Holaaaaaaaaaaa bueno aqui les traigo el capitulo 11 antepenultimo para terminar ya :( bueno espero que les gusteee :DDD

Bleach no me pertenece es de Tite kubo y el libro es merito de michelle reid

AQUIIII VAMOOOOS

Capítulo 11

Ichigo entró en la casa y fue directamente al cuarto de estar en busca de Rukia. Frunció el ceño al no encontrarla allí, pero enseguida escuchó el chapoteo procedente de la piscina contigua. Abrió la puerta que comunicaba con esta y la vio nadando con su magnífico estilo de siempre.

Era una sirena. Siempre lo había sido. En cuanto tenía oportunidad buscaba una piscina en la que sumergirse, y a Ichigo le produjo una gran satisfacción verla allí nadando.

Su primer impulso fue desnudarse y reunirse con ella, pero se contuvo, pues sabía que sería más prudente no hacerlo.

Al menos, suponiendo que la Rukia que estaba nadando fuera la nueva Rukia, pensó. Ni siquiera creía que ella supiera cuántas veces había ido y venido del pasado durante aquellos últimos días. El no se había dado cuenta hasta aquella mañana, cuando ella le había servido el café a su gusto sin necesidad de preguntarle cómo lo quería.

Pero no pensaba arriesgarse a averiguar con cuál de las Rukias iba a encontrarse a base de darle un susto metiéndose en la piscina.

De manera que, en lugar de advertirla de su presencia, se volvió con la intención de salir de allí tan silenciosamente como había llegado.

—Vaya, vaya, vaya —oyó a sus espaldas cuando estaba a punto de cerrar la puerta—. Pero si el ocupadísimo magnate se ha dignado a malgastar un poco de su tiempo para venir a saludar...

El tono de Rukia hizo comprender a Ichigo que, fuera la antigua o la nueva, estaba enfadada por algo. Al volverse la vio nadando en el centro de la piscina.

— ¿Pretendes decirme algo especial con ese comentario? —preguntó.

—Sí —replicó ella, y giró sobre sí misma para ponerse a nadar de espaldas.

Aunque no sabía cuál de las dos Rukias le estaba hablando, Ichigo se acercó al borde de la piscina.

—En ese caso, explícate —sugirió.

—Solo estaba comentando tu ajetreado modo de vida —replicó ella sin dejar de nadar—. Hoy compras un hotel aquí, mañana otro allí... ¿te has planteado alguna la posibilidad de parar? ¿Te has dicho alguna vez «no necesito otro hotel»?

Ichigo se quedó helado. Estaba hablando de hoteles.

— ¡Sal del agua! —ordenó con aspereza.

— ¿Disculpa? —Rukia dejó de nadar para mirarlo.

—Ya me has oído. Quiero que te acerques al borde de la piscina y salgas del agua. ¡Hablo en serio! —añadió al ver que ella no se movía—. ¡Si no sales ahora mismo, voy a tirarme por ti!

Para enfatizar su amenaza se quitó la chaqueta y la tiró a un lado.

Desconcertada, Rukia hizo lo que le decía y salió de la piscina. — ¿Qué te pasa? —preguntó, enfadada—. ¡Sé nadar como un pez! No necesito que...

—¿Y si te hubieras desmayado mientras estabas en el agua? — interrumpió él—. ¿De qué te habría servido saber nadar como un pez en ese caso?

Rukia apoyó las manos en sus caderas y lo miró con gesto retador. —Solo tratas de distraer mi atención de lo que estábamos hablando. ¿Acaso crees que no me he dado cuenta de lo a menudo que sueles hacerlo? Pero esta vez ya puedes ir olvidándote, Ichigo, porque esa táctica no te va a funcionar...

Ichigo. Acababa de llamarlo Ichigo.

—Así que vamos a hablar de hoteles —continuó ella en tono sarcástico—. Y también de taimados magnates capaces de adueñarse de las personas así como de los hoteles...

—iYo no me adueñé del Bressingham! —negó Ichigo, enfadado—. Y tampoco me aproveché de tu padre. De hecho, fue al revés...

Rukia sintió que algo cambiaba de pronto en su interior. Una repentina confusión se apoderó de su mente. —Estaba hablando del Tremount y de Orihime —murmuró, muy despacio—. La he llamado mientras estabas fuera. Me ha dicho que tú...

Su voz se fue apagando hasta que enmudeció. Su mirada se perdió en el vacío. «Su padre Byakuya, el Bressingham», repetía su mente una y otra vez. «Orihime y el Tremount», se corrigió.

—Lo... lo has comprado —continuó, perpleja—. De pronto, Orihime piensa que eres un hombre maravilloso, cuando solo hace unas horas...

Volvió a interrumpirse y miró a Ichigo, que se había puesto muy pálido.

—Ne... necesito sentarme —dijo, y se dejó caer en la silla más cercana.

Sentía mucho frío y nada en su cuerpo parecía funcionar. Su corazón y sus pulmones se habían quedado en suspenso, como preparándose para una fuerte conmoción.

—Rukia...

Era la voz de Ichigo, reconoció ella como si estuviera a gran distancia. Oyó sus pasos acercándose.

—Querida, escúchame...

Su voz sonaba extraña, distante...

—¿Por qué hay una habitación cerrada con llave en la planta de arriba? —preguntó ella de pronto.

Los pasos se detuvieron. Rukia alzó la mirada y vio que Ichigo estaba a su lado.

—Es un almacén —contestó él—. Ahí guardo mis archivos personales...

—Mentiroso —dijo ella, y apartó la mirada.

Ichigo mantenía aquella puerta cerrada porque era el dormitorio de Kaien.

¡Kaien!

Rukia se puso en pie tan bruscamente que su rodilla se resintió. Ichigo dio un paso hacia ella.

— ¡No te acerques! Estoy bien. No voy a desmayarme. Pero no te acerques mientras...

Una vez más, las palabras murieron en su garganta.

—No te encuentras bien —dijo él con voz ronca—. Estás empezando a...

—Recordar —concluyó ella por él.

Y finalmente sucedió. Los recuerdos llegaron con la brusquedad de una columna de fuego que se hubiera alzado de pronto de entre los rescoldos de su memoria.

—Oh, Dios santo —murmuró, y empezó a temblar. Ichigo, su padre, Kaien, el Bressingham—. Ichigo... —murmuró, dolida.

Él se acercó de inmediato y, tras ponerle el albornoz sobre los hombros, la hizo retirarse del borde de la piscina, como si temiera que fuera a caer en ella.

Rukia apenas se dio cuenta. La llamarada de la verdad era una rugiente columna de fuego en el interior de su cabeza.

—Me mentiste —susurró.

—Sí, por omisión —confirmó él.

—Me engañaste deliberadamente.

—Eso no es cierto. Solo recibiste la mitad de la información. El resto...

Rukia se apartó de Ichigo y fue cojeando hasta la puerta que daba al cuarto de estar. Él la siguió en silencio mientras ella se acercaba al escritorio de nogal. Al tratar de abrirlo comprobó que estaba cerrado.

—Te llevaste la llave cuando te fuiste —dijo él.

«La llave», pensó ella, y se inclinó para palpar con la mano la base del escritorio. Un instante después sacaba una llave dorada que estaba allí sujeta con un trozo de cinta de embalar. Era una llave sobrante que su madre puso allí y que seguía en el mismo lugar cuando el escritorio pasó a pertenecer a ella. Tenía entonces quince años y estaba terriblemente apenada. Pero acariciar el nogal del escritorio siempre había sido como ponerse en contacto con su madre. Lo hizo en aquel momento y de inmediato tuvo aquella sensación especial.

Entonces, los ojos se le llenaron de lágrimas, porque de pronto comprendió que no tenía ni una sola cosa que le recordara del mismo modo a su padre. Ya no. Ichigo se lo había quitado todo.

Hizo un esfuerzo por contener el llanto e introdujo la llave en la cerradura. Esta se abrió con un suave clic.

Dentro del escritorio había más recuerdos. Recuerdos muy queridos, especiales, amontonados en los diversos compartimentos del interior. Cartas, felicitaciones de cumpleaños, fotografías...

También había otras cosas. Cosas que no pertenecían a aquel lugar, pero que ella había decidido guardar allí para que no estuvieran a la vista.

La llama ardió con más intensidad. No tenía control sobre ella. Le mostraba el Bressingham, a su padre, a Kaien, luego el Bressingham de nuevo, edificios, pequeñas escenas que se esfumaban casi al instante. Se vio a sí misma el día de su boda, vestida de blanco y sonriendo. Se vio de luto en el funeral de su padre, inconsolablemente triste. Vio el vestíbulo de un hotel prácticamente reducido a escombros. Ichigo frunciendo el ceño. Kaien sonriendo con suficiencia. Palabras escritas en trozos de papel que apenas pudo leer...

—Me traicionaste —susurró.

—No es cierto —negó él.

— ¿Dónde está Kaien?

—En Australia —Ichigo parecía preparado para responder a sus preguntas según surgían—. Lleva allí doce meses.

Había un importante motivo por el que Ichigo le había dado aquella información, pero Rukia no supo deducir cuál era. Estaba demasiado ocupada recordando otras cosas: verdades dolorosas con conclusiones terribles.

—Trató de violarme en esta misma casa —murmuró—; Y tú dejaste que se saliera con la suya.

No hubo respuesta para aquel cargo, pero a Rukia no le sorprendió.

Cuando Ichigo se había interrumpido aquella mañana no iba a declarar el amor que profesaba a su padrastro... sino a su hermanastro Kaien.

Las lágrimas amenazaron con derramarse de nuevo. Rukia alargó una mano, tomó unos papeles del escritorio y se los entregó a Ichigo sin mirarlo.

—Esto te pertenece —dijo—. Me los dio Kaien.

Su corazón pareció aletargarse mientras él revisaba la prueba documentada de los acontecimientos que le llevaron a convertirse en dueño del hotel Bressingham... el mismo día que se casó con Rukia.

—Toda una dote, ¿no te parece? —Rukia sonrió en un gesto de desprecio—. El Bressingham te salió realmente barato, ¿no?

—No saques conclusiones sin estar en posesión de todos los datos —aconsejó Ichigo, serio.

—¿Quieres decir que aún me esperan más recuerdos como estos? Qué consuelo.

—No todos son desagradables.

—Sí, desde mi punto de vista —replicó Rukia y, sin decir nada más, salió del cuarto de estar y subió las escaleras.

Mientras avanzaba por la planta superior pasó junto al dormitorio de Kaien. La última vez que cruzó aquella puerta fue para interrogarlo sobre los papeles que acababa de entregarle a Ichigo. Agradeció que la puerta estuviera cerrada con llave, pues no pensaba volver a cruzar aquel umbral nunca más.

En cuanto entró en su dormitorio, enterró el rostro entre sus manos. Le temblaba todo el cuerpo y le dolía tanto la cabeza, que lo único que quería era meterse en la cama y dormir.

Pero eso era precisamente lo que había estado haciendo durante los doce meses anteriores, se dijo. Había estado durmiendo para no enfrentarse al hecho de que se había enamorado de un hombre que la había engañado y le había mentido desde el principio.

Su precipitado matrimonio había sido una hábil maniobra por parte de Ichigo para poder realizar su sueño de hacerse con el Bressingham. Era un hotel de más de ciento cincuenta años de antigüedad que poseía una gran reputación. Solo hacía falta mencionar su nombre para que los ojos de la gente se iluminaran. Así de conocido era, así de cálido y especial.

Por eso se habían iluminado los ojos de Kira cuando mencionó el Bressingham, y por eso se había dirigido específicamente a ella al mencionarlo. Había pertenecido a la familia de Rukia desde que abrió sus puertas a sus primeros huéspedes, y ella era el último miembro vivo de aquella familia.

Pero no era por aquellos motivos tan sentimentales y tontos por los que personas como Ichigo o Kira habrían estado dispuestos a hacer cualquier cosa por hacerse con el hotel. Para ellos, su importancia radicaba en dos elementos muy sencillos: su localización en la ciudad y su nombre.

Comprar el nombre Bressingham era comprar un ganador seguro. De manera que, si para comprarlo era necesario adquirir también a la hija del dueño, ¿por qué no hacerlo? A fin de cuentas era joven, guapa, y funcionaba de maravilla en la cama.

—Oh, Dios mío. Me odio —gimió Rukia, pero se tensó de inmediato al oír que llamaban a su puerta.

Sintió náuseas. —Vete al diablo —dijo, y fue rápidamente al baño.

Mientras se encerraba oyó que Ichigo trataba de entrar en el dormitorio a pesar de lo que le había dicho. Aquel hombre era inmune a los sentimientos de otras personas. Por eso había cerrado la puerta de la habitación; para que no pudiera entrar. Al menos en ciertos aspectos lo conocía. Ichigo no era ningún cobarde a la hora de enfrentarse a los problemas.

A diferencia de ella, pensó Rukia sombríamente. ¡Había convertido en toda una vocación el no enfrentarse a ellos!

Casi como si acabara de lanzarle un reto, su mente empezó a repasar la horrible escena que tuvo lugar allí mismo doce meses atrás. Mientras ella estaba en su habitación, duchándose, Kaien entró en el dormitorio que ella compartía con Ichigo y dejó un fajo de documentos en su cama. Luego volvió a su dormitorio a esperar el resultado de su acción.

Rukia sabía por qué lo había hecho. Solo una hora antes se le había insinuado y ella lo había rechazado con toda la frialdad posible.

Aquellos papeles habían sido la venganza de Kaien. Tras leerlos, asqueada, Rukia fue a su dormitorio a decirle lo que podía hacer con aquella sarta de mentiras.

Pero la cosa no salió como esperaba. Kaien había sido muy listo; sabía exactamente lo que estaba haciendo cuando había entrado en su dormitorio aquella noche.

—Oh, vamos, Rukia —murmuró con ironía—. Todos sabemos que eres una gatita muy caliente. Ni siquiera el machito de mi hermano sabe con quién te acuestas cuando él está de viaje.

—Eso es mentira —replicó Rukia, pálida—. ¡No hagas eso! —espetó cuando Kaien alzó las manos para tocarla.

Las apartó de un manotazo y se echó atrás.

El sonrió. —Pero si somos familia —murmuró en tono burlón—. Y sabes muy bien que a mi hermano le gusta que todos recibamos nuestra parte. Le hace sentirse bien y en control de la situación. ¿Quieres dinero, Kaien? Por supuesto que puedo darte dinero. ¿Quieres un coche? Aquí tienes un cheque. ¿Quieres vivir en mi casa? Vive en mi casa. Lo que es mío es tuyo.

—Si crees que eso me incluye a mí, más vale que te lo pienses dos veces —replicó Rukia con frialdad.

—¿Y por qué no iba a incluirte a ti? Esos papeles sobre el Bressingham pueden hacerte ver exactamente el lugar que ocupas en los planes de mi hermano. Fuiste una adquisición muy poco hostil, Rukia —dijo con crueldad—. Venías incluida con lo demás para ser utilizada a voluntad.

— ¿Cómo puedes ser tan miserable, Kaien? —replicó ella—. ¡Yo soy la dueña del Bressingham! ¡Mi padre me lo dejó en su testamento!

— ¿En serio? —Kaien parecía muy seguro de sí mismo; tanto, que Rukia empezó a dudar—. ¿Decía el testamento que dejaba el hotel Bressingham a su preciosa hija y suficiente dinero como para devolverle su antigua gloria?

Él sabía que no era así. Rukia empezó a temblar: El testamento de su padre solo decía que ella heredaba todas sus posesiones. Ichigo se había ocupado de todo. ¿Y por qué no? Ella habría sido capaz de confiarle su vida, y en aquella época se sentía terriblemente triste por la muerte de su padre, su héroe desde el día que había nacido. Ni siquiera sabía que estaba enfermo. Le había ocultado tantas cosas para que no sufriera...

¿Habría incluido en su afán por protegerla la venta del Bressingham a Ichigo?

Rukia pudo ver su propio rostro con la expresión que debió tener aquella noche en el dormitorio de Kaien. Vio la palidez que lo poseyó al comprender que él podía tener razón. Y si tenía razón sobre una cosa, podía tenerla sobre las demás. Tal vez ella estaba incluida en el trato. Tal vez Ichigo se había casado con ella porque su padre había insistido en que el Bressingham quedara en la familia Bressingham

Con un nuevo estremecimiento, abrió el agua de la ducha y se quitó el albornoz y el bañador. No quería recordar nada más, pero su mente decidió otra cosa. Cuando se metió bajo el agua, el resto de la terrible escena pasó por su mente.

Kaien tratando de tocarla, ella apartándolo de un manotazo, él disfrutando con ello, burlándose de ella con palabras y gestos hasta lograr que el pánico se apoderara de ella. Pero él era grande y fuerte, y no le dio la más mínima opción. Lo que siguió fue una horrible experiencia que continuó como una frenética lucha en la cama de Kaien... y entonces Ichigo entró en la habitación.

Rukia agitó la cabeza para dejar de recordar todo aquello. Lo que necesitaba era salir de allí cuanto antes, decidió. Necesitaba tiempo y espacio para aclarar sus ideas, porque en esos momentos no sabía quién era, qué era, ni por qué.

Cuando Ichigo vio que Rukia bajaba las escaleras, supo que se enfrentaba a un grave problema. Había estado allí esperándola, suponiendo que iba a enfrentarse a una máscara de frialdad en lugar de a un auténtico rostro. Pero era peor que eso. Iba completamente vestida de negro y llevaba en una mano su maleta.

Estaba a punto de enterrar su matrimonio.

— ¿Vas a algún sitio? —preguntó con suavidad.

Ella no se molestó en contestar ni en mirarlo mientras pasaba junto a él.

Ichigo alargó una mano y le quitó la maleta. Rukia se detuvo y sus ojos despidieron fuego cuando lo miró.

—Tenemos que hablar —dijo él.

—No. No tengo nada que decirte —replicó ella, y siguió avanzando sin la maleta y con la cabeza alta.

Pero Ichigo estaba decidido a hacerle hablar.

— ¿Has oído alguna vez el viejo dicho «si pudiera volver atrás, interpretaría la escena de otra manera»? —dijo con calma—. Pues esta es tu oportunidad, cara. No la pierdas interpretando la escena del mismo modo.

Rukia se detuvo y él sintió que lo había logrado. —No puedo hablar de eso ahora —murmuró, insegura—. Necesito tiempo para...

—Llevas doce meses malgastando el tiempo —interrumpió él con gravedad.

—¡De acuerdo! —Rukia se volvió rápidamente—. ¿Quieres que interpretemos la escena de otro modo? ¡Adelante! —exclamó, furiosa—. Llegaste aquí una noche, viste lo que estaba sucediendo en esa habitación que ahora tienes cerrada... ¡y al instante me culpaste por ello!

— Era el dormitorio de Kaien! —replicó Ichigo—. ¡Estabas en su cama! ¿Cómo habrías reaccionado tú si me hubieras encontrado con otra mujer en la cama?

—Oh, no —Rukia negó con la cabeza—. No vas a eludir la culpa cambiando de argumento. Estabas allí. Lo viste. Sacaste tus conclusiones... ¡Necesitaba tu ayuda, pero lo único que conseguí fue que me llamaras «ramera»!

—Fue una reacción inconsciente —se defendió Ichigo, lívido—. Perdí la cabeza.

—Kaien dijo que no sabías con quién me acostaba mientras estabas fuera —dijo Rukia, tensa—. No le creí entonces, pero es la verdad, ¿no?

—No —negó él, pero no fue capaz de mirarla a los ojos, porque era cierto que siempre había temido que Rukia llegara a sentir la tentación de experimentar lo que era hacer el amor con otro hombre—. No había razón para que te fueras de aquí como lo hiciste —se oyó decir, y enseguida reconoció la debilidad de aquel argumento,

Ella lo miró con desprecio. — ¿Y qué esperabas que hiciera? ¡Echaste a Kaien y luego viniste a insultarme antes de irte! No estaba dispuesta a quedarme esperando a comprobar qué hermano decidía volver primero a terminar lo que había empezado. Así que me fui. ¿Qué mujer no lo habría hecho?

—Fui al Bressingham —explicó Ichigo—. Pasé la noche en el antiguo despacho de tu padre, emborrachándome. Ya estaba amaneciendo cuando por fin recapacité y volví. Pero tú ya habías hecho el equipaje y te habías ido... y también Kaien.

—Y sacaste tus conclusiones, claro —Rukia sonrió con amargura—. No es de extrañar que tardaras un año en encontrarme.

Ichigo suspiró. —No fue así. Yo...

—No quiero saberlo —Rukia se volvió de nuevo hacia la puerta.

—Devon —dijo él, consciente de que se estaba agarrando a cualquier excusa para retenerla allí—. ¿Por qué elegiste ir a Devon?

—Es un lugar en el que tenía recuerdos felices de mi infancia —contestó ella en tono burlón, sin volverse—. Solíamos pasar las vacaciones allí, en el hotel Tremount casualmente —añadió con ironía—. Supongo que por eso me sentía tan cómoda trabajando allí... Ahora lo has comprado. Orihime piensa que eres maravilloso y todo el mundo es feliz.

—Excepto tú.

—Sí. Excepto yo.

—Pensé que comprenderías que lo he comprado para ti.

Rukia volvió la cabeza al oír aquello. — ¿Como compraste el Bressingham? —preguntó con dureza, y se volvió de nuevo con intención de salir.

Ichigo sentía una intensa frustración. No habían resuelto nada. Rukia lo odiaba y él no tenía cómo defenderse. Si se iba en aquel momento, todo habría acabado. Estaba convencido de ello.

—Incluso a un condenado a muerte le dejan hablar unos momentos en su propia defensa, querida...

Rukia se llevó una mano a la sien en un gesto de inseguridad que Ichigo había captado ya varias veces.

—No puedo quedarme aquí —murmuró, insegura.

—Bien —dijo él de inmediato—. En ese caso iremos a otro sitio.

En el momento en que avanzó hacia Rukia ella se puso rígida. —Quiero estar sola.

—No —la respuesta de Ichigo fue sólida como una roca. En cualquier otra circunstancia, la habría tomado entre sus brazos y la habría besado hasta hacerle perder el sentido, pero esa era otra escena que ya habían interpretado, y debían interpretarla de otro modo. De manera que suspiró pesadamente, hizo caso omiso de sus protestas y le hizo volver el rostro hacia él—. ¿Tienes idea de lo débil que pareces? —dijo con suavidad—. Date un respiro, Rukia . Dame un respiro a mí. Podrías desmayarte en plena calle. Así que te pido que me dejes salir contigo, por favor...

No supo si fue el «por favor» lo que lo logró, o el contacto de sus manos, o la mirada de súplica que le dirigió, pero algo hizo que ella se rindiera.

—Ven si quieres —dijo Rukia, y se apartó de él.

Sin dudarlo, Ichigo la rodeó y abrió la puerta principal. El sol cayó de lleno sobre ellos.

— ¿Dónde quieres que vayamos? —preguntó.

—Al Bressingham. Necesito ver lo que has hecho con él.

CONTINUARÁ...

BIEEEEN ANTEPENULTIMO CAPITULO LISTOOO :DDDD espero que hayan pasado una linda navidad y ahora que pase un feliz año nuevoooo cuidense mucho dejen sus reviews y nos vemos en el proximo capitulo :DDD