Darius.
La veía devorar el bocadillo con ansia y para sus adentros se alegraba. Las comisuras de su boca se habían llenado de mayonesa y eso lo hizo esbozar una ligera sonrisa. ¿Qué clase de penuria se habría encontrado esa mujer para llegar a tales condiciones?, no parecía tener mucho a lo que atenerse, ni dinero, ni ropa, ni lugar, y tras aquella pregunta en su cabeza él se vio reflejado en ella: vio en ella aquel nefasto pasado, uno en el que había arrancado completamente sus raíces para poder sobrevivir a los tormentos familiares. Quizás Luxanna también había arrancado sus raíces. Clavó su mirada oscura en ella de nuevo, si tal había sido la situación ¿por qué sonreía tanto?, ¿por qué a cada pequeño gesto de su hermano ella agradecía o miraba con profunda admiración? ¿No entendía acaso en qué posición se encontraba?
Luxanna había llamado su atención desde el primer momento, pues a su parecer era una mujer preciosa, con un porte de indefensión al cual él tenía la necesidad de defender. Si ninguno de los dos tenía un lugar, quizás ambos podrían crear uno propio. Mas no se debía engañar, el físico de aquella chica era el centro de su visión, en concreto la carita de facciones finas y delicadas, blanca como la mismísima luna haciendo de ella un lienzo de océano, uno marcado únicamente con aquellas preciosas pecas y su boca rosada. Había visto a lo largo de su vida mujeres hermosas, de todo tipo, pero la belleza de esa chica era pulcra, pura, como si la vida le dijera que, tras toda la amargura, tras todo el peso lleno de rencor, odio y repudio había luz, una luz que podía alumbrar un cálido hogar.
O quizás simplemente su hermano tenía razón y hacía ya demasiado tiempo que no follaba.
Después de todo desde que lo dejó con su primera y única novia, Quilletta, no volvió a tocar a una mujer. No porque no quisiera, las mujeres le gustaban, y muchas a lo largo de su vida tras aquel episodio, le llamaron la atención. Pero él no era un hombre de buscar algo esporádico, y tampoco quería algo duradero. Su última relación fue tan dolorosa como para haberse decantado por no querer ninguna más. Ya lo había decidido, solo había nacido, solo pasaría su vida y solo moriría. Pues no quería cargar con la responsabilidad de otra vida a sus espaldas. Y Luxanna… solo había de mirarla para desearle la mayor de las felicidades, y eso… eso no lo encontraría a su lado.
La chica posó el bocadillo en la mesa y lo miró aun con la boca completamente manchada. Pareció darse cuenta de que ella y su hermano eran los únicos que comían algo.
—¿N-No has comprado nada para ti?—centró su mirada azulada en el bocadillo y se lamió su dedo índice con algo de pesar. Luego le cedió la mitad del aperitivo. Darius lo rechazó.
—No me gustan las comidas rebozadas o grasientas. —y quiso no ser brusco pero era imposible para él poder normalizar sus dotes sociales. Y a pesar de que con aquella chica quería ser más amable, era algo que simplemente no le salía naturalmente. Miró a su pariente quien le sonrió con complicidad. Después de todo Darius sabía que todo aquello era uno de los muchos enredos de Draven. Su hermano sabía leerle tan bien que le abrumaba. Y el haber invitado a la chica no era caridad, era únicamente provecho y truco. Porque Draven sabía perfectamente que su fiesta acabaría pronto si Darius no tenía compañía, así que Luxanna se le presentó como una oportunidad caída del cielo.
Quizás Luxanna no había sido enviada para él, quizás todo giraba en torno a su hermano.
La mera idea de aquel pensamiento lo hizo resentirse de nuevo. No odiaba a Draven, pero debía de reconocer que… sentía cierta envidia, porque si fuera Draven en aquel momento podría estar con ella, porque Draven la hacía reír, la leía de una manera que él no podía, porque podía ser amable con ella y ella con él. Pero no era Draven.
—Vamos a celebrar mi independencia. —rompió el silencio su hermano. —Así que tenemos planeado irnos de fiesta toooooooda la noche. ¿Te apuntas?, pecas. —ella lo miró con curiosidad y él le regaló una sonrisa perfecta.
—¿P-Pecas?—dijo algo confusa mientras se señalaba. Draven le limpió la mayonesa de la mejilla con el dedo índice, para luego lamerlo mientras la miraba con aire burlón.
—¿No son pecas eso que veo?—Luxanna se sonrojó por el gesto y miró a Darius. Éste apretó la mandíbula y apartó la mirada con ofuscación tanto hacia su pariente como hacia la chica. Mas cuando buscó respuestas en su hermano, la sonrisa burlesca lo hizo enrabietarse. Con aquel hombre siempre sería lo mismo, acabar enredado hasta que todo acabara como él quería. —Mi hermano…—dijo el menor señalándole.
—Cierra la puta boca. —espetó. Lo que hizo que la chica se asustara un poco. Porque odiaba ser siempre víctima de él, como si de mecanismos que su pariente necesitaba se tratara. Pero cuando se fijó en la pequeña mujer se arrepintió de nuevo de su brusquedad, mirándole con aquellos ojos asustadizos y honestos. ¿Qué estaría pensando en ese momento?, probablemente nada bueno.
Draven le había advertido más de una vez que Luxanna se había fijado en él. ¿Qué demonios podía saber ese imbécil?, mas quería creerlo. Que la atracción que él sentía por ella, ésta la sentía por él, y se cercioró de las palabras de su hermano una y otra vez, pero no encontraba indicio alguno de que su pariente tuviera razón.
Además estaba el factor de la edad, pues ¿cuántos años tendría aquella chica?, solo de pensarlo le repugnaba, nunca se había encontrado en una situación como esa, y las diferencias estaban claras. Pero no por ello le dejaba de parecer preciosa.
—No tengo dinero para gastar en fiestas. —aseveró finalmente ella algo dudosa. —Además no es mi ambiente. —sonrió hacia Draven, quién le dio un par de toques en la cabeza.
—No te preocupes pecosa, invitamos nosotros. —y miró hacia Darius para que lo apoyara en su argumento. Y Darius sabía que lo que le estaba pidiendo es que fuera parte de su plan, así que apretó los labios y ceñudo simplemente observó sin decir palabra.
—No, pero muchas gracias por la invitación. —y negó con sus pequeñas manitas y tuvo el deseo de querer tomarlas, para no soltarlas nunca más.
Siguieron su trayecto y Draven disimuladamente le había advertido "Eres idiota, ella quiere ir si es contigo", pero Darius negó sin decir palabra las advertencias de su hermano. Aun si fuera así, no quería tener más que ver con nada de lo que estaba sucediendo. Después de todo Draven se iría al día siguiente y su vida volvería a la normalidad… a la amarga normalidad de siempre.
Aparcaron cerca del centro de la ciudad y tras eso ella se despidió tras volver a rechazar la oferta de su hermano. Y para Darius, para él mostró la mejor de sus sonrisas y agradeció una y otra vez por el aperitivo dado. Les dio a entender que ella creía en Dios, y que su caridad se había mostrado mediante ellos. ¿De verdad había aun personas que creyeran en tal ente?, ¿Después de lo corrupto y podrido que estaba el mundo? Debió haber imaginado que ella sería el tipo de chica optimista y clara, el tipo de mujer que parecía avanzar contra todo pronóstico, y aun viéndola no tener nada, sonreía como si quisiera iluminar la oscuridad con su sonrisa.
¿Por qué demonios se había vuelto tan involucrado con aquella muchacha, si tan solo había estado con ella un maldito trayecto? Solo uno.
Su pensamiento lógico le hizo rechazar el resto y tras las palabras de ella, tanto él como su hermano se alejaron del lugar.
—Si estoy equivocado…—comenzó Draven con una sonrisa sardónica.
—Estás equivocado. —zanjó Darius a las pretensiones de éste.
—Pruébalo. Solo te digo que se lo pidas tú, una sola vez, y si no viene, lo admito, craso error, me he equivocado. —Darius dudó, instantes. —Lo más probable, y en vista de que es una chica errante, es que no la vuelvas a ver en tu vida. —y esto último hizo que el mayor se detuviera, apretó su mandíbula, y se rascó la frente con desesperación.
—Eres un jodido liante. —le espetó mientras negaba. —Un puto liante. —lo último que vio fue a la risa triunfal de su hermano. Y lo que sintió fue lo mucho que le agradaba dejarse llevar por sus impulsos.
Zancada tras zancada llego al punto de partida y desde ahí divisó a la muchacha irse bajo la luz anaranjada de las farolas. Llegó hasta ella y tocó su hombro tratando de ser delicado para no asustarla. Luxanna se sorprendió al verlo allí.
—¿Ocurre algo?—le preguntó preocupada. Y ver como la parte interior de sus cejas se alzaba en duda lo hizo sentirse cálido por dentro.
—Ven. —no se le ocurrió ofrecérselo de otro modo. —Conmigo. —terminó de manera más suave.
—¿De fiesta? —Darius asintió y ella dudó mientras se entrelazaba los dedos con algo de nerviosismo. —E-Es que mira cómo voy vestida, y-y no suelo frecuentar zonas así.
—No pasará nada yo estaré contigo. —porque así es como lo sentía. Vio lo mofletes de la mujer enrojecerse y sus labios temblar.
—Y-Y si me quiero ir…
—Si tú te vas, yo me iré contigo.
