AMARTE DE TURNO
CAPITULO # 11
Por: Tatita Andrew
La puerta del despacho estaba a medio abrir, toco suavemente la puerta y al no recibir respuestas la abrió muy despacio.
Su corazón latía a mil por hora, allí estaba su esposo analizando unos documentos y subrayando algo con un bolígrafo.
No quería interrumpir pero necesitaba poner las cosas claras entre ambos.
-ujum… dijo.
Pero Albert seguía sin alzar la vista.
-Ujum… volvió a decir mucho más fuerte.
Albert alzo la mirada arrugo las cejas y se llevo el bolígrafo tocando sus labios.
-¿Ocurre algo con el niño?
-No, no es del niño que quiero hablarte.
-Ya me tienes intrigado. ¿Qué podrías querer hablar conmigo?
Aquello auguraba una fría bienvenida, las manos le sudaban y ya la cara la tenía roja por la confrontación que le esperaba.
-Vengo a decirte que lamento mucho mi comportamiento de nuestra noche de bodas.
El se quedó mirándola de arriba abajo y mirándola de lado pregunto.
-¿Hablas en serio? Porque ha pasado mucho tiempo desde aquella noche.
A Candy le resultaba difícil conversar con Albert, jamás reaccionaba como ella esperaba, pensaba que al aceptar que ella había tenido la culpa, las cosas volverían a la normalidad entre ambos, pero allí estaba ella arrepentida y el con esa actitud hostil.
-Tú tampoco has hecho nada por arreglar las cosas entre nosotros.
-Lo siento, pero esto no es asunto mío, fuiste tu quien armo todo el show, y eras tú la que tenías que empezar a hablarme, por lo visto te cuesta poder hablar con sinceridad conmigo, mírate que tardaste mucho en decirme que estabas esperando un hijo mío.
Ella lo miro furiosa.
-No me vengas con eso ahora, eso ya esta en el pasado.
-Claro que no, sigues ocultándome cosas. Siempre pensé que eras una chica sincera y honesta, que equivocado estaba.
-Albert – se retorció las manos en un gesto nervioso. No se como explicarte esto… bueno la noche de bodas… yo…. Me comporte de una manera muy tonta… no se como explicártelo.
-Pues, ve buscando la manera de hacerlo, porque hasta que no quede conforme con tu explicación, no pienso volver a compartir cama contigo.
Candy apretó las manos furiosas.
-Albert ¿no crees que estas siendo poco razonable?
-¿Te parece?
-Por supuesto.
Albert se levantó y se acercó hasta donde estaba ella, si hasta ese momento estaba intimidada ahora temblaba al tenerlo tan cerca.
-En absoluto, al contrario, creo que he sido demasiado generoso, otro en mi lugar habría puesto fin a este matrimonio la misma noche de bodas, motivos me sobraban. Yo, sin embargo, me he quedado y te he dado hasta demasiado tiempo para que intentaras solucionarlo. Si después de tantas semanas no se te ocurre una excusa mejor. Sinceramente me decepcionas. Y esa es la verdad.
-Veo, que ha sido una tontería por mi parte venirte a pedir perdón.
-Claro que sí, lo has hecho con tan poca gracia, y sin aclararme nada, que la verdad ha sido una perdida de tiempo.
-A veces consigue que te odio. Le grito.
-Es mutuo el aprecio.
Se fue y la dejo allí parada en el despacho. Al verse sola Candy lo fue siguiendo esto no se podía quedar así, tenían que decirse las cosas y aquella noche sacarían los trapitos sucios al sol.
Cuando llego a la habitación Albert se estaba desabrochando los botones de la camisa.
Y se detuvo al ver que Candy no le apartaba los ojos del pecho.
-¿Deseas seguir peleando? Porque voy a darme una ducha.
-Tenía celos de Annie. ¿Ahora estas contento? Es lo que querías escuchar cuando me mencionaste que ella había estado aquí en esta misma casa, me puse a pensar, que tal vez te había acostado con ella, que al tocarme a mí te recordaba a ella, y al final pensé que terminarías comparándonos ella es tan distinta a mi, que me dijo pánico que ella te gustara mucho más y que te arrepintieras de haberte casado conmigo.
Albert detuvo la labor que estaba haciendo y se acerco a ella.
-¿Estabas celosa de Annie? ¿Por esa razón me empujaste esa noche?
-Sí estaba celosa de ella. ¿Cómo no iba a estarlo? Si te vi cenando con ella y tus padres, te vi en cada una de las revistas y periódicos de moda, en todos se hablaba de tu boda, yo estuve tanto tiempo contigo y jamás me presentaste a tu familia. Ellos deben haber estado complacidos al pensar que te ibas a casar con ella, una muchacha de tu mismo nivel social tan parecidos, hubieran hecho la pareja perfecta.
Entonces de repente la tomo por la barbilla y empezó a darle dulces besos en los labios.
-Eres un tontita… no tenías motivos para estar celosa de Annie.
-Pero es tan bella.
-Eso es cierto, pero yo solo quiero estar contigo. ¿Es que acaso no lo ves? Siempre te he preferido a ti por encima de cualquiera.
Candy apoyo el rostro en su pecho oliendo su aroma.
-Quisiera tanto creerte Albert.
-Candy, creía que ya no te importaba nuestro matrimonio, los últimos días te has estado comportando tan alegre, sonriéndome todo el tiempo, y hablando como si nada pasara entre nosotros, que llegue a la conclusión que no te importaba lo que estaba sucediendo. ¿Cómo podía imaginarme que estabas celosa de Annie?
-Me he estado comportando como una adolescente malcriada.
-Pues no puedo negarlo, no tenías motivos para actuar de la forma en que lo has hecho.
-Es que por otra parte me sentía culpable, si yo no me hubiera quedado embarazada, tu seguirías con los planes de boda con Annie.
-Por supuesto que no, puedes creerme cuando te digo que no me hubiera casado con ella.
Albert aprovecho el desconcierto de Candy para tomarla en brazos y tumbarla sobre la cama.
-Candy me vuelves loco, le dijo encima de ella- No sabía porque razón te habías comportado así el día de nuestra bodas, pero no quería forzarte hasta que no fueras tú la que quisiera tomar el tema. Después de todo conozco que la verdadera razón para casarte conmigo fue por el pequeño Williams. Eso me lo dejaste muy claro cuando decidiste aceptar casarte conmigo y lo entiendo perfectamente. ¿Pero te has puesto a preguntar qué hay de nosotros? ¿En dónde quedamos los dos con este acuerdo?
Ninguno de los dos se había puesto a preguntar en donde quedaban ellos como pareja al aceptar casarse por el niño, era bueno darle estabilidad y seguridad a un niño, pero siempre que no hay amor de por medio en una relación con el tiempo no queda nada.
-También es culpa tuya, que me haya estado comportando de esta forma, me siento tan insegura porque has estado tan distante y frío desde que acepte casarme contigo.
Le dijo Candy ahora sabían que tenían que aclarar y resolver todas las dudas que tenía cada cual.
-Si bien recuerdo, cuando te pedí que te casaras conmigo me rechazaste. ¿Qué querías que hiciera o dijera? Si me dejaste bien claro que solo lo hacías por el niño, no sabía si seguías teniendo sentimientos hacía mí, ya por sí nuestra relación era muy frágil para complicarla mucho más si nos acostábamos juntos. Y solo podía lograr eso si estaba alejado de ti.
-Albert, ¿Porque no hemos hablado de esto antes? No tenía ni idea de que estos fueran tus sentimientos, acepte casarme contigo solo por una cosa, porque creía que me lo pedías por cumplir tu obligación como padre y no quería eso, por eso te rechace.
-Ahora sabes que esa no fue la razón, la verdad no dudo que hubieras estado tan confundida si yo mismo no tenía claro cuáles eran mis sentimientos.
Candy le paso las manos por el cuello y lo atrajo hacia a ella a centímetros de su boca.
-No me gusta nada dormir sola. Hizo un puchero
-¿Y tú crees que a mí sí? Te deseo tanto.
-Dime algo, aquella noche cuando fuimos a la ecografía, deseabas estar conmigo.
-Sí, con locura, y sabía que tú también sentías de la misma forma, pero no quería que fuera solo sexo, quería contigo un vínculo mucho más poderoso, por esto tenía que ser el matrimonio. Pero tú solo querías acostarte conmigo cuando te pareciera y eso no estaba en mis planes.
En ese momento empezaron a desvestirse lentamente, sin prisa, Albert fue desabrochando botón a botón la blusa de Candy para dejar expuesto unos hermosos pechos.
-Yo no soy así. Dijo Candy en un susurro mientras Albert tomaba sus pechos entre las manos.
-Claro que sí lo eres, luego bajo hasta tomar el pezón con sus labios y fue justo allí cuando Candy grito por la pasión.
-Bueno, tal vez soy así. Admitió entre jadeos. Pero quiero que sepas, que es por ti, tú me pones y también que quede claro, que tampoco quiero estar contigo ocasionalmente.
-Si lo hubiéramos hecho, nuestra relación se hubiera convertido en algo extraño. ¿Ahora lo entiendes?
-Sí, era matrimonio o nada.
Ella también descendió su mano entre ellos y acarició la protuberancia de Albert que estaba ya lista y preparada para la noche de placer que les esperaba. El se estremeció y ella siguió traviesa hasta que el rubio suavemente retiro las manos y se las coloco sobre la cabeza.
-Se niña buena y estate quieta.
-Me preguntaste porque cambie tenía aquella actitud contigo, pues estaba intentando protegerme, no quería volver a salir lastimada.
-Vaya no lo sabía, sé que te hice mucho daño al romper contigo la primera vez.
-Eso lo sabes porque te lo dije yo. No se te da analizar las emociones de los demás.
Candy se soltó de su agarre y lo golpeo suavemente en el hombro.
-Ni las mías tampoco.
Candy sintió que el rubio la miraba de una forma que le derritió el corazón, por lo que en ese momento, quería ser suya, había pasado muchos meses, queriendo estar así con él, y alguna vez pensó que ya jamás volvería a estar con Albert. Y después de tantas cosas, eran marido y mujer era un sueño hecho realidad.
Ella volvió a atraerlo a sus labios y ambos devoraron con pasión, a un lado quedaron las conversaciones los reproches el pasado, querían fundirse en uno.
Albert la tocaba por todos lados, y cuando ella le suplico que la poseyerá Albert no se hizo de rogar y con un gruñido triunfal se fue abriendo camino hasta su interior.
El deseo de ambos era tan fuerte que no paso mucho tiempo hasta que los dos alcanzaran el cielo con un orgasmo tan potente que los dejo temblando y abrazados hasta mucho tiempo después.
Candy se sentía muy feliz allí estaba abrazados, ahora él se había acostado a un lado y la había llevado consigo y ella estaba con su cabeza en el hueco del hombro. Le encantaba sentirse así y mucho más porque estaba con el hombre que amaba con locura. Cuando le dijo que siempre la había preferido a ella, esa fue razón suficiente para demostrarle todo su amor y entregarse en cuerpo y alma. Aunque todavía no podía estar con la conciencia tranquila sabiendo que Annie se iba a casar con Albert y por culpa del embarazo había terminado todo.
-¿En qué piensas? Le pregunto el rubio mientras le acariciaba la espalda.
-Advina…
-Mmmm. No se
-En ti. ¿Estas contento ahora?
-Yo también amor- la beso en los cabellos- No sabes lo perdidamente enamorado que estoy de ti. Era la primera vez que me pasaba algo así, y el estar alejado de ti fue una tortura, sin ti la vida no tenía sentido.
-¿Estás enamorado de mí? ¿Pero desde cuándo?
Pregunto ella apoyándose en un codo para mirarlo bien, sabía que él tenía sentimientos por ella, pero jamás pensó que era amor.
-Desde el principio, pero jamás me había sentido así, por eso confundí mis sentimientos con deseo, con costumbre, pensé que al irte mi vida volvería a ser normal, pero ya nada fue igual desde que me dejaste.
-¿Lo pasaste tan mal sin mí? Ahora quiero detalles. Lo abrazo fuertemente- Creo que me lo merezco por haberme hecho sufrir tanto.
-Ya nunca volví a Lakewook, no quería volver allí porque todo me recordaba a ti, no me concentraba en el trabajo, andaba de muy mal humor, que todos en el trabajo me hicieron bromas sobre aquello. Te echaba de menos día y noche. Y cuando comprendí que lo nuestro había terminado, ya no quise tener una novia sino una esposa.
-¿Porque?
-Porque contigo había descubierto lo hermoso que era estar con otra persona, la miro a los ojos- No solo era sexo Candy, para mí aquellos fines de semana era como tener una vida marital y me encantaba. Era lo más estable que había tenido de una relación. Y aunque salí con varias mujeres nunca encontré en nadie lo que tenía contigo.
Y fue entonces que me di cuenta que había dejado escapar al amor de mi vida. Supe que entre los dos habíamos sido felices, y todo lo había tenido al alcance de la mano y lo arruine.
-También es mi culpa, no debí hablarte de compromisos ni nada en aquel momento intente apresurar las cosas y no estabas preparado.
-No me digas eso para que sienta mejor, no lo merezco, me tuviste que dejar para que me diera cuenta de mis sentimientos, para que comprendiera lo maravillosa que eres. Si te hubiera perdido para siempre el único culpable habría sido yo.
-¿Pero y Annie?
-¿Qué tiene que ver Annie en todo esto?
-Te ibas a casar con ella y además me confesaste que la trajiste a esta casa. Debió haber sido alguien muy especial para haberla traído a este tu refugio y es un lugar muy hermoso.
-Para dejar aclarado todo, sí la traje una vez a esta casa.
-¿Yo tenía razón?
-Sí, a ella y a decenas de personas más, fue hace tiempo cuando éramos mucho más jóvenes.
-Ah, pensé que había sido horita, cuando eran novios.
-¿Novios? Yo nunca he sido novio de Annie.
-Pero…
-Sí en cuanto me entere por medio de aquel periódico que estabas embarazada fue un golpe muy fuerte.
-Claro tan fuerte que llegaste con tu abogado dispuesto a demandarme si se me ocurría decir que el hijo que esperaba era tuyo.
-Estaba enfadado y celoso, porque creía que estabas embarazada de otro hombre. No me podía apartar de la mente que te habías acostado con tu amigo, y me volvía loco eso. Llevábamos algunos meses separados.
En ese momento le toco la barriga posesivamente.
-¿Cómo se te ocurrió pensar que yo tenía algo con Annie?
-¿Pero si en la prensa lo decía? Además te vi cenando con tus padres, y también te vi bailando con ella muy alegre en nuestra boda.
-Ay amor, eres una celosa incorregible, ¿Y quién en su sano juicio cree las tonterías que salen en las revistas? Annie si se va a casar, pero con mi sobrino Archie Cornwell, el día que nos viste en el restaurante nos dijo que quería presentarnos a alguien, ella siempre ha sido muy allegada a la familia es ahijada de mis padres, y ellos la quieren como si fuera una hija y me comunico que Archie se lo había pedido mientras bailamos el día de nuestra boda por eso estaba muy alegre, si le dieras la oportunidad y dejas a un lado tus celos, veras que te caera muy bien.
-He sido tan tonta. ¿Me podrás perdonar Albert?
-Ya lo he hecho amor, gracias a nuestro hijo Williams he tenido una segunda oportunidad para estar contigo además solo estaba esperando que me rogaras un poquito.
Candy volvió a golpearlo suavemente en el brazo.
-¿Querías que te viniera a pedir perdón?
-Claro después de la terrible luna de miel, que me has hecho pasar, te merecías olvidar tu orgullo por un momento. Me dejaste destrozado.
Candy le toco suavemente el rostro, era evidente que por culpa de sus dudas había hecho sufrir a su marido, y que este la había amado todo el tiempo.
-Ahora es diferente amor.
-¿Diferente?
-Acaso no lo sabes, ya no tengo dudas de tu amor además estoy loquita por ti.
-Y yo por ti….
Nuevamente se besaron y en ese momento dieron gracias por estar nuevamente juntos, y porque su amor era muy fuerte capaz de soportar los problemas que se les vinieran encima siempre y cuando estuvieran juntos, los besos fueron subiendo de tono hasta que volvieron a hacer el amor amándose como si fuera la primera vez que lo hacían.
Continuará….
