Capítulo XI
Anhélame
"Sumérgeme en tu nido de vértigo y caricia.
Anhélame, retiénteme.
La embriaguez a la sombra florida de tus ojos,
las caídas, los triunfos, los saltos de la fiebre.
Ámame, ámame, ámame.
De pie te grito! Quiéreme.
Rompo mi voz gritándote y hago horarios de fuego
en la noche preñada de estrellas y lebreles.
Rompo mi voz y grito. Mujer, ámame, anhélame.
Mi voz arde en los vientos, mi voz que cae y muere."
Pablo Neruda
Me sentía como un león enjaulado, paseándome de un lado a otro de la habitación, furioso y obligado a mantenerme encerrado.
No entendía cómo era posible que todo se hubiera complicado de este modo.
Llegué al hotel en menos de una hora desde Kasukabe. Dejar a Kagome había sido más difícil de lo que imaginé. Eso, sumado a la frustración que arrastraba y que me había dejado con un humor insoportable.
En la puerta me recibió Kagura.
- Bienvenido – dijo con aquella breve amabilidad.
Le hice un gesto con la cabeza. No tenía ánimo de hablar y me esperaba una entrevista.
- Tienes la tercera habitación – me comunicó – Sesshomaru irá en un momento.
Me detuve a mitad de camino entre el recibidor y el pasillo, la miré y esbocé una sonrisa sarcástica. Kagura se acomodó los lentes al verme, en un gesto de nerviosismo contenido.
- ¿Dónde está? – le pregunte, clavando mis ojos en los de ella.
- El dijo que iría a…
- ¿Dónde está? – la interrumpí.
Kagura continuó mirándome, ella sabía que no iba a desistir.
- En esa – indicó una de las puertas.
Volví a hacerle un gesto con la cabeza agradeciéndole su obligada condescendencia.
Me encontré con Miroku de camino y este me saludó con un golpe en el hombro, al que no respondí de ninguna manera, mi única meta era la habitación de mi hermano.
- Vaya, otra vez con un humor de perros – le escuché decir mientras se alejaba.
Cuando entré en la habitación de Sesshomaru, éste me miró con el ceño endurecido. Estaba hablando por teléfono, así que agitó la mano en el aire indicándome que cerrara la puerta. Lo hice sin mucho cuidado, el sonoro golpe me regaló una mirada desafiante de Sesshomaru que yo devolví mientras me dejaba caer sobre el sillón.
- Muy bien – decía a su interlocutor – diez preguntas – estaba finiquitando las pautas de la entrevista - … una por periodista.
¿Habría más de un periodista?
- No, treinta minutos… - continuó acordando – sí, luego la firma de autógrafos… sí los cuatro… bien…
Sesshomaru estaba tomando nota de lo que le decían al teléfono. Miré hacía la ventana, apoyando la cabeza en el respaldo del sofá. No lograba dejar de pensar en Kagome, en sus palabras, en el sabor agridulce de ese último beso que aún me quemaba en los labios, como si acabara de sentirlo.
Algo cayó con cierta violencia sobre mis manos y miré a Sesshomaru que estaba de pie frente a mí con un cigarrillo encendido.
- Baja a la tierra – me dijo, su rostro estaba endurecido.
Estaba tan ensimismado en mis recuerdos de Kagome, que no me di cuenta que ya había terminado su conversación telefónica.
Era obvio que no aprobaba la 'situación' que estaba manteniendo con Kagome, no podía darle un nombre en realidad, de momento la mantenía en calidad de situación.
No quería pensar en lo que haría si supiera que ella estaba esperando un hijo. Podía recrear en mi mente sus palabras.
"Querrá responsabilizarte a ti"
Aquello me retorció el estómago.
Miré la caja de cigarrillos en mi mano y saqué uno, me sonreí ligeramente al pensar en la reacción que tendría Kagome al estar cerca de mí, en este momento. Se habría alejado para no aspirar el humo,
Encendí el cigarro y le di una calada profunda, sintiendo el humo entrar calmando de forma momentánea mi ansiedad.
- Tienen una conferencia – me informó.
- Dijiste que sería una entrevista – le hablé en tono calmado, pero firme.
Sesshomaru sabía bien que las conferencias me resultaban incomodas. A mí me gustaba cantar.
- Necesitamos la publicidad – sentenció apagando el cigarrillo a la mitad – las ventas no van tan bien como pensamos.
Mi hermano era un hombre relativamente sereno, a pesar que las situaciones parecieran preocupantes. Él tenía la capacidad de dar golpes certeros en medio del caos.
- Ya hemos hablado sobre eso – le dije aspirando una nueva bocanada de humo – si no se incorpora buen material extra, no subirán.
- ¿Y cuáles son tus sugerencias? – me preguntó apoyándose contra una mesa, con los brazos cruzados ante el pecho.
Lo miré con cierta suspicacia. Sesshomaru me consideraba, pero hoy se estaba portando demasiado amable.
- Más autógrafos en los sitios de venta – me encogí de hombros – más cercanía con los fans… más conciertos…
- O una policía anti piratería – habló con malestar.
Ahora apagué yo el cigarro y me puse de pie.
- No insistas en eso – continué – hay que buscar otros medios.
Mi hermano era un maniático del control. Que nuestros álbumes estuvieran circulando por internet, casi al tiempo que se ponían en venta en las tiendas, era algo que no concebía. Yo le llamaba globalización, simplemente. Aunque me estuviera dejando un agujero en el bolsillo.
- Pero InuYasha – exclamó con hastío – es nuestro trabajo el que se llevan sin pagar nada por él ¿cuánto más nos sostendremos así?
- También llegamos a más público – le insistí. Después de todo el tema de la piratería tenía dos caras.
- Ya… - me concedió con sarcasmo – y pronto no llegaremos a nadie, porque no habrá dinero para montar un concierto.
Su postura era algo exagerada, pero la comprendía. Cualquier artista que no tuviera el éxito que teníamos nosotros, se quedaba en el camino por falta de fondos. Así que en ese punto no le discutí. Debía darle la razón, al fin y al cabo, parte importante de nuestras ganancias salían de los discos que vendíamos.
- ¿A qué hora es la conferencia? – pregunté cambiando algo de tema. Bajar a la realidad de nuestro negocio había aplacado en algo mi mal humor.
- En dos horas – respondió. Se notaba la preocupación en su voz.
- Estaré listo para entonces – me comprometí y me giré para salir.
En cuanto estuve en mi habitación me dejé caer sobre la cama observando el blanco techo, no había imperfecciones visibles en él, raso por completo, con unos geométricos dibujos bordeando la unión con la pared de color canela.
Buscaba distraer mi mente, pensar en… nada quizás. Lo único claro era la necesidad que tenía de dejar de pensar en Kagome. En cuanto salí de la habitación de Sesshomaru, mi primer pensamiento fue para ella, y eso había avivado el deseo que tenía de llamarla y escuchar su voz. Clara, suave, como la caricia de la brisa en primavera.
Me mordí el labio. El deseo de escucharla seguí ahí. Nada lograría aplacarlo. En ese momento tirado sobre la cama, era consciente del lugar exacto en el que estaba mi teléfono y de los pasos que me separaban de él. Era consciente, incluso, de los segundos que me tomaría marcar.
Respiré profundamente y cerré los ojos. Su rostro arrebolado por la pasión que habíamos compartido, se encontraba junto a mí, y sus hermosos y expresivos ojos castaños, me hablaban de un sentimiento que parecía reflejo del mío. Pasión.
Abrí los ojos y avancé los pasos que me separaban de mi chaqueta. Tomé mi teléfono y busque en la agenda su número. Era extraño tener un número nuevo en mi teléfono particular. Toda una experiencia.
Pulsé el botón de llamar.
Un momento después escuché su voz, y todo me pareció ralentizarse, incluso mi propia respiración.
- ¿Si?...
Sonaba algo extraviada, como si no estuviera segura de querer responder. Tragué con dificultad, quizás la estaba presionando demasiado con mi presencia, pero ya no me sentía capaz de dar el paso a un lado y salir de su vida sin más.
- Hola – dije intentando que aquel fuera un saludo cordial, a pesar de lo temeroso que me sentía.
Después de todo no podía culparla. No había comenzado bien con ella.
Inmediatamente recordé la forma en que habíamos comenzado. Enredados entre las sábanas de una cama de hotel. Me sonreí con ironía, aquel no parecía, después de todo, un mal comienzo.
- Hola… - Me respondió algo más tranquila - … llegaste pronto… - agregó, y me sorprendí riendo de aquello. La conversación se iba aligerando.
- Te sorprendería lo rápido que se viaja en un taxi – seguí riendo. Su comentario había parecido tan ingenuo, que rayaba en lo ridículo. Y aquello era parte de lo que me atraía de Kagome. Era una mujer, en muchos sentidos, una capaz de despertar en mí, los anhelos más inconfesables, y a la vez, era una chica ingenua, limpia, casi etérea.
La escuché reír.
- Ya… lo olvidaba – Habló, como si recién se diera cuenta de la distancia que habíamos recorrido. Caminar todo un día parecía mucho. Pero sólo lo parecía.
Me quedé en silencio escuchando su voz, rodeándome y llenándome de ella. Finalmente volví a hablar.
- ¿Dónde estás? – quise saber. Esperaba con ansias que aún estuviera en Kasukabe.
- Sigo en Kasukabe… - me explicó, y algo en mi pecho se relajó, como si lo hubiese mantenido apretado mientras esperaba su respuesta.
- Ajá… - continué - ¿Comiste ya tu primera barrita de cereal? – le pregunté ya más tranquilo, pensé en aquel detalle como algo que me permitía estar cerca de ella en este momento.
De pronto me sentí como si llevara la vida entera hablando con Kagome, entendiéndome con ella, haciendo planes. Todo. Por un instante sentí que estábamos rodeados de una exquisita intimidad.
- No… aún no… - respondió sin la misma chispa de antes.
- Ya es bastante tarde – le recordé - ¿desayunaste al menos? – me preocupaba que no comiera bien, la noche anterior había sido muy mala y no tendría nada en el estómago.
- No… ya sabes que no puedo… - me dijo y pareció cortar la respuesta
- No debes tener nada en el estómago – hablé, esperando que mi voz no sonara a un reproche a
- Ahora mismo voy por un helado – me aclaró, como si con eso estuviera resarciéndose de algún mal acto.
- ¿Un helado? – le pregunté incrédulo. Había escuchado de antojos extraños, pero ¿helado tan temprano?
Kagome pareció descubrirme.
- Sí… ¿Qué tiene de extraño? – preguntó algo desafiante.
Me sonreí podía ver su expresión en los recuerdos que ya guardaba de ella.
- Nada, nada… - dije, agitando la mano en el aire, gesto que detuve. La conversación había fluido con tanta naturalidad que hasta me parecía tenerla junto a mí.
- Así me gusta… nada que decir… - habló con alegría y desenfado.
- Por supuesto… - continúe diciendo, sin querer perder el hilo de aquella juguetona conversación. Me había dejado caer sobre la cama para hablar con ella más a gusto, mientras observaba, sin mirar, el blanco techo de la habitación - ¿quién soy yo para contradecirte?... – me reí abiertamente. Y creo que me sorprendí a mí mismo.
Un sonido agudo, como el de las ruedas de un vehículo al frenar se escuchó claramente. Me puse de pie de un salto, el mismo que dio mi corazón, seguido de un palpitar frenético.
- ¿Kagome?... – pregunté con la esperanza de escuchar su voz - ¡Kagome!... – comencé a llamarla con desespero. En mi mente se gestaban múltiples imágenes de ella tendida en el suelo, ensangrentada y el teléfono pro el que ahora salía mi voz olvidado. Como mi suplica. Que alguien me dijera que estaba bien - ¡Kagome!
Comencé a escuchar voces. Me quedé en silencio esperando descifrar lo que estaba sucediendo. Mi mente ya estaba organizando el viaje que haría hasta el sitio en el que Kagome se encontraba. Iría por ella, sin importarme nada.
- ¿Se encuentra bien? … señorita… ¿se encuentra bien? – insistía una voz masculina.
El corazón me latía vertiginoso. Tan fuerte, que temía dejar de escuchar lo que sucedía con Kagome.
- S…sí…- Escuché de pronto su voz.
Sentí un nudo apretar con fiereza mi garganta.
- ¡Kagome!... ¡Kagome!... – repetía su nombre con insistencia.
Estaba respirando agitado, debía de estar gritando además, ya que sentí varios golpes en mi puerta.
-¡Estoy bien! – grité con todas mis fuerzas.
De pronto escuché su voz y no fui consciente de si los golpes en la puerta cesaron o yo dejé de oírlos.
- ¿InuYas…?
- ¡Kagome, Kagome!... ¡oh Kagome!... ¡¿Qué ha pasado?... – la interrumpí, me sentía angustiado.
- Estoy bien – Le escuché decir con apremio. Como si intentara calmarme. Desde luego no era suficiente.
- ¡¿Pero qué pasó?... ¡dime qué pasó!... – Le exigí, necesitaba saber que estaba efectivamente bien que ninguna de las aterradoras imágenes que pasaban por mi cabeza eran reales.
- Espera… - respondió dejándome con la incertidumbre.
No estaba seguro de lo que sentía en ese momento. Por mi cabeza pasaba a necesidad de saberla a salvo, pero igualmente los deseos de tomarla por los hombros y sacudirla por dejarme esperando.
- Muchas gracias fue un descuido horrible – La escuché hablar con alguien.
Apreté el puño y respiré profundamente intentando calmarme.
- ¿Estará bien? – La voz de un hombre se escuchó, estaba casi seguro que se trataba del mismo hombre que antes le había hablado.
Tenía buen oído, me era fácil reconocer sonidos.
Intercambiaron unas cuantas palabras más. El hombre parecía innecesariamente amable y aquello me estaba lacerando el estómago.
Cuando al fin terminó la conversación, escuché nuevamente la voz de Kagome cerca del teléfono.
- ¿InuYasha?... – habló como si estuviera asegurándose que aún seguía en la línea.
- ¿Vas a dedicarme un minuto finalmente?... – le dije enfadado, a pesar de mi intentó por parecer sereno, sabía que mi malestar se estaba filtrando en el tono de mi voz.
La escuché exhalar y me sentí culpable por dejar que mi irritación le cayera como un balde de agua helada.
- Lo siento… - le dije finalmente, sin lograr que mi disculpa sonara todo lo sincera que hubiese querido.
- Me distraje al cruzar… - me explicó
- Y te ayudó ese tal Houjo – cerré los ojos ante lo poco acertado de mi comentario. Ahora parecería un idiota celoso.
- ¿Cómo sabes eso? – me preguntó notoriamente sorprendida.
Por lo que deduje que no se había percatado que yo escuchaba todo lo que hablaban. Notar que por ese instante le importé tan poco, pareció clavarse como un puñal en una herida abierta.
- Lo escuché cuando te decía… "Me llamo Houjo, vivo en aquella casa"… - intenté parecer irónico, y comprendí que sólo resultaba patético.
Hubo un momento de silencio. Y por el instante que duró sentí miedo a que Kagome cortara y se perdiera algo entre nosotros.
- Pero… ¿estás bien?... – pregunté ya con más cautela.
Ella se tomó un segundo.
- Sí… - me respondió con amabilidad – y ahora voy por mi helado de limón – la escuché reír levemente, como si intentara disipar la tensión que se había gestado.
Yo no lograba sentirme nuevamente como al inicio de nuestra conversación. Tenía un enorme peso en el pecho. En el alma.
- Kagome… - hablé suavemente, como si deseara acariciar su nombre con mi voz.
- ¿Si?...- ella preguntó con cautela, en un leve susurro.
Titubee antes de hablar. Había demasiados sentimientos implícitos en lo que iba a decir.
- ¿Me esperarás?... – pregunté, sabiendo que fuera cual fuera su respuesta, a mí sólo me quedaba la opción de aceptarla.
Kagome estaba embarazada, decía que ese hijo era mío y yo… yo no sabía nada. Sólo que me estaba robando el corazón.
- Sí… claro que sí… - respondió con seguridad, toda la que yo podía reconocer en sus palabras.
Cerré los ojos en un estado de liberación. Aquella afirmación me estaba dando el respiro que necesitaba para entender lo que habitaba en mí.
- Gracias… - murmuré apenas. Volví a escuchar golpes en la puerta, sabía que debía irme pronto. Kagome respiraba con suavidad, apenas podía percibir el susurro del aire saliendo de su boca - … tengo que irme ya… - le dije, sintiéndome como un vagabundo hambriento de sus besos.
- Comprendo… - me respondió.
- Espero terminar pronto… - no quería cortar aún.
- Bien…
Ambos nos quedamos en silencio. Ninguno quería decir adiós.
- Nos vemos – dije finalmente y corté antes que Kagome pudiera responder. Si la escuchaba una vez más, saldría corriendo a su encuentro.
.
.
La conferencia de prensa no era muy diferente a otras que habíamos dado. Los flashes de las cámaras brillaban aquí y allá, sin cesar. Ya me había hecho inmune a ellos y me había acostumbrado a centrar mi irada en algo o en alguien para no tener la reacción habitual que producía una de aquellas luces, pestañear.
Las preguntas eran las habituales.
Que si las letras de nuestras canciones nos representaban, claro que nos representaban, las escribíamos nosotros, ¿qué debía responder a eso? Que si daríamos una fiesta luego del concierto, eso era algo habitual, aunque no disfrutaba jamás de ellas. Que si mi ropa era de diseñador, alguna sí, la que me gustaba y podía permitirme. Que si tenía novia, aquella pregunta me costó responderla, de hecho no llegué a hacerla, ya que antes de intentarlo una voz sonó en medio de la sala, con desfachatez, pero mucha claridad.
- InuYasha… ¿es Kagome Higurashi su novia? – preguntó una mujer. Me enfoqué inmediatamente en ella, era Tsubaki.
Maldición. ¿No me dejaría jamás libre?
Sostuve con firmeza el lápiz que tenía entre los dedos, con la mano extendida hacia adelante, sobre la mesa. La miré fijamente, los flashes no dejaban de parpadear una y otra vez. Noté el movimiento incómodo de mis compañeros, en sus asientos. Sabía que debía dar una respuesta.
Y la di.
- No, ella no es mi novia – dije con acidez, mordiendo las palabras, sintiendo como me quemaban en la garganta.
No estaba mintiendo, pero la idea de negar todo tipo de relación con Kagome, me dolía. Lamentablemente esta era la parte oscura de vivir bajo las luces de un escenario.
- Pero se le ha visto salir de su hotel cuando ha estado en Tokio – continuó insistiendo.
Tsubaki podía ser venenosa como una serpiente, yo lo sabía muy bien. También era como una de ellas al cazar una presa. Se enredaba a su alrededor sin permitirle escapatoria.
- Ha terminado la conferencia – habló Sesshomaru saliendo desde un costado – se les agradece su presencia.
Apreté el lápiz en mi mano, sin dejar de mirar a esa perniciosa mujer, que sonrió irónicamente. Me puse de pie y me fui del lugar. En el camino arrojé el lápiz a la primera esquina.
Cuando entré en el ascensor Kagura entró conmigo. Siempre estaba perfectamente arreglada y con su agenda a la que yo tenía aberración, de ella salían mis peores momentos.
- Hay una recepción esta noche – me avisó.
Creo que no arrugué el ceño, porque no me era posible estar más enfadado.
- No iré – le avisé – anótalo en tu agenda. – le hablé con ironía, no me sentía especialmente amable.
- Sesshomaru dijo que no querías ir – continuó inmutable.
- A mira… ahora también es adivino – me sentía incapaz de decir algo agradable.
- Dijo que insistiera – Kagura no parecía amedrentarse por mi tono agrio.
Me quedé en silencio un instante, faltaban dos pisos para llegar a la suite.
- Me presentaré, y estaré media hora – le advertí. No tenía paciencia ni cuerpo para estar más tiempo. Quería volver con Kagome.
Sentí que la sangre me hervía. Después de la insinuación que había hecho Tsubaki, delante e múltiples medios de prensa, me resultaría casi imposible pasar desapercibido.
- Bien, se lo diré – me avisó y avanzó fuera del ascensor, abrazando su agenda.
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Llevaba quince minutos en la recepción que se estaba efectuando para la candidatura a la entrega de premios de una conocida cadena de televisión de Tokio. Intentaba sonreír a los asistentes, y que no se notara mi desazón, acompañada de los infinitos deseos que tenía de desaparecer del lugar.
Como había previsto y a raíz de las preguntas que me había hecho Tsubaki, ahora la prensa estaba armada hasta los dientes y no se perdía detalle de mis movimientos.
Miré la hora en mi reloj. Me estaba empezando a desesperar, quería salir de ahí pronto, subirme a un auto y conducir hasta Kagome. Pasé gran parte de aquella tarde imaginando que llegaba a la habitación en la que durmiéramos la noche anterior y que me metería bajo aquella exótica colcha de leopardo siendo recibido por un soñoliento abrazo de ella.
Debía irme pronto, y debía evitar que me siguiera la prensa. Miroku que estaba junto a mí, me iba a ayudar.
- ¿Qué sucede? – preguntó.
Entonces escuché unas voces exaltadas que venían desde la entrada. Había bastante gente en la recepción, la suficiente como para que no se distinguiera con claridad lo que estaba sucediendo. En ese momento escuché su voz.
- Kaguya…
No podía creerlo, pero sabía que era ella, su voz era inconfundible para mí.
Avancé en medio de la gente y la vi. Sus ojos de un azul intenso, como una noche iluminada por la luna. Su cabello oscuro y sedoso cayendo por la espalda. No había cambiado nada en los dos años que llevaba sin verla y sin embargo algo parecía diferente.
Me acerqué la tomé del brazo y le susurré.
- ¿Qué haces aquí? – mi voz sonó aterciopelada y amenazante.
Me miró, sonrió y el rojo de su labial perfiló exquisitamente sus labios.
- He venido por ti.
Tiré de ella como pude y salí de aquel lugar. Los flashes de las cámaras fotográficas se dispararon acribillándonos, pero a mí sólo me importaba salir de ese lugar con Kaguya.
Continuará…
Por fin… tengo tuto (sueño) *O*…
He puesto a Kaguya, porque necesito una Zo…cof… una mujer algo vividora y ella creo que da la talla, además de ser un personaje muy atractivo. De esa manera espero tranquilizar a las que no pueden ver a Kikyo… jajajajaja... pobre mujer.
Espero que el capítulo les guste. InuYasha está experimentando cosas nuevas para él, que se contraponen a la cautela que intenta tener… ainsss… a ver qué pasa.
Les dejo muchos, muchos besitos y recuerden que su review es mi sueldo…. ^^
Siempre en amor.
Anyara
