My Lost Memories
Autora: YukaKyo
Serie: Inuyasha. Y pertenece a su respectiva autora.
Pareja: Sesshoumaru x Kagome
Categoría: Romance, Drama, Angst, Tragedy, Death.
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Capitulo 11. Una Última Sonrisa
Un cálido viento golpeo su rostro, al mismo tiempo que jugaba con sus cabellos revolviéndolos. La leve brisa acariciaba sus orejas blancas produciéndole una sensación de querer rascarlas, las movió para dejar de sentir aquello. Siguió caminando en dirección al pozo con la vista distraída. Hacia algunas horas su mirada dorada había visto como lentamente Kikyo entraba en el pozo. Seguramente dirigiéndose a donde aquellos dos se encontraban.
Estaba preocupada por el youkai.
Una intensa rabia lleno el corazón de Inuyasha, pero inmediatamente se calmo. Kikyo no le traicionaría como lo había hecho Kagome. Kikyo solo había entrado en ese lugar para cerciorarse que Sesshoumaru, no destruyera gente inocente como lo hizo en este lugar. Al menos eso le dijo antes de entrar ahí. Y estaba seguro que eso era lo único que ella haría. Y era una suerte que la sospecha sobre los fragmentos de Shikon fuera útil para hacer pasar a las personas entre ambos tiempos.
El que su sacerdotisa fuera a ese tiempo sola, no era de su total agrado, pero en esos momentos lo que menos quería era ver a su hermano y Kagome juntos. No lo soportaría y seguramente mataría al youkai en ese mismo instante, sin importarle si este se defendería o no.
A pesar de la decisión que había tomado sobre aquella sacerdotisa, la actitud de Kagome le dolía. Porque aunque tenia el cariño, los besos y los abrazos de su adorada Kikyo. Estos no le hacían tan feliz, como una sola de las sonrisas de Kagome podía hacerlo. Además Kagome se lo había dicho alguna vez, sin importar cual decisión fuera la suya ella siempre estaría ahí.
Siempre le amaría a él.
Aquí el único que salía sobrando era Sesshoumaru.
Y pronto lo quitaría de en medio.
Inuyasha se dejo caer a un lado de pozo esperando a que pronto Kikyo volviera. Un intenso brillo surgió del mismo, anunciando que alguien había vuelto. El hanyou se levanto de golpe, un intenso latido en su corazón lo asalto de golpe. Podría ser cualquiera, pero deseba que la persona que saliera fuera esa joven de mirada castaña tan dulce y cálida que era Kagome.
Pero Kagome no era la que había vuelto.
— ¡Sesshoumaru! — gruño molesto el hanyou, arrugando su nariz al percibir el molesto aroma del youkai.
Inuyasha se alejo lo suficiente del pozo cuando vio como el youkai subía para luego dar un salto y apartándose de este, pero cayendo suavemente con elegancia y sutileza frente al hanyou. Mirándolo desafiante con aquellos dorados ojos tan fríos, mientras sus labios se curvaban en una ligera sonrisa de desprecio.
— Inuyasha. No imaginaba que estuvieras aquí, que inesperado recibimiento. Hermanito — Sesshoumaru murmuro aquellas palabras con burla mirándolo divertido. El hanyou se acerco rudamente al youkai tomando con rudeza del cuello del kimono acercándolo a él.
— Kagome ¿Dónde esta?. ¿Por qué?. ¿Por qué no esta junto a ti? ¡Dímelo! — Sesshoumaru tomo con fuerza aquellas manos osadas, clavando sus propias garras sobre la blanca piel dañándolo con aquel poderoso y corrosivo veneno de su cuerpo. Mientras lo alejaba con un golpe de su lado.
— No vuelvas a tocarme. ¡Híbrido! — grito Sesshoumaru mientras se volteaba.
— Ve y búscala tu mismo. No tengo tiempo para ocuparme de humanos — lentamente empezó a caminar con el mismo aire de arrogancia de siempre. El largo cabello ondeando con el más mínimo de sus movimientos. Pero repentinamente detuvo su marcha. Miro de reojo al hanyou que lo miraba con rabia.
— Por cierto Inuyasha, busca dentro del pozo. Ahí hay una mujer muy conocida por ti, pero creo que se siente un poco, indispuesta — siseo el youkai con ironía. Inuyasha se apresuro a llegar a la orilla del mismo buscando con su vista a aquella persona.
— ¡No puede ser! — murmuro Inuyasha al encontrarla. Sesshoumaru dejo de mirarlo y una sonrisa adorno sus labios y nuevamente volvió a hablar.
— Según ella, se ha quedado sin almas— Inuyasha se dejo caer en el pozo, tomando entre sus brazos el débil y frágil cuerpo de Kikyo.
El estado de la miko era deplorable, parecía como si alguien la hubiese atacado y en el proceso su energía se hubiese agotado al grado de dejarla casi sin vida. ¡Sesshoumaru! No había duda ese maldito tenia que ver con esto. El hanyou salió del pozo llevándola con cuidado entre sus brazos. Para luego dejarla recostada al lado del mismo mientras la revisaba buscando alguna herida y de su mano cayo el fragmento de Shikon resplandeciendo con su brillo violáceo.
— No debí de haber dejado que fueses sola. ¡Perdóname Kikyo!— dijo Inuyasha al tiempo que la abrazaba.
— Inu...yasha— susurró la miko sin fuerzas mientras su cuerpo era rodeado por serpientes caza almas que le llevaban aquel sustento sagrado que la mantenía con vida. Inuyasha la miro con dulzura antes de girar su vista colérico hacia el youkai mientras gritaba.
— SESSHOUMARU BASTADO — pero sus palabras eran solo escuchadas por la miko y la suave brisa de la tarde.
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Llevaba demasiado tiempo buscando, demasiado tiempo esperando. Pero era tan claro. Él ya no se encontraba ahí. Era en vano mantener la ilusión de que estaba por los alrededores, paseando solo por la cuidad, en aquella fría noche. Era tonto seguir esperando, por que jamás salía si ella no le acompañaba, nunca se marchaba sin antes decirle. Y era obvia la respuesta y más cuando aquellas pruebas tan delatoras acusaban lo sucedido.
Se levanto despacio de la pequeña banca donde había pasado toda la mañana y tarde esperando. Sus pasos lentamente se acercaban a aquella pequeña habitación donde se encontraba oculto el pozo. La ruda y pesada puerta de madera estaba destruida, la suave tierra alrededor del mismo demarcaba algunas pisadas ágiles e imperceptibles, junto a otras que eran mas marcadas y pero pequeñas denotando la posibilidad de ser arrastradas en contra de su voluntad. Pero eran dos personas y en sus manos estaba la respuesta a la duda de quien era esa persona que había venido únicamente a llevarse al youkai.
Kikyo
Kikyo era quien estuvo ahí, había venido buscando a Sesshoumaru y se lo llevo consigo.
Pero ¿Por qué?
¿Por qué justo ahora que esperaba vivir una larga temporada lejos de aquellas peleas y masacres?. ¿Por qué volvía? Acaso no los podían dejar algún tiempo mas en paz y ¿Por qué tenia que ser justamente ella quien lo hiciera? No lo entendía del todo.
Suspiro fastidiada, aunque un terrible dolor en su pecho la golpeo repentinamente. Si el arco de la miko y su lazo estaban destrozados, al igual que la puerta del pozo, entonces, tal vez aquello significara
No
Sesshoumaru ahora lo recordaba todo y si no estaba ahí esperándola entonces significaba que
"No puede, no puede olvidarme, no así" pensaba la joven de cabellos azabaches mientras temblaba incontrolablemente sosteniéndose del la orilla del pozo con fuerza tratando de soportar aquel terrible mareo. Sus ojos estaban fuertemente cerrados, no lloraría, no lo haría. Sabía que tarde o temprano aquello tenia que suceder, pero hubiese preferido que fuera hasta mucho después.
Salió corriendo de aquella pequeña y estrecha construcción como si el viejo techo de tejas estuviera apunto de derribarse contra ella. Se detuvo viendo la entrada recordando la sutil silueta del youkai.
Aquel dulce joven se desvanecía lentamente dejando a su paso la fría mirada, el porte orgulloso y aristocrático del youkai que en alguna ocasión estuvo a punto de arrancarle la vida a sangre fría.
Porque Sesshoumaru le dejaba
Me tranquiliza estar así, por que si antes no éramos más que simples desconocidos. Al menos pude conocerte Kagome.
Cuantas veces se había repetido que lo mejor para el youkai era que recordara todo su pasado. Incontables veces. Pero ahora que ya no estaba junto a ella, los dulces recuerdos de esa época que vivieron juntos volvían a ella cada vez con más intensidad. Giro su vista viendo nuevamente hacia el lugar donde estaba el pozo. Si todo era igual que antes entonces ya no tenía nada que hacer en el tiempo moderno. Podía volver con Inuyasha y los demás para continuar con la búsqueda de los fragmentos.
Enterraría en lo más profundo de su corazón esos recuerdos de aquel youkai.
Pero no podía volver, su corazón temblaba, no lo soportaría. No soportaría encontrase con Sesshoumaru y mucho menos resistiría escuchar aquellas palabras de desprecio.
No eres más que una simple y despreciable humana
Sintió un fuerte nudo en la garganta mientras sus ojos se hacían borrosos a causa de las lágrimas acumuladas en los mismos. Una débil lágrima alcanzo a brotar de sus párpados que nuevamente se habían cerrado.
Ya nada era como antes.
Los ojos de Kagome giraron lentamente hasta toparse con algunas personas. Una sonrisa triste se formo en sus labios mientras los veía. Pero no podía soportar aquellos rostros llenos de duda y compasión. Giro su rostro y empezó a dar algunos pasos, mismos que rápidamente se convirtieron en una pequeña carrera.
— Kagome, ¡Hija!— murmuro aquel anciano con la esperanza que la joven los mirara nuevamente. Pero lo único que hizo la miko fue correr alejándose de ellos hasta entrar a la casa cerrando las puertas detrás de ella.
— Hermana — susurro Sota mientras intentaba correr también para alcanzarla pero fue detenido por la mano de su madre que se poso en su hombro.
Los ojos del niño se giraron hasta el rostro de su madre que negaba con la cabeza viéndolo con tristeza, termino soltándolo para acercarse lentamente a donde unas bolsas con alimentos estaban tiradas. Se inclino despacio y recogió todos y cada una de las cosas que por haberlas dejado caer habían salido de las bolsas.
— Bien vamos a entrar a casa, dentro de poco preparare una rica cena— dijo la mujer con una amplia sonrisa mientras caminaba siendo observada por los otros dos. Sota y el abuelo entraron junto a la madre de Kagome con muchas dudas. Pero seguramente la misma Kagome o su madre las despejarían.
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Lentamente guió aquella cuchara hasta sus labios, probando la tibia sopa que había preparado para aquellos jóvenes, sus arrugadas manos siguieron mezclando con suavidad el contenido de la olla. Su oscura mirada cansada se poso sobre aquel impetuoso joven de cabellos blancos que llego y se sentó con fuerza frente a ella mirando impaciente lo que hacia.
— Vienes a pedir mi consejo como siempre— Kaede dejo a un lado la cuchara, alejándose de la tibia fogata.
— No, esta vez he venido a decirte que Sesshoumaru recordó todo. He hirió a Kikyo— Siseo el hanyou con furia, mientras recordaba lo sucedido horas antes. La suave luz del ocaso dio de golpe contra sus cabellos, haciéndolos lucir dorados.
— Ya veo. Al final siempre pasa lo que tiene que pasar y todo tiene una razón de ser— murmuro la anciana cerrando su ojo.
— Déjate de estar diciendo antiguas sentencias y explícame que esta pasando— Demando el hanyou desesperado. La anciana mujer volvió a abrir su ojo mientras le dedicaba una dulce sonrisa.
— Tú deberías saberlo, durante todo este tiempo solo has estado con Kikyo. Ella es la única que sabe por que sucedieron estas cosas— Inuyasha se levanto molesto, esa anciana no le diría nada y Kikyo se había marchado sin darle explicación después de que sus serpientes la dotaran de almas. Solo le quedaba hacer una cosa.
La mirada cansada de Kaede lo siguió hasta que este salió de la choza sin decirle más palabras. Volvió a posarse cerca de la fogata, revolviendo su contenido una vez más. Un leve brillo de tristeza se apreciaba en su rostro, sus predicciones de pergaminos habían sido correctas hasta ese entonces. Aunque lamentablemente aun quedaban muchas desgracias más que esos valientes jóvenes debían afrontar. Aunque lamentablemente la más afectada sería esa joven del futuro.
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— ¿Estas segura de lo que dices?—
— ¡Por su puesto! Lo escuche del mismo Naraku— murmuro con furia la manipuladora de los vientos agitando el abanico que llevaba entre sus manos, sacando pequeños e inofensivos remolinos que persiguieron al pequeño zorro que se atrevió a cuestionarla. Solo asustándolo y no causándole algún daño, sus rojizos ojos brillaron divertidos.
— Pues, no nos queda mas que confiar en sus palabras— siseo el monje que acariciaba con la mano su fina barbilla, dándole un aire pensativo y meditabundo. La exterminadora de monstruos se acerco seguida de la pequeña gatita de dos colas.
— Estoy de acuerdo. Además, de no ser por sus informes jamás hubiéramos salvado a todas aquellas aldeas que Naraku atacó— el monje asintió, mas la pequeña duda aun carcomía su débil alma, todo aquello podría ser una mas de las trampas de aquel demonio.
— Entonces así será. Solo falta avisarle a Inuyasha y a la señorita Kagome. Pero eso lo haremos a su debido tiempo— Sango y Shippo asintieron a las palabras del monje.
— Bien, hasta ese entonces— Kagura tomo una de las plumas que adornaba su peinado mientras una ráfaga de viento la envolvía.
— Pero aun así, tomaremos nuestras precauciones. No olvidemos que ella forma parte de Naraku— murmuro el monje al tiempo que se levantaba y empezaba a alejarse siendo seguido por la exterminadora y el zorrito.
— Por ahora, lo que debemos hacer es decirle a Inuyasha lo que hemos estado haciendo durante todo este tiempo— murmuro Sango mientras se detenía quedándose atrás de sus compañeros, siendo acompañada por la pequeña Kirara.
La pequeña gata fue consumida por el fuego, dejando al descubierto su verdadera apariencia, la enorme felina se acerco a su dueña rozando con su cabeza la mano de esta. Sango la tomo entre sus manos acariciando las suaves mejillas peludas. La gata emitió lo que pudo ser un ligero maullido, pero entonándolo como un gruñido. Los otros dos acompañantes les vieron, deteniéndose también.
— Aunque desde que ha estado con esa mujer ha cambiado mucho con nosotros y casi nunca esta en la aldea— las palabras de Sango eran dichas con tanta tristeza, el monje conmovido por las mismas se acerco a ella mientras estiraba una mano llevándola al rostro de la joven mujer brindándole una suave caricia en su mejilla derecha.
— Seguramente no lo ha hecho con malas intenciones Sango. No lo juzgues sin saber— Dijo Miroku al tiempo que sentía como la mujer dejaba caer todo el peso de su rostro en esa mano, como si buscara la calidez de la misma.
— Lo sé. Pero aun así me preocupa y también Kagome— las manos del monje sujetaron la estrecha cintura de la exterminadora levantándola del suelo y subiéndola sobre el lomo de la gata, para hacer después lo mismo. Con un sutil movimiento le ordeno al pequeño zorrito subir junto a ellos, quedándose en los brazos de Sango que se abrieron para recibirlo.
— ¡Sí! Hace mucho tiempo que no la vemos ¡Y la extraño!— de las mejillas de pequeño zorrito bajaron algunas débiles lagrimas, que fueron retiradas con cuidado por la mujer, mientras lo abrazaba con dulzura reconfortando al pequeño.
— Tranquilos. Se que aunque la anciana Kaede nos ha hecho el favor de decirnos mediante sus conjuros que Kagome esta bien, eso no es suficiente para ustedes— Los brazos de Miroku sujetaron a ambas personas, brindándoles la tranquilidad y cariño que necesitaban. La exterminadora no pudo evitar el sonrojo que en esos momentos adornaba sus mejillas, pero no rechazo aquel cariñoso gesto del monje, sino que recargo su cabeza en el pecho de este como una muda contestación.
— Les prometo que cuando lleguemos a la aldea buscaré a Inuyasha, seguramente el ha ido a verla. Ya saben lo desconfiado que es— las dos personitas asintieron. Mientras Kirara empezaba a levantase del suelo. El pequeño Shippo tembló con miedo, siendo sentido con claridad por ambos jóvenes.
— Inuyasha me da mucho miedo— susurro el zorrito escondiéndose entre los brazos de Sango donde se refugio sintiéndose protegido. Sango miro con tristeza los ojos de Miroku. Hacia algunos días Inuyasha había asustado cruelmente el pobre Shippo y ahora veían hasta donde le había afectado al pequeño.
— Descuida Shippo, estoy seguro que nada malo sucederá, solo que esa vez te topaste con Inuyasha en un mal momento— Los ojos del monje volvieron posarse sobre los de Sango que le miraban con temor y miedo. Una sonrisa cálida fue brindada a esta por el monje haciendo que esta se calmara.
Aunque en realidad ni siquiera el estaba seguro de lo que podría pasar estando cerca del hanyou. Más de una vez les reclamo por haber despreciado a Kikyo, pero aquello era mentira, en ningún momento ellos lo habían hecho del todo, la realidad era que desconfiaban de ella. Miroku fijo su vista en el horizonte. Solo esperaba no tener que enfrentarse con uno de sus más preciados amigos.
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Los dorados ojos del hanyou, recorrieron los alrededores del pozo. El olor de ese maldito llenaba todo el ambiente. Aunque no era solo el suyo, el sutil aroma de Kikyo también estaba presente así como levemente el de Kagome. El corazón de Inuyasha latió demasiado apresurado.
Kagome estuvo presente.
Tal vez Sesshoumaru la había lastimado igual que a la otra miko.
No tuvo tiempo de estar pensando, aunque pocas veces lo hacia. Era verdad, Inuyasha siempre actuaba por instinto, tal y como ahora lo hacia. Abrió la ventana azotándola con fuerza, pero sin romperla. Sus dorados ojos buscaron por toda la habitación, a pesar de que esta estaba demasiado oscura. Entro sigilosamente a la misma, pisando con cuidado. Encontrando finalmente en una esquina lo que tanto buscaba.
— Kagome— susurro quedamente acercándose lentamente a ella. Mas la joven no contesto sus llamado. Los dorados ojos de Inuyasha miraron con interés su estado.
Estaba ahí sentada en al esquina escondiendo su rostro entre sus rodillas las cuales abrazaba junto con una prenda, una de aquellas camisas, pero esta no le pertenecía a la chica. La nariz de Inuyasha se arrugo al reconocer aquel aroma. Iba a alejarse de ella, pero los suaves y lastimeros sollozos que soltaba la joven lo dejaron aturdido.
Kagome, estaba bien físicamente, pero, algo grave le había pasado.
Lentamente Kagome dejo de abrazarse a si misma y sus castaña mirada fue recorriendo a la persona que le había llamado por su nombre y sus ojos se llenaron de lagrimas cuando aquellos cabellos blancos resplandecieron con los débiles rayos de luna que se filtraban por la ventana abierta. Los dorados ojos de Inuyasha se abrieron mas sorprendidos al ver la mirada que le daba Kagome en ese momento, aquellos ojos castaños lo miraban con cariño, con necesidad, pero con un amor que se desbordaba en sus pupilas castañas que brillaban intensamente.
Inuyasha tuvo que colocar sus manos en el suelo para no caer sobre este, cuando la joven se arrojo a sus brazos y lo abrazo con fuerza, aun sollozando, aun con esa prenda entre sus dedos.
— Sesshoumaru, Sesshoumaru. ¡No vuelvas!. ¡No te atrevas a abandonarme! — dijo con voz quebrada Kagome mientras sujetaba aun con mas fuerza la amplia espalda de Inuyasha.
El hanyou sintió que algo dentro de él se rompía. Un extraño pero conocido dolor en su pecho le aquejo en esos momentos. Kagome, lo confundía. Lo confundía con Sesshoumaru. Cerró sus ojos sintiendo el dolor de la joven que lo abrazaba y el propio. Esto era justamente lo que había tratado de evitar desde hacia algunos días, por eso no volvió, por lo mismo no acompaño a Kikyo a esta época. Y ahora sin desearlo, la cruda realidad lo golpeaba, dañándolo mas de lo que cualquier herida o ataque lo había hecho.
Los brazos de Inuyasha sujetaron con suavidad a Kagome regresándole el abrazo, mientras de sus ojos cerrados algunas lágrimas se unían a las de la joven.
— Nunca lo haré Kagome. ¡Jamás te dejare sola! — Susurro el hanyou tratando que su voz sonara ronca y fría como la del youkai, haciendo con esto que la joven se relajara y se quedara dormida entre sus brazos. Inuyasha miro con tristeza el rostro de la joven que pesar de estar ya un poco calmada aun mostraba algo de pena en sus facciones. Inuyasha suspiró desilusionado.
Por ahora lo único que podía hacer era consolar de alguna manera a Kagome.
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"Falsa esperanza te di, perfecta y dulce. Culpable de todo yo lo soy"
TBC
