¡Feliz viernes!

Mis lectoras (es) son los mejores! Sus palabras siempre me ayudan a seguir adelante con esta historia!

Como ya es sabido, Shingeki no Kyojin no me pertenece, si no que a Isayama

¡Agradezco a Faby Kaban por ayudarme en cada capitulo!

Bueno, creo que eso es todo.

¡Disfruten!


El tiempo nos pertenece

No sabría calcular cuánto tiempo había pasado, era una de las pocas noches en las que verdaderamente estaba durmiendo. Claro, el calor del cuerpo a su lado no tenía nada que ver con esto, por lo menos de eso se convencía. No fue hasta sentir que el mencionado cuerpo empezara a moverse, que se despertó. Se encogía y daba vueltas, movía toda la cama con él.

Levi abrió los ojos de golpe, Eren se esmeraba en hacerlo enojar ¿verdad? La respiración del más joven empezó a sonar forzada, cortada solamente por quejidos de dolor. El pelinegro se sostuvo con sus antebrazos en la acolchonada superficie, girándose para ver al otro. Los ojos de su alumno se movían frenéticamente detrás de sus parpados y sus dedos tenían espasmos violentos.

—¿Qué diablos…? —se preguntó en voz alta.

—…no…por favor… no —protestaba el otro con miedo.

—¿Eren? —llamó, sentándose.

Movió a su estudiante para despertarlo, Eren siguió dormido. Al sentir el toque de Levi, el otro se encogió mientras se alejaba.

—…ale…aléjate —murmuraba sin parar.

—Eren —esta vez lo zarandeó más fuerte— ¡Eren despierta! ¡Abre los ojos, estás teniendo una pesadilla!

Se acercó al rostro del otro, para asegurarse que se despertara. Los ojos de Eren se dispararon, abriéndose violentamente y se encontraron con los suyos oscuros. El chico dejó salir el grito más desgarrador que Levi había escuchado. Parecía que había visto un monstruo horripilante. El pelinegro fue empujado violentamente por el otro al piso, el impacto lo recibió su cabeza.

Rápidamente, subió a la cama otra vez. Eren no paraba de gritar. Levi le sujetó el rostro, la piel del adolescente estaba helada y mojada, las hebras de cabello se pegaban a su frente.

—¡Soy yo! ¡Eren, soy Levi! —se hacía escuchar, lágrimas empezaron a bajar de los ojos del castaño— ¡Estoy aquí!

El chico lo sujetó de su camisa, los dedos se aferraban a su ropa con todas sus fuerzas. Los alaridos pararon, Eren empezó a recorrer el lugar con su mirada, notando donde se encontraba; jadeaba y temblaba en su agarre.

—¿Estás bien? —preguntó el pelinegro.

El otro tragó saliva y asintió temerosamente.

—¿Le-levi? ¿Profesor Levi? —preguntó con voz queda.

—¿Quién más podría ser?

—No-no sé… —tartamudeó.

—¿Tuviste una pesadilla?

—No… no fue la gran cosa…

—Se escuchaba como si lo fuera —expresó el pelinegro, era la primera vez que veía a Eren tener tal reacción. Generalmente el chico era demasiado tonto para sentir miedo.

—Estoy acostumbrado —justificó.

—¿Qué soñaste?

Eren se quejó mientras frotaba sus sienes con sus dedos.

—No recuerdo… —conforme pasaban los minutos, el castaño volvía a su temperatura normal—… usted estaba ahí… pero… no era realmente usted…

Levi enarcó una ceja.

—…era mucho más cruel…

¿Tan duro era él para que el chico tuviera pesadillas? No pudo evitar sentirse un poco ofendido. Resopló ante el pensamiento, era el sueño hablando; debía aprovechar que todavía lo tenía, así que decidió situar este pequeño episodio atrás. Sólo eran sueños, de todas formas.

—Se han vuelto normales, los sueños, no pasa más de un día sin que aparezcan. A veces sueño con Armin y Mikasa —el chico jugaba con sus propios dedos—, y… sangre… tanta sangre… Es un lugar horrible del que no puedo escapar, no importa cuánto intente.

Tomó la mano de Eren y la situó en su propio pecho, encima de su corazón. El chico sintió sus latidos y lo miró a los ojos.

—Esto es la realidad —le aseguró—, yo estoy aquí, yo soy real —el chico tragó forzosamente—. Fue sólo un sueño ¿de acuerdo?

Eren asintió quedamente, como si todavía no estuviera completamente seguro. Hasta que el pelinegro estuvo convencido que el chico estaría bien, se acostó en la cama nuevamente, mirando el techo. Segundos más tarde, sintió el peso del castaño en la almohada continua, la mano nunca se retiró de su pecho. El adolescente se iba acercando pausadamente, tímido; hasta que su cabeza alcanzó la curva del cuello de Levi.

—¿P-puedo…? —comenzó Eren como un niño de cinco años pidiendo permiso— ¿…así?

El de ojos oscuros no lo movió, su estudiante lo tomó como permiso y se acomodó; respiró profundamente y besó con timidez la piel de la zona, manteniendo sus manos en el pecho del otro. Levi pasó su brazo por la espalda del castaño, atrayéndolo más a su cuerpo; no sabía si la acción había sido por deseo o por costumbre. En cuestión de minutos la respiración del adolescente se ralentizó, indicando que se había dormido.

El ritmo sonaba tan tranquilizador como una canción de cuna, Levi no pudo evitar sentir sus parpados pesados. Pasados unos minutos, se unió a Eren en sueños.


Despertar al otro había sido una lucha. Su alarma había sonado, pero era incapaz de apagarlo, tenía un peso muerto en su pecho; Eren, al parecer, había cogido un gusto a dormir en su cuello. Y sin importar lo tranquilizador que se sentía la respiración del otro en su cuerpo, tenía obligaciones que cumplir. Él y su alumno.

Movió todo su cuerpo con fuerza, arrojando a Eren a un lado de la cama. El chico se meneó ante el brusco movimiento, frunciendo el ceño pero nunca abriendo los ojos. El humor de Levi empeoraba, pateó al joven y cayó en el suelo. El ruido sordo probablemente despertaría a uno de sus vecinos, francamente no le importaba una mierda.

Los quejidos del castaño fueron casi lo suficientes para compadecerse y arrepentirse de sus acciones, pero no bastaron. En lugar de eso dijo:

—Que coincidencia que despertaste, mocoso.

—¿Era necesario eso? —se quejó, frotando su cabeza, seguramente en el lugar del impacto— ¡Y es de madrugada!

Levi chasqueó la lengua y se encaminó a su baño, encendiendo la luz en el camino.

—¿Podemos bañarnos juntos? —preguntó el chico, sin vergüenza alguna. Tenía el descaro de olvidar el golpe a su cabeza en cuestión de segundos, preocupado más por su libido.

—Eres un pervertido, niño —sentenció Levi, inmovible—, espera tu turno; y si yo fuera tú, pensaría dos veces en volver a dormir —amenazó.

El chico tragó saliva y abrió más sus ojos, el pelinegro había descubierto sus planes.

Se duchó y cambió dentro de su baño rápidamente. El tiempo estaba más limitado ahora que los dos debían prepararse. Abrió la puerta que llevaba a su cuarto. No esperaba encontrarse con semejante vista.

Eren estaba completa y descaradamente desnudo. Estaba recogiendo su ropa en el suelo, doblándose para alcanzarla mientras sus rodillas estaban completamente rectas. Desde ese ángulo podía mirar claramente lo que se había perdido en la noche.

El trasero del mocoso era menos bronceado que la piel de su rostro, aun así, la piel morena era atractiva e incitante.

—Apresúrate, mocoso de mierda.

El chico se levantó rápidamente, sus mejillas estaban rojas, seguramente avergonzado por la posición en que su maestro lo acababa de descubrir, o eso opinaba Levi. Eren tomó sus cosas y se dirigió al baño con premura, dejando al pelinegro con el conflicto siguiente: ¿el otro era tentador a propósito? ¿O sólo era su moral la que iba lentamente en disminución?

Algunas cosas no valía la pena pensarlas, así que optó por dirigirse a la cocina.

Pasados más de diez minutos, el desayuno estaba casi listo cuando escuchó la puerta de su dormitorio abrirse. Eren bostezaba mientras sus cabellos goteaban mojando su uniforme. El chico se irradió de alegría al ver al otro.

—¡Huele delicioso! —elogió mientras se sentaba en la barra de caoba— ¿Qué preparas?

—Huevos con tocino, supuse que lo disfrutarías —mencionó, mirando la cazuela— ¿Café? —ofreció.

El chico negó con la cabeza, su sonrisa aumentaba con los segundos. Levi se sentía más tranquilo al ver a Eren con altos espíritus, después de lo ocurrido el día anterior.

—No tomo café —explicó—, es demasiado amargo. Nunca me gustó —después de un par de segundos agregó—. Apuesto que crees que soy un niño porque no me gusta ¿verdad?

—No —dijo Levi—. Yo tomo café desde los nueve años, la edad no tiene que ver con tus gustos.

—Eres indescifrable, Levi —opinó el chico con la sonrisa de oreja a oreja.

De golpe supo por qué la conversación sonaba tan extraña.

—¿"Eres"? —repitió las palabras de Eren— ¿"Qué preparas"? —su alumno había cambiado la manera en la que le hablaba— ¿Nos tuteamos ahora?

El chico dejó salir una carcajada y asintió enérgicamente. Levi sirvió la comida frente al otro, humeante todavía; dibujos abstractos hechos de vapor llevaban el aroma y llenaban el pequeño apartamento.

—¡Si! —contestó, como si de lo más evidente se tratara— Ahora tengo todo el derecho, ¿no recibiste mi memo?

—¿Oh? —preguntó alzando una ceja con genuina curiosidad.

—De ahora en adelante puedo tratarte así, no te preocupes, tengo permiso.

—¿Se puede saber quién te lo ha dado, mocoso? —Levi no pudo evitar sentir las esquinas de sus labios estirándose.

—¡Lo dicen las reglas! —dijo el chico carcajeándose.

El pelinegro esperó a que el otro elaborara.

—Desde que me masturbaste he ganado el permiso de tutearte, Levi. Está en el manual de: "Relaciones entre profesores y estudiantes" —Eren se encogió de hombros, como si no hubiera tenido otra opción.

Levi se rio, a veces su estudiante de verdad era un niño.

El pelinegro notó que Eren se admiró, dando un sonoro respiro de aire, con las cejas levantadas hasta su línea del cabello; ojos enormes como de venado lo miraban sorprendido, toda broma dejada atrás.

—¿Pasa algo? —preguntó Levi.

—No —movió la cabeza de lado a lado, luego una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios—, es sólo que te estás riendo. Nunca antes lo habías hecho.

No se había dado cuenta, estaba demasiado enfocado en Eren.

—Estoy seguro que he sonreído antes —aseguró, arrugando ambas cejas.

El chico se mordió el labio tímidamente mientras se apoyaba con ambos codos en la madera; acercando su cabeza a Levi que se encontraba al otro lado, de pie. Enormes orbes color bosque miraban a los alrededores, menos al hombre en frente, mientras negaba con el rostro.

—Habías sonreído, pero nunca te reíste…

'Oh'

—Come, niño —señaló la comida frente a él; cambiando el tema—, de lo contrario se enfriará.

El chico asintió rápidamente, acercó el plato a su cuerpo y engulló el primer bocado con el tenedor.

—Te vez muy apuesto cuando sonríes… —murmuró con la boca llena.

—No hables con comida en tus mejillas, es de mala educación —amonestaba mientras rodeaba la barra de madera y se sentaba en el taburete al lado de Eren.

—Lo siento —se disculpó, mejillas regordetas todavía. No parecía arrepentido de nada, sonreía mientras se llevaba otro bocado a la boca.

Fue instinto, su cuerpo se movió sin que él se supiera qué era lo que estaba pasando. De un segundo a otro, sintió que estaba besando la mejilla del chico; Eren se congeló ante la acción, extraño a tan dulce muestra de afecto.

El otro no dijo nada, Levi pudo notar de reojo que la sonrisa del adolescente nunca se borró de su rostro mientras comía.

Por un segundo sintió como si fueran una pareja normal.


Había llegado caminando a la academia, Levi no conduciría este día. El pelinegro había abogado que disfrutaba de una caminata pacífica a tempranas horas de la mañana de vez en cuando. Eren no podía evitar pensar en la coincidencia que era caminar el mismo día que el chico había despertado con Levi. No pudo sacudir la corazonada de que su profesor no quería ser visto con él.

Había aceptado, después de todo, ¿quién era Eren para Levi, sino un estudiante? Uno al que besaba y tocaba… pero un estudiante no más. No dijo nada, no quería que la manera de actuar del pelinegro cambiara. No luego de la noche que había pasado con él.

Entró a Rose, el gran pórtico que se dividía en dos puertas gigantes que permanecían abiertas hasta que la campana sonaba. A su lado ingresaban decenas de adolescentes, a unos los conocía y a otros no; no era como si le importara.

Giró su cabeza para mirar si Levi iba detrás de él. Para su sorpresa, el hombre no estaba por ninguna parte; seguramente había guardado su distancia para que no notaran que llegaban al mismo tiempo. Tenía todo sentido y excusa, pero por alguna razón, el adolescente no pudo evitar sentir su pecho apretado, en señal de decepción.

No iba mirando al frente, sintió un par de manos sujetarlo del collar de su camisa que lo movieron hasta que su espalda tocó la helada superficie de los casilleros; el agarre no era muy fuerte. Miró al frente para descubrir a su mejor amigo, Armin estaba muerto del miedo mientras lo agitaba.

—¡¿Dónde pasaste la noche?! —gritó, personas a su lado se le quedaron mirando.

Eren cubrió la boca del otro con su mano para se callara. Esperaba que ni Mikasa ni Levi estuvieran cerca.

—Armin, guarda silencio —susurraba alarmado—. No puedo decírtelo.

—No tienes opción —aseguraba, removiendo las manos del castaño para hablar claramente—, yo te cubrí; ¡tienes el deber de decirlo!

Volvió a cubrir los labios de su amigo, urgiéndole que se callara.

—No puedo.

—Eren, soy tu mejor amigo. Nunca nos hemos guardado secretos, puedes decírmelo —los ojos azules de Armin suplicaban, se quedó un rato pensativo—. ¿Estás consumiendo drogas?

—¡¿Qué?! ¿Estás loco? ¡No! —esta vez fue su turno de gritar.

—¡Entonces dímelo!

Se mordió el labio mientras notaba, con la esquina de sus ojos, a Levi entrando al edificio. El pelinegro lo miró como si nada, sin saludarlo y continuó caminando; era completamente diferente al hombre con el que había despertado en la mañana. Sus costillas se comprimieron en su pecho por segunda vez.

—De acuerdo —aceptó el castaño, sabía que esto no podía sino empeorar—, pero no podemos aquí en los pasillos.

—¿La biblioteca? —ofreció Armin, esta vez más calmado.

—¿Estás dispuesto a faltar a clases? Mancharás tu record —advirtió, tal vez podía sacudir al rubio y no tener esta apocalíptica conversación.

—No importa —aseguró, Eren maldijo en sus pensamientos—. Eren, tú eres mi amigo, y una de las personas que más quiero en el mundo —el castaño miró al suelo, había sido un idiota, ¡éste era Armin! ¿Cómo había pretendido ocultarle cosas?—. Vales mucho más que cualquier estúpido record.

Habían caminado en silencio hasta la biblioteca; cuando llegaron, escogieron con cuidado la mesa más recóndita de todas. Con una superficie inmaculada de polvo que nadie se había molestado en limpiar. Las sillas chillaban al sentir el peso de los dos; por unos segundos, Eren sentía que la madera se iba a rendir, dejándolo caer al piso.

Se concentró en la razón de todo esto; Armin estaba frente a él, con manos en sus costados, expectante. Eren supuso que faltar a clases de matemáticas no haría daño alguno. Pero, de nuevo, podía equivocarse.

—Estoy saliendo con alguien —dijo mientras apoyaba ambos antebrazos en la superficie de la deslucida mesa, manchando la blanca camisa de su uniforme con polvo.

Una sonrisa se pintó en los labios de su amigo.

—¡Eren, eso es genial! —gritó de emoción, sólo para ser callado por la senil mujer bibliotecaria; Armin la miró y asintió, pidiendo disculpas, luego se dirigió a su amigo, en voz más baja— Felicidades. ¿Por qué no me habías dicho?

—Es muy complicado, ni siquiera sé si estamos saliendo o no —no tenía idea cómo comenzar a explicar lo que le estaba pasando con Levi.

—No entiendo, ¿a qué te refieres?

'¡Armin, tú eres el genio ¿por qué no me lo explicas tú a mí?!' pensó, su mente gritaba.

—Él quiere llevarlo todo más lento. No se supone que debamos estar juntos —miró al rubio, intentando hacerse entender con sus ojos. Armin estaba completamente perdido.

—¿Está todavía en el closet? —intentó su amigo, luchando por entender.

—No —contestó, estaba perdiendo su paciencia—. Él es mayor que yo.

—¿Es compañero de Reiner y Bertholdt? —tanteó esta vez, ellos eran los que estaban por graduarse.

Eren quería explotar.

—¡Estoy saliendo con-! —gritó, fue callado por la misma mujer, arrugada hasta las manos y cabello de ceniza; en voz más baja pero igual de frenética continuó— Estoy saliendo con Levi ¿de acuerdo?

—¡En serio! Di la verdad, Eren —se quejaba, entrecerrando sus ojos azules.

Cómo quería estar bromeando. Mantuvo su posición, no dijo nada ni miró para otro lugar. Suplicando que su amigo confiara en él, que el número de años de su amistad valieran para que Armin le creyera en él. Esperó a qué el chico frente a él supiera que no era ninguna jugarreta, contó treinta segundos para que sucediera.

Armin abrió tanto los ojos que parecía que se saldrían de su lugar; se recostó sobre el asiento de su silla, el mueble protestó chillando. Su amigo se llevó una mano a la cabeza, como si eso lo haría entender más rápido.

—¿N-n-no estás…? Eren, dime que bromeas —rogó.

El chico movió la cabeza de lado a lado mirando hacia abajo. Se comenzaba a arrepentir de todo esto, Armin podría delatarlo y luego todos se darían cuenta que estaba saliendo con su maestro ¿qué le harían los otros estudiantes? Seguramente pensarían que había conseguido sus evaluaciones de manera diferente. Luego Grisha lo castigaría por quién sabe cuánto tiempo. Probablemente tendría detenciones hasta que se graduara.

—¿A-Armin?

—¡Levi! —exclamó el rubio, fue acallado por la vieja, bajó el tono— ¿El profesor Levi? ¿Estás saliendo con él? —volvió a preguntar, a lo que Eren asintió— ¡Es un adulto! Quiero de-decir, ¡estaba bien cuando era un tonto enamoramiento pero ahora…! ¿Cómo comenzó todo? ¿Cómo comienzas a salir con un profesor? ¿Estás consciente que él está viejo?

—Tiene treinta y dos años —corrigió el castaño, supuso que era importante mantener los datos claros.

—¿Treinta y dos años? —Armin miraba a Eren y a la vez no— Supongo que podría ser peor… ¡Eso no hace desaparecer el hecho que es un adulto! —hablaba al borde de gritar— ¿En qué te has metido?

—Armin, no importa —aclaró.

—Sí, sí lo ha-

—¡No! —esta vez fue su turno de ser reprendido, una parte de él estaba feliz de haber seleccionado este lugar, de esta manera su amigo no podría gritarle… no más de lo que ya lo estaba haciendo— Fue mi idea, yo fui quien inició todo. Yo intenté besarlo, yo le rogué. ¡Prácticamente me arrojé encima de él!

—Eso no lo excusa, debió decirte que no y-

—¡Lo hizo! —susurraba frenéticamente— Muchas veces, hasta que logré convencerlo.

Armin empezó a respirar profundamente, intentando calmarse.

—¿Tu lo convenciste? —preguntó, se había tranquilizado un poco— ¿Tú sedujiste al profesor Levi?

—Él opina que sí —no pudo evitar sentir sus mejillas acaloradas, después de todo el otro lo había llamado tentador—. Dormí en su apartamento anoche.

Armin abrió sus enormes ojos nuevamente.

—¿U-u-ustedes dos…? —dejó la pregunta a su imaginación.

—¡No! —contestó; imaginó que lo que había pasado, su profesor tocándolo, no contaba— Sólo nos hemos besado.

Después de unos minutos que se sintieron como eternidades, su amigo volvió a hablar:

—¿Eres feliz?

El castaño no pudo evitar sonreír mientras movía la cabeza de arriba abajo, asegurando al otro. Recordó la mañana en la que había despertado, Levi le había cocinado mientras hablaban con toda confianza. Un extraño sentimiento cálido lo había envuelto mientras comía, fue una pena que tuvieran que regresar a la realidad.

—No estoy de acuerdo, él es mucho mayor que tú y no creo que busquen las mismas cosas —sentenció Armin—. Sé que no me escucharas no importa qué te diga, pero eres mi mejor amigo y es mi deber decirte que no confío que esto tenga un buen final. —el rubio no sonreía—. Eren, espero que no salgas lastimado.

—No pasará —aseguró.

Armin no pareció muy convencido.


Su profesor iba a paso rápido, saliendo de la academia, recién había finalizado su sesión; Levi caminaba con un ritmo contaste, como si fuera un soldado en un batallón. Era viernes, habían pasado dos semanas y media desde que había dormido en el apartamento del pelinegro. En segundos alcanzó al otro hombre.

—Sonríes como si fueras idiota —señaló Levi, Eren estiró más sus labios—. ¿Qué estás tramando?

—Nada —contestó, sonriendo con complicidad.

Salieron de la institución hacia la serena tarde, no se miraba el auto de Levi por ningún lugar, eso significaba que su profesor regresaría a su apartamento a pie. El pelinegro empezó a caminar, con rumbo a su hogar; Eren lo siguió. Pasado un rato, el otro se dio cuenta que el castaño iba atrás de él, giró encarando a su alumno.

—No irás a mi apartamento.

Había sido descubierto.

—¡Aww! Por favor, Levi —lo llamaba por su nombre ahora, siempre y cuando estaban solos—. Armin me cubrirá y mañana no tengo clases.

—Ve a tu casa —insistía—, no malgastes tu fin de semana con un viejo como yo.

—No estás viejo —caminó hasta estar al lado del otro, el pelinegro reanudó su paso.

Levi movía su mano al ritmo de su caminar, tenía su portafolio en la otra. Eren miró en toda dirección, como siempre, ellos eran los únicos en la academia Rose a esa hora. Empezó a mover su brazo siguiendo el de Levi; con su dedo meñique, sujetó el de su profesor, rodeando la falange con la suya.

Levi no se retiró del agarre, en lugar, dijo:

—Mocoso, no hay manera en que deje que pases dos días enteros en mi apartamento. Así que ve a tu casa y nos veremos el lunes.


Se sirvió la mitad de un vaso de escocés al momento que aspiró de su cigarrillo, la nicotina se sentía bien en su cuerpo. Necesitaba relajarse, no tenía idea cuando había terminado aceptando, pero aquí estaba: Eren Jaeger, el chico de los ojos más verdes que había conocido, en su cocina, preparando la cena.

El adolescente se terminó quedando todo el fin de semana.

El chico tenía la mejilla manchada de aceite mientras movía unos vegetales quemados en una cazuela. Eren pasó una mano, limpiándose el rostro, lo único que logró fue ensuciar la otra mejilla. Levi estaba cercano a explotar.

Eren se había ofrecido a cocinar, había clamado que Levi siempre lo hacía y ahora el adolescente quería ser recíproco. El pelinegro maldecía en voz alta, su cocina era un desastre, todas las cacerolas estaban sucias, el idiota de su alumno había dejado caer un huevo al suelo, manchando su piso y quebrando un plato.

—¡Lo arreglaré! —decía, mientras lo empeoraba de alguna forma.

Después de tres cigarrillos, optó por sacar el torbellino que era el castaño, de su cocina. El chico estaba sucio de pies a cabeza, tenía otra mancha de aceite en su camisa. Lo convenció que tomara una ducha.

Cuando se aseguró que el castaño entró a su cuarto, se dispuso a botar todo lo que el otro había "cocinado" a la basura; consistiendo esto solamente en unos negros vegetales "salteados" y una masa negra que en sus mejores días fue carne.

Fregó el piso y lavó los platos que quedaban, asegurándose que su cocina quedara reluciente como antes. No quiso pedirle ayuda a su estudiante, probablemente Eren quebraría otra cosa.

Supuso que el chico podría querer pizza, así que ordenó una.

Era extraño, hacía años que Levi no compartía con una persona, no después de su relación pasada; y lo que era más inusual, no sentía la necesidad de echar al castaño de su apartamento. Sorprendentemente, le agradaba la presencia del otro.

Hasta ese momento, no tenía idea cuánto había extrañado a Eren.

El repartidor de pizza llegó, Levi pagó y recibió la comida, Eren la encontraría si seguía el olor. Se sentó en su sillón y abrió un libro, subió sus piernas al asiento de la par, estirándose con su espalda en el brazo de la silla; escuchó la puerta de su cuarto abrirse. Como había sido planeado, el adolescente tomó una porción y se sentó a su lado, donde sus pies terminaban. Levi lo pateó, pero no con tanta fuerza.

—No comerás en mis sillones, siéntate en el suelo.

El otro lo miró con ojos desafiantes, dispuesto a empezar una disputa; pero desistió, se bajó al suelo alfombrado y terminó la porción que tenía en sus manos. Levi regresó a su lectura.

Pasados unos minutos sintió el cuerpo del chico de nuevo en el largo sofá. Bajó el libro para descubrir a Eren en medio de sus piernas, mirándolo a los ojos.

—Apestas a cigarrillos —opinó el chico.

—Apestas a pizza —contrarrestó.

—Quiero besarte.

Levi no dijo nada más, Eren se acercó y movió los labios contra los suyos. El pelinegro pensó que el otro podría ir a, por lo menos, lavarse los dientes; pero eso implicaría parar el beso y esperar que el chico terminara, se escuchaba como la más estúpida idea que se le había ocurrido. Optó por no decir nada.

Eren gateó hasta el regazo de Levi, sentándose encima del maestro, con una pierna fuera del asiento y la otra doblada. La posición era incómoda, pensaba el pelinegro, pero no se separó, si no que acercó más al chico, rodeándolo con sus brazos.

Besuquearse en el sofá, ¿cuándo fue la última vez que Levi lo había hecho? Probablemente en sus veintes, o cuando no era más que un adolescente; todavía recordaba cómo se sentía la desesperación y el frenesí por la simple acción de besarse. Actualmente, a su edad era diferente, prefería esperar hasta llegar a su alcoba, desvestir a su pareja lentamente, disfrutando la expectativa más que la acción.

Pero con Eren era diferente, el chico era como una droga; el sabor de su boca, de su piel, no era para nada como sus pasadas parejas. El entusiasmo del chico y su inseguro toque era adictivo, no podía evitar excitarse ante su inexperiencia. Su cuerpo olía a la luz del sol y su piel sabía delicioso.

Levi se sentía diez años más joven cuando estaba con Eren.

El chico empezó a gemir en el beso, y no tardó en sentir la anticipación del chico apretar con su entrepierna; se separó del otro lo suficiente para hablar:

—Eres un pervertido, ¿éste era tu plan desde el principio?

Eren rio sin aliento, asintió con la cabeza mientras murmuró un quedo 'Culpable'.

Volvió a devorar sus labios, metiendo su lengua en la boca del otro. Una mano apretaba la cadera de Eren, mientras que la otra lo sujetaba del cuello. Cada vez se le hacía más difícil rechazar al chico. Su voluntad y sentido común caían en un espiral abajo y abajo, desapareciendo en un lago de deseo carnal. Un poco más y se entregaría.

Sintió una mano serpentear y acariciar su entrepierna, siseó ante el contacto. Miró a Eren, el adolescente sonreía con picardía y descaro. Este chico sería la causa de su muerte.

—Pensé que habíamos dejado claro que no debías tocarme.

—¡Por favor, profesor! —Eren hacía pucheros, lo llamaba por su título cuando más le convenía.

Tal vez, solo tal vez, podía dejarse caer esta ocasión sin importar las consecuencias.

Eren tomó su silencio como permiso y trabajó su bragueta con diligentes manos, se tropezó con sus dedos un par de segundos hasta que consiguió abrir sus pantalones. El castaño tiró de la ropa, indicándole que la retirara; Levi lo hizo, descartó el artículo de ropa al momento que el otro lo hacía también. El pelinegro removió su ropa interior y su camisa, quedando completamente desnudo, el otro se quedó boquiabierto; Levi estuvo a punto de burlarse de su expresión, no lo hizo.

—Mierda, eres perfecto —comentó Eren, no apartando la mirada de su cuerpo.

—Tú no estás nada mal tampoco, mocoso.

Levi miró al castaño, su terso abdomen invitaba a lamerlo y los huesos de sus caderas que protruían de su piel gritaban por ser mordisqueados. Sujetó el órgano de Eren con su mano, el chico gimió y lo detuvo.

—E-espera —tenía la mirada de determinación, la intensidad disminuía por el sonrojo que se extendía hasta su cuello—… déjame probar… a-algo.

El pelinegro se recostó sobre el brazo del sillón, bajó sus manos y dejó al castaño explorar su cuerpo. Empezó besando su cuello lamiendo donde terminaba y comenzaban sus hombros, mordió su clavícula; bajó hasta su ombligo trazando todo el camino con su lengua, Levi cerró sus ojos y arrojó su cabeza hacia atrás sintiendo hasta el más ligero toque, sentía la caliente erección de Eren frotándose contra su pierna.

Llegó hasta su entrepierna, metió el órgano a su boca, el calor era exquisito. Eren lo hizo tan rápido que terminó sacándolo y empezó a toser, tenía muchas cosas por aprender.

—De…debes lubricarlo antes —se obligó a decir, supuso que no había mejor tiempo para aprender como ahora.

Eren lo miró a los ojos, comprendiendo sus palabras. Regresó a la erección y comenzó a lamerla, desde la base hasta la punta, Levi gimió; el chico pasaba su lengua con avidez, lamiendo como si de un dulce se tratara, tenía los ojos entrecerrados y vidriosos, llenos de lujuria.

Cuando su pene estuvo suficientemente lubricado, el castaño lo rodeó con sus labios nuevamente; metió la cabeza y succionó.

—Mierda… —maldijo Levi mientras apretaba el sillón con sus manos, Eren lo miró a los ojos, la punta todavía dentro de su boca, esperando por su reacción—… eso-eso se sintió bien, Eren… así está bien —elogió.

El chico sonrió con sus ojos y empezó a meter más de Levi en su boca.

—…lento —aconsejó el profesor con voz ronca—… no te atragantes otra vez…

Eren lo tomó como un reto e introdujo el órgano más y más adentro, Levi gimió el nombre del otro. La apretada garganta del castaño era tan caliente y húmeda, le era imposible quedarse callado, quería sentir más, su alumno era lento… demasiado; sabía que era la primera vez del otro, seguramente estaba saboreando y descubriendo cada momento. El pelinegro necesitaba más, posó su mano en la cabellera del chico, tentado a embestir la boca de Eren, halarlo de sus cabellos y cogerse su garganta.

En lugar de eso acarició su cabeza, diciendo suaves cumplidos para el chico, 'Vas bien Eren, eres un buen chico. Lo haces delicioso, sigue'

Eren comenzó a aumentar el paso, teniendo la cabeza del pene de Levi en su boca, mientras que con sus manos tocaba la porción de la base que no le cabía. El pelinegro comenzó a sentir la placentera corriente recorrer su cuerpo, respiraba con dificultad y empezó a mover sus caderas, asaltando la boca del más joven.

Expulsó su semilla dentro de la boca del otro, Eren abrió sus ojos y sacó el órgano, algunas gotas cayeron en sus mejillas. El pelinegro se recostó sobre el sillón, recuperando su aliento y sintiendo las réplicas de electricidad después de su clímax.

Levi cogió su camisa y limpió el rostro del joven. Lo sujetó de su barbilla y lo besó, probándose en los labios del castaño.

—¿Te gustó? —preguntó, como si fuera un pequeño cachorro buscando el visto bueno.

El mayor asintió con una sonrisa, recorrió con una mano la bronceada espalda del joven y apretó su trasero; Eren jadeó, probablemente recordando su erección.

—Date la vuelta —ordenó, el castaño obedeció sin aliento.

Lo hizo, hincándose sobre el largo sillón. Levi instruyó que levantara el trasero y que se recostara sobre su rostro. El pelinegro empezó a besar toda su espalda, Eren olía a jabón todavía, se tomó su tiempo, gustando y memorizando la piel de su amante. Llegó a sus nalgas, el chico se tensó y jadeó.

—¿Le-Levi? —preguntó con incertidumbre.

El pelinegro le aseguró que confiara en él, extendió su trasero y lamió el agujero; el chico gritó su nombre, sorprendido ante las acciones del otro.

—Mocoso… ¿no quieres sentirte bien? Pensé que este era tu plan desde el principio —bufó, recordando sus propias palabras.

El chico se relajó después de unos segundos, Levi regresó a su cometido, volvió a lamerlo y se ganó pequeños temblores del más joven. El pelinegro pasó la lengua nuevamente, asegurándose de humedecer bien, el pequeño hoyo se contraía, acompañando los crecientes gemidos de Eren; sus piernas empezaron a temblar de placer.

Eren se relajó lo suficiente y Levi introdujo su lengua, pasando el pequeño anillo de músculo, el castaño gritó y maldijo en voz alta. El joven empezó a estremecerse, cantando su nombre.

Se metió un dígito a la boca, cubriéndolo con una capa de saliva; el pelinegro acompañó a su lengua con un dedo, sintiendo adentro del otro, era caliente y estrecho. Las entrañas de Eren se contraían alrededor del dígito intruso, Levi lo sacó y lo volvió a meter, lo estiraba y enrollaba, buscando el pequeño lugar que haría a su pareja ver estrellas. Introdujo un segundo dedo, y acarició la próstata del castaño, la masajeó por unos minutos, Eren se retorció y casi perdió la fuerzas en sus rodillas.

—¡Maldición!

El pelinegro no desistió en el ritmo, acariciando la pequeña glándula sin parar, reduciendo a Eren a un lío de retorcijones y maldiciones. Alcanzó la erección del castaño, moviéndose de la cabeza a la base un par de veces.

—Mi-¡ah!-mierda, estoy… ¡Levi me voy a venir!

Eren alcanzó su orgasmo, el nombre de Levi en sus labios.

El más joven cayó sobre la silla, gastado; el pelinegro alcanzó otro pedazo de ropa y limpió a Eren. El castaño sonrió con somnolencia y se estiró para besarlo, Levi lo detuvo, necesitaba lavarse los dientes antes… y una ducha también.

—Ve y dúchate, Eren —ordenó—, luego iré yo.

El joven obedeció, se veía decepcionado, probablemente quería quedarse ahí, rodeado por los brazos de Levi; el pelinegro dejó que se fuera. Estaba pegajoso, y el semen que tenía regado en el cuerpo comenzaba a secarse, hizo una mueca de asco y empezó a limpiar.


Eren se duchó por segunda vez en la noche, salió a la habitación de Levi para encontrar al dueño sentado sobre su cama, con solo un par de pantalones en sus piernas; le estaba dando la espalda.

—¡Wow! —exclamó Eren.

Levi giró su cabeza, mirándolo inquisitivamente, el castaño notó que era la primera vez que veía la espalda del otro.

—¡Qué tatuaje más genial! —Eren se acercó, quería verlo más de cerca.

Posó su mano encima de la nívea piel de su maestro, nunca se le hubiera ocurrido pensar que Levi tenía tatuajes. Era hermoso, en los hombros del otro, dibujado en medio de sus omóplatos se extendían dos alas, una entrelazada con la otra; la de la derecha era blanca, y la de la izquierda era de un azul naval. Eren las dibujó con su dedo.

El dibujo era considerablemente grande, abarcando la parte superior de la marcada espalda del otro.

—Nunca pensé que tuvieras tatuajes —señaló el castaño.

—Hay muchas cosas de mí que no sabes.

—¿Qué significa? —se preguntaba si representaba algo en absoluto.

—Son mis alas de libertad —fue su respuesta.

¡No podía creer que recordaba las palabras de Grisha! Miró para otro lado, avergonzado.

—Eres malvado —se quejó, ni siquiera Eren recordaba las estúpidas palabras de su padre.

Levi sonrió de lado, el castaño se sentó en la cama, sacudiendo su mojado cabello con una toalla y se sentó al lado de Levi. Abrió la boca, había una pregunta que daba vueltas en la cabeza de Eren por varios días:

—¿Tienes sueños, Levi? —miró al pelinegro, este tenía la mirada perdida en el techo.

—No —respondió secamente, como siempre—, mis sueños están igual de muertos como la mierda que acabas de hacer en el baño.

—Qué asco —opinó Eren con una mueca, a veces su profesor tenía el tacto de un marinero—; pero, debe haber algo. ¿No hay algo que deseas hacer? ¿Un sueño inalcanzable que te motive?

Esta vez el otro pensó su respuesta, pues tardo algunos segundos en darla.

—Siempre he querido escribir un libro.

—¿En serio? —Eren se sorprendió, las posibilidades que Levi le diera una respuesta seria habían sido nulas— ¿Sabes de qué tratara?

El otro asintió.

—Es… una historia —empezó—, de la humanidad; y su fuerza de voluntad por seguir viviendo —Eren lo miró, invitando al otro a seguir—. Unos depredadores gigantes y grotescos con repulsivos rostros que se alimentan de humanos; y sus víctimas, se niegan a seguir siendo devoradas. Decidiéndose a luchar.

—Se escucha genial, Levi —dijo con una sonrisa, después preguntó con curiosidad— ¿Puedo ser un personaje en tu libro? —era absurdo, lo sabía; seguramente su profesor se burlaría de su tonta pregunta.

El pelinegro asintió, Eren abrió sus ojos en sorpresa, el otro siempre lo sorprendía. Una idea se le ocurrió.

—Espera… ¿soy uno de esos monstruos gigantes y grotescos?

Levi se rio, Eren sintió su corazón dar un vuelco; amaba cuando el otro hombre se reía.

El pelinegro lo miró divertido.

—No —respondió—, tú serás el héroe que las exterminará a todas.

Eren no era un aficionado a la lectura, se aburría con facilidad y sus ojos se cansaban; pero si Levi publicara un libro, él sería el primero en leerlo.


Lo confieso, mi debilidad es el fluff, y creo que lo demostré.

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¡Nos vemos el siguiente viernes! uwu