AMARTE EN SILENCIO

CAPITULO # 12

Por. Tatita Andrew.

Candy apenas si sabía en qué día vivía no podía dejar de pensar, que en cualquier momento Albert aparecería para decirle que ya había entablado la demanda de divorcio.

Se sentía ridícula por haber caído en sus brazos, esta vez se había entrado sin reservas pensando que no saldría lastimada que ingenua había sido. ¿Por qué razón Albert había ido a buscarla? ¿Por qué tenía que haberse mostrado tierno y amoroso con ella? Por un momento hasta había pensado que a pesar de todo su marido había llegado a amarla como ella a él. Pero nada había sido cierto solo había sido la ilusión de varios días viviendo un espejismo.

Allí estaba ella sola, nuevamente. ¿Y todavía tenía que venir con su hermana? ¿Acaso Albert era un hombre sin escrúpulos? ¿No se ponía a pensar en Alexander la pareja de Eliza? ¿Cómo deben estar riéndose ambos de los tontos que habían sido?

A pesar de todo su imagen la perseguía como un fantasma, había tenido que cambiar las sábanas de la cama, porque allí estaba impregnado su fragancia, su olor, su calor. Y se despertaba buscándolo en la cama y llamándolo.

Pero tampoco le había servido de mucho pues, ya que su presencia no solo estaba en el dormitorio si no en todas partes, en la cocina cuando la abrazaba por la espalda, en la sala cuando se sentaban sin hacer nada solo a estar abrazados.

Había deseado tanto salir de ese matrimonio, pero todo era en vano, pues se dio cuenta que aunque se divorciará de él, había un lazo que la iba a unir a él toda la vida, y era que estaba enamorada perdidamente de él.

Así estuvo hasta que un día Martha una señora de edad que además de su vecina se había convertido en una buena amiga, la obligo a levantarse y a darse ánimos.

-Basta de excusa, dese un baño y quiero que coma algo.

-Pero no tengo hambre.

-¿Claro que no la tienes? Si pareces un cadáver. ¿Cuándo fue la última vez que te llevaste algo al estómago?

-Esta mañana me comí, una manzana.

-¿Y crees que una manzana es suficiente? Debes comer algo sólido. Déjame y te preparo un sándwiches de atún.

Solo fue mencionar el nombre para que Candy saliera corriendo al baño y estuviera dando arcadas y a pesar de que no tenía nada en el estómago siguió vomitando por unos minutos más.

Su amiga la ayudo a irse a acostar nuevamente.

-¿Pero qué cosa te sucede niña? ¿Acaso estas enferma? ¿Comiste algo que te hizo daño?

-Al contrario esa es la razón porque la no como nada, todo me da nauseas, y solo me planta en el estómago frutas o algunas galletitas saladas. Debo haber pescado algún virus o algo así.

La mujer se rió fuertemente y sonrió cómplice.

-¿Qué virus ni que ocho y cuarto? Niña tú no has pescado nada. ¿Acaso no sabes lo que te sucede?

-Claro que no. ¿Acaso usted lo sabe?

-Es simple, estas embarazada.

Candy palideció.

-No… ¿Cómo es posible?

-Te podría decir como sucedió, pero por lo enamorado que los vía a ambos hace algunas semanas, supongo que tú lo sabrás mejor que yo.

Ahora vamos te prepare una sopa caliente de pollo, esto hará que tu estomago se mejore y puedas probar otras comidas.

Candy hizo todo lo que le dijo Martha como una autónoma, se había quedado en shock desde la declaración que le había hecho su vecina, y es que no necesitaba ninguna confirmación de algún médico recién caía en cuenta que llevaba varios días de retraso, pero no le había dado mucha importancia, pensó que era debido a los últimos acontecimientos.

Y todavía era de lo más asombroso que justo hubiera sucedido esto cuando estaba a punto de separarse de su esposo.

¿Tanto tiempo intentándolo cuando estaban juntos? Y jamás había quedado embarazada, tal vez porque en ese momento cada vez que estaba con Albert, rogaba con tanta fuerza no quedar embarazada, que a lo mejor se le condecía pero ahora era diferente, cuando estuvieron los dos solos, ella se había entregado a él por voluntad propia con todo su amor y sin reservas.

Cariñosamente llevo las manos a su vientre una vez que se quedó nuevamente sola.

-¿Qué momento más especial has escogido por llegar mi bebé? ¿Qué pensará tu padre? Ojala y no le dañe los planes que tenga, a pesar de todo te amare más que a nada en el mundo.

A la mañana siguiente estaba sumida en sus pensamientos, pensando en que hacer, se lo diría a Albert, debería llamarlo, debería buscarlo personalmente, o debería esperar un tiempo.

Que no había escuchado que llamaban a su puerta. Su corazón se le acelero no quería ver a Albert en aquel momento. ¿Pero quién más podría ser? Su vecina Martha había salido a comprar verduras y frutas, para hacerle una comida, desde que ella le estaba cocinando ya podía comer ciertas cosas sin que le produjera nauseas. Por eso sabía que no era ella porque no tenía mucho rato que se había ido.

Pero al abrir la puerta no era Albert quien se encontraba en la entrada, era su hermana Eliza.

-¿A qué has venido Eliza?

-¿Esa es la forma de recibir a tu hermana?

-¿Recién te das cuenta que somos hermanas? ¿No te basta con acostarte con mi esposo?

-Creo que estas siendo injusta conmigo Candy.

-¿Yo injusta Eliza? ¿Si eres tú la que siempre me ha tratado como su tapete?

-Lo sé, por eso he venido a hablar contigo seriamente.

-Nada de lo que tengas que decirme me interesa.

-¿Ni siquiera si es sobre Albert?

-No voy a discutir eso contigo, pero ve y dile que no me opondré al divorcio, le firmare cuando quiera.

-¿Te vas a divorciar?

-No me digas, que no lo sabías, si tú eres la que debes estar más feliz, así tienes el camino libre.

-¿Y yo que pito toco con Albert?

-No te hagas la ingenua conmigo hermanita, sé que estas esperando que nos divorciemos para correr a sus brazos.

-Candy escúchame, bien, hace tiempo me case con Albert, pero nunca lo he amado lo suficiente, si eso hubiera sido así jamás lo hubiera traicionado con Alexander, me gustaba su poder, su nombre, la posición y todo lo demás, pero eres testigo de lo dañino que fue nuestra relación. Y sí alguna que otra vez, tuvimos algo, la verdad él no podía pasar página y yo también estaba pasando una crisis con Alexander, pero no paso de allí nada más, pensé que él lo sabía.

-¿Acaso piensas que creas que no te acuestas con Albert? Si más de mil veces me lo has dicho que solo bastaba mover un dedo para que el viniera corriendo hacia ti, pues te felicito lo has logrado. Es tuyo.

-No me he acostado con Albert, desde hace varios años. Y si te dije todas esas cosas, al principio me dio mucha rabia que te casaras con él. Y que me quitaras lo que yo pensaba que era mío, porque él siempre había estado como perrito faldero detrás de mí. Pero comprendí que ya no era así, Albert en verdad está loco por ti.

-Ya no soy ingenua Eliza, los vi a ambos. La noche de la fiesta.

-La noche de la fiesta, quise ver que profundos eran los sentimientos de Albert hacía ti, si ya me conoces, no siempre busco los medios más adecuados, y me acerque con la intención de ver si el rubio se dejaba seducir, si te hubieras quedado mirando unos segundo más hubieras visto cuando Albert muy caballerosamente me dijo que amaba a su esposa, y que jamás se me ocurriera acercarme o no respondía por sus actos.

-¿Y crees que me voy a tragar ese cuento?

-Puedes creer, lo que quieras hermanita, pero te digo que tu esposo está enamorado de ti.

-¿Entonces que hacías en el hotel y en su habitación?

-Ah, eso es muy simple la tía estaba muy preocupada por tu desaparición todos preguntaban por ti, y Albert simplemente no quería decir tu paradero o no lo sabía no lo sé. El hecho es que me envió a mí, para averiguar ahora donde estaba Albert. ¿Sabes que se fue sin decir dónde ni cuándo volvería? Había desaparecido igual que tú. La tía estaba muy triste pensando que tal vez el matrimonio de ambos se hubiera terminado, y es algo que ella no puede aceptar jamás. Por eso me envió hasta acá después de convencer a su mano derecha para que me diga donde estaba Albert.

Cuando llegue aquí tuve que seguirla muy cautelosa después de todo no quería que me reconociera, por lo que me hospede en el mismo hotel pero sin que me viera, siempre lo veía salir muy temprano y no regresar hasta el otro día, quería encontrarlo y reclamarle por lo que te estaba haciendo, en serio te aseguro que llegue a pensar que te estaba traicionado y oh mi sorpresa cuando descubrí que su aventura era su propia mujer, o sea tú.

Justo cuando iba a dejar por terminada mis labores de detective yo me encontraba pagando en la recepción cuando me vio se puso furioso, me arrastro del brazo hasta su habitación y me pregunto qué diablos estaba haciendo aquí.

Intente explicarle pero estaba como loco, me dijo que no iba a permitir que dañara nuevamente la relación de ustedes, ni que volvieras a sufrir por mi culpa, no escuchaba razones, salió furioso dejándome con la boca abierta sin poder decir ni A, y me dijo que me fuera inmediatamente antes de que el mismo me arrastrara para subirme en el avión, no quería que tu desconfiaras de él.

Pero después de que me fui con Alexander nos dimos cuenta, que Albert ya no es el mismo, desde que volvió trabaja 24 horas al día sin descanso, anda como un loco, no quiere hablar con nadie, y cuando le preguntamos por ti no dice nada, pero notamos la tristeza en sus ojos.

Si lo vieras ahora no lo podrías reconocer, la verdad está sufriendo y al verte a ti veo que te pasa igual y a pesar de que tú pienses que no tengo corazón decidí meterme en lo que no me importa para que pudieras abrir los ojos hermanitas. ¿Acaso no te das cuenta que ese hombre besa el suelo en que pisas?

-No estoy del todo segura lo que acabas de decirme Eliza, o acaso quieres que creas que has cambiado y que te preocupas por mi felicidad y la de Albert y que olvide, que la noche en que mi tía lo descubrió en mi habitación, y lo obligo a casarse conmigo el entro en mi habitación pensando que eras tú la que estabas allí.

-¿Cómo sabes eso?

-El mismo Albert me lo dijo, cuando decidimos casarnos.

-El muy tonto.

-Si es un tonto, por no haberse dado cuenta que la mujer que se iba a acostar era otra.

-Ni digo tonto, porque no tenía que habértelo dicho, como te dije hace años que no tengo relaciones con Albert, pero esa noche trate de seducirlo y cuando lo logre, lo envía a tu habitación.

-¿Qué clase de hermana eres? ¿Qué juegas con los sentimientos de los demás?

-Solo trataba de ayudar, he visto por años como suspirabas por él, y que no hacías nada por confesarle tus sentimientos y lo que era peor, ni siquiera te animabas a empezar otra, vivías enfrascado en tu mundo soñando con Albert.

-¿Sa… sabías que estaba enamorada de Albert?

-Lo he sabido siempre por eso intente ayudarte, pensé que si te acostabas con él, le confesarías lo que sentías, o al contrario tal vez después de eso, descubrirías que lo habías estado idealizando, pero por lo menos podías seguir con tu vida, comenzar con alguien más, sabía que si le insinuaba a Albert, que tú estabas enamorada de él la conciencia impediría que fuera a tu habitación para acostarse contigo, por eso lo engañe. Pero jamás pensé que las cosas se dieran así y que se fueran a casar, por eso me comporte como una loca cuando lo supe.

-Eso no quita el hecho de que él fue a mi habitación pensando que eras tú.

-Hermana no debes vivir, en el pasado Albert, ahora es un hombre diferente, se ha dado cuenta la mujer que eres, y te puedo asegurar que esta locamente enamorado de ti.

-No lo sé… dudo Candy.

-No lo dudes, se lo que te digo, jamás lo he visto así ni cuando decía que me amaba a mí.

-¿Y porque razón compro mi departamento? ¿Acaso pensaba regalártelo?

-No sé nada de departamento, eso si tienes que preguntárselo a él directamente. Pero de seguro que debe tener una buena explicación.

-¿Por qué haces esto Eliza? Que ganas con esto.

-Me canse de ser la mala de esta historia, solo intento reparar un poco todo el daño que he hecho. Candy no lo dudes por favor haz algo.

-Tengo miedo… no sé qué debo hacer.

-Lo primero es que debes ir a buscarlo y ambos abrir su corazón ante el otro, cuando se ama no puede haber orgullo.

-No terminamos muy bien la última vez que nos vimos.

-Candy te desconozco jamás pensé que fueras una cobarde, búscalo sino quiere hablar contigo oblígalo a hacerlo, pero deben aclarar todas las dudas del pasado y todas las preguntas que ambos tengan.

-Eliza, no sé qué decirte…

-No digas nada Candy, no soy la hermana perfecta pero quiero cambiar eso.

-Eliza tu solo eres tú.

A pesar de todo lo que había sucedido entre ambas se abrazaron, a pesar de todo lo que había sucedido el odio, las mentiras las intrigas, los celos, había algo que nunca iban a poder cambiar ninguna de las dos, eran hermanas y eso era algo que siempre las uniría a pesar de cualquier hombre.

Por el momento Candy decidió no decirle nada a Eliza sobre su embarazo, cuando esta se fue decidió que lo primero que iba a hacer era enfrentarse a su marido, y aclarar todo y si el le contaba que la quería por lo menos un poco de lo que ella lo amaba, entonces tal vez podrían arreglar las cosas.

Quería que fuera su esposo quien fuera el primero que se enterara que estaban esperando un hijo, un hijo de la unión de ambos.

Le dio las gracias, a Martha su vecina y prometió regresar para las vacaciones. Fue directamente a su casa, la que había sido suya antes de irse.

Le pregunto al ama de llaves donde estaba su esposo, y le dijo que a esa hora de la tarde específicamente a las seis iba a pocas cuadras a sentarse en un pequeño parque que había alrededor.

Y allí lo encontró minutos después sentando en un banca del parque, mirando hacía los niños que jugaban alegremente en las resbaladeras y los columpios. Su ancha espalda su pelo rubio brillaba con la luz del sol que estaba a punto de esconderse. Se acercó sigilosamente.

Ser armó de valor y se sentó a su lado.

Ni siquiera necesito hablar porque al parecer Albert supo enseguida que era ella, porque le hablo sin voltearse a mirarla.

-No digas nada por favor, aún no, sé que tenemos que hablar. Pero quiero estar así, por unos minutos admirando este hermoso paisaje.

Y Candy lo entendió el cielo se había bañado de colores rojo, amarillo, candela, y era una hermoso paisaje a la vista, saber que el sol se escondía todos los días para descansar pero que al amanecer volvía nuevamente a lo alto del cielo, y brillaba con más luz y fulgor.

En silencio espero, espero, para poder borrar el dolor que sintió en aquellas palabras que le dijo su esposo. Iba a solucionarlo todo de eso estaba segura. Con ayuda de Dios y del pequeño ser que crecía en su vientre lo iba a lograr.

CONTINUARÁ…

CHICAS AMO CADA UNO DE SUS COMENTARIOS, ESTA HISTORIA ESTA A PUNTO DE TERMINAR SE POR VARIOS MENSAJES QUE SE ENCUENTRAN CON SENTIMIENTOS DIVIDIDOS ESTAN FELICES PORQUE ESTOY CONCLUYENDO TODOS MIS PENDIENTES Y A LA VEZ TRISTE PORQUE TERMINAN LAS HISTORIAS, PUES IMAGINENSE COMO ESTOY YO QUE SOY LA QUE ESCRIBO, Y ME METO EN CADA UNO DE LOS PERSONAJES. SOLO LES ASEGURO QUE ESTE NO SERA EL FINAL CUANDO TERMINE CADA UNA DE LAS HISTORIAS VENDRÁN MUCHAS MAS. AHORA TENGO ALGO EN PROYECTO CUANDO TERMINE LAS TRES HISTORIAS QUE ME FALTAN LAS PONDRE AL DIA. ASI QUE SALUDOS FELIZ FIN DE SEMANA.