Hay que admitirlo, Raven y Abby saben montar fiestas.
Dentro del local han conseguido meter doce mesas de diversos tamaños, sin quitar espacio a una amplia barra, con sitio suficiente para que tres camareros se muevan entre las mesas, y con dos malabaristas, un pequeño grupo de música y Lexa juraría haber visto a una contorsionista.
En serio, con el mismo espacio libre que el camarote de los hermanos Marx, pero con más orden y menos huevos duros.
- ¿Champán? -les pregunta una de las camareras tras llevarlas a su mesa.
Hasta ahora, ni rastro de las dos dueñas.
- Sí, claro -le responde Anya-. Parece que nos toca compartir mesa.
Y sí, eso parece. Las han sentado en una mesa para cuatro con dos sillas vacías frente a sus respectivos platos y dos letreritos con nombre que no consigue leer.
- ¿Has conseguido ver ya a Raven? -pregunta Lexa, buscando por la mirada, entre el gentío.
- Ya aparecerá. Si no, luego nos colamos en cocina.
- ¡Uy, mira! Nos he encontrado -exclama de repente una voz a la izquierda de Lexa, que esta reconoce al instante.
Y un escalofrío recorre la columna de la morena porque no... no puede ser.
- Vaya, ¿Woods? ¡Qué coincidencia! -la reconoce el dueño de la voz, sentándose frente a ella.
- Finn, hola -le saluda Lexa, con un ligero movimiento de cabeza y agarrando con el puño la servilleta.
¿En serio?
¿Finn?
¿En serio?
¿Se puede saber qué tiene la vida contra ella?
La mano de Anya se posa sobre la suya, y cuando Lexa mira hacia su hermana, ve la pregunta en sus ojos.
"¿Qué coño pasa?"
- Anya, te presento a Finn Collins, de... de Polis Resorts. Finn, mi hermana Anya.
- ¿Hermanas? ¿Seguro, Woods? No es por dudar de la familia, pero no os parecéis una mi...
- Un placer, Finn -interrumpe Anya, presentándole la mano a Finn, que este acepta.
Y por la cara que pone el antiguo becario, Anya no se está conteniendo en el apretón de manos. Es más, por la medio sonrisa de Anya, está sacando provecho de sus horas haciendo pesas en el gimnasio.
- Finn, ¿no nos presentas? -comenta una chica, sentándose junto a Lexa.
- Ah, sí -comenta Finn, masajeándose la mano que ha conseguido liberar de una Anya que bebe un sorbito de su copa de champán, mientras Lexa hace señas a un camarero para que le traiga otra.
Necesita alcohol.
- Ontari, te presento a Lexa Woods, EX compañera del trabajo -y Lexa jura que puede notar las mayúsculas de ese "ex"- y su aparente hermana, Anya. Chicas, ella es Ontari, mi acompañante.
- Un placer, Ontari -saluda, Lexa.
La verdad, no sabría clasificar la mirada que le echa Ontari.
- Bueno, ¿y qué hacéis aquí? -pregunta Finn, haciendo señas a una camarera.
- Cenar -le responde Anya.
Y cuando Finn empieza a reírse como si hubiese escuchado el mejor chiste del mundo, Anya mira a su hermana con cara de "¿este va en serio?".
Lexa no responde, Lexa busca a la camarera con su copa de champán.
- Conocemos a las dueñas, una de ellas era mi compañera de piso en mi época universitaria -responde Lexa, aceptando su nueva copa de champán.
- ¿En serio? ¡Vaya! ¡Yo era compañero de instituto de una de ellas! Qué casualidad.
Bebe un sorbo de su champán.
Bueno, parece que no va a ser todo tan malo.
- Bueno, Lexa, ¿y qué tal la vida de desempleada? -pregunta Finn, mandando un mensaje por su móvil.
...
O no...
Y la respuesta era "no, no iba a ser malo". Iba a ser peor.
No habían llegado ni al segundo plato y Lexa ya estaba preguntándose seriamente el suicidio a base de panecillos de aceite (que, por cierto, estaban de vicio. Bravo por Raven). Y por la forma en la que Anya cogía el tenedor, Finn estaba a nada de un viaje a Urgencias, mientras Ontari tan simplemente arqueaba una ceja ante toda la situación.
- Porque, siendo sinceros, Lexa, a nadie en la empresa nos ha extrañado la falta de lealtad y ética para con la empresa -sigue Finn-. Dejarnos a falta de tan poco de abrir el nuevo hotel de Bo...
- ¡Necesito ir al baño! -le interrumpe Lexa, levantándose de repente, camino a la cocina.
Ve a Abby por el rabillo del ojo, mirándola con gesto preocupado mientras habla con alguien. Pero no para, entra en la cocina, buscando con la mirada a:
- ¡Raven!
La susodicha alza la mirada de varios platos que está terminando de emplatar.
- ¡Hey! ¿Qué tal? ¿Estás disfrutando?
- ¡Finn! -se acerca a ella, señalando hacia la puerta.
- ¿Qué? -pregunta Raven, antes de darle el visto bueno a los platos, y prepararlos para que los camareros puedan servirlos.
- Finn, el Finn de mi trabajo, ese Finn, dice que te conoce de tu instituto.
La latina se la queda mirando, antes de empezar a reírse.
- Espera, no jodas. ¿En serio? ¿El mimado de Finn es tu Finn? -de repente, le cambia la cara a Raven-Oh, dios, le puse en tu mesa.
- Ya me he dado cuenta -comenta Lexa, dejando pasar a un camarero.
- Qué puta casualidad... y eso que Abby quería poneros en la misma mesa que la princesita Griffin y conseguí convencerla de que no lo hiciera, por vuestro bien.
- Sinceramente, no la conozco, pero lo hubiese preferido.
- Vale, hacemos una cosa. Hablo con Abby a ver si podemos hacer algo. Ve al baño a refrescarte y vente de nuevo.
Lexa suspira, saliendo con cuidado de no chocarse con nadie llevando platos, y dirigiéndose al baño.
Ocupado, obviamente, por lo que se apoya en la pared a la espera de poder entrar, mirando hacia su mesa, en la que ve a Anya hablando con Ontari e ignorando a Finn.
- Tía, me estoy meando -oye a su lado- Vaya, ¿llevas mucho esperando? -le pregunta una chica morena de ojos claros, acompañada de una rubia con la mirada clavada en la sala.
Lexa niega, observando con falso interés el cuadro de un paisaje de vete a saber, para intentar dar privacidad a las dos amigas.
- Pues a ver si no tarda. ¿Y tú quieres dejar de mirar a todos lados cual paranoide? -le echa en cara a su amiga- ¿Te has parado a pensar que tal vez no haya venido? Tal vez fueran imaginaciones tuyas y Raven no conozca a tu querida Heda.
...
¿Qué?
¿Qué acaba de...?
- En serio, Clarke, esta obsesión no es nada sana.
No puede evitarlo, clava su mirada en la amiga rubia, la tal Clarke, la... ¿Eliza? La chica que abre la boca para responder a su amiga y, antes incluso de poder pronunciar una palabra, la morena la interrumpe.
- Por fin se ha quedado libre el baño. ¿Vas a entrar? -le pregunta a ella la morena sin nombre.
Y niega, porque no sabe exactamente qué hacer en este momento, pero quedarse ahí parada le parece buena opción.
- ¡Perfecto! -responde la morena, cogiendo la mano de... Clarke y empujarla al interior del baño.
...
No...
No puede ser, ¿verdad?
¿VERDAD?
Deja su sitio junto a la puerta del baño para andar/correr hacia su mesa, donde le quita la copa a Anya de las manos y se la bebe sin miramientos.
Y se pone a toser porque, joder, tequila, no se lo esperaba.
- Eh, eh, ¿todo bien? -le pregunta su hermana.
- Necesito hablar contigo. Fuera. Ahora.
Y coge su bolso, alejándose de la mesa camino a la calle, pasando junto a uno de los malabaristas como si nada.
Busca en su bolso, sacando el móvil. No sabe porqué pero necesita mirar el simbolito de la app de Secret Menu. Como si esta le fuese a decir que sí, que está pasando.
- ¿Se puede saber qué pasa? ¿Es por Finn? -le pregunta Anya.
- ¿Quién? No, no. Es... ella. Ella está aquí.
- ¿Ella? ¿Ella quién? Por si no te has dado cuenta, hay un huevo de ellas ahí dentro.
- Es... ¡Ella! ¡Eliza!
- ¿Quién?
- Anya, joder. ¡Eliza!
- Eli... espera, ¿la tía del sitio porno? ¿La invitaste al final? No me lo esperaba, Lexa, pero bravo.
Las palmaditas en el hombro de Anya no la ayudan.
- No la he invitado.
- ¿Entonces? ¿Qué hace aquí? ¿Y no se supone que el sitio ese era anónimo? ¿Cómo sabes que es ella?
- No sé qué hace aquí... y ha sido su amiga, una chica que va con ella. Ha dicho mi nombre, Heda.
Anya alza una ceja, incapaz de no sonreír, y Lexa sabe qué va a decir.
- Heda -repite su hermana.
- Anya, ese no es el detalle.
- En serio, Heda.
- Está aquí.
- ¿Como tu osito de peluche? ¿El que te regalé en tu sexto cumpleaños?
Lexa suspira.
Necesita que su hermana deje de lado ese instinto por meterse con ella y se centre. Pero parece un imposible.
Y está a punto de rendirse, cuando ven a Abby salir del restaurante.
- Ah, estáis aquí. ¿Todo bien? -les pregunta.
- Depende del significado de bien -responde Lexa.
- O, venga, hermanita, no me digas que es casualidad tras casualidad. Una noche mágica -sonríe Anya.
Abby se las queda mirando.
- Tan mágica que no sé si ceder al instinto de huída o al de mandarlo todo a la mierda y entrar.
- Pues si lo mandas todo a la mierda, os he cambiado de sitio. La pareja que compartía mesa con mi hija y su amiga, no paraban de quejarse de estar demasiado cerca de los malabaristas. Y si cedes y huyes, aviso a Raven para que te ponga la comida para llevar.
No lo puede evitar, se abraza a su nueva mejor amiga, Abby.
- Gracias.
Esta ríe.
- Nada, todas hemos tenido a algún, o alguna, gilipollas en la vida. ¿Entráis entonces? Seguro que la noche mejora.
Lexa se separa, mirando hacia el interior del restaurante y, con decisión, decide:
- Va, entremos. De perdidos al río.
