además, la perspectiva de que Ginny fuese su doctora y lo cuidara cuando él estuviera adolorido, le confortaba.

Sonrió por primera vez en mucho tiempo. En verdad la amaba. Y estaba decidido a no dejarla ir. Suspiró por primera vez sintiendo que la tranquilidad y la armonía se hacían partícipes de su cuerpo con una ferocidad aplastante. Se sentía realmente bien. Verdaderamente Blaise había tenido razón.

Sintiéndose renovado, sin la incertidumbre de la indecisión, se levantó de su cama dispuesto a recorrer los pasillos hasta la biblioteca.

Tenía que ir en busca de ella y decírselo.


Terminó este capítulo, pero espero subir pronto el siguiente, sobre todo porque aquí comienzan las complicaciones. Incluso les dejaré un adelanto.

Se llamará Amores Imposibles.

"-Lo siento Draco-murmuró acariciando su mejilla. Una lágrima se deslizó por entre las pecas, solitaria, y Draco supo que sus palabras no eran por los golpes, sino por otra cosa. Quizás en verdad hubiese sido mejor olvidarla, aunque sabía que ahora ya no tenía opción."

Eso lo acabo de escribir recién, pero permanecerá lo más fiel que pueda mantenerlo.

Saludos y espero sus reviews!