- Virginia!!!

Ginny saltó de su cama sobresaltada. Le costó unos segundos reaccionar, pero al momento cogió su varita y salió precipitada hacia el comedor, de donde provenían los gritos.

Oyó unos ruidos tras ella y comprendió que Harry y Ron habían tenido el mismo despertar que ella y la seguían de cerca.

Al entrar en el comedor ahogó un grito, la visión que había frente a ella hizo que se quedara completamente petrificada.

Draco Malfoy se encontraba de pie, con Hermione en sus brazos, inconsciente con una herida que sangraba en su cabeza.

Recuperó la sangre fría necesaria de un medimago y le dijo con tono presuroso:

- Túmbala ahí.

Cuando hubieron puesto a Hermione en el sofá, procedió a examinarle la fea herida de la cabeza.

- ¿Qué ha pasado? – le preguntó mientras analizaba la herida abierta en la parte posterior de su cabeza.

- No lo sé – dijo Draco, nervioso. – estábamos durmiendo, desperté de repente y vi a Hermione desmayada en el suelo, sangrando.- Caminaba aturdido, retorciéndose las manos. - ¿podrás curarla, verdad?

- Por supuesto, en realidad la herida es solo superficial, en la cabeza hay muchos capilares, por eso sangraba tanto. Tranquilízate – le sonrió – no es grave.

Draco se derrumbó en el sofá, en parte aliviado de que Hermione estaba "bien", pero muy desconcertado, ¿qué le había pasado a Hermione?¿Por qué estaba tirada en el suelo y herida?.

Mientras Draco pensaba, y Ginny atendía a Hermione, el pobre Harry trataba a duras penas de mantener a ron lejos de Malfoy.

- Cálmate Ron!!! – dijo Harry sujetando fuertemente al pelirrojo, mientras lo llevaba de vuelta a la habitación.

- ¡Ese miserable le ha hecho algo!!Seguro!- gritaba Ron – suéltame Harry, voy a darle tal paliza que no recordara ni su nombre.

- ¡Ron, estate quieto! ¡Él no le ha hecho nada!

- ¿Le defiendes?!! ¿Defiendes a esa serpiente?

- Esa serpiente es el novio de nuestra mejor amiga

- Si bueno – reclamó Ron con disgusto – Hermione siempre ha tenido mal gusto con los hombres – dijo recordando a Victor Krum.

- Ven, y en silencio.

Harry condujo a Ron en silencio hacia el comedor, quedándose en la puerta.

- míralo, míralo y dime si es culpable

Ron miró a Malfoy y tuvo que reconocer que Harry tenia razón.

Draco estaba en el suelo, sentado junto al sofá, cogiendo delicadamente la mano de Hermione rogando que se pusiera bien, a la vez que recordaba el pánico que había sentido al encontrar a Hermione en semejante estado.

* * * * Flash back * * * *

- Hermione!!!!

Draco se levantó de un salto y fue hacia donde estaba su novia.

La cogió delicadamente mientras le daba suaves toques en la mejilla.

- Hermione, despierta, Hermione... - el pánico lo abrumó cuando observó el suelo encharcado de sangre.

- Dios Hermione, despierta...  morena, ¿qué te ha...?¿quién te ha...?

En ese momento se dio cuenta de que no podía perder mas tiempo, Hermione debía ser atendida inmediatamente. No quería ir a San Mungo, allí lo único que harían seria ponerla aparte mientras decían: "Hay pacientes mas graves".

Entonces, se acordó de la pequeña Weasley, ella era medimaga.

Mientras cogía su varita y cargaba en brazos a Hermione se reprendió por no haberse acordado antes, y suplicaba a todos los dioses no perder lo que más quería.

* * * * Fin flash back * * * *

Un par de horas después, Ginny se dirigió hacia los chicos, que se encontraban en el sofá, medio adormilados por el cansancio y por haber sido despertados en medio de la noche.

- Ron, Harry, despertar

- ¿Qué..?¿qué pasa Ginny? – se sobresaltó Harry

- nada, no te preocupes, vamos, venir...

Se dirigieron a la habitación de Ginny, donde habían colocado a Hermione en la enorme cama de matrimonio que tenia la pelirroja a la espera de que surgieran efecto las pociones que Ginny le había administrado.

- Bueno...- dijo Ginny revisando por ultima vez a Hermione – creo que ya esta, las pociones que le he dado son revitalizantes – explicaba la pelirroja a Draco, que no se había movido del lado de Hermione – ya podemos despertarla – añadió con una sonrisa.

- Permíteme hacer los honores – dijo Draco – Enervate

Todos esperaban que Hermione abriera los ojos, sobretodo Draco, que, después del miedo que había pasado, anhelaba ver los dorados ojos de su novia.

Pero no se abrían.

Pasaron los minutos en silencio, todas las miradas fijas en la joven que yacía en la cama, dormida, como si fuera la bella durmiente de los cuentos de hadas.

Pero no era exactamente así, pues ni con el beso que su amado le dio en los labios se despertó.

Draco comenzaba a ponerse frenético, al ver que no había hechizo que la despertara, así que Ginny, con una mirada a sus amigos y un ligero movimiento de cabeza, hizo que lo sacaran de la habitación, mientras intentaba ver que había fallado.

Pasaban las horas, Draco caminaba sin descanso por el salón, sin hacer caso a las protestas de los Gryffindors.

Minutos después, Ginny entró en el comedor, exhausta.

- ¿Esta bien? ¿se ha despertado? – preguntó Draco con el brillo de la esperanza en sus ojos.

Pero Ginny, simplemente negó con la cabeza. Sin mas, la medimaga se dirigió a la chimenea, cogió polvos flu, y rezó para que le contestaran.

Al momento, la cabeza del mismísimo Albus Dumbledore apareció en la chimenea.

- Señorita Weasley, ¿qué sucede?

- Siento interrumpirlo señor – dijo Ginny apenada, pues no le gustaba importunar al admirado director – pero se trata de Hermione.

- ¿Le ha sucedido algo a la señorita Granger?

- Si, ha tenido un accidente, le he curado pero...me gustaría que viniera usted, por favor.

- Claro, enseguida estaré allí – dijo Dumbledore, tenia afecto a cada uno de los alumnos que habían pasado por la escuela, pero sentía cierta predilección por el trío Gryffindor, como se les conocía en Hogwarts.

- Gracias profesor.

Ginny se giró, mirando hacia Draco, haciendo oídos sordos a las incesantes preguntas de su hermano se sentó junto a él.

Draco tenia la cabeza entre sus manos, la situación era grave, mas de lo que pensaba si Virginia había tenido que llamar a Dumbledore. ¿Y él que hacia?. Nada. No podía hacer nada, y eso le estaba matando por dentro, la incertidumbre, la impotencia...

- No te preocupes Draco – dijo Ginny cogiendo de la mano al rubio – Dumbledore sabrá que hacer, siento no haber podido hacer nada más.

- No, no te disculpes, has hecho lo que has podido. Has estado fantástica – giró su rostro hacia la pelirroja y añadió con una triste sonrisa -  gracias...Ginny.

Ginny asintió como pudo, aguantando sus ganas de llorar. Le había emocionado mucho que Draco le llamara así, la consideraba una amiga, y ella estaría orgullosa de ese papel, ser amiga de un hombre como Draco, el hombre que tanto amaba a su mejor amiga, y que le hacia feliz, era todo un honor.

Con un PLOP, apareció Dumbledore en el salón, seguido de un disgustado Snape, quien ocultó su sorpresa de encontrar al Slytherin en la casa.

Dumbledore, tan diplomático como siempre, le dirigió a Draco una inclinación de cabeza y se dirigió a Ginny, que les conducía a su habitación mientras les explicaba lo sucedido.

Dumbledore comenzó a examinar a Hermione, mientras Snape, olvidando su repulsión hacia los Gryffindors, hablaba profesionalmente con Ginny acerca de las pociones que había suministrado a su amiga.

Draco esperaba ansioso en el salón, devorado por los nervios, aunque mas tranquilo que antes. Nunca lo diría en publico pero siempre había sentido cierto respeto hacia el director de Hogwarts, y no digamos de su profesor de pociones, si alguien podría curar a Hermione, sin duda eran ellos.

- Draco – le llamó Snape – ven un momento.

Draco asintió.

En un rincón del salón, lejos de las orejas de los Gryffindors Snape procedió a interrogarle.

- Draco...¿qué demonios haces aquí?

Draco se sorprendió, parpadeo un par de veces.

- ¿No lo sabe? – estaba sorprendido, pues la noticia de que Malfoy y Granger, enemigos jurados, un sangre limpia y una sangre sucia tenían una relación había recorrido medio mundo mágico, incluso en Hogwarts se sabia.

- ¿Saber el que?

- Severus, todo el mundo mágico sabe que soy el novio de Hermione

- ¿Qué tu que? – recompuso su rostro y se serenó – Draco, ¿te das cuenta el peligro al que la expones? Es una sangre sucia, y si ahora es tu novia duplica su peligro.

- Lo sé, y ella también lo sabe – Severus intentó hablar pero Draco le cortó – lo asumimos, Severus. Punto final.

- Bueno...¿qué le ha pasado?

Draco le contó lo sucedido, pero Snape le hizo hacer hincapié en el extraño sueño que decía tener.

- ¿A que viene esto Severus? Solo era un sueño.

- No te confundas Draco, los sueños pueden llegar a ser beneficioso, pero también peligrosos. ¿Dices que soñabas con un poder y te despertaste?

- Si, era muy extraño, era como si un extraño poder surgiera desde mi interior, entonces me desperté y encontré a Hermione herida en el suelo.

- Es posible...quédate aquí, voy a hablar con Albus.

- Pero....¿qué...?

Albus Dumbledore se dirigió hacia Draco tras una pequeña charla con Severus. Estuvieron hablando en privado durante un tiempo que a los demás les pareció una eternidad, hasta que por fin, entraron de nuevo al salón de Ginny.

Fue Dumbledore el que comenzó a hablar.

- Bueno, tras unas investigaciones hemos llegado a una conclusión. La señorita Granger ha sido "tocada" por una especie de energía desconocida, no sabemos como ni porque, pero al parecer, la mente de Hermione no se encuentra aquí.

- ¿Cómo? No lo entiendo – replicó Ron.

- Lo que quiero decir, señor Weasley, es que la mente de Hermione, su conciencia, parece haber traspasado las barreras del espacio, e incluso del tiempo, no lo sabemos con exactitud. Así que es probable que se encuentre perdida en alguna dimensión desconocida, aunque su cuerpo esta aquí, ella no.

- Pe...pero podrá hacer que vuelva, no? – preguntó Draco, aun sin comprender lo que estaba pasando.

- Señor Malfoy, esto es más complicado de lo que usted cree. Hermione esta perdida en algún lugar...

- Bueno, pues la encontramos y la traemos de vuelta – dijo Ron, resuelto a ir a buscarla.

- No sea estúpido Weasley – escupió Snape – no tenemos ni idea de donde puede estar, ni en que tiempo o lugar se halla. Puede estar en la China, en el año tropecientos antes de Cristo. No es como ir a la vuelta de la esquina.

- Severus...- advirtió Dumbledore, oliendo el comienzo de una discusión, ago que no hacia falta en esos momentos – me temo que el profesor Snape esta en lo cierto, señor Weasley.

- ¡Pero habrá que hacer algo! – gritó Draco, que comenzaba a ponerse histérico, viendo que no llegaban a ninguna parte. Quería tener a Hermione a su lado, y la quería YA.

- En efecto Señor Malfoy, ¿pero el que? – preguntó Dumbledore, frotándose las sienes – no tengo ni idea de por donde empezar – dijo el director, abatido.  

Se miraron entre ellos. En ese momento recordaron que, cuando sucedía alguna cosa como aquella, en ese momento de silencio, era Hermione la que saltaba de su sillón, emocionada por haber encontrado la solución al problema.

Pero ella no estaba.

Hermione se encontraba postrada en una cama.

Sin sentir nada, sin dolor, sin alegría, sin alma....sin vida.

Tan solo...dormía.

- Recuerdo que...- comenzó a hablar Ginny, insegura al principio por romper el silencio que reinaba – en la escuela de medimagia, me hablaron de un método muy antiguo y difícil de realizar, casi imposible. Pero cuando alguien conseguía hacerlo, se servían de él para entrar en la mente de los enfermos psíquicos, para conocer las causas de sus traumas, analizarlos y poder emplear el tratamiento adecuado para devolverlos a la realidad. ¿Existe ese método?

Snape parpadeó. ¿Cómo no se había acordado de eso?

- Si que existe, señorita Weasley. Es una poción muy difícil, prácticamente irrealizable debido a la complejidad de sus ingredientes y composición que, junto a un potente conjuro, introduce a una persona en la mente de otra. Es conocido como el método Induxmens.

- ¿Pero eso no se hace con la Oclumencia?

- No Harry – intervino Dumbledore – con la Oclumencia se lee la mente de la persona, no se entra en contacto con ella.

- De acuerdo – dijo Harry – hagamos el método ese como se llame y...

- Como siempre señor Potter, nunca presta atención a mis explicaciones – dijo Snape, con cara de disgusto – ese método te introduce en la mente de una persona, en su alma.

- ¿Y que problema hay?

- ¡!Pues que es el alma de Granger lo que estamos buscando!!!¿Cómo quiere entrar en ella si ni siquiera sabemos donde está?!!! – explotó Severus, ya casi al limite de su paciencia ¿es que no podían entender la mas nimia explicación?

- Profesor Snape – dijo Ginny – la base de ese método es la poción ¿cierto?

Severus asintió. Nunca le había tenido afecto a los Weasley, a ninguno de ellos, y no iba a tenerlo ahora, pero después de lo ocurrido, y sabiendo que había sido la pelirroja la que había llevado todo el peso aquella noche, "y de manera muy acertada" admitió, estaba empezando a tratarla más como colega que como Weasley.

Así pues, procedió a prestarle atención.

- Y dígame, ¿no habría manera de modificarla?

- Por supuesto que puede ser modificada, de mil maneras además – aclaró Snape – las pociones varían con la mas mínima sutileza, pero lo difícil seria saber las consecuencias de dichos cambios, y claro esta, saber como cambiarla adecuadamente para tener el efecto deseado.

- Bueno, tal y como yo lo veo – prosiguió Ginny – no podemos traer de vuelta a Hermione porque no sabemos donde esta, y tampoco podemos entrar en su mente, ¿se podría conseguir con alguna variación, entrar en su mente da igual esté?

- Podría ser...¿tu que opinas Albus?

- Pienso que es una brillante idea...y la única posibilidad que tenemos – dijo Dumbledore, con los ojos brillando con nueva esperanza – aunque me temo que quien sea introducido o llevado donde esté Hermione, correría el riesgo de no poder volver.

- Iré yo – dijo Draco, levantándose – si conseguimos que la poción junto con ese hechizo me lleve hasta ella, iré. De todos modos – añadió con una triste sonrisa – si no es con ella no tendría motivos para regresar.

Tomada esa decisión, tanto Albus, como Severus y Ginny, comenzaron a reunir los nombres de todos los expertos en pociones y expertos en esa rama de medimagia, en el caso de Ginny, que pudieron encontrar.

Después de descansar unas horas, reunieron a todas esas personas y les informaron de lo ocurrido. Todos aceptaron colaborar, no gratis, claro esta y aunque Draco podía solventar con cierta holgura lo que los expertos pedían, Albus insistió en que corrieran a cargo del colegio de magia y hechicería.

Muy lejos de allí, pasando las barreras del tiempo y el espacio, en un lugar rodeado de sedas y brocados, de bordados de elegancia y con el aroma de la riqueza y la suntuosidad, una muchacha de ojos dorados y cabello castaño, despertaba, rodeada de mantos de oropel, cubierta con finas sedas de aromas de sándalo y madera. 

- ¿Dónde estoy?

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Bueno, y aquí otro capi, siento muchísimo la tardanza, de verdad, pero me había quedado bloqueada.

Muchísimas gracias por los reviews que me mandáis, de verdad, si no fuera por ellos...bueno, que cada vez que recibo uno me alegráis el día jeje

Un besazo para todos

Alykea