Paso mi mano por la cama de mi habitación, mirando el gran ventanal que daba a una pequeña piscina y detrás, la preciosa vista a la costa de Los Ángeles. Me siento y salgo de la habitación, recorriendo la casa. Llego al jardín, donde otra piscina, más grande y extensa se posa a los pies de un enorme jardín, en el que hay algunas pérgolas, hamacas y unas camas de diseño colocadas alrededor de ella. Me siento en una de las camas, y ella se sienta a mi lado, cogiéndome de la mano.
-¿Te pasa algo?-Me pregunta.
-Quiero que me prometas algo.-Digo mirándola. Ella asiente.-Aún no sé que hice para perder mi vida, pero quiero que pase lo que pase, sigas conmigo.
-Te lo prometo. –Dice sonriéndome. Me acerco a ella, dándole un suave beso en los labios metiendo mi mano bajo su pelo y atrayéndola hacia mí.
-¿Qué quieres hacer? He recuperado mi casa, soy millonaria… Podría comprar tu casa, incluso a ti si no te tuviera.-Le digo. Ella sonríe y me da un corto beso, de nuevo, sonrojándose.
-No sé lo que quiero hacer… Hace calor, tu casa es grande, tienes un jacuzzi privado en tu habitación…-Dice levantándose yendo hacia el ventanal que entra en la casa. Voy tras ella, viendo como se quita la camiseta y la tira al suelo de parqué. Me quedo mirando la camiseta del suelo, mientras ella sigue hacia adelante, sin mirar atrás, subiendo las escaleras para llegar a mi habitación, y al jacuzzi. Lleva su mano a la espalda, y con dos dedos desabrocha su sujetador, quedando tirado en la escalera. Veo las marcas de mis dedos en su espalda, en su perfecta y esculpida espalda. Lleva su mano hacia su pantalón, pero me apresuro hacia ella, cogiéndola por la espalda y parando su mano antes de que lo baje. Mi boca se queda al lado de su oído, y sigo caminando hacia la habitación, para salir al jacuzzi.
-¿Me dejará que lo haga yo, doctora?-Digo susurrando en su oído. Beso su hombro, despacio, desabrochando despacio el botón de su pantalón, subo por su cuello hasta su oreja, mordiéndola. Le doy la vuelta, haciendo que me mire y poder quitarle mejor el botón del pantalón. Sigue besándome, y la echo encima de la cama, sacando con cuidado por sus piernas el pantalón, tirándolo al suelo.
-¿No vamos a poder tener una vida normal de pareja?-Me pregunta quitándome la camisa que llevo puesta.
-Intento recuperar mi vida sin ti…-Digo inclinándome de nuevo sobre ella, mientras me desabrocha también el pantalón.-Me ha quedado cursi, pero es verdad…-Dice quitándome el pantalón, y enganchándose a mi cuello para que la coja en brazos. La cojo en peso saliendo fuera, mientras sus manos van a mi espalda, quitándome el sujetador y tirándolo al suelo. Bajo las escaleras del jacuzzi, metiéndome con ella por completo en el agua.
-Está caliente…-Dice mirándome a los ojos.
-Es un jacuzzi, ¿qué esperabas?-Digo mordiéndole el labio inferior.
-Imbécil…-Dice abrazándose a mi cuello, poniéndose de rodillas sobre el asiento del jacuzzi encima de mí. Otra vez, vuelvo a caer. Vuelvo a jugar con ella, y ella conmigo. Me acaricia, me toca, sonríe, me besa, me muerde, lame, me provoca, me busca y al final, me encuentra. De nuevo me marca, la marco. Soy suya, es mía. No va a parar, no voy a parar. No va a parar, hasta que le diga casi sin poder "te quiero", y tampoco yo pararé hasta que sus manos no puedan agarrarse a mí.
-Se me han arrugado los dedos, Quinn…-Digo sacándolos del agua. Enreda sus dedos con los míos, y se tumba encima de mis piernas, flotando.
-¿Qué vas a hacer? Con tu trabajo…-Dice mirándome.
-No lo sé… Primero quiero… No sé. No sé lo que quiero hacer con mi vida. Está claro que quiero volver a la empresa, pero, no me dejarán.-Digo apretando su mano entre la mía, y acariciando su pelo en el agua.
-¿Por qué no te iban a dejar?
-¿No te lo he contado?
-Santana, dime lo que acabas de recordar.-Dice incorporándose.
-Me imputaron por un asesinato que yo no cometí. Por eso hui y tuve el accidente… Borré todo lo que tenía mi nombre. Mis padres se despidieron de mí y creen que estoy en México, por eso nadie vino a por mí…-Digo agachando la cabeza. Acabo de recordarlo todo. Quinn se pone frente a mí, agarrándome por los brazos.
-Santana, ¿quién murió?-Me pregunta. Niego, no lo sé. Sí, sí que lo sé. La imagen de él se me viene a la cabeza. Era un hombre mayor, canoso, de unos cincuenta años. Tiene las mejillas rosadas, y siempre llevaba traje. Era mi superior. Era la única persona que me impedía ser la única dueña de esa gran empresa multinacional, el director. Levanto la cabeza y la miro, intentando decírselo.-Vamos, San.
-El director de la empresa. Era la única persona que me sucedía para hacerme yo la directora de la empresa.-Digo.
-¿Alguien le ha hecho la autopsia al cadáver?-Me pregunta sin quitar las manos de mis brazos.
-No lo sé, sí… Un equipo que contrató la empresa.
-He ahí el fallo. Yo le haré la autopsia de nuevo a ese cuerpo, y tú saldrás inocente.
-¿Eres como el marido de Melinda Gordon de Entre Fantasmas o algo así?-Le pregunto.
-Algo así.
-Te quiero.
