¡Hola! Casi en el límite del día de reyes, os dejo el capítulo final de esta historia, al final has sido casi 58.000 palabras, casi el doble de lo que en un principio me propuse hacer, ya veis que sigo sin saber acortar! Quiero daros las gracias, a todos los que han leido, dado al fav, y en especial a los que me han acompañado en cada actualización con comentarios, sobre todo a mis chicas del drarry, (Bea1617, Xonyaa11, Kawaiigirl yAnnaS por estar SIEMPRE) a las que en cada historia me dejáis vuestra opinión y me hacéis sentir que no ando aquí, yo sola con mis locuras. Miles de gracias a Rohoshi y HermioneDrake, dos betas estupendas y cumplidoras, sin las cuales esto estaría mucho, mucho peor.
Me lo he pasado muy bien, y espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo, os respondo a los comentarios al final del capítulo.
Hasta aquí hemos llegado con esta pequeña historia, aún no tengo claro si incluiré un epílogo, pero como os dije en Me Cuesta Tanto Olvidarte, la historia, tal cual, acaba aqui. Gracias a todos/as.

Hay dos pequeñas estrofas que acompañan al capítulo, la primera, proviene de "Rolling in the deep" de Adele y la segunda del tema "Make you feel my love" también de Adele.


XI

The scars of your love remind me of us, they keep me thinking that we almost had it all. The scars of your love they leave me breathless. I can't help feeling, we could have had it all...

[Las cicatrices de nuestro amor me recuerdan a nosotros, me hacen seguir pensando que casi lo tuve todo. Las cicatrices de nuestro amor me dejan sin aliento. No puedo dejar de sentir que casi lo tuvimos todo...]

La primera vez que intentó hablar con Ginevra Weasley, lo único que consiguió fue que le cerrase la puerta en la cara, ni siquiera la presencia de Theo suavizó la reacción de la jugadora de las Harpies.


La segunda ocasión la abordó en plena calle, estaba decidido a que le escuchase, aunque tuviese que apelar al sentido del ridículo de la chica, pero subestimó a la pelirroja, que le propinó una sonora bofetada que hizo que más de un transeúnte se girase, pensando que presenciaban una pelea de enamorados. Con un zumbido en el oído, Draco se dijo que había tenido suerte de que el encuentro hubiese ocurrido entre muggles o quizás hubiese recibido algún desagradable conjuro.


La tercera vez casi tuvo que obligarla; Theo, que había declarado que no quería saber nada de aquello, les dejó a solas y antes de parpadear, ya tenía contra su cuello la varita de la bruja, que le fulminaba con la mirada.

—Dime solo una cosa, Malfoy. —La suave entonación desmentía la furia que vibraba en la pregunta—. ¿Por qué...?

Se mojó los labios, respiró hondo y habló, habló y habló. Se sobrepuso a sí mismo, y habló, estuvo hablando hasta que notó la garganta seca y Ginny dejó de apuntarle con la madera, habló hasta que estuvo seguro de que le creía, habló hasta que estuvo ronco y cansado, expuesto ante aquella mujer que creyó odiar y que, sin embargo, compartía con él cosas que preferiría olvidar pero que, de forma irónica, le unían a ella

—Hace tiempo hubiese dado cualquier cosa por hacer que Harry me mirase de la misma forma que te miraba a ti —barbotó pasados unos minutos, cuando el silencio del cuarto comenzaba a ser insoportable y la ansiedad de Draco alcanzaba cotas inaguantables—. ¿Sabes la suerte que tienes... lo sabes?

La examinó, pensando en la posibilidad que en más de una ocasión había sopesado, quizás la menor de los Weasley aún sentía algo por su ex novio; sin embargo, al examinarla sólo encontró una muralla de desconfianza.

—Sí que lo sé, por eso estoy aquí. —Cruzó los dedos y la enfrentó—. También soy consciente de lo mucho que Harry te quiere, por eso necesito que me ayudes, Ginevra, él confía en ti y yo tengo que hacer que me escuche, porque estoy convencido de que puedo hacerle feliz.

La mujer era casi tan alta como él y, cuando se le acercó lo bastante para notar su perfume y distinguir una a una sus pecas, se obligó a no apartarse.

—Si vuelves a hacerle daño, ni Theo podrá librarte de mí y créeme, he aprendido algún hechizo peor que el mocomurciélago desde que dejé Hogwarts.

—De acuerdo —asintió, demasiado aliviado como para sentirse ofendido por la amenaza—. Pero te aseguro que eso no pasará jamás.

—Más te vale, Malfoy —replicó.


Sujetó el envase de cartón cuadrado y lo movió con fuerza, comprobando que aún contenía comida. Bostezando, miró hacia la ventana, una inexplicable pero ineludible desazón le hizo levantarse y caminar hasta allí. Afuera nevaba de nuevo, tiritó un poco a pesar de que en el saloncito donde estaba, el fuego y un par de hechizos de Kreacher mantenían el ambiente caldeado. Parpadeó y se recolocó las gafas, empequeñeciendo los ojos, por un instante creía haber visto una figura parada en mitad de la acera frente a su casa, no era la primera vez que le pasaba. Posó la mano en el gélido cristal, intentado discernir si todo eran imaginaciones suyas. Quizás esperaba verle, a lo mejor era que se arrepentía de la última conversación que mantuvo con Draco en la Clínica. Desde ese encuentro, el medimago había desistido de ponerse en contacto con él.

—¡Harry! —La llamada en la chimenea le sobresaltó, haciendo que alejase su atención del exterior. Con cierto fastidio, se rascó la barba y, desganado, se acercó hasta el hogar, que refulgía con una intensa llama verdosa.

—Ginny ¿qué ocurre? —Habían hablado algunas veces desde el fiasco con su ex amante. Conversaciones incómodas y cortas, Harry aún demasiado a la defensiva y Ginny con evidente arrepentimiento.

—¿Puedo pasar? —indagó—. Te tengo una sorpresa, mamá me dijo que no estarías en Navidad y no quería que te quedaras sin ella.

—Ahora mismo no tengo ganas de hablar con nadie, Gin, en serio —negó con un suspiro.

—Por favor, Harry, no seas cabezota.

—Vale —capituló. Con cada día que pasaba, su decisión de mantenerse tranquilo se volvía más difícil. En realidad se estaba quedando sin argumentos para negarse a recibir a su amiga. No es que estuviese enfadado, ya no al menos; por extraño que pareciese, no quería verla porque confirmarle que lo que había tenido con Draco había acabado, era como reconocer que había perdido toda esperanza. Ginevra había sido la única a la que le confió de verdad todo lo que sentía por el medimago. De nuevo, se preguntó si no estaba siendo demasiado extremo pero... miró a su alrededor antes de apartarse para darle paso, pero ¿cómo no serlo, cómo no ser firme? Alejarse era la única forma de salvaguardar algo de su autoestima, esa que Draco había destrozado en aquel callejón semanas atrás.

Se sentó en el sofá y volvió a sujetar los palillos, hundiéndolos el envase que contenía varios bollos que todavía permanecían tibios. No tenía hambre y menos al recordar el modo en que en alguna ocasión había compartido una cena similar con Draco. Aún podía verle arrugando la nariz mientras mordía una de las porciones de alimentos cocinados al vapor. Apartó la comida y se frotó la cara mientras observaba a Ginny sacudirse la ceniza y mirarle a su vez, con la indecisión pintada en el rostro.

—Gracias por dejarme entrar —le saludó con un beso en la mejilla y una sonrisa algo tensa que le causó remordimientos, al fin y al cabo, si la relación con Draco había fracasado no era por culpa de ella.

—De nada —respondió—. ¿Una cerveza? ¿Dim sum? ¿Fideos?

—No, ya he cenado —agradeció la pelirroja mientras se sentaba a su lado para ojearle con la incertidumbre impresa en sus facciones—. Harry... yo... sé que no te apetece hablar de esto pero me gustaría...

—Ginny, estoy bien —afirmó, aún con los utensilios sujetos entre los dedos, ansiando que todo acabase ya, sin necesidad de preguntas, sin la obligación de explicar en voz alta que había fracasado una vez más—. De verdad.

—Perdóname —Las mejillas se le enrojecieron, ocultándole las pecas—, sólo quiero que sepas que... lo siento mucho. ¿Estás muy enfadado?

—Claro que no, Ginny, no tengo motivos —aseguró dándole un sorbo a su bebida—, ni siquiera puedo culpar a Draco, jamás nos prometimos nada, ¿no?. Sólo di por hecho que él quería lo mismo que yo, pero no pregunté, ese fue mi problema, no tomarme el tiempo de hablar de lo que yo asumía. No conté con su opinión.

—No creo que eso importe mucho —replicó—. Si te duele, ¿qué más da?

—Lo hace —confesó; sin embargo, se negó a mirarla de frente, bastante tonto se sentía ya confesándolo en voz alta—. Pero se me pasará, estaré bien.

—Aun así no vas a venir a La Madriguera —afirmó.

—No —aceptó con firmeza—. Este año no, en serio, lo que me apetece es descansar, pensar un poco. En enero regreso al cuartel y quiero estar lo más tranquilo y centrado posible, el jefe Robards piensa que va a poder reasignarme a algún puesto de escritorio, pero se equivoca mucho. —Rió de buen humor, recordando su ya legendario odio por el papeleo—. Ni loco voy a permitirle tenerme entre algodones.

Un buen rato después, Kreacher apareció para retirar los platos, mientras los amigos tomaban un té humeante y especiado. Ginny se mojó los labios, de pronto nerviosa, pero era el momento de hacer su propuesta, ya que su amigo parecía mucho más a gusto y relajado. Rezó para no estar equivocándose, porque si eso no salía bien, Harry iba a matarla y con sobrados motivos. Le observó frotarse el muslo con gesto distraído, llevaba un holgado pantalón de algodón, pero pudo observar el modo en que el músculo ondulaba.

—¿Te duele de nuevo?

—¿Qué...? —Harry se estiró y bostezó. Hablar con Ginny, escuchar sus anécdotas, le había hecho sentirse mejor de lo que había pensado. Desde lo que pasó con Draco, los únicos con los que había conversado habían sido Ron y Herm, pero descubrió que ocupar su mente le sentaba bien. Quizás ya era hora de dejar de lamerse las heridas y autocompadecerse. Como le había asegurado a Ginny, iba a recuperarse, con el tiempo.

—Te he visto tocarte la rodilla, ¿estás seguro de que está todo bien?

—Sí —afirmó—. Es que hoy estuve corriendo y tengo agujetas —explicó con una mueca—. Eso es todo, Gin, que te veo venir, no vayas a hacer de esto un problema, ¿eh? No digas nada a tu hermano o dentro de un par de horas aparecerán con la intención de llevarme a San Mungo o... donde sea.

—Quizás deberías ir a un masajista, ¿sabes que han abierto un nuevo local en el callejón Diagón? —Aquella era la ocasión y la excusa perfectas.

Harry frunció las dejas, negando.

—No creo, la verdad es que no me siento cómodo con eso de los masajes y Rob me dijo que era normal que si me forzaba me resintiese un poco, pero que todo estaba bien. Tomaré un baño caliente y un analgésico y mañana estaré como nuevo.

—Como insistes en no venir a casa y celebrar las fiestas de Yule con todos, al menos déjame darte mi regalo, ya tenía pensado algo así, te vendrá bien, es de mi parte y de Theo, acéptalo y, por favor, el día treinta y uno te queremos ver. —Le tendió un sobre alargado de color azul intenso adornado con letras doradas.

—Magic Hands... ¿un centro de... belleza? —Alzó las cejas al leerlo en voz alta. Rió con ganas—. No iré, ¿cómo se te ocurre? Que me gusten los tíos no significa que vaya a depilarme o ir a... ¿un spa? Ginny, estás loca.

—¡Oh, Harry, no seas aguafiestas! —se quejó, ocultando el temblor en su voz—. En serio, son buenísimos, te lo prometo. Hace unos días estuve con Hermione y nos fue de maravilla —persuadió con zalamería—. Ni siquiera tienes que acercarte allí, puedes enviarles una lechuza y harán que uno de sus profesionales venga y te haga aquí mismo los tratamientos.

—No sé, Gin... —titubeó, rascándose la cabeza.

—Mira, es un bono de regalo, son cinco sesiones, pide una para mañana y si no te gustan puedes devolvérmelos, pero te prometo que no te arrepentirás —insistió.

—Esto no será algo raro, ¿verdad? —preguntó por lo bajo, suspicaz. Que hubiese decidido que quizás ya era hora de salir de aquel mutismo en el que se había sumido desde hacía unas semanas, no significaba que fuese a soportar intrusiones de nuevo.

Los labios llenos de Ginevra Weasley temblaron al notar la mirada verde y cristalina fija en su rostro. Harry se subió las gafas y la examinó, esperando una respuesta. Suplicando por sonar todo lo convincente que pudiese, decidió que cuando llegase a casa iba a matar a Draco y, de paso, hacer que Theo le hiciese un regalo —uno muy caro—, porque como aquello no acabase bien Harry iba a cruciarlos a todos, empezando por ella.

—Harry —sonrió, intentando parecer todo lo entusiasmada que pudo—. En serio, ¿qué crees que puede haber? Venga, decídete, será divertido.

—Vale... —bufó, acabando su té. Giró el cuello, que notaba tenso; ya que volver a la Clínica de Draco estaba fuera de discusión, decidió que por probar no pasaba nada. Suspiró con cierta nostalgia mientras dejaba que Ginny parlotease a su alrededor, tomando una pluma para rellenar uno de aquellos curiosos cupones antes de enviarlo con Isis, la lechuza que había comprado años atrás para sustituir a Hedwig. La respuesta llegó a la mañana siguiente, Harry acababa de regresar del mercado del barrio con varias bolsas llenas de comestibles cuando escuchó el picoteo en el cristal. Llamó a Kreacher para que se ocupase de los víveres y mientras arrullaba a la desconocida lechuza con una chuchería, desató el pergamino donde se le indicaba que desde Magic Hands le deseaban unas muy felices festividades y le anunciaban que uno de sus profesionales —llamado Terry Swann— llegaría a Grimmauld Place el día veintinueve de diciembre a las tres y media de la tarde.

Dejó la nota sobre el escritorio y subió a cambiarse. Iba a volver a salir, había descubierto que mantenerse ocupado, tanto de mente como de forma física, conseguía contener su ansia de hundirse de nuevo en la autocompasión. Estaba triste, sí, era cuanto estaba dispuesto a admitir, pero en esta ocasión algo parecía haber cambiado de forma sustancial dentro de él. Quizás había sido darse cuenta de que, pese a todo, era más fuerte de lo que creía, quizás era que apostarlo todo y perder le había hecho tocar fondo y ya todo lo que le quedaba era salir a flote. Pero la escena con Draco le había hecho comprender que jamás iba a volver a destruirse. No más alcohol o polvos sin sentido. Si tuviese el valor, si no le doliese tanto, hasta le daría las gracias, porque no sólo le había sanado, le había dado una lección aún más valiosa. Sobreviviría.

Se miró en el espejo mientras se subía la capucha de la chaqueta antes de calzarse con unos flexibles zapatos deportivos. Recordó a Draco ordenándole calentar los músculos; «Ni se te ocurra venirme con un desgarro de nuevo, Potter, no eres invencible». Era extraño no sentir rencor, ni siquiera celos. Cuando leyó días atrás el resultado de la auditoria y empezaron a escucharse rumores de que desde el Ministerio de Magia habían aprobado al fin la licencia que equiparaba la clínica de Draco con San Mungo como centro médico oficial en Londres, esperaba sentir algún tipo de ira, pero descubrió que en el fondo se alegraba por él, en realidad por todos los que trabajaban allí. Eran buenas personas, que merecían un trato justo y que seguramente sin el esfuerzo de Malfoy jamás lo hubiesen obtenido. Que en el camino su posible relación con Draco hubiese quedado atrás casi parecía una anécdota, ¿qué importaban sus sentimientos en comparación? Sobreviviría, tenía que hacerlo y quizás, en un futuro, encontrase a una persona que le correspondiese.


Draco estaba jodidamente nervioso mientras tomaba el pequeño vial con la poción que Fred Weasley le tendía, notaba que podría ponerse a vomitar, el estómago encogido en un apretado nudo.

—¿Estás seguro de que esto es legal? —No sabía cómo se había dejado convencer para llevar a cabo aquel estúpido plan. Y encima involucrar a Fred, aquello no podía terminar bien.

—Hummm… bueno, Malfoy. Esta maravilla que tienes ante tus ojos —Señaló el frasco con una sonrisa petulante— aún no ha sido comercializada, pero cuando lo sea se convertirá en un éxito sin precedentes. ¿Sabes la cantidad de personas que quieren vivir, digamos... nuevas experiencias?

Draco arqueó una ceja, según le había dicho el empresario, aquello iba a ser vendido como un nuevo y revolucionario juguete para adultos, parejas que deseaban probar los limites de su intimidad sin tener que ir demasiado lejos. Agitó la cabeza ojeando el catálogo de donantes. Mujeres y hombres de toda condición que, por un módico precio, ofrecían una muestra para que los clientes de Sortilegios Weasley pudiesen escoger.

—Cuando esto esté en la calle, se firmará un contrato de confidencialidad, los usuarios no saben nada del que ofrece el cabello más que la foto y algunos rasgos básicos, como la voz, por ejemplo —explicó Fred, su habitual buen humor mudado en una sorprendente seriedad—. El efecto de la poción está ajustado para que dure exactamente media hora, así es menos costosa, desde que la tomes tienes treinta minutos y entonces deberás usar todas tus armas de seducción. —Le guiñó un ojo y con consternación Draco notó cómo enrojecía hasta que las orejas le ardieron. ¡Qué fijación tenían aquellos pelirrojos con el sexo gay!

—Buena suerte —exclamó Ginny, retorciéndose las manos—. Espero que consigas lo que deseas o no vamos a tener un sitio donde escondernos de Harry, ya sabes cómo es cuando se siente engañado.

—No le pongas nervioso, Ginevra —intervino Theo, que agitó la cabeza con una expresión que dejaba claro que no estaba para nada de acuerdo con la idea que habían tenido los hermanos—. Ojala todo salga bien, Draco, no la fastidies de nuevo.

—Gracias —resopló; con amigos como aquellos, ¿quién necesita enemigos?. Sin embargo, mientras se cambiaba sus ropas por aquel sencillo uniforme y bebía el vial, sintió un revoloteo de esperanza en la boca del estómago.

—¿Quién iba a decir que debajo de ese aspecto remilgado se escondía un pequeño Gryffindor? —rió Fred, para nada preocupado por lo que iba a pasar en un rato. Obvió el bufido de Theo y se frotó las manos—. Vamos a hacer esto más entretenido, chicos. ¿Apostamos...?

El abogado puso los ojos en blanco pero, rescatando una moneda, la deslizó sobre la mesa.

—Voy con Draco, cuando quiere puede ser encantador. —Ignoró los sonidos de asco que Fred emitió en son de burla.

—En esta ocasión voy con Theo —afirmó Ginny—. De verdad tengo la esperanza de que consiga convencer a Harry.

—Está bien entonces, aguafiestas, si todos queremos lo mismo, ¿dónde está la diversión? —se quejó el gemelo—. Tomemos una copa entonces.

Mientras entrechocaban los vasos, se dijeron que la tarde iba a ser muy, muy larga.


I could make you happy, make your dreams come true. Nothing that I wouldn't do,

go to the ends of the Earth for you, to make you feel my love...

[Podría hacerte feliz, convertir tus sueños en realidad. No hay nada que no haría,

iría hasta los confines de la Tierra por ti, para hacerte sentir mi amor…]

El timbre resonó dentro del caserón y Draco, que sentía como si tuviese el estómago en la boca, carraspeó, en un inútil intento de humedecerse la garganta que notaba mortalmente seca. Volvió a tocar con fuerza mientras se apartaba el flequillo —ahora oscuro—, de su cara. El donante había sido un chico joven de poco más de veinte años, con piel clara, ojos castaños y cabello lacio de un tono casi negro. No era especialmente guapo ni feo, pero su estructura ósea era bastante parecida a la del propio Draco, delgado y de miembros estilizados. Unos pasos apresurados, el chasquido de la cerradura y allí estaba, Harry Potter. Llevaba un pantalón de deporte y una sudadera azul, le saludó mientras Draco se escuchaba a sí mismo presentarse como Terry Swann y se dejaba guiar hasta el interior de la casa.

—¿Crees que aquí servirá? —preguntó Harry con una nueva sonrisa, abriendo la puerta de una de las salas de la planta baja.

—Sí —asintió, la voz del chico era algo más grave que la suya. Sacó los utensilios y los agrandó mientras iba explicándole a Harry lo que hacer, la rutina era muy parecida a la que él realizaba, lo que le facilitó la tarea de parecer un profesional que trabajase para aquella empresa. Se preguntó que dirían en Magic Hands si supiesen que estaban usando su nombre para algo como lo que habían perpetrado. Rotó los hombros intentando relajarse y, una vez que tuvo a Harry sentado, dejó una esfera de cristal sobre la mesa auxiliar que tenían a su izquierda.

—¿Qué es? —preguntó el Gryffindor observando el objeto, que emitía un curioso destello azulado. Dentro del recipiente, el fluido contenido, de un gris semejante al del mercurio, se agitó creando remolinos iridiscentes, si no recordaba mal en el cuartel de aurores había visto dispositivos similares a ese—. Parece una recordadora.

—Es parecida, pero además de guardar imágenes y sonidos, puede proyectar lo que guarda —aclaró mientras contenía el temblor que distorsionaba sus palabras, deseando con todo su corazón que Harry no decidiese hechizarle una vez que el contenido se mostrase frente a ellos. Tragó con fuerza y ayudó a Harry a tumbarse, posó la mano sobre la espalda ahora desnuda, intentando mantener la compostura y hacer su papel a la perfección. No era fácil, la piel de su ex amante seguía siendo tan delicada y apetecible como recordaba. Pasó las yemas en un primer contacto, examinándole a placer, justo en el omoplato izquierdo encontró la cicatriz que un mortífago le infligió al lanzarle una maldición corrosiva durante la última batalla—. ¿Todo bien?

—Sí —afirmó, la voz sonó ahogada por la postura—. Sigue.

Mientras se daba fuerzas para esperar los escasos minutos que quedaban para que la poción dejase de hacer efecto y la esfera se activase, descubrió que tocarle intentando ser impersonal era una tortura. Harry parecía relajado, respondía con educados monosílabos a los pocos intentos de conversación de Draco, hasta que habían acabado cayendo en un cómodo silencio. Los músculos tensos del auror ondularon bajo sus nudillos mientras extendía el aceite, impregnado de esencias, que perfumaba el ambiente con su intenso aroma a romero y espliego. Deslizó las palmas por los planos de los hombros, la depresión de la columna y los dorsales, hasta alcanzar el coxis. Le escuchó jadear, mientras contenía el malestar, así que por puro instinto se dedicó a recorrer esos puntos que ya se sabía de memoria. Allí estaba de nuevo la pequeña marca justo sobre las nalgas, el diminuto lunar que había amado en infinidad de ocasiones, sus yemas incitaron la firme extensión de la cintura, sabiendo que los sutiles estremecimientos que erizaban la piel de Harry eran producto de las cosquillas que el auror sufría de forma inevitable siempre que le rozaban la zona. Subió despacio para recorrer los brazos hasta las muñecas y después cada uno de los dedos. Ensimismado, perdió la noción del tiempo mientras le acariciaba, sintiendo que quien en verdad le sanaba era Harry a ,él porque cada toque era como un consuelo. Cuando le oyó suspirar de alivio, miró el reloj y calculó que le faltaban unos minutos para que el efecto de la poción se acabase, entonces tendría que enfrentarle.


Su tacto era tan parecido al de Draco, que si cerraba los ojos casi podía fingir que le tenía una vez más a su lado. Harry contuvo como pudo un quejido de satisfacción al notar la facilidad con la que el chico de Magic Hands —Terry, había dicho que se llamaba—, parecía encontrar todos y cada uno de sus puntos sensibles. Desde luego, si todos los trabajadores de aquel lugar poseían la misma pericia, el nombre les venía que ni pintado. Respiró hondo intentando relajarse y disfrutar de la amabilidad de los cuidados que estaba recibiendo. Notaba cómo su cuerpo estaba más laxo a cada minuto que pasaba, hundiéndole en aquel sopor que las manos de Malfoy le provocaban. Siempre fue así, solo con él... Entreabrió los párpados y se quedó mirando la esfera; por algún extraño motivo, el contenido le recordaba a los viales que se usaban en los pensaderos. Se preguntó para qué la habría dejado allí el masajista si, de hecho, no la había tocado ni empleado en nada durante todo aquel rato. Se movió abriendo las piernas mientras percibía cómo los dedos del muchacho trazaban círculos y espirales por su tobillo derecho, se estiró un poco al notar las manos desplazarse a la extremidad izquierda, recorriendo con sosiego las cicatrices que sabía le afeaban la zona tras la rodilla.

Se mordió el labio inferior cuando recordó una tarde en especial, Draco con los muslos abiertos montándole a horcajadas, su trasero rozándole los talones mientras le hundía las yemas en la carne —de la misma forma que aquel chaval que se movía a su alrededor—, mientras le explicaba con voz cadenciosa y sensual lo que iba a hacerle si Harry no le dejaba trabajar y relajarle los músculos de la pantorrilla. Le extrañaba tanto, Merlín, a pesar de la distancia que el Slytherin se había empeñado en mantener, en las ocasiones en que bajaba la guardia, habían sido perfectos juntos.

Respiró hondo y volvió a centrar su atención en el tratamiento del que estaba disfrutando, frunció las cejas, era tan raro... nadie jamás le había tocado así, ni Rob ni ninguno de los terapeutas habían seguido la rutina que aquel desconocido parecía haber calcado del propio Malfoy. Rebulló inquieto al notar un chisporroteo de magia a su lado. La esfera se iluminó y sobre el espacio frente a ellos se proyectó una imagen de Draco, con aquel traje, el de aquella noche... parpadeó mientras escuchaba las voces; la cadencia enfadada de aquel tipo Keller y el frío tono del Slytherin. Con el corazón retumbándole en el pecho y los sentidos alertas, se giró para levantarse de un salto, maldiciendo a Ginny en el proceso, porque esa mierda —sea lo que fuese—, era cosa suya. Esa vez iba a cruciarla, ¿acaso era una puta broma? Sin pensar en nada más que en evitar ver a Draco con otro hombre, casi no fue consciente de que había invocado su varita y que sostenía a aquel tipo contra la pared más cercana apretándole por el cuello. A su espalda, las imágenes de lo que parecía ser una discusión seguían adelante.

—¿Quién coño eres? —gruñó con rabia mal contenida—. ¿Quién eres? ¡Habla!

La madera se le clavó en la yugular mientras soltaba su varita e inspiraba con fuerza, los síntomas del cambio causado por la poción, unidos a la falta de oxigeno, le marearon un poco. Advirtió cómo el encantamiento llegaba a su fin, seguido de la desagradable sensación de estar derritiéndose. Jadeó al sentir como los dedos que tanto placer le habían procurado en el pasado le apretaban con saña el cuello, inmovilizándole. Se preguntó si Harry le propinaría un golpe, que, por otro lado, no dudaba merecer.

—¿Draco...? —La respiración acelerada de Harry le turbó, su aliento candente le bañaba la piel en ásperas bocanadas mientras esperaba la reacción del Gryffindor. Las imágenes de la noche de la fallida salida a la ópera empezaron a mostrarse una vez más tras ellos, pero ninguno les prestó la más mínima atención—. ¿Qué es todo esto...?

—Tenía que verte —dijo, con los ojos bien abiertos y fijos en el rostro pálido de Harry, que le examinaba como si no creyese que se hubiese atrevido a colarse en su vivien usando aquel estúpido truco—. No aceptabas que nos encontrásemos y tengo que explicarme.

—Necesitabas verme y por eso te metes en mi casa sin pedirme permiso. ¿Te crees que es divertido? —rugió, con un rictus de pura angustia desfigurándole las facciones—. ¿Por qué haces esto...? En serio, ¿de qué va todo? ¿Es cosa de Ginny? —preguntó alzando la voz—. ¡Responde!

—Harry, ella no tiene la culpa, le supliqué que me ayudase, ¿vale? En serio, casi tuve que obligarla —aclaró con tono comedido.

—¿Le suplicaste, tú? —rió, obviamente sin creerle ni una sola palabra—. Mira, ¿sabes qué? ¡Me da igual, ha vuelto a mentirme! —ladró con las mejillas lívidas—. ¡Joder, estoy hasta las narices de tanta gilipollez!

—¡No la culpes! ¡Le rogué que me ayudase, tenía que verte! —repitió. Había ensayado mil discursos, incluso frente al espejo de su cuarto, se había aferrado a aquella oportunidad y en ese instante, con él cerca, descubría que estaba mudo y con la mente en blanco.

—¿Para qué? ¿Qué quieres? —inquirió con evidente agitación—. No tenemos nada que decirnos, vete, Draco, ¡lárgate! —ordenó con la varita aún en la mano, casi amenazante, los labios tensos mientras escupía las palabras—.Ya hablaré con Ginny, ¡esta vez se va a enterar! ¿Por qué coño os empeñáis todos en hacer de cada fracaso de mi vida una burla? ¿Por qué cojones... eh?

—¡Te equivocas, no es nada de eso! —replicó, dando un paso hacia delante, con la intención de acercarse—. Quiero que escuches lo que hay en la esfera, que lo mires y que me permitas explicarme, luego me iré si quieres, te lo prometo, ¡por favor!

—¿Qué? —escupió. Atónito, agitó la cabeza mientras se apartaba, rodeándose el torso con los brazos, como si no supiese qué hacer con las manos—. ¿Crees que me interesa verte con ese imbécil? Ni de puta coña. ¿Me has oído Draco? ¡Ni de puta coña! Todo lo que teníamos que decirnos quedó claro esa noche, ¡en aquel callejón! ¿Acaso lo has olvidado? Porque puedo asegurarte que yo no, hiciste tu elección, ahora déjame en paz de una vez —atajó.

—¡Quiero que sepas porqué fui esa noche a la cita con Keller! —rogó, conteniendo las ganas de tocarle, Harry seguía abrazado a sí mismo, mirándole con estupor, de pronto su aspecto evidenciaba más cansancio que la anterior furia. Dio un nuevo paso y musitó un finite, las imágenes que habían seguido sucediéndose, cesaron, sumiéndoles en una agradable y tranquilizadora penumbra—. Me equivoqué mucho contigo, pero jamás pasó nada con Keller, puedes comprobarlo, si ahora no quieres... cuando sea, ¿vale? Nunca hubo... no hubo nadie, Harry, me comporté como un idiota pero... no hubo nadie.

Le observó recoger la sudadera y ponérsela con dos urgentes tirones, como si no soportase estar expuesto y desnudo frente él. La ausencia de su piel era criminal, le temblaron las rodillas mientras le contemplaba respirar de forma errática, luchando por serenarse. Su magia parecía vibrar, un aura caliente que le azotó, una onda de energía que crepitaba embravecida. Sus ojos verdes le taladraron, sosteniéndole con la fuerza de un incarcero, casi sin permitirle parpadear.

—Sé que no me fuiste infiel, Draco —reveló al cabo de un buen rato—. No perdí contra Keller esa noche, ¿de verdad crees que ahí está el problema? Porque no es así. Me dejaste allí, solo, tras aclararme que lo que había entre nosotros no era nada... —rió de nuevo—, cielos, ¡para ti ni siquiera hubo un nosotros! Y no te culpo, ya te lo dije, fui yo. Fui yo el que se empeñó en ver en ti lo que necesitaba, sin siquiera pararme a pensar si tú querías dármelo y no debí hacerlo, pero, ¿qué más da ya? No comprendo por qué insistes, tienes lo que ansiabas. Lo único que realmente te ha motivado todo este tiempo. La Clínica. Así que ahora disfrútalo.

—¡No! Es que no tengo lo que de verdad me importa, Harry —objetó, cubriendo unos centímetros más, hasta posar una palma sobre la mano morena que sujetaba con fuerza la varita para obligarle a bajarla.

—Draco —rogó, sacudiéndose su contacto sin fuerzas ni éxito—. No quiero más de esto, ¿no lo entiendes? Estoy harto. Te comprendí, no me querías en tu vida, está bien. Respeta tú que yo no quiera ser un polvo más, porque a pesar de lo que me dijiste, jamás fuiste un juego para mí. No quiero más malos entendidos, más rencores o dudas, estoy cansado, de verdad —aseveró—, muy cansado.

—Yo tampoco quiero más malos momentos —confesó—. Quiero arreglarlo, sé que soy capaz... sólo déjame hacértelo entender, Harry, dame tiempo —pidió mientras se acercaba un poco más, notando el modo en que el moreno se estremecía alejándose de sus avances—. Lo siento tanto, todo eso que te grité esa noche... tantas falsedades, fue horrible y cruel, no hay nada que me justifique. Sólo quiero que lo tengas presente, Harry, sé que no merezco nada de tu parte, pero me gustaría intentar explicarme, si me lo permites.

—Draco, ¿de qué serviría? —Encogió los hombros con obstinación—. ¿Qué cambiaría?

—Serviría, porque no quiero que tomes en cuenta esa noche, sino lo de antes. Esa discusión y lo de Keller, no significan nada, no deseo que pienses que lo que pasó fue algo premeditado, simplemente... no sabía qué hacer con lo que sentía por ti. —Se le quebró la voz al presenciar el modo en que el auror se derrumbó, como si el dolor que crecía en su pecho fuese una carga compartida. Entonces comprendió que de hecho lo era, que Harry, pese a todo, no disfrutaba viéndole así, derrotado. No, por supuesto que no, Harry no era ese tipo de hombre y esa era una de las cosas que le hacía quererle como lo hacía. Le rozó la muñeca con la punta de los dedos y tragó saliva antes de continuar—. Cuando decidí unirme a vosotros en la guerra, supe que lo hacía arriesgando a toda mi familia. Junto con Severus y algunos otros, como mi tía, éramos del círculo más cercano a Voldemort y también los que más teníamos que perder si nos descubrían. Sin embargo, pese a que Padre no quería participar, yo sí di el paso, no quería formar parte de aquella barbaridad. No me mal interpretes, estoy orgulloso de mi herencia, pero no hasta el punto de justificar que todos aquellos muggles... —Parpadeó, alejando los recuerdos—. Simplemente no quería.

»Después de que todo estallase y tuviese que refugiarme en tu casa, bueno, no esperaba que me recibieseis con los brazos abiertos. —Se frotó la nuca, rehuyendo enfrentar a Harry, que seguía en silencio, escuchándole, eso al menos era un inicio, se animó—. Al fin y al cabo era el cabronazo de Malfoy, el que os había jodido durante años en el colegio, ni siquiera supuse que habría amistad. Para lo que no estaba preparado era para las dudas y desde luego que odié la hostilidad... aunque pretendiese lo contrario, en definitiva era un crío asustado. De repente estaba entre desconocidos, sin tener ni la más remota idea sobre la suerte que habría corrido mi familia, mi única familia. Lo único que tenía claro era que Severus me dejó con vosotros y que llegada la hora, debería luchar y mantener mi decisión porque era cuanto me quedaba. Y lo hice, y jamás me arrepentí, ¿sabes? —suspiró antes de continuar—. Cuando después de la guerra, Madre murió... —Su voz bajó. Seguía con los ojos fijos en los de Harry, que le escuchaba en silencio, aún rígido, pero al menos sin intentar apartarse—. Todos aquellos meses, mientras se consumía frente a mí sin que existiese una cura, esperé una ayuda. Me repetía que, por una vez, había hecho lo correcto; era un traidor a mi propia gente y había arrastrado a mis padres conmigo. Así que de verdad esperaba que alguien, quien fuese, se acercase hasta aquella habitación y me tendiese una mano, pero lo único que recibí fue indiferencia. Había arriesgado mi vida y para ellos seguía siendo un Malfoy, hijo de Lucius, heredero de mortífagos y cuanto hice no significó nada. Nada. Madre murió y ni siquiera pude darle una digna sepultura en el panteón familiar, porque ya nada me pertenecía, todo era del Ministerio de Magia. Y ni eso me importó, sólo quería seguir adelante, olvidar y continuar. Tenía dieciocho años y estaba muerto de miedo, pero conservaba la esperanza y la certeza de que yo había hecho lo correcto. De algún modo, había estado de tu parte, Harry, de la de ellos... joder, arriesgué todo cuanto era y sólo supieron cerrarme una puerta detrás de otra. —Se mordió la lengua para no pronunciar aquellas últimas palabras que pugnaban por ser dichas.

—Incluso yo —replicó Harry con las pupilas dilatadas—. Dilo, Draco... ¿crees que no soy consciente de que fui uno de los que no quiso darte una oportunidad? ¿Crees que todo este tiempo no me he torturado pensando en mil formas de pedirte perdón por ese tiempo...? ¿Acaso todo lo que ha pasado era una forma de vengarte de mí? —Había una expresión horrorizada en los ojos de Harry, como si hasta ese momento no hubiese considerado la idea siquiera

—¡No... no, no hay nada de eso! ¡Ni siquiera se te ocurra pensarlo! —le chistó, apretando los dedos en torno a la muñeca del Gryffindor—. ¡Escúchame! Solo quiero que comprendas que cuando me fui, había hecho una promesa a la memoria de mis padres y a mí mismo; tenía que recuperar parte de lo que nos pertenecía por derecho y esta vez no era cuestión de sangre. Quería escucharles reconocer que se habían equivocado, la idea de volver a Londres y triunfar se convirtió en el motor de mi vida. Nunca hubo nada más para mí desde ese instante. Ni mucho menos contaba con que tú ibas a aparecer. —Harry agitó la cabeza pero aún así no le permitió retirarse—. No contaba con que me ibas a destrozar los esquemas. Una a una, destruiste cada idea, Harry, me hiciste ver lo vacía que era mi vida, ¿no lo entiendes? Me dabas pánico y cuando tengo miedo me vuelvo una persona mezquina. No soy perfecto, ni mucho menos. —Se frotó los ojos, riendo por lo bajo, nervioso—. Qué sandez acabo de decir, ¿verdad...? Claro que no lo soy... quise... tenías razón aquella vez, también había mucho orgullo, deseos de restregarle a todos por la cara que, a pesar de todo, había seguido adelante, que no habían podido conmigo. Pero tú... Harry... te juro que jamás pretendí dañarte, al contrario... mírame, por favor —suplicó, dando un paso para levantarle la barbilla—. No pensaba todo eso que dije... Circe, Harry, sólo déjame demostrarte que lo que digo es cierto. Ese tío... sólo pretendía que, llegado el momento, realizase su trabajo de una forma justa, por una vez quería que mi nombre no pesase más que lo que yo he hecho, te juro que no había nada más... debí confiar en ti, pero si lo hacía, si te involucraba... iban a usarte para dar su brazo a torcer, serías su excusa y eso no era lo que buscaba, quería ser yo, yo solo. Quería obligarles a reconocer su error.

Había algo muy triste en el fondo de los iris del Gryffindor. Draco comprendió con estupor que la lejanía seguía allí, que recobrarle no era algo fácil, que no iba a bastar con hacerle entender sus motivos.

—Siento tanto haberte negado el lugar que merecías, Harry, y no espero que me creas o que me justifico, porque sé que no hay nada que disculpe mi forma de hacer las cosas —susurró, rozándole la mejilla áspera con el envés de la mano. Se le rompió un poco el corazón al descubrir las lágrimas resbalando en silencio por las mejillas de su amante. Las limpió con los pulgares, anhelando poder borrarlas a besos, odiándose por haber sido la causa de ese dolor que ardía en la mirada clara del Gryffindor—. Estoy enamorado de ti. Te quiero. Te quiero mucho.

—Draco —se quejó por lo bajo, retirándose de nuevo, con todo el aspecto de ansiar que la penosa escena acabase—. No ahora.

—Está bien —aceptó—. Soy consciente de que mis palabras llegan tarde y en el momento más inoportuno, pero sólo te pido que no me dejes fuera. —Seguían de pie, frente a frente, acarició de nuevo la línea de la mandíbula.

—¿De veras quieres formar parte de mi vida, Draco? —indagó con seriedad, alejándose hasta apoyar la mano sobre la esfera; la giró antes de hacerla rodar, las pupilas puestas en las espirales plomizas contenidas dentro—. Porque yo soy eso que has visto durante esas semanas, no soy especial, me gusta el quidditch, tomar una cerveza y sentarme a ver la televisión, no soy especialmente culto ni compartimos aficiones. Ni siquiera sabía que te gustaba la ópera o que sabes alemán. No he viajado demasiado, ni me gusta ir a restaurantes caros, no soy más que un tío corriente.

Con cautela, abrió la palma y la posó en la mejilla, Harry estaba serio, le observaba con el ceño fruncido y los labios apretados, pero no se había apartado, y eso debía significar algo, tenía que significar algo, se repitió como una letanía, obligándose a creer que podría resolver la situación. Notar de nuevo la piel cálida del moreno tras todos aquellos días de separación era como un bálsamo para sus sentidos.

—Eres cualquier cosa menos corriente, Harry —replicó, intoxicado por el anhelo que le provocaba su cercanía. Inspiró su esencia fresca y viril, emborrachándose de sueños, relamiéndose de anticipación, deseando acariciarle la tierna boca—. Aunque lo fueses, sin ti nada es lo mismo, sin ti la vida es sólo monotonía. —Se inclinó para rozar su boca. Apenas lo bastante como para notarle, una pincelada tibia, que Harry se lo permitiese tenía que significar algo—. Cuando viniste a mi consulta después de que hablase con Granger, quise impresionarte, demostrarte que estabas tan equivocado como el resto. Iba a intentar curarte, me dije a mí mismo que era una deuda de vida, me auto convencí de que lo que buscaba era verte morder el polvo a ti también. Lo que no sospeché es que, de los dos, yo iba a ser el más beneficiado, porque aquí... —sostuvo la mano de Harry contra su pecho un momento— aquí había muy poco espacio para algo más que no fuese la Clínica y eso es muy triste, ahora lo comprendo. Tuviste que llegar tú con tu desorden, con tus ideas locas, con tus insinuaciones, me volviste un demente, no tienes ni idea lo que me hacías... dejé de ser un autómata y de pronto me encontré pensando en ti a cada minuto, quería saber si te recuperarías, si volverías a besarme, quería saber si te interesaba, si podría acostarme contigo y quería que no me dejases —enumeró sonriendo, pendiente del modo en que Harry le observaba—. Pero sobre todo me sentía aterrado. ¿Entiendes? No era capaz de lidiar con todo eso, no así, de sopetón, no tenía ni idea de cómo hacerlo, porque nunca me había pasado, no le había importado nunca a otra persona. Desde que Madre murió nadie jamás se había tomado la molestia de cuidarme como tú lo hiciste... gracias por eso, nunca te dije lo que significaba para mi...

—Te invadí —musitó al fin, con la palma aún apretada contra la camisa de Draco—. No pregunté ni una sola vez que era lo que tú querías, me limité a asumir que buscabas lo mismo que yo. No debí hacerlo...

—Escúchame... —cortó—. Harry, me alegro de eso, ¿no lo entiendes? Todo lo que has hecho por mí, me diste motivos para vivir de verdad y siento no haberte valorado como merecías. Estaba tan ciego, tan obsesionado en conseguir que la Clínica funcionase que me negué lo único que de verdad me ha hecho feliz... . Harry, ya una vez te pusiste en mis manos —empezó, entrelazando los dedos con los del Gryffindor, los dos sabían que no hablaba del tratamiento o de la maldición—. En ese momento no merecía tu confianza, déjame demostrarte que ahora sí puedes.

Le contempló durante un largo rato, había algo nuevo en la expresión de Draco, Harry creía que le conocía, que podía predecir lo que pensaba o quería, en cierto modo las palabras que el Slytherin le había dicho no le sorprendían, al fin y al cabo, conocía la historia de su vida, sin embargo, no esperaba el anhelo, la dulzura, la fragilidad. Por primera vez en días, le tocó por propia iniciativa. La necesidad de abrazarle era casi una compulsión, aunque tampoco podía ignorar el miedo que se le pegaba como un engrudo. Lo que le había dicho era cierto, estaba cansado, pero mientras se perdía en los iris grises, un suave aleteo le calentó por dentro, esperanza. Acortó aún más la distancia entre ambos y acarició los cortos cabellos rubios de la nuca, antes de apoyar la frente sobre la de Draco.

Se mecieron un buen rato, el uno contra el otro, hablando por lo bajo, revelándose en susurros miles de ideas y pensamientos, desgranando el pesar, dejando atrás todo eso que les alejaba. Perdió la noción del tiempo, lo único que le importaba era el modo en que sus cuerpos se ajustaban, como si no hubiese nada más, como si el mero contacto les sanase. Y quizás era así, quizás los dos se necesitaban para estar completos. Inspiró hondo, empapándose de su calor y su aroma, recobrando uno a uno sus sentidos, iba a hacerlo, decidió, esta vez no sería a ciegas y sin contar con la opinión de Draco, en esa ocasión, ambos tendrían que poner de su parte, pero creía que merecía la pena. Draco siempre merecería el riesgo.

—Me gustaría besarte —le confesó, los labios de Harry a milímetros de los suyos, estaban sonrosados y húmedos, tan apetecibles que era doloroso no degustarlos.

—Me gustaría que lo hicieras —confesó, suspirando al notar el primer roce, piel con piel, caliente, seda y ese olor fresco envolviéndole, otro corazón percutiendo contra sus costillas, unos brazos fuertes, Draco. No estaba solo, tenía a Draco. Quizás, al fin y al cabo, debería darle las gracias a Ginny.

—Harry —titubeó, antes de profundizar la caricia—. No vas a arrepentirte.

—Lo sé... —musitó mientras cerraba los ojos, un esbozo húmedo, su lengua recorriéndole, un te quiero pronunciado entre susurros. Se dejó llevar, sintiendo por primera vez que estaba en buenas manos, las mejores.

nox...

© Aeren, 6 de enero de 2.013


liziprincsama: Hola! espero que te haya gustado, gracias por leer!

kawaiigirl: Hola! bueno, me apetecía narrar la historia de esta forma, no sé, cosas que se me ocurren pero tras contar la pelea, era necesario "explicar" qué era eso que Draco había perdido... y si, el pobre Sly estaba bastante asustado. Gracias por todo.

Ravy Black: Hola, me alegro que te guste el fic, saludos!

Gaba27: Hola, pues me parece estupendo que te animases a dejarme tu opinión y deseo que el final sea de tu agrado, un saludo!

Fanfiker-Fanfinal: llegas tarde donde mujer? jajajajaja, bueno la actitud de Draco en el capítulo 9 dejó mucho que desear, pero como siempre digo, los personajes imperfectos son los que más juego dan. ¿No te gusta Draco? A mi me fascina, la verdad es que si no me gustase me resultaría imposible escribir fics en el que él fuese el protagonista, ¿cómo lo haces? Me imagino que debe ser dificil.
Si, intento que mis personajes no sean unos meapilas, la verdad es que soy muy básica, escribo cosas que me gustaría leer (igual no llegaré jamás a escribir lo que me gusta leer pero hago lo que puedo) pero no creo en personajes sin caracter. No no me molesta que hables de Cormac o del que quieras, LOL, a mi en ese fic me dio asco, me parece que una persona que sea capaz de hacer lo que Cormac hace con Draco se merece lo peor, como ves yo también soy radical si me lo propongo! Sobre los nombres, pues si, soy un cero y para los titulos, eso creo que se nota!
A mi los lemos bien escritos y los PWP me encantan, eso si, bien tramados y narrados y de esos no hay tantos, creo que la gente subestima el esfuerzo de escribir una escena erótica y descarta oneshots porque son "lemon" como si hacer una escena de ese género fuese sencillo y en mi opinión no lo es, ni por asomo. Saludos!

Bea1617: Hola! Me alegra mucho que te gustase el capítulo, la verdad es que fue uno de los que menos me ha costado porque tenía clara la dinámica entre Draco y Harry incluso antes de empezar con el fic. Me alegro que te gustase el fic y espero que el final haya colmado tus espectativas, gracias! besos!

violet Srawberry: Hola! A veces ff es un poco complicado! Me alegro que te haya gustado y si, los flashback a veces son un poco liosos, aunque he procurado diferenciarlos, espero que te haya gustado el final, saludos!

AnnaS: Hola! jajajaja ya sé que a vosotras la mayoría de las ocasiones os gusta más cuando la historia viene de la mano de Draco, y por desgracia mi mente tiende a contarlo desde un punto más imparcial. Yo también creo que Draco se asustó un poco por la velocidad con la que Harry asumió muchas cosas en lo que tenían. Me alegra mucho que lo hayas disfrutado, espero verte en los demás fics, un besazo!

liziprincsama: Hola! Gracias por leer y espero que el final haya sido de tu agrado. Saludos!

Shixa: Hola! Bueno, pues aquí estamos, como ves no suelo tardar demasiado en actualizar y comprendo tu sentimiento de querer seguir con la historia pero esto de los fics ya sabemos como funciona, espero que el final haya sido de tu agrado y muchas gracias por los comentarios, saludos!

kotte: Hola! muchas gracias por leer, y espero que te haya gustado el final! un saludo!

Xonyaa11: Hola! Pues sobre los flashback... normalmente si los uso suelo intentar centrar "la escena" lo más pronto que puedo, gracias por tu buenos deseos, lo mismo para ti, y ojalá que el final hay sido de tu agrado. Besos!

LizDe-Chan: Hola! Gracias por el comentario, me alegro que te haya gustado el fic y espero que el último capítulo haya sido de tu gusto, un saludo!


Nos vemos en Aprendiendo a Vivir, mi otro drarry y si os gusta la next-gen, dentro de unas semanas, y si la RL me lo permite, quiero empezar a publicar una historia cuyo protagonista será Albus Potter, con Scorpius Malfoy como partenaire y un Draco/Harry como pareja secundaria. Un saludo a todos y gracias!